Recording. Track 08

Fic Twc/Toll de Ginger-Ale11

Recording. Track 8

Hacía muchísimo calor. Estaban adentrados en el mes de julio y Andreas decidió que había tenido suficiente de su a veces, más que agotador trabajo. Siempre había sido además de un amigo incondicional, un asistente excepcional para Bill. Sin embargo, los últimos meses había estado saturado de trabajo con la nueva producción del álbum de Tom y siendo honesto consigo mismo, no soportaba estar cerca de Bill; se comportaba diferente y lo notaba. Él siempre se dijo que nunca había sido de especial prioridad en la vida de su amigo, –en lo que a relaciones se refiere–, pero habían pasado más de cuatro meses desde la última vez que había tenido algún tipo de acercamiento sexual hacia él. No era la primera vez que Bill se apartaba un poco y lo rechazaba, pero esta vez sentía que había algo más, algo que todavía no podía explicar.

Andreas optó por tomar unas vacaciones en las costas de España sin la compañía de nadie, por el bien de su salud física y mental, si no quería estar al borde de un colapso. Por supuesto haciendo que su amigo/jefe pusiera el grito en el cielo cuando se enteró. Solo habían sido dos semanas para descansar y despejar su cabeza de lo caótico que se había convertido su vida últimamente y, sin embargo, no lo dejaba en paz con mensajes y llamadas a diario que hicieron casi imposible poder desprenderse de su trabajo por completo, pero al menos no tendría que lidiar constantemente con sus cambios de humor repentinos y sus caprichos que estaban alcanzando niveles que ni él mismo soportaba.

Bill había asignado un loft de “creatividad”, –como lo llamaba él–, para Tom y ellos dos en Hamburgo. Decía que no podía perder el tiempo haciendo que el castaño viajara más de una hora a diario hasta la ciudad, así que se le ocurrió que la mejor idea era que los tres trabajaran en conjunto en un espacio que pudieran compartir. Los rubios aún conservaban sus propios apartamentos, pero pasaban la mayor parte del tiempo en el loft donde ahora se había mudado Tom, y la verdad esto estaba empezando a desgastarlo. Ya no existía esa línea entre trabajo y espacio personal, por lo que a pesar de la negativa de Bill y amenazarlo con despedirlo, decidió hacer ese viaje. Estaba seguro que de todas maneras no conseguiría a nadie que reemplazara todo lo que él hacía por su mejor amigo.

Acababa de llegar al aeropuerto, pronto regresaría a Alemania y de nuevo al caos. Tenía 2 llamadas perdidas de Bill y 5 mensajes de texto haciendo muchas preguntas que en ese momento no quería responder. “Dios, qué molesto eres Kaulitz”, murmuró para sí mismo llevándose el teléfono al oído haciendo una llamada. Tenía otras cosas pendientes de las que ocuparse en ese momento.

-¡Hey! ¿qué tal Andy? Hasta que por fin sé algo de ti. He intentado comunicarme contigo.- Contestó la voz al otro lado de la línea.

-Hola David. Lo sé, tomé unas pequeñas vacaciones… Ya sabes cómo es trabajar con Bill, pero hoy mismo estoy de regreso en Hamburgo. ¿Cómo está todo en L.A.?- Respondió el rubio a su interlocutor mientras caminaba entre la gente arrastrando su pequeña maleta dirigiéndose a la puerta de abordaje.

-Bien. Ya conoces a los americanos y su obsesión con Hollywood. Tienen una manera muy distinta de ver las cosas. Pero bueno, no era eso lo que quería hablar contigo, sino de Bill. Ha sido imposible tener alguna conversación con él. Se que han estado trabajando en un nuevo proyecto, pero lo ha mantenido prácticamente en secreto y como sabrás, eso es algo muy riesgoso para la compañía. Los directivos están empezando a pedir respuestas y yo desde acá no tengo mucho qué decirles. Bill los ha mantenido en la oscuridad.

Andreas se frotó los ojos en señal de cansancio y suspiró. Conocía perfectamente y de primera mano lo testarudo que podía ser Bill cuando se proponía algo, y había querido que la producción de este nuevo álbum fuera una especie de sorpresa para la disquera. Se había saltado un montón de reglamentos, pero como todos confiaban en su innegable talento lo habían dejado pasar. Sin embargo, no podían mantenerlo oculto durante tanto tiempo y ya estaban pidiendo respuestas que él sinceramente no podía dar.

