Problemas familiares 35

Fic de Kasomicu. Temporada II

Capítulo 35

El cómo Bill pasó de haberse ido para regresar a su presente, y que su madre le contara que su padre había muerto fue algo chocante, porque él sólo recordaba que se fue, y lo primero que pensó fue que William tenía algo que ver, por el antecedente de haberlo amenazado, pero su madre se lo negó.

Bill se sentía por completo destrozado, sin saber cómo lidiar con su dolor, y sintiendo culpa… Tanto por William, porque él seguía manteniendo la idea de que algo tenía que ver, y también por el hecho de que había deseado que se alejara de su madre, por sus celos enfermizos, y de algún modo tenía responsabilidad en ello.

—No, hijo, William sólo fue con tu padre a su apartamento, charlaron un poco y se fue. Tu padre falleció dormido, aún no se conoce la causa, precisamente van a entrevistarnos los policías encargados del caso —mencionó Tom.

De esa forma es que Bill confirmó que no, William no había tenido que ver con la muerte de su padre, quien había fallecido por envenenamiento de monóxido de carbono, al sufrir hipoxia, quedándose sin oxígeno al dormir, por un mal mantenimiento del servicio del hotel, su padre… Sólo había muerto, sin él ni siquiera poder despedirse y tan sólo teniendo el álbum de fotos de su padre, con los recuerdos tantos de Wilhelm en su juventud, como algunos de sus viajes, y hasta fotos que se había tomado con él.

Era increíble el pensar que realmente su padre ya no existiera más, que Bill apenas estaba teniendo una relación con él para… Sólo quedarse en la nada, haciendo que la culpa se mantuviera por haber deseado que se alejara, por haber pensado en su momento que quería que muriera quien se acostara con su madre, por… Esos deseos insanos que tenía por su madre, apagándose por completo porque si Bill mismo había manifestado de alguna forma la muerte de su padre, eso lo hacía un pésimo hijo, que incluso había esperado lo peor de William por sus antecedentes pero no, sólo… Tuvo un momento con él antes de que falleciera, con el último pensamiento que tuvo era el odio que sintió hacia Wilhelm por decirle que se acostaba con su madre otra vez.

Cómo es que el funeral había sido incluso con personas del trabajo de su padre, escuchando cómo es que decían sobre la posible reconciliación y orgullosa familia que estaban arreglando, por la cercanía que habían tenido con Tom, y cómo es que Wilhelm mostraba la foto que se había tomado con Bill en la compra de su apartamento. Ni Bill ni Tom estaban negando nada, no era el momento, Bill mismo no entendía la relación que habían tenido sus padres antes de que su padre muriera, sólo que su madre sí lucía triste pese a todo lo demás.

Tom mismo había ido al servicio fúnebre por respeto, llevando a Tomi, aunque no fuera el mejor sitio para un bebé, pero no quería dejarlo solo en casa, teniendo una semana libre de Brittany por el duelo de Bill.

Simone y Gordon Trümper estaban devastados con la pérdida de su único hijo, aunque no hubieran sido los padres más afectuosos, y no habían aprobado muchas de las decisiones de su hijo, era el único que tenían, que había fallecido de improviso, tan joven, y que este no era el orden natural de las cosas, los padres no debían enterrar a un hijo, debía ser al revés. Cómo es que habían puesto una demanda para que se responsabilizaran el mantenimiento de aquel hotel, que había sido con terceros, ya que si bien lo monetario era lo de menos después de que había muerto su hijo, de todas formas querían algo de justicia por cómo había sido un nefasto accidente.

Ellos jamás pensaron tener que estar en aquella situación, dónde en el funeral se sentían impotentes, porque si su hijo hubiera vivido con ellos o se hubiera llegado a comprar la casa, estaría todavía vivo.

Cómo es que vieron a su nieto allí, con la misma expresión deshecha, y seguía siendo doloroso observarlo porque era idéntico a su hijo.

