
«Juramento Mágico» Fic Toll de MizukyChan
Capitulo 3
& 12 años &
Tras escribirse ininterrumpidamente por todo el año, el duende gatito regresó la víspera de Navidad a la casa de Tom. Ya eran las 2 am, un poco tarde, la razón era, que Bill fue asignado a otro barrio y tuvo que entregar los regalos allí, antes de ir con su amigo rastudo.
Al llegar, vio el pequeño árbol con las luces encendidas, brillando sobre el escritorio y Tom yacía sobre la cama, durmiendo, completamente vestido y con un paquete de gomitas en su mano, seguramente se durmió esperando la llegada de su gatito. El pelinegro se arrodilló en el piso, mirando atentamente las facciones de su amigo.
—Eres hermoso Tom —dijo bajito, para no ser escuchado. Con suavidad acarició su mejilla y se acercó para depositar un suave beso en los labios del chico.
—Bill —Gimió el de rastas mientras dormía.
El duende no podía entender a Tom, él era un humano, no tenía ninguna posibilidad de estar con un duende, menos aun con un duende Irlandés como era él. Seguramente Tom estaba confundido, claro… debía ser eso, aún era joven y apenas tuviera una novia, lo olvidaría. Bill estaba seguro de que así ocurrirían las cosas, pero aun así… su corazón dolía.
—Tooooommmmiiiii —Cantó en el oído de su amigo—. Ya llegueeeeeeee —Le movió un poco y se sorprendió de que aun con los ojos cerrados, Tom lo sostuviera con fuerzas y lo abrazara contra su pecho.
—Billy, ya te extrañaba… ven aquí —Sin abrir los ojos, acomodó los dos cuerpos sobre la cama—. Te tardaste, gatito —Le dijo abriendo un ojo para verlo.
—Te dormiste… traidor —Le gruñó, juguetón el duendecito, dándole un pequeño golpe en el brazo.
—¿Dónde andabas que tardaste tanto? —preguntó acomodando a Bill en su pecho y besando su pelo.
—Me asignaron otro barrio y debí completar mi entrega, antes de venir —Se excusó el moreno.
—Si no fuera por el juramento, hubiera pensado que te olvidaste de mí —Se quejó el de rastas.
—No me atrevería a romper un juramento, pero Tomi… —Se separó para mirarlo—. No vengo sólo por el juramento, tú eres mi amigo —dijo en forma solemne.
Tom se sintió halagado, pero al sentenciar que sólo eran amigos, sintió un nudo en la garganta.
Pasaron esa noche y la siguiente hablando como buenos amigos y ninguno de los dos quería realmente despedirse, sabían que podrían seguir escribiéndose, pero ambos se extrañaban físicamente. Tom sentía mariposas en su estómago, cada vez que pensaba en Bill y éste, aunque lo negara, no podía concentrarse en nada sin pensar antes en su querido amigo.
& 13 años &
Una tarde cualquiera, el duendecito tomó el libro mágico con el que se comunicaba con Tom y vio que se llenaba de frases, comenzó a leer con atención sobre sus logros en los estudios, en los deportes y de pronto una frase hizo que sus ojos se llenaran de lágrimas.
—Tengo una novia… su nombre es Jess…
Las frases cesaron y Bill no sabía si debía responder o no, después de todo, él sabía que eso pasaría. Tom encontraría una novia humana y se olvidaría de él.
—¡Soy un idiota! —Gritó el pelinegro, arrojando el libro contra una esquina de su cuarto y lloró en silencio. Esa tarde no respondió al mensaje de su amigo.
&
Esa Navidad, Bill fue nuevamente asignado al barrio de Tom y nuevamente su nombre encabezaba la lista, por haber sido un muy buen chico. Sin embargo al llegar, no pudo encontrar su regalo, cosa que le sorprendió mucho, él había revisado cuidadosamente todo ese año, se estaba esforzando mucho para hacer las cosas bien y nuevamente la había cagado.
Apareció en el cuarto de Tom y le encontró perfumándose y vaya que olía bien.
—¡Buuuu! —Gritó, haciendo saltar al rastudo, quien se dio vuelta y lo abrazó posesivamente.
—Llegaste mi duende mágico —Le dijo, besando dulcemente su mejilla.
—¿Vas a salir? —preguntó el gatito un poco asustado.
—Claro que no, Jess quería ir a pasear, pero le dije que debía esperar a Santa acostado en mi cama, como un niño bueno —respondió sonriendo.
