Fic de unicornlitz. Temporada III
Capítulo 2 (Parte 1)

TOM
Me sentía de la mierda.
Solo el tintineo de los hielos contra el vaso cada vez que lo movía para acercarlo a mis labios era lo único que me recordaba que seguía vivo en este mundo de mierda, aunque por dentro me sentía como un maldito cadáver, sin vida y sin ganas de tenerla. Eran las seis de la mañana. No sabía cuántas veces había vuelto a llenar el maldito vaso de whisky, pero ya había perdido la cuenta.
El alcohol ya no me dormía nada; al revés, parecía que me raspaba las heridas por dentro, haciendo que la culpa me quemase el doble. Cada trago que bajaba me dejaba una estela de fuego que no calmaba, que solo avivaba el incendio que llevaba dentro desde que vi su cara destrozada.
Mi mirada estaba clavada en la pared, aunque no le prestaba atención alguna, y me costaba respirar. Sentía un peso en el pecho tan hondo, tan físico, que juraba que me aplastaba las costillas cada vez que intentaba tomar aire. Y lo que me estaba volviendo loco, lo que me tenía al borde de reventar la cabeza contra la pared, era ese maldito vacío. Esa negrura. No me acordaba de nada de lo que pasó con Catalina, ¡de nada, maldita sea! No sabía cómo pudo haber pasado, no sabía cómo pude dejar que pasara.
Me enterré los dedos entre las rastas, apretando con fuerza, deseando poder arrancarme el cráneo o arrancarme los pensamientos. Las puntas de los dedos presionaban contra el cuero cabelludo hasta que el dolor físico casi superaba al emocional, pero ni así conseguía callar las voces.
Me miré las manos y me desconocí. Me di asco. Un asco que me nacía en las entrañas y me inundaba la boca. ¿Cómo fui capaz? ¿Qué clase de monstruo se escondía en mí cuando no me daba cuenta? Buscaba en mi mente, forzaba la memoria buscando un porqué, un cómo, un maldito segundo que me explicara en qué momento me convertí en la escoria que le destrozó la vida a mi moreno. Pero no había nada.
Solo era un abismo negro que parecía burlarse de mí en la oscuridad. Sabía lo que pasó, sabía el daño que hice, pero no tenía las respuestas en mi propia cabeza. Y no recordar no me aliviaba; me hacía sentir que cargaba con un crimen del que ni yo mismo podía defenderme.
Y el dolor se me clavaba más fuerte porque él me lo dijo. Su voz la escuchaba en mi cabeza una y otra vez, torturándome, recordándome cómo me pidió que me alejara de Catalina, y yo, como el imbécil soberbio que siempre había sido, me creí invencible. ¿O qué me creí para no hacerle caso a sus palabras?
Pensé que lo tenía todo bajo control, que no pasaba nada. No lo escuché. Si tan solo me hubiera tragado el orgullo, si hubiera tenido un gramo de la madurez que a mi Billie le sobraba, hoy no estaría muriéndome solo en este sofá, rodeado de botellas, bebiendo aunque no lograra borrar lo poco que valía. Esta culpa era como una soga, y el hecho de haber ignorado su advertencia me apretaba el cuello cada vez que intentaba pasar saliva.
Dejé caer el vaso sobre la mesa con demasiada fuerza. El líquido se derramó un poco, formando un charco oscuro sobre la madera, pero me importó una mierda. Ni siquiera tenía fuerzas para limpiarlo.
Me tapé la cara con las manos y noté el calor de las lágrimas que se me quedaban atoradas en el nudo de la garganta. Estaba completamente solo. El mundo entero me dio la espalda y los entendía, joder, claro que los entendía. Nadie me iba a creer. ¿Quién carajos le cree a un tipo que dice «no me acuerdo»?
Sonaba a la excusa más barata, cobarde y cínica que existía.
Sabía que cuando intentaba explicar el vacío de mi mente, los demás solo veían a un mentiroso que se quería salvar el pellejo. Nadie entendía el terror de despertarte y descubrir que tu propio cuerpo cometió la peor de las traiciones mientras tu conciencia estaba ausente.
