
Fic de Unicornlitz. Temporada II
Capítulo 75
By Tom
Han pasado, ¿qué? ¿Una… dos o tres semanas quizás? Ya perdí la cuenta exacta de los días. Todos se difuminan en una nebulosa entre el trabajo y el whisky.
Encargarme junto a Travis de nuestra organización criminal ha sido bastante más duro últimamente. Hemos estado en alerta máxima constante ante cualquier ataque potencial de Brian, pero eso no ha pasado todavía. El silencio es casi peor que la acción, es el tipo de calma tensa que precede a una tormenta de las que te dejan el culo al aire.
Sé perfectamente que ese imbécil psicópata está planeando algo gordo, algo que podría jodernos vivos si no estamos preparados. Y tenemos que estar listos para absolutamente cualquier cosa que se le ocurra a esa mente retorcida. Tenemos una lista mental prácticamente infinita de todas las movidas que Brian podría hacernos, desde ataques directos a nuestros almacenes hasta infiltrarse en nuestras filas, desde chantajes hasta secuestros de gente clave. Y de todas esas amenazas tenemos soluciones bien pensadas para evitar que la cosa se vaya a la mierda del todo.
La alianza formal con los otros siete clanes se cerró exactamente hace una semana. El tratado se firmó en una reunión tensa pero productiva. Obviamente, como el Clan Nexus, o mejor dicho «Raven» como se hace llamar su líder, no se presentó a la convocatoria, quedó automáticamente considerado como un clan enemigo potencial. No puedo hacer nada contra esa clasificación ahora mismo, pero sí puedo sugerirle estratégicamente a mi moreno cuando vuelva que use su papel como líder secreto del Clan Nexus —aunque ese clan es completamente falso y no existe más allá de la fachada— para que al final forme parte de la alianza también.
Por ahora sé que los demás clanes no van a planear ningún movimiento contra el Nexus porque no tienen ni puta idea de cómo funciona ese «clan misterioso», cuáles son sus recursos ni cuál es su alcance real. Y quizás esto hasta pueda venirle bien a la DEA si mi moreno decide compartir información estratégica. Si los federales se enteran de que mi alianza es con el objetivo final de pillar a Brian de una vez por todas, seguro que hasta se unen activamente a nosotros aportando recursos e inteligencia.
O vete tú a saber. Seguro son tan orgullosos y tan atados a sus protocolos que ni eso les importa. Preferirán ir por libre y quedarse con todo el mérito.
No sé absolutamente nada de mi moreno directamente. Solo lo que Sophia cuenta cuando la presiono por información, aunque son cosas triviales y superficiales que no calman ni un poco mi ansiedad. «Está bien.» «Está trabajando mucho.» «Está ocupado con casos.» Nada sustancial. Nada que me diga realmente cómo está, qué siente, si me odia, si todavía me quiere.
Me afecta un huevo no tenerlo físicamente conmigo. Joder, me dan ganas de coger el puto vuelo e ir a buscarlo sin que me importe una mierda nada más. Pero… pero sé que él no quiere verme todavía. Me lo dejó claro. Le estoy dando el tiempo que pidió, estoy cumpliendo con su petición explícita, y espero desesperadamente que este tiempo separados sin saber el uno del otro sirva de verdad para algo. Aunque cada día que pasa me hace dudar más de esa estrategia.
Maldito sea el momento en que decidí mentirle. Fue la peor decisión de mi vida.
Lo necesito con una urgencia que me está comiendo por dentro. Deseo más que nada en este mundo tenerlo otra vez a mi lado, pero según Catalina tengo que ser paciente. Aunque mi paciencia es más bien escasa por naturaleza. Nunca he sido bueno esperando lo que quiero.
No puedo dejar de pensar en él ni un segundo. En sus ojos marrones cristalinos que brillan cuando se ríe. En su sonrisa preciosa que ilumina habitaciones enteras. En lo suave que es su piel aterciopelada bajo mis manos. En los gemidos melodiosos que se le escapan de la boca cuando lo hago mío. En su expresión pacífica y vulnerable cuando duerme a mi lado. En sus manos delgadas y elegantes. En sus labios carnosos perfectos para besar.
Me urge besarlo y no soltarle la boca nunca más. ¿Por qué coño tiene que ignorarme tan completamente? Yo soy capaz de arrastrarme de rodillas todos los días si hace falta para que me perdone, de suplicar hasta quedarme sin voz. Pero si eso me garantiza que va a estar físicamente conmigo aunque no me mire ni me hable, me conformo con solo su presencia. Solo necesito saber que está cerca, que respira el mismo aire que yo.
