
Fic de Kasomicu. Temporada II
Capítulo 7
Tom se giró para verlo, pero observó cómo Bill se sujetaba la cabeza con expresión adolorida.
—¿Bill? —inquirió Tom, sin saber si ahora era su hijo o era William, temía llamarlo William y sonar muy anhelante, pero tuvo que regresar a la mesa para cargar a Tomi.
—Perdón, mamá, estos… Dolores de cabeza me aturden mucho. Tampoco sé cómo llegué anoche aquí —comentó Bill, sí, su voz ya sonaba del todo como él.
—Tú estabas sentado en la cama, ¿verdad? ¿O cómo llegaste hasta acá? —interrogó Tom, no por menospreciar sus molestias, tendrían que ir al neurólogo, sólo que quería asegurarse de que escuchó y sintió todo en verdad, o si también tendría que ir al psiquiatra por estar alucinando.
Bill parpadeó confundido. —Sí… Yo estaba en la cama, no sé cómo llegué aquí.
El que su hijo le dijera eso era la confirmación de sus sospechas, que no se lo había imaginado, no era su cabeza atormentándolo, no cuando hasta había sentido la presión de sus labios contra su piel, la forma en que le habló, algo afectado evidentemente porque había visto a Tomi, haciendo a referencia a su belleza, y que él mismo se lo dijo a Tom antes.
“ㅡ¿Te estás escuchando? William, aterriza, por favor, no voy a embarazarme de ti, eres una personalidad alterna en el cuerpo de mi hijo, no podemos tener uno, una criatura fruto del incesto a un grado tan alto, porque soy su madre, sólo daría consecuencias o malformaciones a un feto ㅡhabló Tom tajante.
ㅡNo, no todos los casos son así, Tom. Nuestro bebé podría ser hermoso, tal cual tú y tal cual yo ㅡrefutó William.”
Eso sólo significaba que sí era él, no su cabeza, no una alucinación, había sonado emocionado porque siempre deseó tener un hijo con él, William estaba de regreso, que Tom tuvo que resistirse a las ganas de sonreír, observando a Bill.
—Fue William, volvió —soltó Tom, y Bill frunció el ceño, negando.
—No… Es que no se sintió cómo cuando él “me apaga”, y ahora no lo escucho, ¿cómo es posible? —interrogó Bill, intentando hablar consigo mismo en su fuero interno, pero sólo estaba su voz, no la de William, haciendo que sintiera conflictuado, ¿por qué no le hablaba si había regresado? ¿Tal vez era por sus sueños?
Bill empalideció, si sólo le había hablado a su madre, quizá era por eso, para advertirle sobre él, pero no iba a hacer nada… No, ¿no se atrevería, verdad? William lo protegía… Pero también protegía a su mamá, al punto de sacrificarse a sí mismo por él.
—¿Qué te dijo, mamá? —inquirió Bill con la voz temblorosa, tragando saliva con nerviosismo.
Tom se tensó, porque no podía decirle lo que había dicho en realidad. —No mucho, se sorprendió por Tomi y ya —dijo el castaño, aunque “sorpresa” no era ni por asomo lo que demostró William.
“Amor, anhelo… Cuidado”, fue lo que pasó por la mente de Tom, todo eso era lo que había captado en aquellos escasos instantes donde tuvo al alter con él, sin ni siquiera haberlo podido ver, sólo escuchándolo, sintiéndolo tan cerca hasta haber recibido un beso suyo, aunque hubiera querido rozar sus labios con los suyos, tantas cosas que Tom no pudo conseguir, y esperaba que se repitiera.
Bill observó cómo su mamá estaba en silencio mirando a un costado, aún con Tomi en sus brazos, y cómo el pequeño extendió sus manitos hacia él, Bill lo sujetó, con su madre cediéndoselo, miró a su hermanito. —Qué bueno que conociste a Will, Tomi —le habló Bill al pequeño, quien sólo sonrió.
“Al menos sólo hablaron de Tomi y nada más”, caviló Bill, sintiéndose un tanto más calmado, entonces Will no estaba evitándolo, sólo… No podía mantenerse, como… Un televisor que se quedaba sin señal y venía esporádicamente… Con interferencia.