Estaba atrapado en mi propia verdad, una verdad que ante los ojos de todos era una mentira perfecta.
Pero lo que me estaba matando segundo a segundo era pensar en mi moreno. Visualizar su cara cuando se enteró, recordar la mirada de absoluta devastación en sus ojos… en los ojos del único chico que de verdad amo en esta puta vida. Yo le rompí el corazón. Yo, que se suponía que debía ser su lugar seguro, me convertí en su peor pesadilla.
Había pasado una jodida semana desde lo que sucedió, y había sido tan inmensamente difícil para mí contenerme de ir a buscarlo, de pedirle perdón aunque sabía que eso no arreglaría absolutamente nada, porque no hay palabras suficientes que logren arreglar lo que destruí. Y eso me llenaba de impotencia.
Ni yo mismo podía creerme que le hubiera hecho ese daño a él. Era consciente de que sin su amor yo no soy nada, de que mi vida gira en torno a él, de que solo teniéndolo a mi lado la tormenta de lo que fue mi vida diez años creyéndolo muerto se iba. Y esa tormenta había vuelto porque había sido nuevamente por mi culpa el hecho de que ya no lo tuviera a mi lado.
De la nada me llegó un impulso violento, una desesperación que me hizo temblar las piernas y quise salir corriendo, subirme al coche, conducir como un loco hasta donde estuviera, tirar la puerta abajo y caer de rodillas a sus pies. Necesitaba llorarle, suplicarle que me mirara, que viera que me estoy muriendo por dentro, abrazarlo tan fuerte que pudiera borrarle el dolor y demostrarle que ante mis ojos jamás había existido nadie más que él.
Miré al frente, en la repisa sobre la chimenea eléctrica donde se encontraban las llaves de mi coche. Quise levantarme, dar un paso hacia las llaves y cogerlas, pero supe que los dedos se me congelarían a mitad de camino. No podía. No tenía el maldito derecho.
Yo sabía que él necesitaba espacio. Quería estar solo para sanar la herida que yo mismo le abrí. Ir ahora a buscarlo no sería amor, sería puro egoísmo. Sería ir a aliviar mi propia culpa a costa de quitarle la poca paz que le quedaba. Y no podía ser tan desgraciado.
Me obligué a permanecer en el sillón, clavándome ahí, tragándome la ansiedad que me revolvía el estómago y el pánico atroz que me asfixiaba.
Porque tenía terror.
Era ese tipo de miedo negro, como un parásito que se me instaló en el centro del pecho, que me hacía pensar y pensar en cosas para nada buenas. ¿Y si se daba cuenta de que está mejor sin mí? ¿Y si este tiempo separados solo servía para que aprendiera a olvidarme, a odiarme, a borrarme de su vida?
Pensar en un futuro donde Bill no estuviera, donde su risa, su olor y su presencia fueran solo un recuerdo, me dejaba sin aire. El pánico a perderlo para siempre me bloqueaba, pero la culpa de mi propio error me mantenía esposado a esa inacción. Agarré la botella directamente del cuello y le di un trago largo, cerrando los ojos con fuerza mientras el whisky me quemaba un poco la garganta al bajar.
Estaba pagando el precio más alto de mi vida.
Atrapado en la peor de las prisiones, que era mi propia mente rota, mi culpa ciega, y la agonía de saber que el amor de mi vida se estaba desangrando por dentro por mi culpa, mientras yo solo podía mirarlo desde lejos, destruyéndome en esa merecida soledad.
Oh dios, yo no podía.
Mis ojos se llenaron de lágrimas. Yo sabía que no sería bueno aparecerme frente a sus ojos, que no sería bueno llamarlo. Pero me daba miedo que pensara que yo estaba bien allí, que lo olvidaba y que estaba siguiendo con mi vida. Que pensara que no es importante para mí cuando es todo lo contrario. Saber que me quiere lejos era lo que me hacía obligarme a reprimir la esperanza de ir a buscarlo y… pedirle perdón.
