Fic TOLL de unicornlitz

Capítulo 52

Simone se quedó algo pasmada con todo lo que le solté de golpe. Sin embargo, no se mostró vacilante ni me dio ningún indicio de que la hubiese pillado. No, nada de eso. Ella me miraba como si yo hubiese dicho alguna estupidez y llegué a pensarlo de no ser por todas las pruebas que ya había, que yo había descubierto y de las que me arrepentía de haber sabido. Nunca debí preguntarle nada a Isabella y debí hacerle caso a Tom.

A mi abuela.

Pero no lo hice. Preso de la curiosidad que sentía por lo que fuese que me estuviesen ocultando, decidí descubrir la verdad yo solo y, aunque Isabella no me había contado mucho, con todo lo poco que me dijo conseguí atar los cabos suficientes.

—¿Pero qué cantidad de tonterías dices, cariño?— me soltó ella como respuesta, una interrogativa en medio de una risita ligera. Incrédula. —Claro que eres mi hijo, seguramente estás malinterpretando un montón de cosas. ¿Cómo nos crees capaces a tu padre y a mí de hacer semejante cosa tan horrible?

—No mientas, las cosas están más que claras.— intenté nuevamente —Por eso siempre has sido tan… dura conmigo, ¿no? Por eso dejabas que mis primos se metieran conmigo, que mis tíos se burlasen de mí. Tú permitías todo eso y luego solo me culpabas. Decías que era yo quien provocaba a los demás con mis cosas… a ti yo nunca te he importado.

—Sí me importas, Bill.— aseveró, más seria ahora —Eres mi único hijo y sí, admito que quizás no he sido una buena madre, pero eso se puede solucionar. Ahora entiendo por qué te haces esas ideas de que no eres mi hijo.— negó con la cabeza y se dio la vuelta, dándome la espalda. —Nunca he sabido comprenderte ni un poco, pero es muy difícil. Fuiste mi primer bebé… yo no sabía cómo actuar, qué debía hacer… quizás pueda empezar ahora. ¿No crees?

¿Ser la madre que nunca fue? ¿Ahora? ¿Después de casi diecinueve años?

—Yo… no sé.— solté en respuesta, mirando hacia otros puntos de la habitación.

—Lo siento.— murmuró ella, tomándome por sorpresa. Se dio la vuelta y tomó mis manos entre las suyas. —No he sido buena contigo, bebé. Dejé que te hicieran daño, pero quiero que te quede claro que eres un Kaulitz. Te guste o no, esa sangre corre por tus venas… ¿qué tal si me dejas remediar todo lo malo?

No, pues yo estaba más confundido que la propia confusión. ¿A qué venían tantos cambios de la noche a la mañana? ¿Por qué quería ser buena a estas alturas y por qué yo no se lo estaba negando?

—¿Sabes que para ganarte mi perdón debes hacer mucho? No soy una persona que perdone fácilmente, y mucho menos a ti.— musité, tratando de parecer súper mega fuerte porque amor de madre nunca necesité… o bueno, sí, pero se sentía extraño viniendo de Simone. Aparté mis manos de las suyas.

—Lo sé, eres rencoroso.

—No solo eso, mamá. Es la misma decepción.— espeté —¿Sabes cuántas veces me hiciste pensar que no me querías? Seguramente no tienes ni idea de todo lo que sufrí yo, ¿verdad? No te guardo solo rencor… estoy decepcionado de ti, eso es todo. Se supone que una madre pone a su hijo por encima de quien sea, tú a mí me dejabas muy atrás y ni te importaba. Me hacías mentirle a papá, me amenazabas con que, si le contaba lo que me hacían tus hermanos de mierda y sus criaturas estúpidas y sin cerebro, me castigarías. ¿Qué podrías hacer para que ahora te vea como a mi madre y no como a una desconocida, eh?

Ella parecía realmente arrepentida por cada cosa que le mencioné. Quizás sí… quizás sí se sentía mal, o era yo tratando de agarrarme a una rama muy débil antes de que la corriente me arrastrase, o bueno… aferrándome a esto para no dejarme llevar por lo otro, por aquel tema que me haría odiarlos aún más a todos en conjunto si resultaba que me habían mentido.

