Problemas familiares 34

Fic de Kasomicu. Temporada II

Capítulo 34

Bill se sentía cada vez más ansioso al estar en su apartamento, cómo es que no podía llamar a su mamá, aunque quisiera oír su voz, porque él estaba en el trabajo, y terminaba llamando a Brittany para que le dejara escuchar a Tomi, haciendo que tuviera videollamadas con el pequeño pero Bill quebrándose al escucharlo porque le hacía mucha falta.

Si bien entendía que era por un bien mayor, también estaba el hecho de que se sentía muy solo y miserable, ciñéndose solamente a la rutina, trabajar, estudiar y luego… Soledad, no poder ir a abrazarlo a Tomi o a su mamá, la sensación de vacío estaba haciendo que Bill mismo no quisiera a veces ni cocinar porque, ¿para qué? La única motivación a cocinar antes cuando sólo estaban con su mamá con depresión post parto, era porque quería que Tom tuviera qué comer, pero, ¿él quería hacerlo?

Recordaba a su madre diciéndole que comiera y se mantuviera hidratado, su misma mamá que le enviaba mensajes de buenos días y le pedía que se cuidara.

Bill sólo pensaba que la vida lejos de su mamá y Tomi no era ninguna vida. Incluso aunque tuviera mensajes de su padre diciéndole que estaba orgulloso de él por volverse independiente, y que sus abuelos también lo llamaban diciéndole que esperaban que pronto se cambiara de apellido, Bill no se sentía bien.

—¿Cuándo demonios vamos a regresar? —preguntó William en su reflejo, con los ojos inyectados en sangre por la rabia.

—Necesito mantener seguro a mi mamá, necesito… —respondió Bill aunque tuviera ojeras y el rostro demacrado por no poder dormir bien y estar alimentándose pésimo.

—Tú necesitas a tu madre, Bill, eso es lo que necesitas, y también Tomi, ¿o vamos a fingir que sólo tú has perdido peso en estas semanas? En ti da igual, somos adultos, pero, ¿en un bebé de un año? ¿Qué es lo que quieres? ¿Qué Tomi muera? ¿Eso quieres cargar en tu consciencia? O cómo es que Tom sólo llama, no por videollamada, sólo llamadas o mensajes escritos, ¿por qué razón será? ¿Por qué también está deshecho? Porque se le escucha cuando te habla cómo suena afectado incluso aunque suena indiferente. Estás destruyendo a toda tu familia, basta ya —sentenció William, y Bill se volvió a ver en el reflejo, sintiendo la presión por la culpa, como es que sí había visto a su hermanito más delgado y cómo lloraba emocionado al verle, con Brit misma diciéndole que cada que colgaba, lloraba porque lo extrañaba mucho.

Bill creía que estaba haciendo un bien, pero William tenía razón, quizá todavía no era tiempo para él irse de casa, tal vez le serviría a futuro, cuando Tomi estuviera más grande y no les provocara más daño su ausencia que un beneficio como tal. Incluso aunque esto significara un retroceso en la relación con su padre, tenía que ser honesto consigo mismo, y que agradecía mucho su regalo, y lo conservaría, sólo que no podía estar más lejos de su familia, ya que aún tenía el llanto de Tomi siendo un motivo de sus pesadillas porque él era quien se lo provocaba, y la voz afectada de su mamá… Era cierto, él creía que estaba salvándoles la vida, previniéndolos del monstruo que era en realidad, pero no, sólo les había hecho más daño.

Menos de un mes fue el tiempo que Bill estuvo “viviendo” solo, cuando estaba casi por cumplir aquel tiempo es que tocó la puerta de la casa de su madre, incluso aunque él tuviera la llave, no quería simplemente ingresar como si nada, ya que se sentía un intruso, cuando Tom abrió la puerta con mala cara, esperando que fuera su ex, y vio a su hijo, su semblante le cambió por completo.

—Bill —dijo Tom sonriendo al verle con las maletas, no esperó que su hijo le respondiera, abrazándolo fuertemente mientras suspiraba al sentir su aroma.

Bill se percató de que era cierto lo que le había dicho William, ya que su mamá se había dejado crecer más la barba, estaba más pálido, demacrado y se notaba que había perdido peso, así que era más que evidente que esto les había chocado a todos.

—Mamá, los extrañé mucho, sólo quise volver, perdón por no avisar y sólo venir de improviso —masculló Bill, y Tom negó con la cabeza, acariciando las mejillas de su hijo.

