Despertar 34

Fic original de Khira

“Despertar” Capítulo 34

Tom estaba apoyado en la barandilla en una de las cubiertas laterales, fumando un cigarro, cuando apareció Bill.

Le vio tensar la mandíbula de la sorpresa, pero Bill continuó caminando, y a buen seguro habría pasado de largo si Tom no le hubiera detenido con un comentario que, aunque realmente no fue su intención, le salió mordaz.

—¿Te has divertido?

Bill se detuvo y le miró con expresión serena.

—Mucho —fue su fría respuesta.

Hizo amago de seguir su camino, pero Tom habló de nuevo.

—¿Esto es lo que haces en Berlín? ¿Ligarte al primer desconocido que te pasa por delante?

Bill no respondió, tan solo desvió la mirada con gesto cansado, lo que Tom tomó como un sí. El ex guitarrista suspiró y se llevó una mano a la frente; de repente le dolía mucho la cabeza.

—Está claro que no debí marcharme —murmuró—. No debí dejarte solo.

—No me digas… —ironizó Bill en voz baja.

—Creía que eras más fuerte…

Hubo un silencio.

—Pues no lo soy… —dijo Bill finalmente.

El silencio los envolvió nuevamente. Tom observó que Bill hizo un pequeño amago con el pie con intención de marcharse, y no quiso que eso pasara. Quería seguir hablando con Bill, aunque fuera discutiendo, pero le quería ahí, a su lado, un rato más. Sacó el paquete de cigarrillos que había comprado hacía unos minutos en el bar de la piscina, y se lo tendió a su hermano.

—¿Quieres uno?

Bill miró el paquete y luego el cigarrillo que sujetaba Tom con la otra mano, como si recién se diera cuenta de que éste estaba fumando.

—Creí que lo habías dejado.

—Yo también. —Tom se encogió de hombros.

Tras coger un cigarrillo del paquete, Bill se lo encendió con su propio mechero, y para alivio de Tom, se apoyó en la barandilla y permaneció allí con él, fumando, con la vista clavada en el mar.

Tom se le quedó mirando. Bill lucía muy bien con esa camiseta azul claro y los pantalones de lino blanco que portaba. Pocas veces le había visto vestido así, tan informal y «veraniego», ya que cuando vivían juntos y Tokio Hotel aún existía, Bill seguía vistiendo básicamente de negro incluso en la intimidad de su casa. Contempló su rostro libre de maquillaje, el negro cabello lacio pero limpio y brillante, y por último, sus labios, los mismos que le habían besado la noche anterior a traición y que por alguna extraña razón ahora no podía dejar de rememorar.

De pronto Bill giró la cara hacia él y le pilló mirándole. Tom dijo entonces la primera cosa que le pasó por la mente.

—¿Te has acostado con él?

Bill alzó una ceja.

—¿Te refieres al guía? —Tom asintió, y Bill suspiró—. No preguntes cosas que no quieras saber…

—¿Eso es que sí, no? —Tom sintió una oleada de rabia que disimuló como pudo. Si alguna vez volvía a Malta, buscaría al tipejo aprovechado ese y le machacaría la cabeza contra uno de sus preciados [i]megalitos[/i] de las narices—. ¿Y con Bushido? ¿De verdad te has acostado varias veces con él?

Bill suspiró otra vez.

—Ya te he dicho antes que sí. ¿Por qué iba a mentirte?

—No lo sé. Es que no lo entiendo. Creía que no tenías contacto con él…

—Y no lo tenía. Nos encontramos por casualidad en un local hace varias semanas.

—¿Le sigues viendo?

—Bueno, él está ahora en plena promoción de su nuevo disco, y éste además quiere promocionarlo en Austria y Suiza, así que supongo que no, que no le veré en algún tiempo.

Tom captó el matiz de afecto que acompañó las palabras de Bill, y no le gustó un pelo.

—No quiero que le veas de nuevo —dijo sin pensar.

—¿Qué? —exclamó Bill.

Tom carraspeó, consciente de lo posesivo que había sonado y el poco derecho que tenía a prohibirle algo así a su gemelo.