Bill se acercó a sus abuelos y los abrazó, dándoles las condolencias, y recibiendo las mismas de ellos.

—Eres idéntico a él, Billy, tantas cosas que quería hacer tu padre y no pudo lograr, tú debes saber, que si bien tu papá no llegó a ponerte en un testamento, porque todo esto fue intempestivo, no vamos a dejarte desamparado nunca, tú sigues siendo un Trümper aunque no sea en papel y haya sido el último deseo de tu padre —arguyó Simone sujetando la mano de su nieto.

Bill tragó saliva, asintiendo, sintiendo la presión de que su padre realmente siempre insistió con el tema de que quería ponerle su apellido y nunca se lo cambió, porque pensaba que era una forma de rechazar a su madre, sólo que ahora era diferente porque Wilhelm ya había fallecido y nunca más volvería a verlo.

—Aún podrías hacerlo, hijo —masculló Gordon en voz baja apretándole el hombro.

—Yo… Lo pensaré —respondió Bill en la misma voz baja.

—Mi más sentido pésame, señores Trümper —soltó Tom, sin haber escuchado la conversación, acercándose cuando se percató que terminaron de hablar.

—Él es mi madre, Tom Kaulitz, abuelitos —presentó Bill.

Los Trümper se quedaron viendo al hombre pero… Sus ojos fueron hacia el bebé que estaba en trajecito también, el cabello y los ojos…

Wilhelm les había dicho que tenían que respetar a Tom no sólo por ser madre de su hijo, sino porque él quería casarse, ponerle apellido a su hijo y hasta firmar al hermano menor de Bill para ser una familia completa, su hijo había dado a entender que el bebé no era suyo, sin embargo, Gordon y Simone se vieron entre sí, reconociendo los ojos de su Wilhelm cuando era bebé, en aquel infante, Wilhelm quería firmarlo también porque había tenido dos hijos con Tom, ese bebé también era su nieto, había sido tan insistente con la idea de casarse con su ex porque le había hecho otro hijo.

Tom sintió que estaba siendo objeto de un escrutinio, tanto él como su bebé, pero tenía que dar sus respetos.

—Gracias, pero… Este pequeño es hermano de nuestro nieto, tanto Bill como él van a tener espacio es nuestra casa siempre —le aseguró Simone a Tom, quien se tensó pero no podía corregir a la mujer o algo sobre que Tomi no era su familia, aunque sí lo fuera de una forma retorcida siendo más que su nieto, su bisnieto, más que nada porque no era lugar ni el momento, y aparte, el que no hubiera un rechazo a su hijo menor, no era algo malo de por sí, sólo significaba que Tomi tendría al menos más personas que lo tomarán en cuenta—. Es muy hermoso —acotó la mujer, acariciando la mejilla del bebé—. Sus ojos son preciosos.

Tom miró a su hijo, que se pegaba a su pecho al no gustarle que lo toquen directamente. Bill miró a Tomi, y cómo es que su abuela rompió el contacto, siendo sólo algo tenue, observando a su hermanito, que sí era hermoso porque era igual a su mamá.

—Debo ir a los servicios —se dispensó Tom para hacer una distancia respetuosa.

Y los Trümper miraron a su nieto otra vez. —Vamos a hacer una cuenta de banco a tu nombre para que tanto tu hermanito como tú tengan acceso a lo que les corresponde, hijo, porque Tomi también es nuestro nieto —sentenció Gordon.

Bill más que tomárselo como una insinuación de que sus abuelos pensaban que biológicamente Tomi era su nieto, Bill se lo tomó como una demostración de cariño, porque lo amaban a él, y por ende, a su hermanito, agradeciéndolo porque Tomi era su todo.

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Cuando Bill le dijo a Tom que iba a cambiarse el apellido por uno compuesto en honor a su padre, Tom no replicó ni nada, cargando todavía con la silenciosa culpa por la muerte de Wilhelm, porque si bien le había mentido a su hijo diciéndole que William no tenía que ver, aún recordaba la expresión severa cuando se lo confesó a sangre fría.

