Día 16: Uso inadecuado de (inserte algo de su gusto: Soplador de burbujas).
Nota: Este fic se mantiene en el universo normal, existe Tokio Hotel, Bill y Tom son gemelos, lo que varía es que Tom es blackpink, para quienes no ubican la terminología botTomera, es intersexual, es hombre pero posee vagina, no tiene tetas, no es un hombre trasgénero. Lo demás fueron delirios esquizoides que tuve luego de mucho pensar qué objeto podría darle un uso inadecuado, para no recurrir al pastel otra vez (como en Problemas familiares xd), o tampoco hacer una versión 2.0 de Pepinillo Bill JAJAJAJ, en fin, fuera de ello, esto creo que vendría a ser algo de humor, romance y excusa para porno con demasiado contexto porque le da más sabor. Vendría a ser el día 16 del incestember 2026 organizado por Sunmess Odinson.
NO MÁS POR ACLARAR JAJAJA, porque ya que hay gente que cree que los fics son guía para las cosas en la vida real (no lo es, es viene de FICción del FAN, FANFIC por eso, ejém), pero como persona que tiene una sexshop en la vida real, los juguetes para adultos son de un material adecuado para la zona íntima, que resiste al calor entre otros, así que NO INTENTES REPETIR ESTO EN CASA, cómprate un dildo y ahórrate las infecciones o problemas de salud posteriores 😉

(One-Shot de Kasomicu)
«Burbujas»
Habían tenido la genial idea de hacer una parada para usar el baño porque Georg había atorado el del tourbus, y sí, la verdad es que era urgente que bajaran para usar los servicios mientras que llenaban el tanque de gasolina.
Sólo que el que decidieran no sólo comprar cosas en la tienda de víveres de la gasolinera, sino irse a un costado a la tienda para fiestas, es lo que le fastidió a Tom, porque él quería comprarse unas papas, gomitas y cervezas para ver algo en la televisión del tourbus, no jugar como si fueran mocosos, es decir, ya tenían dieciocho años para estar queriendo jugar con estupideces.
Ellos tenían dieciocho, Gustav diecinueve y Georg veinte. Pero como no podía regresar al bus hasta que estuviera lleno, y también temía dejar al idiota de su gemelo solo, es que cedió a meterse a la tienda con el resto.
—¿Pero luego iremos por comida, verdad? Porque ni modo que traguemos globos y serpentina para estar en el tourbus —se quejó Tom.
—Dios mío, siempre con ese temperamento, ¿se viene marea roja? —se burló Georg y Tom le mostró el dedo medio frunciendo el ceño.
—Eso molesta más a las mujeres, Geo, te lo digo por experiencia, mi hermana detestaba que le señalará eso —masculló Gustav y Tom apretó más la mandíbula.
—No soy una jodida mujer, par de imbéciles de mierda —rebatió Tom estresado porque le daba rabia que le dijeran eso por tener vagina, y él era un hombre, porque no tenía pechos ni nada, y sí, le venía el periodo pero no todos los meses, aunque también era una molestia tenerlo, era un caso extraño de intersexualidad y le daba muchísimo coraje que lo redujeran sólo a sus genitales, como si él fuera menos hombre por tener hormonas de mujer y vagina.
—Ya, Tomi, no te enojes, sólo estaban haciendo un comentario en broma —dijo Bill, tocándolo por la espalda baja y Tom se tensó, zafándose de su agarre, haciendo que Bill jalara el piercing de su lengua en un gesto ansioso, porque no le gustaba cuando el de rastas rechazaba su contacto.
—Ya, compren sus idioteces para luego ir a comprar a la tienda e irnos —sentenció Tom, demasiado enojado en este punto, cruzándose de brazos, manteniéndose a la defensiva.
Georg se alzó de hombros y comenzó a buscar en los pasillos, con Gustav acercándose para fijarse en lo que Bill miró a Tom.
—¿Estás bien? —preguntó Bill sin tocar a su hermano, quien terminó por suavizar algo su expresión, es decir, sí, estaba de mal humor, porque era incómodo haber tenido que aguantar las ganas de orinar y todo porque Georg no tomaba más agua y… Sólo quería comer algo rico y distraerse no tener que soportar estar entre niños cuando ya no lo eran, y quizá nunca lo fueron porque los forzaron a crecer pronto.
Pero Tom estaba frustrado, sí, sólo que quizá estaba siendo un irascible.
