Elegidos Extra 21

Notas: Y LLEGÓ EL EXTRA DE MIS VIEJITOS SABROSOS, ya les tocaba, que Elegidos luego se centró en sus hijos y ellos fueron el inicio, sin ellos nada, no existiría nada. Así que aproveché en desarrollar esa idea que tenía desde hace mucho. Viéndose la dinámica de su relación también, y cómo es que se adoran pese a los años :’3 así que espero les guste.

Resumen: Tom había sentido mucha presión por su jubilación, y buscaba sentirse más seguro de sí mismo, como cuando era joven.

Fic TOLL de Kasomicu

Extra: Como en los viejos tiempos

Tom estaba leyendo tranquilamente en la sala, y Bill se sentó a su costado, pasándole la mano por encima de su hombro, abrazándolo, y el omega lo miró, quitándose los lentes de lectura que usaba a sus casi sesenta años.

—¿Qué pasó, Bill? ¿Necesitas algo? —inquirió Tom, arqueando una ceja.

—No, mi amor, sólo quería acompañarme mientras lees, pero me mantengo en silencio para no molestarte, sólo que sí quería abrazarte —respondió Bill sonriéndole al omega, bajando su rostro para frotar su mejilla contra la suya.

Tom rió. —¿Seguro que no quieres preguntar nada? —insistió el omega.

Bill se separó de su mejilla, acomodándole el cabello detrás de la oreja.

—Me conoces demasiado bien… Sólo quería saber si me dejabas entrar para ver tu taller —musitó Bill, ya que sabía que su esposo no le gustaba que observaran sus pinturas sin terminar, sólo que en sí el alfa lo había visto a escondidas, quedando fascinado con lo bello que se veía su esposo al pintar, sumamente concentrado, ensimismado en su arte.

Tom observó a su marido, se lo estaba pidiendo amablemente, y él casi lo terminaba, así que se quedó un momento procesándolo, cómo es que en sí Bill había tenido mucho que ver en su taller, ya que él fue quien lo alentó hace un año…

Y es que en sí un año atrás, Tom se había jubilado de forma oficial, queriendo dilatarlo lo más que se pudiera, sin embargo, Eddie ya se había graduado, así que era tiempo de dejar la compañía, en aquel momento su hijo menor tenía veintiún años, y él cincuenta y ocho, sólo que era complicado para Tom, por más que hubiera delegado su trabajo, haciéndolo desde casa para poder dedicarse también a la crianza de sus hijos, nunca lo había dejado del todo, Kunst era como su propio hijo también, y ya era bastante duro que sus hijos de por sí se hubieran ido de sus casas para tener sus propios hogares, Harry desde los dieciséis, Fred desde los diecinueve, Billy a los veintiún años llevándose con él a Tomi de diecinueve, ya habían pasado dos años desde que ellos se fueron, y para el omega era complicado lidiar con la casa vacía de por sí, porque claro, tenía a su esposo, quien era su alma gemela, con quien había empezado todo, de hecho habiendo estado sin hijos por los primeros siete años, sólo que… Tom ya sentía que sólo era un recuerdo borroso el haber sido aquel omega que no pensaba en tener hijos, y que luego le pedía a Bill que sí o sí se esforzara para terminar su carrera y tener un buen trabajo para que no hubiera una brecha grande entre ambos, o al menos justificar que lo embarazó un alfa menor sí, pero que estaba ya establecido.

Y pues ya Tom no recordaba del todo su pasado, no por tener mala memoria, sólo que había un antes y un después de ser padre, cómo es que parió tres veces, y cómo no sólo fue el estrés de cada embarazo dolor en el parto, sino la crianza, verlos crecer, y sintiendo que se les fueron muy rápido de casa, por lo tanto es que ahora si bien comprendía que sus propios hijos tenían sus familias, y ya tenía varios nietos a los cuales adoraba, también el pensar en dejar ir a Kunst era muy complicado, cuando él siempre fue adicto al trabajo era cierto, y… También controlador, entonces el pensar en jubilarse sonaba a “descansar”, cuando Tom mismo es que era muy ansioso y necesitaba mantenerse ocupado, sin embargo, había sido lo que había quedado con su hijo menor, que él sería su sucesor apenas terminara la carrera para que Tom se jubilara.