Los engranajes encajaron en su mente, esa voz que escuchaba de vez en cuando, como interferencia, era William, pero no podía hacerlo del todo, no podía hablarle. Estaba atrapado dentro de su cabeza, y ahora había salido a flote. ¿Quizá esa vez que se alteró su mamá entonces sí lo vio?
¿Cómo podía hacer que Will regresara?
Bill no sabía que Tom también tenía esa misma pregunta en la cabeza, más allá de que el doctor Köhn en su momento le había dicho que la forma en que regresara era recibir otro trauma, no es que Tom pudiera provocárselo, es decir… Técnicamente sí podría, pero no lo haría, no quería lastimar a su hijo sólo por su propio beneficio, aunque no sería sólo por él, a Bill también le hacía falta William… No, debía acallar sus pensamientos, porque sabía que se estaba buscando justificar sólo para cometer algo y no.
Tanto Bill como Tom se miraron fijamente, ahora el mayor fijándose cómo Bill cargaba a Tomi, quizá había sido su segundo hijo el detonante, por cómo el sonambulismo de Bill, el que durmieran juntos, había ocasionado que tuviera unos instantes con él.
—Will siempre ha sido muy protector, seguro cuidaría también a Tomi. Si… Si William no te hubiera salvado, mamá, Tomi no hubiera existido, ya estabas embarazado para ese entonces —comentó Bill, pensando lo horrible que hubiera sido perder a su mamá y a Tomi.
Tom se mantuvo en silencio, porque sí que estaba embarazado, y eso lo sabía William desde antes.
—Sí, William siempre ha sido muy protector —cedió Tom sin querer comentar nada de lo otro.
Bill miró a Tomi, sonriéndole de vuelta. —Ojalá que William regrese para presentártelo apropiadamente, Tomi, aunque quizá te confunda un poco, pero sé que lo entenderás algún día —arguyó mientras que el pequeño lo miraba curioso, elevando su manita hasta acariciarle la mejilla, y Bill ensanchó su sonrisa, dándole un beso en su pequeña mano.
Tom sentía su pecho apretarse, nuevamente con los límites desdibujándose, porque ya había sentido los labios de William, había escuchado cómo le hablaba con adoración a su hijo, y ahora… Viendo a Bill mirar con tanto afecto a Tomi, sólo estaba removiendo su interior, porque no pensaba en Bill, sino en Will.
—Debo lavarme y tomar una ducha. ¿Puedes cuidarlo un rato, Billy? Porque luego vendrán a instalar la puerta —masculló Tom.
—Sí, mamá, no te preocupes. Yo lo cuido. Si gustas báñate en mi ducha, por si llegan antes para que no te interrumpan —ofreció Bill, y Tom asintió, al menos era una responsabilidad menos porque su hijo podría hacerse cargo, yendo por sus cosas para luego dirigirse al baño de su hijo mayor.
Al ingresar notó cómo es que el olor de Bill invadía todo el ambiente, lo cual era lo esperable, dado que sólo su hijo ocupaba aquel espacio, sin embargo, Tom aspiró a bocanadas porque el aroma ya no lo relacionaba a Bill… Ya no era necesario el perfume distinto que le había comprado a William, simplemente que hasta el sentir su aroma… Evocaba todo los recuerdos que tenía del alter… Por lo que se tocó por inercia el cuello, la zona que había sido besada. No había sido un sueño, era un beso tenue y real del hombre que amaba. Justo cuando Tom pensaba en olvidarse de él, superándolo a fuerzas, haciendo planes y todo, le daba esta señal de que no iba a dejarlo.
No es que Tom se quejara, amaba a William, lo extrañaba y anhelaba, sólo que también lo desestabilizaba tanto, que Tom se sentía un jodido adolescente en vez de un adulto en este momento. Es que… Tampoco podía cambiar sus planes, necesitaba volver a trabajar presencialmente, porque si sólo se quedaba a la espera de él, no podía más, y Tomi… Sabía que se estaba esforzando, y poniendo de su parte con él, sólo que tampoco podría simplemente esperar que naciera lo mismo que tuvo por su primer hijo.