Sería capaz de hacer lo que fuera, incluso de venderle mi alma al diablo con tal de tenerlo conmigo porque es que yo no quiero más nada que a él. Estaba dispuesto a pagar el precio más alto, fuese el que fuese, lo que fuera, pero que me perdonara.
Dios, que me perdonara, por favor. Porque yo sin él no puedo vivir.
No podía, no podía, no podía.
—Sí, eso está bien. Igualmente tenemos una reunión pendiente con los otros clanes, papá.
La voz de mi hermano se hizo presente cuando las puertas del ascensor se abrieron sin previo aviso. Sus ojos los mantuvo fijos en el suelo mientras hablaba por teléfono y poco a poco fue levantando la mirada. Hasta enfocarme con sus ojos del mismo color que los míos.
Al verme en el estado ebrio en el que me encontraba, me miró con desaprobación y negó con la cabeza. Soltó un suspiro pesado.
—Te llamaré luego, papá— le dijo Travis a mi padre antes de cortar la llamada y meter el móvil en la chaqueta que llevaba puesta, sin quitarme los ojos de encima —¿Qué haces bebiendo a estas horas de la mañana, Tom?— preguntó con su voz endurecida. Dio un paso fuera del ascensor y las puertas se cerraron a su espalda.
—Solo han sido un par de tragos— respondí con la voz ronca. Me sentía miserable, ¿okey? Y las lágrimas me picaban en los ojos, amenazando con desbordarse otra vez.
—¿Un par de tragos multiplicados por cuánto?— interrogó, acercándose a mí para arrebatarme la botella de whisky bruscamente. —Qué vergüenza llegar y encontrarte así. Se supone que tenemos una reunión hoy que llevamos posponiendo durante días por lo mismo, porque vengo a buscarte y te encuentro amanecido y con resaca, o bebiendo. ¿Por qué no puedes comportarte como un adulto de una vez por todas, eh?
—Déjame en paz— solté de mal humor, colocándome de pie y tambaleándome en el proceso. Parpadeé aturdido pero pude mantenerme en pie por suerte. Mis piernas temblaban ligeramente, pero el suelo bajo mis pies parecía más o menos estable —No tienes ni puta idea de cómo me siento, joder.
Él se me quedó mirando, recorrió mi rostro sin perder esa mirada frívola. Tensó la mandíbula, y el músculo de su mejilla se contrajo.
—Sí me hago una idea pero, ¿sabes qué? Te mereces sentirte como te sientes después de lo que hiciste.
—Dime algo que ya no sepa.
Él bufó con exasperación.
—Necesito que por favor te conectes a este mundo, ¿okey? Yo sé que te sientes de la mierda y ajá, pero tenemos temas importantes que tratar ya que tenemos al Clan Nox de enemigo. Lo sabes. Hay una reunión que debemos hacer, hay cosas en las que debemos enfocarnos y contigo actuando de esta forma no me será fácil. Necesitas tener cabeza fría aquí, Tom.
—No es fácil— murmuré con la voz ronca por todo el trago que había tomado. Cada palabra me costaba —Travis, yo no tengo ganas, ¿por qué no te encargas tú de esto?
—¿Y qué vas a hacer mientras yo manejo las cosas? ¿Seguir tomando?
—Ya veré qué hago, y sí, voy a ahogarme en mi miseria— espeté, tumbándome de nuevo en el sofá soltando un jadeo brusco. —Voy a tomar…— le arrebaté la botella que anteriormente me quitó y di un enorme trago de whisky, —Hasta que en lugar de sangre solo haya alcohol en mis venas, hasta que ya no pueda más y solo esté agonizando esperando mi maldita muerte.
—¿Qué estupideces dices?