—Está bien, hijo, lo entiendo —mencionó Tom y Bill sólo agradeció internamente que su madre no pusiera resistencia.

Haciendo que el papeleo fuera corto por los abogados de sus abuelos, y Bill pasó de ser un Kaulitz a un Kaulitz-Trümper, teniendo que pedir también unos días por motivo de duelo en la universidad y en el trabajo, ya que Bill no se sentía bien. Esto había creado un antes y un después en su vida.

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Tom en realidad se había sorprendido de cómo es que William lo dejó ir con facilidad, fuera de las amenazas de sexo, Bill regresó, así que no tuvieron intimidad, y él sabía que era más que posible que luego volviera para castigarlo como cuando usó las velas en él, y no sabía cómo sentirse, porque lo amaba, pero era consciente de lo muy peligroso que era.

Así que cuando William se presentó nuevamente, sabía que tendría que ceder en su castigo, no sorprendiéndole que trajera un pequeño bolso sacando las cuerdas de allí.

—Sabes que es necesario, mi amor, lo hago porque te amo —arguyó William para inclinarse y besarlo, Tom le correspondió, aunque no con el mismo ímpetu de antes, haciendo que el alter dejara las cuerdas a un costado, y se echara sobre él, aumentando la intensidad en el movimiento de labios sobre los suyos, comenzando a calentar sus cuerpos—. Mi amor… Soy yo… Relájate —acotó el alter contra su oído, mordiéndole el lóbulo y luego besándole sobre la arteria carótida dónde estaba su pulso, comenzando a succionarlo.

Tom soltó un jadeo, porque aunque sintiera miedo, no podía ser indiferente ante el alter, no cuando todo su cuerpo respondía a él, abriéndose de piernas y sintiendo cómo es que se estaba comenzando a lubricar.

—Ese es mi mami —susurró William contra su cuello, para separarse, comenzando a desvestirse y hacer lo mismo con Tom.

Al menos el mayor agradeció que no sólo lo amarrara directamente, porque nunca había hecho algo así antes, sino que William lo besó en el hombro, para bajar a sus pectorales, sujetando uno con posesividad mientras acunaba el pezón del otro con sus labios, y Tom sentía cómo es que el placer burbujeaba en su interior al percibir la fuerza y dominio ejercido por el alter, sujetando los cabellos cortos del pelinegro, y viendo cómo es que William estaba entregado al placer hedonista de sólo saciar su hambre de él, la manera en que mordió su pezón, haciendo que sintiera el ardor y siguió bajando por su cuerpo, dejándole mordiscos y chupándolo, porque sabía que quería dejar en claro que era suyo.

La forma en que abrió sus piernas, hundiéndose entre ellas, y Tom gimió, disfrutando cómo es que William comenzaba a lamerlo, aunque todavía tenía la culpa reptando por su ser, porque le dolía aún lo de Wilhelm, sin embargo, quien estaba chupándolo con gula era William, mientras Tom mismo empujaba sus caderas percibiendo el temblor de sus piernas y cómo es que su interior se mojaba tanto, hinchado contra los labios y lengua hábil del alter.

La forma en que William jugaba con su clítoris y le apretaba los muslos al hacerlo, estaban haciendo que Tom se sintiera a punto de ebullición, pese a su lado racional, pero cuando iba a correrse, William se detuvo, poniéndose de pie con una sonrisa torcida.

—No tan rápido, sólo estaba calentando para que sea más fácil el amarrarte, recuerda que esto es un castigo, Tom —habló William y Tom asintió, observando cómo es que el alter lo amarraba de brazos y piernas sobre cada lado de la cama, sin brusquedad sólo firmeza implacable, teniéndolo extendido y de piernas abiertas para él—. ¿En qué estábamos? Ah sí —agregó para ubicarse en medio de las piernas de Tom, sujetando su pesada erección para guiarla hacia los labios inflamados del mayor, comenzando a meterse, bajando su rostro para besarlo.