Así que no cambiaría sus planes, que en realidad no les había contado a Bill, pero tendría que hacerlo después, y esperaría que William regresara sí, porque aún lo necesitaba, sin embargo, tampoco dedicaría su vida entera a ello, porque sólo estaba hundiéndose, y llevándose consigo a sus hijos.
También debía hablar con Bill para el tema de llevarlo a que le hicieran otros chequeos, aunque sospechaba que no era tanto un tema físico, sino más bien psicosomático, por cómo es que se estaba dando la situación donde “no sentía” a William, y este estaba manifestándose de a pocos, incluso sin haber tenido un trauma como tal. Aunque Tom también lo había pensado, que quizá por todo el cargamontón que soportó Bill por su depresión postparto, es que había desencadenado en un microtrauma, porque también estaba el tema que no le había contado, y la razón por la cual estaba yendo a terapia.
Sólo esperaba que el doctor Köhn no quisiera hablar con él para pedir que lo internen como cuando fueron las primeras consultas… Porque Tom no lo haría. Ni siquiera imaginaba qué cosa era lo que le ocultaba su hijo, pero no podría ser algo tan terrible, ¿verdad? No le había visto cortes, no salía lo suficiente como para ocultar algún vicio… Bill no daba ningún problema de por sí.
“Yo he sido quien le ha dado más problemas a mi hijo”, caviló Tom, desnudándose y metiéndose a la ducha, abriéndola, dejando que el agua cayera sobre su cuerpo, enfriando su cabeza… Todo su cuerpo, haciendo que pensara tantas cosas mientras se enjabonaba los cabellos.
Tom se había encargado muchas veces de justificarse atribuyéndole al resto el por qué de sus acciones, sin embargo, valgan verdades, en realidad, Tom aquí había sido el que había provocado todo esto…
¿Y lo peor? Es que Tom sólo podía pensar que William regresara, incluso a costa de la salud mental de su hijo.
“Soy una terrible madre”, pensó Tom nuevamente, pero no por ello dejaba de desearlo.
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Bill se aseó y desayunó cargando a Tomi, pensando que podría contarse como interacción social el hablar con quienes instalaran la puerta, así fuera algo meramente protocolar y obligatorio, era válido, aunque él sabía que de algún modo era trampa porque no saldría de casa pero igualmente serviría.
—Es muy válido, ¿no, Tomi? Incluso debería contar el hablar contigo, aunque no puedas responder, al menos no aún. Vas a ver qué cuando aprendas a hablar lo haremos bastante —arguyó Bill mirando a su hermanito que sólo se rió para chuparse el pulgar después, y el mayor le dejó un beso sobre su frente.
Era tan fácil hablar con Tomi, por más que fuera un bebé, lo sentía muy natural, no lo juzgaba ni nada, sólo esperaba que no cambiara con el paso del tiempo, aunque en sí Bill no tenía problemas para hablar con su mamá, fuera de que no quería darle algún peso de sus líos mentales, había mayor comodidad por mucho. Entonces Bill sentía que no importara cómo, siempre seguiría hablando con Tomi, siendo su hermano al cual adoraba pero también su amigo, no quería que su hermanito se sintiera solo nunca… Tal cual él se había sentido a lo largo de su vida.
No es que su mamá no fuera suficiente, sabía que tener a su madre con él siendo su amigo, soporte y todo, había sido la base en la vida de Bill, porque muchas veces giraba alrededor del mayor, sólo que… No tenía a nadie más, y eso había sido una presión de algún modo. No tenía papá como sus compañeros, ni tampoco hermanos, ni abuelos, ni tíos. No era el más sociable, y le costaba relacionarse, siendo más de una vez juzgado por su origen, sus gustos y… Había sido una vida solitaria donde Bill agradecía mucho haber tenido a su mamá, pero también deseó morirse tantas veces que había perdido la cuenta. Bill no quería que Tomi pasara por eso. Si bien su hermano menor tampoco tenía papá, Bill se encargaría de que no hiciera falta, y que Tomi confiara lo suficiente en él para poder contarle todo, sin tener que sentirse como… Un estorbo o una presión para su mamá.
