Fic Toll de Kasomicu
Capítulo 3

Conforme pasaron los meses, Bill cumplió once años, y Thomas diecisiete, para ese mismo tiempo, es que Thomas ya había pasado de sólo besarse con Verónica, a… Intentar hacer algo más, fue ella quien se lo sugirió cuando se estaban besando en su habitación.
—Podemos hacer cosas de adultos —mencionó Verónica.
—Pero… Erik me mataría, no tengo condones —repuso Thomas avergonzado, porque sí tenía una erección en sus pantalones, y lo máximo que habían hecho era frotarse por encima de la ropa al besarse, nada más, sólo que su novia le estaba ofreciendo el hacer algo más que eso, como los adultos como… El porno.
—Podemos… Lamernos —ofreció Verónica sonrojaba pero determinada a intentarlo, porque quería mucho a Thomas, si bien no era su primer novio, sí era el más especial con quien quería desatar todos su deseos de las cosas que sentía por él, y por las ideas que se daba cuando leía tantos libros prohibidos en soledad.
Thomas tragó saliva, sin embargo, dejó que Verónica guiara, haciendo que él comprendiera cómo es que ella podía darle placer con su mano y boca, y él también su torpeza, intentara complacerla, aunque ambos eran inexpertos, la inexperiencia, el deseo adolescente, y las hormonas hicieron que pudieran llegar al orgasmo pese a todo.
Sólo que eso sólo fue el comienzo de ambos al desatarse en los placeres carnales porque sólo les hacía sentir ansías de probar más, como si no fuera suficiente, y quizá era así.
Sin embargo, al llegar a la escuela al día siguiente, es que Georg se le acercó a la salida.
—Tom, ¿lo tuyo con Nica va en serio? —increpó Georg, mirándolo con seriedad, algo muy inusual en su amigo.
—Uhmn, es mi novia, ¿por qué? —interrogó Thomas sin comprender del todo la pregunta.
—Es que… ¿Se lo has dicho a Bill? ¿La amas? —cuestionó Georg, sonando un poco más insistente.
—¿Qué? Eh… No se lo he dicho a Bill, aunque ahora que lo pienso, tendría sentirlo hacerlo, hasta podría llevarla a que la conozcan así como a mi mamá —comentó Thomas percatándose de ello.
Georg se sentía un poco tenso porque sentía que Thomas no lo comprendía, y como era de esperarse, él mismo no podía ser del todo sincero.
—No olvides que tenemos comida familiar el sábado, ¿ok? No vayas a faltar —le recordó Georg, sin saber qué más decirle, y Thomas asintió en lo que veía a Georg irse con Gustav.
Verónica se acercó a él, tomándolo del brazo. —¿Qué tanto te decía Georg?
—Me hablaba sobre Bill —respondió Thomas.
—Ah sí, ¿Bill tu mejor amigo, no? Siempre me pareció curioso que tu mejor amigo no sea alguno de los Gs, sino su hermano seis años menor —comentó Verónica y Thomas frunció el ceño.
—¿Por qué es curioso? Lo haces sonar como si estuviera mal —mencionó Thomas un tanto a la defensiva.
—No lo digo por eso, es que… ¿Cómo pueden compartir tanto o tener tanto en común? Van en diferentes tiempos, diferentes intereses… Aunque quizá lo ves como un hermanito menor, no lo sé, no lo conozco como para saber cómo se llevan. Fuera de que siempre hablas de él —farfulló Verónica, ya que no eran celos como tal lo que sentía, sólo que tenía curiosidad.
—Sí, precisamente porque no se conocen, debería invitarte a que comas con nosotros en una de nuestros almuerzos familiares, les avisaré la próxima vez que vaya para a la siguiente ocasión llevarte —ofreció Thomas, reconociendo que sí, que ya era tiempo de hacerlo como tal.
—Eso me gustaría mucho —cedió Verónica, dándole un beso en la mejilla a modo de premio, que hizo sonreír a Thomas.