—Nada qué perdonarte, si esta es tu casa, no tienes que tocar la puerta ni avisar ni nada, siempre serás bienvenido aquí, mi amor —repuso Tom, dándole un beso en su mejilla para apoyar su frente contra la suya, lo había extrañado tanto que no podía ponerlo en palabras.

—¡Bibi! ¡Bibi! —se escuchó la voz de Tomi, quien se había trepado a su cuna para salirse al escuchar a Bill, haciendo Bill dejara su maleta para cargar al pequeño apenas llegó a él, olisqueando la cabecita de su hermanito, quien veía diferente a Bill porque tenía barba pero seguía oliendo a su Bill.

—Hay que pasar —instó Tom, ayudando a Bill a meter las maletas en lo que su hijo mayor cargaba a Tomi con un brazo.

Cuando acomodaron todo en la habitación de Bill, es que se quedaron en su cuarto, los tres echados en la cama, con Tomi en medio, girados viéndose.

—No tienes que irte así otra vez, Bill, mira cómo estás, no has estado comiendo bien, no te has cortado la barba, ni has dormido tampoco como se debe —regañó Tom jalándole la oreja, y Bill se rió, porque había extrañado hasta los regaños de su mamá.

—Pero, mamá, tú estás igual, a los dos nos hace falta rasurarse, comer y dormir bien, hasta estás más delgado, ¿no has estado ejercitándote? Incluso Tomi se ve más flaquito, ¿dónde está esa pancita y cachetitos de mi bebé? —le habló Bill al pequeño para dejarle besos en su vientre, y el pequeño suspiró, abrazando al mayor.

—Incluso ya no quería hablar mucho, sólo decía Bibi y ya, manteniéndose en silencio, también le hiciste mucha falta —comentó Tom, que había tenido que hacer de todo para que el pequeño comiera, incluso llevándolo al médico cuando hacía fiebres sólo por pasársela llorando sin querer comer, habían sido sólo ambos durmiendo juntos extrañando a Bill, sólo que no quería decirle eso a su hijo para no darle más carga.

—No es posible eso, necesito que vuelvas a intentar cantar la música que pongo al programar, aunque sólo salgan balbuceos, Tomi, tienes que ser el más parlanchín de los dos —le habló Bill con cariño al bebé, dándole un montón de besos en su pequeño rostro, haciéndolo reír.

Tom reía porque recordaba que él solía cantarle a Bill, no siendo el mejor en ello, pero su hijo le acompañaba hasta ponerse a cantar también, teniendo una mejor voz que él, pero sí tenía memorias de ellos cantando juntos felices, porque siempre habían sido su propia diversión al estar solos. Bill había sido su mejor amigo, compañero de juegos y un equipo desde siempre, entonces todo este tiempo había hecho que Tom pensara en cómo extrañaba tanto a Bill como al alter, siendo mucho más desolador de cómo había estado sin William solamente, la única diferencia era que no podía recluirse en su habitación porque tenía que seguir trabajando y atendiendo a Tomi, y aquella era la peor realidad, de cómo el mundo seguía girando aunque él estuviera destrozado por dentro.

—Deja te ayudo a instalarte de nuevo, ok —le soltó Tom y Bill asintió, haciendo que ambos se pusieran de pie para abrir las maletas, en lo que Bill comenzaba a ensamblar su computadora porque era su herramienta de estudios y trabajo, mientras que Tom metía sus ropas dentro de sus cajones.

Tomi se sentó dentro de una maleta sonriendo feliz al estar rodeado de los mayores, y el sonido de sus risas iluminaban la estancia porque hacía mucho que había dejado de hacerlo.

&

Wilhelm miró a su hijo con el ceño fruncido.

—¿Por qué lo hiciste, Bill? Estabas dando todo un avance al haberte ido de casa, y sólo aguantaste, ¿qué? ¿Un mes? —preguntó Wilhelm ofendido al notar el retroceso de su hijo al regresar con Tom.

—Lo siento, papá, es que nos afectó mucho, tanto a mi mamá, como a Tomi, y yo también, aún no estoy listo para irme de casa, pero te agradezco todo, y a mis abuelos, porque el apartamento lo usaré cuando Tomi sea un poco mayor, ya que incluso perdió peso y eso es muy peligroso en un bebé —expuso Bill.

—Lo sé, hijo, hablé con tu madre este tiempo, de hecho, nos acercamos un poco más en tu ausencia, y ya pensé que con ello habría una pronta reconciliación —masculló Wilhelm a lo que Bill frunció el ceño.