-Lo sé, David pero no hay mucho que pueda decirte. Todo está viento en popa, Bill solo quiere sorprenderlos a todos con lo que estamos preparando. Hemos avanzado mucho así que pronto sabrán lo que tenemos en el horno.- Intentó sonar lo más sincero y despreocupado posible para tranquilizarlo.

-Claro, no dudo de que lo que están haciendo sea algo increíble, pero necesitamos saber a dónde está yendo el dinero y qué estamos financiando realmente. La disquera tiene que saberlo. ¿Entiendes lo que significa eso, o no, Andy?

-Sí, lo se, pero no es algo que debas hablar conmigo. Todo está bien, te lo prometo.- Esa corta conversación empezaba a despertar su ansiedad y ya no sabía qué más decir. Odiaba ser siempre él quien tuviera que dar explicaciones, el que diera la cara y se llevara los malos ratos. -Tengo que dejarte David, estoy a punto de tomar un vuelo.

-Vale, no te preocupes. Hablaremos mejor más adelante. ¡Buen viaje!-

-Gracias David. Cuídate.- Fue lo último que dijo a su interlocutor antes de cortar la llamada.

Andreas guardó el teléfono despotricando por lo bajo. No entendía por qué Bill quería mantener en secreto este proyecto cuando siempre le gustaba alardear de lo que hacía, y de hecho ese era el problema. Estaba alardeando mucho a todos sobre este nuevo artista que “nadie esperaría” ver venir, pero manteniendo un pequeño círculo de personas involucradas quienes eran los que realmente sabían en qué estaban trabajando; él incluido.

Pasajeros con destino a Hamburgo, por favor abordar por la puerta 8” escuchó la voz de los altavoces y se dirigió a su destino.

Acababa de sentarse en uno de los asientos de primera clase que daba a la ventana y se reclinó en él suspirando. El viaje duraría casi tres horas y pensó que sería un buen momento de relajarse antes de volver a su rutina de siempre, cerrando los ojos acomodándose mientras se preparaba para dormir, pero una voz lo sacó de su pensamiento.

-Miren a quién tenemos aquí, nada más que a la rubia Andy.

Cuando abrió los ojos girando la cabeza para ver al dueño de aquella voz, se encontró con un hombre guapo y fuerte, apenas un par de años mayor que él, muy alto de casi unos dos metros. Llevaba el pelo castaño claro muy corto y una barba perfectamente arreglada. Iba vestido cómodo, de prendas de marca y estaba de pie junto a su asiento viéndolo con unos penetrantes ojos grises. Enseguida lo reconoció: Hans Richter.

-Dios, no puede ser…- Dijo Andreas casi en un murmullo, cubriéndose la cara mientras se escurría aún en su asiento como si fuera posible que este se lo tragara y lo hiciera desaparecer.

El hombre se sentó a su lado sonriente y volvió a hablar. -¡Vamos! ¿No me digas que sigues odiándome por quitarte a Bill?- Dejó salir una risa burlona y le dio un golpecito con el hombro haciendo que se volteara en su asiento.

-¿Qué mierdas haces aquí?- Respondió de mala gana incorporándose, sin dejar ahora de mirarlo con desprecio.

-Eso no fue lo que pregunté.- Hans le hizo un gesto con la mano a una azafata y ordenó dos vasos de whisky, para luego continuar. -Y si quieres saber qué hago aquí, pues estoy regresando a Hamburgo. Fui a una fiesta en Ibiza que ni te imaginas…

-Créeme que sí me lo imagino.- Dijo cortándole en tono sarcástico poniendo los ojos en blanco e ignorando su pregunta. Por supuesto que lo odiaba por quitarle a Bill, pero más que eso lo odiaba por todo lo que él representaba.

