Todo lo que soy 14

Fic TWC de Khira

Capítulo 14

Aquella playa era preciosa, sobre todo a esas horas de la noche, iluminada tan sólo por la luna y por las luces de la ciudad, ambas reflejadas en la tranquila superficie del agua. Habría sido una pena marcharse de esa ciudad sin verla. Y es que aunque gracias a las giras viajaban mucho, casi nunca tenían la oportunidad de visitar a conciencia las ciudades por las que pasaban. Normalmente sólo veían el aeropuerto, el hotel y el lugar del concierto.

Bill caminaba unos pasos por detrás de Michael. Había sido idea del guardaespaldas dar un paseo por aquella playa. De pronto el hombre se detuvo, se agachó y recogió algo de entre la arena.

El cantante avanzó hasta el guardaespaldas y comprobó que lo que había recogido era una simple piedra. Antes de que tuviera la oportunidad de preguntarle qué iba a hacer con ella, Michael la lanzó al agua, donde se sumergió tras rebotar siete veces sobre la superficie.

Qué pasada —exclamó Bill sin poder contenerse—. ¿Cómo lo has hecho?

Michael le miró con una sonrisa burlona.

¿No sabes hacer rebotar una piedra?

Bill se puso de morros.

Pues no… ¿Qué pasa? Ni que fuera una asignatura obligatoria en el colegio…

Va, no te enfades… —rió Michael—. Venga, yo te enseño.

¿En serio?

Claro, si es muy fácil… A ver, busquemos otra piedra lo más plana posible.

No tardaron en encontrar una. Michael se la entregó a Bill y le indicó cómo cogerla.

Mira, tienes que agarrarla con estos tres dedos, manteniéndola horizontal. Eso es… Ahora colócate un poco de costado. Tienes que lanzarla haciéndola girar sobre este eje, intentando que caiga así sobre el agua…

Bill siguió todas las instrucciones al pie de la letra. En cuanto Michael se alejó un poco, lanzó la piedra al agua. Ésta se sumergió tras dar dos botes en la superficie. El guardaespaldas le miró satisfecho pero también sorprendido.

Vaya, normalmente no se consigue a la primera…

Bill sonrió ampliamente.

He tenido un buen profesor… —dijo mirándole coqueto.

Michael se le quedó mirando, de pronto serio. Bill se preguntó si no se habría excedido con su actitud.

Me alegro de haberte animado —soltó Michael de pronto—. Últimamente se te veía algo apagado…

Bill no supo qué contestar a eso. Pero de algo estaba seguro, y es que le alegraba el saber que Michael se había fijado en su estado de ánimo. Sonrió de nuevo.

¿Me has estado observando? —preguntó a la vez que avanzaba lentamente hacia él, hasta quedar apenas a medio metro de distancia.

Michael también avanzó, con lo que sus cuerpos quedaron prácticamente pegados uno al otro.

A Bill empezó a latirle muy fuerte el corazón.

¿Te molesta que lo haya hecho? —preguntó Michael.

No… Para nada.

Se quedaron quietos y en silencio unos segundos, sin dejar de mirarse a los ojos. Bill no se atrevía a dar el último paso. Afortunadamente Michael sí lo hizo, y tras agarrarle con firmeza de la nuca, terminó de atraer el muchacho hacia él para juntar sus bocas con fuerza.

Bill gimió quedamente y entreabrió los labios, permitiendo que la lengua de Michael le invadiera con avidez. El muchacho no quiso quedarse atrás y empezó también a demostrar su maestría con ese músculo.

Las manos de Bill agarraron a Michael de la camisa, como si quisiera impedir que en cualquier momento éste se alejara de él. Poco a poco, el beso se iba haciendo cada vez más intenso. Bill empezaba a notar mucho calor por todo el cuerpo, especialmente en la zona de la entrepierna. No se sorprendió demasiado cuando notó la dureza de su acompañante en esa misma zona.

Por su parte, las manos de Michael se colocaron en su cintura, acariciando su piel desnuda por debajo de la camiseta. Poco después una de ellas se deslizó por la parte delantera de sus pantalones, hasta posarse en el bulto que ya se había formado allí. Bill gimió de nuevo.

Es… Espera… —jadeó.

¿Qué…? —preguntó el otro, también jadeante.

Bill inspiró profundamente. Nunca antes se había encontrado en una situación similar, de hecho tan sólo hacía algunos meses que había empezado a replantearse su sexualidad… Y ahora estaba allí, con un hombre, a pocas caricias de perder por completo el control…

Pero entonces pensó… ¿y por qué no? Estaba cansado de ver a sus compañeros de banda meter groupies en sus suites, especialmente Tom, por una vez que él tenía la oportunidad de estar con alguien que le gustaba… no la iba a desaprovechar.

Nada… —sonrió finalmente.

Michael le devolvió la sonrisa, justo antes de tumbarle de improviso sobre la arena.

&

Jueves (cont.)

