Fic de Kasomicu. Temporada II
Capítulo 31

Bill estaba armando su hoja de vida para enviarla, guiándose de los modelos de internet, porque realmente no había tenido que pensar en hacerse una hasta ese momento, porque la opción de trabajar la veía cuando terminara la carrera, sin embargo, ahora debía hacerlo.
No poseía experiencia alguna, y había terminado su segundo año de carrera, así que de todas maneras se sentía un poco nervioso porque temía fallar y que… Su padre tuviera razón.
Su propio padre que lo había hecho sentir miserable en su cumpleaños, y aún así, Bill quería hablarle para que Wilhelm supiera que él no era un monstruo, como si importara demasiado el qué creyera su padre.
Trató de enfocarse en la pantalla para no ensimismarse en aquel asunto, porque lidiaría con él después.
Al terminar de hacer su hoja de vida, es que se hizo perfiles también en plataformas para encontrar trabajo, ajustando según sus necesidades para tener algo que no demandara mucho tiempo, y que se mantuviera enteramente a distancia o reduciendo al mínimo su interacción social, porque le salían opciones de ventas o atención al público, y Bill sabía que no serviría para algo así. Entre otras opciones salían para moderador en grupos, y tampoco era factible, porque no podía estar a cargo. Bill conforme seguía buscando empezaba a creer que de verdad no podría trabajar, teniendo muy marcadas las palabras de su padre sobre que no podría ser el padre de nadie por cómo era…
Bill sintió esa presión, una autoimpuesta, porque su mamá le había dicho que no era necesario que trabajase pero Bill quería demostrárselo a sí mismo, que sí podía, que su padre no tenía razón, que no era un fracasado.
—Creo que debo ajustarlo aún más —habló Bill para sí mismo, porque no quería rendirse al apenas empezar.
Las opciones en minijob, básicamente orientados para universitarios, que incluían 43.3 horas al mes, tuvo algo que atrajo su atención, dándose cuenta que cumplía con el perfil para ser un tester de videojuegos, en este caso de la empresa Keywords studios estaba buscando nativos alemanes para encargarse de la calidad del juego con respecto al idioma. Bill mandó directamente su hoja de vida para aquella empresa, poniéndole de todas formas alertas para las notificaciones de todo lo que fuera sobre probar videojuegos, no lo veía sólo como jugar y ya, leyendo las descripciones de cada puesto, más era para verificar errores pero era sobre algo que conocía, y por lo mismo, podría desenvolverse mejor.
El cómo Bill se sintió al recibir el correo con “la entrevista” que era básicamente una test de traducción y código roto por correo, fue una mezcla de felicidad pero también ansiedad porque no quería tener que intentar mostrarse carismático en una videollamada, sólo que también comprendía que era algo demandante, y que de los resultados, dependería sí ingresaba o no.
Tenía que analizar capturas de pantalla de un videojuego que aún no había salido al mercado, encontrarle fallas de palabras desbordadas o mal traducidas, más que nada errores, pero debía ser minucioso, así que aunque estuviera de vacaciones, nuevamente se quedó encerrado en su habitación por tres horas para enviar el reporte completo.
Bill cuando lo envió sintió nuevamente la ansiedad, teniendo que salir de su habitación y notando cómo estaba Tomi comiendo con Brit, acercándose a ellos.
—Hola, Bill, no te he visto en todo el día —saludó Brittany con Tomi llamándolo con un puchero.
Bill lo limpió con una servilleta, para cargarlo, dándole un beso en la mejilla, al menos oler al pequeño y sentirlo contra él le transmitía calma.
—Hola, Brit, lo siento, es que estaba haciendo una prueba para ingresar a un trabajo remoto —contó Bill.
—¿En serio? Ojalá que todo te salga bien, ¿quieres que te sirva el almuerzo? —preguntó Brittany, aunque ya faltará poco para que se fuera, y en sí la hora del almuerzo hubiera pasado.
