OJO Advertencias: Toll no relacionado, universo alterno, bullying, cockwarning (calienta-pollas), contenido adulto, cr3ampie, light angst, body shaming (humillación), dismorfia, eating disorder, y problemas de autoestima.

Nota: Este oneshot es el regalo para mi camarón abandónico -Namyukaulitz- por su cumpleaños, espero te guste, aunque todo esto fue nuevo para mí. En este caso la verdad escribo luego de mucho, no pensé hacerlo, pero finalmente lo hice, el trastorno genético que padece Tom es real, pueden buscarlo en Google, no olviden dejar un comentario si les gustó.

(One-Shot de Kasomicu)
«De complejos e inseguridades»
Tom se levantó, bostezando, para luego dirigirse al baño, pensando que sería otro día de escuela.
Al verse en el espejo, se desvistió, odiando su reflejo, pero tenía que darse una ducha, a veces el de rastas tenía el impulso de tapar sus espejos, sin embargo, no le duraba mucho aquella determinación, porque si bien odiaba su cuerpo, el no poder verse a sí mismo, no le ayudaría para arreglarse las rastas, o mirarse a sí mismo vestido.
Tom creía que lo peor de todo era verse desnudo, y era algo que no podía evitar así rompiera todos los espejos del mundo, precisamente porque al estar desnudo y meterse bajo la ducha, es que observaba su cuerpo, el cual detestaba con todas sus fuerzas, en lo que se bañaba, frotándose con ganas, hasta hacerse arder la piel, intentando no verse, aunque él mismo sintiera su cuerpo, cada curva que no debía poseer, sintiéndose tan ajeno, en lo que las lágrimas caían por su rostro, entremezclándose con el agua de la ducha.
Era algo doloroso cada vez que se bañaba, porque sentía la suavidad de su cuerpo… Su pecho, él no debería tener pecho, ni siquiera era un chico trans, no, Tom era varón, un varón con senos y muslos más grandes, formas que eran consideradas femeninas, todo por un jodido problema hormonal.
Tom tenía pene, pero también senos, y curvas más femeninas, haciéndolo tener muslos y trasero más notorio, que era como el de una mujer. Ginecomastia era el término científico, ya que tenía un desequilibrio de las hormonas de estrógeno y testosterona, ya que en sí Tom tenía la ginecomastia como síntoma, porque su problema principal se llamaba síndrome de Klinefelter, por lo que el de rastas siempre había usado ropas anchas, y binder, para aplanar sus pechos, y tratar de camuflar su cuerpo, el cual era su mayor vergüenza, el ser rellenito no de forma uniforme, no, sino haciéndolo parecer mujer, que su rostro tampoco ayudaba a desmentirlo, por lo mismo es que en la escuela de por sí era difícil para Tom, ya que recibía bullying por ser “gordo”, aunque era más que nada lo que se dejaba ver con las capas de ropas para ocultar su propio cuerpo, y también que aquello no hacía que él pudiera ser seguro de sí mismo al punto de tener pareja o algo.
Tom en parte lo agradecía porque sabía que si él decía su orientación sexual, sólo sería otro motivo más para recibir más rechazo.
Y pues lo prefería así, estaba sintiéndose miserable y solo, pero lidiar con más bullying por ser homosexual, pues no sería algo que lo haría sentir mejor.
Cuándo se secó, poniéndose desodorante el binder, y apretándose un poco con vendas en sus muslos, no para hacerlas más delgadas, no serviría, más que nada para evitar que se rozaran entre sí por los cortes que tenía en ellas, ya que Tom desquitaba su frustración con aquella zona de su anatomía.
Se puso las capas de ropa ancha, junto con su pañoleta, gorro, y calzó la mochila, a sabiendas de que sería otro día más en el instituto.
Lo peor era que hoy tendría Educación física, así que Tom tendría que lidiar con la evadir las duchas porque evidentemente no podría desnudarse con el resto.
Odiaba esos días especialmente.
Tom estuvo en clases como siempre, apretando los labios cuando le tiraban bolas de papel con saliva, queriendo darles unos puñetazos a esos imbéciles, el problema es que eran varios, así que no podría luchar contra todos.
A la maldita hora de la clase de deportes, Tom siempre se cambiaba en el baño, no en los vestidores, sin embargo, estaban llenos, ocupados porque el especial del día de la cafetería les había sentado mal.
Tom se tensó, tenía que ponerse el uniforme, pero no podía hacerlo en los vestidores… O al menos buscaría un lado oculto, una esquina poco concurrida para hacerlo porque no podía permitirse faltar a una clase.
Con nervios, y fijándose varias veces antes de desvestirse, es que Tom se quitó las prendas, poniéndose los shorts, que había comprado tallas más grandes para que cubrieran más su cuerpo, en lo que se quitaba las camisetas con suéteres, quedándose en binder cuando sintió la luz… Un flash, haciendo que el de rastas se tensara por completo, no pudo detener a Henry, porque implicaría el que él fuera corriendo así, sin terminar de vestir, por lo que se acomodó las prendas con rapidez y fue a buscarlo, sin embargo, ya era demasiado tarde… Podía ver a todos sus compañeros riéndose en lo que veían el teléfono.
