Problemas familiares 32

Fic de Kasomicu. Temporada II

Capítulo 32

Bill terminó por comprarle por su cumpleaños unos libros del autor favorito de su madre, básicamente por revisar en los que había leído últimamente, haciendo que el cumpleaños del mayor transcurriera con normalidad, como cayó día de semana, fue sólo una cena en un restaurante donde Tomi estaba fastidiado pero que no duró mucho tiempo por lo mismo.

Tom no quería gran cosa para él mismo, no es que tuviera mucho apego a sus cumpleaños, no cuando no había sido motivo de celebración nunca, ni de niño, y ahora sólo era otra fecha más, haciendo algo para salir al menos más que nada por su hijo, para que viera que estaba haciendo algo por sí mismo. Pero Tom sólo quería regresar a casa y dormir, porque tener treinta y siete años sólo lo hacía sentirse más viejo y agotado.

Bill sólo pensaba en que quería ir juntando más dinero para pensar en poner distancia entre su madre y él, sólo que no quería decírselo, no quería darle esa presión o dolor, porque sí los visitaría, porque los amaba, sólo que era necesario crecer y separarse, incluso aunque fuera por los motivos… Distintos a lo que la mayoría quería al momento de irse de casa, no lo hacían por pensar en querer cogerse a su madre, y el regusto amargo de aquel apodo de burla en la universidad resonaba en su cabeza.

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Cuando Bill recibió el aviso de su padre que el fin de semana sería el almuerzo para que conociera a sus abuelos, él se sentía nervioso, pero en parte preparado, porque ya hasta tenía opciones reales de sitios donde pensaba alquilar, incluso los teléfonos de los caseros, sólo que como todavía no conseguía juntar lo suficiente para tener el mes de garantía, adelantado y también para los recibos, es que no estaba comunicándose aún, pero podía decirle algo más tangible a su padre si se lo mencionaba frente a sus abuelos, que él como muchacho de veinte años, ya estaba más listo para independizarse en algún momento dentro del próximo año quizá (que ya era ventaja cuando antes ni siquiera se lo había planteado), así que le confirmó a su padre, pidiéndole la dirección, pero Wilhelm dijo que lo recogería, haciendo que Bill sintiera el fastidio por recordar que estaba acostándose con su madre, pero decidió morderse la lengua, porque no era su asunto.

Sólo esperaba no tener que ver una interacción entre ambos porque lo ponía mal, con o sin peleas, no quería verlos juntos, sólo que tampoco quería decirle eso a su padre, porque mantenía diciendo que Tom lo aceptaría en algún punto.

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Tom observó cómo es que su hijo se había arreglado para salir, y por lo general, evitaba hablar al respecto, más que nada porque sabía que no debía sentir “celos”, no por Bill, sino por posibles parejas, sino que la vida social de su hijo se limitaba a hablar con la niñera, que por suerte se mantenía solamente en algo amical, suponía por los cambios de Bill y William en su trato, y… Wilhelm, así que era más que probable que su hijo iba a salir con su padre.

—¿Vas a venir temprano, hijo? —preguntó Tom mientras que Tomi se aferraba a las piernas de Bill, quien lo cargó para abrazarlo y darle besos sobre su cabecita.

—Sí, mamá, sólo iré a conocer a mis abuelos —se sinceró Bill, y Tom resistió las ganas de querer despotricar contra ellos, o el riesgo que podría tener si estaba solo contra varios Trümper, sin embargo, recordó lo que le había dicho William y sólo se limitó a sonreír.

—Bueno, cuídate, ¿está bien? —pidió Tom acercándose para besarle en la mejilla y Bill le besó la frente a su mamá.

—Sí, mami, gracias, ahora te dejo a este pequeño travieso que no me va querer soltar —masculló Bill, y Tom suspiró, en lo que sujetaba a su hijo menor que no quería soltar a Bill, comenzando a sollozar—. Voy y vengo, Tomi —le habló al pequeño, sintiendo su corazón apretarse, tendría que visitar muy seguido a su mamá para que Tomi no pensara que estaba abandonándolo, porque no lo hacía, la besó sus mejillas, secándole las lágrimas y sintió la vibración en su bolsillo, así que sabía que su padre ya había llegado—. Ya llegó mi papá, ya me voy —dijo el muchacho, separándose de su hermanito con una expresión de disculpa, para salir de la casa.

