Personajes

Notas: La verdad mi vida está yendo de mierda en mierda, y con full trabajo, así que se me dificultó escribir, sin embargo, aquí sacando contenido por San Valentín, que es una idea que tengo desde el año pasado o anteaño, no recuerdo bien, que es básicamente un chiste que se me ocurrió por un meme que hice para mi canal de difusión, y ajá, adjunto el meme igualmente al final. Sólo que también se fusionó con el personaje llamado Mirkala de una serie peruana llamada Esta sociedad xD, así que todo ese delulu se mezcló en mi mente y formó este oneshot largo QUE ES FELIZ, LO JURO, NO HAY MUERTES NI TRISTEZA JAJAJJA.

«Déjame ser tu mujer»

(One-Shot de Kasomicu)

Tom estaba acomodándose el uniforme, sintiéndose por demás incómodo de usar uno, ya que él estaba habituado a andar con sus ropas anchas a diferencia de esta ropa demasiado formal, que aparte era de su talla, porque cuando intentó comprarse unas tallas más grande le dijeron que no, que aquella imagen no era digna de un joven de aquella prestigiosa escuela.

¿Por qué la gente iba tan arraigada a algo tan absurdo como que la vestimenta determinara tu valía? Tom se representaba a sí mismo, no a ninguna institución pero no tenía voz ni voto, por más que fuera legalmente ya un adulto al tener dieciocho años, sabía que no podía hacer nada para buscar imponer su voz, no cuando precisamente estaba allí a modo de castigo por su “rebeldía”.

El de rastas soltó un suspiro. En realidad a veces se sorprendía cómo es que pensaba su mamá, cómo es que Charlotte era tan liberal desde siempre, diciéndole desde que era pequeño que no importaba sobre que su padre fuera un idiota que no quiso darle su apellido, que como ella tenía su carrera, viajarían por el mundo y no le faltaría nunca nada.

Y era cierto, Tom desde que tenía seis años había ido con su madre a todos lados, ya que ella era una fotógrafa de revistas y para las sesiones de documentales, por ello es que viajaban de país en país, aprendiendo más de un idioma aunque el que fuera el natal y con quién se manejaba en casa fuera el alemán.

Su madre también había sido muy sincera con respecto a que a veces lo dejaba con una niñera para salir con hombres, no dándole nunca un padrastro ni llevándolo a la casa, porque Charlotte no tenía estabilidad y el hogar de Tom en sí era con su mamá, con todo y los constantes cambios y el estrés que era lidiar con siempre ser el chico nuevo.

En ocasiones mayormente por ello a partir de los diez años Tom llevó enseñanza desde casa, y con la forma en que Charlotte a veces debía irse a tribus de diferentes lugares para las sesiones fotográficas, teniendo que convivir incluso en ambientes donde no era posible tener una institutriz, siendo Charlotte quién le daba libros a Tom para que él mismo aprendiera.

Así que era complicado pero Tom se forzó a ser autodidacta, dando uno que otro examen cuando regresaban a la zona urbana y así poder validar sus estudios.

Sólo que también aprendía mucho a cada sitio que iba, de las diferentes culturas incluso desde muy joven.

Tom no poseía conocimiento sobre tecnología, ya que en su mayoría de veces estaban en zonas donde no llegaba ni la señal, por lo mismo es que él tenía interacciones con personas, libros, libre de celulares, computadores o televisión, que sí había tenido televisión y la veía ocasionalmente si estaban en algún hotel de la zona urbana, pero no era lo suyo, la música la escuchaba en los reproductores con audífonos con alambres y empleando pilas.

Así es como es que él fue creciendo y conociendo un poco de todo…

A sus doce años, Tom se hizo rastas como los nativos le enseñaron, poniéndole plumas en sus cabellos rubios y él sintiéndose feliz por ello.

Cuando tenía trece años, otros nativos tenían unas prendas que más parecían túnicas por lo amplias que eran, pero a Tom le gustó, vistiéndose como ellos, por más que fuera distinto en rasgos y color de piel.

Cuando cumplió quince es que su mamá le dejó que le hiciera una perforación en el labio, sólo que no eran como tal piercing, sino más bien hechos del material de la pepa de una fruta, sin embargo, al regresar a la civilización es que sí optó por ponerse uno de titanio color plateado para evitar algún tipo de infección o mayor durabilidad ya que mayormente estaban en ambientes cálidos.

Cuando tenía diecisiete es que Charlotte fue a una tribu donde sí tenían muy normalizado la desnudez, al punto de sólo usar taparrabos, y Tom mismo le pidió a su madre que le tomara una foto así con los nativos.

Nada irregular hasta ese momento, salvo por algo… Y es que Tom sabía que le gustaban los chicos más que las chicas, ya que en continuos viajes, besó a una, y no sintió nada, fue a escondidas, y la muchacha supo comprender, diciéndole que tal vez le gustaban lo mismo.

Luego de ello es que Tom se besó con un chico, descubriendo así que sí le gustaba más besarse que un varón que con una muchacha. Sólo que nunca se quedaban demasiado tiempo como para establecer un contacto al punto de tener una relación sentimental, sólo eran amigos con los que ocasionalmente se besaba.

Tom a los diecisiete es que conoció a Mandla, y era uno de los muchachos más fuertes de la tribu, próximo a ser el líder de hecho, que le ganaba por varios años, sólo que él quedó prendado del joven, incluso sin entender del todo el dialecto, Mandla comprendió las señales que le daba con su lenguaje corporal, la admiración que sentía el de rastas y el gusto por él, por lo que terminó besándolo, y tocándolo por encima de la ropa.

Eran las hormonas, parte normal de ser adolescente, sólo que Tom pensó que no habría problema con su madre, y que ya no podía pensar en tener una relación, sólo dejar que Mandla se llegara su virginidad con sus brazos fuertes y sudados, follándoselo en su choza.

Pero Charlotte los encontró antes de que pudieran consumar su unión, jalándolo a Tom de las rastas mientras Mandla estaba entre sus piernas frotándose.

—¡¿Qué te pasa, Tom Kaulitz?! —le recriminó Charlotte en privado con el rostro completamente enojado.

—¡Pues iba a tener sexo! ¡Tal cual tú haces con otros nativos! —repuso Tom, y su madre le dio una cachetada sonora que hizo que se girara el rostro del de rastas, tocándoselo por inercia, sin comprender el por qué su madre se escandalizaba si hacía lo mismo que ella había hecho desde siempre.

Sólo que aquello fue motivo por el cual su madre fue tajante: —Apenas cumplas la mayoría de edad, te irás a Berlín con tus tíos, allá terminarás la escuela no desde casa, no, terminarás en el colegio para meterte a la universidad, no más, fue suficiente.

Tom refutó pero su madre había sido completamente seria al respecto, sin admitir ninguna queja, que supuestamente Tom había ido demasiado lejos.

