Fic de Kasomicu. Temporada II
Capítulo 22

Cuando Tom regresó, es que notó que Bill estaba en la sala, tal como el mayor le había dicho que tenían que hablar, su hijo estaba esperándolo.
—Tomi está durmiendo, mamá, pero si quieres puedes ir a verlo —habló Bill apenas vio a Tom.
—Lo haré después de cenar, acompáñame para conversar por favor —instó Tom, dejando su saco colgado y su maletín sobre la mesa para lavarse las manos y servirse la cena.
Bill le sirvió un poco de agua a su madre, también con su cubierto esperándolo, Tom trajo su plato y lo vio de reojo.
—Ayer me encontré a William al regresar, me dijo que salió a flote porque estás sometido a mucho estrés, Bill —comenzó a hablar Tom para luego comer un poco, en lo que Bill tensaba la mandíbula.
—Sí, mamá, he estado algo estresado —farfulló Bill, sin poder retenerle la mirada, ¿William sabría todo? ¿Incluído los pensamientos con su madre? ¿Se los habría contado?
—Cuando llegaste tarde a casa sin avisar, estabas deshecho, hijo. William me comentó que fue por una salida con tu novia y que… Hiciste cosas que no querías hacer, para las cuales no te sentías listo, y Bill, debes comprender que no debes ceder ante nadie. No importa que sea tu novia, no es algo obligatorio que tengas pareja o quieras tener sexo, hijo. Incluso… Existen las otras orientaciones, quizá no es lo tuyo porque te gusten los hombres, o tal vez si te cuesta demasiado en sí tener algo con alguien, podría ser que seas asexual —mencionó Tom, más allá del tema de que no quería que Bill tuviera una pareja por sus celos, eso que le había mencionado William sobre que no comprendía lo que le gustaba ni sentía la conexión le daban muchas posibilidades a su cabeza.
Bill frunció el ceño, porque no se había puesto a pensar si era asexual, ya que si bien se había masturbado en más de una ocasión, y también consumido porno, no se sentía bien al estar en contacto con alguien más, fuera de… Las fantasías que no podía hablar. A veces se sorprendía cómo es que su madre lo conocía tanto, que al momento de haber hablado con William ya le estaba ofreciendo otra perspectiva, haciendo que supiera cosas de sí mismo que probablemente no se hubiera cuestionado si ellos no lo hubieran guiado hacia aquella respuesta.
—No sé si me gustan los hombres, es que no me gusta nada, mamá —se sinceró Bill porque no podía decirle que básicamente sólo sentía algún tipo de atracción por él, en específico asociándolo por las sensaciones en su cuerpo por esas fantasías ligado al afecto que le tenía, era algo muy retorcido y enfermo y que si su mamá no le había dicho nada sobre internarlo en un psiquiátrico, era porque William no le había contado esa parte.
Tom masticó y tragó, viéndolo, mientras analizaba lo que le había dicho su hijo, sobre atracción física, gustos, pero había un espectro más allá. —¿Y sientes amor por esa muchacha? No necesariamente interés en algo sexual.
—Amor como cariño, no del tipo que se describe en los libros, películas u otros. Sólo que no quiero perderla, es una buena amiga —le contó Bill a su madre, sintiéndose un poco más ligero al decirlo en voz alta.
—Podría ser eso, podrías ser asexual arromántico, no sientes interés sexual ni romántico en nadie, es válido, hijo. También uno puede estar solo, no se necesita a alguien para ser feliz. Y serviría que le digas a tu amiguita que sólo quieres que sean amigos, terminar de una forma amistosa, porque no es algo personal, sólo que es como eres —comentó Tom para volver a comer, de esa forma podría hacer que Bill estuviera soltero y no siguiera atormentándose al sentirse violado, sentía que arreglaría dos pájaros de un sólo tiro—. No quiero que te sientas solo, mi amor. Yo estoy para ti, porque soy tu mamá, y el que Will me dijera que pensaste en matarte otra vez, no es algo que quiera para ti —agregó, sujetando su mano por encima de la mesa, y Bill sintió la garganta apretada, porque su mamá se preocupaba por él y no quería que le pasara algo, sólo que también él sabía que no podía darle una explicación sobre que lo único que había despertado un interés en él había sido su propia madre.