—Sí, Bibi, no te preocupes —respondió Tom, a lo que Bill lo miró dubitativo, pero como el de rastas no tenía el mejor semblante, prefirió quedarse en silencio, asentir y unirse a los Gs.
Tom soltó un suspiro al quedarse solo, caminando detrás de ellos, sin entender la fascinación por fijarse en las cosas para fiestas, o cómo Georg le apuntaba con el oído a Bill con uno de los juguetes ruidosos de plástico, haciendo un ruido estridente que hizo a su gemelo meterse en dedo al oído fastidiado en lo que Georg se reía, haciendo que el de rastas pusiera los ojos en blanco, porque eran unos pesados de por sí, como si tuvieran cinco años y no fueran unos adultos.
De todas formas, Bill ya estaba con el oído lo suficientemente arruinado por los conciertos y ensayos que tenía que hacerse constantemente chequeos y tratamientos para no quedarse sordo, porque su voz era su instrumento, sólo que también dependía de su oído para poder cantar.
Bill luego sujetó uno de los bastones para hacer burbujas, inspeccionándolo antes de decidirse en realmente comprarlo, haciendo que Tom pusiera los ojos en blanco, era el colmo de la estupidez en su opinión, pero se mantuvo en silencio mientras seguían fijándose y jugando en los pasillos, con Georg terminando por comprar unos silbatos y globos, y Gustav una lata de espuma, con Bill llevando su mentado palo para hacer burbujas. Tom no quiso comprar absolutamente nada, saliendo primero de la tienda para meterse en la otra dónde sí se llevó todo lo que quería comer, beber y también cigarrillos para controlar su ansiedad, esperando con ansias cuando harían una parada que no fuera para tener un baño decente, en lo que le ponían gasolina al tourbus y mantenimiento al auto, sino dónde pudiera dormir en un jodido hotel con una cama más cómoda, y al menos algo más de privacidad, una ducha decente también, porque vamos, Tom podía ser todo lo práctico del mundo de bañarse hasta en los sitios más reducidos con botellas de agua de ser necesario, pero la comodidad que ofrecía la ducha de un hotel y no un carro en movimiento, le daba un plus total.
Habían tantas cosas que Tom quería hacer y no podía en el tourbus.
Cuando terminaron de llenarse de bolsas de la tienda de víveres, es que salieron y ya estaba listo el tourbus para que se volvieran a subir.
Bill lo hizo primero, a lo que Tom bufó, mientras que Georg y Gustav los seguían detrás.
—¿En serio gastaste tu dinero en esa estupidez? —preguntó Tom mientras que abría una bolsa de papas en hojuelas y se metía un puñado en la boca.
Bill arqueó una ceja.—Sí, es mi dinero y puedo hacer lo que quiera con él, no entiendo en qué te afecta.
—Que es para niños, y ni siquiera vas a usarlo —expuso Tom.
—Sí voy a usarlo, para eso lo compré, sólo que es mejor hacerlo en un sitio abierto que dentro del auto. Te repito, ¿en qué te afecta? —preguntó Bill que realmente no entendía el por qué Tom se lo tomaba tan personal, y el de rastas chasqueó la lengua.
—Tu mentado avión por el cual armaste todo un drama, el que refuerces ese comportamiento infantil como si no tuvieras mayoría de edad, no sé, así digas que no me afecta, soy tu gemelo, es obvio que sí —acotó Tom y Bill frunció el ceño.
—Tú mejor que nadie sabes todo lo que pasamos desde niños, que hizo que no tuviéramos la mejor infancia, porque teníamos que crecer para protegernos por si le pasaba algo a nuestra madre, entonces que ahora quiera tener alguna experiencia que me reconforte, incluso por más infantil que sea, no debería importarte, porque directamente no te afecta en absolutamente nada, Tom. Hemos pasado nuestro cumpleaños número dieciocho en la carretera, no es que mágicamente tengamos que ser la epítome del buen ejemplo como adultos, seguimos siendo jóvenes, y si se me antoja hacer burbujas es mi puto problema, no el tuyo —sentenció Bill.
—Me das vergüenza, porque incluso aunque quieras disfrazarlo de nostalgia o algo, es más que evidente que quieres sólo ignorar que ya no somos unos jodidos niños, y ese tiempo no regresará jamás, madura un poco —soltó Tom con expresión enojada para sujetar sus papas e irse, dejando a Bill perplejo.