—Es una niña que tiene senos y necesita sostén. Es tan gordo que… —siguió burlándose Henry, pero dejó de hacerlo cuando fue empujado hasta caerse al piso, Tom se fijó que quien lo había hecho era Bill Kaulitz, el muchacho alto y delgado con look emo que estaba en su salón—. ¡Oye maricón, pito chico! ¿Qué mierda te pasa por qué me empujas? —inquirió el matón, poniéndose de pie.
—Porque eres un imbécil que no sabe cuándo callarse, Müller, tanto te quejas de Trümper, burlándote siempre de él, podrá tener senos, y aún así serán más grandes que los de tu novia, no te jode, pendejo de mierda —escupió las palabras Bill, con el rostro encolerizado, en lo que en resto se reía por la burla, haciendo que el bully se sintiera humillado, cuando estaba acostumbrado a que fuera al revés.
Henry intentó golpearlo, pero Bill se giró haciendo que el matón le pegara al casillero del vestidor, haciendo que siseara ante el dolor del impacto de su puño contra el metal.
—Escurridizo de mierda, al menos yo tengo novia, así le digas plana, y no soy como tú que no es capaz de satisfacer a nadie con tu miseria de pene, por eso prefieres no usar los urinarios y meterte dentro de los cubículos, sin embargo, ya todos sabemos que te mide pequeño, Kaulitz, así que no es un pene sino una pena —se burló Henry mostrando su meñique, en lo que las risas volvían pero para mofarse de Bill.
—Tenga el pene del tamaño que lo tenga, tampoco presumas mucho, Henry, ¿por algo Jessica está engañándote, no? Si la tuvieras tan satisfecha no estaría acostándose con Brian, ¿cierto? Tu mejor amigo —acotó Bill, escuchando los “uuhh” de fondo, en lo que Henry miraba a su mejor amigo.
—¿Te metiste con Jessica? —preguntó Henry con el ceño fruncido, volcando toda su atención a Brian, el cual tragó saliva.
—Sí, bro, pero… —intentó justificarse Brian, en lo que se ponían a golpearse entre sí, con Tom paralizado por cómo la situación había cambiado por completo, dejando de ser el foco del problema a sólo un espectador, en lo que se tornaba más violenta la trifulca, con el resto de sus compañeros dividiéndose al momento de pelear entre todos.
Bill sujetó a Tom por la mano, jalándolo para salir de allí en lo que llegarían los auxiliares, porque este problema iba a escalar hasta que fueran a la dirección.
El de rastas se dejó guiar, hasta que estuvieron en los pasillos vacíos, dónde Tom fue soltado por Bill, ya que en sí lo tomó de la mano sin preguntarle antes.
—Lo siento por agarrarte, es que sabía que esto iba a ponerse peor —arguyó Bill, fijándose en el de rastas.
—Está bien… Sólo que no era necesario que me defendieras, Kaulitz. No soy una chica, ¿sabes? Así sea… Como soy físicamente, sigo siendo un chico —aclaró Tom un poco a la defensiva, porque si bien una parte suya agradecía que no hubieran seguido las burlas, tampoco quería quedarse en el papel de víctima o de damisela en peligro, porque no lo era, si bien no era el más sociable, y tenía senos que lo acomplejaban, él no quería sentirse más humillado por su condición.
Bill lo miró apenado y bajó la cabeza.
—No lo hice con esa intención, Trümper… Yo sé que eres un chico cisgénero, no un chico trans, sólo que no consideré justo que te hubieran tomado fotos para burlarse de ti, ya lo hicieron conmigo antes por… Ya sabes —farfulló Bill sonrojado mirando a un costado.
Y era cierto, Bill había estado en unas situación similar por lo de su pene pequeño, así que ahora fue Tom quien se sonrojó, sintiéndose avergonzado porque Bill había sido empático con él por haber atravesado una situación similar.
—Oh, sí. Discúlpame entonces… ¿Te parece si te invito a comer en agradecimiento? Porque ahora no es como que podamos volver a clases. Tal vez serviría saltárnoslas e ir al Mcdonald’s —ofreció Tom, tragando saliva nervioso.
Bill lo miró y sonrió de medio lado, asintiendo.
Fueron por sus mochilas y luego salieron de clase, caminando en dirección al restaurante, manteniéndose en silencio, con Tom mirándolo por momentos de reojo, Bill era atractivo, y de hecho era un buen muchacho, aunque no sabía cómo es que conocía el trío amoroso que tenían los populares, él mismo no era de chismear las situaciones del resto, teniendo curiosidad, pero al ser un marginado, era mejor alejarse de todo ello, Bill de algún modo era otro marginado, por si bien era un chico guapo, no poseía el mejor físico al ser tan delgado sin musculatura desarrollada, y tener a cuestas el “otro asunto”, es decir, Tom no podría juzgar a nadie por algo como eso.
Tom estaba mordiéndose el interior de su mejilla por los nervios, en lo que apretaba el asa de su mochila por lo mismo, sintiendo su corazón latir acelerado al ponerse a pensar en el tamaño del pene de Bill, porque era inadecuado ponerse a cavilar en el pene de un chico que tenía a su costado, con quien iba a tener algo parecido a una cita, por lo que sonrojó siendo consciente de ello, ¿esto era una cita? Pero no sabía si Bill era gay, es decir, a simple vista uno pudiera asumir aquello, porque el muchacho más alto tenía el cabello más largo, se pintaba las uñas de negro, delineaba los ojos, pero… Realmente los rumores habían sido por menciones de chicas, es lo único que sabía Tom.