Era el típico tipo que no era más profundo de lo que veías a simple vista. Un tipo mimado que lo tuvo todo cómo y cuándo lo quiso, casi como Bill, pero incluso él se atrevería a decir que mucho peor. No porque directamente se comportara como una diva, si no lo conocieras pensarías que era un tonto hasta agradable, pero realmente él era lo que cualquier persona que haya tenido algún problema semi-importante en su vida, despreciaría. Había tenido una vida perfecta. Padres amorosos e inclusivos, de una familia increíblemente pudiente e influyente en la industria de la construcción austro-alemana, buenos estudios, viajes, comodidades. Eso no estaba mal, de hecho, Andreas tampoco había tenido una mala vida en lo absoluto y deseaba que más personas hubieran tenido acceso a los privilegios con los que ellos crecieron. Pero Hans a pesar de tener todas las herramientas a su favor para ser una persona decente, había decidido ser un patán sin ninguna razón. Vivía su día a día con el único fin de satisfacer sus deseos, derrochaba dinero, alcohol, drogas, sexo con mujeres y hombres… todo por su propio placer y nada más que eso.

-Sí que se te ha pegado algo de Kaulitz después de tantos años. ¿Aún sigues detrás de él como su perro faldero?- Ese comentario le molestó. Seguía comportándose igual que lo hacía cuando estaban en secundaria y confirmó que su desprecio tenía una base completamente fundamentada.

-No soy su perro faldero. Soy su asistente y su mejor amigo, y para tu información no me lo quitaste. Yo sigo a su lado, en cambio tú no puedes decir lo mismo.- Miró cómo Hans apretó la mandíbula tratando de ocultar que aquello que le había dicho claramente no le había gustado.

-No te pongas a la defensiva, solo fue una broma. Estás muy sensible, Andy… Y dime, ¿qué hay de nuevo? Lo último que supe de Bill fue cuando le conseguí una audición a un loco que me ganó una apuesta. Sabes que soy un hombre de palabra.

-Por supuesto…- Murmuró para sí, sin abandonar el sarcasmo de su voz y luego se acomodó en el asiento viéndolo de frente. -Creo que de hecho, es lo único bueno que has hecho en tu vida.

-¿Sí? Yo recuerdo que he hecho muchas cosas buenas, como esa vez que salvé tu culo de todos los que te acosaban en la escuela.- Le sonrió con una expresión tonta en la cara como si aquello se tratara de un acto heroico de un super héroe.

-Eso fue gracias a Bill…

-No, Bill me lo pidió. Y gracias a que di la orden a mi equipo como buen capitán, y por supuesto buen novio,- haciendo énfasis en la última palabra, -hice que te dejaran en paz. No deberías odiarme tanto, Andy.- De repente la azafata apareció interrumpiéndolos, trayendo los dos vasos de whisky que su acompañante había pedido.

-Disculpen caballeros, aquí están sus bebidas.- Hans le quitó de las manos a la mujer ambas bebidas sin siquiera reparar en ella, como si fuera un objeto más en el avión y le pasó una de ellas que ofreció a Andy.

-Gracias, señorita…- Respondió el rubio volteando a ver a la apenada mujer que tímidamente asintió con la cabeza antes de retirarse.

-¿Y bien? ¿Por qué ha sido lo “único bueno” que he hecho en mi vida?- Ambos le dieron un sorbo a su trago y sonrieron, cada uno por motivos completamente diferentes.

-No te creas la gran cosa, tú solo fuiste el puente para llegar a alguien que tiene muchísimo talento. Estamos produciendo un álbum con él en estos momentos.

-¿El tipo de la apuesta?

-No, idiota. El rapero, su mejor amigo.- Y apenas terminó de decir esa frase se arrepintió de haber compartido esa información con tanta facilidad. Sintió que haberle dicho eso a su ex-archienemigo no había sido lo correcto, pero era muy tarde para rectificarse. Le dio un sorbo más a su bebida acabándosela al instante mientras escuchaban una voz desde las bocinas que indicaba abrochar sus cinturones, pues el avión estaba a punto de despegar. Sin duda iba a ser un viaje muy largo.

&

Eran alrededor de las 9pm cuando por fin Andreas había llegado al loft. Pudo haber ido a su propio apartamento y prolongar un poco más el tiempo a solas, pero sabía que la insistencia de Bill no lo dejaría en paz. Además, aquel encuentro con Hans lo había sacado de sí y necesitaba hablar con Bill cuanto antes. Nunca le había caído bien y no le daba buena espina esa interacción, no sabía por qué, pero tenía el presentimiento de que no sería la última vez que lo vería.

