Problemas familiares 39

Fic de Kasomicu. Temporada II

Capítulo 39

Con el paso de los años, es que Bill, tal cual había pensado antes, tuvo a Tomi como su confidente, él culpándose en ocasiones porque le compartía algunas inseguridades, pero es que su hermanito también era su amigo, y cuando Bill mismo dudaba de su propia mente, creía que al menos tenía alguien a quien decírselo, a veces incluso en sus charlas de madrugada, cómo es que no sólo Tomi iba por sus pesadillas, sino Bill también encontraba refugio en el abrazo del menor.

No siempre habían preguntas de por medio,  a veces Tomi sólo lo se mantenía en silencio, consolando a Bill, porque su mente nunca había sido la misma desde el accidente, porque si bien aún tenía una que otra fantasía sobre su madre, más era el peso del agotamiento en su trabajo, dónde aunque le hubieran subido de puesto, de todas formas, él sentía que no se lo merecía, porque nunca iba a ser suficientemente bueno como para trabajar en él mismo, buscando hacer su propio cuarto Estudio, su propio videojuego, porque Bill tenía treinta y cuatro años, pero sentía que él nunca iba a poder lograr nada del todo, el cómo no tenía pareja y su habitación había fungido como un búnker, el que él mismo no pudiera tener sexo, sólo masturbarse pero que su mejor desahogo lo tuviera William usando su cuerpo, que no tenía una familia propia, que nunca se casaría ni tendría hijos…

Habían tantas cosas que Bill había soltado en sus crisis ansiosas, y Tomi lo consolaba, abrazándolo, como si no fuera un adolescente de quince años, sino el mejor hombro dónde llorar, dándole una presión adulta y luego Bill disculpándose con él.

—Perdón, hay cosas que no debía decirte, yo debo cuidarte, no tú a mí —repuso Bill, y Tomi le acarició con dulzura las mejillas, sonriéndole con el manto de la oscuridad cubriéndolos.

—No te preocupes, Billy, ya no soy un niño, puedo cuidarme solo, y también hacerlo contigo —le tranquilizó Tomi para besarlo en la mejilla, pero casi tan cerca de la comisura de los labios, que Bill se paralizó—. Lo siento —agregó el menor, para luego abrazar a su hermano.

Porque era sólo un error, ¿verdad? O al menos eso había creído Bill.

Sin embargo, el tiempo seguía pasando, Tomi creciendo, y en casa, al vivir solamente hombres, el menor había optado por mantenerse en prendas cómodas, lo que era normal, que usara shorts, aunque fueran muy pequeños o incluso tops que dejaban al descubierto su vientre, o a veces sin camiseta, Tomi no es que se ejercitara como su madre, siendo era más bien delgado, aunque en su rostro sí se notara el parecido, incluso pidiendo de regalo de dieciséis años hacerse un piercing, uno que se hizo en el mismo lado que su madre.

Si bien Tomi era menor de edad, Tom solía comprarle cosas o permitirle algunas que no eran propias para su edad, como un piercing, dándole la autorización, sólo que… No esperó que se lo hiciera justamente allí.

Y Bill… Bueno, él a veces se descubría a sí mismo un tanto intrigado por cómo es que Tomi era casi una copia más joven de su madre, y lo lindo que le quedaba el piercing, haciéndolo aún más similar, sólo siendo diferente por sus trenzas africanas, las cuales se hacía pero también deshacía apenas se aflojaban, estando unos días con los cabellos sueltos hasta volver a la peluquería a qué se las hicieran, porque en la escuela seguía siendo el mejor de la clase, y si bien podía amarrarse el cabello en coleta cuando no tenía trenzas, prefería no hacerlo.

Cuando Bill vio la libreta de notas de Tomi sobre su escritorio, sonrió, porque se mantenía esa costumbre de que el menor le presumía sus logros y Bill iba a felicitarlo, por lo general sí o sí pedían que el tutor legal recogiera las calificaciones, sin embargo, como Tomi era el mediador de la clase, con una reputación impecable, y sabían de las ausencias de su madre, es que le dejaban que él mismo recogiera sus notas, ya que el menor era el más confiable para algo así.

