
«En el ascensor de aquel hotel»
Capítulo 3: Realizando lo imaginable
Comenzamos a caminar hacia una parada de taxis. A esa hora no había transporte público, porque ya era cerca de las once de la noche, así tuvimos que coger un taxi que nos llevara al hotel donde yo me hospedaba y después que la llevará a su casa. Entramos en el interior del vehículo, y mi amiga le dio indicaciones de la dirección donde estaba mi hotel. Durante todo el trayecto iba con una sonrisa de oreja a oreja pensando en lo genial que había sido el concierto. Había un poco de caravana cerca de las inmediaciones del Palau Sant Jordi, así que nos entretuvimos bastante en llegar al hotel donde me hospedaba. Ya era cerca de las doce menos cuarto de la noche. El taxi aparcó en un sitio libre que había en la acera de enfrente de donde estaba el hotel.
—Descansa… —me dijo mi amiga despidiéndose de mí— ¿Mañana a qué hora sale tu tren?
—A las cuatro de la tarde… —le respondí.
—Llegaras de noche a tu casa —me dijo.
—Sí… —susurré.
—Bueno mañana te vengo a buscar para acompañarte a la estación de tren —me informó mi amiga— Duerme bien, y no te entretengas camino a tu habitación.
—Tranquila… —le sonreí— Me iré derechita a mi habitación.
Salí del taxi para luego dirigirme hacia la entrada del hotel. Me acerqué a recepción y pedí la tarjeta de mi habitación. Me dirigí hacia la zona de los ascensores. Las puertas de ambos se habían cerrado, y si la visión no me fallaba, había acabado de ver unas rastas rubias y castañas en uno de los ascensores. ¿Cuándo habían llegado al hotel? Si cuando salimos del Palau Sant Jordi el autobús de ellos todavía se encontraba aparcado afuera de las inmediaciones. Igual cogieron algún atajo para llegar antes. Pero… ¿Por qué no los había visto entrar en el interior del hotel? Muy sencillo, Sara… Me contesté la pregunta yo misma. Entraron por otra puerta que no está a la vista de la entrada principal del hotel.
Me quedé unos minutos parada. Me mordí el labio inferior con nerviosismo. Recordé la frase que me había puesto Tom en la foto que me firmó. Esperaba verme de nuevo en el ascensor del hotel. Los nervios estaban a flor de piel, pero había que ser realistas, Tom seguramente que escribió eso para darme falsas esperanzas. Ahora estaría en su habitación dispuesto a irse a dormir, mientras que yo me rompía la cabeza por una falsa promesa. Por lo menos había conseguido hacerme sentir importante durante unas horas. Me dispuse a llamar el ascensor, cuando las puertas de uno de los dos se volvieron a abrir. Miré hacia el interior y me ruboricé al reconocer esas ropas anchas, las rastas y ese piercing de su labio inferior izquierdo, que movía incesantemente con su lengua de manera provocativa. Me faltó el aire. Era el mismísimo Tom Kaulitz quien estaba en el interior de este.
—¿Vas a entrar o te vas a quedar parada toda la noche ahí? —me preguntó de manera chulesca en inglés, mientras que recargaba su cuerpo en la pared del ascensor. Dios… ¡Qué bueno estaba el jodido! Y yo… quieta sin moverme ni un milímetro— Hola… —me volvió a llamar para captar mi atención. Mi sonrojo se intensificó— Ya sé que soy demasiado guapo, para que te quedes mirándome así, pero por lo menos podías contestarme —me volvió a decir a la vez que sus labios se curvaban en una sonrisa pícara y retorcida. Y por encima se burla de que esté sufriendo el efecto Kaulitz. Me estaba poniendo malita…— Bueno… Parece que no hay forma de hacerte entrar en el ascensor. Tendré que darte una pequeña ayuda —salió del ascensor para acercarse a mí. Me agarró del brazo para arrastrarme hacia el interior de este. Todo eso lo hizo sin que me diera tiempo a pestañear— Y bien… ¿Cómo se llama la chica bonita y misteriosa del ascensor? —me preguntó de nuevo a la vez que volvía a mover su piercing con su lengua. ¡Dios… Jesús… y María…! ¡Cómo siga así me da un ataque cardíaco!