—¿Qué? —inquirió Bill.

—Sí, se ha sentido un poco solo, lo cual lo hace más accesible para poder hablar y pasar tiempo juntos cuando estamos trabajando —respondió Wilhelm con ese tono y movimiento de cejas que hizo que el estómago de Bill se apretara porque comprendía la insinuación—. ¿Por qué pones esa cara, hijo? Deberías alegrarte, es el sueño de todo hijo de padres separados, que ellos regresen, hasta podríamos darte un hermanito más, ¿no te parecería lindo? Una familia más grande.

Bill recordaba el implante de su mamá, y cómo Tomi no había sido deseado, porque lo había dejado bien claro, no es que su madre quisiera tener más hijos, y le sorprendía en parte que hubiera accedido a estar con su padre otra vez, pero no tanto, si por eso existía él, suponía que su amante de turno no habría estado disponible, haciendo que sintiera un punzón en su cabeza, sujetándosela.

—¿Estás bien, Bill? —cuestionó Wilhelm viendo a su hijo.

—Sí, papá… Sólo que me duele la cabeza, seguro se me pasa —respondió Bill evasivo.

—¿Seguro? ¿Ya fuiste al médico? —interrogó Wilhelm arqueando una ceja, cuando notó que su hijo se quedó mirando a la nada.

—Sí, pero por seguridad, ¿dijiste que vivías cerca de aquí? Para que vayamos a pie hasta que me sienta mejor para conducir de regreso —arguyó Bill con una expresión apenada.

—Está bien, sí, hijo, no te preocupes, pero si sigues así yo te llevaré de regreso a casa, ¿está bien? De paso que saludo a tu mamá —arguyó Wilhelm, y Bill asintió.

—Sí, papá, gracias —respondió Bill con una sonrisa amable.

Terminaron de cenar, aunque Bill estaba un tanto inapetente, pero Wilhelm no lo cuestionó por ello, apurándose más bien pagar la cuenta para irse de regreso a su departamento que estaba sólo a dos cuadras.

Cuando ingresaron, se quedaron sentados en la sala, con el mayor notando más calmado a su hijo, observando a su alrededor.

—Oh, cierto, es la primera vez que vienes a mi apartamento, no te había invitado antes —mencionó Wilhelm.

—Sí, es la primera vez —respondió Bill con un tanto de timidez.

—Te noto mejor, ¿te sirvió la caminata? —interrogó Wilhelm tomándolo por el hombro.

—Sí, creo que eso me hacía falta, tomar aire fresco —contestó Bill sonriéndole—. Papá, ¿recuerdas que me dijiste que en algún momento debíamos tener un momento padre e hijo? Pero como adultos, mencionaste sobre una botella de vino que tenías para brindar —acotó el menor y Wilhelm parpadeó sorprendido.

—Sí, precisamente te lo dije varias veces y me dijiste que no querías tomar, pero claro, hijo, aún tengo la botella, qué gusto que tomes la iniciativa en tener un momento padre e hijo —dijo Wilhelm, sonriéndole en lo que se ponía de pie.

—Te ayudo trayendo las copas, ¿las tienes en la cocina? —preguntó Bill señalando el espacio y Wilhelm asintió.

—Sí, ve, por favor —cedió Wilhelm, porque él tenía su cava de vinos lejos del calor de la cocina, y observó a su hijo ir a aquel sitio mientras él iba por la botella.

Cuando Wilhelm regresó a la sala, Bill ya estaba con las dos copas puestas sobre la mesa de centro.

—Iré por el sacacorchos —acotó Wilhelm, yendo a la cocina y regresando rápidamente para abrir la botella, sirviéndole a su hijo y a él mismo—. Bueno, entonces, un brindis por los nuevos comienzos, tanto para tu mamá y yo, como también nosotros, me da mucho gusto que aunque estés… Bueno, viviendo de nuevo con tu madre, al menos noto más madurez en ti, hijo —soltó el mayor chocando la copa con la de su hijo.

—Por los nuevos comienzos, papá —cedió Bill, para terminar por beber junto a su padre—. Está muy bueno.

—¿Verdad que sí? Pensé que te iba a chocar el sabor, pero supongo que tenemos gustos parecidos para que aprecies una buena cosecha —arguyó Wilhelm orgulloso de que su hijo saliera a él en eso.

