Administración: Ha vuelto Wiiiii 😀 Si la han visto en watpad, Unicornlitz dividió esta temporada en dos secciones, pero nosotros continuamos en la misma historia, por eso aquí verán el número del capítulo más alto, no se preocupen, es la misma historia 😉
Fic TOLL de unicornlitz
Capítulo 51
Apenas llegó a la hacienda lo primero que atinó a hacer fue buscar a Heidi. Simone tenía un montón de preguntas que no podría responderse a sí misma haciéndose idea tras idea, si había algo que Tom estaba ocultando —además del hecho de que estaba trabajando con su madre a sus espaldas para «arruinarle la vida»—, quizás la rubia lo sabía. Igualmente no perdía nada con intentar averiguarlo.
Aprovechó que Heidi se encontraba en el jardín de la hacienda, sentada en una de las tumbonas aplicándose crema hidratante en sus manos. Se acercó a ella y mientras la saludaba tomaba asiento en la tumba del lado, de modo que quedaba de frente con el perfil de lado de la rubia.
—Heidi, te estaba buscando.— le había dicho, mismas palabras que captaron la atención de Heidi. Quien no se había percatado de su llegada por lo inmersa que estaba en sus propios pensamientos.
—¿A mí?— inquirió ella, levantando una de sus cejas con curiosidad. —¿Para qué sería, Simone?
La aludida sonrió ladinamente. —He estado notando un par de cosas.— comenzó a decir. —Te pasas encerrada casi todo el día en la habitación, nada más sales a comer y eso a veces, porque otras te llevan la comida a la cama. Además, no he visto a mi hermano tan pendiente de ti, y perdóname que te lo pregunte pero… ¿todo está bien entre vosotros?— preguntó inquisitivamente.
La rubia tragó saliva en seco.
No. Nada estaba bien entre ella y Tom, absolutamente nada. Quien se suponía que sería su marido le había dejado claro que no se casaría con ella, se había estado liando con «su sobrino» y era déspota con ella. Nada estaba bien, ni siquiera podía considerar que había arreglo, porque siendo sincera con ella misma… no lo había. No lo habría si Tom seguía con Bill, la única solución que ella encontraba era contar lo que sabía… pero Tom ya la había amenazado si abría la boca. Quizás debía tenerle miedo, más miedo del poco que ya le tenía…
Sabía que Tom por Bill haría lo que fuese.
Eso la hacía enfadar, había quedado embarazada para no perderlo. Para asegurarse de tener a Tom a su lado para siempre, de que al momento en que reclamara su herencia estuviesen casados. A ella por su edad y por los cambios en su cuerpo ya no le querían hacer contratos en la agencia de moda, su era como una gran modelo, como la asombrosa Heidi Klum se estaba desmoronando y también quería asegurar su futuro. Sin Tom… no tendría absolutamente nada. Incluso le había dejado claro que no le importaba el bebé de ellos…
—¿Heidi?— le llamó Simone al ver como la rubia apretaba sus labios y no emitía ningún otro sonido, más que el de su respiración pesada. —¿Todo bien?
—Eh… sí.— soltó Heidi con la voz titubeante. —¿P-por qué no lo estaría? Él solo ha estado un… un poco ocupado, es todo.
—¿Segura?— obviamente Simone no había creído nada de lo que Heidi había dicho, se notaba bastante, no solo en su voz temblorosa y vacilante. Sino que también en las pequeñas muecas que hacía en sus labios sin siquiera darse cuenta de ellos. —Sabes que puedes contarme lo que sea, ¿no? Eres mi cuñada, si ocurre algo…
—No pasa nada Simone, en serio.— intentó nuevamente Heidi, dejando su tubito de crema a un lado en la tumbona y ladeando la cabeza hacia otro lado para tomar una bocanada de aire y tranquilizarse. Las ganas de poner sus quejas le estaban ganando y la mirada curiosa y persuasiva de Simone no le ayudaban tampoco. —No deberías preocuparte.