—Sara… —respondí de manera titubeante.
—Bonito nombre para su bella dueña —me dijo coquetamente. Me quedé callada. Estaba tan nerviosa que no sabía que hacer— Eres una chica de muy pocas palabras, ¿verdad? —dijo al verme callada.
—No es eso… —susurré— Solo que estoy un poco impresionada… —el timbre del ascensor se paró en el tercer piso. Supongo que sería donde Tom tendría su habitación. La mía estaba en la cuarta planta. Tom salió del ascensor, yo me quedé quieta observándolo.
—¡Vamos! ¿A qué esperas? —me dijo al darse cuenta de que no lo seguía— ¿Vas a dejar escapar la mejor noche de tu vida? —me volvió a preguntar mientras que me miraba con ojos penetrantes y llenos de lujuria. No hice nada, no respondí… Solo me quedé pensando en que, si salía del ascensor y lo acompañaba hasta su habitación, me convertiría en su grouppie número no sé cuánto. Pero la tentación de pasar una buena noche de sexo con el dios del sexo, me pudo más… así que salí del ascensor muerta de vergüenza— Eres una chica muy lista… —sonrió a la vez que me agarraba de la mano para guiarme a su habitación.
En cinco minutos llegamos a la puerta de su habitación. Estaba realmente nerviosa, no por el simple hecho de tener sexo ya que me había acostado con el que ahora es mi ex novio varias veces, sino por el simple hecho de que tendría sexo con Tom Kaulitz. Por un momento pensé en todas las chicas que desearían estar en mi lugar esa noche, y me sentí afortunada por ser la elegida. Tom abrió la puerta de su habitación. Antes de cerrar la puerta, puso colgado en el pómulo un pequeño cartel que decía “No molestar”. Después cerró la puerta. La habitación era muy amplia, más que la mía. Tenía un pequeño recibidor, que daba paso a una sala de estar, que tenía una puerta que daba a la habitación con el baño incluido.
—Mola, ¿no? —me preguntó al verme mirar la habitación.
—Mucho… —susurré— Es mucho más grande que la habitación en la que estoy.
—Bueno… Esto es cosa del promotor y de nuestro manager —se excusó— Yo me conformo con una habitación más sencilla —me dijo— ¿Quieres algo de beber? —me preguntó.
—Sí, gracias —respondí. Estaba completamente seca después de haber estado cantando todas las canciones del concierto.
—¿Cerveza? —me preguntó de nuevo.
—Sí —asentí a la vez que cogía el botellín de cerveza que me tendía con su mano derecha. Cuando lo tuve entre mis manos pude notar que estaba frío. Le di un gran sorbo refrescando así mi boca. Tom me imito también bebiendo de su botellín.
—¿Disfrutaste mucho del concierto? —me preguntó nuevamente para intentar tener algo de conversación o simplemente para relajarme antes de pasar a palabras mayores.
—Sí, mucho —sonreí— Fue el mejor concierto de mi vida.
—Te vi muy emocionada durante el concierto —me dijo sonriendo—Se nota que te lo pasaste muy bien…
—Ya… —sonreí con timidez para luego bajar la cabeza. La mirada de Tom me intimidaba bastante. Me ruboricé un poco.
—Me gusta cuando te sonrojas, hace que te pongas más bonita —me dijo a la vez que apoyaba su botellín en la mesa y me quitaba el mío de entre mis manos— Tienes unos labios perfectos para ser besados… —me susurró a la vez que levantaba mi cabeza y se iba acercando lentamente. Sus labios rozaron los míos haciendo que un escalofrío recorriera todo mi cuerpo. Su lengua se abrió paso entre mis labios, para encontrarse con la mía, mientras que sus dedos se enredaban juguetonamente con mi melena suelta.