Y se estaba haciendo todo un mundo cuando Tom mismo fue quien le invitó y Bill le aceptó la salida, no es que Bill gustara de él, pero su propia cabeza se estaba haciendo un lío al analizar que el agradecimiento que iba a darle al comprarle una comida se veía como una cita, con Tom que no había tenido ninguna cita antes, que era gay, y que Bill era guapo, de algún modo estaba pensando en su pene, por lo que sintió su rostro arder.
—¿Estás bien? —le preguntó Bill, sacándolo de su ensoñación.
—Ah, sí, sí —respondió Tom, Bill no se fijaría en él, porque no era del todo delgado, y tenía tetas como una chica, era un fenómeno, sólo Bill había sido amable al querer defenderlo, sólo eso, por lo su expresión decayó.
Bill lo miró dudoso, porque el rostro del rubio no denotaba que estuviera bien, más cuando lo había observado en más de una ocasión, pero no podía decirle eso, haría que la situación se pusiera más incómoda, por lo que asintió, en lo que ingresaban al restaurante pero Tom se paralizó, poniéndose detrás de Bill.
—Ay, tengo que salir ahora mismo —musitó Tom a Bill, en lo que casi huía del lugar, con el adolescente de cabello negro siguiéndolo luciendo confundido, en lo que se ubicaba a un costado.
—¿Qué pasó? —cuestionó Bill, sin comprender.
—Es que… Mi tío está allí dentro, y si él me ve a estas horas aquí, va a saber que me he escapado de la escuela, por lo que le dirá a mis padres —comentó Tom, mordiéndose con más intensidad el interior de su mejilla, porque el policía que estaba almorzando en la mesa era el hermano de su padre, su tío Gordon.
—Oh, entonces no te preocupes, si quieres te acompaño a tu casa para asegurarnos que no te vea tu tío, y yo me voy a la mía —ofreció Bill con una sonrisa, y Tom lo vio, sonrojándose nuevamente por un motivo ajeno a la vergüenza de saberse escondido por su familiar, pero no podía haberle prometido a Bill el comer, que lo llevara a su casa sin darle algo, se sentía con ello.
—No, no, no puedo aceptarlo —repuso Tom, fijándose cómo Bill ahora tenía una expresión decaída, percatándose que se había podido tomar como un rechazo, ¿entonces aquello quería decir que Bill sentía algo por él? Su mente seguía divagando, pero se mantuvo en el presente—. Me refiero… Te doy el dinero, compras algo para los dos, y, ¿te parece si comemos en mi casa? Mis papás regresan hasta muy noche, así que no habría problema alguno —acotó el de rastas.
Bill sonrió. —Está bien, me parece un buen plan —accedió, en lo que Tom le extendía el dinero, diciéndole que quería un cuarto de libra en combo con coca cola, y se volvía a esconder, con Bill obedeciéndole en lo que se metía al restaurante.
Tom se acomodó la capucha en su cabeza, buscando pasar aún más desapercibido, en lo que mordía el interior de su mejilla, y jugueteaba con sus dedos, no quería ni tocar su celular, de hecho lo había apagado, porque sabía que sus padres no le dirían nada por eso, estando muy ocupados, y que probablemente las redes sociales estarían atestadas de su foto, así que eso sería un problema para el Tom del futuro, por mientras quería concentrarse en que su tío no lo viera, y comiera con Bill en su cuarto…
¿En su cuarto? Era cierto, iban a comer en su habitación, porque sus padres eran muy quisquillosos, más que nada por los adornos y demás de porcelana fina en su sala, así que si bien no estarían en casa, Tom no podría hacer que Bill y él comieran en la sala o comedor… Sí o sí tendría que hacerlo en su habitación.
Un chico en su habitación… En específico Bill en su cuarto… Un chico atractivo y él siendo virgen…
Tom se quiso golpear la frente a sí mismo en plena calle, primero estaba enojándose porque Bill lo veía como una damisela en peligro, y ahora estaba ahí pensando en que Bill se lo follara, incluso aunque tuviera el pene pequeño, sería un muchacho amable, que lo trataba bien, Tom ya tenía diecisiete años, Bill por lo que sabía igual, con todo el bullying que tendría por lidiar, difícilmente veía posible que tuviera otra oportunidad de tener sexo a futuro, porque Leipzig era un pueblo chico. Tal vez Tom podría mencionárselo, como un acuerdo entre ambos para perder la virginidad, aunque Bill no fuera gay, o quizá no fuera virgen. Ni lo conocía bien…
Pero podría decírselo, Bill lo trataba muy bien, al menos no lo usaría burlarse, ¿no? Si no quería simplemente no sería cruel con él, rechazándolo con amabilidad suponía.
Bill al salir con los pedidos, es que le volvió a sonreír, en lo que se iban a la casa de Tom.
—Te ves muy tierno con la capucha puesta —comentó Bill, en lo que sostenía ambas bolsas.