—Dios, probablemente sí le va a venir el periodo pronto —masculló Georg en voz baja porque había escuchado toda la discusión de los gemelos, mientras que Gustav prefería mantenerse al margen, porque meterse en un conflicto entre los Kaulitz era ganarse un lío innecesario.
Bill si bien sintió rabia, prefirió quedarse en silencio, no le haría caso a Tom, que siguiera con sus jodidos dramas y fuera el supuesto maduro con sus diez minutos sobrevalorados para ser el hermano mayor, en su título auto impuesto. Al final de cuentas, el que Tom fuera innecesariamente cruel no era algo nuevo, y no es que Bill mismo fuera un santo, sólo que a veces no comprendía por qué Tom se auto exigía tanto, queriendo que también Bill cumpliera con lo que se suponía esperasen de ellos. No, él ya se había limitado bastante de por sí, incluso aunque fuera un ícono para tantos jóvenes, sabía que había pasado por mucho, y le daba mucho enojo que Tom sacará una superioridad moral que no poseía, para tratar de sentirse mejor consigo mismo o lo que fuera. Lo ignoraría.
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Tom había permanecido con ese mal humor, que sólo se acrecentaba viendo a Bill hacer sus jodidas burbujas, incluso desde la ventana, como si fuera un maldito niño, y haciéndole pasar la vergüenza de siempre mientras que él…
Cómo le daba tanta rabia verlo juntar los labios y soplar las burbujas, o a veces Bill mismo reventándolas y reírse aplaudiendo, por lo general verlo sonreír también lo ponía feliz, sólo que… Tom había preferido mantenerse enclaustrado en su litera, saliendo sólo para lo estrictamente necesario para no tener que explotar de nuevo con Bill.
Las paradas, volviendo a hacerse, para que ellos pasearan poco y respirarán algo de aire, haciendo que tuvieran un par de horas, sin embargo, Tom había decidido quedarse en las últimas ocasiones, Bill no le había hecho caso, no obstante, sí empezó a notar un fenómeno peculiar cada que salía.
Al inicio pensó que sólo era su imaginación, porque cuando hacían una parada, y él iba de compras o a turistear un poco con los Gs, dejando al aburrido de su gemelo, al regresar, se percataba que su palo de burbujas estaba en otro lugar, sólo que al comienzo pensó que no, que sólo era una confusión.
Sin embargo, sucedía cada que Bill salía, y Tom era el único que se quedaba en el tourbus, dónde incluso se había percatado que a veces parecía como si… Lo limpiaran.
Entonces cuando Bill notó que esto no era obra de su imaginación, o haber olvidado dónde lo dejó, es que le recriminó a su hermano.
—¿Por qué agarras mis jodidas cosas? Estuviste molestando porque considerabas algo infantil el que me comprara el palo de burbujas, y estás usándolo cuando salimos. Ni siquiera sé cómo porque el líquido sigue intacto, quizá lo mides antes de gastártelo y haces más después con shampoo, como cuando combinabas con agua mi refresco porque marcaba donde había dejado pero yo lo sabía porque le cambiaba el sabor —se quejó Bill mirando a su gemelo y Tom puso los ojos en blanco, cruzándose de brazos.
—¿Puedes dejar de decir estupideces? ¿Para qué diablos voy a agarrarme tu estúpido juguete? Tengo mejores cosas que hacer en tu ausencia, seguro ni sabes dónde dejas tus cosas y me vienes a culpar —soltó Tom.
Bill apretó la mandíbula. —No sé para qué te haces el maduro si quieres ponerte a jugar cuando nadie te ve, sólo admite que estás agarrándolo y no haciéndome ver cómo un maldito demente.
—No agarré tu estúpido juguete, y jódete, Bill —respondió Tom para dejar a su hermano con la palabra en la boca.
Bill apretó sus manos en puños, resistiéndose las ganas de lanzarse sobre Tom y golpearlo por ser un reverendo imbécil, al final su gemelo era quien estaba siendo el maldito inmaduro allí.
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La próxima parada que tuvieron sí fue por un concierto, que luego les permitirían, a modo de premio, el dormir en un hotel, en lo que también volvían a hacerle un mantenimiento al tourbus, así que todos estaban un poco ansiosos con la idea de dormir sin tener que estar en movimiento y en una cama real, aparte de que les darían el día libre para que pudieran relajarse y recuperar energías antes de seguir la gira.