—Sí, por favor, Brit —dijo Bill, aún abrazando al pequeño soltando un suspiro de alivio, quizá necesitaba buscar más trabajos, hacer más pruebas en otros sitios, sólo es que era muy tentadora la opción de Keywords studios porque la comunicó sería escrita no verbal, y sólo orientado a los reportes, así que incluso sin querer romperse solo sus ilusiones, sí quería que todo saliera bien.
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Tom regresó del trabajo siendo recibido por Bill, quien le dio un abrazo y beso, con el rostro irradiando felicidad, haciendo que se la contagiará a su madre aunque no supiera el motivo.
—¿Por qué estás tan feliz, Bill? ¿Qué cosa buena te enteraste? Aparte de haber salido increíble en tu ciclo —musitó Tom viendo a su hijo.
—Ya tengo trabajo, mamá —soltó Bill entusiasmado, y volvió a abrazarlo, en lo que Tom se alegraba por su hijo, pero no por cómo se vio motivado a buscarlo.
—¿Sí, mi amorcito? Cuéntame más —instó Tom en lo que se servía la cena y sentaba con su hijo a comer y conversar, con el muchacho contándole todo lo que había hecho hasta finalmente recibir el correo de aceptación, Tom genuinamente se sentía feliz por él, más cuando se lo decía con una sonrisa y notaba la emoción su voz.
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Bill apenas comenzó a ganar su dinero, es que decidió ahorrarlo, porque en sí al inicio quiso dárselo a su madre para ayudarle con los gastos, pero Tom le mencionó que no era necesario.
—Úsalo para ti, mi amor o ahórralo —instruyó Tom, que valoraba la intención de Bill pero sus ganancias con un trabajo de estudiante era mejor que se las quedara para él.
Bill si bien tomó el consejo de su madre, sin embargo, también decidió al menos comprarle un juguete a Tomi, un perrito de arrastre que hacía sonidos, y para su mamá un guardapelo con la foto de los tres dentro.
Era su forma de demostrarles lo mucho que los amaba, y una manera de extenderles el afecto que sentía por ellos, así sea con un detalle menor.
Tom se dejó el collar puesto todo el tiempo, y Tomi también se la pasaba diciendo “wof, wof” mientras jalaba el perrito de juguete con él.
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Bill cuando al menos pasaron unos meses donde realmente le iba bien en el trabajo, es que se sintió lo suficientemente establecido para hablar con su padre, pidiendo demostrarle que ya estaba trabajando, ganando dinero real, y también para ya terminar esa tortura que representaba el tener aquella tensión. Bill sólo tenía a su mamá y Tomi como su familia, pero Wilhelm seguía siendo su padre, por lo mismo es que intentó nuevamente coordinar el verse.
Wilhelm aceptó verlo pero no en un restaurante, sino en un parque, y Bill lo comprendió cuando le dijo que era por el desplante que le había dado antes.
—Buenas tardes, Bill, ¿qué es lo que deseas ahora? —preguntó Wilhelm viendo al menor.
—Buenas tardes, padre. Quería disculparme por haberte dejado plantado la última vez, y también por mi comportamiento, así sea William otra personalidad mía, era mi cuerpo, tal cual tú lo dijiste, y quizá sea por eso, no porque mi mamá haya dicho algo en contra tuya, sino que aún no nos conocemos del todo bien y tampoco nos acostumbramos a la presencia del otro. En realidad tomé a bien que me dijeras que aún me faltaba cosas por mejorar para crecer como persona, y por eso ahora estoy trabajando —farfulló Bill, que realmente había pensado bien en lo que le diría para evitar más conflictos.
Wilhelm sonrió complacido, porque todo este tiempo le había servido a su hijo para reflexionar y pedirle perdón como se debía.
—Me da gusto que hayas notado tus errores, Bill. Y, ¿ese trabajo que tienes? ¿Dónde es? Porque me imagino que como no has terminado la carrera aún no puedes usarla como una referencia —musitó Wilhelm.