—Sé que lo extrañarás, y yo también, pero cuando vayas al jardín de niños tampoco estará Bill allí, Tomi —le habló Tom a su bebé, que sólo lloraba más y más—. Vamos a ver televisión, tal vez esos dibujitos te ayuden a calmarte un poco —acotó, sentándose en el sillón mientras encendía la televisión, buscando los canales para niños, incluso si sabía que no era lo mejor entretenerlo con aquel aparato desde tan pequeño, quería que dejara de llorar porque no bastaba con un abrazo, el pequeño sólo se removía más sin parar.

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Bill al salir vio que su padre trajo un auto, y no su usual motocicleta, así que se subió en el asiento de copiloto cuando el mayor le abrió la puerta, sonriéndole.

—Hola, hijo, a tus abuelos no les gusta que conduzca la moto, así que es mejor irlos a ver en auto —explicó Wilhelm a la pregunta no dicha por Bill.

—Hola, papá, está bien —respondió Bill, quedándose en silencio mientras pensaba cómo es que iba a ser conocer a sus abuelos, porque había visto algunas fotos que le había enviado su padre, diciéndole que se llamaban Simone y Gordon Trümper, ambos con el cabello oscuro, así que suponía que ese rasgo distintivo lo tenían por ese lado, pensando que eso hacía que también pareciera más hermano de Tomi, por lo mismo le habían dicho en diferentes ocasiones que parecía el padre de Tomi en vez de su hermano, sin embargo, habían muchas personas con el cabello negro, y lo único que Bill sentía pena era que su hermanito no podría conocer a su padre biológico.

Bill mismo se preguntaba si acaso su madre tendría fotografías con el padre, y si le diría el nombre en algún momento, porque se imaginaba que eso sí sería necesario de saber para contarle a Tomi cuando creciera, sobre sus orígenes principalmente.

—¿Cómo está tu madre? —inquirió Wilhelm, sacándolo de su ensoñación, haciendo que Bill recordara el implante.

—¿No se están hablando en el trabajo? —cuestionó Bill arqueando una ceja, porque él no le creía a su mamá que no estuviera teniendo sexo con su padre.

—No, hijo, tu madre me evita, te dije que si bien quiero volver con él, pues no se lo ha tomado tan bien, y mantiene esa… Forma de ser tan intransigente, y lo conozco, la verdad siempre me agradó que fuera así de fuerte, ¿sabes? El problema es cuando eso lo usa en mi contra, no me está dejando entrar, manteniéndose hermético con su idea de no regresar, y de paso buscaba alejarme de ti —arguyó Wilhelm con simpleza, con Bill procesándolo.

—¿Entonces ustedes no han tenido relaciones? —preguntó Bill parpadeando confundido.

—Hijo, no es que sea el tipo de cosas que le preguntas a tus padres, déjame decirte —musitó Wilhelm—, pero no, últimamente no —acotó el mayor, pensando que quizá era porque no habían muchos años de diferencia que preguntaba esto de esa forma, o porque precisamente Tom no le había puesto límites.

Bill se mordió el interior de su mejilla, pensando que si no se había acostado con su padre, ¿con quién lo había hecho? No se daba cuenta que estaba rascándose compulsivamente la muñeca hasta que su padre le palmeó la mano.

—Hey, no te hagas eso, vas a lastimarte —regañó Wilhelm y Bill lo miró.

—Lo siento, papá —repuso Bill, intentando tener las manos quietas sobre sus muslos.