Por lo tanto, sí, Eddie Thomas había empezado a trabajar como el nuevo jefe de Kunst, con Tom manteniendo su palabra, sólo que… Pues constantemente estaba que supervisaba a su hijo menor, buscando cualquier excusa para ir a Kunst, o llamándolo para confirmar si estaba bien, si no entendía algo, o si quería que lo ayudara, pero en realidad el menor de los Trümper-Kaulitz había empezado como un “practicante” desde sus veinte años, yendo al trabajo con Tom, y él explicándole cada cosa que hacía, así que no era que Eddie fuera un novato.

—Mi vida, pero debes darle más crédito a nuestro Tomi, él está demostrando lo capaz que es como jefe de Kunst, ya debes soltarlo, amor. Porque nuestro pequeño, así lo llame así, en realidad ya es un adulto, y un profesional a carta cabal, que aprendió del mejor, sé que te cuesta, Tom, lo sé, te cuesta demasiado soltar, sólo que debes disfrutar tu jubilación, no estás solo, no tienes que mantenerte “sin nada que hacer”, sólo… Enfócate en algo más, como en mí… —Bill recibió un manotazo de parte de su omega.—Ouch, bueno, no quizá en mí, pero sí buscar algo que disfrutes, puedo organizarnos un viaje para ambos, o… Mejor aún, dejarte que tú lo organices para que manejes de tu ansiedad de aquella forma, teniendo el control en pensar en un itinerario, vida mía, así estando ocupado, ¿no te gustaría que tomemos un viaje solos? Como si fuera nuestra segunda luna de miel… Aunque bueno, no tuvimos como tal una primera —sopesó el alfa, analizando que en sí su “luna de miel” no pudo darse porque ya tenían a Harry y luego Tom se embarazó de los gemelos, así que no hubo un viaje como tal—, pero… Podría ser cómo los viajes que hacíamos antes de nuestros gatitos, tú y yo, juntos, haciéndote el amor en cada hotel o isla paradisíaca, como cuando estuvimos en Las Maldivas o ir a la Toscana de nuevo, sólo que más que embriagarnos con vino por tu subida de presión, podríamos beber otros tragos vírgenes mientras te hago mío… O quizá ir a Santorini otra vez, hace mucho tiempo que no vamos para allá. O lo que tú desees, vida mía, yo te lo pago, sólo dímelo, piensa como que es una oportunidad más que una pérdida —alentó el alfa acariciándole las mejillas con barba a su esposo, viéndolo con ojos brillantes.

Y es que en sí era cierto lo que decía Bill, y Tom lo sabía, que su esposo lo conocía muy bien, y entendía que le costaba soltar, pero era cierto, podría ser la oportunidad “de relajarse”.

—Siento que… Ya no soy útil —confesó Tom mirando a su esposo, y Bill lo miró incrédulo.

—No, amor, no pienses eso jamás, tú no eres inútil, sólo que te has esforzado desde la universidad para formar el imperio que es Kunst en la actualidad, y el cual nuestro hijo está siguiendo tus pautas, para seguir con tu legado, mi amor, pero tú siempre serás útil, eso no se define porque ahora te jubiles, tú también mereces tiempo para ti, para gozar enteramente de tu esfuerzo por años, dejándole la batuta a nuestro Eddie, amor. Tú seguirás siendo quien forjó Kunst desde cero. Jamás menosprecies eso —le habló Bill acariciándole el cuello a su esposo con cariño, pero también viéndolo con determinación.