—Trabajo desde casa, me encargo de hacer el control de calidad de videojuegos —respondió Bill, porque el término era más largo, pero en resumidas cuentas eso era lo que hacía.
—Ah… A distancia —soltó en un tono desdeñoso—, pero para tus veinte años, supongo que podrías hacerlo mejor, independizarte, porque, ¿no siempre vas a vivir con tu madre, cierto? Tienes que ver por ti mismo, hijo, estás demasiado sobreprotegido por Tom, de hecho tuvimos unos inconvenientes en el trabajo porque no quiere que hable contigo, sólo que a mí me interesa que estemos bien, porque eres mi hijo, ¿sabes? Quisiera que conozcas a tus abuelos tal como te lo dije antes —mencionó Wilhelm y Bill sintió la garganta apretada, porque era como si no fuera suficiente lo que él hacía, tanto por trabajar desde casa, como también por el que ahora debía pensar en independizarse, aunque sí había sido algo que le había hablado el terapeuta antes.
Bill mismo pensaba si sería mejor retomar la terapia pero con otro profesional, pero, ¿y si sólo se escandalizaba por sus problemas? El pensar en ser internado no sonaba bien.
—No puedo irme de casa porque mi mamá necesita ayuda con Tomi, si bien tenemos a Brit que es quien ayuda a alimentarlo y su cuidado, también me necesita —arguyó Bill esperando que no sonara a una excusa porque no lo era.
—Puedes visitarlo, pero tienes que tener algún tipo de independencia, no siempre esperarás que todo lo resuelva tu madre, ¿cierto? Porque al final de cuentas, eres un adulto, que en un punto buscará alzar sus alas, para decidir sobre tu vida y no que otros lo hagan por ti —farfulló Wilhelm, haciendo que Bill se tensara, incluso si tuviera un punto porque él sabía que no le gustaba que su madre y William decidieran por él, sin embargo, la verdad es que tampoco le gustaba la idea de alejarse, de irse de casa, de dejar a su madre solo o a Tomi.
El regusto amargo que tuvo Bill de regreso a casa, porque si bien conocería a sus abuelos, dentro de unas semanas porque habían viajado a un crucero, de todas formas sentía que le faltaba mucho por conseguir para ser suficiente.
Él mismo se sentía perdido, cuestionándose todo, porque era difícil la relación que tenía con su padre, ya que Wilhelm solía ser hiriente, aunque en este caso tuviera una buena intención, pero Bill no podría dejar a su familia, aunque había dicho visitarlos… ¿En serio Bill tendría que dejar todo para sentirse realizado? Para… Que su padre sintiera que era suficiente, para que dejarán de manejar su vida… Bill se sentía muy aturdido, y ese pensamiento estuvo en su cabeza de forma obsesiva.
Cómo es que empezó a investigar sobre alquileres de lugares, incluso aunque no pudiera hacerlo como tal ahora, porque quería comprarle un regalo para su mamá por su cumpleaños, que ya a iba cumplir treinta y siete años, sólo que él no podría conseguir algo tan ostentoso como el regalo que le había dado su padre, sin embargo, también sabía que debía hacer algo más especial que el guardapelo, y no quería preguntarle directamente porque ya lo había hecho y decía: no necesito nada.
No es que Tom quisiera menospreciarlo, era que no quería gaste su dinero en él.
Pero Bill sí se puso a observar atentamente cada momento donde su madre regresaba a casa, al menos cuando pudiera antes de tener que regresar a hacer sus informes por trabajo, sin embargo, sí intentaba ver qué cosa podría hacerle falta.
Tom regresaba, cenaba, iba a ver a Tomi, se quedaba un rato en el cuarto de entrenamiento, salía, se bañaba y dormía, o al menos eso suponía porque se mantenía en su cuarto con la luz apagada.
Pero Bill empezaba a pensar que tal vez tendría que analizarlo a profundidad, incluso aunque podría considerarse algo fisgón por hacerlo, debía ver qué era, ¿tal vez algún implemento de su gimnasio? Bill no es que fuera el más adepto a entrar a aquella habitación, si lo hacía era para estar un rato en la caminadora y ya.