El de rastas ni siquiera sabía cómo es que eran sus tíos de Alemania, pero apenas llegaron a la zona urbana, su madre le compró un celular, con él sintiéndose extraño sin saber usarlo, y también le dijo que necesitaría más ropas, y no las que solía usar, y Tom terminó poniendo algunas prendas anchas, pero su madre también le puso algunas de su talla, haciéndolo sentir como si fuera un chiquillo cuando ya había cumplido la mayoría de edad. Su idea de escaparse y huir también se catapultó, al momento de que su propia madre fue quien viajó con él a Alemania, dejándolo con sus tíos Simone y Gordon en el aeropuerto, para luego Charlotte regresarse sin más.

—Oh, bienvenido, hijo, tus ropas… Bueno, seguro Andy tendrá algunas prendas que pueda prestarte para la reunión de hoy en casa —musitó Simone con una expresión de fingido agrado, Tom parpadeó confundido.

—Sí, hijo, una fiesta de despedida de vacaciones y por el inicio de las clases, también tendremos que ver qué hacer con tu cabello —mencionó Gordon, mientras que Tom se agarró protectoramente sus rastas.

—Mi cabello está bien así, muchas gracias, tíos —dijo Tom, fijándose cómo es que lo guiaban hacia el auto que tenía un chofer.

Y para Tom realmente fue un cambio abismal el pasársela viviendo en tribus a tener que vivir como tal en la zona urbana, conociendo cómo es que se vivía en Alemania, en Berlín específicamente y cómo es que su primo Andreas era… Algo peculiar, aunque quizá Tom mismo lo era, habituado más a la simpleza de la vida a las afueras.

—Pero… ¿Cómo te sientes teniendo ese peinado, Tomi? Es demasiado largo, ¿no se te dificulta al bañarte? —mencionó Andreas luego de que tuvieran una presentación.

—La verdad es que sí me baño, y después las encero para que se mantenga suave, y no me lo corté desde que las hice, y sí, pesan un poco pero ya es un peso al cual me habitué —explicó Tom.

—¿Y me dejas tocarlas? —preguntó Andreas y Tom asintió, en lo que el rubio platinado acariciaba una rasta, dándose cuenta que era cierto, eran suaves al tacto, y ni siquiera olían mal como esperaba, el adolescente había tenido miedo de que tuviera piojos o algo, por lo que le habían dicho sus padres de que tía Charlotte vivía mayormente en lugares lejanos a la civilización y por eso tenía a su primo Tom que era casi un salvaje.

Sin embargo, Tom ahora le caía bien, si bien su estilo de moda era horrendo, y tal vez se vería mejor si se recortara más las rastas (o no las tuviera en absoluto), su primo Tom era alguien agradable que le comentaba emocionado las cosas que había hecho a través del mundo.

En sí, Andreas estaba incómodo al inicio con la idea cuando se lo comentaron sus padres, pero ahora estaba bien con ello, sólo intentaría que sus amigos no fueran muy duros con Tom, ya que sabía lo crueles que podían ser.

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En la noche es que empezaron a llegar los invitados de Andreas para la fiesta de término de vacaciones, con Tom empleando una de sus camisetas tejidas con unos jeans rasgados, bajando las escaleras cuando ya estaban casi todos.

Sus tíos habían salido para darle privacidad a los jóvenes.

Un castaño de ojos verdes miró en dirección a la escalera, silbando mientras le codeaba a su amigo.

—Vaya, sí que está bueno el primo de Andy —comentó Georg a su mejor amigo.

—¿En serio vas a engañar a Andy con su propio primo, Geo? —preguntó Gustav incrédulo, porque si bien sabía que su mejor amigo le había puesto el cuerno a Andreas en más de una ocasión, arguyendo que era justificado porque el rubio platinado aún no se le entregaba, y Georg era hombre con necesidades que suplir, sólo que el de lentes consideraba que meterse con su primo era muchísimo peor.

—Es que quiero saber si aparte de estar bueno es tan salvaje como lo hippie que luce —masculló Georg riéndose mientras elevaba sus cejas con coquetería y se dirigía hacia el de rastas—. Hola, ¿Tom, cierto? Yo soy Georg Listing —se presentó el castaño, extendiendo la mano hacia el rubio, quien se la dio, intentando darle un apretón pero el más bajo la jaló hasta darle un beso en el dorso, mirándolo entre sus pestañas.

—Hola. Soy Tom Kaulitz —respondió Tom, queriendo alejar su mano con educación, porque sí había visto las fotos del castaño abrazado a Andreas, era el novio de su primo, por lo mismo es que no comprendía por qué simplemente lo besaba en la mano.

—¿Y eres tan salvaje como te ves? ¿Te has cogido a muchos indígenas? Podría hacerte un tutorial de cómo cogemos aquí en Alemania, o tú brindarme un poco de tu experiencia sexual que has tenido por todo el mundo —propuso Georg y Tom frunció el ceño, haciendo un mohín, era un imbécil de mierda.

—Oh, ¿quieres que te toque y demuestre lo salvaje que soy? —cuestionó Tom con fingido tono de interés y el castaño asintió efusivo, con el de rastas bajando su mano hacia la entrepierna del otro, dándole una caricia por encima.

—Oh vaya qué eres travieso… Pero vayamos a tu cuarto… ¡Ouch, mierda! —terminó por decir Georg cuando Tom dejó de “palpar con suavidad” para apretarle con violencia la entrepierna haciendo que sintiera un terrible dolor en su pene y huevos.

—Y la próxima vez te lo cortaré en sacrificio para los Dioses —escupió las palabras Tom para irse, mientras que el castaño se había encorvado, lagrimeando por el dolor.

—Maldita perra de mierda… —soltó Georg enojado cuando el de rastas se fue.

El resto de la fiesta ocurrió sin mucha parsimonia, Tom prefirió irse a un costado sin interactuar con la gente, aunque su primo quiso venirle a increparle lo que hizo, el rubio de lentes, que supo que se llamaba Gustav, le explicó que había sido porque Tom se defendió del acoso de su novio.

Tom si bien era gay, no por eso quería decir que tenía mucha experiencia sexual al haber viajado por el mundo y vivido en tribus, era virgen y el que le dijeran que se había cogido a muchos lo incomodaba, porque no estaría mal que lo hubiera hecho, era más el tono, verlo como algo morboso, tal cual fetiche y así.

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Antes de que Tom fuera a la escuela a empezar las clases como tal, tuvo que dar un examen de suficiencia para que supieran en qué grado lo pondrían, por más que tuviera la edad para estar en el último año de colegio, al haber estudiado desde casa, tenían que ver si cumpliría con la información para la currícula y así poder graduarse. Sin embargo, al finalizar, es que a Tom como tal lo pusieron en un horario especial, porque tendría que tomar clases de los últimos tres años, porque en algunos cursos estaba en el nivel óptimo del último año, pero en otros no. Por lo mismo es que no estaría en una sola aula, sino manejándose con los tiempos de tres salones, yendo a las clases que le correspondía en cada uno.

