Juramento Mágico 4

«Juramento Mágico» Fic Toll de MizukyChan

Capitulo 4

& 15 años &

Amado Bill —Escribía rápidamente el rastudo sobre el libro mágico—. Te tengo una enorme sorpresa.

Tomi, no me gustan las sorpresas —Respondía el pelinegro con igual de rapidez— tienes que decirme qué es ¡Ahora! —Hacía un puchero sonriendo.

Pero es tu regalo de Navidad —Se quejó el otro chico.

Dímelo Tomi o tú te quedarás sin regalo… sabes a qué me refiero —Escribió alzando una ceja. Tom reía de lo lindo, al leer las palabras del moreno y al imaginarse las expresiones faciales qué haría en vivo.

Está bien… te lo diré…mmm eres padre Bill —Escribió lentamente.

¡¿Qué?! —Gritó el pelinegro.

He encontrado un gatito bebé cerca de mi casa y lo recogí para ti… es precioso, aunque no tanto como tú —Escribía el de rastas.

¡Dios! Ya me había asustado… cómo iba a ser padre si ni siquiera tuvimos sexo.

Aún… —Levantó la ceja Tom, Bill se sonrojó al otro lado del libro.

¡Tomi! No digas eso.

No he dicho nada jejeje —No podía evitarlo, el rastudo amaba hacer que Bill se sonrojara.

En fin, amé la sorpresa. ¿Cómo se llama?

Es tuyo, así que debes elegir el nombre, es tu derecho de padre —Tom no podía despintar la sonrisa de su cara y miraba de reojo al gatito que se lamía la patita en su escritorio.

¿Kiko? —preguntó Bill.

¿Bromeas? —Escribió en forma irónica.

Kazimir —Tom dijo el nombre en voz alta y el gato maulló.

Ese… definitivamente le gustó —Aseguró el de rastas.

¿Es en serio?

Sí… maulló cuando lo escuchó —contestó el rastudo.

Sí… tengo un gatito de verdad —Escribía feliz el pelinegro.

& 1 de septiembre &

Tomi, debo decirte algo importante —Escribía nerviosamente el pelinegro.

¿Qué pasa, amor mío? —Se asustó el rastudo.

Hoy, justo hoy el día de tu cumpleaños, el que recibió un regalo fui yo —Escribía con la letra sobre saltada.

¿De qué hablas Bill? Me estás preocupando —contestó Tom.

Hoy he sido llamado a practicar con David —Escribió seriamente.

¿Quién es David? —Se puso celoso el rubio.

David Jost… es Santa Claus, ¿acaso ya lo olvidaste? —El rastudo soltó un suspiro de alivio.

¿Y por qué practicas con él?

Somos pocos los duendes realmente irlandeses, con sangre pura.

Ya veo… continua.

Y me está enseñando magia avanzada… aún es pronto, pero creo que podré visitarte en días, que no son Navidad —Terminó la frase con una gran sonrisa.

¡¿Qué?! Eso es… será genial. Podremos vernos más… Oh Dios, es fantástico —Balbuceaba Tom y sonreía sin parar.

Es pronto aún, pero Santa me dijo que toda esta magia la usaría cuando llegara el momento… sonaba muy enigmático —Suspiró el moreno.

De todos modos, es lo mejor que nos puede pasar. Te amo Bill.

Y yo a ti Tomi.

& Navidad &

Este era el día más ansiado por los chicos. Tal como el año anterior, los padres de Tom visitaron a la abuela y le dejaron, confiando con que se reuniría con su amigo.

El rastudo se esmeró por tener su habitación impecable, compró velas y algo más… como preparación para lo que ocurriría esa noche… recibiría su tan anhelado regalo… una noche de amor con Bill.

No podía estar quieto, caminaba de un lado a otro, retocaba sus rastas frente al espejo, arreglaba su playera y cambiaba de lugar sus adornos. Hasta que ya muy avanzada la noche, un chasquido muy familiar le alertó, pero no vio a nadie.

¿Bill? —Le llamó, pero nada. Hasta que un par de brazos invisibles le atraparon por detrás.

¡Buuu! —Gritó el pelinegro, riendo a carcajadas.

Dios Billy, me asustaste —Se giró el rastudo y apretó el abrazo—. Pensé que no podías aparecer o algo… que susto —Atrapó los labios del pelinegro en un beso apasionado y temeroso—. No lo vuelvas a hacer —Le pidió viéndole seriamente a los ojos.

Lo siento, no pensé que te preocuparías tanto —Se volvieron a besar, tiernamente esta vez.