Tom sentía cómo es que se le apretaba el pecho, porque eran muchas cosas con las cual lidiar, el paso del tiempo, los hijos que se habían ido, él que de algún modo él se sintiera reemplazable y poco útil al haberse jubilado, pero Bill tenía razón, y lo tenía, su alfa, el amor de su vida, que siempre estaría para él.

—Te amo, ¿lo sabes, cierto? A pesar de que tenga un terrible temperamento, y me caigas mal, o me saques de quicio, te amo, te adoro —musitó Tom observando a su alfa quien sonrió y apoyó su frente contra la suya.

—Lo sé, mi amor, yo te adoro, te amo muchísimo, y no me importa que te caiga mal, y sé que tienes un mal genio, sólo que es parte de ti, ya me habitué, al final de cuentas sigues siendo mi esposo, al cual llené de hijos por lo mucho que amo, y eres un maravilloso hombre al cual admiro —comentó Bill, acariciándole ahora las mejillas rasposas, y Tom se rió.

—¿Incluso si ya nuestros hijos tienen sus propios hijos? ¿Incluso si voy camino a sus sesenta y tú apenas a los cincuenta? —preguntó Tom.

—Sólo son diez años, y sí, ambos somos abuelos, mi amor, no me importa que seas mayor, porque me sigues encantando, y despertando toda clase de apetitos en mí, siempre te he repetido eso, que eres el amor de mi vida, mi primero y el único. Siempre seguirás siendo lo más sagrado que tengo —respondió Bill, juntando la nariz con la de Tom, quien soltó un suspiro, para presionarse más hasta unir sus labios, porque amaba a Bill, y él le daba seguridad, sabiendo sus debilidades, pero también sus ofreciéndole una solución, con un viaje que el alfa pagaría pero que Tom organizaría, diciéndole que lo amaba, deseaba y que sí era útil, así fuera un adulto, el encontrar palabras de aliento en su marido lo hacía sentir muy respaldado y validado, porque pese a todo, el omega seguía teniendo inseguridades, cosas que muchas veces ocultaba para aquella faceta de ser muy seguro y pagado de sí mismo, siendo muy fuerte, obligándose a serlo, pero…

En aquellos momentos, podía permitirse romperse, abriéndose de corazón hacia su esposo, quien no lo juzgaba, y quien lo consolaba…

En cuyos labios ahora encontraba su refugio, en su aliento entremezclado con el suyo el ansía se mitigaba… Pero no para desparecer, sino para transformarse en el deseo, que mientras que Tom presionaba su lengua contra la de su alfa, moviéndola con rapidez, como con ganas de comérselo, es que Bill bajó sus manos hasta apretarle las nalgas, pero para cargarlo, con el omega jadeando y abrazándolo con las piernas, separándose levemente sus rostros para reírse por cómo Bill seguía con aquella fuerza e ímpetu, incluso aunque fuera a cumplir cincuenta, el alfa de dos metros con diez centímetros, lo cargaba como si nada, comenzando a frotarse contra su cuerpo, apretándolo ahora por los muslos para mantener el agarre, y Tom ubicó sus manos sobre sus hombros.

—Entonces… ¿Aún sigue en pie el ofrecimiento de que use mi tiempo de jubilación para dedicártelo a ti? —preguntó Tom con coquetería, con el ego un tanto inflado por todo lo dicho por su esposo, aunque ya no fuera el mismo omega de veintisiete años que lo conoció, ni tampoco el de treinta cuatro años entusiasta para ser follado contra él lavadero luego de tener a su primer hijo, embarazándose de nuevo, ahora tenía arrugas en su rostro, el cuerpo diferente, pero ambos habían cambiado, y en aquel momento no había asco o señal de desagrado, sentía el bulto que se frotaba contra él al cargarlo, ese pedazo de carne que estaba a su disposición, con el omega también poniéndose duro en sus pantalones.