Eran los sueños, porque Bill jamás pensó de forma consciente algo así, sólo que no sabía cómo sacárselos de la cabeza.
—No me mataré, mamá, no quiero dejarlos solos —respondió Bill observando a su madre, porque sabía que si bien William sólo había mencionado a Tomi, su mamá también lo necesitaba, y Bill era consciente de que él lo amaba más que a nadie en el mundo, que sabía que su madre siempre había estado solo, si bien había sido un hombre fuerte que hizo que él supiera que era capaz de muchas cosas, también estaba el que sintiera esas ganas de protegerlo, aunque mayormente era su mamá quien lo hacía.
Cómo es que esto hizo que Bill recordaba la tarjeta de presentación de su padre biológico y decayera su expresión, al saber que precisamente su padre era quien había decidido abandonar a su mamá cuando estuvo embarazado, y que no sabía si tenía algún tipo de relación con que hubiera ido al trabajo de su mamá, a menos que él trabajara ahí y su madre no se lo hubiera contado. Sólo que… ¿Por qué se lo ocultaría? Es decir, no es que Bill tuviera interés en verlo, ¿verdad? Sólo había sido una persona desagradable que había rechazado a su madre, un hombre cobarde pero… Sintió su corazón apretarse en su pecho, igualmente William había hablado con él, o alguien más le había dado la tarjeta.
—Hijo, ¿pasa algo? —le preguntó Tom al notar el conflicto en la expresión de Bill.
Habían cosas que a lo largo de los años Bill se había percatado: Y es que le ocultaban cosas, no sólo su mamá, sino también William, y había estado bien con ello, al menos se decía a sí mismo que sí, sólo que le causaba un poco de malestar que le ocultaran algo tan grande como la presencia de su padre biológico en su vida.
“Quizá es sólo por protegerme, creen que sería demasiado para mí o algo así”, se habló a sí mismo internamente, buscando justificarlos, porque Bill era consciente de que por defecto siempre había buscado eludir la realidad, y su mamá siempre había estado para protegerlo, y luego William, y si no estaban ellos, era él encerrándose en su propio mundo, la confrontación no siempre había sido lo suyo, siempre se había considerado muy débil, porque cuando intentaba decir que no en la escuela, no me golpees, no me insultes, no te metas con mi mamá, sólo lo había conseguido cuando se trataba de su madre, y aún así, era oído sólo para recibir más burlas, golpes y humillaciones.
A veces sólo era mejor alejarse y fingir demencia, sólo que Bill empezaba a sentir una sensación amarga con que tanto su mamá con William quisieran decidir por él incluso por creer que era mucho para él lidiar con la presencia de su padre, al menos él quería poder decidir si sí o no verlo, si sí o no querer saber de él, por más que supiera que era alguien que había sido cruel con su mamá, no podía negar la curiosidad que le daba, porque aunque no tuviera su apellido, y supiera que fue un mal hombre, seguía teniendo su sangre, y de hecho era consciente de que era igual a él, ¿cómo luciría ahora luego de tantos años?
Tenía vagos recuerdos de una foto… Dónde estaban juntos con su mamá, y la verdad es que no recordaba qué es lo que había pasado con aquella fotografía, pero tampoco sabía cómo se vería ahora su padre.
Bill sentía que en parte era algo desleal preguntárselo, aunque fuera sí mismo, el cómo se vería ahora o el que siquiera estuviera sopesando el llamarlo, sólo que también se sentía frustrado porque no sabía cómo es que tenía la tarjeta y ni una manera de preguntárselo a William.
Su madre seguía esperando una respuesta en lo que Bill se había mantenido en silencio analizando todo.
—No, mamá, no es nada —terminó por responder Bill, aún no estando seguro de lo que haría con respecto a su padre, queriendo tener la facultad de poder decidir si hablarle o no.
