Irrevocable 6 Tom

Administración: Dividí el capítulo para asegurarme de que no se cortara, pero ya están las dos partes publicadas.

Fic de unicornlitz. Temporada III

Capítulo 6 (Parte 1)

TOM

—¿Y bien, Tom? ¿De qué querías hablar conmigo?

Melanie se sentó en el sillón frente a mí, cruzando las piernas con elegancia. Me había visto obligado a venir a hablar con ella por dos razones: la primera, que es psicóloga; la segunda, que al ser de la familia no me sentiría ridículo hablando de mis problemas con profesionales desconocidos. Además, mi cuñada ya me había tratado la depresión años atrás, cuando creía que Bill había muerto. Así que no pasaba nada.

El motivo de la visita era que necesitaba desahogarme un poco. Tenía un lío enorme en la cabeza y no sabía muy bien qué hacer.

Suspiré, apartando la mirada hacia el suelo. Me sudaban las manos y las entrelacé sobre las rodillas para disimular el temblor.

—Tengo problemas…— murmuré, sin saber siquiera cómo empezar con todo aquello.

Melanie arqueó ligeramente las cejas ante mi respuesta, tan escasa de argumentos y explicaciones. Su lápiz se posó sobre la libreta, esperando.

—¿Qué clase de problemas, Tom?— me preguntó con un tono de voz cálido, pero sin perder esa firmeza en la mirada. Melanie transmitía confianza a cualquiera —Porque, por cómo ha ido tu vida en los últimos meses, las cosas que me ha contado tu hermano, todo lo que ha pasado, las decisiones… los errores…— sabía a qué se refería con eso último, sobre todo por la mirada analítica que me lanzó —Saber qué problemas tienes exactamente me resulta imposible si no me los cuentas tú.

—Bueno…— solté con voz cansada, pasándome una mano por las rastas —En realidad es un poco de todo.— tragué saliva mientras Melanie asentía despacio con la cabeza, prestándome toda su atención —Me he sentido fatal, ¿sabes? Me resulta imposible… aceptar que hice lo que dicen que hice.

—¿Por qué?— preguntó con calma, inclinando ligeramente la cabeza.

—No recuerdo nada— susurré, mirándola a los ojos con desesperación —No sé qué pasó aquella noche con Catalina, no consigo recordarlo, y me frustra. Porque me niego a creer que fui capaz de hacer eso que…— ni siquiera pude terminar la frase por la propia agitación que sentía y que tenía que controlar para no venirme abajo. Mis dedos se aferraron con fuerza a mis propias rodillas. Solté un suspiro pesado —Me resulta tan difícil. Intento recordar y no me viene nada. Como si no hubiera pasado nada o hubiera estado completamente inconsciente. Tengo una pequeña esperanza, Melanie… una maldita esperanza de que al final se descubra que yo no hice nada malo.

Melanie anotó algo en su libreta mientras seguía asintiendo levemente con la cabeza.

—Aferrarte a la esperanza de tu inocencia es algo natural, Tom, pero en realidad es ese vacío lo que te está devorando por dentro— explicó, recostándose ligeramente en el respaldo del sillón —Tu mente ha bloqueado por completo lo que pasó aquella noche.— hizo un pequeño gesto con la mano —Cuando el cerebro experimenta un trauma o una situación que rompe por completo con tus valores, a veces prefiere borrar la cinta antes que obligarte a enfrentarte al impacto. Pero quiero preguntarte una cosa. ¿Qué es lo que más miedo te da? ¿El vacío en sí o lo que podrías encontrar si el muro que te impide recordar se viniera abajo?

Resoplé con pesadez.

—Me da pánico recordar y descubrir que sí lo hice. Que le fui infiel.— lo admití en un hilo de voz, casi roto —No me creo capaz de hacerle algo así a Bill, ¿lo entiendes? Es el amor de mi vida y siempre está en mi cabeza. Él lo es todo para mí. Pensar que le fui infiel… no, no puedo creérmelo.

—Ya veo… Tú confías en el amor que sientes por él, ¿verdad?

—Sí. Confío en eso, y mucho.— se lo confirmé.

Melanie asintió despacio, pero su mirada siguió fija en la mía, analizando cada mínima expresión de mi rostro.