Nos separamos para coger aire, pero pocos minutos después volvimos a besarnos. El beso se volvió más intenso. Pequeños gemidos morían entre nuestras bocas. Hizo sentarme encima suya mientras nos seguíamos besando. Una de sus manos comenzó a acariciar mi pierna desnuda haciéndome cosquillas, hasta que finalmente la noté por debajo de mi corta falda. Cerca de mi muslo, hacía el interior de mi ingle. Jadeé de excitación, notando que no era la única que se estaba excitando. Una creciente erección comenzaba a hacerse presente debajo de los anchos pantalones de Tom. Ahora sus manos se apoyaron sobre mi culo. Empezó a estrujarlo fuertemente, a la vez que me besaba mi mandíbula para luego concentrarse en mi cuello. Noté el roce de sus dientes sobre mi piel, mientras me mordía jugueteando con ella. Suspiré echando todo el aire de mis pulmones. Agarré su gorra para luego deshacerme de ella, tirándola hacia atrás hasta que se la quité por completo. Después fue su bandana. ¿Este hombre no se asaba de calor? Solo quedaba la goma que sujetaba sus rastas. Me mordí el labio inferior al darme cuenta de que esa noche se las vería sueltas, caer sobre su espalda.
Se separó de mi cuello, después de haber succionado varias veces sobre mi piel. Seguramente me había dejado un pequeño regalo sobre esta. Volvió a atrapar mis labios, mordiéndome el labio inferior. Sintiendo el roce de su piercing que tanto me excitaba. Nos levantamos poco a poco sin dejar de besarnos. Comenzamos a caminar hacia su habitación, mientras nos besábamos devorándonos con urgencia. Chocando por el camino con una pequeña mesa, que había en esa sala de estar. Entramos en el interior de la habitación. Con su mano palpó la pared para encender la luz. Era una habitación amplia, con una cama de matrimonio grande, cubierta por una colcha granate. Al fondo en el lado derecho tenía un balcón con una pequeña terraza, en la que había una mesa redonda con cuatro sillas. El armario era también muy amplio, y el baño se veía también grande, desde el punto donde me encontraba. Los sanitarios eran de color beis claro. El lavabo estaba cubierto de mármol gris veteado.
Tom se volvió a concentrar en mí. Agarró con sus dedos mi camiseta de asitas, para luego quitarla por la cabeza. La lanzó al suelo. Cogí el empiece de sus camisetas y comencé a tirar de ellas hacia arriba, hasta que se la quité por la cabeza. Enseguida pude ver su torso musculado, aunque Tom era delgado su cuerpo era bastante musculoso. Sus pantalones medios caídos, aunque sujetos por su cinturón, dejaban ver la cinta de sus bóxers que era de la marca Calvin Klein. Si dejarnos de besar nuevamente, nos dispusimos a despojarnos del resto de la ropa que nos quedaba. Mi falda vaquera cayó al suelo, dejándome solo en mi ropa interior. Desabroché el cinturón, que sujetaba los pantalones de Tom, para luego ver como estos bajaban de repente. Tom se movió un poco perdiendo el equilibrio al tropezar con los pantalones que tapaban sus pies. Caímos sobre la cama. Comenzamos a reírnos a carcajadas.
—Tienes que quitarte los tenis —le dije mientras no dejaba de reírme— Así no salen los pantalones.
—Y tú tienes que quitarte tus converse —me replicó. Vale ambos estábamos a la par.
Nos deshicimos de nuestro calzado, para luego Tom quitarse finalmente los pantalones. Me apretujó contra la cama, a la vez que él se quedaba encima mía. Podía notar su gran bulto debajo de sus bóxers. Comenzó a besarme la clavícula para luego ir bajando por mi escote, hasta que llegó al principio de mi sostén. Deslizó sigilosamente el asa de mi sostén con sus dedos para luego bajarlos. Mis pechos quedaron al aire. Con sus manos agarró mis pechos y comenzó a masajearlos a la vez que yo comenzaba a suspirar con más fuerza. Luego comenzó a jugar con el pezón de uno con su lengua y después dientes. Lo lamió, lo chupó haciéndome gemir con más fuerza.