Tom se sentía tenso porque no podía moverse, no podía tocarlo ni nada, sin embargo, de todas formas su interior se estrechó alrededor de William, relajándose un poco al ser besado, al momento en que el alter empezó a embestirlo.

Tom jadeó contra su boca, con su cuerpo temblando, apretándose más cuando William le daba estocadas profundas que lo volvían loco…

Lo amaba, por más que fuera un psicópata, Tom sabía que lo amaba, y agradecía que no lo tuviera rogando porque se la metiera, fuera de mantenerse incómodo y un poco claustrofóbico al no poder moverse, al sentirse lleno de William, de la forma en que mantenía un vaivén profundo y fuerte, estaba haciendo que Tom lo sintiera palpitar, amándolo, añorando que se quedara por siempre en su interior. Era su mayor pecado que había ocasionado tanto daño, pero Tom no lo engañaría más, porque sólo le pertenecía a él.

—Eres mío, Tom… Siempre serás sólo mío… —habló William contra sus labios.

—Sólo soy tuyo, William —farfulló Tom con la voz apretada, estrechando más al alter en su interior, cada vena de su hombría latiendo en su interior, memorizada por cada nervio estimulado por el menor, por cómo es que estaban unidos, incluso en aquel momento de reconciliación luego de saber que su amante era el mismísimo diablo, Tom sabía que ese fuego no lo tenía con nadie más, que él sólo le pertenecía al alter, por más que se hubiera acostado con Wilhelm, y sí lo hubiera disfrutado más que en su reencuentro, no había amor, ni la devoción ni el que William fuera capaz de quemar el mundo entero por él, incluso aunque hubiera daño a terceros, y no fuera indiferente, era suyo, sólo de William.

Notaba la devoción en las palabras de William y cómo lo veía con afecto, por más que supiera que era un monstruo capaz de asesinar a sangre fría, ese monstruo era uno al cual amaba, a pesar de todo, con el miedo sólo azuzando más el fuego en su interior, porque la pérdida de control para cedérselo a William era algo que le excitaba, aunque era tan peligroso, pero al final de cuentas, el alter no le haría daño, no a él, incluso se lo había dicho, que lo amaba demasiado como para lastimarlo.

William lo embistió más duro, como para realmente grabarse en las entrañas de Tom, gruñendo contra su cuerpo hasta venirse al sentir cómo es que Tom llegaba a su orgasmo apretando su vagina alrededor de su dureza, que parecía querer tragarse su miembro entero, bajando su mano para acariciar su clítoris hinchado con los dedos, en lo que dejaba de lleno su venida… Hasta la última gota, saliéndose con cuidado, observando cómo es que su semen salía de los labios inflamados de su amado, sujetando un poco con sus dedos para dirigirlos hacia su cadera, escribiendo con la yema sobre su piel tal cual lienzo.

Tom esperaba que William lo desatara, pero suponía que si bien estaban agarrotándose sus extremidades, tal vez esto sólo era el comienzo, cuando se fijó que el menor se arrodillaba entre sus piernas.

—Mírate… —empezó a hablar el alter, observando su cuerpo con la mezcla de adoración al ver extendida su esencia sobre la piel de la ingle del mayor.—Estás lleno de mí. Tu cuerpo me pertenece, cada centímetro de esta piel es mía —sentenció con ese mismo aire solemne que sólo hacía estremecer a Tom—. Yo te cuido, te poseo… Y el imbécil de Wilhelm creyó que podía tocar lo que me pertenece y por eso tuve que eliminarlo, fuera de que ya habían muchos antecedentes con él, tanto por meterse contigo como con Bill, sólo era un simple parásito, un bufón que ya no nos era de utilidad. ¿Pero sabes, mi amor? Esta no era la primera vez, así que el problema no sólo era él, Tom, el problema real eres tú, que sigues olvidando a quién perteneces, y, al parecer, las palabras ya no son suficientes para que lo recuerdes.