Pero es que él es tan orgulloso y tan terco… Yo entiendo perfectamente sus razones para estar cabreado, de verdad que las entiendo. Pero, ¿por qué no puede entender que yo no se lo oculté por maldad ni por falta de amor, sino precisamente porque no quería hacerle daño innecesariamente? ¿Por qué no ve que cada decisión que tomo la pienso pensando en su bienestar?
Suelto un suspiro pesado que me sale desde lo más hondo del pecho.
Yo debería estar desayunando algo nutritivo, no bebiendo como un alcohólico de mierda directamente de la botella de whisky caro que ya casi me he terminado. No tener a mi moreno conmigo me está afectando de formas que no me esperaba. Solo de pensar que puedo perderlo para siempre hace que se me vaya la cabeza por completo y realmente me siento terriblemente mal. Muy mal. Como si me hubieran arrancado una parte esencial de mí.
Yo tengo que ir a buscarlo, ¿verdad? Esa es la respuesta obvia.
Sí, sí, tengo que viajar y decirle cara a cara lo mucho que lo quiero. Y que no importa si él ya dejó de quererme, lo cual me destrozaría, mi amor es lo suficientemente fuerte como para mantener nuestra relación viva. Para los dos.
¿Acaso él dejó de quererme? Ese pensamiento me paraliza de terror. ¿Ya no me echa de menos como yo lo echo de menos a él con cada fibra de mi ser? ¿No me necesita como yo lo necesito a él para funcionar? ¿Sigue sin querer verme en absoluto? ¿Dejó de quererme de verdad?
No soportaría escucharlo decir que ya no quiere nada conmigo. Esas palabras me matarían más rápido que cualquier bala.
¿No me respondió nunca a los cientos de mensajes que le dejaba antes porque ya decidió que lo nuestro se acabó? ¿Por eso nunca contestó a las llamadas desesperadas que le hacía a todas horas? ¿Hice mal en dejar de intentar contactarlo durante estas tres semanas que han pasado? ¿Debería llamarlo ahora mismo?
—Oh, por Dios, Klaus…— la voz de Catalina suena de repente desde algún rincón de la sala.
Ni siquiera tengo ganas de girar la cabeza para mirarla. Estoy demasiado concentrado pensando obsesivamente en las curvas perfectas de mi Billie, en sus piernas largas y torneadas, en su espalda que se arquea tan bonito, en su cintura estrecha que encaja perfecta en mis manos, en su culo respingón. Mierda. Lo necesito urgentemente.
—Klaus— repite con más firmeza.
Reacciono por fin cuando siento que me quitan bruscamente la botella de whisky de las manos. Frunzo el ceño al instante con irritación. Mis ojos se clavan en los marrones de Catalina, muy parecidos en color a los de mi precioso morenito, aunque sin esa calidez y profundidad que tienen los de Willem.
—Mierda, estás como una cuba— dice con preocupación y un toque de reproche en la voz —¿Desde hace cuánto estás bebiendo sin parar?
Hago una mueca con los labios, articulando con dificultad. —No sé, ¿desde anoche? Perdí la cuenta de las horas.
—¿Por qué? ¿Qué sentido tiene esto?
—Necesito a mi amor aquí conmigo, es todo— respondo con una simpleza que duele —Y él no está. Y no va a venir.
—Sí, pero bebiendo hasta perder el conocimiento no lo vas a traer de vuelta por arte de magia— dice con una lógica que no quiero escuchar. Se aleja con la botella de whisky que no me dejó terminar y la coloca de nuevo en su sitio en el mueble bar. Se gira y se cruza de brazos con una expresión muy seria de desaprobación —Menos mal que decidí venir a ver cómo estabas. He traído algo para que desayunemos como Dios manda…
—¿Eh?— musito en un pequeño jadeo, confundido, con la mente nublada por el alcohol.
—¿Lo olvidas?— pregunta con incredulidad —Quedamos en que hoy me ayudarías a recibir la mercancía para los vestuarios nuevos de los shows de las bailarinas. Te lo recordé hace dos días.
—¿Hoy qué día es?— pregunto desorientado.
—Treinta…
—¿De qué mes?— interrumpo.