—¡Oh dios mío…! —suspiré a la vez que retorcía la colcha de la cama. Mi mano fue palpando el cuerpo endurecido y tonificado de Tom, primero los pectorales del abdomen. Esos cuadraditos semejantes a las tabletas de chocolate, hasta que apoyé mi mano sobre ese bulto enorme que comenzaba a sobresalir debajo de sus bóxers y pedía a gritos ser liberado. Comencé a masajearlo entre mi mano, para luego deslizar la ropa interior de Tom y dejar liberado su miembro que se estiró por completo mostrándome que no era ninguna leyenda urbana de que el niño estaba bien dotado. Tenía un gran pene. Comencé a acariciarlo entre mis dedos, sintiendo como se iba hinchando más entre mi mano. Jugueteé con la punta de su glande con mi dedo índice. Un gemido sonoro salió de los labios de Tom.
—Hummm… —gimió Tom en forma de protesta mientras que seguía concentrándose en otras partes de mi cuerpo— ¿Quieres matarme? —preguntó con voz ahogada. Yo me reí mientras seguía torturándolo lentamente dándole placer.
Él para vengarse se separó de mí, para luego arrastrar mis braguitas hasta quitármelas. Se colocó entre mis piernas a la vez que su cabeza se situaba a la altura de mi sexo. Empecé a sentir pequeños besos sobre este, y caricias a la vez que con sus dedos jugaba con mi clítoris. Sabía muy bien donde tocar, y como hacer perder la cordura a las mujeres. Una descargar eléctrica recorrió toda mi espalda para luego explotar. Sus labios seguían ahí abajo, saboreando cada segregación de mi vagina. Mi cuerpo estaba perlado, y solo estábamos con los juegos preliminares, ni siquiera habíamos llegado al coito. Ahora ambos estábamos desnudos en la cama. Tom apartó la colcha de la cama, haciendo que cayera al suelo, mientras que yo le veía divertida.
—Ven aquí… —me llamó para que me acercará a él. Atrapó mis labios nuevamente mientras nos seguíamos acariciando sintiendo como poco a poco nuestra piel estaba adquiriendo una temperatura corporal descomunal. Me aparté de sus labios mirándole de forma traviesa. Atrapé con mis labios su pene, a la vez que mi lengua comenzaba a juguetear con él— Y parecías tímida… —comentó entre jadeos. Esbocé una sonrisa, que él no vio ya que seguía concentrada jugando con su miembro.
Tom se movió ligeramente buscando algo en la mesilla de noche, mientras que yo seguía jugando con su pene con mi boca. Cuando sentí que se iba a correr dentro de esta, me separé. Entonces me tendió un envoltorio plateado. Lo cogí entre mis dedos, para luego rasgarlo y sacar de este su contenido. Coloqué el preservativo en la puta de su pene, completamente rosada e hinchada, para irlo bajando con mi mano hasta que quedó completamente colocado. Me agarró tumbándome otra vez por completo en la cama, quedando él otra vez encima de mí.
—Ahora déjame jugar a mí, muñeca —me susurró contra mis labios.
Agarró mis piernas con sus manos, para colocar cada una alrededor de sus caderas. Se acomodó mejor entre ellas, para luego ir guiando su miembro hasta mi interior. Cerré los ojos y suspiré cuando lo sentí por completo dentro de mi sexo. Me miró fijamente con sus ojos brillosos a causa de la excitación. Mis mejillas habían adquirido un tono sonrojado. Se empezó a mover sobre mí, dando pequeñas embestidas, haciendo que cada poro de mi cuerpo vibrará. Acercó sus labios a los míos para besarme a la vez que se seguía moviendo sobre mí. Mis manos se posaron sobre su espalda desnuda, para luego subir por esta acariciándola. Agarré sus rastas que tenía sujetas en una coleta, para luego soltarlas arrastrando en mi mano la goma que las sujetaba. Cayeron como una cascada sobre su espalda. Se veía tan mono, con ellas sueltas. No sé porque nos las quería llevar sueltas. Enrollé una de sus rastas entre mis dedos, mientras sentía el vaivén de su pelvis sobre mi sexo. Mi respiración se volvió más entrecortada.
