
(Fic de Heiligtkt483 & YomiMrK)
«Dulce San Valentín» Episodio 2
Al día siguiente. Nos levantamos para preparar a los chicos una vez que amaneció, luego Bill y Emily les fueron a dejar al sitio de donde saldría el autobús. Tom y yo teníamos cosas que hacer, pero ese no se levantaba tan temprano todos los días.
Golpeé la puerta de su habitación, no escuché respuesta alguna, entonces entré. El sitio estaba a oscuras y apestaba horrible, no supe a qué y juro que no quería saber a qué, avancé a trompicones hasta donde se veía la mancha oscura que supuse era su cama, las sábanas estaban echadas sobre un enorme bulto que roncaba como motosierra.
—Tom, vamos levanta, tenemos cosas que hacer —solté, nada, ni siquiera se agitó, solo le veía respirar—, ¡TOM COÑO LEVANTATE! —grité con todo lo que dieron mis pulmones, solo conseguí que me ardiera la garganta, pero él siguió roncando. Suspiré, y me arrepentí, olía horrible, me dirigí a la ventana y corrí las cortinas hacia los lados, hice lo mismo con la otra y la habitación quedó bien iluminada. Era un campo de batalla, parecía que alguien había vomitado ropa por todos lados. Me acerqué a la cama de Tom y jalé las sábanas para sacarlas de encima de Tom, logré destaparle la cabeza y comenzó a agitarse, se giró y se giró en la cama.
—Te vas a caer de la cama —grité y me subí a la cama para jalarle del brazo, ya estaba en la orilla de la cama al otro lado, su cuerpo giró, me miró con los ojos entrecerrados completamente confundido.
—No recuerdo haberte traído a mi cama —soltó en un murmullo, le aplasté la cabeza con una almohada y me puse en pie de un salto, me quedé de pie junto a él esperando a que se levantara—, ¡Joder! ¿Quieres matarme? —cuestionó en cuanto se sacó la almohada del rostro.
—Tú quieres que yo te ayude, así que a mover ese culo —le solté haciendo ademanes con las manos para que se pusiera en pie de una vez. Tom se sentó en la cama y me miró, su cara se tornó pícara, al igual que una sonrisa. De repente se destapó de las sábanas y se puse en pie, caminó tan campante hacia su baño semidesnudo, solo traía unos pequeños bóxers que le marcaban todo.
—¡Eres un cerdo! —le grité y arrojé una almohada hacia él, fallé en pegarle, entonces hice mi salida dramática y me encerré en mi habitación. Me tiré a la cama de espaldas y cerré los ojos con fuerza para quitarme la imagen de su cuerpo de mí cabeza.
No recordaba cuando exactamente comencé a verle con otros ojos, solo sé que dejé de verle como al cuñado de mi hermana y cada que mis ojos cruzaban con su figura mi corazón latía diferente, cada vez que me sonreía me ponía nerviosa, cuando lo tenía cerca y podía oler su perfume, mis piernas temblaban, y cada que me lo encontraba como ahora, era un descuidado total cuando se trataba de andar semidesnudo por la casa, mis brazos querían sujetarlo y retenerlo a mi lado, abrazarle y besarle la piel desnuda. Ni si quiera recordaba cuando exactamente me resigné a que estaba enamorada de él.
Unos veinte minutos después golpearon mi puerta, me puse de pie y la abrí de un tirón. Ahí estaba él con las manos en los bolsillos de un pantalón dos tallas más grandes que la propia, y una playera similar, más una chaqueta de mezclilla con mangas de cuero, según los gemelos eso era moda. Me volví al interior de mi habitación, tomé mi bolso y me lo colgué al hombro para salir, le empujé por el pecho para sacarlo de mi camino y me fui hacia el pasillo para bajar las escaleras.
—Se te ha vuelto costumbre lo de empujarme —soltó él a mis espaldas pisándome los talones, le regalé una buena vista dorsal de mi dedo corazón—, y también mostrarme ese dedo —bajamos las escaleras y nos dirigimos a la salida. Nos montamos en el coche y nos dirigimos a un centro comercial, por todos lados había corazones rojos, rosas, chocolates, bombones, etc; todo para el día de los enamorados.
—Carajos, esto marea —murmuré de pie frente a un sitio donde vendían golosinas, que hoy solo eran cosas con corazones.
—Ya lo digo yo —soltó Tom a mi lado, miré de reojo como miraba con horror el escaparate lleno de cositas rosas con chocolate por todos lados. Suspiré y le tomé el brazo para llevarlo al interior de la tienda.