¿Cómo estuvo tu entrega, mi amor? —Le guió para que se sentaran en la cama.

Genial, hoy tuve mucho trabajo, había muchos niños buenos este año —Sus ojos brillaban.

Realmente te emociona, ¿verdad? —preguntó Tom acariciando su mejilla.

Claro, es que a veces tengo mucho temor de que la Navidad se acabe, porque los niños han dejado de creer —Confesó el moreno, bajando la mirada.

Eso no pasará, es verdad que los niños más grandes te meten ideas erradas en la cabeza, pero siempre hay gente que mantiene sus creencias…

Personas como tú, Tomi —aseguró Bill, sosteniendo su mano.

Yo no quería dejar de creer e hice bien, mira nada más con quien me encontré —Se acercó y le besó dulcemente.

¿Qué pediste de regalo ese año Tomi? Nunca me lo dijiste —comentó el pelinegro.

¿En verdad quieres saberlo? —Tom alzó una ceja.

Sí… recuerdo que lo perdí y nunca supe qué habías pedido —comentó, con ojos inocentes.

La verdad es que no perdiste mi regalo, Bill —Movió su nuevo piercing con la lengua.

¿A no? ¿Qué fue?

Pedí un beso… mi primer beso —Confesó el rastudo, el moreno se sonrojó.

Tomi —Se miraron y se volvieron a besar, con más pasión esta vez.

Y esta vez Bill…. ¿Cumplirás mi deseo? —preguntó sonrojado.

¿Cuál es Tomi?

Quiero que hagamos el amor Bill —Le besó la orejita, provocando un escalofrío en el moreno.

Lo sé… de alguna forma ya lo sabía… —Se miraron a los ojos expectantes.

Sólo es un deseo Bill… puede esperar… aún somos jóvenes y quiero que sea especial. Si no te sientes listo, lo postergamos hasta la próxima Navidad o la siguiente o la que viene, no me importa esperar mientras sepa que algún día serás mío —dijo con brillo especial, en sus achocolatados ojos… el pelinegro soltó un suspiro.

¿Y Jess, Tomi? —indagó un poco angustiado, el pelinegro.

¿Que no te dije…? —Se golpeó la frente—. Desde el año pasado que ya no somos nada.

¿Y eso por qué?

Acaso no es obvio. Ya aprendí todo lo que necesitaba —Bill lo miró un poco molesto.

Tomi… —Gruñó, amenazante.

Bill… no la amaba, nunca podría amar a alguien que no seas tú y lo sabes —afirmó, robándole un piquito y moviendo su coqueto piercing.

Pero la estabas usando —Le reprendió.

No es como piensas —Se rascó la cabeza—. Dios, Bill no te molestes, por favor.

¿Cómo quieres que no me moleste? —Se paró y comenzó a caminar de un lado a otro en la habitación, desesperando al rastudo.

Lo siento Bill. ¿Qué quieres que haga para demostrarlo? —Se arrojó al suelo de rodillas—. Te rogaré si es necesario.

Tomi no… —El pelinegro se puso a su altura y le tomó las manos.

Perdóname, por favor.

La verdad es que estoy aliviado de que ya no estés con ella —Confesó al fin.

Pero qué…

Claro, me daba una envidia enorme pensar que estuvieras dándole tus deliciosos besos a ella —expresó ruborizado.

Oh Bill, mis besos nunca tuvieron significado en sus labios, sólo son maravillosos cuando los comparto contigo, mi hermoso duende gatito —afirmó, besando nuevamente la orejita del moreno y mordiendo suavemente el lóbulo.

Aaahhh —Gimió el pelinegro y sin poder evitarlo abrazó fuertemente al de rastas— Tomi, quiero hacer el amor contigo, pero tengo mucho miedo… no sé cómo se hace y no sé si los dos podamos… hacerlo… soy un duende, ¿recuerdas? —dijo en su oído, casi en un susurro.

No te preocupes ¿Qué tan diferentes podríamos ser? —preguntó alzando una ceja—. Sé que te emocionan las mismas cosas que a mí… por ejemplo….

Se acercó lentamente y acunando su rostro con ambas manos, depositó un suave beso en sus labios, sin separarse succionó el labio inferior y Bill le dio permiso para entrar. Allí, jugó con su lengua caliente y sus respiraciones se agitaron. Bill ya gemía dentro del beso, lo que excitaba más al otro jovencito.

¿Te gusta, gatito? —cuestionó, con un tono de voz que al moreno le pareció extremadamente sexy y juguetón.

Demasiado… —Le dio una lamida a su mejilla.

