Silent promise 69

Fic de Unicornlitz. Temporada II

Capítulo 69

By Bill

Suelto un suspiro pesado y cansado al ver el mensaje de Tom en la notificación flotante que sale sola en la pantalla cuando enciendo el móvil para mirar la hora.

Son las ocho en punto de la mañana, y me lo mandó ayer por la tardecita. Sobre las seis, si no recuerdo mal. Todavía no le he contestado nada, ni tengo ganas de hacerlo en un futuro cercano.

Estoy en la sede central de la DEA en Estados Unidos, encerrado en mi oficina pequeña pero funcional, dándole vueltas a algo complicado que me tiene rayado de verdad desde hace días. En estos últimos tres días desde que volví oficialmente al curro activo he estado hasta arriba con mil responsabilidades. Ya sea atendiendo y supervisando a mi grupo de agentes novatos que acaban de salir de la academia, coordinando sesiones intensas de entrenamiento táctico con ellos, y al mismo tiempo sometiéndome yo a rondas interminables de interrogatorios por parte de Asuntos Internos sobre mi «secuestro» largo con el Clan Geist.

Por suerte, no solté detalles específicos que pudieran joder la operación encubierta real. Mantuve la historia vaga en los puntos clave, contradictoria en cositas menores para que pareciera que el trauma me había afectado la memoria, pero consistente en lo principal. Y lo más importante, supe cómo mantener la mentira mientras manipulaba sutilmente las lecturas del polígrafo, usando técnicas de control de respiración y mental que aprendí hace años.

Alex confía en mí a muerte, sin reservas. Pero el subdirector definitivamente no.

Para él sigo siendo básicamente un criminal que está aquí solo por un trato legal conveniente y nada más. Aunque oficialmente se declaró y se publicó que no tuve nada que ver con los crímenes de los que me acusaron hace años, que me incriminaron falsamente, que mi condena fue injusta, él se empeña en verme como un ex convicto sin memoria fiable, un criminal reformado como otro cualquiera. Alguien que no merece llevar el mismo uniforme que él.

Lo veo en sus ojos cada vez que nos cruzamos por los pasillos. El desprecio mal disimulado. La desconfianza constante.

He estado ignorando a Tom por completo y a propósito desde que me dieron un móvil nuevo de la agencia para sustituir el que él reventó cuando me secuestró al principio. Obvio que le eché la bronca a Sophia por pasarle mi nuevo número personal sin mi permiso explícito.

Pero siendo sincero, ¿cómo voy a culparla de verdad si ella no tiene ni idea de mi movida actual con Tom? ¿Si no sabe que estamos peleados? Al final acabé pidiéndole perdón de corazón minutos después por haberla echado la bronca por algo cuyas razones reales ella no puede conocer. Ella piensa que su jefe y yo estamos de lujo, que nuestra relación es sólida y feliz.

Quizá todos en el Clan Geist piensan lo mismo, aunque lo dudo bastante. Travis seguro que lo sabe todo. Pero bueno, ya le contestaré a Tom después. Quizás dentro de un par de semanas más, cuando me sienta listo para tener esa charla chunga…

Lo que de verdad me importa ahora mismo, lo que me ocupa la cabeza y la energía al cien por cien, es buscar la forma más efectiva de conseguir el permiso oficial para hacerle una visita formal a Bach en la prisión federal donde está metido. Y no solo a él, aunque él es mi prioridad número uno…

Quiero sacarlo de ese agujero horrible de una puta vez. No aguanto ni un día más pensando que está ahí encerrado entre esas paredes grises y frías. Solo. Completamente aislado. Porque según me contaron, todavía no le han activado los privilegios de visitas familiares o de amigos. Además, no merece pudrirse el resto de su vida ahí dentro. Sí, técnicamente es un criminal según la ley. Pero también es un amigo cercano y leal de mi pareja, y lo más importante, es quien me protegió activamente cuando yo estaba vulnerable en esa misma prisión hace años.