—Sí, supongo que los gustos se llevan en la sangre —concedió Bill con la misma sonrisa, luciendo tan accesible que Wilhelm se sintió muy complacido por su hijo y este cambio positivo en él.

Estuvieron conversando hasta que Wilhelm bostezó.—Tengo que dormir, mañana trabajo, hijo, entonces estás lo suficientemente bien como para regresarte tú solo, ¿verdad?

—Sí, papá, no te preocupes, ¿vas a seguir haciendo tu misma rutina antes de dormir? —preguntó Bill sonriendo.

Wilhelm rió. —Soy un poco predecible con eso, pero sí, una ducha larga con agua caliente, y a dormir.

—Entonces que descanses, papá, ya me voy porque mañana tengo clases temprano —masculló Bill, y Wilhelm asintió, abrazándolo para verlo irse.

—Cuídate mucho, hijo, mándale saludos a tu madre, espero que podamos comer todos juntos como familia muy pronto —masculló Wilhelm, y Bill le besó en la mejilla.

—Claro, se lo haré presente, y seguro que sí, podremos ser una gran familia feliz como lo dijiste, hasta teniendo un hermanito más, sería algo muy tierno —farfulló Bill con esa misma sonrisa.

—Sí, ¿cierto? Si saliste tan guapo, y Tom es hermoso podremos hacer otro hijo muy atractivo, si es que ya no dejé embarazado a tu mamá, será excusa para darles a todos mi apellido tal como siempre quise —mencionó Wilhelm riendo y Bill se unió a él.

—Claro, sí, pero ya debo irme, papá —repuso Bill para separarse y salir del apartamento, despidiéndose con amabilidad del portero antes de salir para caminar las dos cuadras en dirección a su auto, al cual subió con facilidad, encendiendo el motor en silencio, con la expresión totalmente fría e inexpresiva en su rostro.

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Wilhelm se sintió feliz de haber compartido aquel momento con su hijo, encendiendo el calentador antes de bañarse, algo aletargado por el haber bebido después de un día agotador de trabajo, que cuando se puso de pie al salir de la bañera, sintiéndose un poco mareado, atribuyéndoselo al vapor y alcohol en su sistema, pero no le hace más caso al secarse antes de ponerse el pijama y caer rendido sobre la almohada.

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Al día siguiente, Tom estaba trabajando cuando vio a Andreas con expresión de quien ha visto un fantasma en el pasillo, haciendo que se sintiera fastidiado porque ese hombre no salía de su oficina para verlo trabajar a menos que quisiera hablarle.

—Un momento, por favor, ahora regreso —le habló Tom a sus asistentes, quitándose los implementos de seguridad antes de salir al ver a su segundo al mando—. A qué debo el desagrado de tu presencia, Andreas.

—Tom es que… Vamos a mi oficina, o a la tuya, pero no hablemos aquí —masculló Andreas con la garganta apretada, sin prestarle atención a los comentarios mordaces del castaño.

—¿En serio es tan urgente que me interrumpes? —cuestionó Tom arqueando una ceja.

—Sí, es de suma urgencia, Tom —repuso Andreas, haciendo que Tom bufara fastidiado pero cediera, guiándolo hacia su oficina.

—¿Y? ¿Qué es eso tan urgente que no podía esperar? —preguntó Tom directamente.

—Wilhelm está muerto —soltó Andreas y Tom lo vio como si le hubiera salido un tercer ojo.

—¿Y esa broma de mal gusto? Está bien que no sea santo de mi devoción, pero no le deseo la muerte —arguyó Tom.

—Tom, no es una broma, Wilhelm está muerto, casi es la hora de salida, él no se presentó en todo el día, estuve llamando a su teléfono, también el del apartamento, y nada. Le pregunté al portero si lo había visto salir, y dijo que no, estuvo tocando su puerta, siguió sin abrir, e ingresaron su departamento con una de las copias de llaves y lo encontraron muerto sobre su cama —masculló Andreas con la misma expresión espantada del inicio.

Tom se percató que esto ya no era una broma. —Pero, ¿de qué me estás hablando, Andreas? Él… Tenía cuarenta años, ¿cómo va a morirse así como así?

—Es lo que va a investigar la policía, pero Wilhelm ya no tenía pulso, lo lamento mucho —mencionó Andreas, y Tom sintió la presión en su pecho, quedándose en shock luego de haberlo escuchado.