—¿Y qué dijo ella? ¿Te creyó? —cuestionó soltándose del abrazo, sintiéndose incómodo al hablar de la novia de Tom.
—Ella dice que soy extraño, que aún creo en la magia, que soy como un niño y que por eso me quiere —relató el rastudo, con una sonrisa.
El pelinegro, bajó su colita triste, y aunque su rostro no lo demostraba, sus ojos se habían apagado. Él disfrutaba mucho estando en la compañía de Tom y así como iban las cosas, tal vez sería la última noche en que se encontraran para hablar físicamente.
Tom, que era muy perceptivo, se acercó con suavidad y acarició la mejilla de su duende y le sonrió. No quería que se diera cuenta que estaba loco por abrazarlo y besarlo, como había hecho dos años atrás. Se moría de ganas por hacerle a él todo lo que había aprendido ahora, claro que Jess era una chica, y Bill no, pero eso no le parecía importante. Para él lo que realmente importaba, era que quería hacerle sentir a Bill que lo amaba, porque pese a su corta edad, él sentía que ese sentimiento tan grande que atesoraba en su corazón era el más puro “amor”.
—Toma Bill, cómete una gomita de oso —Le pasó un paquetito con los dulces.
—No te olvidaste —comentó con un suspiro, el duende—. Creí que con tu novia, no tendrías tiempo para mí y mis tonterías —dijo con los ojos llenos de lágrimas.
—¿Cómo? ¡¿Que tonterías?! —Le reprendió el rastudo—. Tú eres mi precioso duendecito, jamás serás una tontería.
—¿En serio? —Tom se acercó y le abrazó, aspirando su aroma y el gatito se estremeció.
—Muy en serio. Siempre serás muy especial para mí —aseguró solemnemente, mirándole a los ojos.
—¿Lo juras?
—Por supuesto ¿Me dejas sellarlo? —Le pidió, sonrojado y el otro asintió.
Tom acercó una mano al rostro del pelinegro y con su pulgar acarició el mentón, mirando con deseo aquellos brillantes labios. Bill cerró los ojos y soltó un suspiro al sentir la suave caricia. El de rastas se acercó disfrutando de la belleza que le proporcionaba el hermoso rostro del gatito, ligeramente maquillado. Se acercó más y sus tibios alientos se encontraron. Preso del deseo, Bill entreabrió sus labios y aguardó ansioso hasta que un leve roce le arrancó un suspiro.
No aguantó más y aprisionó el cuello del de rastas, haciendo el beso más profundo. La ahora experta lengua de Tom, hurgó toda la boca de Bill, haciéndole gemir sonoramente. Tom no pudo evitar sonreír en el beso. Y aunque el juramento ya estaba completamente sellado, el beso se prolongó por varios minutos más, sus rostros se separaban levemente en busca de aire y se volvían a unir, necesitándose y comunicándose que siempre estarían juntos, pasara lo que pasara, ellos siempre se tendrían el uno al otro.
Finalmente se separaron, pero fue sólo verse a los ojos y sonreírse… sus cuerpos se apretaron en un abrazo.
—Tengo novia Bill, pero tú siempre serás MI Bill —dijo el de rastas, aclarando la situación.
—Lo entiendo. Debes tenerla, ella es humana como tú… yo soy sólo un duende —agregó triste.
—No eres sólo un duende Bill, nunca digas eso. Eres especial. Siempre lo serás —comentó seguro.
—Gracias Tom —Se abrazaron y se acostaron sobre la ropa de la cama— ¿Tomi?
—Dime gatito —dijo acariciando las orejitas de Bill, haciéndole ronronear.
—He perdido tu regalo… nuevamente —Confesó un poco avergonzado, Tom sólo sonrió.
—No te preocupes —aseguró, besando su pelo.
—No sé qué ocurrió, en serio, yo revisé todo, tres veces y no sé qué pasó con tu regalo.
—Yo lo sé —dijo el rastudo, sentándose a su lado y acariciando su colita mágica.
—¿Lo sabes? —preguntó el gatito sin poderlo creer.
—Mi regalo, fue… pero primero júrame que no te enojarás —dijo acercándose peligrosamente a sus labios.
—Lo juro —contestó cerrando los ojos, preparándose para recibir el beso de Tom.
—Tengo que sellar este juramento —agregó rozando sus labios, provocando un dulce cosquilleo en sus estómagos.