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Cuando al día siguiente después del concierto, Tom dijo que tampoco se uniría a ellos para salir por la ciudad, es que Bill lo sabía, él iba a quedarse y agarrar su maldito palo de burbujas, y esta vez no dejaría pasarlo, lo descubriría usándolo para tomarle fotos y luego recriminarle lo doble moral que era.
Así que mantuvo su discurso de que sí iría con los Gs y que se demoraría, incluso aunque no compartieran cuarto, Bill sabía que ambos tenían un repuesto de llave del contrario, sólo para emergencias, y eso a veces incluía el que necesitarán dormir juntos por no sentirse del todo bien, y cómo se reconfortaban cuando descansaban abrazados.
Tom podía ser bueno, Bill sabía que lo era, que las personas de por sí no es que sólo fueran blanco y negro, sino grises, con matices, y en sí su gemelo, si bien había dicho que también el que lo buscara para dormir era algo infantil, seguía sin reusarse a tener la llave de repuesto, por eso es que de aquella manera, Tom ingresaría a su cuarto y robaría su maldito juguete.
Bill controló el tiempo, no queriendo sólo ir de inmediato, no, porque Tom no sería descuidado, esperaría un tiempo para hacerlo, así que Bill le dio media hora, y luego les dijo a los Gs que quería regresarse porque se sentía un poco enfermo.
Cuando regresó al hotel, primero quería corroborar que todo hubiera pasado según su plan, así que primero fue a su propia habitación, abriendo su maleta y confirmando que, en efecto, no estaba el mentado juguete de burbujas.
Realmente no era lo mejor hacer burbujas dentro de un cuarto de hotel, pero suponía que para Tom sí, así que Bill ya se sentía lo suficientemente confiado para increparle todo lo que había dicho, incluso llevando la cámara para captar aquel momento infantil con que le reclamaría cada que se quejara de él.
Así que Bill sujetó la llave de repuesto y se dirigió hacía la habitación de su gemelo, con la cámara en la otra mano, dispuesto a tomarle la fotografía infraganti, sin embargo, al ingresar a la recámara de su gemelo, es que se quedó paralizado con la escena que tenía frente a él, sin llegar a presionar el botón para tomar la foto, porque de todas las posibilidades que pensó encontrar a su gemelo, definitivamente esta no se le pasó ni por asomo por la mente…
Tom estaba abierto de piernas en la cama, completamente desnudo, con las rastas sueltas sobre sus hombros, una mano con el índice y medio acariciando su clítoris mientras que la otra… Estaba insertando parte del palo de burbujas en su interior, meciendo su caderas, masturbándose con él.
El cómo la puerta sonó por el clic al volver a cerrarse, hizo que Tom rompiera su expresión de concentración con ojos cerrados, labios entreabiertos mientras se masturbaba, observando que Bill estaba viéndolo con fijeza, haciendo que el sonrojo que tenía el de rastas por su excitación, se extendiera profusamente, mientras que con rapidez, se cubría con la sábana.
—¡¿Qué diablos haces aquí?! —interrogó Tom con la voz apretada y aguda debido al bochornoso momento que estaba atravesando, donde incluso por el susto dejó de tocarse y su interior botó el juguete de su hermano.
Bill todavía estaba procesando lo visto, aunque el que su gemelo se hubiera tapado al menos le ayudaba a poder concentrarse más, regresando su mirada hacia el rostro de Tom, y analizando lo que le había dicho.
—¿Yo soy el que debe responder? Aquí hay muchas más interrogantes y no soy yo quien debe contestarlas, Tom —expuso Bill en tono acusador, acercándose a su gemelo, para luego sentarse al costado de la cama, observando cómo sobresalía por debajo de la colcha la base de su juguete, mientras que el de rastas tragaba saliva viendo a la pared aún sintiéndose por demás humillado—. Yo… Realmente noté, y te lo dije antes, que sabía que estabas usando mi juguete, sólo que… Creí que hacías burbujas a escondidas, ¡no que te estabas masturbando con él! Es decir, ¿qué carajos, Tom? Y luego lo lavas, y me lo dejas como si nada, ¡algo que me meto a la boca! —terminó por decir, ya que no es que él se metiera la parte que Tom se introdujo a sí mismo, y ni siquiera era como tal que no él chupara o algo esa zona, era más bien que al sacar el palito hacía las burbujas, sólo que de todas formas cobraba sentido el que en ocasiones había visto que estuviera aún más limpio, porque Tom lo lavaba después, y esperaba antes, de metérselo, quitándole sus fluidos y… Bill mismo se sintió un poco enfermo porque tenía un bulto culpable en sus pantalones, sólo que debía fingir demencia y centrarse en que Tom se masturbaba con algo que definitivamente no era un dildo.