—Oh dios mío… —gemí al sentir calambres en mi parte baja. Solté la rasta de Tom para luego apoyar nuevamente mis manos sobre su espalda desnuda y sudorosa. Mis uñas comenzaron a arañar su piel, sintiendo como cada vez penetraba más profundamente en mi interior.
—Oh… —un gemido grave y ronco salió de su garganta. Había llegado al orgasmo, minutos después yo le seguí.
Besó mis labios de nuevo, para luego separarse de encima de mí, y tumbarse a mí lado en la cama. Nos quedamos tumbados en silencio, mientras que ambos respirábamos entrecortadamente. Había sido el mejor polvo de mi vida sin duda. Era cierto, que Tom tenía demasiada habilidad en el sexo. El sobrenombre del Dios del sexo, le venía muy apropiado. Estaba completamente sudada, agotada, pero había sido una gran experiencia. Comencé a reírme, como una loca. Tom me miró curioso.
—¿De qué te ríes? —me preguntó a la vez que se acercaba a mí de nuevo.
—Estoy pensando en todas las chicas que se han quedado con las ganas de estar esta noche en tu cama —le confesé— Ha sido genial… —susurré— ¡Woow…! Asombroso.
—¡Eso no tienes que dudarlo! —me dijo ofendido— Soy el dios del sexo.
—Lo sé… —susurré. Nos volvimos a quedar en silencio. Estábamos agotados— Oye Tom… —musité.
—Dime… —me susurró.
—¿Por qué me elegiste a mí? —le pregunté completamente avergonzada— En el meet & greet había más chicas guapas que yo.
—Ya te lo he dicho la primera vez que nos vimos en el ascensor —me dijo Tom— Eres una chica muy bonita, y tu timidez me cautivó por completo.
—Vamos Tom, no te quedes conmigo —le dije frunciendo el ceño— Sé sincero. Di que no tenías a otra opción para divertirte esta noche.
—No tengo porque mentirte —dijo Tom mirándome intensamente. Ahora parecía que estaba un poco molesto conmigo— Yo siempre digo la verdad, y eres una chica muy bonita.
—¿Cómo habéis llegado a este hotel? —le pregunté de nuevo.
—En bus… —me respondió Tom de forma bromista.
—No, tonto… —le dije golpeándole suavemente el hombro— Se suponía que debíais alojaros en el Hotel Arts. ¡Dios…! He visto ese hotel por fuera y es una pasada, mucho mejor que este hotel.
—Cambios de última hora de nuestro manager —me respondió— Bueno… era obvio que nos alojaríamos en ese hotel, y que habría muchas fans esperándonos. Llevábamos algunos días estresados. Hemos dado muchos conciertos en pocos días seguidos, y claro… nuestro manager quería que estuviéramos un poco más relajados. Como Bill tuvo la operación del quiste hace unos meses, no quería se estresará demasiado y que volviera a recaer. Es una tontería, porque nosotros gustosamente firmaríamos autógrafos a nuestras fans en la puerta del hotel, pero ha sido decisión de nuestro manager…
—Entiendo… —musité.
—Pero en cierto modo me alegro de haber venido a este hotel —me dijo sonriendo— Si no hubiéramos venido, nunca te hubiera visto ni conocido… Tenías que haber visto tu cara cuando entramos por la mañana en el ascensor. Fue muy graciosa. Enseguida supimos que eras fan de nuestro grupo, aparte de que se escuchaba “Ready set go” a todo volumen.
—Es una canción muy buena y muy enérgica —le dije— Me gusta escucharla por las mañanas cuando me levantó para acabar de despertarme.
—La verdad es que hacemos muy buena música —me dijo Tom riéndose.
—¡Oh… qué modesto de tu parte! —le dije irónicamente.
—Yo siempre soy muy modesto… —me susurró para luego acercarse a mí y besarme los labios de nuevo. Abrí la boca dejando que su lengua jugará con la mía. Por un momento, volví a sentir el deseo otra vez. Se separó de mí, rompiendo el beso. Me miró a los ojos— Sabes que tienes un color de ojos muy bonitos, pero lo que me gusta más son tus labios.
—Tom por favor… —le dije ruborizándose. ¿Por qué tenía que ser tan perfecto? ¿Por qué tenía que decirme cosas tan bonitas?