—Me preocupo porque estás embarazada, y no deberías pasar por ningún tipo de estrés.— le decía, intentando que Heidi le contase lo que fuese que le estuviese ocultando. —Y sé que está pasando algo, no intentes ocultarlo.
Heidi suspiró. —Ya pues…— no sabía si haría bien o no, pero igualmente Tom no se casaría con ella entonces… ¿qué podría perder si le contaba un poco a Simone? Quizás necesitaba desahogarse un poco. —No se quiere casar conmigo.
—¿Que?
—Eso, me lo dijo hace poco.— musitó —Y tampoco le importa nuestro hijo, así que estoy jodida.
—¿Cómo que no le importa vuestro hijo?
—No, también me lo dijo en la cara y sin ningún pudor.
«Con que ese es el «retoño no deseado»» pensó Simone mientras entrecerraba sus ojos y ataba los cabos conforme le sacaba información a Heidi.
—¿Por qué?— preguntó la mayor —¿Que ha pasado?
—Está enamorado de alguien más, y si supieras quién es te da un infarto. Apuesto a que no te lo esperas, y mucho menos viniendo de tu hermanito adorado.— soltaba Heidi con recelo y asco. —Todo es culpa de tu hijo.
—¿Bill que tiene que ver aquí?
Heidi giró la cabeza para ver a su «cuñada» a la cara. —Ellos han estado follando, Simone.— soltó sin ningún pudor. —Tu hijo y tu hermano se follan a escondidas desde hace años. Desde que Tom fue a su cumpleaños número dieciséis. Por tu hijo, por culpa de ese cabrón, Tom ya no me quiere ni quiere casarse conmigo.
La boca de Simone se entreabrió un poco. Poco a poco todo comenzó a tener sentido en su cabeza, ahora entendía con muchísima más facilidad lo que Ochie le había dicho, lo que había leído de las cartas. Ahora comprendía la razón de Tom por sacar la verdad a la luz, y no solo eso…
—No puede ser…— soltó en un jadeo la mayor, quedando bastante perpleja. —¿Cómo es que nunca…?— no hizo falta que siquiera terminara de formular la pregunta, los recuerdos llegaron a ella al instante. Tom y Bill siempre habían sido muy apegados, ¿cómo no lo notó antes? Recordó cuando, dos años atrás, Tom dormía en la misma habitación que Bill. Recordó las veces que se quedaban a solas. Recordó muchas cosas y entre ellas, las más recientes…
Las salidas de Bill cuando estuvieron en Los Ángeles, quizás algo pasó para que Bill quisiera irse de allí de la noche a la mañana. Algo que le hizo notar el distanciamiento de ellos cuando ella, su hermano y cuñada llegaron a Heidelberg. Y el muy reciente acercamiento.
Todo concordaba.
—Te dije que te sería imposible de creer.— murmuró Heidi con desdén, a esas alturas le importaba poco si eso desataba alguna guerra. —Pero es así, yo me enteré por un descuido ridículo de tu hijo. Le pillé la tarjeta de acceso de una habitación de hotel, donde Tom se estaba quedando. Me mintió diciendo que tendría un viaje, nunca se fue, estuvo en ese hotel, jamás salió de Los Ángeles y Bill iba a verlo, allí se veían y hacían sus cochinadas. Cuando los descubrí hice que Tom dejara todo tipo de relación con Bill…
—Así que por eso se quiso venir aquí…— murmuraba Simone.
—Sí.— afirmó Heidi. —Y pensé que realmente mantendría a Bill alejado pero no, han vuelto. Y la verdad ya no importa, a Tom no le intereso… quizás nunca le importé en realidad. Mucho menos este bebé, así que me quedaré sola… sin nada y de paso, con un hijo o hija.
No, no tendría que ser así si Simone había pensado en una solución rápida para evitar que su secreto saliese a la luz.