Bill se relamió los labios, asintiendo efusivamente. —Sabes que todos los ofrecimientos que te hago se mantienen en pie, tan firme como mi miembro ahora mismo —soltó el alfa con una sonrisa.

—Entonces no dejaré que se desperdicie tal manjar, ¿verdad? —inquirió Tom, y Bill le apretó más los muslos, gruñendo, mientras seguía cargándolo en dirección a la habitación.—Espera… ¿Por qué ir al cuarto? Si tenemos la casa entera a nuestra disposición, como en los viejos tiempos —acotó el omega.

—Como en los viejos tiempos —cedió Bill, para bajar el rostro, chupándole el cuello, pasándole los dientes por encima y Tom soltó un jadeo, sintiéndose muy excitado, y más cuando su alfa lo mordió con fuerza, apoyándolo contra la pared, aún manteniendo el agarre en sus piernas, en lo que el omega estaba gimoteando, apretándose por dentro, con ganas de sentir a su alfa, por lo que jaló de su cabello largo, separándolo de su cuello, observándolo con los labios entre abiertos y mirada perdida por estar en su estado de anhelo por follárselo.

—Bájame que quiero comerte —ordenó Tom, relamiéndose los labios, y Bill obedeció, bajándolo con cuidado y trayendo con rapidez un cojín para ponerlo en el suelo, no queriendo que su esposo se lastimara al arrodillarse, el mayor no pudo evitar sonreír ante aquel cuidado dentro de todo, pero se puso de rodillas, quitándole los pantalones y bóxers a su esposo, observando embelesado cómo es que su alfa seguía poniéndose así de duro por él, pasó la lengua por toda la longitud de su marido quien siseó, aferrándose a los cabellos del omega, pero Tom no se detuvo sólo saboreando la sal de su dureza, sino comenzó a chuparle la punta, jugando con su lengua sobre su orificio de la uretra para después metérselo más.

Bill empujaba su pelvis, aún aferrado a los cabellos de su omega, quien iba de arriba a abajo masajeándole los testículos, sintiéndolo palpitar con la lengua serpenteando alrededor de la polla de su alfa, y el menor sólo sentía que iba a correrse pronto, con Tom no dándole pie a que tomara un respiro por la forma en que estaba sorbiéndolo, tan hábil, cálido y apretado, mientras lo veía y Bill era quien bizqueaba por no poder mantenerle la vista encima de cómo estaba totalmente excitado por su omega que ahuecaba las mejillas, luciendo tan sensual, tan suyo.

Sus ojos brillantes y la forma en que Tom lo veía mientras seguía mamándole la verga estaba haciendo que Bill se sintiera al borde.

—Voy a correrme… —avisó Bill y Tom se lo quitó de entre los labios, para pasar a relamérselos.

—No, aún no, dentro de mí —instó Tom, poniéndose de pie, tomándolo por la nuca, entrelazando sus manos mientras jugaba con su lengua al besarlo, haciendo que Bill mismo probara su propio preseminal en la boca de su esposo, volviendo a presionarlo contra la pared, sin importarle cómo le había cortado antes de que se viniera, porque no se quejaba en mantenerse erecto para penetrar a su esposo—. Quiero montarte como cuando éramos jóvenes… Como la primera vez —pidió el omega, sintiéndose un tanto inseguro de pedirlo porque él mismo sabía que su cuerpo no rendía como antes, por lo mismo es que también no podía andar de brincona, Bill era quien lo cargaba incluso en aquellas posiciones, sólo que precisamente por la inseguridad que tenía necesitaba sentirse en control, al punto de intentar hacerlo.

—Entonces vamos a la cama —sugirió Bill, pero Tom negó.

