Fic de Kasomicu. Temporada II
Capítulo 33

William siempre había sido quien enfrentaba los problemas de Bill, porque Bill prefería evitarlos, la confrontación lo tensaba, tanto un malestar físico como mental, porque Bill se trababa, se ponía nervioso, hablaba de más o no podía poner en palabras su sentir, sin darse a entender y quedarse en blanco.
Sólo que a cada momento donde Bill hacía sus maletas, escuchaba la voz de William: “NO LO HAGAS”.
“Necesito hacerlo, estos sueños me están enfermando, y estoy haciendo que la relación con mi madre se vuelva peligrosa, mi cabeza debe comprender los límites de nuevo, porque tengo muchos celos, y lo veo como hombre por considerar que es mío y no es así, William, esto está pésimo”, explicó Bill al alter, porque había tomado una decisión y estaba determinado a cumplirla.
“Necesitamos a Tom y a Tomi”, replicó la voz de William, haciendo que Bill se sorprendiera por sentirlo con tanta nitidez.
“Lo sé, los amo mucho, y los necesito, pero lo mejor que puedo hacer es poner una distancia, porque mi mamá siempre ha estado mejor sin mí, si yo no hubiera nacido tampoco habría tenido que estar con tanta presión desde joven, y ahora… Sólo soy más problemas para él, sólo iré a visitarlos, porque no puedo vivir sin ellos, sin embargo, ya no quiero ser una carga, debo independizarme como dice mi padre y ya no funciona lo de tener novia, sólo el aislamiento y no tenerlo cerca hará que deje de pensar así sobre mi madre”, soltó Bill en su fuero interno para que William lo escuchara, haciendo que el alter ya no respondiera pero sintiera una presión en su cabeza, el dolor incesante que hizo que Bill apretara la mandíbula.
Al momento de cerrar su última maleta, habiendo ya guardado hasta su computadora con todo, es que Bill aspiró aire por la nariz, sintiendo el temblor en su cuerpo, pero debía irse, para tener tiempo para instalar todo ahora antes de comenzar las clases el lunes.
Al salir de su habitación haciendo el ruido con las maletas, es que Tom salió de su propio cuarto, sorprendido por ver a su hijo de aquella forma.
—Bill, ¿qué estás haciendo? —preguntó Tom acercándose hasta él.
—Me voy, mamá, ya tengo veinte años y debo ser independiente —soltó Bill, con voz temblorosa pero determinada, evitar mirar a su madre porque le costaría más hacerlo.
—¿A dónde irás? Bill, tú vives conmigo, con nosotros, eres mi hijo, esta es tu casa, en ningún momento te he botado, no necesitas irte a ningún lado, mi amor, aquí tienes todo —arguyó Tom sintiendo que se le apretaba la garganta con el terror de pensar que se fuera su hijo de casa.
—Sé que no me has botado y que tengo todo contigo, mamá, pero ya estoy mayor y necesito mi propio espacio —repuso Bill, sin verlo aún, y sintió cómo Tom lo tomaba por el brazo, porque no podía perder a su hijo, siempre habían sido sólo los dos.
—Bill, ¿a dónde vas a ir? Yo entiendo que eres un adulto, pero sólo te tengo a ti, ¿cómo vas a hacer tus cosas? Fuera de cocinarte y limpiar que conoces lo básico, ¿dónde vas a estar? No es cómo sólo irte y ya, por favor, hijo, entiende, eres todo lo que tengo —soltó Tom con la voz quebrándose, él ni siquiera era una persona que llorara con facilidad, siempre se había mantenido fuerte, haciéndolo sólo en la soledad de su habitación cuando bebía.
Pero su hijo… Bill era su punto débil, tanto por él como por William, Tom no se veía a sí mismo sin Bill, su hijo había sido su cable a tierra, el único motivo que había tenido para salir adelante desde siempre, que sin Bill no se hubiera atrevido a salirse del yugo de sus padres, de soportar sus abusos, y ser libre, Tom no estaba haciendo eso con Bill, ¿verdad? Jamás lo había golpeado ni buscado hacerlo sentir mal o sólo algo de lo cual sacar provecho.