Sin embargo, no tenía que lucir como un acosador si fingía interés en ejercitarse junto a su madre, ¿cierto?
Bill abrió la puerta encontrando a su madre echado sobre el banco de pesas, alzando una, haciendo que el de cabello oscuro sintiera que se le secara la garganta al observar a su madre con una camiseta sin mangas mientras estaba sudado, haciendo que se le notaran más los músculos que estaba marcando, principalmente hombros y pectorales, a lo que el mayor acomodó de nuevo las pesas, quedándose acezado e irguiéndose para ver a su hijo en el umbral de la puerta.
—¿Bill? —preguntó Tom dubitativo, porque no sabía si era realmente su hijo o Will, al ingresar viéndolo con tanta fijeza, y más cuando nunca entraba al gimnasio.
—Ah, sí, mamá, quería hacer un poco de ejercicio —soltó Bill, sonrojándose por cómo se quedaba viendo el sudor sobre la piel descubierta del mayor, habiendo hasta olvidado la razón por la que había ido en primer lugar.
Tom distinguió la dilatación en sus ojos como nerviosismo y excitación, precisamente porque así lo veía William, sólo que él sabía que era por los “sueños” de su hijo, que en realidad eran los recuerdos del alter, es que su hijo lo “veía” de otro modo, y eso lo inquietaba, porque sabía que buscaba controlarse y que se culpaba por ello, pero la memoria sensorial por todo lo que había hecho con William es que había provocado eso en su hijo, por lo mismo evitaba estar tan “descubierto” frente a él, sin embargo, en este lugar era donde menos esperaba verlo.
—¿Ah sí? Está bien, hijo. Yo justamente había terminado —se excusó Tom, poniéndose de pie.
—¿En serio, mamá? Si apenas has entrado hace poco —arguyó Bill fijándose en algo extraño en el brazo de su madre, haciéndolo fruncir el ceño.
—Sí, es que estoy un poco cansado, iré a bañarme, leer un poco y dormir —respondió Tom evasivo.
—¿Estás saliendo con alguien? —preguntó Bill aún con la vista fija en su brazo.
—No, Bill, no tengo tiempo para eso ya te dije antes —contestó Tom sin entender.
—Tienes un implante subdérmico —expuso Bill, entendiendo que era un método anticonceptivo que habían visto en la escuela, sin embargo, su madre no lo tenía puesto antes.
Tom se tensó, porque ya que las inyecciones anticonceptivas a veces podían fallar si no se las ponía a tiempo, es que decidió ponerse el implante porque le duraría cinco años sin tener que estresarse más por ello.
—¿Estás acostándote con mi padre? —cuestionó Bill directamente apretando la mandíbula.
—Bill, no, sólo es por prevención —dijo Tom, tapándose el implante por inercia.
—Tú lo has dicho, mamá, no tienes tiempo para eso… Casi no sales de casa, vas del trabajo de regreso a la casa, sólo… Tendrías tiempo para hacerlo en el trabajo, estás que me repites que no quieres volver con mi padre pero si le das el doble mensaje de estar acostándote con él sin tener nada serio, es evidente que él va a creer que tiene algún tipo de oportunidad contigo, mamá. Está que insiste en que quiere ser papá de Tomi y todo eso porque, ¡tú le das cabida! —replicó Bill impacientándose porque su madre no se diera a respetar si estaba teniendo sexo con su padre, haciendo que el joven sintiera enojado con ambos, con su padre por tocar a su madre, y también con su madre por aceptarlo.
Tom se sorprendió por cómo es que Bill estaba alterado al reclamarle, Tom no podía decirle que con quien se estaba acostando era con William.
—No me alces la voz y no me estoy acostando con tu padre, Bill Kaulitz, y no tengo por qué hablarte sobre mi vida sexual porque soy tu madre, esto no es de tu interés —soltó Tom tajante porque debía hacerle recordar los límites, por más que su cabeza hiciera que su hijo lo viera como suyo, y por ello sonaba celoso, quien era su marido era William, no él.