—No son estupideces, Travis. Realmente quiero morirme, ¿sabes por qué?— mis ojos se nublaron por las lágrimas, sintiendo una terrible presión en mi pecho, como si alguien estuviera sentado encima de mí —Porque desde que tuve la oportunidad de estar por fin en la vida de Willem solo he hecho cagada tras cagada. Su padre tuvo razón cuando me dijo que yo le arruiné la vida a su hijo.— me reí sin absolutamente nada de humor, —Porque sí, sé la arruiné a pesar de que todo lo que hice lo hice porque lo amaba y lo quería conmigo aunque sabía las consecuencias que eso traería. Fui egoísta, siempre he sido egoísta.
Acerqué el pico de la botella a mis labios y una enorme cantidad de whisky entró en mi boca, la cual me tragué al instante.
—Porque sabía que al meterlo en mi mundo su vida podría dar un giro muy drástico y no me importó porque pensé que podría protegerlo siempre— las lágrimas caían libremente por mis mejillas, lentamente, una tras otra —Pero no lo hice, y le hicieron daño. No pude protegerlo. No pude hacer nada y luego creí que había muerto. Fueron diez años largos y terribles sin él, viviendo con la culpa porque yo sabía que todo eso pasó por mi maldita culpa. Y ahora me siento así otra vez, y ha sido nuevamente culpa mía, Travis.
Lo miré a los ojos y él solo desvió la mirada para no hacer contacto visual conmigo.
—Yo traje las desgracias a su vida, y quisiera regresar el tiempo para evitar que todo lo que sucedió pasara pero no se puede. No puedo simplemente cerrar los ojos y hacer que pase, y eso me llena de rabia porque me arrepiento de tantas cosas— aspiré aire sintiendo cómo se me dificultaba, como si mis pulmones se negaran a cooperar —Le prometí que todo estaría bien y no cumplí con eso. Cuando lo creí muerto pedí a la vida que me lo regresaran y lo hizo… ahora la he vuelto a cagar y ni siquiera recuerdo qué pasó.
—¿Por qué te lamentas ahora, Tom?— fue la pregunta que él me hizo —¿Por qué ahora y no cuando ibas a cometer la locura que hiciste con aquella mujer?
—No lo sé.
—Esa respuesta de siempre— masculló, pasándose una mano por su escasa y muy bien recortada barba. Soltó un resoplido pesado —¿En qué pensabas cuando te metiste con la muchacha esa? Como sea que se llame.
—No recuerdo bien qué pasó— volví a repetir. Quisiera que alguien me creyera. Realmente no recordaba nada. El vacío en mi memoria era tan absoluto que casi podía sentirlo físicamente, era un hueco negro en medio de mi mente —No sé cómo pudo pasar.
—Entonces no hay nada que se pueda hacer— espetó —Yo más que nadie sé lo mucho que lo amas, y es increíblemente decepcionante que acabaras cometiendo las peores de las cosas como una infidelidad. Si el Tom de hace diez años viera en lo que se convirtió en un futuro, joder…
—No me ayudas.
—No es mi intención— soltó en voz baja. Su tono se suavizó apenas, pero sus ojos siguieron siendo duros —Realmente quisiera decirte algo bueno, o darte esperanzas de que puedas arreglar el daño que hiciste, pero estamos hablando de una infidelidad, Tom…
Mi hermano tomó una bocanada de aire y miró a todos lados, buscando la forma de decirme las siguientes palabras.
—Si Bill te perdona sería un milagro, y aún así dudo que quiera regresar contigo— musitó —Él ha pasado por muchas cosas y me parece injusto, porque era un niño cuando pasó por todo aquello. Bill pagó el precio de tus acciones, Tom. Y ¿sabes? Es decepcionante que la persona que amas y por la cual pasaste por mucha mierda, que dice amarte, se meta con otra. Él ha de pensar que sufrió tanto por ti y se lo pagaste terrible.
Yo sabía que no podía comparar mi dolor con el suyo. El hecho de saber que él también estaba sufriendo y por mi culpa me ponía mal.
—Por eso no puedo sentirme mal por ti— continuaba —Porque siento que no… siento que no mereces que nadie sienta empatía por ti. Y te lo repito, si Bill te perdona sería un enorme milagro. Realmente lo sería, pero que vuelva contigo… vas a tener que prepararte a escucharle decir que no quiere nada más contigo.