Me salvó de que me violaran, me pegaran, posiblemente me mataran. Me cuidó cuando no tenía ninguna obligación de hacerlo.

Así que sí, me siento en deuda profunda con él, y necesito saldar esa deuda de honor. Por eso mismo estoy ahora mismo preparando con todo cuidado el documento formal, rellenando toda la info requerida como toca, para presentarle oficialmente mi solicitud a Alex.

Mientras la hoja se imprime despacito en la impresora láser de mi oficina, mi mirada se va casi sin querer al móvil apagado que descansa en la superficie ordenada de mi escritorio.

Joder, es infinitamente más difícil de lo que me imaginaba ignorar a Tom. De verdad que sí. No para de mandarme mensaje tras mensaje, a todas horas. Me hace llamadas constantes que obviamente nunca cojo, dejo que suene y suene hasta que salta el buzón. Y tanto ha insistido, tanto me ha bombardeado, que ya directamente tengo el móvil en silencio todo el rato. Hasta por las noches cuando duermo.

Siento que estoy siendo muy duro y cruel con él, excesivamente castigador. Pero es el precio que tiene que pagar por haberme mentido sobre algo que no debió ocultarme por muy feo que fuera. Así no le quedarán ganas de volver a ocultarme cosas, de mentirme sobre su pasado o su presente. Quiero que sienta mi ausencia total en todo su esplendor y magnitud. Que entienda en las tripas lo que significa perderme.

Lo que me preocupa de verdad es que en cualquier momento decida venir hasta aquí a buscarme, a plantarse delante de mí en persona. Él es capaz de hacer lo que sea para conseguir lo que quiere, no conoce límites cuando se trata de algo que desea. Y a eso hay que sumarle el factor complicado de que es el dueño legal del apartamento que está justo enfrente del mío en el mismo edificio.

Tiene acceso fácil. Puede aparecer cuando le dé la gana y abrir mi puerta como ya hizo una vez.

Buff, todo es tan jodidamente difícil y complicado. No sé honestamente cuánto más podré aguantar esta postura de ignorar por completo al tío que me mintió pero que al mismo tiempo amo con toda mi maldita alma y corazón. Al que extraño a morir cada minuto de cada día. Al que necesito física y emocionalmente más de lo que quiero admitir…

Respiro hondo y profundo antes de dejarme llevar por ese espiral de pensamientos autodestructivos, y me obligo a centrarme. Veo que la hoja ya se ha imprimido bien y completa. La cojo con cuidado y casi corriendo salgo de mi oficina, cerrando la puerta detrás.

Me dirijo rápido por los pasillos institucionales hacia la oficina central ejecutiva, donde está el despacho privado de mi jefe directo. Toco firme a la puerta de cristal cuando llego y espero paciente, conteniendo la ansiedad, a que me dé el pase verbal para pasar. Alex me sonríe de oreja a oreja en cuanto cruzo el umbral y entro en la oficina amplia. Su expresión es genuinamente amigable, quizás demasiado para ser estrictamente profesional.

—¿A qué se debe el honor de tu visita tan temprano, Benjamín?— dice con voz cálida y relajada.

Yo ruedo los ojos con exageración teatral mientras una sonrisa involuntaria se me escapa.

—Estoy aquí por algo bastante importante a lo que le he estado dando muchas vueltas desde que quedé libre de la custodia del Clan Geist— musito mientras me acerco con pasos medidos a una de las sillas de cuero negro frente a su escritorio ejecutivo y me siento cómodo, sujetando la hoja impresa protectoramente contra el pecho.

Alex me mira con atención total, sus ojos azules yacen clavados en los míos, esperando que siga.

—Sé perfectamente que no lo tengo técnicamente permitido según el protocolo estándar de la agencia, pero joder, lo necesito con verdadera urgencia…— le tiendo la hoja. Él la coge con cuidado, no sin antes darme una mirada de confusión evidente que poco a poco se transforma en comprensión mientras lee con detenimiento lo que pone —Espero que puedas darme un sí a esto, Alex. Por favor.