Sin embargo, cuando Verónica le dijo para ir al cine el sábado, él olvidó la promesa que había hecho de ir al almuerzo familiar, faltando por ir con su novia, perdiendo la virginidad porque Verónica consiguió condones.
Sólo que… Cuando se iba de regreso a su casa, sintiendo que había tenido la mejor experiencia en su vida, es que recordó… Cómo es que le había prometido a Bill no lastimarlo, no faltar…
Y en vez de irse a su casa, fue corriendo calle abajo a la mansión de los Trümper, era demasiado tarde para almorzar, pero al menos quería ofrecer una disculpa, y cuando lo dejaron pasar tenían expresiones serias.
—Está en su habitación llorando —soltó Gustav con algo teñido de decepción en su expresión al ver a Thomas.
—¿Es por mí? —inquirió Thomas, sintiéndose culpable.
—Sí, no está mal que salgas, sólo que… Debes avisarle, Bill es sensible —repuso Georg.
—Lo lamento, yo… ¿Puedo verlo? —preguntó Thomas, con el pecho apretándole más fuerte en su pecho y el castaño asintió.
Thomas fue corriendo a la habitación de Bill, entrando sin tocar y viéndolo allí abrazado a su almohada mientras sollozaba. Apenas ingresó, el menor se sentó como resorte en su cama, abriendo las fosas de su nariz, y poniéndose más triste, algo dentro de Thomas se sintió pésimo al verlo así de roto, que corrió hacia él y lo abrazó.
—Lo lamento por no avisar, tuve una cita con mi novia y se me fue el tiempo. No volveré a faltar —le aseguró Thomas en el abrazo apretado a Bill.
—Está bien, Tomi —respondió Bill con un tono cargado de resignación—. Si ella te hace feliz está bien —soltó el pelinegro—. Sólo avísame, por favor —terminó por decir.
—Se llama Verónica, sólo que el que esté con ella no significa que deba ser un mal amigo, por eso lo siento mucho, Bill, no volveré a hacerlo —le repitió Thomas, acariciándole las mejillas.
Y Bill asintió, le creía a Tom, sólo que habían cosas que no podía decirle, por más que dolieran tan profundamente, y el cargar secretos era parte de su vida, y también de la elección que hizo, pero decidió aceptarlo.
—Te la presentaré en la próxima reunión, ¿está bien? Para que la conozcas porque tú eres muy especial para mí —le prometió Thomas.
Bill asintió con una sonrisa que veía conflictuada, mordiéndose la lengua para decirle que no quería verla ni nada, pero debía resistirse, Bill volvió a apretarlo en su brazo, frotando con mucha más insistencia su rostro sobre el pecho de Tom, que no comprendía por qué lo hacía, pero sólo lo dejaba hacerlo.
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Lo que comenzó como una idea con buenas intenciones en realidad se convirtió en una comida tensa, donde si bien notaba cómo es que los Trümper estaban dándole la bienvenida a Verónica, ella se removía incómoda, principalmente cuando estuvo bajo el escrutinio de Bill, la muchacha de diecisiete años nunca había sentido tanta incomodidad y presión de alguien que tenía once años, no lo comprendía, pero si bien el menor le hablaba “normal”, la verdad del asunto, es que sus ojos pesaban demasiado, podía sentirse la antipatía con que la veía, y la manera en que buscaba que Thomas sólo le hiciera caso a él, jalándolo del brazo y haciendo que esto fuera algún tipo de competencia.
Y era más que claro que no, no podía ser posible el que Verónica se pusiera al mismo nivel de un mocoso, sólo que si bien tenía un recelo desde antes, porque no le entraba en la cabeza el que alguien tuviera un amigo así de menor, es decir, claro, podría uno sentir cariño por niños, viéndolo como su hermano menor, y era lo que notaba de parte de Thomas, que él miraba a Bill como un hermanito, sólo que Bill no lo trataba como tal, era más bien absorbente, y su familia también era muy extraña.