—¿Qué pasa ahora? —me preguntó con curiosidad, notando mi rubor.
—Pasa que como sigas diciéndome cosas tan bonitas, me veré obligada a secuestrarte —le respondí.
—Hum… —me miró de forma traviesa, a la vez que arqueaba una de sus cejas. ¿Por qué tenía que ser tan sexy?— ¿Y si te secuestro yo a ti? —me preguntó a la vez que movía su piercing coquetamente.
—Te meterías en un grave problema —sonreí traviesamente.
—¿Enserio? —me preguntó sorprendido.
—Si… —respondí a la vez que asentía con mi cabeza— Yo soy menor…
—Ahora me voy a convertir en un pedófilo —dijo con preocupación— ¿Cuántos años tienes? —me preguntó alarmado.
—Diecisiete —le respondí.
—No eres tan pequeña —me dijo.
—Bueno… todavía me faltan unos cuántos meses para cumplir la mayoría de edad —le comenté.
—Además tengo muchas pruebas a mi favor en caso de que me metiera en problemas graves —me dijo resueltamente.
—¿Cómo cuáles? —pregunté curiosa.
—Que todo ha sido bajo tu consentimiento —me respondió— Es más, no tuve que insistirte mucho.
—Eso es verdad… —musité.
—Así que estoy libre de culpa… —me susurró.
—Mmmm… —hice un pequeño ruido con mi garganta en modo de respuesta. Los labios de Tom se habían vuelto a apoderar de mi cuello. Me sentí tan excitada de nuevo.
Y volvimos a ser otra vez una misma persona. Entre besos y caricias volvimos a hacer el amor… Digo hacer el amor, porque la primera vez fue solo un calentón del momento, ambos estábamos demasiado desesperados para pararnos a sentir. Pero ahora era diferente, sus manos me acariciaban con dulzura, con ternura, como queriendo memorizar cada rincón de mi cuerpo. Sus movimientos eran lentos como queriendo alargar más el momento. No recuerdo cuanto tiempo estuvimos así, tocándonos, acariciándonos… Esperando que el momento del orgasmo llegará. Y al fin llegó como una explosión de fuegos artificiales que inundó todo mi cuerpo. Estaba demasiada cansada, me pesaban demasiado mis ojos. Había sido un día muy ajetreado, muy mágico, muy especial. Sentí el peso del cuerpo de Tom sobre el mío cuando se dejó caer rendido. Minutos después, cuando recuperó el aliento, se separó de mí. Sentí frío cuando las sábanas se movieron. Minutos después volví a sentir los brazos de Tom rodear mi cuerpo, arrastrándome hacia él. Apoyé mi cabeza sobre su pecho desnudo. Podía sentir como los latidos de su corazón eran rápidos. Su pecho subía y bajaba intentando llenar de aire sus pulmones.
—Buenas noches, princesa —me susurró a la vez que sus manos acariciaban mi espalda de manera suave, haciendo en mí un efecto tranquilizado y somnífero, ya que sentía como cada vez me pesaban más los ojos. Por último, antes de caer dormida completamente entre sus brazos, sentí que posó sus labios sobre mi frente dándome un pequeño dulce beso.
Unos golpes fuertes hicieron que me despertará. La luz de sol entraba por los grandes ventanales del balcón, que daban a la pequeña terraza. Miré un poco desorientada la habitación, no recordaba que la habitación donde me alojaba tuviera una. Entonces caí en la cuenta que no estaba en mi habitación, unas manos agarran con fuerza mi cadera. Y ahí estaba él… con la cara tan relajada, durmiendo plácidamente mientras que sus rastas caían a ambos lados de su cabeza. Era tan angelical y la vez tan sexy. Aporrearon de nuevo la puerta con más fuerza.
—¡Tom…! ¡Tom…! —escuché llamar. La voz fue tan persistente en su llamado, que hizo que Tom se despertará de repente. Fijó sus ojos en mí, para luego sonreírme de la única forma que sabía hacer. Me derretí ante esa sonrisa.