Hans había sido la clase de ex de Bill que nunca desaparecía del todo. Nunca supo por qué terminaron justo después de la graduación, pero cada tanto Bill le contaba de sus furtivos encuentros con él, cosa que no le agradaba escuchar, pero pacientemente trataba de entender sin juzgarlo demasiado. De todas maneras, nunca pasaba algo más de una noche y quedaba como otra más de las aventuras que el rubio solía tener con más frecuencia de lo que le gustaría.

Se detuvo delante de la puerta de entrada unos segundos suspirando ante el recuerdo. Cuando la abrió se encontró a Tom sentado en una de las sillas del comedor con un cigarrillo entre los labios, mientras tocaba unas notas en la guitarra que tenía en manos. Se veía muy concentrado, hasta que el ruido de la puerta al cerrarse hizo que notara su presencia.

-Eso suena muy bien.- Dijo el rubio dejando caer al suelo el bolso que llevaba a espaldas, mientras Tom sonreía ampliamente levantándose de la silla y empezando a caminar dando pequeños saltos hasta él.

-¡Bienvenido de vuelta, Andy! Te extrañé.- Tom lo abrazó y a Andreas le hizo mucha gracia lo contento que se veía. Él no era especialmente una persona cariñosa, –al contrario de sí mismo–, pero tras varios meses conviviendo casi a diario, había aprendido a imitarle en su presencia después de que el platinado le insistiera en lo poco expresivo que podía llegar a ser.

Durante ese tiempo podía decir que había nacido una buena amistad entre ambos. Tom a veces se mostraba incómodo cerca de Bill y la presencia de Andy le relajaba. Ya no existía una relación laboral entre ellos, se trataban como buenos amigos, aunque aún había muchas cosas que Andy todavía le costaba entender de Tom. Algunas veces se mostraba feliz y motivado y otras pareciera que se aislaba dentro de sí mismo. El cambio de ambiente le había afectado de alguna manera. Estaba dedicado, dándolo todo de si por lograr su sueño, pero este venía con ciertos sacrificios. Ya no veía mucho a su familia y amigos y se notaba que a veces le hacían falta. A pesar de no estar muy lejos de su ciudad natal, la verdad era que apenas tenía tiempo para hacer otra cosa que no fuera componer y trabajar en su música, o encerrarse durante horas con Bill en un estudio.

-Yo también te extrañé. Me imagino lo insufrible que fue tener a Billy para ti solo.- Ambos se separaron y juraría que lo vio sonrojarse cuando esquivó su mirada. Se había quedado momentáneamente mudo, pero sacudió la cabeza recuperando el mismo entusiasmo de segundos atrás.

-No tienes idea.- Bufó caminando de vuelta a la mesa jugando con las manos impacientemente. -¿Cómo estuvo el viaje? Te queda bien el bronceado, quedaste casi tan bien como yo.- Sonrió de forma juguetona y Andy rodó los ojos de acuerdo.

-¡Lo se! Nunca tan guapo como tú.- Ambos se echaron a reír. -Y estuvo genial. Hice tantas cosas, tomé muchísimas fotos. Ufff, ni qué contarte, los españoles están…- hizo un gesto con las manos imitando el beso de un chef. -Lástima que no fuiste, pero definitivamente debemos repetir algo así todos juntos.

-Sin duda. A mí también me hacen falta unas merecidas vacaciones.- Respondió Tom volteando a darle un par de caladas al casi extinto cigarrillo que había dejado en la mesa antes de apagarlo, notando pequeñas marquitas rojas alrededor de su cuello.

-Tú no lo has pasado tan mal tampoco ¿no?- Andy le señaló hacia aquellas marcas y Tom se llevó la mano al cuello cayendo en cuenta a qué se refería. Tragó fuerte y sonrió nerviosamente. -¿Has metido alguna mujer a escondidas aquí? Porque no creo que Bill lo haya aprobado.

Por un momento se vio dubitativo, como si estuviera buscando la respuesta correcta en su cabeza. -Sí bueno, eso… fue algo sin importancia. No le cuentes a Bill sobre esto.