De alguna manera Thomas parecía por completo ajeno a todo lo que envolvía aquella casa, y claro, Verónica por su educación es que no decía nada inadecuado ni se quejaba, por más que le daba rabia que Bill hiciera muy notorio el rechazo hacia su persona. Era más que evidente que Bill tenía un enamoramiento con Thomas, algo platónico, confundiendo los afectos de su novio, quien no se daba cuenta, y eso le daba más enojos Verónica, ya que consideraba que el menor estaba aprovechando en parte la ingenuidad de su novio, o que Thomas fuera demasiado despistado, porque veía cariño sí, aunque no comprendía por qué tanto si realmente no eran hermanos.
Intentó calmarse, excusándose para irse y Thomas se ofreció a llevarla de regreso, disculpándose por dejar a Bill.
—¿Por qué te quieres ir tan pronto? —preguntó Thomas a Verónica.
—¿En serio no lo notas, Tom? Bill me odia y los Trümper… Son tan extraños, cómo es que se te pegan, y te tienen como si fueras parte de su propiedad, como… —se interrumpió al hablar al notar que iba decir “mascota”, y eso estaría por completo fuera de lugar.
Thomas frunció el ceño, no gustándole la forma en que habló Verónica sobre Bill y los Trümper, cuando ellos habían sido muy amables.
—¿Cómo qué, Nica? ¿Cómo qué? —instó Thomas a que su novia respondiera y Verónica sólo apretó más los labios para luego hacer un mohín.
—Bill me detesta, Tom, y ni siquiera se molesta en disimularlo bien, ese niño le da coraje el que yo sea tu novia porque ya estaba bastante mal que sea tu mejor mejor amigo, sólo que se entiende en parte que él sea así si su familia tampoco entiende de límites —expuso Verónica la situación y Thomas dejó de caminar.
—Retráctate, Verónica. Porque los Trümper, incluyendo a Bill, son como familia para mí, y ellos jamás han hecho nada malo para que te refieras a ellos de esa manera —soltó Thomas acentuando su ceño fruncido, por más que Verónica fuera su novia, él no iba a permitir eso.
Verónica suavizó su expresión, soltando un suspiro. —No puedo hacerlo, y si no quieres darte cuenta, está bien, Tom. Sólo que no volveré a casa de los Trümper —farfulló la muchacha.
Thomas se sentía frustrado, apretando los puños, sin embargo, siguió caminando a su costado, porque le había prometido a Erik dejarla en su casa, y es lo que haría, sólo que se mantuvo en silencio, ya que quería a Verónica, sólo que no entendía para nada el que comportamiento que demostraba ahora.
Verónica tampoco quería insistir, esperando que Thomas mismo tuviera que verlo, que no era sano, también si en ese punto ella hablaba con él sería más hiriente, debía calmarse, porque al final de cuentas, Verónica no estaba con ellos, sino con Thomas, ni siquiera eran su familia de verdad, ya había conocido a Simone, quien era sumamente amable, por lo que sólo era cuestión de tranquilizarse y esperar a que todo se acomodara. Thomas no podía sentir tanto apego por ellos, ¿cierto? El prescindir de que hubiera una conexión real entre ella y los Trümper no era algo obligatorio, y también el enamoramiento del mocoso no lo llevaría a ningún lado.
Así que sólo debían tomarse un tiempo para calmarse, y volver a que las cosas volvieran a su ritmo. O al menos de eso quería convencerse Verónica.
Cuando Thomas la dejó en la puerta de su casa, no quiso besarla, y ella tampoco lo obligó.
Sólo que aquello era sólo el comienzo, ya que no terminaron, sin embargo, las cosas no volvieron a ser las mismas. Thomas se mantuvo en su vida entre la escuela, el taller de Larry, las visitas a Bill y el compartir con los Trümper, eso no cambiaba, y Verónica se estaba preparando porque si bien el próximo año sería el último en la escuela, quería tener claras las metas al irse a la universidad, mientras que Thomas no presentaba interés alguno en ir a alguna.