—Vamos al sillón, puedo sentarme sobre tu regazo mientras me ayudas a impulsarme sobre ti, no quiero estar en la cama, quiero que me folles como cuando me embarazaste de los gemelos y de Eddie, en cualquier sitio menos la cama —soltó determinado Tom, mientras se quitaba la camiseta y bajaba los pantalones, sin interesarle que no era lo más recomendable en caso se enfermara, Bill de igual modo le subió a la calefacción para que el ambiente estuviera con una temperatura adecuada evitando cualquier enfermedad, pero también yéndosele un ojo al mirar a su esposo por completo desnudo.

Por lo que Bill se terminó de quitar los pantalones, y también la camiseta, porque sabía cómo le encendía a su esposo tocarlo directamente sobre su abdomen marcado o brazos, y el omega le sonrió cuando llegó hasta su lado, con el alfa sentándose el sillón, palmeándose los muslos, con miembro todavía erecto.

—Aquí está tu asiento favorito, amor mío —dijo Bill, riéndose mientras señalaba con ademanes hacia su hombría, Tom sólo puso los ojos en blanco en lo que se reía, porque valgan verdades, el omega era muy consciente de que el sexo más satisfactorio lo tenía con su marido, y que realmente al conocerlo, mayormente había estado o con Bill encima o él montándose sobre su verga, así que mentira no era, por más burla que fuera.

Bill mismo sabía que en realidad iba a necesitar un poco de ayuda no sólo por ello, sino también porque por más que la libido de su marido estuviera alta, por la edad misma, poseía mucha sequedad, por ello es que cuando Tom se apoyó sobre él, el alfa sacó de detrás del cojín el tubo de lubricante, que claro, normalmente no lo tenían tan a la mano cuando tenían visitas, principalmente por sus nietos, sin embargo, sí cuando estaban solos, sintiendo cómo es que Tom estaba frotándose contra su regazo, y Bill se puso el gel a base de agua sobre sus dígitos, para dirigirlo detrás suyo, tocándolo por fuera, mientras que con la otra mano acariciaba la erección de su omega, quien se arqueó, empujándose contra sus dedos, y Bill se los metió poco a poco, sintiendo cómo se contraía, comiéndoselos, y Tom se enderezaba más sobre ellos, siendo masajeado por su alfa tanto en su dureza, cómo mientras giraba sus dígitos en su interior, abriéndolo como tijeras y Tom jadeaba, anhelando más.

Bill le lamió el cuello, chupándoselo, sin cesar en su preparación, porque quería tenerlo listo para él, Tom se aferró a los anchos hombros de su alfa, quebrándose, empujándose más sobre los dedos del alfa, ya que se moría por tener más de él, nunca siendo suficiente por más que le estuviera tocando la próstata.

—Está bien… Ya voy a ponerme lubricante —avisó Bill, sacándole los dedos, y dejando de tocarle el pene para echarse el gel sobre su verga palpitante, luego tomándolo por la cintura, ayudando a Tom a que se alzara, y él fue quien sujetó la polla henchida de su alfa, alineándola contra su agujero y bajando la pelvis, el alfa gruñó pero lo dejó caer.

Tom se aferró con sus uñas cortas sobre los hombros de su alfa, jadeante mientras se acostumbraba nuevamente a la sensación de tenerlo por completo dentro, relamiéndose los labios, y haciendo que Bill los mirara, alterando la vista de sus labios a sus ojos, cómo es que su rictus se descomponía por el placer, frunciendo el ceño, apretándolo tanto, y Bill se mantenía quieto, queriendo que Tom se guiara hacia su placer, teniendo el control.

Los ojos color chocolate del omega lo vieron con fijeza, con los labios entreabiertos, notándose en su expresión la fruición que le recorría al alfa, y comenzó a impulsarse, Tom aún agarrándose de sus hombros, en lo que enderezado, quebrándose un poco la espalda baja, empezaba a hacerle sentones sobre su marido, quien le apretó más por la cintura, pero Bill sólo era el soporte, quería complacer a Tom, no sólo haciéndole el amor, sino que recuperara aquella confianza quebrantada, por lo que sólo lo sujetaba, en lo que el mayor seguía bailándole sobre su hombría, con su propio miembro frotándose contra el vientre de Bill, pero Tom seguía… Usando a su esposo como su juguete, claro, viéndolo, notando que era su alfa, el amor de su vida, sólo que realmente quería seguir dándose en la próstata al momento de seguir dándole sentones a su marido.