—¿Cómo que de qué mes, Klaus?— pregunta indignada —¿Cómo se te va a olvidar eso, joder? Has perdido completamente la noción del tiempo.
—No recuerdo nada— admito con vergüenza.
Ella bufa y pone los ojos en blanco. Ese gesto me hace recordar inevitablemente a mi moreno cuando mi actitud de pervertido incorregible le exaspera un poco pero secretamente le divierte a la vez.
¿Por qué estoy viendo a mi moreno en Catalina? Si mi moreno es único e inigualable en todos los aspectos. No hay nadie en el mundo mundial que sea tan hermoso y terco como él. Nadie se iguala ni remotamente a mi precioso Willem. ¿Entonces qué hago pensando en que Catalina tiene alguna similitud con mi moreno? Si son tan completamente diferentes. Ella es solo una empleada. Él es mi vida entera.
—Agosto. Hoy es treinta de agosto, Klaus— me informa con paciencia.
Salgo abruptamente de mis pensamientos en cuanto la escucho y proceso la información. Si hoy es treinta, entonces mañana se acaba el mes y el primero de septiembre es el cumpleaños de mi moreno. ¡Es la excusa perfecta para viajar a Estados Unidos, buscarlo y verlo! Le tendré una sorpresa bonita preparada, algo que le demuestre cuánto lo amo. Le va a encantar, estoy seguro.
—Tienes una cara de que lo que sea que estés pensando no es nada bueno— observa Catalina con suspicacia.
—El primero de septiembre cumple años mi moreno, Cata— le digo mientras me pongo de pie. Aunque claro, ese movimiento tan rápido hace que me maree considerablemente. Estoy algo ebrio todavía pero sigo consciente de lo que pasa a mi alrededor. —Tengo que prepararle algo absolutamente perfecto, que le deje completamente claro que es el amor de mi vida, quien reina supremo en mi corazón y que no puedo vivir sin él ni un día más.
—Ah…— dice Catalina con un tono extraño que no logro identificar —Entiendo.
La ignoro completamente y pienso. Desayuno lo que Catalina trajo, me ducho con agua fría para despejarme, me arreglo como Dios manda y la acompaño a recibir la mercancía para las bailarinas cumpliendo mi palabra.
Después me pongo inmediatamente manos a la obra preparando el regalo perfecto para mi amor. Algo que le demuestre que es mi todo.
.
By Bill
—Déjame ver si entendí correctamente toda la situación…
Exhalo ligeramente mientras me cruzo de brazos defensivamente, mirando con detenimiento a Sophia. Ella me mira como si lo que le acabo de contar con tanto detalle fuese algo muy ridículo de mi parte, como si yo fuera un adolescente dramático en lugar de un agente federal adulto.
Tengo cinco días libres oficiales de descanso según mi horario rotativo. Antes los acumulaba sin usarlos porque no descansaba para nada, era adicto al trabajo. Ahora sí que me tomo mis días libres como corresponde, intentando mantener algo de equilibrio. Y Sophia ha llegado sin avisar a mi apartamento. La encontré plantada frente a la puerta justo cuando regresaba de pasear a Alfia, con una expresión de fastidio total en su rostro.
Resulta que Tom no ha dejado de escribirle insistentemente preguntándole por mí, presionándola por información, y ella ya se cansó completamente de eso. Porque, se supone que él tiene mi número personal y que somos pareja. Así que no he tenido más remedio que contarle toda la situación que nos llevó a estar como estamos ahora, separados, sin comunicación, en un limbo doloroso.
—Él estuvo revolcándose como un prostituto con todas las bailarinas que tiene trabajando en su bar, cuando te creía muerto— resume con tono de desaprobación en su voz.
Asiento lentamente con la cabeza, sintiendo esa punzada familiar de dolor.
—Luego tú, prácticamente, revives de entre los muertos, recuperas la memoria con el tiempo y le preguntas directamente si estuvo con alguien más en tu ausencia. Y él dice que no rotundamente. Entonces la confianza entre ustedes se rompe completamente, porque él te juró que no había estado con nadie más y te dolió profundamente que te mintiera mirándote a los ojos como un descarado.
—Sí, eso mismo— confirmo con la voz tensa.
—Y has estado ignorándolo deliberadamente por tres semanas. O sea, casi un mes completo.
—Sí.