Bill suavizó su expresión, dándose cuenta que había actuado por impulso, tragando saliva con nerviosismo. —Lo siento, mamá, tienes razón. Perdón —masculló el menor, rascándose el cuello y mirando a un costado.
Tom salió de la habitación dejando a su hijo solo, quien de todas formas, pese a la culpa por haber sido inadecuado, sólo sabía que había algo que estaba ocultándole su madre, porque esto había sido algo reciente, y Bill no podía dejar de pensar que era su padre, ¿por qué él tenía que tocarlo? Bill quería justificarse en que sólo era su preocupación por evitar que lastimaran a su madre, que terminara deprimido como cuando murió el padre de Tomi, porque su padre también era algo inestable, confuso, que podía herir pero también querer, haciendo que su estómago se apretara al recordar el acercamiento que habían tenido en el cumpleaños de Tomi, si bien su madre se alejaba, sabía que no había sido siempre así… No sólo por su nacimiento años atrás, sino por las citas que tuvieron al volver a Berlín, y…
Bill sintió cómo chirriaron sus dientes por la tensión y rabia, los… Celos. Podría decir que sólo era una excusa por preocuparse, pero no, eran celos porque podía imaginarse con facilidad todo lo que haría su padre con su madre por sus sueños, y no quería que siguiera pasando. Sin embargo, era algo de lo cual no tenía el control. Era más fácil cuando su madre no tenía pareja, porque no tenía que compartirlo con nadie.
¿Qué?
No, Bill negó su cabeza ante la dirección oscura que iba tornándose, él no… Él sólo era su hijo, de hecho lo compartía con Tomi, porque eran sus hijos, pero su mente iba pensando en Tom como suyo, su propiedad, como… Hombre.
Miró la banca de pesas donde quedaba el rastro de sudor de su madre, y cerró los ojos, tenía que irse de allí, tomar una ducha y pensar en algo más, tenía que despejarse, y dejar de intentar vigilarlo, no le correspondía. ¿Qué mierda estaba pensando?
Bill se sintió enfermo y salió del gimnasio para ir hacia su propio cuarto. El regalo de su madre había quedado en el olvido.
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Tom se estaba bañando sintiéndose frustrado mientras lidiaba con la culpa, y aún más porque sabía que una parte suya quiso que ese deseo fuera porque era el alter viéndolo, no su hijo, porque claro, le encendía ver esos ojos sobre él, pero por William, porque disfrutaba sus ganas, su posesividad por él, cómo es que el alter despertaba tanto en Tom, pero… No había sido William quien estaba mirándolo con deseo y celándolo, había sido Bill, y su cuerpo de todas formas, había reaccionado ante esa mirada, haciendo que Tom se sintiera enfermo y culpable, tanto por él sentirse así por su hijo directamente, y no el alter, aunque fuera por la asociación, y también cómo es que Bill había actuado así por los recuerdos de William filtrándose en su cabeza, haciendo que también la diferencia entre sus sueños y realidad, fuera difusa.
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Bill estaba intentando concentrarse netamente en que estaba con frustración sexual porque no se había masturbado por estar priorizando el trabajo, y que sí, por eso era que tenía esos pensamientos enfermos con su madre, sólo eso y nada más, no podía pensar en hablar con un terapeuta o contárselo a alguien más, ni mucho menos conseguirse a nadie, no, todo el contacto humano le daba mucho asco después de las desastrosas experiencias que había tenido.
Así que se centró en lavar sus juguetes, y sacar su lubricante para emplearlos, sólo eso, y ya, sin pensar en nada ni nadie, sólo… Liberar la tensión.