—Dime una cosa, Tom— dijo, dejando el lápiz a un lado y entrelazando los dedos sobre la libreta —Cuando dices que confías en el amor que sientes por él, ¿a qué te refieres exactamente? Porque hay una diferencia entre amar a alguien y saber que ese amor es suficiente para definir quién eres. ¿Bill es el centro de tu identidad?

La pregunta me descolocó un poco. Abrí la boca para responder de inmediato, pero las palabras se me quedaron atascadas en la garganta. Bill era… todo. Mi razón para levantarme cada mañana, la luz de mis días más oscuros, el latido que mantenía mi corazón en marcha incluso cuando creía que estaba muerto. Lo había amado desde que lo vi cuando él apenas tenía trece años, y ese amor había sobrevivido a diez años de separación, a creer que había muerto, a construir una fachada de hielo para protegerme del dolor.

—Él es mi mundo, Melanie— logré decir, y la voz me tembló un poco —No sé explicarlo de otra manera. Cuando creí que había muerto, una parte de mí murió con él. La mejor parte. Me convertí en alguien a quien no reconocía, alguien que solo existía para sobrevivir, para no sentir. Pero Bill era el único que me hacía sentir vivo. Y ahora…— se me cerró la garganta y tuve que hacer una pausa para tragar el nudo que empezaba a formarse. Respiré hondo un instante y continué —Ahora que está vivo, que ha vuelto, y yo hice esto… no sé quién soy si no soy el hombre que lo ama. Porque si fui capaz de traicionarlo, de serle infiel, entonces todo lo que creía saber de mí mismo es mentira.

Melanie se pasó la lengua por los labios.

—Eso es extraordinariamente importante, Tom— dijo con suavidad —Has puesto toda tu identidad en el amor que sientes por Bill, no en el amor que él te devuelve, sino en tu propia capacidad para amarlo. Eso es precioso, pero también es muy peligroso. Porque si ese amor flaquea, si cometes un error, entonces sientes que tu propia existencia se tambalea. ¿No crees que es demasiada presión para un solo sentimiento?

Fruncí el ceño, confundido.

—No lo entiendo. ¿Me estás diciendo que no debería quererlo tanto?

—No, en absoluto— respondió con una pequeña sonrisa —Te estoy diciendo que, quizá, en algún momento construiste toda tu identidad alrededor de él. Y cuando creíste que lo habías perdido, esa identidad se rompió. Creaste a Klaus como un mecanismo de supervivencia, un escudo de indiferencia y control cuando creías que estaba muerto porque necesitabas soportar el dolor. Pero ahora que Bill ha vuelto, Klaus ya no tiene ningún propósito. Solo que no sabes cómo desprenderte de él.

Las palabras de Melanie cayeron sobre mí con un peso insoportable. Tenía razón. Me quedé pensando mientras la escuchaba hablar y, joder…

—No quiero ser Klaus— susurré, sintiendo cómo se me humedecían los ojos —No quiero ser esa persona fría que hace daño a Bill. Prefiero… prefiero no existir antes que hacerle daño.

Melanie inclinó ligeramente la cabeza y su expresión se suavizó.

—Pero aquí estás, Tom. Existiendo y luchando— señaló —El hecho de que estés aquí, en esta sesión, hablando de todo esto, demuestra que quieres resolverlo. No estás huyendo. Estás buscando respuestas. Entiendo que te sientas frustrado, pero entonces tendrás que aprender a vivir con ello y a repararlo como puedas. Pero antes necesitas saber qué pasó realmente y, para eso, tenemos que trabajar esa memoria bloqueada.

Asentí despacio. Melanie volvió a coger el lápiz y anotó algo más.

—¿Ese es todo el problema del que me hablabas? ¿O hay algo más?— me preguntó.

—Hace un tiempo tuve un sueño muy raro— dije —Bueno, he soñado muchas veces con Bill, pero ese sueño en concreto fue muy extraño…

Melanie volvió a centrar toda su atención en mí.

—Cuéntame el sueño, Tom. Desde el principio.

—Estaba en un lugar completamente oscuro— empecé, con la voz lenta, como si estuviera recorriendo otra vez aquel espacio onírico —Intentaba caminar, pero no sabía si realmente estaba dando pasos; no sentía ninguna superficie donde apoyar los pies. Era como flotar en la nada, pero permanecía quieto. Escuchaba la voz de Bill llamándome, pero no podía distinguir de dónde venía. Cuanto más avanzaba, veía una luz a lo lejos, muy pequeña al principio. Intenté correr, pero no servía de nada, las piernas no me respondían. Hasta que una fuerza, como si fuera viento aunque no sentía el aire, me arrastró hacia esa luz.