Tom sabía que no tenía la mejor relación con su ex, pero Wilhelm era el padre de Bill, ¿cómo se lo contaría a su hijo? Quien apenas ayer había salido a cenar con él, cómo es que la relación con su padre había mejorado considerablemente, incluso con sus abuelos, cómo es que… No iba a verlo más, no sentía alivio, porque si bien en un momento de odio pensó que quisiera que muriera, sabía que era algo que le afectaba directamente a su hijo, y no podía creer que ya no fuera a ver a su ex nunca más.

Todos los recuerdos que tuvo al lado de Wilhelm, desde que eran jóvenes, cómo se enamoraron, y cómo es que se fue… Cómo es que volvió a sus vidas, y la forma en que habían estado con una dinámica tóxica desde su regreso, que incluso sí, fuera del sexo con odio que tuvieron en su apartamento, habían conversado una que otra vez durante el almuerzo, con Tom detestándolo tanto por lo que había hecho, por alejarlo de Bill, pero estando demasiado agotado como para luchar. Entonces… El que ahora estuviera muerto lo dejaba sin palabras, como si le hubieran dado un golpe en el vientre que lo dejara sin aliento.

—Yo… Tengo que irme a casa, tengo que decírselo a mi hijo —mencionó Tom viendo a Andreas, quien asintió.

—Sí, lo entiendo, ya nos comunicamos con sus padres que estaban como contacto de emergencia, entonces entenderemos que te tomes una semana por el luto —contestó Andreas y Tom asintió, para alistar sus cosas e irse.

Cómo es que realmente tenía la cabeza tan afectada que fue como estar bajo el agua al momento de regresar hasta su casa, sintiéndolo como si estuviera en un sueño, aunque parecía más una pesadilla.

Al ingresar a su casa es que vio a Bill jugando con Tomi en el sillón, mientras que Brittany estaba limpiando en la cocina.

—Hijo, tenemos que hablar —soltó Tom sentándose a su costado.

—Oh, sí, lo sé, es por la muerte de mi padre, ¿no? Ya me llamaron los abuelos, y mira, fui por esto a su apartamento, su álbum de fotos —mencionó Bill con frialdad, extendiéndole el objeto y Tom sintió el baldazo de agua fría ante aquella acción, viendo a Brittany y luego mirando al joven, no era su hijo, era William.

—Brittany, sé que faltan un par de horas para que salgas, pero, por favor, ¿podrías tomarte el resto del día? —pidió Tom con la garganta apretada.

La muchacha se quitó los audífonos. —¿Señor?

Tom le repitió la orden, y vio cómo es que se iba la niñera, dejándolos solos, y Tom se desplomaba sobre el sillón.

—¿Qué hiciste, William? —preguntó Tom directamente viendo al muchacho.

—El álbum era una excusa, sólo me llevé la evidencia incriminatoria, la policía hará un peritaje a profundidad los próximos días así que era mejor ir ahora, aproveché el llamado de los Trümper para hacerlo, debo darles el álbum después, en el velorio probablemente —soltó William con frialdad.

—William, ¿qué hiciste? Por Dios, ¿cómo…? —interrogó Tom sintiendo la garganta apretada.

—¿Cómo? Con un pedazo de cinta aislante bloqueé el tubo de salida de gases del calentador, dejé el termostato en máxima potencia, no te preocupes, no dejé huellas, las limpié ahí mismo y por eso fue por el álbum para quitar la cinta aislante. Wilhelm encendió el calentador… Inundando todo el apartamento con monóxido de carbono en silencio, como había bebido un poco, pensó que era por el alcohol los mareos y somnolencia, haciendo que muriera en la madrugada por hipoxia. Va a lucir como un accidente, así que despreocúpate, Bill no irá a la cárcel, porque me aseguré de que lo vieran irse —respondió William como si estuviera hablando del clima, en vez de cómo había asesinado al padre de Bill.

Tom veía cómo Tomi estaba ajeno a todo, sonriéndole al alter, mientras él procesaba todo, cómo es que William había hecho un plan para matarlo como si nada, cómo es que podría explicarle esto a su hijo, ¿por qué lo había hecho?

—William pero era el padre de Bill, ¿no te pones a pensar en cómo va a afectarle esto? Si a mí mismo me chocó, sé que era difícil, y me sacaba de quicio, ¿pero matarlo? William, no puedes hacer algo así, es una vida, no… —habló Tom, trabándose al hacerlo, sintiendo cómo es que era demasiado abrumador aquella situación.