Tom tragó saliva ante aquella reclamación absoluta de propiedad, porque no era la típica devoción cargada de afecto, sino más bien un tono de amenaza, y más cuando lo ve apartarse para sujetar el bolso donde estaban las cuerdas.

—¿Qué haces, William? —preguntó Tom, intentando moverse pero las ataduras lo mantienen perfectamente abierto e indefenso, al observar al alter sacar no un látigo o algún juguete sexual comprado, sino un pequeño maletín de cuero que hizo clic, mientras que se filtraba el olor a alcohol antiséptico, observando que William tenía un pequeño bisturí de mango plateado con absoluta calma y frialdad calculadora.

—Lo que es mejor para nosotros, mi amor, como te digo, las palabras no bastan, necesitas un recordatorio permanente de a quién perteneces —arguyó William observándolo sin un ápice de ira, mientras pasa el algodón con alcohol sobre la piel de su pelvis.

—¡No, suéltame, William! —demandó Tom preso del pánico, porque el menor se había puesto guantes y desinfectado para cortarlo, cuando se suponía que no le haría daño, no a él, buscando removerse con la desesperación haciendo que se le formase y nudo en la garganta al ver cómo es que iba acercando el bisturí hasta su ingle.

—Shh… —instó William, apoyando su mano libre con una presión firme sobre su abdomen para terminar de inmovilizarlo.—Si te mueves la hoja resbalará y te dolerá más, déjame hacerlo bien, o tendré que hacerlo de nuevo, hazlo por ti, mi amor, no quiero lastimarte más de lo necesario —acotó en tono que fingía ser tranquilizador pero estaba carente de emociones.

Tom se quedó paralizado ante el dolor agudo y ardiente, ahogando un grito, empezando a ver cómo es que William dibujaba la primera letra de su nombre sobre su dermis, no en un tajo brusco y violento, sino con una presión lenta y calculada, como de un cirujano.

Tom se arquea y echa la cabeza hacia atrás, con este latigazo de dolor azotándole, mientras que William permanece apacible, arrastrando el metal sobre su piel, en lo que controla el sangrado con una gasa estéril, asegurándose de que la visibilidad sea perfecta, con el relieve adecuado para la cicatrización en la zona que le pertenecía, que nadie más podría ver, sólo él y sería un recordatorio perenne a cada que Tom se veía al espejo de a quién pertenecía.

Cuando William observó su nombre completo, es que sonrió complacido ante su obra de arte.

—Listo, quedó perfecto —alabó William su trabajo, luego de haberle puesto vaselina encima, para mantener la zona húmeda y hacer que la cicatrización sea más lenta, engrosando su nombre para que se quedara así—. De todas formas tendré que abrirte un poco los bordes a diario para que esté bien y no tener que rehacerlo, porque duele un poco, ¿no? No tanto como el dolor que me provocaste pero sí —agregó luego de taparlo con la gasa.

Tom tenía lágrimas en su rostro por el dolor, y se sentía por completo devastado, aún en estado de shock luego de lo que había pasado.

—Me has marcado como un trozo de carne… Sabía que eras un jodido monstruo pero nunca pensé que ibas a irte en contra mía, ¿sólo me ves como eso? ¿Cómo un pedazo de carne de tu propiedad? —preguntó Tom sintiendo la impotencia haciéndolo temblar. Mientras que William le observó con la misma adoración gélida.—Mataste a Wilhelm y ahora esto, no me amas, William, no lo haces en realidad, estás enfermo. Tarde o temprano vas a terminar matándome a mí también.

William le sonrió con una ternura desconcertante, acercándose a su rostro, quitándole los mechones de cabellos del mayor que se habían pegado a su frente.