—Procura no hablar de estos temas frente a tus abuelos, ¿está bien? Yo nunca les presenté a tu madre, pero sí les he hablado sobre ustedes —farfulló Wilhelm, que había sido un poco complicado explicarlo, porque sus padres no sabían que él era bisexual, y tampoco que se había metido con un hombre intersexual al que dejó embarazado, omitiendo la parte de que era menor de edad porque suficiente estrés tuvieron con comprender que era un hombre y no una mujer, y para más inri, un hombre con vagina, pero tomaron más importancia al hecho de que… Les había dado un nieto.

—Entiendo, ¿se lo tomaron a bien? —cuestionó Bill un tanto inseguro porque siempre había sido motivo de rechazo la intersexualidad de su madre.

—Sí, claro, no tuvieron ningún problema —respondió Wilhelm con una sonrisa de medio lado.

—¡Eres homosexual y te metiste con un desviado que tiene vagina en vez de pene! —gritó Gordon cuando Wilhelm los vio antes de llevar a Bill, y él tensó la mandíbula.

—Estamos en pleno siglo XXI como para que estas cosas sean trascendentales, padre, lo importante es que les di un nieto, ¿no están felices por eso? Y ese “desviado” que ustedes dicen es un hombre muy talentoso, Tom Kaulitz, el mejor genetista de Alemania, así que no es que me haya metido con cualquiera —defendió Wilhelm a su ex, porque incluso aunque tuvieran una relación tensa, sabía quién era.

—¿Por qué no podías sólo embarazar a una mujer normal y no una mujer que se cree hombre? —inquirió Simone con expresión de asco.

—No es una mujer que se cree hombre, es un hombre con vagina, existe la intersexualidad incluso si su mente no lo entiende, queridos padres. Y realmente ya cumplí cuarenta años como para que estén con estas cosas, supérenlo y agradezcan que les di un nieto que es idéntico a mí, así que es un Trümper de nacimiento —rebatió Wilhelm.

Y… La charla fue larga pero finalmente accedieron a la idea de tener un nieto, aunque estuvieran un poco reacios a que Wilhelm quisiera casarse con Tom, pero de todas formas, habían cedido un poco más cuando Wilhelm les habló sobre el prodigio que era su ex. Pero eso no tenía que saberlo Bill.

—Me alegra que sean tan comprensivos —mencionó Bill, sonriendo porque no sería rechazado por su madre, ya que si le decían algo a él, le afectaba también al mismo Bill.

—Sí, tus abuelos son geniales, excelentes personas —masculló Wilhelm, sabiendo que era mejor que su hijo no supiera todo lo que habló con sus padres, principalmente por cómo es que Bill era con respecto a su madre, tan protector que se le notaba la incomodidad sobre algo negativo que dijeran por su condición.

Cuando llegaron a la mansión de los Trümper, es que Bill se sorprendió, porque claro, no es que hubiera vivido algún tipo de carencia a nivel económico, fuera de la que pasaron cuando era muy pequeño para resentirla del todo, porque Tom igualmente se las arreglaba para evitar que le faltara algo a su hijo, hasta que se establecieron y tenían esa comodidad actual, sin embargo, nunca habían tenido una casa así de inmensa con empleados que se encargaran de abrir las rejas para pasar a un inmenso jardín hasta estacionarse, realmente sus abuelos debían ser muy pudientes para permitirse algo así.

Y más cuando un mayordomo fue quien les abrió la puerta, en un ataviado traje, haciendo que Bill se sintiera por mucho fuera de lugar con sus jeans, camiseta negra y una casaca. Su padre también estaba vestido un poco más formal así que empezaba a darse cuenta que quizá debió elegir otra vestimenta para la ocasión.

—No te encorves, hijo, eres alto, que se te note —instó Wilhelm y Bill obedeció, dándose cuenta que por desanimarse estaba asumiendo una mala postura.

Cuando llegaron hasta sus abuelos sentados en unos sillones que fácilmente Bill había visto en las revistas de diseños de interiores, es que su estómago se le apretó más, observando cómo se ponían de pie y su padre le palmeaba la espalda casi empujándolo para que fuera hacia ellos.

—Padre, madre, él es Bill, mi hijo —presentó Wilhelm a Bill, quien sonrió aunque estuviera nervioso.