—Ah… Eh, ¿en serio? Gracias supongo, es más que nada para que no se noten mis rastas, hay pocos chicos con ellas en la ciudad —arguyó Tom, quien había intentado llevar su bolsa, pero Bill le dijo que no tenía problema en cargarlo por él, lo cual hizo que el estómago se Tom se apretara más, ya no se molestaba con los gestos caballerosos de Bill, sólo hacía que su idea sobre perder la virginidad con Bill se alimentase más.
Porque Tom sabía que esperar que fueran novios o algo así sería muy difícil, no porque él no quisiera tener aquella experiencia bonita de tener una relación, sino porque era duro, no tenía ni amigos por lo mismo de que recibía mucho bullying, y cualquier persona que estuviera cerca suyo, recibiría también burlas por ser su amigo, y Bill de por sí sufría bullying, peor aún. Así que le bastaba ser un secreto de Bill, algo de una vez.
—He visto unos cuantos, pero no las tienen tan cuidadas y bonitas como tú, se nota que eres muy aseado, y ese rubio te queda muy bien, la mayoría de personas con rastas no suelen ser tan cuidadosas con las suyas —musitó Bill, teniendo que morderse la lengua para contener el resto de cosas que quería mencionarle al rubio, como que había notado el agradable aroma de su shampoo, o cómo olía a coco por la cera que le echaba a sus rastas, sintiéndose pésimo cuando había visto cómo habían personas totalmente desubicadas que le lanzaban proyectiles de papel con baba, o cómo a veces lo metían de cabeza al inodoro, detestando en demasía las veces que no pudo hacer algo, porque ya Tom estaba todo decaído y sucio luego de ello, sin Bill haber podido impedirlo.
Las ocasiones donde en el salón Bill pudo fijarse que había algún imbécil que con una pajilla le lanzaba proyectiles de papeles con saliva a Tom, es que le metió el lápiz con punta afilada en sus espaldas, mandándolos a la enfermería, alegando que había sido sin querer en un momento de torpeza, porque los profesores no solían hacer nada para que dejaran de ser abusivos, pero en otros momentos no pudo hacer algo porque estaba en un asiento que era adelante que el de Tom.
Tom sentía sus mejillas cálidas, en lo que resonaban sus latidos en sus oídos, ¿aquello era un halago, verdad? No era su mente suponiéndolo, Bill estaba diciéndole cosas lindas… Y se había fijado en él todo este tiempo. ¿Desde cuándo? Tom no solía ver mucho al resto, más que ubicarlos por su apellido y rostro, sólo lo estrictamente necesario, fuera de detestar a sus bullies, pero no sabía si el resto se fijaba en su existencia para algo que no fuera destilar odio, así que el de rastas se sentía muy confundido, procesando todo esta información.
—Gracias —soltó Tom luego de un momento que se percató que había quedado en silencio luego del halago, siendo más duro aceptar unas palabras de aliento que los típicos insultos, que iban más con él, no sólo por el odio que recibía, sino también con cómo se sentía Tom mismo con su físico.
Tom sí era muy cuidadoso siempre con sus rastas, muy aseado también, adorando darse su tiempo al arreglarlas, sólo que no sabía que alguien más lo hubiera notado.
—También me gusta tu estilo —acotó Tom luego de un rato—. Se ve que debes tener un buen pulso para delinearte los ojos así, sin mencionar que se nota que te planchas el cabello, ¿es muy tardado hacerlo antes de ir a la escuela? —inquirió el de rastas, en lo que veía al más alto quien sonrió.
—Sí un poco, me levanto temprano para hacer un ritual, si se le puede decir de algún modo, en sí cuando tengo algo de flojera sólo me lo amarro en una coleta, pero sí, sino me lo plancho, y si estoy de más ganas le echo la laca luciendo como un erizo —explicó Bill—. Aunque es complicado lo del delineado, más que nada porque a veces sale bien en un ojo, y en otro no, así que tengo que estar viendo si lo arreglo o engroso más el otro lado, o retoco con sombras —siguió contando el de cabello negro.
—Vaya, sí suena muy tardado, pero te queda increíble —halagó Tom, y Bill se sonrojó levemente.
—Gracias, es que me gusta verme bien pese a todo —arguyó Bill, y Tom lo entendía, que incluso si ambos recibían bullying y odio de sus compañeros, pues buscaban aferrarse a su auto cuidado.
Siguieron caminando hasta que llegaron a la casa de Tom, quien abrió con su llave, en lo que guiaba a Bill a su habitación, lavándose las manos ambos en su baño y luego ubicándose en la cama, con el de rastas encendiendo la televisión.
—¿Quieres ver algo? —preguntó Tom, en lo que se situaba al costado de Bill, aún con los nervios a flor de piel porque era el primer chico que entraba a su habitación, que por suerte estaba algo decente.
—Lo que tú quieras, la verdad —se sinceró Bill, porque en realidad lo que él iba a disfrutar era de la compañía de Tom al momento de comer, sólo que no sabía cómo decírselo, que le gustaba desde antes, y que por eso Tom le estaba dando mucho al invitarle a comer en su cuarto.
—Ahmn… Bueno, está bien, pondré una película, pero si te aburres no será mi culpa —farfulló Tom en un tono que intentaba ser juguetón, aún muy inseguro para bromear del todo, siendo todo esto demasiado nuevo para él.
—Está bien —cedió Bill, sonriéndole, en lo que abrían las bolsas, sujetando sus bebidas y echándole las cremas de sobres en sus hamburguesas.