—Lo siento, yo… Lo lamento —soltó Tom con la voz quebrada, sintiendo tanta vergüenza por haber sido descubierto, y Bill suavizó su expresión al notar el tono con que hablaba su gemelo, y verle con las lágrimas asomándose.
—¿Por qué lo haces? ¿No prefieres comprarte un dildo o algo así? —preguntó Bill, ya no queriendo armar un escándalo, Tom estaba afectado sintiendo vergüenza porque lo encontró así en un punto frágil y bochornoso.
—Lo intenté antes —respondió Tom, secándose las lágrimas apenado, porque él sabía que estaba mal por dónde se le viera, que su frustración sexual lo había hecho sentirse irritable, porque cuando no estaban de gira, podía buscar cualquier ligue y que se lo cogiera, sólo que de gira no era posible.
David había sido bien tajante con ello, que nadie debía saber de la condición de Tom, de hecho el mismo muchacho de rastas no era que lo dijera así como así, en la escuela de por sí eran crueles por sus estilos, el sumarle que no tuviera pene habría sido motivo de ser considerados aún más fenómenos de los que ya los llamaban, y si de por sí le habían amenazado con romperle los dedos por tocar la guitarra, habría sido peor el acoso. Por eso es que Tom mantenía su calentura con personas de afuera, primero sólo masturbándose hasta acalambrarse sus dedos, y luego teniendo sexo con protección con hombres en lugares alejados, algo que no podía hacer de gira. Ni tampoco comprarse un vibrador porque David le había advertido que tenían una imagen que cuidar, que todos debían ser deseables para las mujeres, y que por eso no podían pensar que eran gays, o que uno de ellos tenía vagina.
—Sólo que no quisieron venderme por ser menor de edad, y luego… —Tom soltó un suspiro, explicándole lo que le dijo David en privado, porque si bien habló de forma general que tenían que vender una imagen como grupo, de todas formas, había sido un tanto más riguroso con él, para evitar que se supiera de que poseía vagina o que saliera embarazado, no quería ni siquiera que lo relacionaran a algún juguete sexual porque viajarían al extranjero, y en los aviones había revisión de maletas, y Bill terminó por fruncir el ceño.
—No es justo, deberías poder comprarte un juguete, incluso si sólo fuera para usarlo con una chica, en el peor de los casos que alguien de la prensa se enterara, ¿no entraría eso bajo tu imagen de mujeriego? Y se me hace un imbécil por darte más presión a ti, ¿sólo por qué? ¿Por qué tienes vagina? No es justo —repitió Bill, sintiéndose fastidiado porque su manager hiciera aquel tipo de distinciones.
—Lo sé, pero no te comas la cabeza con eso, es algo normal para alguien como yo —repuso Tom con un deje de malestar que venía del “trato distinto” por tener vagina, como si él mismo hubiera pedido nacer así.
—¿Y por qué usaste mi juguete? ¿No era mejor con los dedos o algo así? —mencionó Bill, otra vez bajando la vista y notando el juguete acusador asomándose entre las piernas de su hermano, no es que Tom tuviera piernas de mujer, no, eran delgadas y velludas al igual que él, sólo que a ellos no los bañaban juntos desde que eran bebés básicamente, así que no había visto desnudo a su gemelo desde hacía mucho tiempo, es decir, sí con bañador cuando iban a las piscinas, o la playa, pero no directamente su zona íntima, cómo es que Tom se había rasurado los vellos de su monte, y los labios hinchados y rojizos se tragaban el juguete, o cómo su clítoris estaba inflamado bajo sus dedos, haciendo los mismos movimientos que hacía con la cuerda de guitarra pero en él mismo.
Bill sintió cómo se abultaba nuevamente sus pantalones ante el recuerdo de lo que había observado, y que sabía que estaba allí, a una escasa distancia suya, que si él quitaba la sábana, podría verlo más de cerca, porque Tom estaba húmedo y ese rostro concentrado… Negó con la cabeza, estaba mal que pensara en su gemelo de esa forma.