Bill se encargaría de darle todo a Tomi, de llenar cualquier carencia que pudiera tener y alentarlo hasta que hiciera sus propios amigos en vez de sólo crecer sin la suficiente confianza en sí mismo.
Antes de terminar de desayunar es que sonó el timbre, y Bill vio por la mirilla que eran los hombres con la puerta, dejándolos pasar mientras la instalaban con el seguro, teniendo a Tomi en su canguro sobre su pecho.
—Estará más resistente, sólo que de todas formas, es mejor guardar una llave de repuesto en caso pase algo, ponerla en su sitio seguro, para evitar tener que romperla en emergencias, es más usual de lo que parece —comentó el hombre viendo a Bill, quien se tensó porque no le había dicho que él había roto la puerta.
—¿Usted cómo sabe? —inquirió Bill, recordando aquel fatídico día donde su madre estuvo grave por su borrachera y terminó besándolo al confundirlo con el papá de Tomi.
—He visto muchos casos, hijo, y se entiende, tienen los mismos rastros al haber sido rotos a la fuerza. Como veo que el señor tiene un bebé, es normal que uno vele por la seguridad de ambos. En este caso lo mejor es sólo tener una llave de repuesto para que no llegue a más —arguyó el hombre, extendiéndole una copia a Bill, quien la recibió y guardó en su bolsillo.
—Gracias —respondió Bill.
—Descuida, chico. Igualmente le daré al señor la llave y su copia principal, más que nada saqué una extra para ti, porque con un bebé es mejor prevenir que lamentar —comentó el hombre, y Bill se sintió en parte mal por saber que tendría que ocultarlo de su madre, pero no usaría la llave para irrespetar su privacidad, sólo en casos de emergencias—. Es un precioso bebé —halagó el hombre mientras que Tomi estaba contra el pecho de Bill chupando su pulgar, aunque tuviera el chupete, ahora había agarrado una hiperfijación con su dedo.
Bill acarició por inercia a su hermanito. —Sí, es muy lindo, se llama Tomi —respondió, sintiendo que ya estaba cumpliendo con la cuota de hablar con alguien, incluso si ahora estuviera orientado a Tomi, de todas formas, habían hablado de algo que pasó en referencia a Bill, así que contaba.
—Buenos días, señores, ¿entonces todo está listo? —escuchó Bill la voz de su madre detrás suyo.
Tanto el hombre con quién hablaba Bill, como su ayudante vieron en su dirección.
—Sí, señor Kaulitz, tal cual le enseñábamos a su hijo, la puerta ya está puesta y es más resistente que antes —acotó el hombre mayor, y Bill sabía cómo era la dinámica cuando habían personas que no sabían todo el panorama: Bill tenía que referirse a su madre como su padre, que sólo en casos como escuela, hospitales o algo estrictamente necesario, se hacía mención sobre la intersexualidad de su madre.
Aunque en sí en su momento fue algo mediático el tema por el parto de Tom, sólo que no todos conocían ese asunto, lo cual agradecía Bill, que sólo en contadas ocasiones hubiera pasado que le hacían mención sobre si era hijo del “fenómeno”, y Bill cómo detestaba que lo hubieran dicho así, porque se enojaba muchísimo, y prefería que William se hiciera cargo. Sólo que en sí William no había sido tan presente en su vida, al menos no de forma consciente, hasta los trece años, porque si bien antes tenía momentos donde él salía a flote, Bill no lo notaba del todo, creyendo fervientemente de lo que le había dicho su mamá cuando era niño.
—Tu amigo no existe, mi amor, sólo eres tú mismo, si esa voz te molesta, sólo no la escuches —le había dicho Tom a Bill cuando tenía cuatro años, en aquel entonces su mami usaba sus rastas rubias sueltas, y estaba con expresión preocupada porque había pasado hacia poco lo de su niñera, que Bill no sabía qué era, sólo que ella no regresaría más.
—No molesta, mami, sólo que no se siente como yo y dice cosas que no entiendo —respondió Bill en aquel momento y su mamá le acarició las mejillas, dándole un beso en la frente.