—Todavía tenemos que escoger flores —comenté mientras lo metía arrastras, él gimió.
—Como que me voy arrepintiendo —frunció los labios, me reí y continué con lo nuestro.
Miré a Tom cuando se detuvo unas calles antes de llegar a la casa, sacó su móvil de la chaqueta, paseó sus dedos por la pantalla táctil y se lo llevó a la oreja.
—Soy yo, vamos hacia la casa —dijo Tom a quien fuera que estuviera al otro lado, lo miré, me hizo un ‘Bill’ con los labios, asentí lo mejor que me permitió el oso de peluche que me apretaba contra el asiento, me asfixiaba, pero no había lugar en el asiento de atrás porque ahí estaba lleno de rosas y en la mini-cajuela del Audi estaban los chocolates y otras cosas—, de acuerdo, lo meteremos todo en tu habitación, luego tienes que llevártela para que arreglemos todo y llegue la cena —Tom se despidió y colgó para luego guardarse el móvil de nuevo, entonces encendió el coche y partimos hacia la mansión. Hicimos lo que dijo, pusimos la fruta en el frigorífico, dejamos las cosas en la habitación de Bill y bajamos. Emily y Bill llegaron con bolsas con comida rápida para los cuatro, repartimos todo por la mesa y nos dispusimos a atacar los platos con comida.
—Como asistente de la discográfica a la que pertenecen sus traseros, les ordeno que se presenten mañana temprano a una sesión fotográfica —les dijo Emily a los gemelos poniendo un par de muslos de pollo sobre su plato. Sí, Emily trabaja en la discográfica de los chicos como asistente, odiaba la sensación de que Bill nos mantuviera, así que un año atrás entró a trabajar allí luego de terminar los estudios básicos por correspondencia y ahora hacía la universidad a distancia. Terminamos de comer y los tortolitos se fueron al cine, así que Tom y yo comenzamos con nuestra misión ‘cupida’.
Subimos una mesa redonda que andaba rodando por la cocina y le decoramos con un mantel de satén rojo y otro blanco de encaje, pusimos un par de lindas sillas, una frente a la otra, sacamos las sábanas de la cama y pusimos unas blancas limpias con cojines de seda, en forma de corazón y cuadrados, color rojo. Nos trepamos y sacamos las cortinas negras con cuadros blancos y pusimos unas blancas con rojo, después comenzamos a quitarles pétalos a las rosas rojas, cubrimos todo lo que pudimos con ellos y repartimos flores completas en ramos por otros lados.
—¡Oh! Recordé algo, ahora vengo —le solté a Tom, salí brincoteando de la habitación para no pisar el camino de rosas y velas sin encender, y salí de allí, subí al ático y busqué entre las cajas apiladas una en especial, justo la subimos un mes y tanto a ese sitio. Una vez que tuve lo que buscaba bajé corriendo y entré a la habitación, Tom ponía la cubertería en sus sitios, me detuve junto a él y extendí lo que traía en mis manos.
—Buena idea, a tu hermana le encantan estas cosas —dijo tironeando el cable que tenía los extremos llenos de lucecillas blancas. Emily adoraba las luces de navidad tanto como Lucy.
—Ahora ayúdame a colgarlas —le dije sonriendo, Tom rodó los ojos terminando de alinear los cubiertos—, vamos, falta una hora para que lleguen ellos —le dije, Tom pasó de mí, puso un jarrón al centro de la mesa y depositó una rosa roja.
—Esta será la rosa especial —dijo dando pequeños aplausos—, mira —su mano se movió hacia sus pantalones, sacó algo del bolsillo, una pequeña caja cuadrada y roja, la abrió mostrándome lo que ocultaba, un precioso anillo, abrí la boca.
—Bill le pedirá matrimonio a mi hermana —solté como si acabara de darme cuenta de ese hecho, Tom rodó los ojos, guardó de nuevo el anillo.
—Lo pondré cuando ya falté poco —aseguró, me crucé de brazos con las cejas alzadas—, bien, voy a por la escalera —se movió con pereza hacia la puerta, sonreí divertida por aquello. Un momento después regresó, tuvimos que sacar del piso unos cuantos pétalos para que pusiera las escaleras cerca de la ventana para colgarlos desde allí.
—Ahora trépate —señaló las escaleras de metal para que subiera, gruñí—, no puedo subirme allí, peso al menos ochenta kilos, ¿tu sesenta? —preguntó recargándose de las escaleras, suspiré, presentaba un buen punto, comencé a subir los peldaños, una vez arriba él comenzó a pasarme el cable con las luces. Las acomodé encima del tubo de las cortinas, pero el cable se atoró al otro extremo.