—Lo dudo.— dijo a los minutos de haber pensado bien en lo que haría. Heidi entrecerró sus ojos, confundida. —Mi hermano se casará a contigo, quiera o no.
Heidi se echó a reír sin muchas ganas. —Tom no lo hará, ni aunque lo obliguen. Está enamorado de tu bastardo…
No le importaba si Simone se enojaba por la forma en que se refería a Bill, le daba exactamente igual.
—Lo hará, ¿acaso no lo quieres contigo?
—Sí, claro que sí.
—Bien, yo te ayudaré a que eso suceda.— murmuró, sonriendo ligeramente. Esa sonrisa no le agradó mucho a Heidi, Simone estaba actuando demasiado tranquila. Siempre se imaginó que si contaba la verdad ella sería la primera en pegar el grito en el cielo, que estaría alterada ahora, quizás ya tendría a Bill frente a ella propinándole un par de bofetadas y a Tom por igual. Pero no, estaba… extrañamente tranquila.
—¿Y cómo harías algo así?— preguntó Heidi, a pesar de su lío mental por la falta de reacción en Simone.
—Brujería.— fue la respuesta de la mayor.
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By Tom
Kodiak estaba más que listo, el precioso caballo negro estaba más que preparado para ser regalado a mi precioso Bill. Entrenado como debía, con una silla hecha específicamente para Bill y una bonita melena radiante. Lo había metido en su correspondiente corral después de darle una manzana como premio por lo bien que había colaborado durante el entrenamiento.
Había vuelto aquí después de ver a Bill por la mañana. Tuve que estar allí antes de que se despertara porque, si abría los ojos y no me veía, me montaría el berrinche de mi vida.
Suponía que era por el embarazo.
Estaba solo en los establos a estas horas, era el día libre para todos. Yo estaba aquí porque me gustaba pasar tiempo con los caballos, y más con Kodiak.
—Okay…— murmuré en medio de un suspiro mientras me quitaba el sombrero y me abanicaba un poco. Hacía demasiado calor y estaba un poco sudado. Kodiak asomaba la cabeza por encima de la puerta de su corral y relinchaba de vez en cuando. —Creo que es todo por hoy, Kodiak.— comenté, sonriendo ligeramente. —Seguro que te gustará tener a mi nene como dueño, ¿eh?
El caballo volvió a relinchar, quizás en protesta, o quizás me estaba diciendo un «sí». No tenía forma de saberlo.
—Sois tal para cual.— dije —Por eso Bill te escogió y tú te dejaste montar… aunque, ¿dónde va a montar Bill a caballo en la ciudad?— pregunté en un susurro para mí mismo, dándome la vuelta mientras me ponía el sombrero de nuevo y me llevaba la desagradable sorpresa de que Simone estaba allí. Su expresión era seria y, obviamente, me llevé un buen susto al verla. —Joder…— exclamé entre dientes, sobresaltándome un poco. —¿Qué mierda, Simone? Me has asustado.
—¿Desde cuándo?— preguntó ella de la nada. Su expresión no cambió ni un poco ante mis palabras exaltadas.
—¿Desde cuándo qué?— inquirí yo, sin saber a qué se refería.
Simone suspiró. —¿Desde cuándo te follas a Bill?— me preguntó y, obviamente, sus palabras hicieron que un escalofrío recorriera mi cuerpo en cuanto mi cerebro las procesó. —Y no te atrevas siquiera a negarlo, Thomas. Sé que te lo follas, como también sé que estás trabajando con mi madre para arruinarme la vida.
Tragué saliva. Pensé que quizás Heidi le había contado algo, pero ¿cómo se habría enterado de que mi madre y yo…? Oh… seguro que con la ayuda de la maldita bruja con la que ella aún tenía contacto.
—¿No vas a decir nada?— interrogó Simone, dando un par de pasos dentro de la caballeriza. Su voz era tranquila y su expresión no estaba lejos de mostrar lo mismo. Eso era aún más inquietante.