A mi padre, al que siempre vi como mi héroe porque siempre estuvo ahí para mí a pesar de que no sabía nada sobre los ataques que recibí. Era mi papá, el mejor de todo el mundo, ¿por qué me mentiría? ¿Por qué me alejaría de mi madre? No, yo no podía pensar mal de mi papá, él era bueno.

—Quizás podría empezar por…— Simone tomó una bocanada de aire. —Sé que entre tú y mi hermano ocurre algo.

Oh, no, Bill… hazte el tonto.

—¿Q-qué hermano?— pregunté tartamudeando un poco.

¡Pero no tan tonto, imbécil!

—Con Tom, Bill.— dijo más clara, más clara que el agua. Y obviamente me quedé acojonado. ¿Cómo? ¿Cuándo? ¿En qué momento se había enterado de eso si habíamos sido cuidadosos? Iba a tener un ataque de ansiedad en tres… dos… uno… —Tranquilo, no te he contado que sé esto para castigarte o alejarte de Tom. Aunque sería lo mínimo que debería hacer…

¿Eh?

—Simone, yo…

Mierda, no tenía nada que decir.

—¿Quién te lo ha contado?— pregunté con la voz ahogada.

Mi madre suspiró. —Eso no importa, jamás creí que tú y mi hermano estaríais haciendo semejante cosa tan… deshonrosa.— comentaba, demasiado calmada a mi parecer. Me imaginaba un ataque, que mandase a mí a un internado militar o a mi tío entre rejas. —Pero tampoco puedo hacer nada, y no quiero hacerlo. Aun así… debo decirte que eso no está bien, Bill.— decía —Estar con tu tío, cariño… es tu tío, eres su sobrino. Ni siquiera el hecho de que te lleve ocho años importa, pero es tu familia.

—No empieces con cosas de moralidad y eso porque no me importan.— la corté de inmediato, antes de que me soltase uno de sus discursos. —Y a él tampoco parece importarle, así que de nada te servirá que intentes hacerme entrar en razón. Si es que eso buscas.

—Cumplirás diecinueve dentro de poco, ¿realmente no te importa si está bien lo que hacéis o no?

—No, Simone.— aclaré —Me da igual, yo… lo amo y él a mí.

Ella dio un par de asentimientos con la cabeza, y yo esperaba que explotase ahora. Que me agarrase a golpes y fuese a contárselo a mi padre. Esperaba todo lo malo. Menos una pequeña sonrisa por su parte. Eso me descolocó muchísimo.

—Él te va a hacer daño.— me dijo —Conozco a Tom mejor que a nadie. Además, se va a casar, su mujer está embarazada de él. ¿Crees que va a dejar todo eso por ti? Yo sé que eres encantador, guapo y demás, pero eso no le será suficiente, amor.

—No.— me reí, negándome siquiera a tragarme eso que me estaba diciendo. —Él no me hará nada malo, incluso me dijo que… que no quería casarse, y dudo que quiera a ese bebé.

—¿Eso te hizo creer?— interrogó —Cariño, no seas tonto. Siempre te he creído muy inteligente, ¿cómo vas a creerte eso? Es obvio que es una mentira.

—No lo es, Simone…

—Vale, no discutiré contigo.— dijo rápidamente, levantando una de sus manos. —Si tú crees que él está diciendo la verdad, entonces créetelo. Pero cuando te haga daño y resulte que todo fue una mentira muy bien elaborada por su parte, verás que yo siempre tuve razón. No te dejes engañar…

¿Por qué sus palabras me estaban haciendo dudar un poco?

—Tom me ama.— susurré —¿No te importa que estemos juntos? ¿No vas a poner el grito en el cielo?

—¿Eso evitaría que dejaseis lo que «tenéis»?

—No.

—¿Lo ves?— suspiró —Jamás me esperé esto de vosotros dos… jamás. Mucho menos de él, es el adulto aquí.