Sólo que también sabía que tenía que conversar con Monika para exponerle la situación, haciendo que recordase que le había dicho ya que había sufrido abuso cuando lo más parecido al abuso lo sintió con ella y cuando le bajaron los pantalones para asegurarse que no fuera un fenómeno como su mamá, no por él pensarlo, sino que esa era la maldita excusa que le dieron los bastardos hijos de puta que decidieron hacerle eso a los trece años…
Su mente colapsó en aquel momento, y quién tomó su lugar fue William, sólo que… ¿Eso sí había sido abuso? Bill frunció el ceño analizándolo, el doctor Köhn le había dicho que había sido un detonante, un evento traumático sólo que no especificó de qué tipo, pero en realidad, tenía sentido porque él asociaba el contacto físico con algo casi doloroso. Tendría que investigar más al respecto y también conversarlo con el terapeuta, así que, de algún modo, no le había mentido a Monika del todo, sí había recibido una especie de abuso antes, y por lo poco que sabía es que también las personas asexuales no lo eran necesariamente por un evento traumático, quizá por ello su libido se iba dirigida a… Alguien que le transmitía seguridad desde siempre, porque el tacto de su madre siempre había sido algo positivo, el saber que podía abrazarlo si había tenido un mal día.
Su madre había sido su refugio, y tal vez por ello era que ahora lo orientaba de forma enfermiza. No tenía esa seguridad con nadie.
Bill se sentía más confundido en este punto, pero se mantuvo en silencio en lo que terminaba de cenar su mamá, y Tom no le creía del todo que no pasara nada pero le daría su tiempo, porque a las finales, cuando William volvería podría saber si era algo importante, quizá sólo estaba procesando todo lo que había oído.
Tom al terminar y lavar sus platos se iba a meter a la cama, pero decidió ir a ver a Tomi, fijándose cómo necesitaba un cambio de pañal al removerse en sueños, lo puso en la mesa de cambios, aprovechando que estaba algo soñoliento para cambiarle el pañal.
Tomi bostezó cuando terminaron con él, y Tom pensó que sería buena idea darle de beber un poco antes de que se volviera a dormir, y, recordando las palabras del alter, es que sentó en la mecedora de la habitación de Tomi, quitándose la camiseta para darle un poco de leche a su bebé, que mordisqueaba el pezón mientras Tom siseaba del dolor y le dio un pequeño pellizco que hizo que el pequeño dejara de morder sin ponerse a llorar por fruncir el ceño al chupar su pezón.
—¿Ves qué duele? Así también me duele a mí —le habló Tom a su hijo.
Cuando terminó de tomar su leche, Tom lo hizo eructar hasta se mecieron juntos escuchándolo soltar leves respiraciones señal de que se había dormido, Tom lo acomodó sobre su cuna, dejando su oso al lado y se fue a su habitación, estaba totalmente agotado y necesitaba dormir, al menos había puesto de su parte con sus dos hijos, esperaba haber ayudado a Bill y que Tomi se sintiera amado.
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El doctor Köhn estaba viendo con atención a Bill luego de lo que le había contado.
—Bill, comprendo que sí, que es muy probable que esté relacionado tu incomodidad frente al sexo con lo que pasaste antes, sólo que tú me estás diciendo que te lo cuestionas ahora por lo que te dijo tu madre —señaló el terapeuta, ya que Bill le había hablado (omitiendo que pensó en su madre para correrse o que su madre había hablado esto con William, prefería no hacer mención del alter), sin embargo, si bien podría encajar su comportamiento, en realidad parecía como algo más.
—Sí, es que casi no me gusta pensar en… Bueno, lo que pasó —soltó Bill tensándose porque recordaba haber gritado, cómo es que lo sujetaron para taparle la boca mientras sollozaba y le impedían moverse para bajarle los pantalones, él en realidad en aquel momento también se le pasó por la mente el que fueran a hacerle algo más cuando lo miraron burlesco al sujetar su miembro y luego ver todo negro.