¿Ves? Tenemos muchas cosas en común, pese a ser diferentes —Bajó una de sus manos y con cuidado tomó la colita de Bill.

Oh… es mágica —Levantó su mano y chasqueó los dedos, haciéndola desaparecer.

Perfecto —Volvió a mover su mano, pero esta vez la posó con suavidad en el trasero (sin cola) de Bill y éste soltó un prolongado gemido.

Mmm, nadie… me había tocado antes —Suspiró y fue atrapado en otro profundo beso.

Estúpidos duendes… se han perdido la octava maravilla del mundo… gggrrrr Eres exquisito mi duendecito —Tom se separó un poco y se quitó su playera, dejando al descubierto su ahora más marcado cuerpo.

Vaya Tomi…. Te ves… muy bien —comentó el pelinegro, tragando saliva.

Déjame verte pequeño —Le pidió y dudando un poco, Bill se sacó su top de cuero negro, dejando al descubierto su piel plateada, que resplandecía con las luces del pequeño árbol navideño—. Eres tan hermoso… —Susurró besando uno de los hombros desnudos del moreno—. Ven… —Le tomó la mano y se sentaron en la cama.

Déjame ayudarte —Ofreció el gatito, sacando el cinturón de Tom, haciendo que cayeran sus pantalones enormes, una vez más Bill tragó saliva.

Ahora tú gatito —Bill tuvo que hacerlo, pues su pantalón era muy ceñido.

Una vez ambos en ropa interior, se recostaron en la cama, mirándose y sonriendo, como si fueran cómplices de una travesura.

Si lo dejamos hasta aquí, igual sería feliz —Confesó Tom, besándole la orejita.

Te amo Tomi —El rastudo abrió los ojos y lo miró serio.

Y yo a ti, para siempre.

Entonces Tom volvió a acercarse y sin tocar sus labios, sólo rozaba su boca, con sus alientos chocando, el rastudo se puso sobre Bill, como habían hecho el año anterior y se frotó contra el cuerpo del pelinegro. Ambos gimieron alto, sabiendo que estaban solos en la casa y que también sabiendo que al emitir sonidos de placer sólo complacían y calentaban más al otro.

Al sentirse completamente duro, Tom trató de quitar la última prenda, una sombra de duda cruzó por la mente de Bill, pero confiaba en su amado y levantó las caderas para ayudarle. El miembro erecto del moreno resplandecía como la luna, por el placer.

Somos iguales —Suspiró el de rastas y sonrió complacido.

¿En serio? —preguntó inocente Bill.

Te mostraré —dijo Tom y se quitó su bóxer. Bill se relamió los labios y sonrió.

Eres más grande que yo, pero es sólo eso, que alivio —Sonrió—. Pensé por un momento, que tendrías una especie de tentáculo Tomi.

Jajaja, no soy un pulpo —Rió el de rastas, liberando sus tenciones.

Es que yo nunca había tenido contacto así… físico, con ningún humano, ni con nadie en realidad —Asumió el moreno, un poco sonrojado.

No te preocupes, yo te cuidaré muy bien, lo prometo, sólo te haré sentir bien —Prometió, acercándose nuevamente a besarlo.

Lo acunó en sus brazos y lo recostó nuevamente en la cama y con mucho cuidado se puso entre sus piernas. Bill sólo se dejaba hacer, sumiso y complaciente con SU humano.

Tom sacó su compra especial, un frasquito de lubricante, él no tenía experiencia, sólo había leído y visto un video porno gay, que le aterró, y que le hizo proponerse en su corazón que su acto sexual con Bill sería especial, diferente, no sería sucio, ni ruin, no sería sólo sexo, sería la manifestación de su amor y entrega por el otro.

No había tenido sexo con Jess y le preocupaba un poco, no poder satisfacer realmente a Bill o sólo ocasionarle dolor… estaba tan preocupado, que por un momento pensó que perdería su erección, pero los gemidos del pelinegro le alentaron a continuar.

Se untó los dedos y bajó hasta quedar a la altura del pene de su gatito y se lo llevó a la boca. Un grito de sorpresa salió de los húmedos labios de Bill y aprovechando su distracción, Tom llevó un dedo a la entrada del duendecito, quien se apretó por un momento, pero se relajó bajo las delicias que la boca del rastudo estaba proporcionándole.

Cuando estuvo listo, Tom se levantó y besó con pasión los labios de Bill, le miró con los ojos cargados de ternura.

¿Estás listo? —preguntó con dulzura, el otro asintió. Cubrió su miembro con la sustancia aceitosa y ayudándose con su mano la dirigió hacia la ahora preparada entrada del pelinegro. Empujó con cuidado y se tensó al ver que Bill apretaba los ojos— ¿Estás bien? —Volvió a preguntar, denotando preocupación.