“¿Entonces qué es lo que haces cuando usas su cuerpo por William? ¿No es una forma de abusar de él? ¿De sacar provecho de él? Si incluso su propia mente está confundida que hasta te ve como hombre y no su madre, tienes harto a tu hijo que sólo busca huir de ti, de ser libre porque lo asfixias”, escuchó una voz en su mente, sintiéndose culpable porque había provocado que su propio hijo se sintiera atrapado y quisiera alejarse de él.
Bill al escuchar a su madre iba a romperse él mismo, porque le dolía oírlo así de afectado, pero tampoco podía darle todo el panorama que estaba orillándolo a irse.
—Yo te vendré a visitar, mamá, porque te amo, los amo, y… Me estoy yendo a un apartamento que me compraron mis abuelos y mi papá. No me estoy yendo para dejarte solo, vendré a verte. También eres todo lo que tengo, tanto Tomi como tú, sólo que ya estoy grande —arguyó Bill sin verlo, y sintió cómo es que Tom lo abrazaba, detestando que su ex estuviera alentando todo esto y que hasta ahora se enterara, aunque tampoco podía concentrarse en ello, porque estaba desesperado.
—Perdóname por haber sido una mala madre, no quiero que sientas que debes irte para ser libre, yo no quiero que te vayas, Bill, por favor —le rogó Tom comenzando a llorar, ya no sólo eran las ganas de hacerlo, se estaba rompiendo en aquel instante, buscando aferrarse a su hijo, quien había sido su todo, y él ni siquiera podía pedirle un perdón de no volver a hacerlo, porque no podía explicarle lo de William, y que él mismo era consciente de que había superado su autocontrol, y no podía dejarlo.
Bill abrazó a su mamá de vuelta, dejando el asa de la maleta un rato, con su garganta apretándose en un nudo al sentir el cuerpo de su madre vibrar contra el suyo, porque Tom casi nunca lloraba, y al escuchar hacerlo, le daba ganas de él también llorar por sentir su dolor, sin embargo, Bill tenía que ser fuerte esta vez, porque era por un bien mayor.
—Te amo, mamá, te amo mucho, no has sido una mala madre, has sido el mejor —farfulló Bill contra él oído del mayor, queriendo pedirle perdón porque sentía que él era el mal hijo por tener esos pensamientos y deseos.
—También te amo, entonces quédate, Bill —instó Tom separándose para sujetarlo por el rostro, haciendo que lo viera.
Bill al mirarlo tan de cerca recordó el beso que tuvieron cuando su mamá pensaba en el padre de Tomi, e hizo que la viera la boca por inercia, teniendo el pensamiento intrusivo de haber querido ser él en quien pensara su mamá… Negó con la cabeza, por eso mismo debía irse, incluso sin despedirse de Tomi porque tampoco entendería y estaba durmiendo.
—Yo volveré a verlos —le aseguró Bill antes de darle un beso en la mejilla y separarse porque sino no se iba a ir nunca.
Dejando a Tom con el corazón roto cuando lo vio salir con sus maletas e irse a su auto.
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Bill estaba llorando al momento de conducir hacia su nuevo apartamento, no podía estar tranquilo luego de haber visto a su madre quebrarse por su culpa, y tenía los pensamientos intrusivos de sólo regresar a casa, pero no, sabía que era por un bien mayor, que él mismo había querido besarlo por su cabeza atrofiada, así que no podía regresar, sólo a visitarlo sí, pero no vivir con él, había intentado la terapia, y no había funcionado, los juguetes, y tampoco…
Por lo que Bill tenía que vivir aparte.
Así que cuando llegó a su apartamento, Bill sintió el vacío terrible al meter sus maletas en aquel espacio acomodado, le era tan… Ajeno, que no sentía que era su hogar, no estaba con los juguetes de Tomi en el suelo, no estaba con los libros con marcadores de su mamá, no estaba con cada cosa que le recordara a los seres que más amaba, sólo era un sitio impersonal el cual carecía de alma.
Bill estaba solo.