—Tom, te lo he dicho esta mañana y te lo vuelvo a decir ahora: no tienes vela en este entierro, no puedes decirme a quién puedo ver y a quién no, con quién me puedo acostar y con quién no —siseó Bill—. No tienes derecho a reclamarme nada…

—Soy tu hermano…

—No me vengas con esas otra vez. Además, tú lo has dicho, mi hermano, no mi «novio».

—Pero eso es lo que te gustaría, ¿no? —dijo Tom de nuevo sin pensar, y arrepintiéndose al momento. Quiso darse un guantazo a sí mismo. ¿Es que se había vuelto completamente loco? ¿Cómo le soltaba algo así a Bill?

Por su parte, Bill se había quedado congelado, con expresión más dolida que enfadada.

—Vete a la mierda —musitó. Lanzó el cigarro al suelo sin miramientos y dio media vuelta para marcharse.

Rápidamente Tom dio un paso para detenerle cogiéndole del brazo. Esta vez Bill no se sobresaltó, sólo se le quedó mirando con ojos vidriosos esperando una disculpa que no tardó en obtener.

—Lo siento, Bill —dijo Tom—. Mierda, de verdad que lo siento…

La piel del brazo de Bill estaba caliente bajo la mano de Tom. De hecho, tenía ambos brazos enrojecidos y también la cara. Estar toda la mañana al sol le había pasado factura a su normalmente pálida piel.

—Eso… ha sido muy cruel —le reprochó Bill.

—Lo sé, en serio, perdóname…

Tom no sabía qué más podía hacer para arreglar el desastre aparte de disculparse. Se dio cuenta de que se moría de ganas de abrazar a Bill, de suplicarle al oído ese perdón si era necesario, pero no estaba seguro de que Bill se tomara bien ese contacto. Pero no hizo falta.

—Está bien… —murmuró Bill.

—¡Ey, estáis aquí!

Los gemelos dieron un respingo hacia la persona que acababa de hablar, que no era otro que Andreas, quien iba acompañado por Georg.

—Os estábamos buscando —continuó el rubio—. Vamos a montar un torneo de ping pong. Os apuntáis, ¿verdad?

—¿Ping pong? —repitió Tom, un poco aturdido. Notó a Bill tensarse, y entonces se dio cuenta de que aún seguía sujetándole del brazo, y le soltó inmediatamente.

—Sí, ping pong, ya sabes, ese deporte que se juega con una pelota, dos raquetas y una mesa —se burló Andreas.

—Sé lo que es el ping pong —gruñó Tom—. Y por supuesto que me apunto.

—Bien. ¿Y tú, Bill?

—Claro, por qué no —murmuró Bill, aunque no sonó muy convencido.

—Genial. Venid, que vamos a sortear los contrincantes.

Tras intercambiar una rápida mirada, a los gemelos no les quedó más remedio que seguir a sus amigos.

.

Mientras Andreas le hablaba a Tom sobre la última vez que había jugado a ping pong, Georg aprovechó para quedarse rezagado con Bill.

—Lamento lo que ha pasado esta mañana. Sé que no querías que Tom se enterara de lo de Bushido… —susurró el bajista.

—No te preocupes, tarde o temprano se iba a enterar —suspiró Bill.

—No se lo ha tomado bien, ¿verdad?

—No mucho…

Georg miró a su amigo de reojo.

—¿Y qué tal con el guía? —se animó a preguntar.

—Oh, muy bien… —respondió Bill, apático.

—¿Ah, sí? Cualquiera lo diría…

Bill no le rebatió. Aunque sí lo había pasado bien con Ryan, también era cierto que montárselo con él no le había proporcionado más que unos segundos de clímax físico, seguidos de esa desazonadora sensación de vacío. En realidad, si era sincero consigo mismo, había padecido muchas veces antes esa misma sensación, solo que no había sido tan consciente. Pero ahora, mientras veía la espalda de Tom, entendió que el tener a su hermano tan cerca —y a la vez tan lejos— no hacía más que incrementar el vacío, y que dicho vacío no se iría nunca, no mientras no pudiera estar con la persona que realmente amaba…

.