—Yo lo seduje…— dije de la nada. Pero era la verdad, ¿no?

—Eso no es excusa, por si intentas defenderlo.— me dejó claro ella. —Escucha, Bill, te compensaré por todo lo malo, ¿sí? Eres mi hijo y solo quiero lo mejor para ti, pero no digas que no te lo advertí. Esto que tienes con tu tío es una locura y no acabará bien, él acabará haciéndote daño. Recuerda mis palabras.

No, gracias.

—Estás actuando muy raro.— murmuré —Siempre imaginé que cuando te enteraras habría una gran catástrofe, pero… estás demasiado tranquila.

—Quiero hacer las cosas bien, para asegurarme de que todo esté bien.— me dijo —No te preocupes, cariño. Pronto todo será como al principio… haré lo que debí haber hecho hace mucho tiempo… ser… una buena madre.

¿Qué bichito le había picado a Simone?

—Te dejaré solo ahora, no te quitaré más tiempo, ¿vale?— se acercó a mí y, de imprevisto, tomó con sus manos mis mejillas y las acarició con sus pulgares. Mi cara debía ser todo un poema de lo desconcertado e impresionado que estaba. ¿Desde cuándo mi madre… Simone era tan afectiva? ¿Cuándo fue la última vez que lo fue? Creo que nunca había sido así de cariñosa. —Y, por favor, no vayas a decirle a Tom que estuve aquí. Lo último que quiero es hablar con él ahora, ¿vale?

—Sí, está bien.— susurré con el ceño ligeramente fruncido.

—Y aparta esos pensamientos de que no eres mi hijo, ¿vale? Porque sí lo eres.— musitaba mientras abría la puerta. No pude siquiera responderle; del otro lado estaba Adrianne con el puño en alto. Seguramente iba a llamar cuando mi madre abrió la puerta. —Oh, hola, Adrianne.

—Hola, señora Simone.— saludó mi amiga mientras entraba en la habitación y mi madre salía de esta, cerrando la puerta. —¿Te estaba echando la bronca otra vez?

—Ella sabe…

—¿Qué sabe, mani?

—Que Tom y yo tenemos algo.— respondí, aún lelo por todo lo acontecido en menos de quince minutos. Dios mío. Así nunca me imaginé que sería su reacción.

—¡¿Qué?!— exclamó Adrie.

—Lo peor es que estuvo demasiado tranquila, Adrie. No hubo gritos, ni golpes, nada.— comentaba mientras caminaba hasta mi cama y me sentaba en ella. —Me dijo que no estaba bien lo que hacíamos, que Tom acabaría haciéndome daño. Pero solo eso, y yo me esperaba que me enviara a algún internado, que Tom fuese a parar a la cárcel. ¿Pero una actitud tan tranquila? Además, se disculpó por todo…

—No, no, no, esto es extraño.— murmuraba mi mejor amiga. —Mani, tu madre es la persona más explosiva que conozco. Y sabes lo dura que ha sido contigo toda la vida, lo injusta y mala. No pudo simplemente actuar así, yo como mínimo me esperaba que te dijera un montón de cosas.

—Yo esperaba lo mismo.— dije y bufé —Siento que todo esto tiene que ver con Isabella, con ese tema…

—Mani, ¿qué harás?

—Nada.— tragué saliva. —Dije que no quería saber nada más del tema y así se quedará. Ahora esperaré a ver cómo mi madre intenta compensarme por lo mala que fue conmigo. Ver si Tom cumple con deshacerse de Heidi y yo… estaba preparándome para terminar con Evan.

—Y… ¿le contarás a Tom que tu madre estuvo aquí y que ya lo sabe?

—No, lo mejor es que no lo sepa.

—Pero, Bibi, quizás Tom…

—Que no, Adrie.— aseveré con frustración —Estoy segurísimo de que se asustará y querrá dejarme, y no, aún me debe muchas explicaciones que me prometió para después. Quiero ver qué es eso que tiene que resolver para que podamos estar juntos, así que no, no debe saber que Simone habló conmigo ahora.

Mi amiga negó con la cabeza, desaprobando mi decisión.