—Nunca te mataría, mi vida. Las cosas valiosas se cuidan y eso es lo que estoy haciendo, yo te amo, Tom. Eres mi todo, mi Dios, mi templo… Y sí, estoy enfermo de amor por ti, pero compartimos esa misma enfermedad, ¿verdad? Porque también me amas y deseas como hombre, aunque posea el cuerpo de tu hijo… Sólo cumplí la profecía de Edipo, Tom, asesiné a mi padre y me casé con mi madre, no en ese orden, y como nunca pudimos tener anillos, al menos te dejo en la piel que eres de mi propiedad para toda la vida —sentenció William antes de besarlo, sin tener correspondencia de Tom.

El cómo lo soltó William, y Tom se quedó abrazado a sí mismo, mientras lo escuchaba canturrear como si nada, vistiéndose y saliendo para atender a Tomi, fingiendo una normalidad que no encajaba con aquel escenario.

La manera en que William incluso le dio pastillas para el dolor, y que aquella noche, permaneció a su lado, y al día siguiente… Cómo es que nuevamente pasó por el proceso doloroso de que William le quitara la gasa, observando que no hubiera infección y pasando la solución salina con toques firmes, provocándole dolor.

—Duele lo sé, pero si dejamos que se cierre rápido se borrará con los años, y los dos acordamos que esto se quedará para siempre, ¿verdad? —le preguntó William en tono compasivo, como si no estuviera ejerciéndole daño, hablando sobre consensos cuando todo esto había sido en contra de su voluntad, y Tom empezaba a querer que regresara Bill sintiéndose conflictuado por los sentimientos que tenía por William.

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Cuando Bill regresó, Tom tuvo que fingir que no le dolía al momento de caminar, el trabajar y tener que estar manteniéndose él mismo teniendo que desinfectar y curar dolorosamente era algo que tenía que hacer debido a que si William volvía, lo cortaría de nuevo y no quería pasar por aquel proceso otra vez.

Habían tantas cosas que Tom se cuestionaba en aquel instante, era más que obvio que no podría denunciarlo, al final de cuentas, su hijo sería el perjudicado, y estaba el tema de que sería sacar también a la luz sobre el asesinato de Wilhelm, pero el que viera a su hijo seguir en su propio luto, trabajando, estudiando y cuidando a Tomi, hacía que Tom mismo hiciera una balanza mentalmente, de que no podía hacer nada.

William en sus facultades, y demostrándole de lo que era capaz, podría haberlo matado como si nada, y no lo hizo, incluso con todos los implementos a la mano, decidió no hacerlo, y sí, lo había marcado, pero incluso controlando el sangrado hasta con medicamentos para el dolor y prevenir la infección, no que Tom pensara que estuvo bien lo que hizo, pero no quería que muriera como en su pánico pensó.

Tenía el poder para asesinarlo, porque mató por él, pero lo quería vivo.

Así que Tom mismo en el transcurso de las semanas, hasta observar la que la cicatriz lucía con el relieve de un tatuaje, que no podía ser visto ni en ropa de baño, sólo desnudo, es que hizo la paz consigo mismo. No había escapatoria de William, incluso si lo odiara en parte por haber matado a Wilhelm y por haberlo mutilado de aquella manera, comprendió que según la mente psicópata del alter, era un castigo al que debía someterse por reincidir en su comportamiento.

Tom se sentía atrapado, pero también, sabía que él mismo se había metido en aquel laberinto al haber cedido frente al alter, y era mejor no verse como un prisionero de la cárcel que él mismo había construido alrededor suyo al meterse en la boca del lobo, porque William estaba en el cuerpo de su hijo, y también era el padre de su segundo hijo, era un psicópata, algo que él sabía desde que supo que intencionalmente había matado a la niñera cuando apenas tenía cuatro años, entonces la muerte de Wilhelm no había sido tan sorpresiva, con él incluso pensando que no sería capaz, que sólo era una amenaza para asustarlo y… En lo único que había acertado es que sí, sólo era una amenaza porque no sería ningún ingenuo al momento de cometer el asesinato, sin ningún cabo suelto que dejar, no bajo la impulsividad, lo mismo que había hecho desde pequeño, incluso en su mente pequeña sabía que saldría bien librado.