La verdad es que para haber estudiado desde casa y más bien mayormente como autodidacta estaba muy bien, sólo que Tom sí se daba cuenta cómo es que era un tanto chocante tener de 8-10 am clases con compañeros de diecisiete años, luego de 10:30 a 12 pm con jóvenes de dieciocho para terminar de 12:15 pm a 2 pm con adolescentes de dieciséis años.

Casi no veía a su primo más que en la casa u ocasionalmente cuando podían comer en los recesos, sólo que a veces no llegaban a cruzarse por la diferencia de horarios.

Tom estaba en ese punto del comienzo, sumamente incómodo por llevar el uniforme, porque claro, de por sí usar jeans que eran de su talla le incomodaba pero era más tolerable que un sastre entallado, chaleco, corbata y saco, sin mencionar que le pedían que se quite el piercing para estar en la escuela.

Era terrible cómo buscaban tenerlos como tan atrapados, haciendo que perdieran hasta sus deseos como individuos, encajando en ese molde, en vez de ser libres, al menos Tom se había mantenido firme para no decir que no iba a cortarse las rastas.

Y sí lo notaba, cómo es que Tom mismo había vivido tan ajeno a la sociedad como tal establecidas en las zonas urbanas, que no se había percatado precisamente de la diferencia abismal que había en los estratos sociales, que su familia pertenecía al estrato más alto, y por lo mismo hacían en menos al resto de la sociedad, cómo incluso en atenciones al chófer, que se llamaba Benjamin, o los del servicio de limpieza, de la casa, en la misma escuela también. Cómo es que sus compañeros eran iguales.

Hasta que… Lo vio, Tom pensaba que era el único que al pasar por el conserje, el señor Flavio, que era muy amable y estaba por jubilarse pronto, siendo él de Brasil que había emigrado a Alemania hace mucho tiempo, contándole el sinfín de historias que había vivido desde joven, y el de rastas muy atento, sólo que la mayoría lo ignoraba, como si fuera sólo una cosa más del establecimiento de la escuela, pero Tom no, lo respetaba, siempre saludaba, le sorprendía que incluso maestros no le tomaban en cuenta, sin embargo, vio cómo es que le saludó uno de los profesores al hombre mayor.

—Buenos días, señor Silva —le saludó uno de los maestros que avanzaba rápido, ofreciéndole una sonrisa de medio lado para seguir pasando.

Tom se quedó sorprendido por aquel profesor, que la verdad no lucía tan mayor, era más alto que él, cabello negro corto, un rostro perfilado, piel de marfil… Era un hombre atractivo sólo que no había tenido suficiente tiempo para apreciarlo, aunque igual el corazón del de rastas aleteó emocionado.

—¿Cómo se llama ese maestro, don Flavio? —preguntó Tom al hombre mayor.

—Oh, es el profesor Trümper, el más joven de todo el plantel porque básicamente apenas salió de la universidad ingresó aquí, tiene una pequeña quién es su carga familiar —contó el señor, y Tom sintió que se le apretaba el estómago.

—¿Está casado? —interrogó Tom, y es que en sí, ya él mismo hasta le había echado un ojo al hombre, porque legalmente ya era mayor de edad, así que no tendría problema alguno en poder estar con el profesor, sólo que si estaba casado, ese era otro tema, Tom no podría interferir en un matrimonio, y mucho peor con una hija, aunque ni siquiera sabía si es que al pelinegro le gustaban los hombres también, era algo muy común de los sitios a los que había estado, sin embargo, había recibido uno que otro comentario despectivo por tener el cabello largo, no sólo en alusión a que lo asociaban como algo sucio, sino que también sólo los maricones los tenían así.

Sólo que Tom no consideraba el hecho de ser homosexual a una connotación negativa, aunque en sí el término maricón sí fuera algo peyorativo, pero terminó diciéndole que sí, que a él le gustaban los varones y no por su peinado, consiguiendo la frustración de sus compañeros en su pueril intento de burlarse a costa suya.

—La verdad es que el profesor Bill es muy reservado con su vida privada, hijo, no sabría decirte si está casado o no, o convive o dónde está la mamá de la niña —respondió Flavio con sinceridad.

Tom soltó un suspiro, mirando en la dirección dónde el profesor se había ido, anhelante, aunque bueno, había sido como uno de esos crush temporales que se tenía con alguien a quien no verías en ninguna oportunidad, o al menos eso creyó hasta la semana siguiente en el salón de tercer año, con sus compañeros de dieciséis años.

—El profesor Belmont tuvo que tomarse unas vacaciones, así que yo me encargaré de sus clases con él, ¿está bien? Soy el profesor Bill Trümper —se presentó el hombre y Tom instintivamente se relamió los labios sin poder evitarlo y se fijó en sus manos, impolutas y… Sin anillo de bodas, pero no podía aseverar que sí estuviera separado o no estuviera usándolo, así que intentó no concentrarse en él, al menos no luciendo como alguien que quisiera ser empotrado por su maestro.

Los llevaron al salón de informática, con el maestro Trümper precisamente enseñándole aquel curso, y bueno, el manejo de una laptop o PC era similar el que se hacía en las máquinas de escribir, al menos en lo que refería a teclear, y eso él lo sabía por cómo por la falta de señal, a veces se enviaban cartas, y si no se hacían a mano, se hacían en máquina, sólo que de igual modo es que Tom no se habituaba del todo al uso del internet como tal.

—¿Pero eres tan tarado que no sabes mandar a imprimir un documento? —se burló uno de sus compañeros que era dos años menor.

—No soy tarado, simplemente que no he tenido acceso a la tecnología al igual que tú —refutó Tom, pero el resto sólo se rió.

—Joven Müller, en vez de juzgar a tu compañero, lo que uno debe hacer desde el privilegio es enseñar —corrigió Bill desde atrás, haciendo que Tom sonriera al escucharlo, pero luego se quedara paralizado cuando lo sintió literalmente inclinándose contra el de rastas, poniéndole la mano sobre el mouse, en lo que ubicaba su rostro casi al costado del suyo—. Lo que tienes que hacer es venir aquí —instruyó el pelinegro, aún con su mano sobre la suya, guiándolo con el cursor hacia el extremo de la caja de herramientas—, y al momento de desplegar, te saldrá la opción de… —el profesor seguía hablando, sólo que Tom estaba con el corazón latiéndole acelerado mientras recibía la tutoría personal de cómo imprimir un documento.