Bill normalmente hacía una pausa en su trabajo al recibir las calificaciones de Tomi, y luego iban por un helado o pedían delivery de algún postre o algo que quisiera el menor para premiarlo, era más una costumbre que habían establecido desde siempre, incluso a veces antes de que fuera su libreta era con sus exámenes, así que el mayor se estiró y puso de pie, saliendo de su búnker para buscar a Tomi, notando que su puerta estaba entreabierta, por lo que sólo iba a ingresar, sin embargo, se paralizó al fijarse lo que pasaba en el interior.

Tomi estaba abierto de piernas, con las prendas inferiores bajadas masturbándose, Bill se quedó perplejo un instante procesando que sí, su hermanito estaba tocándose el miembro, masajeándolo mientras se metía los dedos y luego Bill salió, cerrando la puerta de su hermano.

Bill sintió muchísima vergüenza por haber sido testigo de esto, es decir, era normal en un adolescente de dieciséis años masturbarse, sólo que Tomi no había cerrado la puerta, sin mencionar el hecho de que se estaba metiendo los dedos también, y él se sintió enfermo, porque su rictus de concentración por placer le recordaba a… Sus sueños con su madre por el parecido entre ambos, por lo que negó con la cabeza y se metió a su propia habitación, tendría que aconsejarle después que siempre le pusiera seguro a la puerta al hacer esas actividades.

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Bill miró a Tomi, quien lo veía con curiosidad.

—¿Qué pasa? —preguntó Tomi en tono suave, tomando la mano de su hermano.

—Quería felicitarte por tus calificaciones, pero también… Aconsejarte, no dejes la puerta abierta cuando te estés masturbando, Tomi, son momentos normales de tu adolescencia, sólo que deben mantenerse en privado, ¿está bien? —mencionó Bill, acariciando de vuelta las manos de Tomi, quien se sonrojó, bajando la cabeza.

—Lo siento, hermanito, no sabía que la había dejado abierta —respondió Tomi con la misma expresión apenada.

—No te preocupes, los errores siempre pasan, sólo no lo vuelvas a hacer —masculló Bill y Tomi asintió—. Ahora, ¿qué cosa quieres hacer para celebrar tus buenas notas? —acotó el mayor, buscando quitarle hierro al asunto y Tomi sonrió.

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Bill se sentía en enfermo, era como si estuvieran volviendo a pasar sus traumas de antaño, cómo es que había intentado quitarse de la cabeza la imagen de Tomi masturbándose, pero no había podido, y a veces se reforzaban aquellos pensamientos intrusivos al momento de que Tomi seguía intentando venir a dormir como si nada.

—Tomi, ya… No deberías estar aquí —susurró Bill observando al menor que se había colado en su cama, apretándose contra su pecho, y vio cómo es que el de trenzas alzó el rostro, casi respirándole sobre la boca, frunciendo el ceño.

—¿Por qué? Si siempre me dejabas dormir contigo, Billy —repuso Tomi, frotando su mejilla lisa contra la barba del mayor, negándose a separar su cuerpo de él.

Bill estaba agotado por el trabajo, pero tenía que decírselo, aunque él mismo no supiera cómo ponerlo en palabras, cómo explicarle que había tenido fantasías con su madre hace años y que por eso le costaba verlo en ocasiones desde que lo había descubierto masturbándose, porque se parecía demasiado a su madre, que esos abrazos… Tan pegados hacia él, no eran las más fraternales, Tomi ya no era un niño porque ya había cumplido diecisiete años y Bill tampoco era un adolescente a sus treinta y seis años.

—Porque ya estás grande, ¿no quieres dormir en tu cama? Hay más espacio para ti solo —intentó Bill desviar la atención del verdadero problema y Tomi negó, para ocultar su rostro en el cuello de su hermano, apretando más el torso del mayor, enredando sus piernas descubiertas por esos shorts pequeños, contra las de Bill en sus pantalones de chándal, quien terminó por suspirar y sólo intentar dormirse de nuevo demasiado cansado para seguir luchando.

Bill estaba tenso frente a la computadora, era parte normal de su trabajo que pasara algún contratiempo, incluso aunque fuera sábado, no era día libre si había algún problema con el servidor, por lo mismo es que no había dormido mucho y mantenía el ceño fruncido frente a la pantalla.