—¿Es por dinero? Hay opciones para postular a universidades del Estado o incluso institutos técnicos —comentó Verónica viéndolo.
—No sólo es por eso, la mayoría de opciones son fuera de Leipzig, y yo no quiero irme, estoy bien aquí, porque mi mamá me necesita, soy lo único que tiene, y ella también es lo único que tengo. Aparte estoy feliz con la idea de seguir trabajando para Larry, tengo un trabajo seguro allí, y al ser adulto podré tener un sueldo menos austero —contestó Thomas, porque él se sentía muy bien con lo que tenía, no compartía ese pensamiento de la mayoría de que Leipzig era sólo un sitio de paso donde uno no podía vivir, un pueblucho olvidado de Dios.
Sólo que Verónica sí pensaba así, ella misma habiendo vivido fuera con su madre, y que su hermano mayor se había quedado en Leipzig, regresando ahora sólo porque su madre falleció. Sólo que también Verónica creía que aquel pensamiento de Thomas podría cambiarse, ya que era más que obvio que no había una razón por la cual quedarse allí, comprendiendo mucho que necesitara a su madre, ya que era su única familia, sin embargo, uno mismo buscaba su independencia conforme crecía, su propia familia, y ella estaba muy segura que Thomas podría aspirar a más, o al menos lo estuvo por un tiempo.
Y no es que Thomas sólo fuera alguien conformista, es que realmente el tener un trabajo y quedarse en lo que él sabía que era su hogar, era algo que no quería prescindir, Leipzig era un sitio lindo, y tenía todas las personas que le caían bien, al menos fuera de la escuela, que en ella sólo lidiaba con imbéciles, pero en el taller, los clientes, los ancianos… Las meseras del trabajo de su mamá… Los Trümper, su bosque… Habían muchos motivos para quedarse.
Thomas nunca consideró el estudiar, no era lo suyo, prefería trabajar, y sólo terminaría la escuela porque era necesario y casi obligatorio, Larry siempre se lo había dicho que por favor no dejara sus estudios si es que quería que un día le heredara el taller, y claro, Thomas sabía que no se lo daría, que era quizá una broma que le hacía, sin embargo, mantenía la ilusión de realmente pudiera pertenecer a algo por siempre. Con Larry enseñándole muchísimo más, también los chicos en el taller, ¿qué más podía pedir en la vida?
Él no se veía a sí mismo siendo un doctor, profesor, abogado o lo que fuera, no desprestigiaba aquellas profesiones ni nada, sólo que no era lo suyo, Thomas quería quedarse en su comodidad, y tal vez era por el mismo trauma de que cuando su padre se fue, harto de su vida, se murió. ¿Por qué alguien se cansaría de algo bueno? Tuvo que regresar a su presente, lo que tenía ahora estaba bien. Aunque aquello también creara una brecha entre Verónica y Thomas, Verónica prefería seguir creyendo que tendrían alguna posibilidad de quedarse juntos.
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Thomas sabía en el tiempo que conocía a los Trümper, que ellos tenían días en específico donde no se reunían con él, y el joven de rastas se había dado cuenta que justo cuando aquello pasaba en la noche… Escuchaba los aullidos, y algo dentro suyo le decía que tenía relación, pensando que quizá los Trümper cazaban con los lobos o a los lobos, no lo sabía, pero para él tenía algún tipo de conexión.
Luego recordó el regalo de Bill, tocándolo en su escritorio, el lobo… Y es que había una carga energética en aquel regalo de piedra, que cuando volvió a ver a Bill, recordó los afectos que tenían no sólo él, sino todos, abrazándolo fuerte, toscos, manteniendo un contacto, olisqueándolo… Como animales, como caninos, como lobos.