—Hola… —me susurró sonriente— Buenos días… —me dijo a la vez que acercaba sus labios para besarme.
—¡Tom…! ¡Tom…! —volvimos a escuchar otra vez esa voz.
—Creo que te buscan… —susurré.
Me separé de él, tumbándome al otro lado la cama. Él se levantó de esta, mostrándome su cuerpo desnudo. Buscó sus bóxers para luego ponérselos. Caminó hacia la salita de estar, saliendo de la habitación.
—¡Por fin abres, tío! —escuché decir a una voz de chico— Llevo diez minutos llamando a la puerta. ¿Todavía estás sin vestir? —preguntó esa voz con sorpresa— A David no le va a hacer gracia cuando se enteré de que aún no estás preparado. Ya estamos todos listos —siguió diciendo el chico, sin apenas dejar hablar a Tom— En media hora salimos del hotel, rumbo a Madrid —le informó nuevamente esa voz.
—¡Joder Bill…! —escuché decir por fin a Tom— Me has levantado dolor de cabeza en tan solo unos segundos.
—Acaba de vestirte —le ordenó— Te esperamos en el restaurante del hotel, para desayunar. No te demores —escuché decir a Bill a su hermano mayor.
Segundos después, se formó un silencio de nuevo que se interrumpió por el sonido de la puerta al cerrarse. Tom entró otra vez en el interior de la habitación. Me miró e hizo una mueca con su boca.
—Lo siento… —dijo en un susurro— Pero tengo que prepararme para irme…
—Oh… de acuerdo —musité a la vez que me levantaba de la cama y buscaba mi ropa interior para ponérmela. No quería hacer la situación más difícil. Quería salir cuanto antes de la habitación de Tom, porque si me quedaba más seguramente que le suplicaría que no me dejara, que se quedara conmigo. Pero la realidad era otra distinta, yo solo había sido su grouppie esa noche. Una vez que saliera de esa habitación por esa puerta, solo sería un recuerdo de una noche agradable. Él se iría a otra ciudad, a otro país y pronto tendría a otra grouppie en su cama después del concierto. Todo quedaría en el olvido.
—Sara… —me susurró agarrándome por el brazo, ya me había puesto mi falda vaquera y ahora iba a ponerme mi camiseta.
—¡¿Qué?! —susurré con un nudo en la garganta. No sé porque, pero tenía unas ganas tremendas de llorar. Había sido tan especial la noche anterior, se había portado tan bien conmigo que deseaba permanecer siempre a su lado, pero sabía que Tom no era ese tipo de personas que le gusta amarrarse a una chica. Por el bien de mi dignidad tenía que dejarlo ir antes de que me lastimara.
—No te vayas… —susurró contra mis labios.
—Pero… tienes que prepararte para irte —le dije de nuevo— Tu hermano se enfadará y tu manager también si no bajas pronto.
—Oh Sara… —me dijo abrazándome a la vez que sentía el calor de su piel— Odio tanto tener que irme, y alejarme de ti.
—Es lo mejor para los dos, Tom —susurré— Haz tu vida, y yo haré la mía —me separé de Tom, y me acabé de ponerme la camiseta. Luego me giré para irme, pero nuevamente la mano de Tom agarró mi brazo.
—Espera… —dijo en un susurro— Dame tu número de teléfono…
—Tom… seamos realistas… —le dije con tristeza— ¿Para qué quieres mi número de teléfono si mañana ya te olvidarás de mí? —le pregunté mirándole fijamente. Él no me respondió— Será mejor que dejemos las cosas como están —dije finalmente.
—Si no quieres darme tu número, dame tu dirección de correo electrónico por lo menos—me insistió.
—Está bien… —asentí. Me tendió su móvil para que se lo escribiera en un mensaje, que después el mismo se mandó— Adiós Tom… —susurré para girarme. Volvió a agarrarme del brazo para girarme de nuevo. Se acercó a mí, y me besó los labios de una forma muy dulce.
—Te escribiré para saber de ti —me informó. Me abracé a él intentando aspirar por última vez el aroma de su piel. Sus brazos me rodearon correspondiéndome el abrazo.