—Benjamín…— murmura mi nombre con tono de pesar total y resignación anticipada.

Sé al instante por su cara y su lenguaje corporal que va a decirme que no, que va a rechazar mi solicitud. Pero me adelanto estratégicamente y le suelto todas mis razones convincentes antes de que pueda negarse en redondo.

—Por favor, Alex, te lo suplico de verdad, ¿sí?— lo miro fijo a los ojos con urgencia genuina y la desesperación apenas contenida —He estado revisando obsesivamente el caso completo de Beckham durante días. Cada documento, cada testimonio, cada prueba presentada en el juicio. Y también lo encerraron sin tener pruebas realmente contundentes y verificables de los antecedentes criminales específicos por los que se le culparon y condenaron.

Hago una pausa para respirar antes de seguir con mi argumento.

—Lleva encerrado demasiados años siendo fundamentalmente inocente de los cargos más graves, y yo necesito sacarlo de ahí cuanto antes. Por favor, déjame ir personalmente a verlo para obtener una nueva versión directa y detallada de lo que realmente pasó hace años, y para evaluar personalmente qué puedo hacer para sacarlo legalmente de allí. Por favor, Alex…

Él bufa con frustración ante mis súplicas insistentes, deja la hoja con cuidado sobre su escritorio ordenado y me mira fijo a los ojos durante varios segundos incómodos.

—Vale, entiendo tus razones respecto a Beckham— dice al fin con voz medida —¿Pero para qué coño quieres también ir específicamente a visitar a Nathalie Franz? Esa parte no tiene sentido en el contexto de ayudar a Beckham.

Me paso la lengua por los labios despacio, comprando tiempo para formular la respuesta con cuidado.

—Porque ella es una pieza clave absolutamente crucial en todo este rompecabezas legal— miento con convicción practicada —Ya me informé extensivamente sobre los detalles de lo que pasó revisando todos los archivos disponibles, y necesito escuchar su versión personal también para tener el panorama completo.

Eso es mentira total, claro. La verdad es que revisé superficialmente el caso antiguo de Bach y vi casualmente en los documentos judiciales que Nathalie estaba involucrada de forma tangencial por una confesión parcial que hizo durante su interrogatorio donde lo mencionó brevemente. Y vi al momento la oportunidad perfecta de conseguir acceso para verla cara a cara.

Quiero ver directamente su cara de mierda cuando por fin sepa y procese que estoy vivo y completamente libre. Que sobreviví a todo lo que me hizo. Quiero que vea con sus propios ojos que voy a hacer hasta lo imposible desde aquí fuera, usando todos los recursos de la DEA, para que sufra exponencialmente más estando dentro de la prisión donde la metieron. Que su condena sea más dura. Que cada día sea un infierno para ella.

—Dime que sí, Alex, por favor. Te lo pido como amigo, no solo como subordinado.

—Es extremadamente difícil y complicado, Benjamín. Sabes perfectamente que esto no depende solo de mí y de mi autoridad.— explica con paciencia —Tengo que presentar formalmente tu solicitud ante la junta directiva completa y esperar a ver cuál es su respuesta y decisión final…

—Pero tú eres el director principal de toda la división de Estados Unidos…— interrumpo con frustración.

—Sí, técnicamente lo soy— admite con un suspiro cansado —Pero tengo este puesto de tanto poder solamente porque mi padre quería que fuese yo quien ocupara su lugar cuando él ya no pudiera continuar. Y después de su muerte, para que eso se hiciera realidad oficialmente, yo tuve que aceptar un trato restrictivo con los superiores en Washington donde debo consultar obligatoriamente todo lo que vaya a hacer o decidir que sea significativo a los jefes superiores por encima de mí.

Me explica con calma lo que yo ya sé por haberlo oído antes en conversaciones pasadas que tuvimos.

—Y si presento tu solicitud exactamente como está redactada ahora, siendo completamente honesto contigo, no creo en absoluto que vayan a decir algo remotamente positivo o favorable.— expresa —Lo más probable es que la rechacen inmediatamente.