Me pasé la lengua por los labios.

—Cuando llegué, había algo parecido a un capullo— continué —, pero en realidad eran unas alas enormes y blancas. Y cuando se apartaron, vi a Bill…— pronunciar su nombre me provocó un vuelco en el estómago —Pero había algo raro, porque tenía el pelo negro, con unos mechones blancos, no rubio. Parecía un ángel, iluminado, precioso. Me miraba con una sensualidad que me desconcertó muchísimo. Y me preguntaba…— hice una pequeña pausa, sintiendo cómo la vergüenza me quemaba las mejillas —Me preguntaba por qué lo había engañado con Catalina. Me preguntaba si ella era mejor que él.

—¿Y tú qué hacías en el sueño?— me interrumpió con suavidad, sin apartar la mirada de la mía.

—Le respondí que no, que Catalina jamás sería como él— dije, sintiendo una extraña firmeza en mi propia voz —Que nadie podría ser como él. Que él era… único. Y que lo amaba.

Melanie asintió, animándome a seguir.

—Y… no recuerdo mucho más, pero escuché unos pasos detrás de mí— continué, y la piel se me erizó al recordarlo —Al girarme, me encontré con un espejo que estaba allí, como si hubiera estado todo el tiempo y yo no me hubiera dado cuenta. Pero en el reflejo no estaba el hombre que soy hoy. Era yo mismo, pero el de hace diez años. El Tom de antes. El chico que fui antes de cambiar.

Mi cuñada frunció ligeramente el ceño y levantó una mano para indicarme que guardara silencio.

—Vamos a detenernos ahí— dijo, y yo obedecí apretando los labios —A ver, el Bill angelical representa la pureza del amor que sientes por él, un ideal que sientes que has profanado con tus acciones— murmuró —Es la versión perfecta, casi divina, que has construido de él en tu mente.

Joder, eso tenía muchísimo sentido.

—Pero lo importante es el espejo, Tom. Cuando te miras y ves al Tom de hace diez años, estás buscando al Tom del pasado porque necesitas convencerte de que el chico inocente que amaba a Bill sigue vivo— continuó —Es tu mente intentando huir de la versión fría y cruel que creaste para protegerte del dolor tras la supuesta muerte de Bill. Vamos a llamar a esa versión «Klaus». Deseas ser Tom, pero sabes que ahora eres Klaus y no sabes cómo volver a ser el de antes. ¿Qué pasó después?

Lo recordaba perfectamente.

—Bill apareció detrás de mí— contesté —Sin las alas. Me puso la mano con fuerza sobre la nariz y la boca. Me estaba asfixiando, Melanie, y me decía: «Tommie está enfadado. Tommie quiere matar a Klaus». Ahí me desperté. Y fue tan raro… pero no recuerdo haber fumado nada… ni haber estado colocado. ¿Un simple cigarrillo puede provocar algo así?

Era ridículo. Sonaba a una excusa barata.

Melanie se quedó pensativa durante unos segundos.

—No, Tom— dijo por fin, con esa voz firme pero compasiva —Un cigarrillo no provoca eso. El sueño no es producto de ninguna sustancia; es producto de tu mente, de tu inconsciente trabajando a toda velocidad para procesar lo que no puedes afrontar cuando estás despierto.

Se inclinó hacia delante, apoyando los codos sobre las rodillas.

—Es una metáfora perfecta de tu guerra interna— sentenció —El Bill del sueño no es el Bill real; es tu propia culpa personificada, disfrazada con el rostro de la persona a la que más quieres para que el mensaje te llegue mucho más hondo. Tu inconsciente sabe que creaste a Klaus como un escudo, una armadura para sobrevivir a la pérdida. Pero ahora que Bill está vivo y ha vuelto, Klaus ya no tiene sentido. Sobra, es una coraza que ya no necesitas. Al decirte que «Tommie quiere matar a Klaus», tu mente te está advirtiendo de que tu parte inocente, la que ha permanecido guardada durante diez años, quiere destruir al monstruo en el que te convertiste… porque ese monstruo hizo daño a Bill.

Fruncí el ceño, sintiendo que las piezas empezaban a encajar poco a poco.

—Pero entonces… ¿el sueño me está diciendo que…?