Al regresar en sí mismo estaba con sangre en sus manos, sus nudillos algo heridos pero no era la suya la que manchaba sus puños, sus compañeros estaban en el suelo escupiendo el líquido carmesí y al verlo moverse se fueron espantados.
“No tengas miedo, no volverán a hacerte algo, me encargué de eso, sólo lávate y ve a casa”, escuchó la voz en su cabeza, y Bill se tensó, porque se le hacía familiar esa voz de antes, sin embargo, decidió obedecer.
“Cada que necesites ayuda, yo estaré para ti, es normal que te confundas un poco, ¿ok? Pero es necesario, de hecho ya he estado aquí desde mucho tiempo atrás, te dije quién era cuando eras un niño, sólo que decidiste no escucharme pensando que era tu amigo imaginario, y no lo soy, soy muy real, vivo aquí contigo en tu cabeza”, le explicó esa voz parecida a la suya, pero no se le hacía familiar por ello, sino porque sí le había hablado antes.
Cómo es que Bill sufría cada vez que Katherine lo pellizcaba o ponía el tenedor caliente en la mano, los jalones de cabellos o cómo se burlaba de que era un niño llorón y que su mamita no iba a estar para él por más alto que llorara.
Cómo es que luego… Supo que ella no volvería a ser su niñera, porque antes había tenido otras, que más bien eran de dejarlo solo, haciendo que tuviera que ir a buscarse su propia comida y si lo encontraban llamaban la atención, pero era mejor que soportar agresiones físicas, sólo que también hicieron que Bill no se sintiera en confianza.
Y tenía alguien que le hablaba como si fuera un susurro en su oído, esa misma voz que ahora estaba con él, sólo que no era igual, era diferente, como si creciera con él.
“Bill, ya las niñeras no te molestarán, a una la mandé a dormir, pero a otras puedo hacer algo para que no sean así”, le había hablado cuando él tenía cuatro años.
Para Bill era extraño tener una voz en su interior, no podía verlo, miró a los costados y no había nadie.
“No estoy ahí, estoy en tu cabeza”, le volvió a decir esa voz como si le adivinara el pensamiento.
—Pero, ¿cómo estás ahí? —preguntó Bill en voz alta.
“Si me dejas también puedo hablar por ti”, acotó esa voz otra vez.
—¿Qué? ¿Quién eres? —preguntó Bill frunciendo el ceño.
“No lo sé, aún no tengo nombre”.
Bill parpadeó confundido. —Todos tenemos un nombre, ¿o no sabes leer? Mi mamá me dijo que es importante saber leer, aún no sé hacerlo, pero sé cómo se ve mi nombre —acotó el pequeño acercándose hasta el librero y sacando uno de sus cuentos pero se cayó otro libro, que quedó a sus pies, al momento de Bill recogerlo es que notó que había caído una fotografía de allí.

“Tom + Will”, recitaba el texto debajo, Bill sabía reconocer las letras que escribían su nombre pero también el de su mamá, la W era parecida a la B, porque salía en los dibujos de “¿Dónde está Wally?”, pero ese nombre no era suyo, y no sabía quién era ese hombre aunque por el beso debía ser alguien cercano.
“Tu mamá es muy bonito”, escuchó a la voz en su cabeza.
—Sí, mi mami es el más bonito del mundo entero —dijo Bill sujetando la foto para dejarle un beso sobre la imagen de su mamá—. Ah, y tu nombre —siguió hablando el pequeño, aún teniendo la foto en la mano para sujetar el libro de su cuento.
“Mi nombre es Will…William”, respondió la voz.
—¡Oh, sí! Qué bonito, como el Rey William de La princesa cisne —mencionó Bill sonriendo al recordar esa película.
“Sí, como ese, puedes decirme Will porque soy tu amigo”, le respondió esa voz.
—Qué bueno, Will, me gusta tener un amigo aunque no te pueda ver, también me gusta que mami me lea cuentos pero también vea pelis conmigo, amo mucho a mi mami —le comentó Bill a la voz en su cabeza, sintiéndose emocionado porque tuviera su primer amigo.