—Bill… ¿Qué es lo que hacen en esos días donde no puedo venir? Siempre escucho cómo los lobos aullan —comentó Thomas viendo al menor.
—Yo… ¿Quieres venir? —preguntó Bill con el corazón latiéndole con fuerza, y es que sabía que mañana habría luna llena.
—Pero dijeron que no podía —mencionó Thomas.
—Quizá sí, quizá ya es hora —respondió Bill, sujetando la mano del de rastas, y es que sabía que su contacto le daba calma, y que su ansiedad subía demasiado en estas fechas.
Por más que Thomas tuviera a su novia, Bill quería aferrarse a que seguía siendo suyo, y por eso es que lo invitó.
Cuando llegó la noche, Thomas fue al lugar acordado, sólo que… No veía a personas…
Eran lobos, escuchaba aullidos, pero de algún modo, era como si fueran cantos… Voces ininteligibles.
Cuando notó el gran lobo negro con ojos rojos es que Thomas no tuvo temor, por más que pareciera que no había desarrollado su instinto de autopreservación, es que el adolescente sentía una conexión con aquella bestia, quien se acercó a él, posándole su hocico en su cuello y presionando su trufa sobre su frente después.
“Wilhelm”, pensó Thomas, aquel lobo imponente y grande era el patriarca de los Trümper, y él se separó, metiéndose más dentro del bosque, a lo que Thomas lo tomó como una forma de guiarle en el camino y lo siguió.
Notó otros lobos más pequeños, uno rubio y uno castaño, que parecían juguetear entre ambos, y lo supo, eran Gustav y Georg.
—¿Dónde está Bill? —preguntó Thomas al lobo negro, quien lo miró con profundidad.
“Hermano/Amigo/Hijo/TomTom/Amor” se escuchaban esas voces en su cabeza, como si de algún modo se pudieran traducir dentro de su mente todos los aullidos cantándole a la luna, pero era eso, no sabía cómo, sin embargo, Thomas podía entenderlos y sentirse unido como si fueran conexiones sinápticas cerebrales.
“Necesita ayuda porque no puede transformarse del todo”, escuchó la voz de Wilhelm en su cabeza.
—¿Dónde? —repitió Thomas, sintiendo su pecho apretado, como si el dolor de Bill también le viniera de lleno.
Era peculiar pero tenía sentido para Thomas, que en sí los Trümper fueran hombres lobos, que en realidad todo el tiempo lo habían sido, y no les tenía miedo, porque eran las personas más increíbles que había conocido, sólo que sentía más bien un cariño grande porque hubieran compartido aquel secreto con él. Y ahora comprendía más de lo que pasó Bill, y que su trauma había hecho que no pudiera transformarse.
Wilhelm siguió caminando sobre sus patas… Thomas fue detrás suyo, y vio a una loba blanca manteniendo entre sus patas el cuerpo de Bill a media transformación.
Se sentía el dolor… Cómo es que Trinity tenía como un manto protector alrededor de su hijo menor.
“Bill será alfa, mi sucesor, Anis… Quiso destruirlo para él ser el alfa. Bill tiene el poder pero se limita por todo lo que pasó”, respondió Wilhelm a la pregunta que Thomas no vocalizó, pero siguió acercándose hacia Bill. “Puede lastimarte”, advirtió el alfa.
—Me necesita —repuso Thomas viendo los ojos rojos, y Wilhelm sintió esa determinación que notó desde el inicio en el adolescente, asintiendo y dejando que avanzara.
Thomas podía ver al niño, pero también al animal, conflictuado en ese limbo y se acercó hacia él, acariciándole el lomo, y dejando apoyada su cabeza contra su pecho, mientras lo apretaba en el césped, con Trinity haciéndole espacio, con Bill aullando de dolor, había mucho sufrimiento en el menor, sin el aullido sonando nítido o racional como cuando escuchaba al resto, sólo que Thomas sentía ese dolor.