Tom se sentía un poco tenso, porque él sabía lo mucho que evitaba comer en la escuela, habiendo ocasiones donde hasta se metía a los cubículos para hacerlo, porque si bien no era una persona obesa, tampoco era delgado, sabía que su condición como tal le alteraba las hormonas, haciendo que no tuviera vello facial, no pudiera desarrollar su musculatura, y la grasa se acentuara en su rostro, vientre, caderas, muslos y trasero, tal cual le pasaría a una chica, sólo que él sólo era un varón, y en él aquello sólo lo hacía ver como alguien con sobrepeso, por lo mismo es que le daba inseguridad comer frente a las personas, pero Bill estaba como si nada comiendo, ajeno a su disyuntiva, y Tom pensó que estaba en un lugar seguro, no en el patio de comidas, tampoco en la calle, estaba en su habitación con un chico lindo que lo trataba bien, así que tomó aire, alentándose internamente para comenzar a comer, en lo que se reproducía La propuesta en la televisión.
Bill estaba comiendo en lo que se quedó mirando a Tom también hacerlo, y se rió, haciendo que Tom entrara en pánico, ¿Bill se estaba burlando porque comía?
—Te ves tan tierno con tu manchita de kétchup —señaló Bill, señalándose a sí mismo, y Tom sintió que el alma le volvía al cuerpo, y su estómago se relajaba porque se tensó tanto que lo sintió apretado un momento, Bill no se estaba burlando, sólo se reía de que se manchó, por lo que Tom intentó sacarse la crema de tomate con la lengua con la servilleta.
—¿Ya salió? —interrogó Tom, sin notar que había crema en su papel.
Bill negó. —Del otro lado.
Tom intentó limpiarse, pero Bill terminó por hacerlo, quitándoselo con el pulgar, rozándole levemente la comisura del labio inferior, que también se había manchado, para luego chuparse el dedo de kétchup, haciendo que Tom dejara de comer pero ya no por inseguridad, sino por el gesto del más alto al lamerse el dedo después de tocarlo, ¿eso sería un beso indirecto? Porque le rozó los labios y Tom sentía que iba a volverse materia líquida en aquel instante.
—¿Ya no tienes hambre? —cuestionó Bill, que ya había terminado de comer su hamburguesa con nuggets y papas.
—Ah, sí, sólo que… —empezó a hablar Tom, tragando saliva por nerviosismo, en lo que veía sus manos sobre sus muslos, apretándose los dedos entre sí—. ¿Te puedo preguntar algo personal?
—Eh, sí, claro —cedió Bill, limpiándose las manos con la servilleta, en lo que Tom seguía con la vista fija en su regazo.
—Bueno, Bill… Porque si voy a preguntártelo siento que llamarte por tu apellido como que no va… Ehmn, yo… ¿Cuál es tu orientación sexual? —inquirió Tom, sentía que al menos podía empezar por allí.
—Me han gustado chicas y chicos, aunque prefiero a los chicos, la verdad, supongo que gay si tendría que ponerle una etiqueta —masculló Bill, viéndolo aunque Tom no le correspondía la mirada—. ¿Y cuál es la tuya, Tom?
—Soy gay —confesó Tom, sintiéndose un poco más ligero al decírselo a alguien por primera vez, y se giró a verlo—. Pero… Las personas que dijeron eso de ti eran chicas, por eso pensé que eras hetero o algo así.
Bill soltó un suspiro. —Sí, es que intenté estar con chicas y chicos, aunque no se dio, más que nada porque bueno… Ya sabes mi problema, eso desanima a muchos.
Tom se mordió nuevamente el interior de su mejilla, porque él mismo tenía los testículos un tanto más pequeños porque no generaba tanta testosterona como debería hacerlo un hombre cisgénero, sin mencionar que por lo mismo era difícil si él quería ser padre en un futuro, ya que no tenía cura, salvo por la mastectomía para quitarle el busto, y el tratamiento hormonal para hacer más llevaderas algunas características.
—¿Entonces eres virgen? —cuestionó Tom, detestando cómo la voz le salió en un pitido por los nervios, haciendo que sonara más aguda, como un gallo.
—Sí —respondió Bill, y Tom casi se desnuca al voltearse tanto, realmente Bill estaba siendo sincero y diciéndole todo.
—¡Yo igual! —comentó Tom, para querer golpearse al notar cómo sonó de entusiasmado, solito era un espanta viejos.—Ay… Soné todo patético emocionándome, pero es que ya cumpliré dieciocho años, cuando la mayoría ya tienen sexo desde antes es un tanto difícil encontrar alguien que sea virgen a mi edad —agregó el de rastas.
—Sí, te entiendo. Eres hermoso, pero supongo que también te da mucha inseguridad el que existan imbéciles como Henry y los otros —mencionó Bill.
—Sí… Es que tengo el síndrome de Klinefelter, que me da un cromosoma X de más, y con eso pues tengo… Senos, y el cuerpo femenino aunque sea hombre, también se me dificultó el habla de pequeño —explicó Tom, y Bill asintió.
—Entiendo, no es algo que puedas controlar, nunca había oído de aquel síndrome, pero tampoco es justo que te hagan mierda por ser diferente, me dan asco —comentó Bill—. Pero no debes sentirte inseguro por esos malditos, Tom, tú eres precioso tal cual eres —arguyó el de cabello azabache y Tom se sonrojó.