—La única forma que tendría Bill para deshacerse de mí sería que alguien me matara— levanté la mirada del suelo y la planté en mi hermano, sintiendo que cada palabra me desgarraba la garganta al salir, literalmente —Si él me pide que me aleje yo lo haré, pero lo haré bien por primera vez en mi puta vida. Voy a matarme porque no voy a vivir una vida sabiendo que está vivo y que por mi culpa… no lo tengo conmigo.
—Gracias por avisarme, creo que te enviaré a un maldito hospital psiquiátrico— soltó bruscamente, y su voz se elevó —¿Cómo puedes pensar en matarte, Thomas?
—Me siento horrible, ¿sí? Y sé que me lo merezco por lo que hice, pero en serio, no podría vivir sin él, ni mucho menos soportar los recuerdos.
—Eres un cobarde de primera.
—Quizás.
—No, «quizás» no. Lo eres Tom, eres un jodido cobarde incapaz de enfrentarse a las consecuencias de sus actos. Un jodido cobarde. ¿Qué te ha pasado? Te has dejado consumir tanto por Klaus que ya no veo rastros de Tom por ningún lado— Travis estaba enojado. —Cada vez me convenzo más de que cambiaste mucho y ya no eres el mismo.
—¿Qué quieres que te diga? Es verdad. Bill también me lo dijo.
—¿Y ya?
Bufé.
—Bill estaría mejor sin mí, y sabes que yo no tengo la fuerza de voluntad suficiente para alejarme de él. La única manera de que eso pasara sería que alguien me pegue un tiro en la frente, o yo mismo lo haga. Bill solo se liberaría de mí cuando yo me encuentre cuatro metros bajo tierra.
—Si tantas ganas tienes de hacerlo, ¿por qué no te matas de una vez, eh?
—Porque primero quiero… que me perdone.
—¿Para morir en paz?— preguntó escéptico, con una ceja arqueada.
—No. No lo entenderías.
—Claro— chasqueó la lengua —No seguiré teniendo esta conversación contigo. Levántate que tenemos una reunión y vas a ir sí o sí.
—Ya te dije que…
—¡Me importa una maldita mierda si no tienes ganas! Vas a ir conmigo y vas a estar enfocado en esto. ¿Se te olvida con qué propósito hicimos una alianza con los demás clanes? ¿Se te olvida que Brian todavía sigue vivo sin merecerlo después de que lastimó a Bill y mató a tus hijos?
Apreté mis labios. No, claro que no se me olvidaba.
—Has pasado todos estos días aquí arriba encerrado, y no sabes que Brian atacó a varios de nuestros hombres esta mañana en los barrios bajos— fruncí ligeramente el ceño —Y ha enviado una nota…
—¿Qué decía la nota?— pregunté, intentando poner atención en el tema. Forcé mi mente a cambiar de canal, a dejar atrás el dolor por un momento. Era imposible, pero lo intenté.
El trabajo de esos muchachos que mencionaba Travis consistía en cobrar deudas a quienes debían dinero, recoger el efectivo que los distribuidores pequeños hacían al vender bolsas individuales de cocaína en las calles, y específicamente recoger el porcentaje que le tocaba recibir al Clan por ser el proveedor principal que les entregaba dicha mercancía a esos vendedores.
—¿Por qué no revisas tu puto móvil, cabrón? Te envié la foto que le tomé a la nota.
Rápidamente toqué los bolsillos de mi pantalón y con torpeza saqué mi móvil para encenderlo y buscar el contacto de Travis. El cual era el primero, así que no tuve que buscar demás. Miré la foto que me envió hacía apenas treinta minutos y leí lo que decía.