—Lo dejaste allá, solo, con una mujer a la que rescató en Brasil porque se creyó héroe salvador— continúa con un tono cada vez más crítico —Misma mujer que, según tu propia observación detallada, se le arrimaba mucho como una perra en celo buscando desesperadamente quien se la folle.
—Sí, ajá— admito con algo de incomodidad creciendo en el pecho.
—Por tres semanas enteras. O sea, veintiún días exactos, lo que equivale a quinientas cuatro horas completas solo con aquella mujer trabajando en su bar, cerca de él constantemente.
—Sí, Sophia, sí…— digo con frustración, viendo a dónde va esto.
—¡Pero tío! ¡¿Acaso estás completamente loco?!— exclama con vehemencia. Yo arqueo una ceja ante su exclamación apasionada —¡¿Cómo se te ocurre venirte corriendo a Estados Unidos, dejar la relación de vosotros pendiendo peligrosamente de un hilo delgadísimo, con una perra suelta y hambrienta queriendo montar el pene de tu futuro marido y padre de tus futuros hijos?! ¡¿Estás demente?!
Bufo con algo de defensividad. —Ay, Soph… él no se metería con esa mujer nunca. Créeme, lo conozco perfectamente. Además, si lo hace, sabe perfectamente que me perdería completamente y para siempre…
—Sí, tío, lo sé. Sé que él te quiere— concede con calma —Pero ponte a pensar seriamente. Quizás él no lo haría en circunstancias normales, ¿verdad? Porque está enamorado de ti completamente, eso es obvio.— se relame los labios —Pero, ¿y esa vieja qué? Esas mujeres así como esa que andan de arrimosas les gustan específicamente los hombres ajenos. Es un juego para ellas. Y más las que se llaman Catalina. Es más, con su solo nombre ya se sabe que es una zorra profesional. Es nombre de puta, chiqui.
Siento mi estómago contraerse.
—¿Qué va a hacer ella?— continúa Sophia sin piedad —Se va a aprovechar de que tú no estás físicamente ahí. Lo seducirá a él de todas las formas posibles. Y hará todo lo posible para que se la folle. Además, Klaus es hombre biológicamente. Y los hombres, por muy enamorados que estén de sus parejas, cuando la tentación les gana eventualmente acaban haciendo la peor de las locuras.
Mi respiración se acelera.
—Y en el acto no van a pensar en que están haciendo algo mal, ¿eh? Van a pensar solo en correrse, en el placer inmediato. Ya después es que piensan con claridad y se dan cuenta de que la cagaron monumentalmente. Por eso se dice que entre los hombres y la mierda no hay ninguna diferencia significativa.
Se queda en silencio unos momentos, pensando en qué más decir. Me mira de pies a cabeza a mí y me sonríe ligeramente.
—Haciendo una excepción por ti, claro— comenta con algo de diversión en su voz —Ya que eres intersexual así que hombre, hombre, al cien por ciento puro, no eres chiqui.
Decir que las palabras de ella no me afectaron sería mentir descaradamente. Porque sí que lo hicieron. Profundamente.
Siento como si me hubieran golpeado en el estómago. Todas las inseguridades que había estado reprimiendo durante semanas surgen de golpe a la superficie. ¿Y si tiene razón? ¿Y si Tom, en un momento de debilidad, cedió? ¿Y si esa mujer lo sedujo aprovechando que estaba vulnerable, solo, probablemente bebiendo?
Tom es fiel, lo sé. Lo conozco. Pero también sé que es humano. Que tiene necesidades. Que ha estado solo durante semanas. Que probablemente está dolido y confundido también.
¿Y si interpretó mi silencio como un fin definitivo? ¿Y si pensó que lo había dejado para siempre? ¿Buscaría consuelo en otra persona?
No. No, Tom no haría eso. Me ama. Lo sé.
Pero… ¿y si…?
—Entonces, ¿hice mal en dejarlo solo?— pregunto con la voz pequeña, odiando cómo suena mi inseguridad.
—Completamente— responde Sophia con sinceridad, asintiendo lentamente con la cabeza —Aunque no te juzgo, Willem. Él nunca debió mentirte sobre algo tan importante, y jurar falsamente que no hizo algo que en realidad sí hizo, eso fue imperdonable. Pero tú no debiste venirte sin al menos intentar seriamente que la relación de vosotros quedara en buenos términos claros.— hace una pausa cortita —No debiste pedirle algo tan vago como «tiempo» porque eso solo destruye las relaciones progresivamente, crea distancia y malentendidos. Y definitivamente no debiste ignorarlo por… ¡tres semanas completas!