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Tom después de llorar sobre el suelo, incluso con Tomi saliendo de su cuna y echándose sobre su regazo porque no entendía el sufrimiento de su madre, terminando por unirse a su llanto, es que comprendió que no podía quedarse así, si bien Bill se había ido, no había sido sólo porque sí, omitiendo el hecho de que probablemente él era quien lo había hecho sentir asfixiado para que quisiera encontrar la libertad fuera de casa, es que esta idea no había venido sola, había sido puesta por alguien más, al punto de ser orquestada comprándole un apartamento al cual ir.
—Vamos a hacer una pequeña visita a un traidor, mi amorcito —le habló Tom a su bebé, para secarle las lágrimas y hacer lo mismo con él, no podía dejar a Tomi solo, y ya había comido hace poco, por eso Tom lo dejó tomar la siesta antes de que todo esto pasara, lo cargó mientras armaba la pañalera, y luego le puso un abrigo para salir.
Tom quería reclamarle al imbécil de su ex que hubiera hecho todo eso a sus espaldas, que le hubiera metido aquella idea a la cabeza de su hijo, que lo hubiera alejado… Incluso comprándolo con sus padres, y sí, el tener un apartamento a su nombre era un buen regalo de por sí, sólo que Tom podía apostar que había ido más allá, para que Bill quisiera irse.
Él mismo sólo se puso un abrigo y zapatos para salir de su casa, porque no quería arreglarse o algo, era ser puntual.
Tenía la carriola dentro de su auto, acomodó a Tomi en el asiento de seguridad y puso la dirección de Wilhelm para recibir las indicaciones y conducir hacia él.
Tomi estaba confundido pero más calmado porque su mamá no lloraba, sólo que no había visto a Bill, así que se aferraba al perrito de arrastre que le había regalado buscándolo con la mirada.
—¿Bibi? ¿Dada? —balbuceó Tomi para hacer un puchero y Tom sintió cómo se le apretaba el corazón.
—Él nos va a visitar luego, bebé —le respondió Tom viéndolo por el espejo retrovisor.
Bill ni siquiera se había despedido de Tomi, y Tom no sabía cómo explicarle al bebé cómo debía procesar la sensación de abandono que debía sentir, de por sí él mismo no sabía cómo regular sus emociones en aquel instante, que no podía esperar que un bebé lo hiciera.
Tom sólo encendió la música para amortiguar el llanto de su bebé, aunque sabía que no era lo mejor pero no podía abrazarlo en el viaje para intentar calmarlo.
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Wilhelm estaba leyendo cuando le llegó el mensaje de su hijo diciéndole que ya se había instalado en su apartamento y él sonrió, porque sí, Bill necesitaba irse de casa de Tom, para ver si podía cortar esa sobreprotección de su ex, que no le ayudaba en nada a su hijo, cuando escuchó el timbre de su apartamento y arqueó una ceja, ya que no esperaba a nadie, y sus padres difícilmente lo irían a ver, era más probable que él mismo los visitara, pero se fijó por la cámara del intercomunicador y sonrió al ver a Tom allí con la carriola, se le veía una expresión enojada, sí, y él podía imaginarse el por qué.
Cerró su libro con su marcador y fue a abrirle la puerta a su ex.
—Bienvenido Tom, qué gusto tenerte aquí otra vez —soltó Wilhelm a modo de saludo, haciéndose a un lado para que ingresara.
Tom mantenía el ceño fruncido pero pasó, más que nada porque no quería ponerse a hacer un lío en medio del pasillo, cuando el mayor cerró la puerta, Tomi manteniéndose con el chupete para regularse, porque ya había sido todo el trayecto llorando sin parar que sabía que sólo tenía algún tipo de calma en su chupete, aún teniendo a su perrito de arrastre con él, con el rostro que le había secado su mamá al pasarlo del asiento de seguridad del auto a la carriola.
—¿Qué hiciste, Wilhelm? —preguntó Tom mirando con odio a su ex.