—¿Qué esperas que te diga?— le respondí con una interrogativa, cruzando los brazos sobre mi pecho y levantando un poco la barbilla. —No quieres que lo niegue, así que no me queda otra que quedarme callado.
—No puedo creer que tú… mi hermano pequeño, al que más quiero de todos… estés tratando de arruinarme la vida a mis espaldas junto a mi madre.— susurraba peligrosamente. —El hecho de que estés liándote con Bill realmente me da igual, ya debes de saber que no es mi hijo, ¿no? Pero que intentes arruinar todo lo que me costó construir… eso me enfada muchísimo.
—No me queda otra, Bill merece saber la verdad.
—¡Bill no merece saber ni una puta mierda!
—¡Él y Jhörg merecen saber lo que hiciste, Simone!— exclamé de vuelta. —Merecen saber que obligaste a Jhörg, literalmente, a estar contigo y que… por no soportar criar a Bill, el hijo de Isabella, le hiciste la vida imposible.
—No menciones a esa perra.
—Isabella ya sabe que su hijo está vivo, y está muy furiosa.— mascullé con la mandíbula tensa. El rostro de Simone, antes apacible, se transformó en una mueca de enfado. —Ya se han visto un par de veces, ¿y qué crees? Algún día Jhörg la verá y la recordará…
Simone se mantuvo en silencio, con el rostro denotando la furia que sentía. Pero, en cuestión de segundos, una sonrisa comenzó a curvarse en sus labios.
—Eso no va a pasar, Tom.— murmuró con un tono calmado nuevamente. —Soy capaz de todo con tal de que nada de lo que me costó se vaya a la mierda, ¿entiendes? Y si tengo que hacer algo para evitarlo… lo haré, aunque eso me lleve a hacerte daño a ti. Créeme, te has metido en un territorio peligroso y mi madre hizo mal en dejarte. Lo bueno es que ella morirá…— soltó de la nada, misma información que me descolocó de inmediato. —Y tú te quedarás aquí, pagando por haberte puesto en mi contra, Tom…
—¿Qué mierda dices?
—¿Qué? ¿Acaso no sabías que nuestra madre está mala de salud?— interrogó —Está enferma, se morirá dentro de poco y eso sería estupendo.
—¡¿Qué mierda dices, Simone?!— mis ojos estaban llenándose de lágrimas por la misma impotencia que estaba sintiendo al esucucharla. —Mi madre está bien, solo estás diciéndome esto para… ¿para qué? ¿Para intentar romperme y así hacerme daño o qué puta mierda?
Simone se echó a reír. —Te castigaré de otra manera, solo venía a advertirte. Aún estás a tiempo de alejarte de ese tema, alejarte de Bill, casarte con Heidi y hacer tu vida. Ahora… si no lo haces… tendrás que atenerte a las consecuencias.
—Ni tú ni nadie hará que me aleje de Bill.
—Tonto.— jadeó Simone con hastío —¿En serio estás dispuesto a arruinar tu vida por ese mocoso inservible?
—Incluso darla, Simone.— dejé claro —Y no voy a permitir que le hagas más daño, ni tú, ni nadie. Conseguiré que se sepa todo lo que has hecho y te aseguro que vas a sufrir bastante a manos de Isabella. Al final… ella y Bill son igual de rencorosos. Si no digo nada ahora es porque no quiero que Bill piense mal, pero créeme que sabrá todo. Tarde o temprano.
—No, créeme que no, Tom.— repitió Simone, acompañando sus palabras con un par de negaciones de cabeza. —Ya vas a ver que ni ese mocoso, ni Jhörg, ni nadie sabrá la verdad. Y tú no podrás hacer nada, no podrás evitar que sufra, ni que le hagan daño… porque serás tú mismo quien se lo inflija. Tú sostendrás la daga que acabará poco a poco con ese malnacido bastardo, y se desangrará hasta que él mismo decida matarse. Porque hay algo que puedo usar a mi favor…
Ella no me dijo qué era ese algo. Solo soltó otra risita y, deseándome sus más falsas «buenas noches», se fue de las caballerizas. Yo me había quedado pensando muchísimo en sus palabras y, tras salir del pequeño trance, salí corriendo en busca de mi madre.