—No le hagas caso, amorcito, ¿está bien? Sabes que todo lo que te digo y hago, es porque te amo, ¿verdad? —preguntó Tom a su hijo, cargándolo porque no quería llevar a su hijo al psicólogo, porque apenas Bill tenía cuatro años, y él veintiuno, si lo consideraban incapaz de poder tener a su hijo bajo su cuidado, buscarían a sus padres, y por eso mismo es que no quería llevarlo y que dijeran que tenía algún problema que se lo atribuirían a que él era mala madre, no, sólo que trabajaba, entonces no podía estar siempre presente con su bebé.
La mejor forma que tenía era de convencerlo que estaba bien, porque quizá sólo era un amigo imaginario, por más que tuviera sentido que generara algún trastorno por cómo es que había recibido abusos por culpa de la mayoría de sus niñeras, era tan duro estar solo y buscar gente con referencias, no siempre eran acertados y ahora… La misma niñera había muerto, probablemente suicidándose en su propia casa que Tom se sentía aterrado, cómo es que incluso Bill mismo fue quien descubrió el cadáver.
Porque Tom mismo recordaba cómo había llegado y Bill estaba sentado observando a la muchacha que estaba extendida en el suelo aún retorciéndose sobre su propio vómito. Tom se quedó paralizado porque su hijo no debía presenciar algo así, por lo mismo es que lo cargó, tapándole el rostro.
—Amor, vamos a tu cuarto, te quedarás allí mientras yo llamo a la policía, ok —pidió Tom a su hijo que no lloraba sólo lo miraba fijo.
—Ok, amor, ella ya no será mala con Bill nunca más —dijo «Bill» mientras acariciaba el rostro de su mamá, dándole un beso en la mejilla antes de que el de rastas lo dejara en la cama, sacando su teléfono para llamar a emergencias, sin tomarle atención al hecho de que su hijo no le había dicho mamá o mami, sino amor o que hablara en tercera persona.
Tom no sabía cómo sentirse con la aparente calma de su hijo, porque era como si Bill entendiera que había muerto, pero también después su hijo lo olvidó, como si no hubiera encontrado el cuerpo agonizando, ni hubieran hablado, pero el olvidar también era un mecanismo de defensa frente a traumas, así que Tom lo dejó pasar… No quería que le quitaran a su bebé, no quería que lo tuvieran sus padres. Bill era suyo, por eso incidió tanto en que Bill olvidara esa “voz” o “amigo imaginario”.
Bill por mucho tiempo intentó apagarla hasta que comprendió que regresó con fuerzas a sus trece años para salvarlo. Había sido William todo el tiempo, esa voz susurrante en su oído, o quién había hablado por él en instantes que no recordaba. Cuando William se presentó del todo, es que Bill también le dio el poder para que pudiera hacerse cargo.
—Muchas gracias, señores —soltó Tom, trayéndolo a su presente, al momento de pagarles y despecharlos para que se fueran, cuando lo hicieron, vio a su hijo—. ¿Todo bien, mi amorcito? ¿Tuviste algún inconveniente con ellos? —inquirió el mayor.
—No, mami, todo bien, ¿tú estuviste cómo al bañarte en mi ducha? ¿Estás más relajado? —preguntó Bill de vuelta, aún teniendo al pequeño en brazos.
—Sí, todo bien. Gracias por ayudarme, ahora cocinaré —habló Tom—. ¿Me acompañas? Porque quería hablar sobre tus dolores de cabeza.
—Sí, mami, voy contigo, ¿qué tienen mis dolores? —cuestionó Bill, mientras ponía su mano para jugar con Tomi quien le jalaba de los dedos sonriéndole, amando estar en sus brazos.
Tom estaba acomodándose en la cocina, sacando todo para comenzar a picar y cocinar. —Que no son normales, tenemos que hacerte chequeos para descartar que sea algún efecto secundario luego del accidente —explicó el castaño.
—No viene siempre, sólo me ha dado en ocasiones donde… Eh —Bill se interrumpió al hablar, porque sabía que mayormente le daban por las imágenes explícitas que tenía con su madre, y eso no podría decírselo.
—¿Dónde qué, Bill? —instó Tom a que le respondiera, sin verle porque seguía cocinando.