Tom se mordió el interior de su mejilla, porque la respuesta a la pregunta de su gemelo no era por… Algo casual, él sabía que si bien conforme había crecido, había tenido la libido alta, como cualquier adolescente, y buscado tocarse a sí mismo, el asunto era que… Solía usar cosas para meterse desde antes, sólo que eran cosas… Que no eran suyas, sino de Bill, marcadores que usaba Bill para los papelógrafos, las cartulinas y demás cosas que les pedían en la escuela, en sí compartían los marcadores, pero los consideraba “de Bill”, porque su gemelo al momento de hacer sus trabajos, a veces concentrado mordía la parte trasera, dejándole rastro de sus dientes, y si bien Tom mismo tenía una fijación oral, no hacía eso.
Siempre le había regañado a Bill por ello, porque era “desagradable”, pero a escondidas también usaba el marcador para insertarlo, pensando que Bill lo había mordido o chupado.
Eso se había mantenido con muchas cosas que Bill se metía a la boca, o que le pertenecieran, también haciéndolo con la base del mismo cepillo de dientes de su gemelo o el mango de su peine, teniendo que parar cuando usaba el tubo de laca de Bill, porque casi había tenido un accidente con él dentro suyo.
Tom sabía que era algo enfermizo, pero no le pasaba con nadie más, incluso con los hombres que se había metido, buscaba que tuvieran algo parecido al estilo de su gemelo.
Y había sufrido en demasía cuando lo veía feliz con aquel tubo de burbujas, él estando en su sequía sexual, porque sólo pensaba que Bill era un idiota infantil, y que estaba con un objeto cerca de sus labios, uno que podía meterse… Terminando así, masturbándose con el juguete de su gemelo.
—Los dedos no son suficiente —respondió Tom, fijándose en Bill y cómo tragó saliva cuando dijo eso, haciendo que por inercia el de rastas bajara la vista hacia la entrepierna de su gemelo notando que estaba erecto, y Tom sintió la garganta seca.
—Pero… ¿Otra cosa? ¿Un pepino? No sé, ¿por qué justamente algo mío? —inquirió Bill, encorvándose un poco mientras se cruzaba la piernas para disimular su erección al sentir los ojos iguales a los suyos, posarse sobre su entrepierna.
Tom se relamió los labios, porque él mismo era consciente de que si había hecho todo eso era porque quería que Bill se lo cogiera, sólo que no podía hacerlo al ser hermanos, porque, ¿qué cosa pensaría Bill de él, verdad? ¿Qué clase de hermano sería? Sin embargo, ahora Bill estaba preguntándole mientras intentaba, inútilmente, ocultar que se había excitado viéndolo, haciendo que su momento humillante se volviera una oportunidad.
—Tal vez por el mismo motivo por el que intentas ocultar que te pusiste duro viéndome —respondió Tom, y Bill tosió poniéndose aún más nervioso, a lo que el de rastas movió su pie para ubicarlo en el regazo de su gemelo, ejerciendo una estimulación que hizo que Bill jadeara porque palpitó contra los dedos de los pies de su gemelo, que lo miró con fijeza, sin titubear en sus acciones, incluso sin tocarlo con sus manos.
—Tú… Te prende que… Aah… Que esté cerca de mi boca, que sea mío, ¿es eso? Te burlas de mí, me insultas y… Sólo… Quieres que te folle, ¿verdad? —cuestionó Bill para detener el movimiento de Tom sobre su entrepierna, haciendo que el de rastas no supiera si era un rechazo o una invitación la pregunta que estaba haciéndole.
—Tal vez —cedió Tom, teniendo la mano de Bill apretándole el tobillo, observando sus uñas manicuradas alrededor de su piel, haciendo que su excitación se reanudara, porque había fantaseado mucho con las manos de su gemelo, por más que, en esencia, fueran iguales a las suyas, Tom consideraba que no era así, y el pelinegro sólo hizo el agarre más fuerte en el tobillo de su gemelo.