—Hola, señores Trümper —dijo Bill con la voz temblándole.

—Oh mi Dios, no mentías cuando dijiste que era idéntico a ti, es precioso, y dime abuela, corazón —instruyó Simone sujetando el rostro de Bill, fijándose que, en efecto, su nieto era viva copia de su hijo cuando era joven.

Bill si bien no era adepto al contacto físico, sí dejó que su abuela lo acariciara, sintiendo que era apreciado por el roce, forma en que lo veía y las palabras afectuosas.

—Un joven muy bien parecido realmente, es un placer conocerte, Bill —habló Gordon, extendiendo la mano y Bill se la estrechó, sintiendo el apretón fuerte del mayor.

—El placer es mío, ¿abuelo? —preguntó Bill dubitativo y el mayor asintió.

—Sí, somos tus abuelos, hijo, ven siéntate —instó Gordon mientras todos se acomodaban en los sillones—. ¿Y a qué te dedicas, Bill? Tu padre me dijo que ya tenías veinte años.

—Ah, sí, estoy estudiando la carrera de Ingeniería de Software con especialidad en Diseño y Desarrollo de videojuegos, también estoy trabajando para próximamente conseguir un apartamento para independizarme, tal como me dijo mi papá —respondió Bill, sintiéndose un poco más tranquilo de tener algo qué decir, y Wilhelm sonrió orgulloso porque le había hecho caso.

—Oh, de esas carreras modernas —masculló Gordon con una sonrisa fingida, que por suerte Bill no supo identificar como tal, Wilhelm sí pero comprendía que básicamente si bien su hijo podría tener algún tipo de carrera sólo para entretenerse y no algo útil como tal, lo principal era que al menos tuviera una carrera y trabajara aunque no fuera igual que exitoso que sus padres.

—¿Y ya tienes las opciones para tu apartamento? —cuestionó Simone viendo a su nieto.

Bill en sí se había inscrito en el portal de la Oficina de Vida Estudiantil, y ya tenía las opciones de plazas en Marzahn, que si bien era un distrito alejado de casa, podría visitarlos usando el tren o el auto, dependiendo de cuánto le saldría la gasolina.

—Sí, tengo unas opciones de alquiler en el distrito de Marzahn —respondió Bill y sus abuelos pusieron expresión de descontento.

—¿Un Trümper alquilando? ¿Y en un distrito así? Wilhelm, ¿en serio vas a permitir que nuestro nieto busque vivir en un lugar así? —preguntó Gordon con tono recriminatorio mirando a su hijo, porque precisamente a Wilhelm lo económico era algo que no le habían fallado jamás, sin mencionar que era algo humillante para ellos que su nieto quisiera vivir en aquellos bloques de pisos de la época comunista, como si fueran pobres o gente de mal vivir.

Bill iba a corregir que él no era un Trümper sino un Kaulitz pero su padre es quien habló por él, porque Wilhelm mismo no conocía aquella información hasta que su hijo se la dijo.

—Por supuesto que no, sino que como ha sido su cumpleaños hace poco, iba a decirle que iba a comprarle un apartamento —se apresuró a contestar Wilhelm, porque no le había comprado nada a Bill por su cumpleaños, y la verdad iba a mantenerse al margen sobre el tema de la independencia de su hijo, sin embargo, no podía dejar que su padre pensara que él iba a permitir algo así, más que nada porque también le había dicho que entonces todos estos años no se había hecho cargo de él, porque Wilhelm no le había dicho sobre la existencia de su hijo y sus padres le habían insistido que él debía sentar cabeza, casarse y darles descendencia para su legado, por su apellido y también las empresas que poseían los Trümper, sólo que él mismo siempre había querido brillar con luz propia, y por lo mismo es que había decidido estudiar una carrera que era lo que siempre había amado desde pequeño y no sólo quedarse a estudiar Derecho o Gestión empresarial, que era lo que le habían dicho.