-Tranquilo, soy una tumba.- Respondió juguetonamente haciendo un gesto con los dedos sobre los labios y le guiñó el ojo haciendo que se relajara un poco, pero sabiendo que su respuesta no había sido del todo sincera. -¿Dónde está Bill, por cierto?- preguntó buscando con la cabeza alrededor del lugar sin encontrarlo.

-Ah. Salió a buscar unas cosas. Como no le contestabas, me dijo que en cuanto llegaras nos encontráramos en Bianc. Me imagino que debes tener hambre.

-¡Famélico! Ni te imaginas. Cuánto antes salgamos, más rápido podré regresar a dormir. Estoy muerto.

-Vale, vale. Pero necesito darme una ducha primero, en cinco minutos estoy listo.- Respondió el castaño haciendo un gesto a modo de broma arrugando la nariz mientras olía su camisa y se dirigía a paso acelerado hacia el baño.

-¡Mejor que sean diez porque apestas!- Dijo casi gritando después de escuchar un portazo y la risa del castaño de fondo.

Mientras esperaba no pudo dejar de pensar en el nerviosismo de Tom al mencionarle las marcas del cuello y el hecho de que también había notado que estaba vistiendo una de las camisetas de Bill. Entendía que conviviendo todos juntos, esa clase de confusiones entre prendas de vestir se dieran con frecuencia, pero no con Bill, –teniendo en cuenta además el estilo tan diferente de ambos–. Él siempre había sido muy quisquilloso con su ropa, ni siquiera a él mismo le había prestado casi nada y tenía prácticamente toda una vida conociéndolo. Sin embardo le dio el beneficio de la duda, a lo mejor Tom se la había puesto por error, ya que el sitio era realmente un desastre.

En esas dos semanas que estuvo lejos, su ausencia se hizo notar en el apartamento. Todo era un caos. Había zapatos, ropa, papeles, instrumentos y diferentes objetos regados por donde lo vieras. Andreas suspiró pensando en todo lo que tendría que arreglar cuando tuviera algo más de tiempo y energía.

Dio unas vueltas asombrado por aquel desorden mientras esperaba por Tom, recogiendo un par de cosas con las que tropezaba, hasta que algo llamó su atención. Una vieja fotografía se encontraba tirada entre un montón de papeles. La tomó en sus manos y se detuvo a detallarla: En ella se veía a un pequeño Bill, de unos 7 años aproximadamente. Tenía el pelo despeinado adornado de un doblado sombrerito, le faltaba un diente y estaba sonriendo frente a la cámara disfrazado de Peter Pan, alzando con su flacucho brazo una espadita de plástico que creía, se la había quitado a un niño gordito disfrazado de pirata que estaba al fondo en una esquina llorando.

Andy sonrió ante esa foto que le causó mucha ternura. Conocía a Bill desde los 12 y pensó lo tierno que debió haber sido a esa edad, antes de que la pubertad llegara y lo dañara llevándose con sí aquella inocencia que trasmitía con ese simple gesto.

El sonido de unos pasos acercándose lo sacaron de su ensimismamiento. Tom había aparecido ahora duchado y perfumado, con su largo oscuro cabello ondulado y aún mojado cayendo sobre sus hombros, poniéndose la vieja chaqueta de cuero mientras buscaba sus llaves.

-Ya estoy listo. ¿Nos vamos?

-Vamos.- Andy le regaló una sonrisa y se guardó aquella fotografía.

Continúa…

Notas de la autora: Volvimos con nuestro querido Andy, ya lo extrañaba. Como verán pasaron 4 meses desde que Tom firmó el contrato. ¿Qué ha pasado entre Bill y él? Claramente muchas cosas, por esas marquitas que tenía Tom en el cuello. Andreas por fin se dará cuenta? Será que es hora de que Andy lo supere de una buena vez? Sin duda se merece algo mucho mejor… una amiga cuando leyó este capítulo me comentó “te imaginas que el plot twist sea que Andy y Tom terminen juntos?” HAHAHA. Por ahora estoy amando la pequeña amistad que nació entre ellos. Y pendientes con algunos que salieron aquí, es todo lo que diré.

Saludos!!

Ginger

por Ginger-Ale11

Escritora del Fandom

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