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By Bill
—Lo que siento no lo voy a ocultar, amor de verdad, amor muy real…— tarareaba mientras me peinaba un poco. Cada vez me gustaba más cómo se me veía el cabello con rastas, pero… como siempre, me aburría de mis estilos cada dos por tres, así que más adelante me cambiaría el look. Al menos hasta que Jesse me dijera «tu cabello ya no está tan corto, no seguirás pareciendo Dora sin las extensiones». Buff… —Amigos y… no más, tú y yo, no más, amigos y… no más y…
—Bill…— la voz de mi madre me hizo sobresaltarme. No esperaba verla. Mucho menos que abriese la puerta sin llamar antes, joder, qué manía la suya. ¿Qué tal si en lugar de encontrarme peinándome estuviese con un vibrador entre las nalgas? Dios.
—Simone, ¿por qué no llamas antes de entrar, eh?— mascullé con enfado, poniendo los ojos en blanco mientras dejaba el peine sobre la encimera del tocador y me daba la vuelta para verla. —Podrías haberme encontrado en situaciones incómodas.
Ella suspiró. —Lo siento, solo quería hablar contigo.— mencionó, dando un par de pasos más hacia mí. —Yo sé que no tenemos una buena relación, y que quizás aún sigues enfadado por lo que te dije aquella vez de… que te quería lejos y que llegase rápido el día en que te fueras a Londres… quiero que sepas que eso no lo dije en serio.
Me crucé de brazos y levanté una ceja. —Ah, ¿no?
—No, cariño.— musitó. —Solo me enfadé, y mucho… porque estabas indagando en temas que son delicados para mí.
Las palabras de Adrianne aún seguían rondándome la cabeza. Eso de que Isabella y yo teníamos un parecido era algo que incluso yo sabía, pero me negaba a pensar en qué… en que mi padre pudo participar en hacerle daño a quien podría ser mi verdadera madre. Haciendo que yo viviese una vida de mierda con Simone y sus hermanastros. No podía imaginar siquiera que mis abuelos me hubiesen mentido durante tanto tiempo…
Simplemente no podía.
—¿Delicados?— interrogué —¿Delicados por qué, eh? Estoy harto de los secretos, ¿sabes? Tú y todos me habéis mentido y tengo una idea de en qué exactamente, pero me niego a creerla.
—Sea lo que sea que pienses, no es así.
—Entonces, ¿cómo es, Simone? ¿Te piensas que soy estúpido? No soy tonto, he visto cosas, he escuchado otras… y siempre que quiero indagar me salen con que no puedo saber aún nada. Dime tú, ¿qué es lo que ocurre?— di un paso más cerca de ella. —¿Qué tanto me esconden, madre? ¿Acaso debo seguir llamándote así?
—Billie, cielo… lo que sea que te hayan dicho no es verdad.— me dijo y sonaba bastante convincente, pero yo no me tragaba su cuento. Había pruebas que lo comprobaban… que me dejaban claro que ella estaba mintiendo. —Yo podría explicarte, pero es mejor que te mantengas alejado mientras mamá soluciona el problema.
—No te creo.
—Bill…— suspiró.
—Sé algo de todo esto, ¿sabes? Sé que podría no ser tu hijo, sé que mi padre y tú pudisteis ser crueles al arrebatarme de los brazos de mi verdadera madre. No solo hacerla sufrir a ella… sino que… sino que también a mí, haciéndome creer que era parte de esta familia aunque nunca me sentí así.
Simone palideció un poco.
—Dime, Simone… ¿realmente no soy tu hijo?
Continúa…
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