—¿Te gusto? —inquirió Tom, y Bill asintió.
—Sí, me gustas mucho —confesó Bill, sonrojándose también—. De hecho siempre me llamaste la atención, sólo que como no sueles hablar con otros, manteniéndote en tu propio mundo, no quería molestarte ni nada, aparte de que no sabía si te gustaban los chicos, por lo mismo nunca antes me acerqué. Sólo que no soporté el verlos burlarse de tu cuerpo, por eso tuve que actuar… Cuando me dijiste para comer juntos, me dio mucha ilusión, y por eso estoy feliz de estar aquí. Con eso no quiero espantarte ni nada, entiendo que no me correspondas porque no me conoces ni nada, sólo que al menos quiero decirte que eres hermoso, y que le gustas a más de uno en realidad, sólo que son muy estúpidos para decirlo en frente tuyo —terminó por decir el más alto, y Tom se sintió asombrado porque no sabía nada de lo que le decía Bill.
—¿En serio te gusto? Es que… No soy delgado, mi cuerpo no es normal, Bill, yo… Soy un fenómeno —farfulló Tom, sintiéndose frustrado al decirlo, pero es que lo sabía, que una cosa era cómo podía verse con sus ropas anchas, y otra cómo era desnudo, por lo que volvió a apretar sus puños sobre sus muslos, sintiendo que su rostro se calentaba pero por la rabia de ser así de desagradable, sintió que las lágrimas empezaron a mojarle las mejillas calientes.
—No digas eso, sí me gustas, me encantas, Tom, no eres un fenómeno —le aseguró Bill, en lo que se acomodaba más cerca de Tom, tomándolo por una de sus manos, apretándolo levemente para que soltara sus dedos, y con la otra mano acariciándole el rostro, haciendo que el de rastas lo viera, Bill observándole con fijeza, no con asco ni nada parecido, sino con… Afecto, haciendo que Tom sintiera aquel momento tan irreal.
Tom, incluso viéndolo borroso por las lágrimas en sus cuencas, podía notar la belleza en el rostro del más alto, y, cómo es que Bill se acercó hacia él, soltándolo de la mano para acariciarle ambas mejillas, secándole las lágrimas, y acortando la escasa distancia entre sus rostros para besarlo, haciendo que Tom se sintiera sorprendido por el gesto, pero igualmente correspondiera, cerrando sus ojos, en lo que Bill le robaba su primer beso, un contacto suave pero cariñoso entre ambos labios, con sabor a la sal por su lágrimas, pero no haciendo que se separaran por ello, en lo que Bill seguía moviéndose contra sus labios, con Tom un tanto inseguro pero buscando seguir aquel ritmo, en lo que la tristeza se iba de su organismo, dando pie al calor en su interior, haciendo vibrar su pecho, en lo que sujetó a Bill por su camiseta, cuando Bill le pasó la lengua por encima de sus labios hinchados, colando su lengua en su boca, haciendo que Tom jadeara contra él, por lo que sintió la excitación recorrerle el sistema, en lo que ambos se separaron por aire luego de que Bill estuviera jugueteando con su lengua hasta chupársela, apoyando ambos sus frentes, en lo que acompasaban su respiración.
—Lamento no haberte preguntado, pero necesitaba saber el sabor de tus labios, y hacerte sentir mediante un gesto lo mucho que me gustas —explicó Bill acezado.
Tom sonrió, aún percibiendo el calor en su cuerpo.
—Fue mi primer beso, pero no te disculpes, me encantó, Bill, también me gustas, eres muy guapo y lindo conmigo —masculló Tom, sintiéndose nervioso en lo que se separaban un poco más.
Bill se relamió los labios, sintiéndose emocionado por la correspondencia de Tom, pero a la vez lamentándose por no ser más para él, aún lidiando con sus propias inseguridades, con las palabras de humillación que había recibido del resto siempre, y principalmente cuando quiso hacer algo más con alguien que le gustara, aún podía oírlos con claridad.
Tom se sintió envalentonado un instante, por lo que le puso la mano sobre el muslo a Bill, cerca a su entrepierna, en lo que el de cabello azabache sujetó la muñeca del de rastas, deteniendo su mano.
—Yo… No pienso que vas a burlarte pero no te gustará mi tamaño —aclaró Bill, tragando saliva.
—No me importa, Bill, yo tampoco me veo bien sin ropa, pero podemos hacernos sentir bien mutuamente, ¿no crees? En serio, no me interesa tu tamaño, podemos disfrutar los dos como sea, ¿está bien? —ofreció Tom, sintiéndose muy nervioso, pero determinado, Bill no quería rechazarlo, sólo tenía nervios por sus propias inseguridades, lo vio tragar saliva.
—Te debes ver hermoso sin ropa, Tom —acotó Bill, que tenía la mirada oscurecida, en lo que soltaba la muñeca de Tom, el cual se mordía el labio inferior.
—Eh… Yo me desnudaré… Pero entenderé si no te gusta lo que ves —aclaró Tom con la voz temblorosa, era algo difícil lo que iba a hacer a continuación, desnudarse por completo frente a alguien, mostrar cómo era detrás de sus capas de ropa que lo protegían, cómo era sin binder… Pero también con ello haría que Bill tuviera menos inseguridad por desnudarse, y podrían acostarse, así que era un sacrificio que Tom podría hacer.