Suelto un resoplido audible de frustración mientras me dejo caer derrotado en la silla de cuero, con un mohín evidente de decepción en los labios. —Van a sacar inevitablemente el tema de que soy un criminal reformado, ¿no es así? Van a usar mi pasado en mi contra.

Él ladea la cabeza ligeramente hacia un lado, ese gesto universal que me dice clarísimo que sí, que exactamente eso es lo que va a pasar. —Lo lamento, Ben. Créeme que si esto fuese exclusivamente por mí y mi criterio personal, te dejaría hacer esas visitas sin dudarlo ni un segundo. De hecho, para que lo sepas, tienes completamente mi aprobación personal desde ya…— toma la hoja impresa de su escritorio y me la extiende de vuelta con expresión de genuino pesar —Pero legalmente se necesita también la aprobación oficial de la junta directiva completa, Ben…

—¿Y si te prometo hacer absolutamente todo en completo silencio sin que ellos se den cuenta de nada?— sugiero con desesperación —Entro y salgo de las prisiones sin dejar rastro oficial, sin documentación formal…

—Van a enterarse inevitablemente a fin de cuentas de todas formas, Ben— me responde con realismo, sonriendo ligeramente con ironía —Siempre se enteran. Hay demasiados controles de seguridad, demasiados registros automáticos. Es imposible hacer algo así sin dejar huella digital.

Al escucharlo decir eso con tanta certeza, me permito sentirme pésimamente mal y completamente derrotado. Creo que mi cara de desilusión total y devastación debe ser patética, porque algo en ella le remueve evidentemente algo profundo a Alex que hace que me arrebate la hoja de la mano de repente.

—Pero…— musita significativamente, alargando de forma exagerada y deliberada la última vocal de la palabra para crear suspenso —Puedo presentar tu solicitud formal ante la junta y usar toda mi influencia política interna para ayudarte activamente a que la acepten y aprueben. Puedo presionar, hacer llamadas, llamar favores.

La esperanza que perdí completamente hace apenas unos segundos vuelve a mí de golpe como una oleada, inundándome el pecho. Sonrío ampliamente, incapaz de contener mi alivio. —¿De verdad harías eso por mí? ¿A pesar de las complicaciones políticas que podría causarte?

—Por supuesto que sí, Benjamín. No perdemos absolutamente nada con intentarlo seriamente, ¿o sí? Y tú mereces la oportunidad de hacer esto.

—¡Ay, Alex, muchísimas gracias!— exclamo con emoción desbordada que no puedo ni intento controlar.

Me siento tan jodidamente bien y aliviado que ni siquiera me lo pienso dos veces antes de levantarme rápido de la silla y acercarme físicamente a Alex, rodeando su escritorio ejecutivo para darle un abrazo grande y espontáneo de agradecimiento sincero.

Lo abrazo fuertemente, apretándolo contra mí.

—Gracias, gracias, gracias de verdad— murmuro repetidamente contra su hombro —Sabía que podía contar contigo, que no ibas a dejarme solo en esto. Eres un buen amigo y jefe.

Me separo gradualmente un poco del abrazo para crear algo de distancia apropiada, pero la cercanía física persistente entre nosotros y su mirada intensamente suave clavada en mi rostro me hacen sentirme algo nervioso e incómodo de una forma que no logro identificar del todo. Me doy cuenta con claridad repentina de la proximidad íntima de nuestros cuerpos, de cómo su aliento cálido roza mi mejilla, de cómo sus manos todavía descansan en mi cintura. Y lentamente, casi en cámara lenta, mientras me paso la lengua por los labios con nerviosismo evidente, me obligo a separarme de él creando distancia física segura.

—Hmm… lo siento mucho por eso— me apresuro a decirle torpemente, sintiendo calor subir a mis mejillas —M-me emocioné de más, ¿verdad? Fui inapropiado.

—No te preocupes en absoluto— me responde con voz suave, negando lentamente con la cabeza —A mí no me molesta para nada.