Es decir es que el maestro no sólo era comprensivo, que buscaba la igualdad y tenía consideración con personas de diferentes estratos sociales, sino aparte era atractivo y tenerlo detrás suyo, con su cálida mano contra la suya, estaba haciendo que Tom tuviera el pensamiento claro en su cabeza: “Quisiera ser tu mujer”, porque incluso sin saber si podría ser bisexual, el de rastas quería ser la esposa, novia, o lo que fuera, para tener a ese hombre tocándolo siempre de la mano o hasta gestando sus hijos (y él ni tenía útero).

—¿Entendiste, Kaulitz? —inquirió Bill contra su oído, soltándole la mano para alejarse de él.

—Sí, papi —respondió Tom, aún obnubilado en su propia fantasía, pero dándose cuenta que lo dijo en voz alta cuando el mayor se aclaró la garganta y sus compañeros se reían, haciendo que Tom se sonrojara profusamente.

—Hablamos luego de las clases, Kaulitz, por favor —pidió Bill, para volver adelante.

Tom maldijo internamente, mordiéndose la mejilla interna, ¿acaso se había metido en problemas? Es que también él en su idea de ser empotrado queriendo ser su mujer y gestar sus hijos, indudablemente eso lo volvería un papi, aunque claro, viéndolo así desde afuera, pues el profesor Trümper ya era un papi, y… Quizá sacado de contexto se vería como un tipo de insinuación sexual más que otro tipo de connotación, por lo que se cubrió el rostro con las manos, le estaban ardiendo las mejillas por la vergüenza, o sea sí, quería que aquel hombre mayor se lo cogiera, desvirgándolo, pero no por eso lo había llamado papi, sin que fuera posible que lo fuera ya que no creía que ni le doblara la edad, pero se mantuvo en silencio en lo que siguió la clase, esperando que no se los notificaran a sus tíos, porque su madre había insistido que él debía aprender de disciplina.

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Al término de las clases, Tom se quedó en su asiento, observando cómo todos se iban, mientras que su profesor acomodaba todo dentro de su maletín y vio al de rastas, que al conectar miradas se acercó hacia él.

—Sí, profesor, dígame para qué necesitaba que me quede —dijo Tom, sujetándose el dobladillo del borde del saco, tragando saliva nervioso, queriendo aflojarse la corbata, y observó los ojos chocolate del mayor mirándole—. Si es por mi comentario, lo siento, no tenía la intención de decirle que fuera mi papi, no es que pueda serlo, es decir, si usted quisiera sí, pero me refiero a… Que literalmente no podría ser por su edad y que… —mientras más quería aclararlo el rubio, peor se embarraba el asunto, explicando atropelladamente.

Bill se aclaró la garganta. —No te pedí que te quedaras por eso, joven Kaulitz —comentó el pelinegro.

—¡Oh! Ay, qué bueno, porque no digo que no me guste el pensar en decirle papi en la cama, sólo que realmente no tuve esa intención, aunque si usted quiere yo… —siguió hablando Tom atropelladamente.

Bill volvió a aclararse la garganta. —Por favor, joven Kaulitz, soy su docente, así que no es que pueda darse una situación de aquella índole, sería por completo inapropiado.

—¡No, es que yo lo entiendo! Discúlpeme, sólo que me puse nervioso, ni siquiera sé si es bisexual, o soltero, o… —siguió comentando Tom.

—Joven Kaulitz —alzó la voz Bill, y Tom se calló, entendiendo el tono de reproche, aunque por dentro de algún modo le había excitado un poco que le hablara dominante—. Entiendo que sólo fue una confusión el que me llamara así, pero, le reitero, soy su mayor, y soy su profesor, por lo mismo es que es por completo inapropiado e ilegal una situación así. Sólo que como me fijé en su expediente, y también lo noté, que usted en sí es muy inteligente, sólo que tiene dificultades para comprender del todo el uso de las herramientas digitales. Por ello quería ofrecerle unas tutorías conmigo, ya que de esa forma al ser particulares, serían más personalizadas y podría ir al ritmo de sus compañeros —agregó el mayor.

—Oh… ¿Clases particulares con usted? —preguntó Tom, mordiéndose el labio inferior.

—Sí, de preferencia fuera de las instalaciones de la escuela para evitar alguna clase de sanción —ofreció Bill, y Tom ya sentía que era su forma de tener una cita real, sólo que fuera de la escuela porque podría meterlo en problemas, por lo mismo es que Tom asintió efusivo.

—Sí, por favor, profesor Trümper —dijo Tom, sujetando el lapicero y papel para anotarle su teléfono y dárselo al mayor, quien lo tomó—. Para que me avise por favor, aunque igualmente puedo mostrarle mi horario, mayormente me desocupo a las 2:30 pm excepto por algunos días —agregó.

—Está bien, joven Kaulitz —masculló Bill—. Procederé a retirarme, me estaré comunicando con usted —acotó para dar por terminada aquella conversación e irse.

Tom se sentía muy emocionado, aunque aún dubitativo, porque evidentemente no podrían hablar en la escuela sobre ello, pero Tom todavía quería saber si estaba casado, o estaba separado, soltero o conviviente… Porque él no quería ser el amante, ¿verdad? Sólo sabía que se había emocionado incluso antes de que le aclarara aquello por cómo es que ese prospecto de hombre, con señales confusas, le había dado aquella propuesta.

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Cuando llegó el día de la primera “clase particular”, es que Tom alegó con sus tíos de que tenía que recibir de verdad tutoría porque se le complicaba algunas cosas sobre la escuela, dando la excusa perfecta, pero le sorprendió, gratamente, de que su profesor lo llevara a un sitio público, de hecho en una cafetería, porque, ¿por qué salir con alguien que sólo sería tu amante a vista y paciencia de todos, verdad?

—¿Y usted es casado, profesor Trümper? —cuestionó Tom siendo directo.

Bill casi se atora con su bocadillo, pero apuró un poco del café y negó. —No, joven Kaulitz, ¿de dónde sacó eso? —increpó el mayor con una ceja arqueada.

—Es que en la escuela dicen que usted tiene una hija, y que por eso es tan joven trabajando —se excusó Tom, sintiendo su vientre burbujear ante la negativa de que estuviera casado.

—Bueno eso no es algo que le competan en la escuela —habló Bill, abriendo su maletín para sacar su laptop—. Bien, empezaremos la tutoría —arguyó el pelinegro, cambiando abruptamente de tema, dejando a Tom perplejo.

“¿Entonces eran de verdad clases de tutoría?”, pensó Tom sin vocalizarlo, pero el de rastas rubias se fijó que sí, en efecto, no era nada con segundas intenciones, sino que Bill le estaba dando como un curso acelerado del manejo de páginas, y otras herramientas digitales en lo que usaban el internet de la cafetería.

Tom se sintió un poco timado al regresar a casa, siendo que su excusa finalmente no lo fue, realmente aprendió más sobre lo que no entendía de las herramientas digitales, cuando su interés era otro.