Se sentó en la cama, bajándose los pantalones y bóxer, liberando su erección, y echándole el gel a la abertura de su juguete para facilitar la intromisión, de todas formas echó un poco del líquido sobre su dureza, relamiéndose los labios antes de alinearla contra el interior del masturbador, metiéndole su pene, y haciéndolo subir de arriba a abajo sobre su hombría, cerrando los ojos, mordiéndose el labio inferior al sentir cómo es que el juguete de silicona era un sitio apretado donde hallaba un tipo de calma para sus deseos, haciendo que por momentos se le escaparan jadeos y gemidos, por más que intentara acallarlos, más que nada porque iba a correrse pronto.
Era mejor así… Sin emociones, sin contacto real, sólo su mano siendo quien guiara al juguete, su mano que era suya, no de alguien más, no le interesaba incluir a nadie más, era sólo Bill y su propio placer, sin lastimar a nadie, ni él salir lastimado.
Sólo quería venirse, limpiarse y dormir, sólo eso, ya iba a llegar, aumentando el bamboleo haciendo que la fricción fuera mayor con sus movimientos de muñeca sobre el masturbador.
—Bill, hijo, escuché bulla y… —escuchó la voz de su madre mientras abría la puerta, encontrándolo allí con el juguete alrededor de su miembro, haciendo que Bill parara sus movimientos, pero no perdiera la excitación, porque no podía, por más que sintiera la culpa y vergüenza recorriéndole al ser encontrado precisamente en aquel instante, incluso aunque Tom mismo le hubiera dicho que se comprara los juguetes, y Bill fuera un adulto, no dejaba de ser un momento por demás incómodo.—Bill… —habló el castaño acercándose hacia a él.
—Mamá, yo… Perdón —soltó Bill en un resuello, aún congelado sobre su sitio, parpadeando ante la idea de que estaba semi desnudo, que tendría que taparse al menos con la sábana para ocultar su erección, y cómo se odiaba tanto porque no se le bajaba.
“¿Cómo se me va a bajar si me excito con mi madre?”, pensó Bill sombríamente.
Bill iba a taparse con la sábana luego de que recordaba cómo debía mandarle órdenes a su cerebro para que activara su cuerpo, pero su madre lo tomó por la muñeca, deteniéndolo.
—No, Billy, no tienes por qué sentir vergüenza, soy tu madre, saliste de mí, yo te bañé y cambié los pañales, yo conozco cada parte de ti —arguyó Tom con una sonrisa que hizo que Bill se estremeciera porque aquella frase no parecía ser la adecuada para un momento así, y, ¿lo peor? Es que ni Bill siendo consciente de que su madre estaba enumerando momentos así de sagrados, perdía su excitación.
—Sí, pero mamá, yo… Debí cerrar la puerta, no debiste verme así cuando estoy… —respondió Bill, aún sintiendo el tacto de su madre alrededor de su muñeca quemarle y darle un corrientazo de electricidad porque seguía sensible con la presión del juguete alrededor de su hombría.
—No, Billy, mamá siempre va a estar para ti, y nunca te juzgará, ¿lo sabes, no? No sientas que no puedes confiar en mí si siempre te he ayudado en todo, mi amor… Y, ¿quién mejor que mamá para saber lo que tú necesitas? Mami puede ayudarte incluso en cosas así, mamá puede hacerlo mejor que un sustituto de plástico —masculló Tom, sacando el masturbador del miembro de su hijo dejando a Bill anonadado cuando observó al mayor inclinarse para comenzar a chupársela…

Boca de algodón, calidez, algo estrecho mejor que el juguete…
Bill se irguió en la cama, sudando y dándose cuenta que estaba solo en su habitación, no estaba con los masturbadores ni tubo de lubricante ni… Su madre, sólo había sido un sueño, sólo que este no había sido como los otros que se habían sentido inconexos, era diferente, y se estremeció por ello.
En los sueños su madre no hablaba, sólo gemía, y ahora… Temblaba ante la horrible forma que había justificado todo en su cabeza. Haciendo que la idea de independizarse sí sonara mejor, porque le daba pavor en lo que se estaba convirtiendo si seguía dependiendo tanto de su mamá para que le solucionara todos los problemas como le había dicho su padre.
Continúa…
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