Tomi, quien se movía descalzo dentro de la casa, siendo sinuoso,  había observado la tensión de su hermano mayor, ubicándose detrás suyo en silencio y poniendo sus manos en la base del cráneo, masajeando los músculos tensos, haciendo que Bill dejara de teclear, sobresaltándose y girándose para verlo.

—Tomi no hagas eso, ve a tu habitación, ya es tarde —ordenó Bill, aún teniendo las manos del menor sobre su cuello.

Tomi sólo se acercó más, hasta ponerse con fluidez sobre el regazo de su hermano, tal cual lo hacía de niño, pero ahora era un muchacho alto casi adulto, dejando su peso sobre las piernas del mayor, sin dejar de masajear el cuello de Bill hasta pasar sus manos a su pecho, sintiendo su corazón latir desbocado, en lo que Bill tensaba su mandíbula por cómo es que Tomi estaba desestabilizándolo.

—Estás colapsando, hermanito —susurró Tomi contra su oído—. Déjame ayudarte a apagar la mente —acotó con su voz aterciopelada y Bill sujetó las muñecas del menor, deteniendo esos movimientos sobre su pecho antes de que volviera a su cuello.

—Tomi no, basta, suéltame —demandó Bill cerrando los ojos un instante para hacerse de fuerzas para decirlo—. Tienes diecisiete años, esto no es normal. Yo te vi nacer, te cambié los pañales… Soy tu hermano mayor, prácticamente tu padre, esto está mal, es enfermo —terminó por decir y abrió los ojos, observando la expresión dolida en los ojos de Tomi, ladeando el rostro, luciendo confundido y vulnerable.

—¿Hacer qué, Billy? Sólo quería darte un masaje, hacerte sentir bien porque estás estresado y eres mi hermano que siempre me ha protegido toda la vida. ¿Por qué me alejas de ti? ¿Por qué me empujas como si fuera un monstruo? —increpó Tomi en un tono dolido, que hizo que la garganta de Bill se apretara por la culpa punzante.

—Esa forma de tocarme, acercarte y mirarme no es de hermanos, Tomi —advirtió Bill, aún teniendo las manos alrededor de las muñecas del menor, y sintiendo la frustración porque era una constante verlo y tener sueños otra vez, y eso no podía decirle a su hermano, sentía asco de sí mismo, porque sólo se alimentaba más con la intensidad de la intensidad.

Tomi soltó un suspiro cargado de tristeza, por completo ensayado, y su mirada se volvió sombría.

—Es tan triste que pienses eso… Porque el problema no es como te miro o toco, el problema es lo que tú estás imaginándote en tu cabeza, ¿por qué estás tan sucio por dentro, Billy? —cuestionó Tomi, y Bill soltó sus muñecas, sintiendo que se le iba el mundo a sus pies.

—¿Qué? Yo no… —quiso responder Bill pero se trabó, directamente su hermano menor le estaba diciendo que él malinterpretó todo.

—Sí, tú, Bill —cedió Tomi, inclinándose para tener sus labios casi sobre su oído—. Mírate, no duermes, trabajas demasiado, tu mente está rota por tu trastorno, incluso aunque William no esté, hay momentos donde te pierdes y luego no lo recuerdas, por eso estás perdiendo el juicio. Tu cerebro está tan confundido por el aislamiento y tus delirios que proyectas tus pensamientos oscuros en mí. Confundes mi amor inocente y puro con algo retorcido. Me da miedo en lo que te estás convirtiendo —terminó por decir, para dejar a Bill lidiando con la terrible culpa por sus palabras que se sentían como dagas en su pecho.

Bill sintió pánico y vergüenza, porque era cierto, estaba malinterpretando todo por sus mismas ideas, lo que pasó antes con su madre, incluso que por estrés se disociara sin que William ocupara su lugar, cómo es que él mismo tenía la mente enferma y atrofiada, que sólo se había obsesionado más al ver a Tomi masturbándose, y él… No, su hermanito era inocente, sólo era un muchacho de casi dieciocho años que creció sin padres, porque su mamá fue ausente con él, y por eso es que Tomi se aferraba a él, Bill era el depravado que se imaginaba cosas donde no las había.