—»Mis queridísimos hermanos König, dejadme deciros que fue demasiado sorprendente enterarme de vuestro ataque coordinado y bastante efectivo a uno de mis almacenes de distribución más importantes de mi organización hace un tiempo. Me hicisteis perder demasiado dinero y producto, varios millones en total. Pero eso es lo de menos en el gran esquema de las cosas. Lo recuperaré fácilmente y tendré el triple de lo que tenía en cuanto acabe definitivamente con vosotros y me apodere de todo vuestro territorio. Espero que podáis disfrutar de estos momentos de paz relativa mientras duran, pero os recomiendo encarecidamente que no bajéis la guardia ni por un segundo. Porque en cualquier momento puedo volveros a atacar. Y esta vez, no fallaré en mataros a ambos. No fallaré esta vez como fallé antes. Atentamente, con todo mi desprecio: Zar.»
Quedé confundido.
¿Cómo que «volveros a atacar»? ¿Cuándo nos había atacado Brian antes? A nosotros como el Clan Geist nunca, pero a nosotros como el Clan Trümper sí. ¿A eso se refería? Pero… ¿cómo es que pudo saberlo?
—Ese gilipollas sabe quiénes somos realmente, Tom— me dijo mi hermano. Su voz era grave, tensa —Sabe que somos los Trümper. Que no morimos hace diez años.
Me puse de pie completamente rígido al instante. Enderecé la espalda y ese movimiento me dolió, como si los músculos se hubieran atrofiado de tanto estar en la misma posición.
—No tengo ni la menor idea de cómo descubrió la verdad, pero definitivamente sabe lo que hemos mantenido oculto durante todo este tiempo— continuó diciendo —Sabe que el Clan Geist es solo una fachada. Que seguimos siendo nosotros.
Oh dios.
—Lo estuve hablando con los demás— musitó —Bach piensa que quizás Brian tiene sospechas y para salir de dudas dejó dicho eso. Para ver si reaccionábamos a eso o qué. Georg también piensa lo mismo, Scar piensa diferente a ellos, pero sabemos que debemos estar alertas y preparados. No podemos entrar en pánico ni hacer movimientos desesperados.
—¿Bach ya está al tanto de todo?
—Yo me tomé el tiempo de contarle ya que tú ni siquiera has salido de aquí para saludarlo— me echó en cara —Diez años encerrado en una cárcel por un problema tuyo con Brian, y ni siquiera le has pedido disculpas por no haber hecho ni el más mínimo intento por sacarlo de ahí. ¿Por qué? Porque estabas inmerso en tu dolor y todo aquello por la «muerte» de Bill, y porque eres un cobarde como dije anteriormente. Mucho menos le has agradecido por cuidar de Bill dentro de la cárcel. En fin. Eres un jodido malagradecido.
¿Cuántas veces había bufado ya?
—Ya hablaremos luego de eso— mencioné, desviando la mirada.
Él puso los ojos en blanco.
—Ya activé el protocolo. Pedí que avisaran inmediatamente a los equipos de seguridad de cada almacén y punto de distribución. A los que reparten mercancía a bandas pequeñas y vendedores solitarios en las calles. A los cobradores que operan en los diferentes barrios. A los transportistas que mueven producto entre ciudades. A todos los niveles de la organización. Que estén siempre con los ojos muy abiertos y reportando cualquier cosa fuera de lo normal. Brian puede atacar en cualquier momento sin previo aviso. Como ya lo hizo el muy cabrón con nuestros ocho hombres.
Vaya.
Me quedé en silencio unos segundos porque recordé cuando mi moreno me contó que Brian había estado dentro de su apartamento en Estados Unidos. Que lo había amenazado directamente. Y que entre las muchas cosas perturbadoras que Brian le dijo, le mencionó específicamente que tenía la sospecha, la fuerte sospecha, de que yo y Travis estábamos vivos. Que el Clan Trümper nunca realmente desapareció.
Pero yo no había tenido tiempo entonces de asimilar completamente tal información. Pasaron demasiadas cosas en ese momento. Yo simplemente me había olvidado de ese detalle crítico en medio de todo el caos emocional.
Yo sabía teóricamente que en cualquier momento Brian atacaría y lo había estado esperando vagamente. Pero no me esperaba que Brian dejara una carta tan elaborada, prácticamente amenazándonos con calma y poniendo el anzuelo tan obviamente.