Bill mismo sabía que apretaba más porque intentaba no correrse tan rápido, sólo que era difícil, ya lo había tenido al borde, y si bien podía volvérsele a parar, sabía que ya no era con la misma rapidez de antaño, así que sólo intentaba disfrutarlo (pero no demasiado o se vendría pronto).

Tom si bien lo estaba gozando, también sentía aquel reto dentro de sí mismo, impulsándose más, incluso aunque le estuvieran doliendo los muslos por el esfuerzo, necesitaba sentirse bien, que su edad no fuera una limitante, sólo que sus músculos resentían el esfuerzo, así que siguió saltando con ganas, con Bill ayudándolo, incluso aunque tuviera un punzón en su pelvis al hacerlo, seguro era por la falta de práctica en aquella posición, así que siguió haciéndolo hasta que terminó por apoyarse con la frente sobre la unión del hombro y cuello de su marido, acezado.

—¿Cambiamos de posición? ¿Me dejas terminar de cargarte? —interrogó Bill contra el oído y Tom asintió.

El alfa lo ayudó, sacándolo de encima suyo pero aún sin salirse, mientras lo giraba, agarrándolo por los muslos internos, en lo que hacía que Tom separara más las piernas, y empezaba a metérsela a profundidad, haciendo que el alfa se sintiera loco por cómo la posición y todo, hacía incluso más apretado el interior de su esposo, mordiéndole la unión de su hombro con cuello, sin dejar de batir sus caderas, dejándose llevar por su instinto, llevando Bill todo el control, mientras que Tom hacía su cabeza hacia atrás, sujetándose el miembro, no podía quejarse pese al dolor. Ya que si bien no tenía el control en aquella pose, igualmente era algo que no habían hecho hace mucho, así que la necesidad de sentirse deseado, más como antes pues se mantenía en aquella práctica un tanto osada para su edad, y la estimulación era tan deliciosa que su propia erección estaba latiendo contra su palma, mientras que Bill palpitaba dentro suyo, bombeando en su interior, hasta que el alfa terminó por correrse, no pudiendo resistirlo más, la estrechez, la manera en que Tom se contraía cada vez más, y él cómo Bill sentía su corazón latir acelerado porque su propio lobo tenía mucho deseo animal por su omega, anudándose después y Tom se vino contra su mano, sintiendo cómo es que el dolor no menguaba, aunque lidiando igualmente con un orgasmo tan intenso como si fuera potenciado por la adrenalina.

—Uhmn… Amor, duele —se quejó Tom, y Bill mismo sintió el eco del dolor dentro suyo por la unión como predestinados, así que el alfa lo alzó con cuidado, acomodando al omega en el sillón.

—¿Te hice daño, amor? —preguntó Bill asustado, pensando que quizá lo desgarró o algo por ser tan agresivo.

—Yo no… ¡Aah! —gritó Tom de dolor cuando intentó moverse y no podía, no era un dolor en su entrada sino… En su pelvis.

Bill entró en pánico, pero se alistó y vistió cómo pudo a Tom, el cual le dijo que no lo cargara y llamara a una ambulancia.

De esa forma es que supieron que Tom… Se había fracturado las caderas, básicamente roto porque la densidad ósea no era la misma que en su juventud, y Bill se sintió terrible, haciendo que sus hijos también se preocuparan por ello, teniendo la excusa de que fue por “una caída”. Sin embargo, luego de la operación y los seis meses donde el omega llevó rehabilitación en casa, y todos los cuidados, es que Bill realmente lo llevó de vacaciones, ya con el omega dejándose llevar, ni siquiera se enojó por la fractura porque el orgasmo que tuvo fue intenso pese al dolor y él supo que ya había sido desde los sentones el comienzo de su hueso partiéndose, así que era cosa de ambos, no podía culpar a su alfa de algo que él mismo anheló.