No supo cuánto tiempo había transcurrido. Suponía que se había desmayado, cosa que nunca antes le había sucedido. Quizá su mente, agotada, había decidido ausentarse un rato para reponer fuerzas, aunque no había funcionado. Bill se sentía igual de exhausto que antes de perder el conocimiento.

Se quedó tumbado sin moverse un buen rato, deseando volver a caer en la inconsciencia para no tener que soportar era cruel realidad que lo envolvía. De pronto cayó en la cuenta de algo y miró hacia sus pies.

Efectivamente, ahora era su tobillo izquierdo el que estaba esposado a la pared. Su tobillo derecho estaba libre y vendado.

Se incorporó con cuidado hasta quedar sentado. Observó con más atención el vendaje. Lo sentía algo apretado, pero el dolor había disminuido un poco. Menos mal, porque cuando se había dado aquel tirón durante el forcejeo con el que casi se había sacado el hueso de sitio, había visto las estrellas.

Así que Frank esta vez sí había tenido la compasión de cambiarle la esposa de tobillo, y además se lo había vendado… Era poco menos que curiosa tanta atención por parte de un hombre que le tenía retenido contra su voluntad desde hacía casi setenta y dos horas…

Apoyó la nuca en la pared y contempló la habitación vacía. Sus ojos recorrieron los cientos de fotografías que la decoraban, hasta posarse en una en concreto, situada casi en la esquina entre la pared de su izquierda y la que él usaba de apoyo. El corazón le dio un pequeño vuelco.

A gatas, y con muchísimo cuidado de no lastimarse más el tobillo, Bill se colocó lo más cerca que pudo de esa fotografía. Levantó una mano y acarició el papel fotográfico con las yemas de los dedos índice y corazón.

La foto era de un concierto. Por la ropa que llevaba, era el de Oberhausen en 2007. Él estaba justo en el centro de la fotografía, con el micrófono en la mano y un pie levantado hacia atrás. Detrás se veía un trozo de la batería de Gustav. Y a la izquierda, una rasta.

Bill continuó acariciando la fotografía justo en esa parte.

—Tom… —gimió en voz baja.

Le echaba tanto de menos… Nunca antes habían estado separados tanto tiempo, sin poder verse ni oírse, y la posibilidad de no volver a su lado le hacía sentir que se ahogaba…

Se preguntó qué estaría haciendo su hermano en ese momento. Y su madre, y Gordon… Y Georg, y Gustav…

Se sentía más aislado que nunca…

Escuchó pasos. Bill se dio la vuelta y regresó lentamente a su posición inicial, sentado sobre la manta.

Cuando Frank entró en la habitación, hubo un par de cosas que le llamaron la atención. La primera, que esta vez Frank sí había cerrado con llave la puerta tras de sí, cuando normalmente sólo la cerraba cuando le dejaba solo. La segunda, que no le dejó la bandeja al lado, sino que la dejó alejada un par de metros, casi junto a la puerta.

Frank se agachó justo enfrente de él.

—¿Cómo estás? —preguntó.

Bill simplemente se encogió de hombros. No le apetecía responder a eso, pero tampoco ignorar y cabrear a su carcelero.

Frank desvió la vista y miró los pies del chico.

—Voy a soltarte un rato —dijo para su sorpresa.

Bill se quedó quieto y en silencio mientras Frank le liberaba el tobillo izquierdo. Miró la puerta metálica, entendiendo ahora por qué la había cerrado. Pero igualmente, con su tobillo derecho en aquel estado, no podría dar ni un paso, ni mucho menos echar a correr.

—Listo —dijo Frank.

El cantante aprovechó para sentarse en una posición más cómoda. Estaba debatiendo interiormente si debería darle las gracias o no a su carcelero por aquel descanso, cuando de repente Frank se acercó más a él y con un gesto retiró un mechón de cabellos para colocárselo tras la oreja.

Bill tuvo un mal presentimiento y tragó saliva.

La mano de Frank seguía en su cara, acariciándole ahora la mejilla. Todos los músculos de Bill estaban ya en tensión.

De repente Frank acercó mucho su rostro. Instintivamente Bill giró la cara, evitando así que su carcelero le besara en los labios.

Cerró los ojos. No quería ni ver la cara de enfado que tendría Frank en ese momento.

Sintió que la mano del hombre le agarraba fuertemente la barbilla, obligándole a girar la cara de nuevo.

—Abre los ojos y mírame, Bill.

No lo hizo.

—¡MÍRAME!

El grito le dio un susto de muerte. Abrió los ojos de inmediato y su mirada se topó con la fría y oscura de Frank.

Unos segundos después Frank le besaba en los labios sin que él se atreviera a hacer nada para evitarlo.

Aunque Bill no se resistía a aquel beso, tampoco hacía nada para corresponderle. Eso hizo que Frank se cansara rápido y pasara a atacar su cuello.