—Sácalo de allá —le ordené a Tom mientras intentaba zafarlo por mis propios medios.
—No puedo, tengo que agarrarte la escalera para que no te vayas de culo al piso —soltó haciéndome una sonrisa irónica. Rodé los ojos y volví mi atención al cable, lo jalé, pero me llevó con él, atoré mi pie con un peldaño y me fui directo hacia el piso gritando. Me encontré en el piso, aunque no me di el gran golpe que me esperaba, fue más flojo, abrí los ojos cuando noté que los tenía cerrados con tanta fuerza que veía cositas blancas contra negro. Y me encontré con unos ojos caramelo a centímetros de los míos, me miraban inundados en pánico, jadeé al darme cuenta de la posición en la que nos encontramos. Tom estaba encima de mi cuerpo, con un brazo bajo mi nuca y otro bajo mi espalda.
—Creo que me caí —dije tragando saliva, de nuevo me daba cuenta de cómo estaba. El cuerpo de Tom presionando contra el mío, con su rostro pegado al mío, respirando mi aliento.
—¿Sí? Yo también lo creo —soltó furioso, tragué saliva y sentí mi rostro húmedo—, ¿Estás bien? —preguntó dulcificando su voz y su mirada. Parpadeé clavando mis ojos en los suyos, nunca los había mirado de tan cerca y me resultaban hermosos e hipnotizantes. El corazón me bailaba en el pecho, a estas alturas Tom ya debió de haberse dado cuenta de mis nervios, aunque a lo mejor lo achaque a la estúpida caída que me llevé.
—Bien —murmuré, la voz me fallaba, parpadeé aclarándome las ideas, y lo siguiente que sentí fue una suave humedad sobre mis labios. Abrí los ojos de par en par, me encontré con los parpados de Tom, tenía los ojos cerrados, y me di cuenta de lo que hacía, sus labios se movieron más insistentes sobre los míos, me hacía falta el aire, abrí los labios un poco, su lengua los acarició y penetro en mi boca, la cabeza me daba vueltas a estas alturas. Mis manos que habían estado inmóviles a ambos lados de mi cuerpo se dirigieron al suyo y le abrazaron con ahínco, su mano en mi nuca ladeó mi cabeza para tener mejor acceso a mi boca, su lengua acariciaba la mía haciendo a mi cabeza ponerse en blanco.
Para cuando caí en cuenta de lo que hacía, mis piernas ya estaban rodeándole la cintura mientras él se friccionaba contra mi cuerpo, una de sus manos estaba filtrada bajo mi blusa, y la mía le acariciaba la piel de la espalda. Saqué mi mano de allí y le empujé por el pecho, alejé mi boca de la suya y abrí los ojos mirándole asustada, Tom me miraba con los ojos empañados en deseo, y me asusté.
Le di una buena bofetada en el centro de la mejilla y lo alejé de mi para después ponerme de pie de un salto y corrí hasta la puerta, atravesé el pasillo escuchando sus gritos llamándome, no me detuve, salí de la casona y atravesé el patio para salir por el portón grande, seguí calle abajo, el semáforo me ayudó y crucé a la carrera la calle delante de los coches que se disponían a avanzar.
No supe cuánto corrí, ni hasta donde había llegado cuando me detuve por fin. El aliento me faltaba y las piernas ya no me daban más, me llevé las manos a las rodillas para poder sostenerme, cuando tuve suficiente aire en mis pulmones para levantar la vista, lo hice. Me encontraba en un parque, en un parque de los muchos que había por la ciudad, bajo una farola encendida ya que el cielo estaba completamente oscuro, en algún punto de mi carrera había anochecido, busqué con la mirada algo en que sentarme, una banca blanca y vacía estaba a mi derecha, me dejé caer allí. Hasta ese momento miré por todos lados, los frondosos árboles estaban iluminados con redes de luces blancas, debajo colgaban tiras con corazones rojos y los troncos traían un corazón con la leyenda ‘Feliz día de los enamorados’. Separé mis ojos de esa frase y miré al frente, por aquel pasaje se pasearon un par de parejas con algodón de azúcar en forma de corazón, no me dio tiempo para vomitar porque mi mente me trajo los recuerdos de aquel beso.