—Ser un buen padre y darle un regalo a mi hijo para que se independice, tenga tiempo para salir con muchachas, o muchachos, crezca y se salga de las faldas de su mami —respondió Wilhelm en un tono de burla a lo que sólo hizo que Tom apretara más la mandíbula.
—¿Un buen padre? ¿Le llamas ser un buen padre al alejarlo de mí? Bill nunca ha estado por sí mismo, no tiene a más familia, tiene crisis por su trastorno, lo único que estás haciendo es aislarlo, y sé por qué lo hiciste, para hacerme daño, y yo no te estoy haciendo nada, Wilhelm, ni siquiera he insistido en ponerte algún tipo de trabas en el trabajo, sólo te ignoro, y tú sólo quieres hacerme la vida imposible —soltó Tom exasperado al verle, apretando los puños de la frustración.
Wilhelm arqueó una ceja, acercándose hasta Tom, riéndose sardónicamente.
—¿Entonces todo se trata de ti, Tom? ¿Crees que sólo lo hice para perjudicarte y a mi hijo? ¿En vez de velar por su futuro dándole un buen regalo? Siempre me ves como el enemigo, Tom, date cuenta que no hago las cosas para hacerles daño, sino porque me preocupo por ustedes, porque los amo —rebatió Wilhelm con el ceño fruncido, porque sí, quería separarlos un poco, más que nada para que le dieran espacio para él formar parte de su familia por completo, pero no lo había hecho para lastimar a Tom, por eso se indignaba.
—Tú no nos amas, tú amas la idea de la familia que te estás formando en tu cabeza, Wilhelm. Tú no amas a nadie aparte de ti mismo —expuso Tom.
—Yo los amo, Tom, sólo que tú te niegas a aceptarlo, me cierras las puertas a tu vida, cuando ya tenemos un hijo, un pasado, y sólo quieres que Bill piense que soy el malo aquí, y me sigues viendo como eso, no es así, Tom, es un regalo bien intencionado hacia nuestro hijo, no es nada de lo que estás insinuando sólo que siempre te esperas lo peor de mí —reclamó Wilhelm y Tom apretó la mandíbula, ya harto de su ex con su papel de eterna víctima, por lo que se dirigió hasta él, buscando alzarle la mano, y el mayor lo detuvo en el aire, tomándolo por la muñeca, el impacto del freno hizo que el cuerpo de ambos chocara, el castaño queriendo empujarlo con la otra mano pero que Wilhelm también sujetó su otra muñeca, inmovilizándolo en un agarre que sólo terminó que estuvieran aún más pegados.
—¡Suéltame, carajo! —ordenó Tom.

—Quieres golpearme, no voy a permitirlo, Tom —le advirtió Wilhelm con la misma mirada oscura ceñida sobre él—. Tú deberías agradecerme que le doy herramientas para que sea independiente, en vez de querer desquitar tu frustración conmigo.
—¿Agradecerte algo a ti? ¿Eres imbécil o qué? Es un jodido sabotaje, lo compras con tu dinero alejándolo de mi casa, no soportas que me prefiera porque nunca hubo espacio para ti con nosotros —escupió Tom las palabras aún teniendo el agarre férreo de Wilhelm sobre sí mismo, con la rabia aturdiéndolo, y escuchó la risa cínica de su ex.
—Sólo estás proyectando tus propias inseguridades, Tom, porque Bill ya creció y no tienes control sobre él, ni sobre mí, acéptalo, lo que más te duele es no tener el control —sentenció Wilhelm y aquella frase hizo que Tom se enojara aún más, teniendo los ojos inyectados en sangre, haciendo que todo el dolor que había sentido Tom se transmutó en rabia, en odio puro, y cómo es que el mayor no lo soltó, sino que lo apoyó contra la barra de la cocina, haciendo que el metal frío contrastara violentamente por cómo es que el enojo había calentado sus cuerpos, buscando alejarse de la sala para que el bebé no fuera testigo de aquella pelea.
—Suéltame —demandó Tom nuevamente, pero Wilhelm no obedeció, haciendo que las muñecas del castaño se apoyaran contra la barra, mientras él se inclinaba sobre Tom, casi respirándole en el rostro.