—Billy, ¿con quién hablas, bebé? —inquirió Tom entrando a la sala y agachándose para verlo sentado en el suelo.
—Con mi amigo Will, mami —respondió Bill y Tom vio la fotografía en la mano de su hijo, tensándose porque pensó que la había botado, seguro su pequeño estaba pensando que hablaba con su padre.
—Esa foto es mía, mi amorcito, así que dámela por favor —pidió Tom tomando la foto.
—¿Quién es él, mami? ¿Por qué te besa? —interrogó Bill.
—Él es tu… Él es… No es nadie importante, mi amorcito —respondió evasivo Tom para darle un beso en la frente.
“Eres William mi amigo imaginario”, le habló Bill a la voz en su interior en el camino a casa.
“Nunca fui tu amigo imaginario, cuando oías llorar a mamá y notabas que no servían tus abrazos para calmarlo porque te decía que no debías estar despierto, entrabas en crisis y yo era quien ocupaba tu lugar, soy real, siempre lo fui sólo que decidiste no oírme. Hagas lo que hagas soy parte de ti”, le respondió William, porque sabía que él mismo era quien salía a flote en cada momento donde Bill se tensaba al oír el llanto de su madre, haciendo que se mantuviera en silencio, ya no interrumpiendo para dejarlo que llore, escuchando todos sus lamentos en lugar de Bill.
“Entonces tú… ¿Me ayudaste?”, inquirió Bill sintiéndose que estaba enloqueciendo al tener una voz en la cabeza.
“Sí, he estado a cada paso que das, y ahora salí otra vez. Sólo que necesito que me dejes ayudarte más seguido, para yo ser quien lidie con la presión en vez de tú solo, ¿está bien? ¿No recuerdas cómo me deshice de la niñera? También las otras niñeras dejaron de molestar, yo fui quien se hizo cargo”, aclaró William en su cabeza.
“Mi niñera se suicidó”, mencionó Bill, es lo que supo años después.
“No lo hizo, yo fui quien le puso raticida en su comida, Bill. Sé que se ve mal, pero ella era cruel no sólo contigo sino con otros niños que cuidaba, la única forma de evitarlo es hacer que se muriera. Estoy siendo muy sincero contigo porque quiero que sepas que no voy a mentirte, así como golpeé a los otros que iban a intentar violarte siempre he estado ahí para cuidarte, tú duermes y yo me hago cargo”, le soltó William en su cabeza y Bill se sintió enfermo con el discurrir de sus pensamientos, cómo es que poco a poco comenzó a ceder, entendiendo que William podía parecer malo, sólo que era por protección.
Si Katherine seguía viva, iba a matar a un bebé, porque sabía que le tocaría cuidar a un recién nacido y William sólo había sido un héroe y su protector.
—Bill —le llamó el doctor Köhn sacándolo de sus recuerdos—. ¿Estás conmigo?
—Sí, doctor —respondió Bill luego de salir de su estado de ensoñación.
—Te decía que en sí es normal que fuera un evento traumático o detonante para tu trastorno de identidad disociativa, y que también puede ser un motivo plausible para tener algún tipo de problema con tus relaciones de pareja o búsqueda de intimidad, es el punto de que recién te lo cuestiones porque te lo dijo tu madre, podría ser que sólo estés en la búsqueda de su validación, o de que sea lo que él dice como ha pasado a lo largo de tu vida —comentó el terapeuta.
Bill frunció el ceño. —No, es que mi mamá me conoce muy bien y por eso es que le hago caso, y usted mismo me está diciendo que tiene sentido. A veces mi mamá me conoce mejor de lo que yo mismo —defendió a su madre, aunque Bill supiera que en realidad sí habían pasado situaciones donde su mamá decidía por él y le enojaba, no creía que tampoco estuviera creyéndole ciegamente como estaba insinuando el terapeuta.