En realidad aquellas tutorías del profesor le estaban sirviendo, incluso para poder entender del todo cómo hacer presentaciones con las diapositivas, creación de mapas conceptuales en las plataformas y demás, por lo que se veían de dos a tres veces fuera de la escuela. Pero fuera de que sí estuviera aprendiendo y supiera que no estaba casado, y de algún modo sí era soltero, por cómo escuchó que hablaba con la niñera o persona a cargo de su hija que se llamaba Emily, Tom no sabía más de Bill, haciendo que el de rastas se sintiera conflictuado, porque era un buen hombre, atractivo, sexy, inteligente y hasta buen ser humano, que Tom mismo pensaba en que hasta quería ser padrastro por él, aguantándose las ganas de besarlo, aunque por momentos sí se quedaba viéndole la boca, o el cuello cuando bebía agua, o sus manos… Haciendo que Tom tuviera un sinfín de pensamientos inadecuados con el mayor.

—Cada vez lo haces mejor, sólo que siento que avanzarías más rápido si prestaras más atención, Kaulitz —arguyó Bill observando a su alumno.

—Pero le presto mi entera atención, Herr Trümper —respondió Tom.

Bill le dio una mirada reprochadora. —No, y lo sabes, siempre estás… Mirándome sí, pero no tanto por las indicaciones que tengo que repetírtelas, debes comprender que no puedo meterme con un menor.

—No soy menor de edad, profesor, tengo dieciocho años —repuso Tom, incluso sacando su documento de identidad, mostrándoselo al mayor, quien parpadeó confundido.

—Vaya, pero estás en el salón… Oh, cierto, estás en varios de diferente año —se contestó solo Bill mirando a un costado.

—Sí, Herr Trümper, pero no tengo dieciséis, sino dieciocho, así que en realidad no tendría problema alguno si se mete conmigo —mencionó Tom, mordiéndose el labio inferior mientras batía sus pestañas con fingida inocencia.

Bill se acarició el puente de la nariz, soltando un suspiro. —Dios, Kaulitz, realmente… Me pones en una situación complicada, podrían despedirme por meterme contigo, por más atractivo que seas, no puedo arriesgarme —confesó el pelinegro—. No sólo por ser tu mayor que igualmente te llevo casi diez años, la diferencia de edad es mucha, tú apenas vas a terminar la escuela, yo tengo una vida, una carrera y…

—Tu hija, sí, pero, significa que no te soy indiferente, yo… Bueno, sí, este año se supone que debo terminar todo, para empezar la universidad, así que no sería cómo que algo inadecuado, yo puedo mantener el secreto, Herr Trümper —le aseguró Tom, sujetándolo por la otra mano que tenía encima de la mesa, mirándolo con ensoñación—. No soy ningún niñito influenciable, déjeme decirle, sólo que usted me gusta muchísimo —agregó el rubio, sintiendo la pálida mano contra la suya.

Bill lo miró. —Si alguien se entera podrían despedirme, y yo tengo a Emily.

—Yo no le diría a nadie, te lo prometo —le repitió Tom, apretándolo por la mano, esa misma con la cual había fantaseado tanto, “déjame ser tu mujer”, pensó el de rastas, queriendo tener a aquel portento de hombre, él hasta sería madrastra por él, incluso sin ser mujer ni nada, así de enamorado se sentía del profesor.

Bill volvió a soltar un suspiro, y lo observó. —Emily no es mi hija, al menos no biológica, es hija de mi hermana que falleció, pero como sólo éramos dos, yo tuve que asumir su custodia para evitar que Em fuera puesta en casas de acogidas, ya que nosotros mismos estuvimos en varias —explicó el mayor—, por eso ella tiene diez años, y yo veintiséis, mi hermana falleció cuando Em tenía tres años, a los diecinueve me hice cargo de mi sobrina, y hasta ahora, es como una hija sí, la considero así, tiene mi sangre, y legalmente poseo su custodia, por lo mismo es que no puedo permitirme que me despidan —terminó de decir el mayor.

Tom se quedó sorprendido ante aquel despliegue de sinceridad, ya que era la primera vez que hablaba de algo como tal de su vida privada, entonces él nunca se casó, y la hija no era suya, aunque sí por crianza básicamente, más bien pensando en ella con la suficiente responsabilidad para no arriesgarla, era algo que hacía que el pecho de Tom se apretara más, ¿no podía ser más jodidamente perfecto aquel hombre?

—¿Y no has tenido parejas todo este tiempo? ¿Eres gay? —cuestionó Tom, aún sin soltarle la mano y Bill tampoco rechazándole el contacto.

—Parejas en la escuela antes de que Melanie falleciera, mi hermana mayor, y soy gay —respondió Bill, sintiendo que le debía al menos honestidad al muchacho—, porque durante la universidad no tenía mucho tiempo para una pareja, se terminaban desanimando, así que sólo era como… Algo casual porque tenía que dividirme entre estudiar y cuidar a Em —acotó el pelinegro.

—¿Y por qué me diste las clases si no querías nada conmigo? —preguntó Tom, queriendo saber.

—Me gustaste sí, pero no puedo, y genuinamente quería ayudarte a que mejoraras, para no interrumpir mis clases notándose una preferencia contigo, bueno, es que por eso te ofrecí las clases particulares —arguyó Bill—, pero no tenía intención de… Proponerte algo más.

—Mencionas cómo te miro, pero también noto cómo es que tú lo haces conmigo, me dices que te gusto… Sé que ahora estoy con el uniforme, pero podríamos vernos en otro lado con ropa de calle para conocernos como dos adultos —farfulló Tom, que realmente admiraba mucho al mayor, y sólo eran ocho años de diferencia.

—No tengo mucho tiempo para una relación, yo… —Bill quería refutarle, sólo que era difícil resistirse a los ojos mieles de cierva que tenía el menor, y esos labios que se moría por besar, que terminó cediendo.

Las reuniones ahora eran en parques, llevando a Em para que conociera a Tom, quien quedó encantada con él, tocándole sus rastas y queriendo ella también tener unas, a Tom que se la había pasado con varias tribus, había hablado con muchos niños, así que se le daba bien, y eso sólo hizo que Bill sintiera que el menor le gustaba cada vez más, porque no sólo era como una especie de fascinación por la belleza del de rastas, que sí, la tenía desde el inicio, sino que realmente notaba que era un joven inteligente, tan… Libre, que hizo que finalmente con el paso de las semanas, alternando entre salidas con Em, y también a solas, lo besara por primera vez, sintiendo el suspiro del menor contra sus labios, y el sabor dulce que tenían en aquel gesto.