—Vale, venía a buscarte porque queremos que nos lleves al riachuelo del que siempre nos hablabas cuando venías de visita aquí.— mencionó y sabía a qué riachuelo se refería. —Violett más que nadie quiere ir allí, ¿podemos o estarás ocupado?

—Iba a terminar con Evan…

—Evan puede esperar.— decía —Vamos, aprovechando que hoy no hace tanto calor y la tarde está súper fresquita.

Puse los ojos en blanco —Vale, me cambiaré de ropa entonces. Ni que fuera a ir al riachuelo con botines…

—Te esperamos abajo.— decía ella, sonriéndome un poco antes de salir de la habitación y dejarme solo. Yo tenía mucho en lo que pensar, pero prefería no darle vueltas. No quería aceptar lo que era tan evidente, simplemente no podía y nadie me obligaría a hacerlo.

—A cambiarme se ha dicho…

.

By Tom

—¿Por qué no me dijisteis?

Tenía a mis padres frente a mí, en el despacho. Ambos se notaban visiblemente mal. Mi padre era el único que me estaba sosteniendo la mirada; mi madre yacía sentada en el sillón con un pañuelo entre las manos. Tosió un par de veces, ni siquiera me hablaba.

—¿No me diréis nada, mierda?— interrogué bastante cabreado. —Mamá, ¿qué enfermedad tienes?

—Tom…— susurró, implorándome con su tono de voz que no preguntara más, pero yo necesitaba saber. —Cariño, déjalo, ¿sí?

—Decidme ahora mismo qué enfermedad es…

—Leucemia.— me respondió mi padre. Mi madre le reprochó en un murmullo, llevándose el pañuelo a la boca para volver a toser. Sentí que mi mundo se venía abajo en cuanto escuché las siguientes palabras. —Tu madre ha estado asistiendo a las sesiones de quimioterapia. Se suponía que estaban funcionando, pero… volvió a recaer. El médico dijo que ya no había nada más que hacer… está en la última etapa.

—Debisteis decírmelo.— reproché, sintiendo los ojos llenos de lágrimas. —No solo a mí, todos deberían saberlo.— miré a mi madre —Yo no puedo quedarme sin ti, mamá. Yo te necesito, lo sabes. Bill también te necesita.

—Amor.— gimoteó ella, con pesar. —No llores, cariño.

—Es que no…— sorbí por la nariz. —Simone ya lo sabe. Ella sabe que estamos intentando que se descubra la verdad, incluso sabe lo mío con Bill…

—¿Qué? ¿Cómo que lo tuyo con Bill?— interrogó mi padre.

—Te lo contaré después.— susurró mi madre en respuesta a mi padre, sin quitarme los ojos de encima —Tom, cielo, solucionaremos todo. No te preocupes…

En un abrir y cerrar de ojos ya estaba arrodillado a sus pies. No podía aceptar que mi madre estuviese enferma, ¿por qué? Ella siempre había sido cuidadosa con su salud, ¿por qué tenía que estar enferma? ¿Por qué la vida quería quitármela? No era justo, nada era justo, maldita sea. Cuando mi nene se enterara iba a sufrir. Mi madre era como una verdadera madre para él. Perderla sería demasiado y, en su estado…

—Mierda.— mascullé.

—No llores, cariño.— decía mi madre. Sus palabras, que se suponía que debían consolarme, no me ayudaban en absoluto. —Todo estará bien, ¿vale?

—Debes decírselo…

—No lo haré, y Bill no está en condiciones.— me reprendía sin ser dura. —Nadie va a enterarse de esto. Lo último que quiero es que estén encima de mí y que tengan preocupaciones. Billie cumplirá años pronto, quiero que pase su cumpleaños en paz y que sea tan increíble como él espera. Y también quiero pasar la Navidad igual… después de todo eso… quizás se lo cuente.

Miré a mi padre. Quizás él podía hacerla entrar en razón. Pero mi padre solo sonrió un poco, dejándome claro que ya lo había intentado y no había tenido éxito. Se había resignado a seguir intentando convencer a mi madre de contarlo ahora. Y yo tampoco podía faltar a su palabra. Si lo que ella quería era que nadie lo supiera, entonces así sería. Respetaría eso.