—Te está diciendo que tienes miedo de seguir siendo esta versión actual de ti mismo— respondió Melanie con suavidad —El sueño no es una profecía, Tom; es un reflejo de tu ansiedad. Tu mente está gritando que necesitas resolver esta dualidad. No puedes seguir siendo dos personas al mismo tiempo. O eres el Tom que ama a Bill incondicionalmente o eres el Klaus que lo traicionó. Pero la realidad es mucho más compleja. No eres solo uno de ellos. Eres los dos en distintos momentos, y lo que necesitas es integrar esas partes.

—No, es que yo ya no quiero que esta versión siga existiendo. No quiero seguir siendo «Klaus».

Melanie negó despacio con la cabeza.

—No funciona así. Klaus no es un demonio al que puedas exorcizar, porque Klaus eres tú, Tom. Es la parte de ti que aprendió a ser fría para no venirse abajo; es la versión que creaste de ti mismo para canalizar tu dolor. Es la parte que tomó decisiones equivocadas porque no sabía cómo gestionar el sufrimiento. Si intentas eliminarla, lo único que conseguirás será fragmentarte todavía más. Necesitas entender por qué Klaus existe, por qué hizo lo que hizo y, entonces, quizá puedas reconciliarte con él. Es decir, perdonarte a ti mismo.

—¿Perdonarme?— ah, ya entendía por dónde iban los tiros —¿Cómo voy a perdonarme si ni siquiera sé qué hice?

—Exactamente. Por eso tenemos que trabajar en desbloquear esa memoria, como ya te dije antes— dijo Melanie, volviendo a coger el lápiz —Pero no podemos hacerlo si sigues huyendo de ella. ¿Estás dispuesto a intentarlo?

Asentí, aunque el corazón me latía tan fuerte que temía que pudiera oírlo.

—Lo intentaré— susurré.

—Bien. Ahora quiero que vuelvas a aquella noche. No a la infidelidad, no al momento exacto. Solo al principio de la noche. ¿Qué recuerdas?

Cerré los ojos y obligué a mi mente a retroceder. Me dejé caer hacia atrás y la espalda chocó contra el respaldo del sofá. Apoyé la cabeza y resoplé. Recordaba el principio.

—Estaba en el bar… creo. Había música a todo volumen, muchísima gente. Bill no estaba, había viajado por trabajo y yo estaba con Catalina. Estábamos bebiendo un par de copas…

—¿Y qué más?

—Habíamos bebido demasiadas cervezas y, como si no fuera suficiente, también botellas de whisky. Diría que una y media. Después me alejé porque iba a hacer algo, no recuerdo qué, pero cuando volví seguimos bebiendo…

—¿Cuánto tiempo estuviste fuera?

—No lo sé, creo que no fue mucho. Fui al baño, sí, y luego busqué más bebidas para los dos…

—¿Qué hacías bebiendo con ella?

—No lo recuerdo…— murmuré —Yo ya iba medio borracho cuando ella apareció y se unió a mí.

Melanie asentía despacio con la cabeza.

—¿Y ya no recuerdas nada más?

—Muy poco. Solo cuando llegamos a mi apartamento muertos de risa por algo. Ella no podía mantenerse en pie y, por supuesto, yo tampoco.— abrí los ojos despacio y resoplé —A partir de ahí ya no recuerdo nada.

—Es muy raro…— murmuró —Existe la posibilidad de que le echara algo a tu bebida.

La miré con el ceño fruncido.

—¿Tú crees?

Curvó los labios hacia abajo.

—Podría ser, o simplemente fueron los efectos de todo el alcohol que bebisteis. Pero, para una persona como tú, que ha bebido más alcohol que agua durante muchísimos años, a estas alturas los efectos del alcohol ya no son tan fuertes. Te emborrachas, sí, pero no tanto, porque tu cuerpo ya está acostumbrado a estar en ese estado. Tienes que conservar algún recuerdo, a no ser que te quedaras dormido nada más entrar en tu apartamento.

—He pensado en eso, pero entonces… ¿dónde estaría la «infidelidad»? Porque si me quedé dormido, entonces no hice nada, y fue Catalina quien aprovechó la situación. Pero ella estaba peor que yo, así que lo dudo.

—¿Confías en ella?

—No…— murmuré, negando con la cabeza —Le pregunté si había pasado algo o no, y ella me aseguró que sí, pero… no puedo creerla.