Tom se puso de pie, en lo que se quitaba la casaca, quitándose la gorra, bandana, y soltaba las rastas, procediendo a quitarse las camisetas, bajarse los pantalones, quedando en ropa interior, incluyendo su binder, aún tenso por ello, pero tomaba aire, alentándose internamente, para después abrir los broches de la prenda, dejando al descubierto sus pechos, en lo que se bajaba los bóxers, para luego abrirse de brazos, señalándose a sí mismo.
—Así soy —dijo Tom, que sentía cómo se habían puesto erecto sus pezones, en lo que sabía que se veía horrible, pero Bill estaba viéndolo… Embelesado, no con asco, no rehuyendo la vista, no, estaba… Apreciándolo, casi salivando al observarlo, y Tom se sonrojó, porque no esperaba que alguien se excitara viéndolo, pero al parecer Bill sí estaba así por él.
—Eres hermoso —soltó Bill, tragando saliva—. ¿Puedo tocarte? —preguntó el de cabello azabache, y Tom se sonrojó más, pero entendía que pues para tener relaciones como tal era necesario que se tocaran, sólo que aún seguía sorprendido de que Bill no mostrara expresión de asco alguna, realmente esperándose más eso que genuino interés en su cuerpo.
—Eh… Sí, pero estás muy vestido, ¿no? —mencionó Tom, en lo que se acercaba a Bill, quien se quitó la casaca de cuerpo, junto con su camiseta, haciendo que Tom se percatara del tatuaje de estrella en la cadera del más alto, también cómo es que su cuerpo no tenía una musculatura trabajada, sólo que su pecho sí era plano a diferencia suya, también no tenía las caderas anchas como él, Bill tenía un cuerpo delgado común, siendo atractivo sí, aunque no fuera lo que se esperaba de un adolescente de su edad tampoco, pero sabía que el problema de Bill iba al sur, y Tom quería que Bill se desvistiera por completo, porque quería verlo, él mismo estaba con una erección que iba creciendo poco a poco, y deseaba ver la de Bill, así fuera pequeña, no le importaba.
Pero notó que no iba a hacerlo todavía, y… Tom estaba tan dudoso, sintiéndose raro, desagradable y con el pavor de que sabía que pesaba más que Bill, sin embargo, finalmente acortó la distancia entre ambos, situándose en el regazo de Bill, esperando no pesarle demasiado, no obstante, el adolescente de cabello negro de inmediato lo tomó por el trasero, haciéndolo dar un brinco sobre Bill, en lo que el más alto acercaba su rostro hacia el pecho del de rastas, embocando su pezón, comenzándolo a chupar, y Tom se arqueó más, porque no sabía que aquella zona se sintiera así de bien al ser succionada, haciendo que su erección fuera creciéndole más contra su vientre, y ahora contra el de Bill también, Bill quien seguía apretándole una nalga, y con la otra mano apretaba el otro seno, las cosas que más inseguridad le daban a Tom, para Bill estaban más que bien.
—Pero… Quítate la ropa —soltó en un jadeo Tom, quien le estaba acariciando los cabellos negros a Bill—. Te gustan mucho… ¡Aah! —gimió el de rastas cuando la succión le dio como un corrientazo de electricidad que le llegó hasta su miembro.
—Todo tú me encantas —respondió Bill, dejando de chuparle el pezón, con los labios hinchados, acariciándole la nalga desnuda, apretándosela con saña.
—Pero quiero que te desnudes también… —instó Tom, quien se sentía ardiendo por todo lo que Bill lo excitaba, quien tragó saliva nervioso, soltándole el trasero a Tom, quien se levantó para que pudiera desvestirse pero Bill seguía muy sonrojado, y Tom se puso de rodillas entre las piernas de Bill, en lo que sujetaba el cierre, bajándoselo, junto con los pantalones y ropa interior, notando el tamaño pequeño del miembro de Bill, pero que no estaba del todo duro, se fijó la mirada de inseguridad del más alto, sin embargo, Tom no veía nada negativo en él, por lo que sujetó la virilidad de Bill—, voy a hacer que se termine de endurecer, si te gustan mucho mis pechos… Puede que esto sirva —acotó el de rastas, en lo que lamió la hombría de Bill, quien empujó sus caderas, soltando un gemido, en lo que Tom paladeaba su sabor, básicamente ensalivándolo, para soltarlo, y luego ubicar el pene de Bill entre sus pechos, haciendo que fuera algo poético, el pensar que ambas inseguridades de ambos estaban allí, unidas de algún modo.
Por la saliva, y la presión de Tom con sus manos, es que empezó a batir el miembro de Bill en medio de sus senos, haciendo que se erectase más pero… Tom se quedó sorprendido cómo es que el pequeño miembro de Bill que sería del tamaño de su dedo meñique al inicio, empezó a crecer exponencialmente, haciendo que estuviera casi al triple de su tamaño inicial, y también en grosor, con Bill echando la cabeza hacia atrás, sin verse a sí mismo, concentrado en el placer que sentía al percibir la suavidad de la carne de Tom envolverlo de arriba abajo sobre su dureza.