También sabía que no podíamos reaccionar ante eso de forma predecible, pero también que debíamos hacer algo proactivo para protegernos. Sin embargo, ¿cuál era el movimiento correcto?
Yo no tenía cabeza en esos momentos para pensar estratégicamente en absolutamente nada relacionado con la organización. Mi mente estaba completamente ocupada y consumida por Bill. No podía pensar coherentemente en nada más que el dolor tan desgarrador que estaba sintiendo en esos momentos por haberle causado tanto daño a mi moreno.
Mi mente no podía ir más allá de esa aplastante realidad. Era como si hubiesen construido unas enormes paredes de concreto irrompibles que me tenían encerrado en una celda mental, mientras las voces crueles y acusadoras me recordaban sin descanso, una y otra y otra vez como un disco rayado, lo que había hecho al amor de mi vida.
«Le fuiste infiel.»
«Lo traicionaste.»
«Lo destruiste.»
«Eres un monstruo.»
«No mereces su perdón.»
«Lo perdiste para siempre.»
Las voces eran constantes y asfixiantes.
Juro que no recordaba prácticamente nada con claridad de lo que pasó aquella maldita noche con Catalina. Lo único que tenía eran fragmentos cortos y borrosos que duraban menos de un segundo y que no tenían sentido completo. Todo era confuso. Distorsionado. Como ver a través de un vidrio empañado.
Para mí esto era extraño porque se supone que cuando estoy borracho y hago cosas bajo los efectos del alcohol, siempre las recordaba al día siguiente cuando se me pasaba la resaca o incluso en medio de ella. Mi memoria del alcohol nunca había sido tan mala antes.
Pero esta vez fue completamente diferente. Y por más que lo intentaba desesperadamente, por más que forzaba a mi mente a recordar los detalles, no podía recuperar nada concreto.
Aún así sabía que eso no era excusa.
Y si pudiera, si de alguna forma fuera posible, haría que todo el dolor emocional de mi morenito fuese transferido mágicamente a mí para que Bill no tuviera que sufrir ni un segundo más. Porque aunque no podía verlo físicamente en ese momento, podía sentir que mi nene estaba sufriendo como nunca antes en su vida. Y eso a mí me causaba un dolor adicional insoportable.
Quería ser yo quien cargara con todo el peso. Quería absorber todo el sufrimiento. Quería que mi morenito no tuviera que pasar por nada más.
Yo lo soportaría todo, absolutamente todo. Soportaría el dolor de ambos simultáneamente si eso de alguna manera garantizaba la paz mental y emocional de mi amor.
Qué lástima que eso no fuera posible en la realidad. Que el dolor no funcionara así. Que no pudiera simplemente tomar todo el sufrimiento de Bill y hacerlo mío.
Y qué terrible saber que ya no tengo derecho para llamarlo «mío» después de lo que hice.
—Tom…
Travis me llamaba nuevamente con la voz cada vez más impaciente porque otra vez me había quedado completamente ensimismado en mis pensamientos destructivos.
Parpadeé varias veces, saliendo forzadamente de mi cabeza, y enfoqué mi mirada en mi hermano.
—¿Puedes por favor enfocarte en esto aunque sea por diez minutos?— me pidió Travis —Es realmente importante, Tom. Muy importante.
—Lo estoy intentando, ¿sí?— respondí con la voz tensa y a la defensiva. —Lo estoy intentando con todo lo que tengo.
—Pues no lo parece para nada— fue la respuesta seca que me dio Travis, mostrándose completamente inexpresivo —Nadie te manda a tomar como un alcohólico autodestructivo y esto que estamos discutiendo es importante. Lo sabes perfectamente.
—Sí, mierda, lo sé— gruñí sintiendo mucha frustración —Pero ¿crees que es fácil para mí estar aquí oyéndote? ¿Crees que puedo simplemente apagar mis emociones como un interruptor?
Mi voz subía de volumen con cada palabra que soltaba.