Finalmente se apuntaron ocho al torneo: Georg, Benjamin, Tom, Gustav, Andreas, Bill, Karin y David. Para que el torneo no fuera eterno, decidieron jugar a un solo set de once puntos, que como decían las reglas había que ganar con una diferencia mínima de dos.

Julie, Eva, Natalie y Patrick se quedaron como público. Los primeros en jugar fueron Georg y Benjamin.

Georg se mantenía bastante más en forma que su antiguo mánager, y además tenía buena técnica, por lo que no le resultó difícil ganar por un apabullante 11-5.

—Me estoy haciendo viejo —se quejó riendo Benjamin mientras estrechaba la mano de Georg, y éste le dio un par de divertidas palmaditas en el hombro con la otra mano.

—Va, es el turno de Tom contra Gustav —dijo Andreas—. Tom, acuérdate de dejarte ganar, que Gustav es el que paga —añadió riendo.

—Lo que tú digas —rió Tom.

Pero por supuesto que Tom no se dejó ganar. Al contrario, se llevó la victoria por un también contundente 11-6.

—Bien jugado —dijo Gustav estrechando la mano de Tom.

—Como siempre —alardeó Tom, fiel a su estilo.

—Vamos, Bill, nos toca —dijo Andreas levantándose.

Gustav le pasó la raqueta a Andreas, por lo que a Bill no le quedó más remedio que ir a por la de Tom.

—Suerte —le dijo Tom mientras le tendía la raqueta.

—Gracias —murmuró Bill.

Bill se dio cuenta de que Eva ni siquiera miró a Tom cuando este se sentó de nuevo a su lado, ni mucho menos le felicitó por la victoria. Aquellos dos llevaban distantes desde la mañana, no tenía ni idea de por qué y tampoco le importaba. Que Tom y Eva hubieran tenido una pelea no significaba que fueran a romper ni mucho menos que eso le diera una oportunidad a él. Dejó de observarles y enfocó su atención en la mesa de ping pong que tenía delante.

A Bill no le gustaban los deportes en general, pero el ping pong era una excepción que además siempre se le había dado muy bien. Y no estaba desentrenado, ya que en su casa en Berlín había una mesa y más de una vez él y Markus se habían echado unas partidas.

A Andreas también se le daba bastante bien el ping pong, pero igualmente Bill ganó por 11-8.

—No te preocupes mi amor, yo te vengaré —rió Karin al ver la expresión algo mustia de Andreas cuando volvió a su silla. Cogió su raqueta y se dirigió a la mesa.

—Para eso antes tendrás que ganarme a mí —le recordó David con una sonrisa mientras cogía la raqueta de Bill.

Y no lo hizo, pero por poco. David ganó a Karin, que resultó ser más buena jugando que su novio, por un ajustado 11-9.

—Enhorabuena, juegas muy bien —le dijo David estrechando la mano de la chica.

—Gracias…

—Segunda ronda —anunció Andreas—. Georg contra Tom.

Fue el primer partido realmente igualado del torneo. Georg y Tom empataron hasta a 12 puntos, pero el segundo terminó ganando por 14-12.

—Al terminar el torneo quiero la revancha —dijo Georg mientras chocaban las manos.

—Todas las veces que quieras, pero no habrá tal revancha —rió Tom.

—Siguientes: Bill contra David —dijo Andreas.

David cogió la raqueta de Tom y Bill la de Georg.

—¿Preparado? —preguntó David preparado para el saque.

—Sí —respondió Bill.

Nada más sacar David, Bill se dio cuenta de que éste iba a tomarse el partido muy en serio. De hecho, tras ganarle el productor cuatro puntos seguidos, Bill entendió que antes no había jugado al máximo contra Karin.

«Davis siempre tan caballeroso…», pensó con una leve sonrisa.

Tras un empate y un par de puntos muy reñidos, Bill terminó ganando a su ex productor por un ajustado 13-11.

—Bien jugado —le dijo David a Bill mientras le daba la mano.