Mierda. Tiene razón.
Mi mente empieza a sobrepensarlo todo, esa es mi especialidad.
¿Qué he hecho? Le pedí tiempo pero nunca especifiqué cuánto. ¿Piensa que lo dejé? ¿Cree que terminamos? ¿Por eso no vino cuando le dije que lo necesitaba? ¿Pensó que era una trampa? ¿O simplemente ya no le importo?
No, eso no puede ser. Pero tres semanas es mucho tiempo. Demasiado. Y esa mujer está allá. Cerca de él. Todo el tiempo.
¿Qué hago si ya pasó algo? ¿Podría perdonarlo? Yo lo dejé solo. Yo lo ignoré. Técnicamente le di tiempo y espacio. ¿Eso significa que técnicamente está libre de hacer lo que quiera?
No.
No, no, no. Eso no es lo que quise decir con «tiempo». Quise decir que necesitaba procesar, pensar, sanar. No que podía irse con otra persona.
Pero nunca se lo aclaré. Solo desaparecí.
Dios, soy un idiota.
—¿Sabes qué veo en esta situación, Willem?— inquiere Sophia, sacándome de mi espiral mental.
—¿Qué?— pregunto, temeroso de la respuesta.
Ella respira hondo antes de continuar. —Veo a un gusano que vio una manzana jugosa que quiere dañar para quedar satisfecha— dice con una analogía que me confunde.
—¿Qué?— repito.
Ella resopla. —Imagina que tu relación con Klaus es una manzana rojita, perfecta, jugosa, deliciosa, colgando de un árbol hermoso. Y que esa tal Perralina es un gusano rastrero que se ha dado cuenta de que la manzana es muy buena, valiosa. ¿Qué pasa cuando un gusano entra en una manzana?— pregunta mientras alza ambas cejas sugestivamente —Se lanza por dentro, poco a poco, imperceptiblemente. Come y come hasta dañarla desde adentro. Hasta conseguir lo que siempre quiso, quedarse satisfecha, consumir de la manzana hasta dañarla completamente, hacer que se caiga del árbol más bonito del mundo y se haga añicos en el suelo.
—Ay…— gimoteo, sintiendo náuseas.
La imagen es demasiado vívida. Demasiado real. Puedo verlo perfectamente: Catalina acercándose poco a poco, siendo útil, siendo comprensiva, estando ahí cuando yo no estoy. Escuchando cuando Tom necesita hablar. Tocándolo casualmente. Sonriéndole. Hasta que un día…
No. No puedo ni pensarlo.
—¿Quieres que eso pase?— presiona Sophia.
—¡No!— exclamo alarmado por su pregunta —Obvio no. No quiero que esa idiota se meta en mi relación. No quiero perder a Tom. Él es mío.
—Entonces, debes ir inmediatamente y ponerla en su lugar— dice con firmeza —Debes reclamar lo que es tuyo. Debes hacer que Tom te vea, te escuche, y te recuerde por qué te ama porque parece que lo olvidaste, chiqui.— frota sus labios parsimoniosamente —Porque, no quiero meterte ideas destructivas en la cabeza, Bill, pero… han pasado tres semanas completas. No me sorprendería en absoluto si entre esos dos ya ha pasado algo.
Me quedo completamente paralizado pensando en sus palabras.
¿Sería Tom capaz de hacerme algo así? O sea, sé que nuestra relación no está en su mejor momento, está fracturada, pero eso no le da el derecho de irse a meter entre las piernas de esa perra. No. El tan solo pensamiento de ellos dos juntos, de Tom tocándola como me toca a mí, besándola como me besa a mí, murmurando su nombre en lugar del mío, me produce tanto miedo y un enojo quemante que me dan ganas de sacar de una patada a esa mujer de la vista de mi Tom.
Mi mente empieza a sobrepensarlo todo otra vez, creando escenarios cada vez peores. ¿Y si ella lo besó y él correspondió? ¿Y si se acostaron? ¿Y si fue más de una vez? ¿Y si ahora la prefiere a ella? Es más joven probablemente, sin complicaciones, sin pasado traumático, sin exigencias emocionales.
¿Y si…?