—Lo siento mucho, Tomi, no quería insultarte, mi cabeza… No sé qué me pasa —soltó Bill totalmente quebrado, cubriéndose el rostro por la culpa carcomiéndole por dentro.

Tomi sonrió complacido al observar cómo es que había desviado por completo las acusaciones de su hermano, recomponiendo su expresión por una de preocupación al momento de quitar con ternura las manos de Bill de su rostro, haciendo que lo viera, antes de abrazarlo fuertemente, pegando sus pechos y dejando un beso sobre la mejilla húmeda y con barba del mayor.

—No te preocupes, mi amor —susurró Tomi, usando calculadoramente la ambigüedad del apodo cariñoso—. Yo te perdono, sé que estás enfermo y que tu mente te engaña, pero nunca te dejaré. Nadie en el mundo te va a querer o cuidar con tus monstruos como yo lo hago. Ni mamá ni nadie, conmigo estás a salvo de ti mismo —acotó el menor, mostrándole esa dulce y comprensiva mirada que hacía que Bill sintiera que Tomi era su única tabla de salvación, tal cual había sido desde un bebé, su cable a tierra, quien lo hacía querer salir adelante, y era cierto, al final, era el único, porque su mamá con sus cincuenta y tres años estaba más enfocado en su jubilación dentro de siete años que pensar en él, hacía mucho tiempo que había dejado de ser esa madre protectora, y era comprensible porque Bill ya iba camino a los cuarenta donde se suponía que debía tener en orden su propia vida, sin embargo, aún estaba en un caos perenne.

Tomi se sentía feliz al sentir temblar a su hermano en su abrazo, porque sabía que él sería su salvador, su único refugio, y que pese al dolor que lo hacía sentir, se lo recompensaría después porque era un sacrificio que estaba dispuesto a hacer para poder estar juntos, Bill acabaría cediendo, sólo necesitaba un empujón más.

&

Tomi había ingresado a la cocina y observó a su madre ahí, pero lo estaba esperando, no era casualidad.

—¿No puedes dormir, mamá? —inquirió Tomi como si nada.

—Te vi salir de su habitación y cómo lo dejaste llorando —soltó Tom con la mirada severa sobre su hijo.

—Sólo estaba consolándolo, mamá, tiene mucho estrés por su trabajo —respondió Tomi usando un tono de fingida inocencia.

—¿Me crees que soy estúpido? Sé perfectamente lo que estás haciendo, Tomi. Desfilando de esa forma casi desnudo por la casa, sentándote sobre sus piernas, inclinándote para que vea cómo se te alza la ropa. Estás seduciendo a tu hermano con total descaro, y luego le haces pensar que se lo está imaginando —expuso Tom sintiendo la sangre hervirle porque ya era el colmo del comportamiento del menor.

Tomi deshizo la expresión de fingida inocencia, disolviendo aquella máscara por completo, mostrando la mirada vacía y desalmada.

—¿Y entonces qué vas a hacer al respecto? ¿Decirle? O, tengo una mejor pregunta, ¿por qué harías algo? ¿En qué te afecta, “querida mamá”? —preguntó Tomi, empleando un falso tono de cariño al decir el apelativo hacia el mayor, quien frunció el ceño.

—¿Por qué le diría a tu hermano, mi hijo, que tú estás manipulándolo para acostarte con él? ¿En serio te escuchas cuando hablas? —rebatió Tom en voz baja pero con los ojos a punto de salirle de sus cuencas, tenía un dolor punzante de cabeza, porque sabía que Tomi era un monstruo, lo tenía bien en claro, había detectado sus comportamientos desde infante, y cómo es que si bien se bajó la intensidad, al menos a simple vista, seguía pasando delante de sus narices en su casa.

Tomi no podía meterse con Bill, porque Bill… No sólo era su hermano, era su padre.