Tom para este punto por supuesto que era un conjunto de hormonas en punto de ebullición, sólo que también había más que un enamoramiento, era amor, se había enamorado de aquel hombre, de cómo era como padre, como maestro, de sus ideales, de sus metas, de todo… Así que el suspiro que se le escapó venía desde lo más hondo de su ser, estando bien con sus calificaciones, y sin meterse en problemas en la escuela no tenía motivo alguno para ser sancionado, así que le sabía a gloria aquel dulce beso luego de meses de haber conocido a Bill, quien sintió cómo es que el más bajo profundizaba, y él mismo lo atrajo por la cintura, pegándolo hacia su cuerpo, sintiendo ansías de más, sólo que durante el jugueteo de sus lenguas, terminaron por separarse por aire, aún Bill teniéndolo pegado contra él, acezado, sintiendo que había sido adictivo el sentir su lengua con la suya, y también su sabor.

—Debo llevarte a casa —le habló Bill, que si bien en realidad el candor de su cuerpo hacía que quisiera llevarlo a su propia vivienda, sabía que lo mejor era dejarlo en la casa de sus tíos, Tom asintió, mordiéndose el labio inferior.

Aquel beso dio como inicio de su relación a escondidas, pero igualmente Tom se sentía muy feliz, sin importarle nada más, como que tendría que estudiar una carrera que ni quería, al menos tenía a Bill, pensando en la posibilidad de quizá encontrar un trabajo al graduarse, para así ya no tener que quedarse con sus tíos sino independizarse hasta en un futuro quizá vivir con Bill, por más que quizá sonara muy intenso, es que Tom sentía que él no podría pasársela así, sujeto a las normas de su madre incluso a la distancia, aunque él ya fuera adulto, nunca había poseído estabilidad en su vida, y ahora de algún modo la tenía con Bill, algo a lo que aferrarse, un ancla, un hombre centrado, y si bien no quería como tal meterse a su vivienda con sus cosas, sí pensar en trabajar y así en un futuro estudiar lo que Tom mismo quisiera, pagándoselo solo, y no sólo tener que hacerlo a modo de “castigo”, cuando a él ni siquiera le interesaba estudiar Derecho, que era lo que había dicho su madre.

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Sólo que no podía todo estar bien, ya si bien habían pasado algunos meses desde el inicio del año lectivo, el asunto con Georg había escalado hasta saberse en la escuela, cómo es que fue humillado por Tom, y este no había quedado satisfecho con cómo es que había quedado frente al resto, por lo que en una de esas veces donde se iba a visitar a Andreas, es que había entrado a la habitación de Tom, esculcando entre sus cosas, hasta conseguir algo comprometedor.

De esa forma es que había mostrado en un montón de volantes esparcidos por toda la escuela las fotos de Tom casi desnudo con la tribu, algo que era más que normal en aquel contexto, sólo que daba una pésima impresión en toda la escuela, por lo que el de rastas fue el objeto de humillación para el resto, sintiéndose paralizado cuando veía su fotografía impresa en todas partes.

—Vaya… ¿Entonces estuviste en una orgía con todos esos indígenas? —fueron algunas de las pullas que recibió Tom.

Cuando Bill se enteró, es que fue directamente hacia la dirección, pidiendo el escarmiento debido hacía Georg Listing, pero también después de ello, es que buscó a Tom, encontrándolo encerrado en uno de los cubículos del sanitario, abrazado a sí mismo, mientras lloraba.

—Tom, ábreme, por favor —pidió Bill.

Tom se limpió las lágrimas, abriéndole y observando al maestro ahí con su semblante preocupado, que sin importarle dónde estaban, el mayor lo jaló para abrazarlo fuertemente.

—Te llevaré a casa, no puedes quedarte aquí, no así —instó Bill, acariciándole la espalda, mientras que Tom asentía, aún llorando.

Bill lo dejó llorar un poco más antes de secarle las lágrimas, y llevárselo de la escuela.

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Tom se mantuvo en silencio en el viaje, aún llorando, y Bill lo dejaba mientras conducía, hasta que llegaron a la casa del mayor, el de rastas lo miró sorprendido, porque nunca había ido a su domicilio hasta aquel momento.

—No puedo dejarte donde tus tíos, estarías solo, no quiero que lo estés —le aclaró Bill, acariciándole la rodilla.

Tom asintió, mientras se volvía a secar las lágrimas con el pañuelo con lo que lo secó previamente Bill, que tenía el aroma de su perfume amaderado con un toque de vainilla.

Al ingresar a la casa de Bill, es que Tom miró todo, dándose cuenta que habían unos peluches en el sillón, que eran de Emily evidentemente.

—Perdón, no he limpiado porque no suelo recibir visitas —se sinceró Bill, debido a la hora aún la sobrina del mayor estaba en su propia escuela.

Pero Tom no juzgaba, sólo que sentía aquel sitio, aunque modesto y pequeño, tan cálido, no tan impersonal y frío como la casa enorme de sus tíos. —No, no me molesta —le mencionó el de rastas.

—Ven, vamos a mi habitación para que te asees un poco —instó Bill, tomándolo por la mano y el rubio se dejó guiar.

Tom se metió al baño de Bill, lavándose la cara, mojándose un poco el cuello para enfriarse por todo el esfuerzo que había hecho al llorar tanto, y se vio en el reflejo del espejo, estaba con los ojos hinchados por tanto llorar, y también la cara rojiza, lucía terrible, pero al menos sabía que tenía a Bill, que estaba en su espacio, en su casa, en el baño de su habitación, que él no quería dejarlo solo en aquel momento tan frágil, por lo al menos había algo de esperanza dentro suyo, salió y lo vio, habiendo colgado su saco, en lo que estaba desabotonándose las rebecas de su camisa, habiéndose quitado previamente la corbata, sólo con su chaleco, pantalón y camisa, era tan hermoso, que Tom sólo necesitó acercarse, haciendo que Bill dejara lo que estaba haciendo para abrir sus brazos, recibiéndolo entre ellos, con Tom apretándole fuertemente por la cintura, hundiéndole el rostro en su cuello, con Bill apretándolo de vuelta, haciéndolo sentir tan seguro en aquel gesto apretado que el de rastas terminó por dejarle un beso en el cuello, primero fue uno y luego otro, haciendo que la piel de alabastro de Bill se escarapelara al percibir el aliento del menor, juntamente con la suavidad de su labios gruesos.

—Tom… —quiso replicar Bill.

—Bill… —soltó Tom, para volver a besarlo, chupándole el cuello en esta ocasión, y Bill ya no tuvo fuerza de voluntad para seguir resistiéndose, por lo que sólo estiró más su cuello para seguir sintiendo los labios de Tom, para separarlo de él, pero para unir sus bocas, sintiendo sus belfos unidos en un gesto necesitado, cómo es que sus lenguas se buscaban con ansía, y la forma en que Bill mismo sin poder soportarlo fue haciendo retroceder a Tom, hasta que las corvas de sus rodillas colindaron con el borde su cama, haciendo que cayera de espaldas sobre el colchón.