—No me siento bien en absoluto y aun así aquí me tienes, haciendo el esfuerzo. Cuando tú perfectamente podrías manejar todo esto sin mí. ¡Así como yo lo he hecho en múltiples ocasiones mientras tú pasabas tiempo con Melanie y la niña!
Travis tragó saliva en seco. Su mandíbula se tensó visiblemente.
—Si yo no estoy presente a veces en asuntos críticos de la organización es porque «tú» específicamente— enfatizó, golpeándome el pecho con su dedo índice acusadoramente —me lo impides.
Continuó sin darme oportunidad de interrumpir.
—Yo me venía enterando de las crisis y situaciones importantes solo cuando «tú» ya habías buscado soluciones por tu cuenta. Nunca lo discutes conmigo previamente. Nunca me cuentas tus planes con respecto a movimientos importantes. ¿Cómo se supone que voy a estar involucrado en las decisiones si tú no me cuentas nada hasta después?
Travis respiraba pesadamente. Yo me sentía impotente.
—Y sí, quizás debería ser yo quien esté más al pendiente proactivamente. Pero dime, Tom, ¿Acaso tú te has preocupado alguna vez por cómo andan las cosas en nuestros campos de cultivo? ¿En las plantaciones? ¿Quién crees que ha estado al pendiente de que la hierba que procesamos y vendemos hecha polvo se mantenga con la calidad óptima? ¿De que los químicos estén bien balanceados? ¿De que las rutas de transporte sean seguras?
Hizo una pausa. El silencio se llenó solo con su respiración agitada.
—¿Crees que he estado realmente pasando tiempo de calidad con mi hija mientras todo eso pasa? ¡¿Por qué diablos crees que a veces me suplica llorando por algo de tiempo conmigo?! Ando teniendo problemas serios con Melanie también por exactamente eso. Porque nunca estoy en casa. Porque siempre estoy trabajando.
La voz de Travis subía y bajaba de tono dramáticamente con cada palabra que soltaba, dejando salir todas sus frustraciones acumuladas durante meses. Llegó a jadear al final al no haber tomado suficiente aire mientras me hablaba.
—Y aun así— continuó —ando constantemente enfocado en esta mierda de organización. En mantener todo funcionando. Mientras tú me acusas de no estar presente y pierdes el tiempo aquí.
Apreté la mandíbula tan fuerte que mis dientes rechinaron.
—Pues qué mal por ti, hermanito— dije con falsa pena —Pero aún así sigo manteniendo que yo he estado cargando con el peso mayor de esta organización prácticamente solo durante años…
—¡Serás cabrón, Thomas!
—¡Pues si lo soy, mierda!— le grité de vuelta. El sonido rebotó en las paredes del salón —Me da rabia que no hagas el mínimo intento de entender la situación en la que me encuentro. Sé que me merezco todo esto, pero en serio… no puedo, no puedo concentrarme en esto mientras me siento jodidamente mal. Lo que quieres es castigarme, ¡y no tienes derecho!
—Lo que quiero es que distraigas tu mente— soltó abruptamente. Su tono bajó de intensidad, pero seguía siendo firme —Necesito que espabiles. Yo sé que te duele, pero no puedes hacer nada al respecto, Tom. Solo dejar que el tiempo se encargue, enfocarte en el clan, y esperar.
—No soy bueno esperando.
—Pues te vas a tener que obligar— espetó —La próxima vez que me saques de mis casillas te voy a recordar a puñetazos porque es una buena opción mantener tu puta boca cerrada. Ahora ve a echarte agua en la cara, tenemos una reunión a la cual ir. Y vas a venir quieras o no.
Negué rápidamente.
—No tengo cabeza para esto ahora, Travis. No puedo fingir que me importa. No soy como tú— le hice saber —No puedo simplemente compartimentalizar mis emociones y seguir funcionando como si fuese un robot.
Travis suspiró. Fue un suspiro largo, cansado, de alguien que ha tenido que repetir lo mismo demasiadas veces.
—Sí, definitivamente no eres como yo— murmuró.
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