—Voy a hacerte una pregunta que se sale un poco de todo lo que hemos estado hablando— me dijo, y yo asentí para que continuara —¿Has pensado en revisar las cámaras de seguridad?

Negué con la cabeza.

—No se me había ocurrido.

—¿Tienes cámaras en tu apartamento?

—No. Solo en el ascensor y, obviamente, en el bar. Pero dudo que en la zona donde estábamos se nos vea en las grabaciones. Había muchísima gente aquella noche y nos rodeaban por todas partes. Aun así, intentaré conseguir las grabaciones.

—Sería una buena idea— murmuró.

—Sí, y… mientras tanto, ¿qué hago con Bill?

Melanie cerró la libreta con un golpecito seco, dando por terminadas las anotaciones. Me miró con seriedad.

—¿Has ido a buscarlo?

—No.

—¿Le has escrito? ¿Lo has llamado?

—Nada de eso. He querido darle su espacio.

Melanie se quedó pensativa.

—Lo entiendo. Tiene que estar siendo una situación muy difícil para él, pero han pasado cinco meses. Deberías ir a verlo.

—¿Y qué le voy a decir? Lo único que voy a hacer es perturbar la paz que pueda tener, y no quiero, Mel. Quiero darle su tiempo, quiero que deje de sufrir de una vez. Y me da rabia porque, al mismo tiempo, quiero ir a buscarlo y…— resoplé —Además, Travis no me deja. Mis compañeros me dicen que lo mejor es darle tiempo, pero Bach me dice justo lo contrario y, joder, tengo la cabeza saturada de todas las posibilidades que se me ocurren, pero las consecuencias de cada una de ellas hacen que me quede paralizado.

—Como psicóloga, Tom, te diré que esconderte aquí, en casa, por vergüenza, no va a curar a Bill. Solo va a confirmar sus peores miedos, como pensar que ya no te importa o que prefieres huir antes que luchar por él.— era prácticamente lo mismo que me había dicho Bach —No necesitas presentarte con todas las respuestas sobre aquella noche; necesitas presentarte con la verdad de lo que sientes ahora. Si te quedas esperando a que la memoria vuelva por arte de magia, el tiempo terminará destruyendo lo poco que queda.

Se levantó y caminó hasta la ventana de su despacho, dándome la espalda.

—He visto a muchas parejas destruirse por el silencio, Tom— comentó —No por la infidelidad en sí, sino por la falta de comunicación después. Bill necesita saber que estás dispuesto a luchar, que no te has rendido, que aunque no tengas respuestas, tienes intención de encontrarlas. La verdadera pregunta que debes hacerte no es si tienes valor para pedir perdón, sino si eres lo bastante valiente como para luchar por él antes de que sea demasiado tarde.

Me quedé en silencio, procesando sus palabras. Sentí que el peso de mi pecho se aligeraba un poco, aunque solo fuera porque alguien acababa de darme una dirección.

—¿Y como mi cuñada qué me dirías?

—Que eres un grandísimo hijo de puta por traerte a Catalina de donde narices la sacaste.— dijo, sorprendiéndome por completo. Parpadeé, completamente perplejo. Ella se dio la vuelta para encararme —No puedes ir por la vida haciendo de héroe, Tom. La llegada de esa mujer destruyó tu relación. Como tu cuñada y como tu amiga, te diría que des por terminada vuestra relación. Porque en todos estos meses no has hecho nada por ir a buscarlo y yo, si estuviera en el lugar de Bill… no te perdonaría jamás. Y mucho menos viendo que no haces nada por arreglar las cosas. Yo daría la relación por muerta.

—Si voy… entonces no conseguiría nada.

—La intención es lo que cuenta, Tom.— espetó —Bill nunca dejó de quererte. Cuando traté con él después de que recuperara la memoria hablábamos de muchas cosas y, aun con su amnesia, te llevaba en el corazón. Ese amor tan grande que os tenéis el uno al otro no desaparece así como así. Pero necesita alimentarse y tú, perdóname si suena desesperanzador, pero… has dejado que se muera de hambre.

Joder.

Salí de su consulta sintiéndome destrozado de alguna manera. ¿A quién debía hacer caso? ¿A Melanie como psicóloga o como mi cuñada dándome su opinión al respecto? Joder, yo… no sabía qué hacer.

Continúa…

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por unicornlitz

Escritora del Fandom

Un comentario en «Irrevocable 6 Tom»

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