Lo apretó fuertemente contra su pecho, sintiendo cómo es que Bill le correspondía al gesto, rasguñándolo pero Thomas no tenía miedo pese a todo, por más que sintiera un poco de dolor, sabía que Bill no estaba haciéndole daño intencionalmente sino estaba en su propio conflicto.
—Bill… Estoy aquí, te dije que no te dejaría solo… Concéntrate, tú puedes —alentó Thomas, y sintió cómo es que su hocico se apoyó contra su cuello, el de rastas extendiéndoselo para que lo oliera mejor.
“Calma/Amor/Hermano/TomTom”, se escuchaban los aullidos cantando en todo lo alto.
Thomas intentó imitarlo, aunque no supiera cómo, aullando, y Bill se unió… Hasta que luego de largos momentos por fin Bill se transformó por completo en un lobo negro con manchas blancas, mucho más pequeño que sus hermanos y padres, pero era él, con Thomas acariciándole la cabeza peluda, y viendo cómo es que Bill empujaba su trufa contra su mano.
Trinity se sorprendió porque Bill se había intentado transformar antes sin conseguirlo, pero ahora pudo por Thomas precisamente, cómo es que había algo en el muchacho, algo especial, y Wilhelm se lo había dicho, sólo que ahora lo confirmaba del todo.
Aquella fue la primera vez que pasó la luna llena con los Trümper, haciendo que Thomas se sintiera uno más de ellos, queriendo él poder ser un lobo para correr en aquel modo salvaje, sin juzgar aquella naturaleza peculiar, sólo que era un secreto que no podría compartir, al menos no por ahora.
—¿Quisieras ser un lobo? —inquirió Wilhelm luego de una de aquellas noches.
—No lo sé… A veces pienso que sí, sólo que creo que es más por todo lo unido que me siento a ustedes —contestó Thomas viendo al mayor.
—Es que lo estás, no todos los humanos sienten una conexión así de fuerte y tan estrecha. Tú reconoces a nuestros lobos y nosotros te reconocemos. Siempre te mencioné que hay algo en ti, Thomas. Sólo que también la decisión la tienes tú. Yo podría morderte, transformándote, para que pertenezcas a nuestra manada —explicó Wilhelm.
—¿Necesitaría dejar de ser yo para poder quedarme con ustedes? —cuestionó Thomas, de pronto sintiéndose insuficiente.
—No, no es necesario, ya formas parte de nuestra manada tal como eres. Sólo que tendrías el poder y libertad. Es tu decisión, y es bueno que lo sepas, que está en ti el elegirlo o no —arguyó Wilhelm mirándolo con fijeza para luego abrazarlo.
Y es que Thomas comprendía cómo es que ellos siempre eran afectuosos físicamente porque así dejaban su aroma, eran suyos, eran un todo de algún modo. Con Wilhelm ya habiéndole explicado sobre los hombres lobos que se dividían por alfas, quienes eran líderes, luego los betas que eran seguidores de un alfa, y los omegas, que eran lobos sin camino, muchísimo más débiles.
Que Anis era un beta, que siempre quiso ser alfa pero no es algo que uno elija, sino que nace con ello, y que en un momento conoció a Wilhelm, fueron amigos, hasta que los humanos mataron a la familia de Anis, eran cazadores de lobos, y todo esto pasó bajo el mando de Wilhelm, por lo que nunca se lo perdonó, secuestrando a su hijo menor quien sería el próximo alfa, teniéndolo encerrado por meses, torturándolo de diferentes formas, y llamando a Wilhelm para que escuchara cómo el menor lloraba y el crujir de sus huesos al romperse.
Sólo que Anis no fue asesinado, una vez que lo capturaron, un hechicero le quitó sus poderes, manteniéndolo encerrado.