El cantante se sentía mareado. Pensó en apartarse, en intentar empujarle con las manos, en gritar, en suplicarle que no continuara con aquello… pero no hizo ni dijo nada. Había llegado el momento que tanto había temido, pero estaba demasiado agotado tanto física como psíquicamente para intentar resistirse.

Cerró los ojos y empezó a sollozar en silencio.

E increíblemente, aquello fue suficiente para detener a Frank.

Sin decir nada, el hombre se apartó de él y se levantó. Bill seguía sollozando, con los ojos fuertemente cerrados, temblando.

Sólo se atrevió a abrirlos cuando escuchó el sonido de la puerta al abrirse y cerrarse.

&

Ya era de noche, pero Bill no podía dormir.

Aunque ahora estaba más cómodo al no estar esposado, el muchacho estaba demasiado intranquilo. Lo que había sucedido un par de horas antes con Frank le había destrozado los nervios.

Por aquella vez se había librado. ¿Pero hasta cuándo…?

Negó inconscientemente con la cabeza. No quería seguir pensando en eso. Tumbado boca arriba sobre la manta, se distrajo escuchando lo que parecía el sonido de un televisor en el piso de arriba. Por lo visto Frank tampoco podía dormir.

De pronto, el ruido de lo que parecían cristales rotos le sobresaltó.

Bill puso todos sus sentidos en alerta. Agudizó el oído, pero no logró escuchar nada excepto unos ya más que unos conocidos y esta vez apresurados pasos. Se incorporó hasta quedar sentado.

Frank abrió la puerta y entró en la habitación.

Al momento, el muchacho supo que algo no iba bien.

El rostro de su carcelero estaba contraído en una mueca de disgusto. Tenía el puño izquierdo apretado y el brazo derecho semi escondido tras la espalda. Bill tragó saliva.

—¿Qué… qué ocurre, Frank? —preguntó lo más amablemente que pudo.

—Lo siento, Bill. Pero esto se me ha ido de las manos.

Antes de que Bill pudiera preguntarle a qué se refería exactamente, Frank mostró lo que llevaba escondido en la mano derecha.

Bill sintió que la sangre se le congelaba en las venas. Una pistola.

—¿Frank, qué…? —balbuceó aterrado.

El hombre dio un paso hacia él, al mismo tiempo que Bill pegaba su espalda a la pared y se quedaba así, paralizado.

—Se me ha ido de las manos —repitió Frank en una especia de trance—. Lo siento, Bill.

—¿De qué hablas…? —chilló el muchacho, presa del pánico.

Frank alzó el brazo y le apuntó.

Bill ahogó un grito y se tapó la cabeza con los brazos, aunque sabía que eso no iba a protegerle. Comenzó a temblar. Escuchó que Frank daba un paso más hacia él.

—No, por favor… —gimió.

No quería morir. Y no era justo que terminara así. No, no lo era. ¡Sólo tenía diecinueve años, por el amor de Dios! Tenía toda una vida por delante, muy buena vida, además. Aunque cambiaría gustoso todo el éxito y el lujo por salir de allí y regresar con sus seres queridos.

Escuchó un paso más. De pronto sintió el duro metal de la boca de la pistola apoyándose en su sien derecha. Cerró los ojos con fuerza y contrajo el rostro. El miedo le impedía incluso respirar.

—Frank, Frank, por favor… —empezó a sollozar—. No me hagas esto, por favor… Por favor…

—Túmbate en el suelo boca abajo —ordenó Frank ignorando sus súplicas.

Bill visualizó la imagen y se dio cuenta que era una postura de ejecución. Negó histérico con la cabeza.

—No, no, no… Dios, no…

—¡HAZLO!

Pero Bill siguió estático. Una idea desesperada cruzó por su mente.

—Frank… Si es por lo que ha sucedido antes… Yo… estaría dispuesto si…

Pero Frank no le dejó terminar. El hombre bufó y le agarró del pelo para estirarle hacia delante. El muchacho trató de liberarse pero fue inútil, y terminó tumbado boca abajo sobre el duro y frío suelo.

Colocó las manos a ambos lados de su cabeza, pero no intentó levantarse. En su desesperación, pensó que quizá de aquella manera sería más rápido. Pero en realidad no podía rendirse.

Giró un poco la cabeza hacia el lado donde estaba Frank, viendo como este se situaba casi pegado a su cuerpo, con la pistola ya apuntando a su nuca.

Era su última oportunidad de suplicar por su vida.

—Frank, por favor… Frank… No lo hagas…

—Cállate, Bill…

—¿No decías que me querías? ¿Que me necesitabas?

—¡CÁLLATE!

Escuchó el sonido de un «click». Bill cerró los ojos con fuerza y tensó todo el cuerpo. Ya no había nada que hacer.

Un par de segundos después, el ruido de un disparo resonó en la habitación.

Continúa… 

Gracias por la visita. Espero dejes un comentario 😉

por Khira

Escritora del fandom

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