—Sí, me escuché perfectamente, madre. Y no veo el problema. Toda la vida ha sido lo mismo contigo, te has quejado de lo que hacía de niño para que me hicieras caso, para tener tu atención pero sólo tenía tu rechazo desde siempre, porque sólo me mirabas para reclamarme… Luego mejoré en la escuela, y aún así, no fue suficiente para ti, porque sólo lo hacías ver cómo que “era mi única responsabilidad”, y dabas por sentado cada uno de mis logros, el único que se alegraba por cada cosa que hacía fue Bill, él nunca me dejó de lado, siempre fui su prioridad, entonces, ¿por qué harías algo? —volvió a preguntar Tomi con el rostro tenso, apretando sus puños, habiendo soltado su verborrea por todo lo que había soportado por años, que sí, podía estar manipulando a Bill, pero él era su refugio, porque siempre estuvo allí, y por eso lo quería no sólo como su hermano, sino como su hombre.

Tom sintió que se le formaba un nudo en la garganta, porque sabía que Tomi tenía razón, que había cometido muchos errores como madre con él, pero eso no justificaba su comportamiento.

—Porque me preocupo por Bill, por ambos. No puedes anular su voluntad simplemente usando su trastorno para aprovecharte de él —reclamó Tom a su hijo, quien bufó.

—¿Por qué no? Si eso es lo que tú hiciste, ¿verdad? La única diferencia es que no puedo embarazarme de él, y que yo sí quiero darle el amor y afecto que necesita Bill y no su otra personalidad —sentenció Tomi con un tono cínico que dejó a Tom helado, empalideciendo por completo.

—Tú… —masculló Tom, interrumpiéndose porque Tomi sabía todo.

—Sí, mamá. Lo sé todo, al inicio cuando era pequeño no comprendía bien, realmente me creí lo de que Wilhelm era mi padre, pero después entendí la verdad, que William no sólo era un papá de cariño, sino mi verdadero padre, cómo es que él dejaba de ser justo cuando se trataba de ti, porque siempre fuiste su debilidad no por un cariño normal, sino porque te es devoto, ¿cierto? Cómo es que cuando está presente se mueve alrededor tuyo incluso sin tocarte, cómo te mira, y sí, los vi coger, cuando creían que dormía, gemías tan alto que me despertaste y te vi abierto de piernas para él, sentí mucha envidia y rabia, pero era lo que tenía más sentido… Siempre fuiste la puta de William, por eso es que nací —escupió las palabras el menor, haciendo que Tom le soltara una bofetada limpia y sonora que Tomi no esquivó, dejando caer el golpe sobre su mejilla justo a tiempo, porque la conversación no había sido del todo privada, había hablado en un tono que no se pudiera escuchar como tal lo que decían, pero sí atrajera la atención de su hermano y decidió insultarlo cuando los pasos de Bill estaban más cercanos.

Bill había escuchado cuchicheos en la cocina, ingresó y vio justamente cuando Tom golpeó a Tomi, quien se cayó al suelo dramáticamente, cubriéndose la mejilla roja fingiendo pánico.

—¡¿Qué hiciste, mamá?! —increpó Bill observando a su madre pero arrodillándose al costado de Tomi. —¿Estás bien, Tomi?

Tomi lo miró con temor, negando con la cabeza mientras lloraba a voluntad.

—Está fingiendo, Bill —dijo Tom, buscando que su hijo mayor entendiera.

Bill observó a su madre totalmente enojado. —¿Qué cosa vas a decir, mamá? Si Tomi no ha tenido que decirme nada, estoy viéndolo con mis propios ojos, cómo es que ya has llegado demasiado lejos. Pude soportar tu ausencia, justificar por años el rechazo pero, ¿qué lo golpees? ¿En serio? No, mamá, hasta aquí llegué. Tomi cumplirá la mayoría de edad el próximo año, sin embargo, quien se ha hecho cargo de él desde que nació siempre fui yo y ya no puedo aguantar más esto. Tomi, nos vamos, haz tus maletas por favor.

—Hijo, no… Tomi está fingiendo, yo… Él… —quiso darse a entender Tom, pero no encontraba la forma de hacerlo sin decir que Tomi sabía la verdad, sin que él mismo quedara en evidencia.