Así también comprendió Thomas, que existían brujos quienes apoyaban a los alfas, y en este caso Wilhelm había perdido a su brujo, quien era… El padre de Larry, haciendo que Larry fuera su sucesor… Su mejor amigo que era casi como un padre para él estaba relacionado con todo este mundo, habiéndole pedido que no se acercara del todo más que nada porque Larry sabía quiénes eran los Trümper, los conocía demasiado bien.
De hecho comprendió que Gordon, el tío de Bill, en realidad era el ex de Larry, y que ese lobo de piedra…
—Bill te dio uno porque eres su vínculo, su persona, una muy especial —le contó Larry a Thomas.
—¿Especial cómo? —preguntó Thomas sin comprenderlo.
Larry soltó un suspiro. —Los lobos eligen un compañero quien es su cable a tierra, y Bill te escogió, tú al recibirlo, no sabías en qué te metías, y eso es peor, pero… Yo también lo hice contigo. Las personas que pertenecemos a estos mundos necesitamos conexiones, yo estaba perdido luego de… Todo lo que hizo mi padre, arruinando por completo la buena voluntad que pudieran tener con los brujos, ahora mismo está desaparecido. Usó la brujería para cosas malas… En vez de proteger, buscó ensuciar, lastimar. Siendo lo único bueno el sello que hizo en Anis. Esa debilidad al no tener un brujo consigo ha hecho que el resto le pierda parte del respeto a Wilhelm. Yo he tenido un pasado con Gordon, lo sé, él era mi conexión, y yo la suya… Pero no siempre se puede, ya que nosotros no somos más que conocidos con un pasado en común. Y tú… No sé, me hiciste volver a sentirme útil y estable, como un hermanito menor a quien cuidar y te hice mi vínculo la vez que te regalé la camiseta con su nombre grabado. Bill… También te eligió pero de otra forma, como Wilhelm lo hizo con Trinity.
Aquel última frase hizo que Thomas lo comprendiera del todo, que Bill veía un amor de… Pareja en Tom, sólo que no cabía en sí mismo poder comprenderlo, Thomas no había sentido amor por ningún hombre, sólo estuvo con Verónica, y Bill… Él le dio su lobo cuando tenía diez años, quizá sólo era su mente confundida al pensar que Thomas era lo mágico que le hizo volver a hablar luego de tanto dolor, porque no es que él rechazara la idea de quedarse para siempre con Bill, no quizá como pareja pero sí nunca poder alejarse de él.
Pensaba en cómo es que lo ayudó en su transformación, y por eso era que tenía sentido…
Cuando habló fue porque lo sintió como su alma gemela, por eso lo sacó de aquel silencio en el que había quedado luego del abuso. Thomas pensaba por momentos el querer corresponderle, pero Bill apenas era un niño, y él ni siquiera lo veía de esa forma, no podría, sentía un afecto intenso por él sí, pero… Suponía que hablarían de eso en algún punto, sólo que ahora no, tampoco quería como tal preguntarle directamente y hacerlo sentir incómodo, porque si Bill no se lo había dicho aún, era porque quizá esperaba hacerlo al crecer.
Habían tantas cosas en qué pensar, sólo que Thomas sólo sentía la certeza de que nunca dejaría a Bill, sin importar en qué términos quedaran.
Continúa…
Si te gustó, déjame un comentario con tu opinión, se irá actualizando dos veces por semana 😉
verónica dice actuar maduramente, pero de igual forma terminó siendo una mocosa 🤙
también, preciosa, si ves que tu wey y tú no tienen las mismas metas, para qué forzarlo? el zapato no entra por más que lo fuerce
que larry y gordon hayan sido ex todos homosexuales aquí 💋
y tom, deja que bill agarre cuerpo y edad, y te caes de culo 🥀
Hola, Riri, qué bueno que sigas leyendo.
Verónica al final de cuentas quiere moldear a Tom y pues no es así 😞
Y sí, Gordon y Larry son exs 🤭
Eso, Tom, déjalo crecer y te sorprenderá 🥹
Gracias por leer y comentar, Riri