Continua… —Le pidió mirándole nuevamente. Con una lentitud casi mortal, Tom terminó de entrar en él y se quedó completamente quieto.

Te amo —susurró y se acercó para besarlo. Con una de sus manos acarició el rostro de Bill y éste lo miró un poco desconcertado.

¿Tomi? —Preguntó— ¿Es… es todo? ¿Esto es hacer el amor? —En el rostro de Tom se dibujó una gran sonrisa.

No mi adorable gatito, sólo espera un momento y verás, sólo quiero que te acostumbres a mí.

Eres delicioso Tomi, me siento tan lleno de ti —dijo sonriéndole.

¿Y ahora? —preguntó comenzando con un suave vaivén—. Siente.

Aaahhh mmm —Gimió sonoramente el pelinegro. El rastudo lo tomó como una buena señal y siguió así. De pronto como dándose cuenta del placer que sentía, Bill abrió más las piernas y Tom golpeó un punto que le hizo ver estrellas y fuegos artificiales— ¡Dios! Tomi, ahí. Otra vez ahí.

¿Dónde? ¿Ahí? —preguntó malicioso y un grito de Bill le hizo sentirse maravillado. Ayudándose con las manos, puso las piernas de Bill sobre sus hombros y aquel punto mágico, era más fácil de hallar y golpear.

Más…más…más… —Gimoteaba el moreno. Tom se percató que sus orejitas se movían sin parar y le pareció sumamente tierno.

Golpeaba más fuerte y podía sentir su propio orgasmo venir, así que tomó el miembro de Bill y lo masajeó al ritmo de las embestidas. De pronto el cuerpo de Bill comenzó a brillar, ya estaba por llegar… hasta que…

¡Bill!

¡Tom!

Gritaron ambos, presa de un orgasmo increíble. Tom bajó las piernas de Bill y salió de su cuerpo con sumo cuidado. Se acostó a su lado y lo abrazó con fuerzas.

Te amo, mi pequeño duendecito —Le declaró al oído.

Y yo a ti, mi querido humano —Se durmieron por unas horas y cuando el alba estaba a punto de hacerse presente, Bill se levantó, despertando a Tom a su paso.

¿Qué haces? Ven… —Le pidió el de rastas.

Volveré esta noche, pero debo reportarme con Santa —dijo vistiéndose—. Mira mi cabello, es un desastre.

Estás hermoso —Le comentó Tom, sentándose a mirarlo.

¿Qué te parece así? —Chasqueó los dedos y su pelo se planchó, dejándolo muy liso y brillante.

Muy guapo —comentó el rastudo, levantando su pulgar.

¿Y así? —Su cabello se alzó como una melena.

Dios… te ves igual a Kazimir —exclamó Tom, riendo.

Mi gatito, aún no lo conozco —Se quejó el moreno.

Abre la puerta —Bill así lo hizo, y un pequeño felino entró en la habitación, lo miró curioso y luego fue a restregarse a sus piernas.

Es muy lindo —comentó emocionado el duende, tomándolo en sus brazos.

Estaba seguro de que te gustaría, es muy igual a ti —Se sentaron juntos a acariciar el suave pelaje del animalito y se miraban embobados— ¿Bill? —Tom se sonrojó mucho— ¿Estás bien? Quiero decir… ¿No te lastimé?

Me duele un poquito, supongo que es normal, pues nunca lo había hecho, pero… Tomi… —Se puso muy colorado—. No quiero que pienses mal de mí.

No lo haré… dime.

Me gustó demasiado —Miraba el gatito, incapaz de mirar a su Tom—. Y quisiera hacerlo de nuevo.

Esta noche, cuando regreses, lo haremos de nuevo —Se miraron emocionados y la luz bañó la habitación.

Debo irme… hasta la noche —Se besaron levemente y con un chasquido de dedos, Bill desapareció, dejando a Tom con una enorme sonrisa y una nueva sensación en su pecho.

& Continuará &

La magia cobrará un papel importante en el resto de la historia. Espero les guste y sigan leyendo. Nos vemos. Y no olviden comentar. Gracias por la visita.

por Mizuky

Escritora y traductora del fandom

Un comentario en «Juramento Mágico 4»
  1. Es un alivio saber que Tom no tuvo su primera vez con su ex y se guardó para su gatito.
    No recordaba que el lemon llegara siendo ellos tan jóvenes, pero se aman y se conocen desde niños así que queda claro que su relación a estas alturas es intensa pero sobre todo sincera.

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