—¿Qué cosa, mamá? Yo te amo y siempre busqué que me dieras amor aunque tú nunca quisiste —repuso Tomi en un tono lastimero, y Bill se sintió deshecho porque sabía que era cierto, que su madre nunca había demostrado amor del todo por Tomi, sólo que una cosa era que no lo demostrara a maltratarlo.

—Vámonos, Tomi —repitió Bill, ayudándolo a ponerse de pie y dejando a Tom solo en la cocina.

Tom estaba atrapado en la propia tumba que él mismo había cavado bajo sus pies.

&

Tomi se quedó en silencio dentro del auto de Bill, quien no había podido dormir nada, apenas guardó todo en sus maletas, y Tomi igual para irse, recordando el apartamento que su padre le había comprado con sus abuelos hacia tantos años atrás, cómo las circunstancias habían sido diferentes, en aquel entonces, Bill se había ido huyendo de los deseos que tenía por su madre, y regresando por la culpa acuciante que me daba al saber que Tomi y su madre resentían su ausencia, él mismo se dijo que tal vez en algún momento volvería a buscar independizarse, sólo que no esperaba que fuera así, para huir de su madre porque le había pegado a su hermano menor.

Bill mismo no quería hablar en ese instante, porque al menos ya no era el muchacho de veinte años que a duras penas ganaba menos del sueldo mínimo por un trabajo de universitario, ahora ganaba un buen sueldo, sólo que no era fácil tampoco la decisión que había tomado, sabía que su prioridad era Tomi, sí, sólo que de todas formas estaba pensando en cómo sería manejar él sólo la casa, porque aún faltaba que Tomi terminara el Gymnnasium, ¿tendría que pasarlo a uno del Estado? ¿Cómo sería con su universidad? Porque sabía que estaba la opción de pedirle ayuda a sus abuelos, sólo que también implicaría que aceptara Tomi el cambio de apellido, y no sabía si era posible si aún era menor edad porque legalmente su tutor era su madre y evidentemente no podían pedirle nada.

Tomi en realidad sabía que esto era perfecto, si bien su padre había estado ausente en estos meses, y por eso había podido fragmentar más la mente de Bill, ahora al estar solos, podría conseguir que Bill sucumbiera por completo, porque Tom no estaría presente y él mantenía su papel de víctima.

Tomi no era ningún tonto, sabía que su padre no estaría contento con la idea de que se habían ido de casa, dejando a su madre, porque todo el tiempo había dejado en claro que Tom era su prioridad, pero el cuerpo le pertenecía a Bill, y si bien su padre había estado ausente, quería decir que al final, incluso aunque su hermano estuviera con la mente alterada, seguía siendo la personalidad dominante. Su padre tendría que acoplarse a ellos.

Sólo que también Tomi se sentía feliz, no sólo porque estaba consiguiendo lo que siempre había querido, sino también porque le había soltado sus verdades a su madre, tantos años acumulados, y cómo nunca había sido suficiente, incluso si no lo amara, al menos hubiera hecho un mejor esfuerzo en vez de sólo dejar en claro que no importaba ni tenía el valor necesario.

Tomi no tenía la culpa de haber nacido fruto del incesto de una madre con su hijo, él no pidió nacer en aquel hogar retorcido, y sólo sabía que Bill siempre lo había amado como sea, incluso aunque lo usara y manipulara, a pesar de que sabía que Bill tenía muchas debilidades, sabía que ese hombre, que era su padre y hermano, también era el amor de su vida, su todo… Tomi podría cuidar bien a Bill, dándole el protagonismo en su vida, tal cual su madre había hecho con William, y claro, Tomi amaba a su padre, pero… Tal cual se lo dijo él cuando tenía trece años: todos tenían debilidades y Bill era la suya.

Así que William tendría qué entender cuál era su lugar, porque siempre había sido padre y mentor, pero el dueño de ese cuerpo era Bill, y Tomi se encargaría de que él disfrutara su propia vida sin ser sólo el juguete de su madre, ya que Tomi al menos haría que Bill supiera y aceptara la idea de ser usado, porque tenía mucho poder de convencimiento, a diferencia de su madre que sólo lo hacía a sus espaldas con William.

Continúa…

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por Kasomicu

Escritora del Fandom

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