—¿Tal vez? —preguntó Bill con tono cínico, sujetando con la otra mano el juguete y examinándolo.—Mira cómo lo dejaste chorreando de tus fluidos, y estás buscando excitarme al tocarme con tu pie, entonces creo que un “tal vez”, se queda corto, ¿no es así? Y… Aún recuerdo lo que me dijiste, que te hacía sentir vergüenza porque era tu gemelo haciendo cosas de niños… ¿Y cómo es que esa vergüenza no la sientes a meterte cosas de tu hermano inmaduro, eh? —interrogó, acercándose el juguete hasta el rostro, olisqueando la esencia de Tom, y pasándole la lengua por encima, saboreando los fluidos del de rastas, que sólo sintió el tintineo entre sus piernas por el gesto obsceno que había hecho Bill.—Quiero corroborar cómo es que te mojas por mí, directamente de la fuente —agregó para soltar el juguete, y sujetar a Tom por la otra pierna, jalándolo hacia él, consiguiendo que por el movimiento brusco se alzara la sábana, mostrando que el coño nuevamente húmedo por las palabras de Bill, quien sonrió, soltando una de sus piernas para acercar su mano hasta hasta la entrepierna de su gemelo, quien soltó un gimoteo cuando Bill acarició su clítoris inflamado, luego bajando por sus labios, en un mero gesto exploratorio con sus dígitos, pero que hizo que el clítoris de Tom palpitara más contra ellos, mojándose aún más—. Estás empapado por mí… —habló alzando la mano, mostrando sus dedos con su lubricación y Tom se relamió los labios, con sus propias pupilas dilatadas por el deseo.
—¿Y qué vas a hacer con eso? —preguntó Tom, echado sobre el colchón por cómo Bill lo había jalado, de piernas abiertas para él, y mirándolo retador, él quería tanto que Bill lo follara que cuando Bill se chupó los dedos con lascivia, cerrando los ojos un momento, degustando los jugos del coño de su gemelo, es que Tom soltó otro gemido, porque él quería esos dedos pero nuevamente palpándole su intimidad, por lo que sujetó la muñeca de Bill, haciendo que dejara de chuparse los dígitos, para dirigirlos hacia su entrepierna, y Bill sonrió.
—¿Los quieres allí entonces? —cuestionó Bill con retintín, haciendo una presión por los labios excitados de Tom, metiéndole sólo un poco de sus dedos, sin profundizar.
—Hazlo… Fóllame —demandó Tom, que no le gustaba rogar, pero en esta ocasión, ya no tenía más opción, pero Bill lo mantenía con el deseo en vilo por cómo los pasaba por fuera… Acariciándolo no con miedo, sino para tentarlo más.
Bill se inclinó en medio de las piernas de Tom, sacándole los dedos, para separar sus labios, y comenzar a chuparlo… El de rastas se aferró a los cabellos largos de su gemelo cuando sintió el primer lametón sobre su clítoris, cómo es que posteriormente hizo una succión alrededor, y luego lengüetazos que se sorbían el fluido de sus labios, con la punta de la nariz de Bill haciéndole una ligera presión sobre el clítoris, y después los dedos regresaron, haciendo que Tom soltara un gemido alto con las piernas temblando, mojándose más contra la boca de su gemelo.
Bill estaba disfrutando de comérselo, porque al verlo así de dispuesto, sólo pensó en follárselo, y el saber que Tom era un degenerado que se masturbaba pensando en él con sus cosas, sólo le daba el permiso para cumplir esa fantasía que tenía, y no por sólo algo morboso, sino que él mismo había resentido la distancia entre ambos, y si hubiera sabido que se podía disolver sólo cogiéndoselo, lo habría hecho muchísimo antes.
Tom estaba temblando al tener ahora a Bill pasando de arriba a abajo su lengua por su clítoris, mientras jugueteaba con sus dedos como gancho en su interior, haciendo el movimiento de arrastre, dándole en su punto G.
—Bill… Voy a… Aah… Ngh… —se interrumpió Tom en un jadeo porque se iba a correr, queriendo moverse o algo, pero la mano de Bill sobre su vientre bajo, manteniéndolo en esa posición, con una suave caricia con su pulgar y aumentando el giro de sus dedos sin cesar en el trabajo que hacía con su lengua… Terminó por hacer que Tom se corriera en su boca, con Bill tragándose toda su vida, para luego acercarse hasta su rostro y besarlo.
Tom se probó a sí mismo en la boca de su gemelo, sintiendo ese piercing de la lengua de Bill contra la suya, y no le interesaba, ya antes había probado su propio sabor, y ahora, lo primordial no era eso, sólo le daba un regusto que alimentaba su vena posesiva, sino que también sentía a Bill duro en medio de su cuerpo, mientras lo abrazaba con sus piernas.
Fue tan natural para ambos el besarse, que ni siquiera cuestionaron lo enfermizo que pudiera ser, simplemente Tom bajó la mano para abrirle el cierre a Bill, y meter la misma mano dentro de su ropa interior, sacando la dureza de su gemelo, quien soltó un jadeo contra la boca del de rastas, cuando sintió su mano masajearlo.