Bill se quedó mirando a su padre porque no se lo había mencionado antes, quedando bastante sorprendido porque de por sí costear un alquiler, servicios y gasolina con un trabajo como el suyo representaba un reto, por eso iba a hacer más horas para poder independizarse como tal, pero que su padre le comprara un apartamento… Claro que simplificaría por mucho su situación.

—Que sea en la mejor zona, Willy, porque sólo lo mejor para nuestro Billy, nosotros mismos podemos ir viendo opciones para que sea un regalo conjunto para nuestro nieto, por tantos años que no hemos podido darte algo —masculló Simone mirando a su nieto con una sonrisa, y es que ella había querido tener nietos antes, le hubiera gustado disfrutar del pequeño, porque en sí habían sido muy tajantes al casarse, sólo teniendo a Wilhelm, sin más hijos porque representaban una interrupción a su estilo de vida, y ella misma no se había hecho cargo de su hijo, dejándoselos a las criadas, para enfocarse en su vida, sin embargo, con el paso del tiempo, y la nostalgia, es que quería vivir la experiencia de tener nietos, bisnietos, entre otros pero Wilhelm nunca dio señal de querer establecerse, sin importarle nada más que su carrera.

—Eh, gracias —farfulló Bill sin saber cómo sentirse ante ello, una parte suya sólo quería rechazar el regalo, más que nada porque sería una suma importante de dinero y él apenas los conocía, sin embargo, también sabía que no sería la mejor opción el sólo hacerles sentir el desplante cuando querían hacer algo significativo por los años en que su padre no estuvo en su vida.

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Bill sentía el peso de estar ocultándole algo importante a su madre, porque no quería decirle que sus abuelos y padre iban a comprarle un apartamento, porque también implicaría que le contara que él quería irse de casa, así que se sentía un traidor, incluso aunque no estuviera haciéndole algo directamente a su madre, era porque todo esto lo hacía a sus espaldas, ya que… Era algo que a él mismo le costaba procesar.

Cómo es que Bill sabía que no quería irse de por sí, sino que le daba mucho miedo los sueños que tenía, manteniendo el sentirse agotado como excusa para no compartir mucho tiempo con su madre, más que nada porque se sentía muy inquieto cerca suyo.

William ni siquiera estaba ahí para aconsejarle, porque su último mensaje al respecto había sido que no era para tanto y eso no se sentía cómo una respuesta real, a veces Bill quería decírselo a su madre, directamente explicarle lo que se quedaba atorado en su garganta, porque él había sido quien le había apoyado desde siempre, sólo que habían cosas que no podía contarle, y precisamente era una de esas porque lo incluían.

No es que quisiera pedirle la ayuda que le había dado en su sueño, aunque probablemente fuera un deseo de su inconsciente asociando al hecho de que su mamá siempre le había buscado facilitar la vida, pero no, no quería pedirle eso, o bueno, no debía, su madre no era un objeto para saciar sus deseos como sus masturbadores, su madre era el amor de su vida, sólo que en un sentido no romántico, más era la persona más importante en su vida, a quien amaba tanto que jamás se atrevería a hacerle daño, incluso aunque le ocultara cosas… Porque tenía un amorío en su trabajo, con alguien que no era su padre y eso se frustraba, aunque lo comprendía, Bill mismo quiso que superara al papá de Tomi, y si bien no distinguía un aroma diferente en él como cuando lo olió al perfume de su padre, sí suponía que debía estar con alguien y… Era de esperarse también, su madre era hermoso, eso lo sabía bien desde que era un niño, por cómo lo veían cuando lo recogía de la escuela o iba a las reuniones, incluso sus maestros, había sido alguien que atraía miradas desde siempre, creyendo que era su hermano mayor.