William era frío y parametrado cuando se trataba de ejercer sus planes y por ese mismo principio, Tom sabía que era mejor no verlo como su enemigo, sino sólo no hacerlo enojar otra vez.

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Había pasado dos meses y Tom se miró al espejo, bajándose la ropa interior, cómo es que las líneas rojas se habían convertido en una cicatriz gruesa, blanquecino-rosada, que formaba el nombre de William, en un relieve perfecto, al momento de pasar sus dígitos por su propia sintió un estremecimiento cargado de oscuridad, no sólo eran los recuerdos de aquel evento traumático, sino que era una forma retorcida de pertenencia, de que realmente le pertenecía a William, al monstruo que él mismo parió, porque tampoco se imaginaba una vida sin él, era algo enfermo, con una dependencia insana y la seguridad absoluta que tenía porque deshacerse de él, era perder a Bill, pero también al hombre que había hecho todo por él, como si fuera a su medida, y también al padre de Tomi… Estaban atados y no sólo por las cuerdas de su matrimonio simbólico, sino por la misma fuerza del destino, que era como si aún tuvieran el cordón umbilical que en algún momento los había unido.

Sabía que William estaba en la sala, sabía que era él y no Bill, porque las canciones que cantaban eran diferentes a las que solía cantar su hijo, así que tenía el nudo en su garganta, porque podía simplemente fingir que estaba dormido aunque aquello sería engañarse, vio el reflejo de su rostro, y tomó aire, con la sensación de deja vu de cuando se dio ánimos para enfrentarlo hacia tiempo…

Se terminó de desvestir y puso una bata encima, Tomi seguía en su siesta, así que sólo estaría William en la sala, haciendo que Tom saliera caminando despacio hacia a él, manteniéndose descalzo, observando cómo es que estaba el alter sentado en el sillón leyendo mientras fumaba un cigarrillo, costumbre que había agarrado cuando volvía y no estaba con él, respetando la distancia que Tom mismo había hecho entre ambos, y sólo pasando tiempo con Tomi, pero alzó la vista hacia Tom, quien se detuvo a pocos centímetros de las rodillas del alter, con manos temblorosas desatando el cordón de la bata, y sujetando la mano de William en dirección a la cicatriz.

William sonrió al sentir la piel de Tom, el relieve áspero de la marca sobre su piel, y cómo es que encendió la satisfacción en sus orbes, ya que lo tenía desnudo ante él, por fin accediendo a ser tocado.

—Tenías razón —cedió Tom con la voz quebrada—. Sé que lo hiciste porque me amas a tu forma retorcida. Sé que Wilhelm ya no debía permanecer en nuestras vidas y que la única manera de sacarlo era esa, y que me marcaste para que nunca me olvide el nombre de a quién pertenezco —acotó viéndolo con fijeza, y ese amor desesperado que todavía sentía, aunque también era porque el miedo debía irse y jugar bajo las reglas del alter—. No puedo estar más tiempo sin ti, te amo y no va a haber más secretos entre ambos, ni ninguna persona más, sólo soy tuyo —terminó por decir.

William sintió que se regodeaba con aquella aceptación total de todo lo que le había dado, tanto el castigo, como que Tom comprendiera que la distancia sólo los lastimaba a ambos, poniéndose de pie para apegar su pecho contra el suyo en un abrazo cálido y posesivo, olisqueando su cuello con posesividad.

—Siempre has sido mío, mi amor… —dictaminó William contra su cuello.—Sólo necesitabas recordarlo. Ahora todo estará bien, te lo prometo, volveremos a ser una familia feliz —le aseguró, para luego besarlo, haciendo que Tom cerrara los ojos, correspondiéndole al gesto, sintiendo una reconfortante sensación de seguridad, porque el mayor sabía que vivía con un monstruo, pero uno que él mismo había elegido y que ahora llevaría su nombre grabado en la carne para siempre.

Continúa…

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por Kasomicu

Escritora del Fandom

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