Sophia tiene razón. No debí venirme sin antes solucionar las cosas adecuadamente. Pero es que me sentía tan decepcionado, tan traicionado. La mentira me dolió más que la verdad lo hubiera hecho. Pero en mi dolor, ¿arruiné todo? ¿Le di a esa mujer exactamente lo que necesitaba… tiempo a solas con él?
Ahora pensar en que Tom se pudo haber metido con esa mujer me deja aún peor emocionalmente, me genera una inseguridad profunda que antes no tenía. Que antes nunca tuve ni pensé en llegar a tener con Tom. Siempre estuve tan seguro de su amor, de su devoción. Pero ahora…
¿Sigue amándome? ¿O el tiempo y la distancia y esa mujer lo cambiaron?
—No te he dicho eso para que te pongas mal ni te dé un ataque de pánico, ¿vale?— me dice Sophia con la voz más suave, notando cómo estoy —Solo es una suposición realista que no se puede descartar dada la situación. Pero precisamente por eso tienes que actuar.
Asiento despacio con la cabeza, procesándolo todo con calma.
—Tienes que irte a Alemania ahora mismo, buscar a Klaus, poner en su sitio a Perralina y arreglar tu relación— continúa —Ya. Antes de que sea demasiado tarde. Antes de que el gusano se cargue por completo la manzana.
Es entonces cuando recuerdo de golpe lo de Brian y mi mensaje desesperado. La rabia se me instala en el pecho, justo al lado del miedo y la inseguridad que no paran de crecer. —Pero yo le escribí expresamente y le dije que lo necesitaba— recuerdo en voz alta —Leyó el mensaje, vi el doble check azul, pero nunca vino, Sophia. Nunca respondió. Ni siquiera un «voy de camino» o un «¿qué pasa?» Nada.
Ella me mira con algo que parece lástima o exasperación. No consigo descifrarlo. —¿Y estás completamente seguro de que fue él quien leyó el mensaje?— pregunta despacio.
Joder.
Su pregunta me cae como un jarro de agua fría en el cerebro. Ahora entiendo perfectamente a qué se refiere Sophia. Claro que sí. Y es justo por eso que decido actuar inmediatamente.
Corro directo a mi habitación. Me levanto del sofá donde estaba sentado con ella y, a toda prisa, entro en mi cuarto, directo al armario. Busco como loco un bolso grande de viaje donde meter algo de ropa. Necesito viajar a Alemania con urgencia. Lo antes posible. Además, me muero por ver a Tom otra vez. Han sido tres semanas infernales. Me muero por besarle, por sentir sus manos en mi cuerpo, por sentirlo dentro de mí… joder, lo he echado muchísimo de menos. Más de lo que creí posible echar de menos a alguien.
Y, por supuesto, voy a hacer que despida a esa mujer inmediatamente. A la que jamás debió sacar de Brasil jugando a ser el héroe.
—¿Entonces…?— pregunta Sophia desde la puerta de mi habitación, apoyada de lado en el marco, con los brazos cruzados y una sonrisa de satisfacción en los labios.
—Hazme un favor urgente— digo sin dejar de meter cosas a lo loco, cogiendo prendas de las perchas y metiéndolas en el bolso sin doblarlas siquiera —Cómprame un billete de avión a Alemania para salir lo antes posible. Hoy mismo si hay vuelos disponibles.
—Yo voy contigo— declara con determinación —Quiero conocer en persona a esa zorra y dejarle la cara bonita a base de un par de puñetazos bien dados.— choca el puño contra la palma, sonriendo como una auténtica loca protectora. —Voy a ver qué vuelo hay para esta misma tarde. Tengo contactos en la aerolínea.
—Vale. Perfecto— murmuro.
Voy a recuperar a mi hombre. Voy a arreglar esto. Y voy a asegurarme de que esa mujer entienda que Tom es mío y solo mío.
Mientras hago la maleta, mi mente no deja de darle vueltas a todo porque, no sé por qué pero… ¿cómo reaccionará Tom cuando me vea? ¿Se alegrará? ¿Se enfadará? ¿Le dará igual? ¿Y si ya es demasiado tarde? ¿Y si de verdad pasó algo con ella y ahora me rechaza?
No. No puedo pensar así. Tengo que confiar en lo nuestro. En lo que hemos construido. En el amor que compartimos.
Tom me ama. Yo le amo. Esto lo vamos a arreglar.
Tiene que ser así.
Continúa…
Gracias por leer. No te vayas sin dejar un comentario 😉