Junto los labios y asiento despacio ante sus palabras cargadas de significado. Él realmente gusta de mí románticamente. Eso es innegable a estas alturas. Lo veo en cómo me mira, en cómo busca excusas para tocarme casualmente, en cómo siempre está disponible para mí. Y lo que me perturba de verdad es que eso no me desagrada completamente del todo como debería.

Y la sonrisa pequeña pero significativa que me dedica ahora me hace sentir nuevamente nervioso de una forma que me confunde profundamente.

—Okay, igual no volverá a suceder de todas formas, ¡lo prometo!— le digo rápido, tropezando ligeramente con las palabras en mi prisa por poner límites —No está para nada bien tener ese tipo de acercamientos físicos inapropiados con mi jefe directo. Ya después estará Xavier hablando y chismeando sobre eso con todos en la oficina y yo me voy a preguntar cómo coño se enteró exactamente de algo privado.

Alex suelta una risita genuinamente divertida ante mi nerviosismo evidente.

—Ya te dije que a mí no me molesta en absoluto, Benjamín.— me recuerda con intención —Pero bueno, cambiando de tema, te daré la respuesta definitiva sobre tu solicitud hoy mismo después de hablar con la junta, sobre lo que me digan exactamente y cuál sea su decisión final, ¿okay? Convocaré una reunión de emergencia esta misma tarde.

—Sí, perfecto. Y si es posible y se aprueba, quiero hacer esas visitas a la prisión hoy mismo. Mañana a más tardar.

—Bien, entiendo la urgencia— asiente comprensivamente —Haré todo lo que esté en mi poder considerable para convencerlos, ¿vale? Confía en mí.

—Vale. Confío completamente en ti, Alex.

&

La hora del almuerzo por fin ha llegado después de una mañana interminable de papeleo coñazo y reuniones aburridas, y ahora estoy sentado en la cafetería institucional del edificio de la DEA, comiendo sin muchas ganas el almuerzo saludable pero soso del día junto a mi amiga y colega Sheryl.

Ella ha estado más pegada a mí emocionalmente, más atenta y protectora, desde que explotó todo lo público de mi «secuestro» por el Clan Geist. Es una buena amiga, quizás la mejor que tengo ahora mismo en la agencia. Siento que podría confiarle casi cualquier secreto sin preocuparme de que pase algo parecido a lo que me pasó hace años con Nathalie, esa traición que me destrozó. Aunque obviamente nunca le contaría la verdad completa sobre Tom.

Eso sería demasiado peligroso para los dos.

Pensar en Nathalie me revuelve el estómago con una mezcla tóxica de rabia, dolor y asco, y justo por eso no he podido probar ni un solo bocado de la ensalada César que tengo delante en la bandeja de plástico.

Sheryl lo pilla al instante, claro. Su mirada observadora y preocupada se me clava una y otra vez, y ve perfectamente cómo solo juego distraídamente con la comida, revolviéndola mecánicamente con el tenedor de plástico sin llevarme nada a la boca.

—¿Todo bien en esa cabecita tuya, cariño?— me pregunta al fin con voz suave mientras abre su botella de agua mineral y da un trago largo.

Yo espabilo de golpe, parpadeando como atontado como si saliera de un trance antes de prestarle toda mi atención. —¿Mhmm? ¿Dijiste algo?

—Te pregunté si estás bien, Bennie. Te noto raro.

—Ah, oh sí, sí, todo perfectamente bien, ¿por qué lo… por qué lo preguntas?— inquiero nervioso mientras me rasco la nuca con torpeza.

Ella arquea una ceja escéptica, mirándome con cara de «no me tomes por tonta».

Al darme cuenta de que no puedo mantener la fachada de normalidad porque me conoce demasiado bien después de años trabajando juntos, suelto un suspiro profundo de pura resignación derrotado. —Vale, tienes razón. Solo estaba pensando un poco en algunas cosas…

—¿»Un poco»?— repite con ironía mientras sonríe ligeramente —Más bien diría que estabas pensando «un poco muchísimo»…

—¿Tanto se me nota entonces?— pregunto con genuina preocupación.