—Gracias. —La mirada de David se le antojó de pronto tan afectuosa que no pudo evitar sonrojarse levemente.

—Y ahora, la final —dijo Andreas—. Bill contra Tom.

—¡Oooh, Kaulitz contra Kaulitz! —coreó Georg.

—Esto va a ser interesante —dijo Gustav.

—¿Cuánto tiempo hace que no jugáis el uno contra el otro? —preguntó Andreas.

Bill y Tom cruzaron miradas fugaces.

—Bastante… —murmuró Tom.

—Bueno, cuando queráis empezáis, ¿eh?

—Empieza sacando tú si quieres —dijo Tom pasándole la pelota a su hermano.

Bill no tenía un interés especial en sacar el primero, pero menos quería discutir, así que simplemente lo hizo.

El primer punto lo ganó Bill, quien en seguida notó algo raro en la forma de jugar de su hermano, totalmente diferente a la que había mostrado minutos antes. Así que tras ganar el punto, Bill aprovechó que tuvo que ir a recoger la pelota muy cerca de donde estaba Tom para, al pasar por su lado, susurrarle algo al oído:

—Ya te he perdonado. Ni se te ocurra dejarme ganar.

Tom se le quedó mirando mientras Bill volvía a su sitio. Cuando cruzaron miradas de nuevo, Tom asintió, levemente ruborizado por haber sido pillado, y se colocó en posición.

Bill sacó, y tal como esperaba, Tom empezó por fin a jugar en serio. De hecho, los siguientes puntos los ganó Tom, pero Bill, concentrándose al máximo, consiguió remontar. Sus amigos les animaban a ambos con ímpetu, no sólo por ser la final sino por el morbo de ver a los gemelos jugar contra sí.

Billl realmente quería ganar a su hermano más que el torneo, aunque ni él mismo sabía el porqué. Quizás porque tenía la sensación de que Tom le había ganado en la vida, al haber rehecho la suya al terminar Tokio Hotel mientras que él en cambio se había quedado estancado entre el dolor y los recuerdos.

Y lo consiguió. Con un ajustado 15-13, ya que Tom le igualó varias veces e incluso llegó a ponerse por delante con un 12-13, pero al final Bill batió a su hermano.

—¡Muy bien, Bill! —Julie y Karin empezaron a aplaudir a la vez.

Tom dejó la raqueta sobre la mesa y se acercó a su hermano.

—Enhorabuena —le dijo tendiendo su mano.

Bill se la estrechó sin decir nada, pero entonces Andreas tuvo que decir la suya.

—¿Eso es todo? —se quejó, teatrero—. Vamos, hombre, daos al menos un abrazo, ¿no?

—Eso, eso, un abrazo, que estáis los dos de un soso últimamente… —añadió Gustav.

Sin soltarse aún la mano, ambos gemelos se miraron. Bill permaneció completamente inexpresivo, por lo que fue Tom quien tuvo que tomar la decisión. Tom avanzó un paso hacia él y le abrazó con un brazo rodeando sus hombros.

Hacía años, muchos años, que Bill no tenía a Tom tan cerca. Cerró los ojos y aspiró su aroma con fuerza mientras le devolvía tímidamente el abrazo, necesitando de toda su voluntad para no perder la compostura.

Por su parte, a Tom le pasaba tres cuartos de lo mismo. Cuando notó la piel tibia de Bill contra la suya, tuvo un escalofrío, aunque se dijo a sí mismo que era porque añoraba demasiado ese tipo de contacto fraternal con su gemelo. “Fraternal” era la palabra clave, se dijo a sí mismo. A continuación se preguntó si Bill siempre había olido tan bien… hasta que un segundo estremecimiento le alertó de que debían separarse antes de empezar a pensar más cosas raras. Así lo hicieron y Tom dejó espacio para que los demás también felicitaran a Bill.

.

El resto de la tarde lo pasaron en el bar de la piscina tomando unos combinados, y luego fueron a cenar. Tras la cena, algunos se quedaron a ver el espectáculo de magia que tenía lugar en el salón y otros, como Bill, se marcharon ya a sus camarotes.