—Sí, supongo que le dolerá, llorará y, si tenemos suerte, lo traumatizará lo suficiente como para hacer que regrese del todo mi control y así no puedas estar acostándote con cualquier bastardo en mi ausencia, ¿no? —cuestionó William con la mandíbula tensa y Tom lo miró.

—¿De qué…?

—¿Vas a negarlo? ¿En serio? ¿Cómo es que ese hijo de puta se regodeaba con Bill de que te estaba cogiendo en mi ausencia? Y siendo tan imbécil que no te notó el implante porque creía que te iba a embarazar, ¿qué pasa, Tom? ¿Creíste que no me iba a enterar? Tienes que agradecer que te amo demasiado como para desquitar mi furia en algo letal contigo, sólo que a mí no me gusta compartir, Tom, sólo podría hacerlo con Bill, porque somos lo mismo en esencia, por eso no me molesta las fantasías que tiene, fuera de mis recuerdos, pero nadie más, ¿entiendes? Nadie más, conoces el alcance de mis actos, y confío en que no quieras volver a hacerme enojar —dijo William con la misma mirada fría pero manteniéndose con las manos jugando con Tomi, como si fueran dos entes separados.

—Sólo fue una vez, sólo eso, una vez, no fueron más veces —repuso Tom con la garganta apretada, porque ni siquiera pensaba en justificarse, sólo decirle la verdad.

—No sé si creerte, me dijo que hablaban en el trabajo, sabía que Tomi estaba mal, ¿de pronto se pusieron muy conversadores? Wilhelm habló en plural, más de una vez, y claro, él era un mitómano muy consagrado, sin embargo, ni siquiera sé por qué se acostaron en primer lugar cuando me fui, porque sí, no pude aparecerme antes, pero podías usar tus manos o tus juguetes, no cogerte a tu ex, supongo que no es tan malo en el sexo para que fuera mi pobre reemplazo, ¿no? ¿Al menos te corriste ahora sí? ¿O quizá mentiste con eso?  No lo sé, Tom, ya no sé si creerte —comentó William.

—No fue así, sólo que cuando Bill se fue, fui a reclamárselo y sólo pasó, no me estoy justificando, estábamos peleando, forcejeando y se dio, no pasaron más veces —dijo Tom aún procesando lo que había hecho William, como realmente no había sido un impulso como amenazarlo con el cuchillo, sino realmente asesinó a sangre fría a su ex por estar celoso, dándole una advertencia hacia él mismo, porque claro, ya era la segunda muerte que había hecho, primero la niñera y ahora su ex, fuera del tema de la mutilación a quien quiso abusar de Bill.

—He sido muy comprensivo contigo, Tom, pero tal vez deba ser más severo, ¿no? Porque no te dejé muy en claro que eres sólo mío, y que cada idiota que ose tocarte, me desharé de ellos, porque nadie más que yo puede hacerlo, ¿entiendes? Nadie, Tom, nadie va a tocarte, lamerte, ni cogerte, nadie… Porque, mi amor, ¿qué dijimos? Que el matrimonio es para toda la vida, y tú estás casado conmigo, ¿o se te olvidaron tus votos? Tal vez deba amarrarte nuevamente, sólo para hacerte recordar nuestra boda, una renovación de votos, ¿no sería lindo? Pero en esta ocasión, tú serías el amarrado para inmovilizarte y follarte tan duro que tu coño sólo responda a mi pene, para que me sientas siempre… Tal vez debería hacer eso, ¿no crees? Una forma poética de renovar los votos, teniéndote con sogas en cada extremidad y abierto para recibirme, ¿no te gustaría? —cuestionó William con una sonrisa torcida.

Tom sintió el verdadero temor en aquel instante ante la retorcida insinuación, porque recordaba con claridad la Unión de manos que había sido su boda simbólica, sólo que ahora el alter estaba con la rabia contenida por lo que había pasado, sin poder disfrutar con la idea de pensar en tener sexo cuando todavía tendría que decirle a Bill lo que había pasado con su padre, donde omitiría por supuesto que había sido asesinado por su otra personalidad.

Continúa…

Déjame un comentario contándome tu opinión, también me sirve como apoyo para seguir escribiendo más contenido toll 😉

por Kasomicu

Escritora del Fandom

2 comentario en “Problemas familiares 34”
    1. hola, Stefany, muchas gracias por tus palabras y haber leído hasta aquí, mañana se publicará el capítulo 35 y 36 🙂 espero sigas dejándome tus opiniones, qué tengas una linda tarde

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