—Bill, no te pongas a la defensiva. Sólo te menciono lo que he notado desde que te conozco, por lo que me has comentado y también por lo que me ha dicho tu madre. El apego que sientes tanto hacia él como hacia William, es casi una codependencia, porque no te sientes capaz de hacer muchas cosas por ti mismo, aunque hayas avanzado mucho, estés interactuando más con otras personas, hasta saliendo solo, teniendo una novia y ahora siento que estás saboteando esto porque significaría buscar tu independencia, que de alguna forma tu madre quiere que permanezcas con él por temor a perderte y tú no quieras notarlo, o lo sepas pero decidas fingir que no para obedecerlo por temor a que deje de amarte, Bill. Esos son los miedos que mayormente he sentido en ti por todo lo que me has dicho, tienes miedo a desobedecer a tu madre y perder su cariño ya que sólo han sido los dos siempre, haces lo mismo con William para no afrontar con la vida, pero parte del crecer es precisamente equivocarse y solucionarlo uno mismo, en tu caso no, buscas la validación y temes que te dejen, tu temor al abandono hace que te quedes en esa comodidad que tú madre sabe y por eso maneja tu vida por lo mismo es que todos estos años tu madre decidió por ti, haciendo que ambos le dieran un lugar en la casa a tu otra personalidad, por más que sea otra personalidad, también te controla y se lo permites porque no sabes poner límites —masculló el profesional y Bill sintió cómo le temblaba el rostro, con la respiración acelerada, tragando saliva con nerviosismo.
—No-o… Mi mamá no, William no… —Bill se interrumpió al hablar, trabándose, boqueando, sin saber cómo responderle, porque no era así, ¿cierto? El terapeuta no conocía a su madre, y claro era un profesional, sólo que él no podía simplemente hablar así a la ligera, su mamá no estaba buscando sabotearlo o él mismo al momento de obedecerle, ¿o acaso se había inventado la sensación de asco? ¿El pavor que lo recorrió y cómo sólo lo hizo por temor a perder la amistad de Monika?
La presión… Temor a perder el amor de… Bill comenzó a hiperventilar, ¿eso era? ¿Él sólo temía perder el amor de la gente que le rodeaba? Su mamá eligiendo su auto, su carrera… No, él mismo la había elegido, ¿cierto? Su mamá eligiendo el que se mudaran sin consultárselo, su mamá… Bill negó con la cabeza, no, claro que no, él podía decidir, por eso escogía sus propias ropas, y la carrera había sido porque le gustaban los videojuegos, su madre no…
—¿Bill? —le llamó el terapeuta viendo cómo es que el muchacho se veía afectado a punto de tener una crisis, por lo que se puso de pie para servirle agua en un vaso, acercándoselo.—Bébela.
—¡No! —dijo Bill, sujetándose la cabeza con el rictus descompuesto.
—Bill, será mejor que lo hablemos en otra ocasión, ¿está bien? Ahora necesitas descansar —sugirió el terapeuta—. Pero ve al baño, mójate la cara, siente el agua en tus manos, y enumera cinco cosas que puedas tocar, oler y oír —instó el profesional, buscando ayudarlo a ponerse de pie.
—¡NO ME TOQUE, NO ME CONOCE NI A MI MAMÁ! —soltó Bill con la mirada perdida, ahora abrazándose a sí mismo mientras temblaba.
—Le avisaré a tu madre para que te recoja porque no estás en la capacidad para conducir de vuelta a casa —respondió el doctor Köhn, ya que Bill estaba muy alterado, por lo que salió de la oficina.
Bill no podía lidiar con la realidad, el terapeuta sí lo había notado desde antes, cómo es que el joven si bien quería buscar ayuda, lo hacía con muchas reservas, el tema de su madre era algo escabroso, no sólo porque tuviera deseos incestuosos, sino que centraba su vida entera al mayor, al punto de perderse como individuo y sólo existir por él. Habían cosas que el profesional sospechaba fuertemente por cómo es que el señor Kaulitz se comportaba en relación a su hijo, no creía que era casualidad, pero si Bill no quería verlo, tampoco estaba en su poder el poder hacer algo.
Continúa…
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