Sólo que al regresar de su viaje a la Toscana, Bill le sugirió que buscara un hobby que lo entretuviera y mantuviera ocupado, así como Bill mismo tenía su propio taller en casa donde hacía sus esculturas.

—Yo… Pintaba, pero hace tanto que no lo hago —le comentó Tom a su esposo.

—Tenemos el espacio para hacerte tu propio taller o compartir el mío si gustas, amor, podrías pintar otra vez —le instó Bill.

Y es así que Tom tenía su propio taller donde pintaba, siento él su peor juez, pero amando hacerlo, desatando toda su creatividad en ello, aunque de igual modo seguían teniendo relaciones (sólo que con poses más normales para que la prótesis no se le saliera).

Así que regresando a su presente, Bill sólo quería ver cómo iban sus nuevos proyectos, por lo que Tom rió y asintió.

—Está bien, te dejaré verlos —cedió Tom, tomando de la mano a su alfa quien sonrió feliz porque el omega lo hiciera parte de algo tan íntimo como el proceso de sus pinturas.

Tom lo llevó a su taller, y el alfa se quedó perplejo, notando que definitivamente el arte que llevaban sus hijos en la sangre no sólo venía por él, porque su esposo era sumamente talentoso.

—Deberías ponerlos en exhibición cuando los termines, eres tan talentoso y brillante, amor, es increíble —halagó Bill, realmente apreciando toda la técnica y dedicación que había en el arte de su esposo, y Tom se sonrojó, aunque él no fuera tímido, la verdad es que no había tenido mucha oportunidad de desenvolverse como artista, dedicándose más a ser un curador de arte, y alentar a otros, entonces por lo mismo, por más que Tom fuera alguien muy seguro de sí mismo, sabía que sobre su arte no tenía del todo la certeza y Bill lo alentaba, por lo que se le apretaba el estómago.

—Tal vez… Gracias, amor, aunque aún no están terminados —acotó Tom, porque le faltaba perfeccionar las sombras y detalles.

—Igual se ven increíbles —cedió Bill, girándose para abrazarlo, besándolo en los labios—. Estoy tan orgulloso de ser tu esposo, eres perfecto, eres… Dios, talentoso, magnífico y… Mío. Soy tan suertudo de tenerte, Tom —terminó por decir, y Tom le acarició las mejillas a su alfa.

—Yo también soy suertudo porque te tengo, Bill —correspondió Tom al afecto que le profesba su esposo, y volvieron a besarse, disfrutando de sentirse, de saborearse, de saber que eran amados, y que se tendrían para siempre.

Sólo que sus hijos años después supieron que el accidente no fue por una caída… O al menos la caída no fue al suelo, sino sobre la verga de su marido, ya que Bill, como siempre yéndose de boca, se le escapó un comentario al respecto, por lo que sí se enojaron, principalmente Harry, porque sentía que había sido total descuido del alfa, que él precisamente por estar con alguien mayor, sabía que uno debía controlarse (cosa que Nick mismo le había dicho que no les hiciera caso, porque Harry no se controlaba), pero esa ya era otra historia…

F I N

Ay cómo extrañaba a mis viejos preciosos, y sí, aquí se explicó el tema del epílogo de Tom con su prótesis en la cadera xD que años después se supo que no fue una caída XDD (Bill se fue de boca como cuando Tom estaba embarazado y dijo lo del elefante en la habitación, por eso salieron pendejos sus hijos u.u). No olviden dejar un comentario, gracias por leer

por Kasomicu

Escritora del Fandom

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