—El motivo por el que empecé las consultas con el doctor Köhn —soltó Bill por toda respuesta, porque ya le había dicho a Tom que no quería hablar sobre ello.
Tom se quedó en silencio, analizándolo, esto llevaba relación con William, ese secretismo que tenía su hijo, lo que lo incomodaba, o aturdía, que era suficientemente negativo para buscar ayuda, habían tantas interrogantes que sólo parecían piezas sueltas de un rompecabezas, porque Tom no podía exigirle nada a su hijo, ya no era un niño para casi obligarlo, y aunque podía intentan manipularlo para que se lo dijera o sonsacárselo de forma más sutil, como lo notaba tan afectado por ello, ligado al hecho de que aún Tom mismo lidiaba con la culpa, es que no quería hacerlo, sería someterlo a más estrés.
—Deberemos ir al médico de todas formas —repitió Tom la orden, porque quería asegurarse que no fuera algún problema de salud.
—Sí, mamá, yo mañana tengo clases, pero pasado no, si quieres ese día podemos ir —respondió Bill.
—Sí y también volveremos a Berlín en unos meses —le comentó Tom como si nada.
—¿Qué? —preguntó Bill confundido.—¿Nos iremos de aquí?
—Sí, hijo. No podremos volver a nuestra casa porque se vendió, pero compraré otra, también con piscina para nuestra comodidad, sólo que regresaré a trabajar en el laboratorio para despejarme de paso. Contigo no habrá problema porque tus clases son a distancia —masculló Tom mientras seguía cocinando.
—Pero, mamá… ¿Por qué? —interrogó Bill, no es que él fuera la persona más sociable, sino que la mudanza, si bien había traído beneficios, también había significado un estrés por llevar todas sus cosas de una ciudad a otra, por hacer suyo su cuarto, con nueva cama, nuevo colchón… Toda su rutina iba a cambiar cuando ya había pasado el proceso de adaptación. Ahora sería empezar de cero porque ni siquiera era en su vieja casa, sino en otra.
—Lo necesito, hijo, necesito trabajar presencialmente de nuevo… Cambiar de ambiente, recordarme lo que era, ¿sabes? Como te digo, podrás seguir estudiando en casa, y habrá una niñera para que se encargue de Tomi, no te dejaré toda la carga, no te preocupes —le aseguró Tom, buscaría que fuera un vecindario lejano al que había estado antes, porque no sabía si William regresaría o no, pero necesitaba que sus nuevos vecinos no supieran quiénes eran en caso lo haga.
—¿Niñera otra vez? —cuestionó Bill, sintiendo el pánico porque sabía que había sido mala idea con él.
—Pero estarás ahí, más será para que no tengas todo el cuidado, y también alguien que se encargue de las labores en casa porque yo no podré —arguyó Tom.
Bill apretó a Tomi contra su cuerpo, sin lastimarlo, sólo en afán protector. Claro que se haría cargo de Tomi, que verificaría que ninguna niñera lo lastimara, sólo que todo esto le dolía a Bill, nuevamente cambios, y cómo sentía, de algún modo, que su mamá quería alejarse de ellos, porque, ¿cómo todo este tiempo pudo estar trabajando de lejos y ahora quería volver? Sabía que su madre trabajando era muy ausente, y él comprendía, porque era un adulto pero, ¿Tomi cómo podría entenderlo? Era como si su mamá hubiera hecho varios avances pero retrocediera de golpe. En parte comprendía el que necesitara otro ambiente por el luto de perder a su novio, sólo que… También ni siquiera le dio explicaciones reales de la primera mudanza. Era como si su opinión no interesara, y Bill siempre había estado muy habituado a sólo dejar que su madre fuera quien diera órdenes y él las siguiera, sólo que… Ahora era cansino. ¿Por qué su madre no quería tomar en cuenta su opinión? Incluso le decía que no representaría ningún problema para él por estudiar a distancia. Bill decidió callar, aunque no estuviera de acuerdo.
Continúa…
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Hola amiga, falta el capitulo 8 🫣
Ya está corregido el error. Gracias por avisar 😉
Ah estabas leyendo mi longfic, ojalá te animes a comentar más seguido, ya Mizuky lo corrigió ❤️🫂💕