Habían esperado demasiado, pero en ese punto de fragilidad, Bill iba a cuidarlo, a darle el consuelo que necesitaba, el amor que tanto requería Tom, quien se abrió de piernas, jalando al mayor sobre sí mismo, retomando la unión de sus bocas que habían estado haciendo de pie, pero con el de rastas sintiendo cómo es que se formaba un bulto en su pantalón al tener la presión de Bill sobre él, su peso tan agradable, mientras que metía una mano entre sus cabellos cortos y con la otra mano aferrada a su nuca, entre tanto el mayor giraba su rostro, chupándole los labios, empujando su pelvis, haciéndolo sentir que también estaba duro por él dentro del sastre.

Tom meció con más insistencia sus caderas, haciendo que la fricción se acentuara entre ambos, separándose levemente por aire, aún compartiendo aliento, mientras observaban sus ojos afiebrados, Bill estaba enamorado de aquel joven tan bello que tenía sus rastas rubias extendidas a lo largo de su cama, iba a hacerlo suyo, volvió a besarlo, pero ahora en el cuello, con el menor estirando más la zona, comenzando a suspirar, arqueándose, mientras que Bill empezó a buscar tocarlo en su vientre, alzando la camisa, sintiendo sus músculos tensarse ante el contacto, disfrutando su piel, en lo que Bill lamía su cuello, chupándoselo, y Tom sentía cómo el deseo seguía en aumento.

Se separaron por aire, pero Bill levantándose un poco más, para desabotonarse el chaleco, mientras que Tom se sacaba el saco y aflojaba la corbata para casi lanzarla lejos, en lo que Bill sonreía de medio lado, desabotonándose con rapidez, para quitarse la correa, con Tom también haciendo lo propio, pero distrayéndose por momentos para verlo, sin saber que también Bill estaba deleitándose con su piel bronceada, cómo es que se flexionaba ante cada movimiento, que cuando estuvieron por completo desnudos, Bill se lanzó nuevamente sobre él, bajándose para succionarle su pequeño pezón, consiguiendo que Tom se aferrara con una mano a sus cabellos cortos, y otra a la sábana de algodón, tan suave, pero sus nudillos se estaban poniendo blancos de tanto que la apretaba, en lo que el mayor iba bajando por su cuerpo, delineándolo con su lengua, pasando por sus abdominales… Hasta hundirle la lengua en el ombligo, haciendo que ambos pezones se erizaran, y bajó la vista, observando cómo es que Bill lo miraba con ojos fieros, mientras besaba su bajo vientre, metiendo su nariz entre el nacimiento de su vello púbico, para seguir bajando con sus besos por sobre su falo, y Tom soltaba suspiros, abriendo más las piernas, sabiendo qué es lo que quería de Bill, no lo había imaginado de otra forma, y quería ser muy claro con las señales de su cuerpo.

Bill abrió más la boca, ya no sólo besando, sino chupando la extensión del miembro de su novio, hasta sujetarla contra su mejilla, embocándola para succionarlo, mientras que Tom echaba la cabeza hacia atrás, queriendo captar a la perfección cómo Bill se lo comía, pero no podía, nunca antes había sentido la calidez que era una boca ahuecándose para él, en lo que Bill bajaba sobre su erección, y ahora su mano la soltaba para acariciarle sus testículos, haciendo que el rastas se relamiera los labios, apretando los dedos de sus pies, disfrutando todas las atenciones que le daba su novio, quien apretó más sus labios alrededor de la hombría del menor, salivando más para facilitar la intromisión, haciendo que terminara de crecer dentro de su boca, separándose cuando Tom estaba por completo erecto, dejándolo acezado y volviendo a mirarlo, Bill estaba con los labios entreabiertos, hinchados y rojizos, bajando hacia la base su miembro, dándole un lametazo, para chupar sus testículos y seguir bajando…

Tom jadeó al sentir cómo la lengua del pelinegro pasaba por su perineo hasta sentirla contra su entrada.

—¡Aaah! —gritó Tom, botando preseminal, en lo que Bill seguía jugando por fuera de su hendidura, sintiéndola contraerse, mientras saboreaba su almizcle, moviéndola en círculos, y cuando Tom apretaba más, es que decidió colarla dentro, en lo que el de rastas sentía el temblor en sus piernas, sujetándose el miembro acariciándoselo, entre tanto Bill seguía comiéndoselo por dentro.

Bill quería relajarlo mientras lo degustaba, probando su entrada virginal, disfrutando de los sonidos que emitía preso del placer, cuando lo sintió más relajado contra su lengua, es que se la sacó, relamiéndose los labios, alejándose, dejándolo ansioso en el colchón.

—Espérate, sólo déjame sacar el lubricante porque no quiero hacerte daño —le tranquilizó Bill, sacando el tubo del gel de su cajón, y Tom tragó saliva, porque lo entendía, el ano no es que soltara fluidos como la vagina o se dilatara solo, e igualmente por el tamaño del miembro erecto de Bill, era más que evidente que iba a necesitar una preparación.

Bill volvió a ubicarse entre sus piernas pero ahora viéndolo, mientras que echaba el gel sobre sus dedos, guiándolos hacia su trasero, comenzando a tocarlo por fuera, para mirarlo con fijeza.

—Tócate —ordenó Bill, y Tom retomó el bamboleo sobre su erección, y el mayor introdujo un dedo dentro, haciendo que el de rastas se apretara más sobre el dígito—. Tranquilo… Sólo es un dedo, relájate, concéntrate en cómo te masturbas —le instruyó el mayor, y Tom asintió, confiando en su novio, tal cual como le daba las clases particulares, ahora le estaba dando las órdenes mientras seguía dilatándolo con sus dedos, pero conforme fue calmándose, sintió cómo es que su interior los recibía mejor, ahora siendo dos en su canal.

—Uhmn… Ohm… Ugh —empezó a gimotear Tom, mordiéndose el labio inferior, empezando a bajar las caderas, para sentir más de los dedos de Bill, haciendo que los dígitos alargados entraran más profundo, tocando aquel punto que le daba corrientazos de placer.

—Sí… Te estás follando a ti mismo… ¿Ves cómo los recibes? Ahí voy a estar, Tom —habló Bill con voz grave, que sólo hizo que Tom se apretara más, excitándose por cómo es que ese hombre que tanto había deseado, y al cual sentía que amaba, iba a poseerlo.

—Te quiero allí, por favor, Bill… Dámelo, házmelo fuerte, déjame ser tuyo, quiero ser tuyo desde la primera vez que te vi… —soltó en un jadeo necesitado Tom, aún tocándose su hombría, sintiendo cómo es que todo su cuerpo ardía de deseo por Bill, quien se relamió los labios, disfrutando no sólo de la presión deliciosa sobre sus dígitos, sino de la forma en que Tom le hablaba y cómo le rogaba porque se lo follara, porque claro, si bien quería hacerle el amor, porque estaban los sentimientos que tenía por el menor, también estaba el fervoroso deseo por él.