—Cariño, no has probado ni un bocado de la comida desde que llegamos hace veinte minutos y andas muy despistado y ausente últimamente en general— me dice con tono maternal —¿Tiene que ver específicamente con el tema del Clan Geist? ¿Con lo que pasó durante tu cautiverio? Sabes perfectamente que puedes hablar conmigo de lo que sea, Ben. Estoy aquí para ti.

—Lo sé y lo aprecio mucho…— suspiro otra vez con peso, llevándome las dos manos a la cara con frustración acumulada, frotándome los ojos cansados —Sheryl, es que… joder, no sé exactamente cómo explicarlo con palabras pero me siento algo sofocado y ansioso últimamente. No sé cómo describirlo mejor. Ni siquiera yo mismo me entiendo del todo.— hago una pausa, organizando mis pensamientos caóticos. —Quiero hacer unas visitas importantes en la prisión federal y eso me tiene así de alterado, porque…

Porque veré cara a cara a la que fue mi mejor amiga durante años, mi confidente, mi hermana elegida, y que me traicionó de la forma más cruel imaginable. Quien participó activamente y voluntariamente en la muerte horrible de mis gemelos. En que lo mío con Tom se desmoronara completamente hace diez años de la peor forma posible. Veré directamente a los ojos a la mujer que más odio y desprecio con absolutamente todo mi ser, con cada fibra de mi alma.

Y me siento completamente sofocado y paralizado por anticipación de ese encuentro. No sé cómo tranquilizarme de verdad. Sé racionalmente que cuando la vea cara a cara debo controlarme y hablarle con calma profesional sin alterarme visible ni emocionalmente, y precisamente eso es exactamente lo que no sé cómo hacer.

Estamos hablando de una persona que me jodió la vida tan brutalmente como lo hicieron Ría y Brian. Solo que la diferencia devastadora es que ella no era una completa desconocida para mí como ellos. Era mi persona de confianza. Era como mi hermana de sangre…

Buff…

—No sé cómo explicarlo correctamente, Sheryl…— comento al darme cuenta de que me he quedado callado demasiado tiempo, perdido en mis pensamientos.

Ella asiente despacio con comprensión evidente en los ojos.

—Te entiendo perfectamente, cariño. Pero no es nada bueno ni saludable que te guardes todas estas cosas pesadas dentro, ¿sí? Ya sabes que cuentas conmigo incondicionalmente para lo que sea que necesites— me recuerda con sinceridad —Haz tranquilamente lo que tengas que hacer y no pienses demasiado en eso antes de que suceda. Tú tiendes a sobrepensar absolutamente todo hasta el cansancio y eso te pone así de ansioso. Lo mejor siempre es simplemente dejar que todo fluya con naturalidad, y si ya tomaste firmemente la decisión de hacer esas visitas a la cárcel, entonces quédate lo más tranquila posible y simplemente espera a que llegue el momento…

—Tienes razón en todo eso— admito con una pequeña sonrisa agradecida.

Ella me conoce demasiado bien.

Yo siempre, invariablemente, sobrepienso absolutamente todo hasta niveles obsesivos. Eso lo hago desde que tengo uso de razón, desde que era un niño pequeño. Es uno de mis defectos fundamentales de personalidad.

Intento relajarme conscientemente, respirando profundo, y finalmente logro llevarme un bocado de ensalada a la boca. Sheryl sonríe satisfecha al verme comer. El resto del almuerzo pasa en charla más ligera sobre casos actuales, chismes de oficina y los planes de Sheryl para el fin de semana. Eventualmente terminamos de comer y nos despedimos para volver a nuestras respectivas oficinas.

Cuando regreso a mi escritorio, hay una pila nueva de archivos esperándome sobre la superficie ordenada. Casos pendientes que necesitan mi revisión y firma. Me acomodo en mi silla ergonómica y empiezo a trabajar mecánicamente en ellos, revisando reportes, firmando autorizaciones, haciendo anotaciones en los márgenes.