—Será mejor que me vaya, antes de que alguien descubra que he pasado la noche contigo —le susurré a la vez que me separaba de él— No quiero meterte en problemas.
—No lo harás —me respondió.
—Hasta pronto, Tom —le dije. No sabía cómo despedirme de él. Sabía que igual sería la primera y la última vez que nos veríamos.
Y al salir de la habitación mi mundo se vino abajo. Las lágrimas, que tanto había evitado que salieran, comenzaron a escurrirse sobre mis mejillas. Caminé hacia el ascensor lo más rápido que pude. No quería verlo salir de la habitación, ver como se alejaba de mí… Entré en el interior del ascensor e imágenes del anterior vinieron a mi cabeza. Como lo había visto por primera vez cuando entraron los cuatro en el ascensor. Como su mirada se clavó en la mía y me sonrió de forma picara y coqueta. Y como después por la noche de forma chulesca y despreocupada me había propuesto hacer cosas indecentes con él. La mejor noche de vida, que no tendría la suerte de repetir con él. Todo eso había ocurrido en ese ascensor, y todo quedaría olvidado en cuanto saliera de este para dirigirme a mi habitación.
Abrí la puerta de mi habitación para luego entrar en ella. Me precipité sobre mi cama a la vez que mi llanto se intensificado. ¿Por qué sentía tanta tristeza si solo he estado con él un día? Muy sencillo, Sara. Me respondí mentalmente. Te has enamorado de él, cosa que no debiste hacer porque solo fuiste su grouppie. Una más de montón, aunque él se empeñará hacerte creer otra cosa. Me di una ducha larga. Necesitaba relajarme, sentía mis músculos entumecidos. Después de media hora en la ducha, salí de esta. Me sequé con la toalla mi cuerpo, para luego descubrir la prueba del delito. Una pequeña marca morada en mi cuello, que dejaba ver que la noche anterior me lo había pasado muy bien. Ni siquiera me atreví a bajar al restaurante para tomar algo, tenía miedo de encontrármelo, de no ser capaz de dejarlo ir. A las tres de la tarde, salí de mi habitación con mi maleta a cuestas. Entré por última vez en el ascensor. Minutos después me acerqué a recepción para dejar la tarjeta que abría mi habitación.
—Un momento, por favor… —me dijo la recepcionista antes de que me alejará del mostrador. La miré confundida— Un chico que se hospedó aquí en el hotel antes de irse me ha dejado esto para usted…
—¿Para mí? —pregunté confusa. Ella me asintió con la cabeza.
—Me dijo tu nombre y me explicó como eras físicamente —comenzó a explicarme— Por suerte, eres la única que estás registrada con ese nombre en el hotel, así que no me ha sido difícil reconocerte. Me ha dejado esto —me tendió una camiseta azul marino oscuro, junto con una nota.
—Oh… gracias… —susurré cogiéndola entre mis manos.
—Espero que haya sido agradable su estancia en hotel —me dijo la recepcionista al despedirse de mí— Espero que tenga un buen viaje de regreso.
—Gracias —le sonreí para luego comenzar a caminar lejos del mostrador de recepción.
Desdoblé la camiseta para luego darme cuenta que era misma camiseta que había usado Tom en el concierto. Abrí la nota para leerla.
“Puede que esté un poco sudada, y que tengas que lavarla… Pero quiero que la tengas tú, para que recuerdes la noche que pasamos juntos. Eres mi chica bonita del ascensor. T.K.”
Sonreí como una tonta al leer la nota. Nunca hubiera imaginado hace unos días, que conocería a Tom Kaulitz en persona. Había sido un sueño, que se había convertido en realidad. Guardé la camiseta en el interior de mi maleta antes de que mi amiga Ann la viese. Salí del hotel, y caminé hacia mi amiga que ya estaba esperándome. La saludé para luego abrazarla, después comenzamos a caminar rumbo hacia la estación de trenes. Una sonrisa de oreja a oreja me acompañó durante todo el trayecto a la estación de ferrocarriles, porque mi sueño se había hecho realidad en el ascensor de aquel hotel.
F I N
Gracias por leer.