—No sabes cuánto me contuve para no tener una erección cuando me dijiste papi la primera vez en el aula —confesó Bill contra sus labios y Tom gimió más, apretándose nuevamente contra sus dedos, en lo que el pelinegro los curvaba.

—Pues dámelo ahora, papi… —rogó Tom, aferrándose con la otra mano sobre el hombro del mayor.

Bill gruñó ante ello, presionándole nuevamente en la próstata, haciendo que Tom lagrimeara por el placer, en lo que sacaba sus dedos, y echaba el lubricante pero sobre su miembro, para ubicarlo contra su entrada apretada, empezando a empujarse dentro del menor.

—¡Bill…! —jadeó Tom, y el aludido se clisó sobre él, besándolo, haciendo que sus gemidos se perdieran entre sus bocas, en lo que empezaba el vaivén dentro del menor.

La mano de Tom se movía forma errática entre sus cuerpos, sin poder masturbarse de corrido, mientras que sus piernas abrazaban a Bill, con su lengua sin poder controlarla, siendo chupada y mordida por el mayor, cómo es que dejó de besarlo para chuparle el cuello, Bill moviéndose con más ímpetu, metiéndosela hasta la empuñadura, sin salir del todo, arrastrándose de adentro hacia casi por completo fuera… Dándole en aquel punto delicioso, con Tom siendo un amasijo de nervio en carne viva, cómo es que se estremecía por completo, arqueándose sometido ante su propio placer.

Pero era por Bill, él era su punto de placer, su eje… Él era quien estaba haciendo que todo ese dolor se apagara, y sólo fuera él su todo…

Bill que lo veía grabándose cada parte suya, sus expresiones… Cómo es que realmente Tom era muy vocal, la manera en que fruncía el ceño, se relamía los labios, los abría… Era magnífico, un deleite, un amante maravilloso, que se movía bajo suyo, meciendo sus caderas para mayor profundidad, dejándose follar, pero también anhelante de más… Incluso en su inexperiencia, y Bill estaba más que feliz por tenerlo, no sólo por tener sexo luego de un tiempo de “sequía”, sino porque sabía que era Tom, el mismo chico que lo había cautivado desde la primera vez.

—Más fuerte, más… Uhm… Más, papi —rogó Tom, aferrándose con sus cortas uñas en el hombro de Bill, quien lo embistió más fuerte, aumentando el ritmo de las estocadas, haciendo que el de rastas se agitara más, hasta explotar contra su palma, entre sus cuerpos, quedándose trémulo, apretándolo tanto, que hizo que Bill lo penetrara un par de veces, hasta dejarle toda su simiente caliente dentro, haciendo que quedara laxo sobre Tom.

Bill se salió con cuidado, para acariciarle el rostro a Tom, besándolo con cariño, y abrazándolo contra su cuerpo, con el de rastas soltando un suspiro de felicidad, había sido una maravillosa primera vez, incluso aunque sintiera un poco de escozor, era un dolor del bueno, y evidentemente no era algo que hubiera podido tener con Madla en el extranjero. La carga emotiva, el tiempo de espera, realmente había sumado mucho a aquella experiencia, y Bill… Él era quien lo había cambiado todo, haciendo que el rubio se sintiera protegido entre sus brazos, abrazándolo de vuelta, en lo que sentía que era la mejor sensación del mundo, el letargo post orgasmo, caricias sobre sí mismo, y besos en sus mejillas, haciéndolo sonreír.

—No quiero irme nunca de aquí —confesó Tom, aún ambos desnudos uno aferrado al otro, Bill lo miró, acariciándole el labio inferior con sumo cuidado, amaba la boca del de rastas.

—Tampoco quiero que lo hagas —mencionó Bill.

—¿Pero…? ¿Entonces me dices que yo…? —dejó la pregunta al aire Tom, tragando saliva, temiendo al rechazo.

—Sé es complicado, pero creo que vale la pena —musitó Bill, pasándole la nariz por el cuello, olisqueando su aroma, y dejándole otro beso—. Podremos mantenerlo oculto en clases hasta fin de año, y… No sé, siento que estoy siendo algo inmaduro, tú tienes tu familia, tus planes, tu vida aparte de mí —soltó el mayor, viéndolo apesadumbrado.

—Es que… Yo no quiero seguir las órdenes de mi madre, y no encajo con mis tíos, si tú me dejas, yo puedo vivir contigo, buscar un trabajo y después más adelante pagarme estudios superiores de algo que yo desee, no que me impongan —comentó Tom, y Bill lo miró fijo.

—¿Entonces sí quieres venirte a vivir conmigo? —cuestionó Bill, con una sonrisa anidándose en sus labios.

—Sí, adoro pasar tiempo contigo y Emily, me encantaría vivir contigo, Bill —respondió Tom, correspondiéndole la sonrisa.

Y es que Bill también adoraba al menor, cómo es que con él tenía más de lo que había podido disfrutar con otra persona, a la que nunca llevaba a su casa por Emily, nunca eran algo más que sexo casual, donde usaba siempre protección, sólo que ahora… Simplemente salió de forma espontánea, y al menos él sabía que estaba saludable como para contagiarle algo a Tom, que también estaba saludable por ser virgen, por lo mismo es que sólo se dejaron llevar.

—Entonces aventurémonos —propuso Bill, aunque tuviera veintiséis años y ya no fuera un adolescente, quería tomar ese riesgo, por Tom, por él mismo, dándose aquella oportunidad, y Tom asintió efusivo para luego besarlo, sellando aquel pacto de esa forma.

Y es que Tom al final estaba cumpliendo sus deseos, de cómo es que pensó en que quería ser la mujer de Bill, y claro, no era ninguna mujer, pero sí seguía la idea que tuvo en el inicio, de que Bill siendo padre tuviera una mujer que parió a su hija, pero… Al final Bill era gay, y su hija no lo era como tal, pero de igual modo Bill era su novio, y le preñaría el culo las veces que fueran necesarias, haciendo que Tom mismo fuera un padrastro, siendo por fin libre, sin embargo, sonaba más esperanzador quedarse con su profesor que lo quería, y protegía, que seguir en aquella casa donde ni siquiera podía confiar en tener sus cosas dentro al punto de que hubiera sido expuesto en la escuela. Sólo no se iría de la escuela porque al menos tenía a Bill, sólo por eso, pero el resto podría irse al mismo infierno, Tom estaría feliz con su querido profesor de informática, y que si tenía suerte, podría volverse su esposo en algún punto. Aquello sólo era el comienzo…

F I N

Si les gustó, no olviden dejar un comentario haciéndomelo saber. Y aquí les dejo el meme que lo inició todo 🙂

por Kasomicu

Escritora del Fandom

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