El ex cantante se dejó caer de espaldas sobre la cama, exhausto. Justo en ese momento su teléfono móvil vibró, y se llevó la mano al bolsillo trasero de los pantalones para sacarlo.

Sonrió cuando vio que se trataba de un mensaje de Markus.

“Hola! Q tal el crucero? Supongo q muy bien y que stas muy entretenido, xq no tengo noticias tuyas desde q t marchaste. Espero q al menos t hayas acordado 1 poco de mi. 1 beso”

Se sintió algo culpable cuando se dio cuenta de que no había sido así, de que no había pensado en Markus desde que se embarcó. Luego se dijo a sí mismo que era normal, teniendo en cuenta que había estado muy ocupado lidiando con su amor tortuoso y no correspondido hacia su propio gemelo. Pero aún así Markus no se merecía tal desprecio, así que le diría una pequeña mentira piadosa.

“X supuesto q sí, pero la cobertura x aquí es penosa. El crucero bien, aunque un poco aburrido. Tengo ganas ya de volver. 1 abrazo”

Después de darle a enviar, Bill se quedó mirando un buen rato la pantalla de su móvil. Pensaba que habría alguien más que se acordaría de él, pero no había sido así. Bushido no había dado señales de vida desde que se despidieran en el aeropuerto. Y era una lástima, porque a Bill de verdad le apetecía charlar un rato con él. Pero no sería él quien le llamara. Bushido estaría ocupado con la promoción y no iba a arriesgarse a molestarle.

Suspiró al recordar que ya había molestado suficiente al rapero mientras estaba en su casa…

—¡Suéltame de una vez! ¡Quiero irme!

—No va a ir a ningún sitio, pequeño.

—¡Que te jodan! ¡No puedes obligarme a quedarme!

—Oh, y tanto que puedo. Aunque te tenga que atar a la cama si es necesario.

—¡Ya te gustaría, maldito pervertido! —Bill empujó con su brazo libre el pecho de Bushido, pero fue inútil. Era como empujar una roca gigantesca—. ¡Que me sueltes, joder! ¡Te denunciaré!

—¿Otra vez con lo mismo? ¿Te han dicho alguna vez que te repites más que el ajo?

—¡Lo haré! ¡Te juro que lo haré! ¡Y entonces te arrepentirás de esto!

—No, Bill. El que va a arrepentirse si sales por esa puerta eres tú. Tienes que aguantar. Lo peor de la abstinencia se pasa en unos días. Confía en mí. Solo unos días…

Bill empezó a perder fuerza, no tanto por las palabras de Bushido sino por propio agotamiento. Bushido aprovechó para atraerlo contra sí y abrazarlo con fuerza, mientras esperaba pacientemente a que la agitada respiración del muchacho se normalizara. Luego le ayudó a sentarse en el sofá. Bill escondió la cara entre las manos, y sólo levantó la vista cuando escuchó que Bushido había cogido el teléfono.

—¿A quién llamas…? —preguntó, temiendo por un momento que fuera a contactar a David y que entre los dos le metieran en una clínica de rehabilitación.

—A mi asistente, para que cancele la entrevista que tengo mañana. Está claro que no puedes quedarte dos días solo.

Esta vez, Bill no tuvo el valor de negarlo.

Bill dejó el móvil en la mesilla y se quedó un rato de lado en la cama.

Por suerte Bushido había estado en lo cierto y lo peor había pasado en unos pocos días, gracias seguramente a que Bill no era consumidor diario, al menos no de cocaína. El alcohol era otra cosa, pero en ese momento no quería pensar ni preocuparse por ello. Prefirió recordar las cosas buenas que le habían sucedido durante la jornada.

Había disfrutado de buen sexo, había ganado el torneo de ping pong, y Tom le había mostrado un poco de ese cariño fraternal que tanto tiempo hacía que no se atrevía a mostrar por miedo a que Bill lo malinterpretara.

Aquel había sido un buen día después de todo.

Continúa.

por Khira

Escritora del fandom

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