—¿Qué haremos con Simone, mamá?— murmuré.

—Ella no seguirá saliéndose con la suya, ya lo verás…

Di un par de asentimientos. Quería aferrarme a esa idea. Ella no podía ganar, no si estaba yo para evitarlo.

—¿Kodiak está listo?

—Sí.

—Bien, cariño, bien.— susurraba mientras limpiaba las lágrimas que caían lentamente por mis mejillas. —Todo estará bien, y cuento con que mi nieto esté bien. Recuerda cuidarlo siempre, ¿eh? Nada de hacerle daño o me tendrás tirándote de los pies por las noches…

—Mamá, no me hace gracia.— dije y ella se echó a reír.

—Yo ya he aceptado mi destino, tú debes hacer lo mismo, Tom…

—No es fácil, jamás aceptaré eso.— dije tercamente, poniéndome de pie. —Jamás lo aceptaré.

—Cariño…— dijo mi madre con voz cansada.

—No sigas, mamá.— le pedí. —Iré a ver a Bill, no quiero que me monte una pataleta por tardar.— ella me sonrió con ese mismo pesar que estaba odiando. ¿Por qué estaba tan tranquila? ¿Cómo podía estarlo? Yo no lo conseguía. Tan solo pensaba en que perdería a mi madre y las lágrimas volvían a aparecer. Salí del despacho y me encaminé a la habitación de mi nene. Traté de limpiarme los rastros de lágrimas antes de levantar la mano y llamar a la puerta.

—Pase.— lo oí murmurar.

Abrí la puerta. Estaba atándose unas zapatillas, sentado en la esquina de su cama. Todo su cabello negro, decorado con esas rastas blancas, le caía por delante, ocultándole el rostro. Estaba inclinado hacia delante, tarareando bajito una canción que no lograba entender.

—Hola, bebé.— le saludé.

Al escuchar mi voz se incorporó y sonrió al verme. Su cabello algo desordenado hacía que se viera adorable. Ver la sonrisa en su rostro me hacía querer que siguiera ahí y que nunca se fuera, y eso conseguiría. No quería ver a Bill mal nunca más. Quería que estuviese con su verdadera madre y conmigo.

—Tommie…— susurró felizmente mientras se ponía de pie y se acercaba a mí. —Estaba esperándote y eso no es bueno…

Me reí ligeramente —Lo siento, estaba hablando con mis padres.— susurré —¿Adónde vas?

—Al riachuelo con mis amigos.— respondió mientras rodeaba mi cuello con los brazos y dejaba un beso fugaz en mis labios. —Será solo un ratito, después me desharé de Evan y tú harás lo mismo con la bruja, como me prometiste.

Había olvidado eso.

—Claro.— sonreí a duras penas.

Bill se me quedó mirando unos segundos, —¿Está todo bien?

—Sí, todo súper bien.— le aseguré, siendo ahora yo quien lo besaba para que no le quedaran dudas. Tenía que asegurarme de que él estuviese bien, ajeno a todos estos problemas que no le harían ningún bien. Me moría por verlo con su pancita crecidita. Aún me preguntaba cómo sería su reacción cuando supiera que estaba embarazado… quizás sí querría al bebé, fuera niño o niña. Lo habíamos hecho juntos. —¿Por qué no habría de estarlo?

Me sonrió ligeramente —No sé, tengo un pequeño mal presentimiento.

—No hagas caso a eso, ¿eh? Mejor ve a entretenerte con tus amigos…

—Sí, y después nos entretenemos tú y yo…

—A veces me pregunto cuándo será el día en que me digas: «hoy no quiero tener sexo, Tom.»

—El día en que yo diga eso tendrán que salirle pelos a las ranas.— me decía entre risitas. —Yo siempre querré tener sexo, más aún si es contigo, tío Tom. Me encanta saber que estoy pecando mientras me coges, es increíble…

Él me hizo reír con eso.