—Me odias —susurró Wilhelm con voz áspera, no estaba preguntándolo, Tom se lo demostraba en cada expresión de su cuerpo, se lo decía a gritos.
—Te detesto —cedió Tom, clavándole la mirada, casi rozándose los labios—. Eres un maldito miserable porque con dinero buscas comprar el afecto, tal como hicieron tus padres contigo, porque estás completamente vacío por dentro, sin ningún amor real —soltó con todo el veneno que tenía dentro.

Wilhelm tensó la mandíbula, porque Tom había tocado una fibra sensible que estaba acabando con su fachada civilizada.
—Si Bill se mudó es porque prefiere estar en cualquier lugar antes de soportar su asfixiante crianza —contraatacó Wilhelm—. Mírate, das lástima. Viniste aquí a armarme un escándalo porque te diste cuenta que no eres el centro de la vida de tu hijo y eso te hace inútil e innecesario, ¿no? Podré haber comprado cosas para llenar vacíos pero nunca quise ser útil para ganarme el afecto de mis padres, Tom, y ahora no eres necesario para Bill, ¿eso en qué te convierte?
Tom sintió que veía rojo al escucharlo hablar así, por lo dejó de intentar zafarse del agarre en sus muñecas, sintiendo la ira salvaje nublarle los sentidos, por lo se impulsó para querer estampar su frente contra la suya o morderlo, lo que pudiera hacer primero, queriendo ejercer un dolor físico a como diera lugar.
Wilhelm esquivó el cabezazo por puro reflejo, pero entre el forcejeo, terminaron ambos juntándose más, con el pelinegro soltándole las muñecas para sujetar el cuello de Tom, no para quitarle el aliento, sólo para mantenerlo quieto posesivamente sobre la barra de la cocina.
—¿Quieres destruirme? —preguntó Wilhelm, ciñéndose sobre él, respirándole sobre la boca, no había afecto, sólo rabia.—Inténtalo —retó.
—Te odio —jadeó Tom, quien se aferró a los hombros del mayor, y esa cercanía bastó para que Wilhelm lo besara, sólo que no había amor en aquel gesto al cual Tom correspondió.
No había romance, reconciliación, Tom sólo sentía eso por William, no por su ex, en este punto sólo era la tensión y cercanía que los había orillado a ello, la forma en que Tom le mordía el labio inferior con fuerza, incluso saboreando su sangre, que Wilhelm no tomó como motivo para alejarlo porque lo mordió con ganas también, terminando por alzarlo sobre la barra de la cocina…
La manera en que Tom lo jaló del cabello para volver a besarlo, y cómo Wilhelm lo hizo, quitándole las ropas, rasgándolas en el trayecto, se veían a los ojos con la misma furia, usando sus cuerpos como si fueran una jodida arma, no había un juego previo, porque no iban a hacer el amor, sólo fue Wilhelm ubicándose entre las piernas de Tom, quien se aferró a su espalda, rasgándola mientras que sintió al mayor llenarle…
La furia destructiva, el dolor, el sentir que estaban deshechos sólo fue lo que los unió en aquel instante, cómo Wilhelm lo besó con más fuerza, succionándole los labios, embistiéndolo con el mismo ímpetu, que incluso Tom, aunque detestara a aquel hombre que le había dicho que no lo volvería a tocar, sentía que lo odiaba, pero al mismo tiempo, como si hubiera sido algo necesario, manteniendo la lucha de poderes al momento de él mismo impulsarse y contraerse alrededor de Wilhelm, o la forma en que le mordió el cuello con ganas, buscando herirlo, mientras que su ex seguía arremetiendo en su interior.
La intimidad que los envolvía no tenía amor, ni coqueteos, ni se parecía a cuando se acostaron después de años, no, sólo era la rabia salvaje, la búsqueda de control y el desahogarse…
Cómo es que Tom se vino contra el miembro de Wilhelm, aunque hubiera sido todo mediante el odio, pese a todo, había alcanzado su culminación, estrechando al mayor que sólo se la metió más profundo hasta también venirse, jadeando contra su cuello, y separándose de él, sin ningún cuidado, subiéndose la cremallera en lo que Tom mismo se bajaba de la barra, acomodándose las ropas, sintiendo la irritación en su piel por las mordidas y la brusquedad durante el encuentro.