—Ah ja… hazlo —Se volvieron a fundir en un beso tan o más apasionado que el anterior. Bill mantenía atrapado a Tom rodeándolo con sus brazos, hasta que al separarse, le soltó con cuidado—. Dime, ¿cuál era tu regalo?
—Yo… deseaba volver a besarte. Ese fue el regalo que le pedí a Santa durante todo el año —explicó el rastudo, completamente sonrojado, pero sin apartar la mirada de su duendecito.
—Te portaste bien, te sacrificaste, ¿sólo por un beso… mío? —preguntó, casi tartamudeando el gatito.
—Exacto.
—Pero tienes novia, puedes besarla a ella —Le regañó Bill, tratando de apartar la mirada.
—Ninguna mujer podría superar a un beso tuyo Bill, ya te dije… no sé si usas magia para besarme o qué, y tampoco me importaría.
—No uso magia —Se defendió de inmediato el duende.
—Lo sé… tus besos son especiales, porque todo “tú” eres especial —afirmó Tom, acariciando el rostro sonrojado del pelinegro.
—Crees que Santa esté molesto conmigo Tom, yo… soy un duende… tengo reglas.
—Fui cuidadoso con mi deseo, no creo que él sepa que eres tú —Le tranquilizó.
—Bien… yo… quiero cumplir el deseo de tu corazón —dijo sonrojándose mucho.
—No quiero que te sientas obligado, sólo porque te lo dije —respondió Tom, para provocarlo.
—No será obligado.
—¿Quieres que te bese? —preguntó robándole un piquito.
—Sí Tomi, quiero que me beses —Dijo ya sin poder contenerse.
El de rastas terminó de cerrar las distancias y se apoderó de sus labios.
& 14 años &
Ese año, siguieron hablándose a través del libro mágico. Tom no mencionaba a Jess, su novia, porque sabía que Bill se molestaba y no le contestaba hasta que se le pasaba el enojo. Sin embargo Tom había aprendido muchas cosas con ella, ya que ella era mayor que él y más experimentada, él sólo se dejaba hacer, no es que no la quisiera, pero el cariño que sentía por ella, no podría nunca asemejarse al gran amor que sentía por su duendecito mágico.
A medida que se acercaba la Navidad, sus deseos de verlo aumentaban.
El día de Navidad, Jess había insistido en que visitara la casa de sus padres, pero él se negó rotundamente, alegando que debía pasarla con su familia, cosa que era mentira, ya que sus padres visitarían a la abuela, confiando en que él se quedaría con un amigo.
—No metí —Se decía, paseando de un lado a otro de la habitación—. Estaré con un amigo… no es humano, pero es un amigo… aunque yo desearía que fuera algo más que un amigo —Estaba asustado, temiendo que por causa de ese desliz, Bill no apareciera con su regalo.
Cuando sus padres se fueron, se bañó a conciencia y se perfumó, se vistió con lo mejor que tenía y esperó. Cerca de la una, el chasquido de los dedos de Bill le sorprendió.
—¡Llegaste! —Corrió y le abrazó y fue correspondido.
—Hoy tuve más trabajo, repartí lejos de aquí —Se disculpó el gatito, que movía alegremente su colita.
—Te ves más hermoso hoy —Le dijo Tom acariciando sus orejita, sacándole un gemido al duendecito.
—No digas eso que me ruborizo —Pidió Bill, dejando su bolsa de lado—. Tomi, a pesar de estar muy lejos, tengo tu nombre en mi lista y no sé cuál es tu regalo… —Lo miró coqueto— ¿Acaso es otro beso? —dijo alzando una ceja y pasando su lengua sexy-mente por sus labios.
—Oh Dios Bill… es algo mucho mejor que eso —susurró, caminando hacia él como un león hacia su presa—. Pero… ¿Me dejaría besarte? Aunque no sea mi regalo…
—Sí Tomi… lo he ansiado todo este año.
Se acercaron lentamente, tanteando el terreno. El de rastas apretó la estrecha cintura del pelinegro y éste rodeó su cuello, se miraron a los ojos, diciéndose cuanto se extrañaron. Entreabrieron sus labios y se conectaron en un beso deseado por ambos. Sólo que esta vez no todo se quedó ahí. Las manos de Tom recorrieron la espalda de Bill y lo apretó más contra su cuerpo.