¿Cómo reaccionaría Bill si supiera que yo realmente no soy su tío? Otra pregunta más a mi lista…

—¿Te he dicho que te amo?— le pregunté, juntando mi rostro con el suyo, rozando apenas un poco nuestros labios.

—Sí, varias veces…

—¿Sí? Igual te lo estaré diciendo siempre.

—Eso me gustaría, ¿sabes?

—Con más ganas todavía.— le decía, atrayéndolo más hacia mí a pesar de que nuestros cuerpos ya estaban demasiado cerca. Atrapé sus labios con los míos y comencé a besarlo, agarré su nuca con ligera fuerza, con los dedos hundidos en su pelo. Estrellé su boca contra la mía y empujé la lengua adentro, adorando el sabor a cerezas de sus labios por el brillo labial que usaba.

Le mordí el labio inferior, tiré de él con los dientes hasta que sentí el ligero sabor metálico de su sangre, y después volví a meterle la lengua, más brusco todavía, revolviendo nuestra saliva, chupándole la lengua con ganas. Amaba demasiado besarlo y el sonido húmedo y obsceno de nuestras lenguas chocando. Respiraba pesadamente por la nariz mientras le comía la boca, como a él también le gustaba.

Lo apreté más contra mí, casi sofocándolo, antes de soltarlo. Bibi soltó un jadeo en cuanto nuestros labios se separaron. Se me quedó mirando con una pequeña sonrisa mientras regulaba su respiración.

—Ya vete.— le dije, guiñándole un ojo.

—No, ya no quiero.— se quejaba, con un pucherito en los labios que besé brevemente antes de darle una nalgada suave.

—Ve.— le pedí. —Quizás tus amigos estén esperándote.

—Ahg, sí, es cierto.— refunfuñaba. —Pero, ¿sí vamos a follar cuando vuelva, verdad?

—Dios, que sí.— le dije mientras me reía.

—Me gusta cuando me obedeces.— decía entre dientes. Apretó mis mejillas con una sola mano y besó mis labios por última vez. Aproveché cuando se separó con esa sonrisa picarona y lo miré de arriba abajo. Tuve que contener una sonrisa.

Llevaba un conjunto de punto blanco, suave y ligeramente esponjoso, con una chaqueta corta de manga larga que dejaba el frente entreabierto. Debajo apenas se insinuaba la piel de su torso, y el contraste entre el tejido blanco y su piel hacía que fuera imposible no fijarse. Su bonita y pequeña cintura quedaba al descubierto hasta encontrarse con una falda de punto en un tono rosa muy pálido, siguiendo la línea de su cuerpo sin resultar exagerada. Las mangas eran amplias y le cubrían parte de las manos, dándole un aire todavía más adorable.

Su pelo estaba sujeto a ambos lados con pequeñas pinzas. Se veía demasiado hermoso, más que hermoso, Dios.

—¿Qué tanto me miras? ¿Ya te he puesto cachondo?— preguntaba burlón.

—Tú siempre me pones cachondo.— murmuré y él sonrió aún más, victorioso, porque siempre conseguía lo que se proponía y siempre se proponía cachondearme con la forma en que se vestía. Siempre tan sexy. —¿Vas a ir así a un riachuelo?

—No me meteré al agua.— decía. Luego se dio la vuelta y de su cama tomó su móvil y unas gafas oscuras que se puso. —Lo bueno es que voy a destacar, como siempre.

—Sí, sé que sí.— me relamí los labios y le sonreí. —Te ves precioso.

—Lo sé.— ahora era él quien me guiñaba un ojo. —Quiero que estés aquí puntual por la noche, ¿eh?

—Lo estaré, amor… ten cuidado, ¿vale?— Bibi solo asintió en respuesta, sin perder esa sonrisa de los labios. Creo que aún me ponía nervioso que me llamase «amor». —Ey, te amo.— repetí una última vez antes de que se fuera.

—Te amo más.— me susurró antes de irse.

Suspiré y, mierda, cuánto amaba a ese niño.

Continúa…

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por unicornlitz

Escritora del Fandom

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