Bill sabía que cualquier hombre podría querer estar con su mamá, sólo que… No le gustaba la idea de que estuviera con alguien, no sabía por qué, estaba habituado a la comodidad de que su madre siempre estuviera soltero, sólo enfocándose en su trabajo, y en él, que le había chocado cuando lo sintió distante por… Bueno, porque en ese momento había empezado suponía a salir con el papá de Tomi, y luego… Salió embarazado, pero se deprimió, perdiendo todo el brillo que había tenido toda su vida ese hombre fuerte, mostrándose tan frágil y dependiente por la ausencia de alguien importante en su vida, alguien que Bill nunca conoció y alguien que no era él, ese regusto amargo de saber que hubo un hombre más importante en la vida de su madre cuando él había sido el único, y sí, sonaba mal y egoísta, sin embargo, así lo sintió.

Bill sólo había querido tener la atención de su madre para él, y no le molestaba compartir esa atención con Tomi, aunque no fuera la misma, lo sabía, pero igualmente. Y… Pasó de hacerse cargo de su hermano menor, y también de su propia madre, a estos deseos… Que estaban por demás mal, porque si bien amaba a su mamá, no había sentido un deseo sexual por él nunca, no obstante, suponía que todos los cambios que habían pasado por el paso del tiempo, y la desaparición de William habían afectado a su psique.

William siempre había sido también quien le facilitaba todo, lo aconsejaba en lo que no podía decirle a su madre para no darle ese peso, y en aquellos momentos donde se hablaba solo, había sido quien lo protegía pero ahora no podía, porque el accidente los había separado, y sólo salía en momentos de mucho estrés para “salvarlo”, sólo que no podían estar tan unidos como antes y Bill también resentía el abandono del alter, aunque no fuera intencional, porque lo extrañaba, y en parte lo culpaba, aunque él mismo supiera que no era su culpa, porque William estaría con él de poder tener el control que poseía antes.

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Cuando pasaron las semanas, es que finalmente Wilhelm se comunicó con Bill para que fueran a firmar el contrato para que se hiciera válida la compra de un apartamento en una zona más acomodada, céntrica y más cercana también a la casa de su madre, lo cual era beneficioso porque Bill pensaba en las visitas necesarias para ver a Tomi.

Así que Bill fue a la firma del contrato, donde estaban sus abuelos, sólo que… Se quedaron viendo conforme el joven llenaba sus datos.

—¿Kaulitz? Wilhelm Trümper, ¿no has firmado a tu hijo todavía? —increpó Gordon con expresión enojada observando a su hijo.

—Aún no, porque no hemos arreglado la situación con su madre, Tom no es que quiera dar su brazo a torcer con este tema —arguyó Wilhelm con nerviosismo y miró a su hijo—. Yo te lo dije, ¿cierto, hijo? Que quería darte mi apellido, también casarme con tu mamá…

Bill observó a su padre, porque sí se lo había mencionado, sin embargo, Bill mismo no había aceptado a cambiarse de apellido porque sentía que sería como negar a su madre, quien había sido quien le dio la vida pero también quien hizo todo por él, y estando solo, por más que le gustara tener un padre y abuelos, no podía sentirse conectado a ellos al punto de dejar de ser un Kaulitz para convertirse en un Trümper.

—Sí, me lo dijiste, papá. Aunque mi mamá no quiere regresar contigo —contestó Bill, siendo más bien puntual con el tema.

—¿Ven? No es cosa mía, no tengo control sobre la mentalidad de mi ex, o lo que quiera hacer para separarme de mi hijo —mencionó Wilhelm con un tono dolido y Bill sintió la presión dentro suyo, su madre no le había dicho nada, sino que Bill mismo era quien se sentía un traidor por solo pensarlo, así que no consideraba justo que hablara así de su madre.

—Qué lástima verdaderamente, pero… ¿Qué se la va a hacer, no? Toca esperar que Billy mismo se sienta el adulto que es y decida tomar su verdadero apellido —musitó Simone y Bill frunció el ceño, decidiendo callarse aunque no le gustara la forma en que le estaban hablando.

Pese a todo lo demás, Bill al menos supo que ya era propietario del apartamento y que sólo tenía que hacer sus maletas para irse, pensando que esa sería la parte más difícil porque tendría que decírselo a su madre.

Continúa…

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por Kasomicu

Escritora del Fandom

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