Pero sumándole al hecho de que sentía una presión en el pecho, con asco sobre sí mismo, porque había cedido, de alguna forma, había engañado a William, se había acostado con Wilhelm otra vez.
Wilhelm se pasó la mano por el rostro, sin querer pensar en que Tom le había roto la camisa, eso no era prioridad ahora, porque claro que había disfrutado hacérselo a su ex, sólo que no había sido algo hecho con amor, sólo un jodido desfogue, habían sido hirientes ambos, que sólo le dejaba pensando que si bien ardían juntos, y se conocían tan bien, ¿sería posible tener algo más? Algo estable, algo… Con el futuro que Wilhelm se veía, quizá sí, quizá odiándose y todo, podrían hacerlo, sólo que esta, en definitiva, no era una reconciliación adecuada.
—Esto no cambia nada —sentenció Wilhelm y Tom lo miró.
—Tienes razón —cedió Tom con la voz rota—. No cambia que seas un miserable, ni que nos odiemos mutuamente. Sólo demuestra lo bajo que podemos caer los dos —agregó y Wilhelm ya no pudo refutarle en esta ocasión, observando cómo es que su ex se acomodaba la casaca y salía con la carriola, dejando la estancia vacía, pero con un peso muerto ahora que había salido de aquel encuentro, ya que sentía que ninguno había ganado aquella batalla, en vez de sólo regodearse por haberse acostado con Tom, en realidad sentía más la presión y vacío, cómo es que realmente eran capaces de sentir tanto el uno por el otro, pero de forma negativa, conociéndose incluso en sus inseguridades pero usándolas en su contra, no había una satisfacción, no, sólo el vacío.
Tom se sintió un idiota al irse, porque él había ido para reclamarle a Wilhelm, y su reflejo en el espejo retrovisor sólo le daba más vergüenza, porque tenía los labios hinchados, el cuello enrojecido y el cabello despeinado, golpeó el timón sintiendo asco consigo mismo, por la humillación que le recorría.
“Fuiste a pelear por tu hijo, a defenderte como madre y sólo te entregaste a él como si nada, dándole el jodido control otra vez”, repuso Tom mentalmente, con Tomi en silencio, ni siquiera llorando esta vez, sólo con un semblante cabizbajo porque ni siquiera pensó en que, si bien no fue testigo del todo, porque Wilhelm lo llevó a la cocina, de todas formas había estado allí.
“Él es un monstruo, pero yo soy peor. Me fui a revolcar con él, como si no fuera el jodido enemigo, ¿qué excusa puedo dar? No hay ninguna, William no está y si vuelve, no puedo decirle nada para defenderme, y mi propio hijo… Le dije tantas veces que no quería regresar con su padre y Wilhelm es capaz de voltear todo esto para hacerlo ver a su jodido favor”, acotó mentalmente, sintiendo odio consigo, pero terminando por llorar de frustración, en silencio aún en el estacionamiento, antes de armarse de valor para limpiarse y salir.
Porque tenía que volver a casa, y debía ver la forma de que Bill regresara con él, sólo que ahora debía bañarse y quitarse el olor de Wilhelm de su piel, porque también Tom sabía que luego debía hacerse cargo de Tomi, y él ni siquiera sabía cómo iba a hacerlo solo, estaba hecho un desastre con los nervios a flor de piel, pero mañana podría volver a ser de piedra, ahora sólo necesitaba darle un descanso a su mente. ¿Bill estaría bien? Porque Tom no dudaba de sus capacidades, le había demostrado que podía hacerse cargo de una casa, pero también sabía lo sensible que era su hijo, y que ahora al estar solo… Temía lo peor, no sólo por Tom con su mundo sin él, sino por pensamientos intrusivos en la cabeza de su hijo, queriendo que al menos William se hiciera cargo y lo cuidara para evitar cualquier cosa.
Continúa…
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