Estoy tan concentrado en un caso particularmente complejo de lavado de dinero que no escucho inmediatamente cuando alguien toca a mi puerta.

—¿Benjamín?— la voz de Alex me hace levantar la vista bruscamente.

Está parado en el marco de mi puerta, con una expresión en su rostro que no logro descifrar del todo. ¿Esperanza? ¿Satisfacción? ¿Nerviosismo?

—Alex— digo, poniéndome de pie automáticamente —¿Ya… ya hablaste con la junta? ¿Tan rápido?

Él entra completamente a mi oficina, cerrando la puerta detrás para privacidad. Eso me pone inmediatamente nervioso. Si fuera una negativa simple, no necesitaría cerrar la puerta. —Acabo de salir de la reunión de emergencia que convoqué específicamente para discutir tu solicitud— dice, y hay algo en su tono que no puedo identificar —Duró casi dos horas completas. Hubo… un debate considerable.

Mi corazón late acelerado en el pecho. —¿Y? ¿Cuál fue la decisión final?

Alex camina despacio hacia mi escritorio, sacando un documento oficial doblado de la carpeta que trae en sus manos. Lo desdobla con cuidado y lo coloca sobre mi escritorio, girándolo para que pueda leerlo claramente. Veo al instante el sello oficial de la DEA en la esquina superior. Y en letras grandes en el centro de la página:

SOLICITUD APROBADA.

—¿Qué?— susurro incrédulo, mis ojos escanean rápido el documento para asegurarme de que estoy leyendo bien —¿La aprobaron? ¿De verdad?

—La aprobaron— confirma Alex con una sonrisa genuina —No fue fácil. Tuve que hacer varios compromisos, llamar algunos favores personales, y básicamente garantizar con mi propia reputación que no causarías ningún problema. Pero sí, Benjamín. Tienes autorización oficial completa para visitar tanto a Beckham como a Franz en la prisión federal.

No puedo contener la sonrisa enorme que se me extiende por la cara. Sin pensarlo, rodeo mi escritorio y abrazo a Alex fuertemente por segunda vez en el día. —Gracias, gracias, muchísimas gracias— murmuro con emoción —No sabes lo que esto significa para mí.

—Creo que tengo una idea— responde suavemente, sus brazos me rodean y me sostienen tal vez un poco más de tiempo del estrictamente necesario.

Cuando finalmente nos separamos, hay algo en sus ojos que me hace sentir ese nerviosismo confuso otra vez. Pero lo ignoro, enfocándome en la noticia increíble que acabo de recibir.

—¿Cuándo puedo ir? ¿Hoy mismo?

—Hoy mismo si quieres— confirma —Ya están notificados en la prisión. Solo necesitas presentar esta autorización en la entrada y te darán acceso completo. Tienes dos horas máximo con cada prisionero.

—Perfecto. Iré inmediatamente entonces. Ahora mismo.

—Benjamín— dice Alex, deteniéndome con una mano en mi brazo cuando estoy a punto de salir corriendo —Ten cuidado, ¿sí? Especialmente con Franz. No sabemos cómo va a reaccionar al verte después de todo este tiempo. Podría ser… volátil. Ella tiene que ver con tu pasado, temo que eso afecte con tu memoria si la ves…

—Puedo manejarlo— aseguro con más confianza de la que realmente siento —Estaré bien.

—Llama si necesitas cualquier cosa. Lo que sea. A cualquier hora.

—Lo haré. Gracias de nuevo, Alex. De verdad.

Salgo de mi oficina con el documento de autorización apretado en la mano, mi corazón late rápido de anticipación, nerviosismo y determinación. Finalmente voy a ver a Nathalie cara a cara. Finalmente voy a poder empezar a saldar mis deudas y cerrar capítulos pendientes de mi pasado.

Y tal vez, solo tal vez, empezar a sanar algunas de las heridas que todavía sangran.

Continúa…

Conozcan a Alex, déjenle sus mensajitos de amor.

por unicornlitz

Escritora del Fandom

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