La dulce vibración producida por sus lenguas y los gemidos ahogados del moreno, produjeron una nueva reacción en los cuerpos de los ahora jovencitos. El duendecito sintió que algo se revolucionaba en su entrepierna y sintió como si ésta tuviera vida propia y creciera aprisionada en su ajustado traje. Como era la primera vez que esto le sucedía sintió vergüenza de que Tom lo notara y quiso separarse rápidamente de él, pero el rastas no lo dejó, al contrario, lo apretó más contra su cuerpo, haciéndole notar que él estaba igual de excitado.
—Ñññiiaa —Gimió en el beso y siguió bailando al compás de esa lengua que tanto le encantaba y cuando sentía que todo iba genial, Tom se separó de él.
—¿Confías en mí? —Le preguntó serio, mirándole fijamente a los ojos.
—Sí —contestó sin dudar.
—Ven —Le pidió. El gatito se acercó a él y su colita se agitaba en todas direcciones. Tom se quitó la playera quedando con el torso desnudo. Bill se estremeció y dudó—. No tengas miedo.
El pelinegro imitó a Tom y se quitó su playera, dejando al descubierto su piel plateada y al darse cuenta quiso cubrirse, pero el rastudo no lo dejó.
—Déjame verte Bill —Con lentitud, le quitó los pantalones y se quitó los suyos. Quedando sólo con una prenda íntima que los cubría, Tom cogió la mano del moreno y lo guió a la cama.
—Tengo miedo —Confesó el duendecito, pero Tom se acostó a su lado y procedió a besarlo nuevamente.
El miedo desapareció y el deseo volvió a tomar el control. El de rastas sintió la dureza de Bill y se acomodó entre sus piernas. El duendecito se dejó hacer y le dio espacio, inconsciente, pero sintiendo que estaba bien, muy bien.
Tom siguió besándolo y se apoyó en uno de sus brazos para estar completamente sobre Bill y comenzó a frotarse contra él…
—Toooooom —Gimió muy fuerte el chico, esto era nuevo y demasiado placentero.
—¿Te gusta? —preguntó con la respiración agitada.
—Siiiiiiii mmmmmm —Siguió el moreno, era muy bullicioso y eso excitaba aún más al rastudo, quien aumentó la intensidad de sus movimientos, hasta que ya el orgasmo estaba tan próximo que Bill comenzó a brillar, no lo podía creer—. Aaahhh Toooooom —Gimió tan alto que tanto él como Tom se corrieron.
—Aaahhh Bill, fue el regalo más maravilloso que me has dado, junto a tus besos, claro —Dijo Tom poniéndose al lado de Bill y abrazándolo fuertemente.
—Tomi, ¿qué hemos hecho? —Estaba asustado—. Somos de razas diferentes.
—A mí no me importa eso Bill, creo que ya te lo había dicho… yo… estoy enamorado de ti —Soltó, ya sin poder evitar sus sentimientos.
—Y creo que yo estoy perdidamente enamorado de ti también Tom, pero esto es anti natural —expresó, abrazándolo como si fuera a desaparecer de un momento a otro.
—Es natural amar Bill, y yo te amo desde que tenía 10 años —Confesó al fin.
—Gracias Tomi. Pero es muy peligroso sabes… los duendes en especial los Irlandeses son muy vengativos. Podrían destruirme si me descubren. O peor, podrían hacerte algo a ti. Y yo me moriría.
—Será un secreto entonces, aunque no me guste ocultarlo, prefiero protegerte —dijo Tom besando sus mechones azabaches.
—¿Seremos amantes? —indagó, mirándolo emocionado.
—Seremos los amantes más buscados de la historia, seremos más populares que Romeo y Julieta, ya verás… —respondió feliz, abrazando a su gatito.
Se fundieron en un beso húmedo y profundo y nuevamente la pasión se hizo presente, llevándolos a entregarse en esa única forma por esa noche y la siguiente.
Llenos de nuevos sentimientos se dijeron adiós, hasta el próximo año, donde se entregarían en una forma más completa, donde su madurez les guiaría a una entrega total.
& Continuará &
Bueno… los 15 se vienen con lemon >.< Espero que no se lo pierdan. Y no olviden comentar y gracias por leer.
No recordaba que fueran tan tiernos a esta edad :3
No me agrada que Tom tenga novia pero al menos tiene claro que al único que ama es a Bill y que lo tiene presente todo el tiempo.
Me voy al lemon… XD