Acaricié mis labios cerrados, su tacto estaba ahí grabado con fuego en mi piel, mi mano bajó por mi mentón y toqué mi cuello, sus dedos habían tocado esa piel, mi otra mano se abrazó a mi vientre, ahí por donde su mano había tanteado la desnudes, la piel se me erizó de solo recordar su calor.
Meses de mantenerme a raya, y en solo un momento todo había quedado sobre la mesa, dejé las cartas hacia arriba y él seguro que leyó mi jugada, estaba enamorada de él y era irreversible. ¿Ahora qué hago? No podía volver a esa casa, ahí iba a estar él o mi hermana disfrutando de su noche, y a mi antigua casa no podría ir ya que ahora era un lote vacío, no traía ni monedero o el móvil.
Subí mis piernas a la banca y me abracé a ellas para soltarme a llorar, no sabía qué más hacer, mis amigas seguramente estaban con sus novios, y yo acá como niña estúpida congelándome, llorando en la banca de un parque, sola, el día de los enamorados, ¡jodida sea mí suerte!
—¡Agh! No vayas a llorar hoy, por favor —me quedé de piedra, las lágrimas no quisieron salir más provocadas por esa voz, levanté la cabeza rápidamente casi mareándome. Había una figura alta delante de mí, me tomó un momento enfocar la vista para identificarle… era él.
—¿Qué haces…? Vete —le pedí, sentí la cara caliente, todas las sensaciones de su tacto volvieron a mi cuerpo como un flash.
—Primero voy a sentarme, he recorrido esto un par de veces —me dijo y se dejó caer a mi lado en la banca, lo miré con el ceño fruncido. Tom extendió sus brazos a lo largo del respaldo de la banca y miró el cielo. Me puse en pie aprovechando que no estaba prestando atención—, ¡Ey! —gritó a mis espaldas, no había dado más que cinco pasos cuando sentí su mano tirar de mi brazo hacia atrás, casi me caigo de espaldas por semejante jalón, me volví en redondo y le golpeé el pecho.
—Déjame, ¡vete!, desaparece —ordené pegándole con mi mano, él me sujetó los brazos cerca de mi cuerpo, bajé la mirada desesperándome, quería correr. Las lágrimas se escurrían por mi rostro mientras me jalaba hacía atrás, intentando inútilmente liberarme de sus manos.
—Deja de hacer eso, no te voy a soltar, tienes que escucharme —dijo él afirmando su agarre en mis muñecas, di un tirón y comprobé que tenía razón, no me soltaría, así que me rendí, detuve mis jalones y esperé a que comenzara a hablar—, te amo —algo pesado bajó desde mi cabeza hasta los pies, levanté la cabeza, las lágrimas se me habían congelado y la boca se me abrió víctima de la sorpresa.
—¿Qué? —pregunté completamente confundida, los oídos me pitaban en este punto y las cosas me parecieron confusas.
—No solo enojona, también sorda —dijo ronda los ojos, no supe interpretar lo que dijo, pero entonces soltó mis manos, sujetó mi rostro con ambas manos y a continuación selló sus labios con los míos. Mientras que sus labios se movían sobre los míos fui entendiendo lo que dijo, ‘Te amo’… me amaba, me ama. Para cuando el beso terminó, le abracé con todas mis fuerzas—, no soy un buen intérprete —dijo él aunque sus brazos ya rodeaban mi cuerpo y sus manos tocaban mi cabello.
—Eso es que, ya no puedes escaparte de mí, y que te amo —le solté hundiendo mi cabeza en su pecho, le escuché reír y a su corazón latir contra mi oído, cerré los ojos y disfruté de la experiencia.
Cerré mis labios y atrapé entre ellos un trozo de algodón, pronto se deshizo en mi boca dejándome un sabor dulce.
—¿Sabes? Odio estas cosas —dijo él cuando hube degustado el azúcar en mí lengua. Tom tenía un algodón de azúcar en forma de corazón entre sus manos y lo miraba con asco, a mí me encantaban y le convencí para que me comprara uno. Mordí un nuevo trozo y arranqué una buena parte del resto, entonces me puse en puntitas alzando el algodón hacia él, Tom sonrió entendiendo mis intenciones, se inclinó acortando la distancia y atrapó con su boca el algodón que quedaba libre hasta que nuestros labios se juntaron y unieron en un beso lleno de azúcar. Sus brazos volvieron a abrazarme y mis manos ya se conocían el camino a su cuello, lo rodeé y continué besándolo, continuaría así hasta que pudiera caer en cuenta de que él me amaba, de que él me dijo que me ama en este dulce san Valentín….
F I N
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