—¿Sientes cómo mi corazón no sólo palpita por ti? —preguntó Bill contra el oído de Tom, para luego morderle el lóbulo, haciendo que Tom se arqueara, y su coño sensible chocara contra la entrepierna de su gemelo.
—Dámelo —ordenó Tom, guiando la erección de Bill contra su vagina, y Bill sonrió contra su cuello, chupándoselo un poco y haciendo que la mano del de rastas temblara.
—Te lo daré… Estás tan resbaladizo que no necesitarás más preparación, disculpa si es más grueso que el palo de burbujas —advirtió Bill, reemplazando la mano de Tom por la suya, para sujetar su miembro y meterlo en el interior del de rastas, quien se aferró a los hombros huesudos de su gemelo, cerrando los ojos un momento—. Escúchate… —jadeó el pelinegro, comenzando a mecer las caderas de adentro hacia afuera, mientras sonaba el choque de sus pelvis pero con el sonido de la humedad.—Tan húmedo por mí… Haré burbujas con tu coño, ¿no lo sientes tan dentro, Tomi?… ¿Sigo pareciendo un niño ahora? —preguntó sin dejar de metérsela, haciendo que Tom sintiera las lágrimas de placer bañando su propio rostro.
—No… ¡Aah!… ¡Bill! —gimió Tom mientras que su gemelo seguía dándole estocadas que lo estaban haciendo perder todo el sentido común, percibiendo cómo latía en su interior, cada vena, cada meneo de sus caderas para profundizar, y viendo su rostro contra el suyo, el mismo que era casi idéntico al suyo, que lo estaba aturdiendo y perder la razón por tenerlo así de obnubilado por su placer.
Bill estaba desquitándose un poco, sí, las pullas, las molestias previas, las cosas que había dicho y hecho Tom, estaba regresando a él, haciendo que él dejara salir mediante el ímpetu al follarlo, pero era un desfogue adecuado, porque Tom lo quería así, rudo, y estaba disfrutándolo, por eso lo veía completamente entregado a su placer, con la expresión descompuesta, y apretándolo más como si su interior quisiera tragárselo.
Bill volvió a besarlo, bajando su mano en medio de sus cuerpos, dándole un apretón en un pezón antes de bajar por su vientre trabajado que se contraía por las embestidas, teniendo las piernas de Tom abrazándolo como si fuera una presa de un depredador, no queriéndolo soltar, mientras que Bill siguió su recorrido en la unión de ambos, para dar con el clítoris de Tom, jugando su lengua, batiendo sus caderas, empujándose más dentro… Hasta que Tom sintió cómo el orgasmo le vino de lleno desde los pectorales hasta toda la extensión de su cuerpo, haciendo que se corriera contra los dedos de Bill, con las piernas temblando, mientras que Bill empujaba unas veces más hasta venirse dentro de su gemelo, separándose el rostro por aire y viéndose ambos.
—Tienes que contarme todo lo que haces con mis cosas, eh —advirtió Bill, para bajar su mano y darle un pellizco en la nalga a Tom, quien se rió, aún teniendo el miembro dormido de su gemelo en su interior.
—En realidad es una larga historia… —empezó a decir Tom, y Bill arqueó una ceja.
—¿Qué tan larga? —cuestionó Bill.
—¿Te acuerdas de tus rotuladores con mordiscos…? —comenzó a relatar Tom todo lo que había hecho con cada objeto de su gemelo pensando en él, dando el inicio de su primera charla sobre sus sentimientos que habían ocultado por tanto tiempo, y que deberían comprar condones, y tomarse la pastilla del día después, entre otras opciones para que Tokio Hotel no se convirtiera en banda de canciones de cuna de bebés deformes.
Cuando Bill se salió del interior de Tom, es que se rió porque realmente su semen mezclado con los fluidos vaginales de su gemelo, es que había hecho unas burbujas en el coño del mayor.
—Te lo dije, haríamos burbujas —comentó Bill riéndose.
—Mejor aprovechemos antes de que regresen los Gs y para darle un buen uso a la pastilla del día después —soltó Tom, guiñándole un ojo, para jalar a Bill hacia él otra vez.
Sólo que también mantendrían aquel secreto que nadie debería saber, y cómo todo había empezado por un palo de burbujas.
F I N
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