—Vaya, eras team sangre —acotó Tom, sin dejar de batir sus pechos sobre el miembro de Bill, que ya estaba chocándole con su quijada.
—¿Team sangre? —preguntó Bill con voz grave, en lo que observaba al de rastas masturbándolo con sus senos, pero notando que su miembro era completamente diferente a cómo estaba al inicio, abriendo grandemente los ojos.—¿Qué carajos…?
—Sí… Es cuando en estado de reposo es pequeño, pero erecto crece mucho más, lo leí en un artículo, pero es necesaria una adecuada excitación y por eso supongo que antes no lo lograste —arguyó Tom, con los ojos brillantes, en lo que Bill sentía que iba a correrse.
—Yo… Detente, quiero hacértelo con ese tamaño —pidió Bill, porque aún se sorprendía del tamaño que tenía, y si lo mantenía erecto, podría complacer a Tom, quien lo soltó, mirando apreciativamente la verga enorme de Bill ahora, podría fácilmente humillar a todos con esa talla.
—Déjame tomarle una foto así, para que recuerdes lo hermosa que es, y que no te sientas inseguro nunca más —mencionó Tom, y Bill le dio su celular, en lo que el de rastas le tomaba un par de fotos a la erección, con su tatuaje notorio, y se lo devolvía al más alto, Tom mismo con su erección ya contra su vientre.
Bill realmente se sintió mucho mejor con él mismo por ello, porque nunca nadie lo había excitado tanto, sorprendiéndose mucho de tener aquel potencial, y jalando a Tom para besarlo, en lo que puso contra la cama, haciendo que ambos frotaran sus erecciones, con Tom jadeando contra sus labios, oliendo el perfume de Bill, y adorando la sensación de su peso sobre él.
Bill lo besó en el cuello, haciendo que la piel de Tom se pusiera de gallina, más cuando le dejó un mordisco que hizo que el de rastas se arqueara, y después bajó hasta sus pechos, chupándole uno, apretando el otro, haciendo que toda esa carne que detestara, se sintiera bien bajo el tacto de Bill, quien lo soltó para ir bajando por sus costillas, mordiéndole y besándole el vientre, la zona tan suave y que también le daba complejos, pero a Bill no le importaba, yendo en dirección a sus caderas, dándole un lengüetazo que lo hizo maldecir en voz alta, agradeciendo que sus padres no regresarían hasta la noche, y Bill le mordió aquella carne, ¿cómo era posible esto…?
Bill estaba besándole y lamiéndole cada zona que hacía que Tom detestara su cuerpo, pero Bill siguió curándole de algún modo todas las inseguridades, adorando y venerando cada parte de su cuerpo, separando sus piernas, en lo que besaba el interior de sus muslos, dándole lamidas, y apretándole la zona con carne abundante.
—Me encanta todo de ti… —susurró Bill contra la unión de su muslo y entrepierna, para dejarle una lamida que hizo que Tom gimiera sonoramente, en lo que una gota de preseminal brotaba en la punta de su pene.
Bill realmente gustaba de él… No era una mentira, no cuando veía ese deseo en los ojos chocolate del más alto.
Bill se levantó para volver a besarlo, en lo que estaba situado entre las piernas de Tom, con las lenguas jugando entre sí, con el más alto separándose para ubicar sus dedos contra los labios llenos del rubio, dos de ellos que introdujo en su boca, con Tom chupándolos con gula, sin importarle que se viera obsceno siendo virgen, no, le daba igual, y Bill se mordió el labio inferior al sentir aquella presión de la boca de Tom, quien seguía succionándole, moviendo la lengua, dejándolo bien ensalivado, para Bill sacárselos, y bajarlos, y Tom sabía a dónde se dirigían aquellos dígitos.
Bill volvió a besarlo, en lo que introdujo los dedos en su interior, haciendo que Tom mordiera el labio de Bill, frunciendo el ceño, en lo que iba relajándose poco a poco, haciendo que el ardor inicial menguase, hasta volverse tolerable, en lo que Tom besaba a Bill de nuevo, tomándolo por los hombros, compartiendo aliento, empezando a mecer sus caderas contra la mano de Bill, porque le tocó un punto que hizo que Tom se estremeciera, arqueándose un instante cuando su pene dio un bote por ese placer.
—Esa es tu próstata —comentó Bill, besándole el cuello, pasándole los dientes por encima, en lo que Tom seguía jadeando, desesperado por aquel gozo intenso nunca antes sentido.
—Te quiero a ti, Bill… —rogó Tom con la voz apretada, y Bill gruñó, pero sacó sus dedos, sintiéndose nervioso.
Bill se escupió en la mano, masajeando su ahora enorme miembro, y guiándolo contra la entrada de Tom, para luego bajarse a besarlo, Tom empezó a masturbarse a sí mismo, en lo que Bill empezaba a entrar dentro suyo, ambos besándose de forma interrumpida por las sensaciones abrumadoras, sin embargo, poco a poco relajándose…
Bill pensando en no correrse, y Tom en cómo es que de algún modo el sentir centímetro a centímetro de Bill dentro suyo estaba bien, pese al dolor, se sentía bien y estaba haciendo que salivara, en lo que compartieron miradas, teniendo una conexión incluso aunque no se conocieran, había algo en el contrario que lo hacía desfallecer, y sentir así de unidos en aquel momento, como si se hubieran pertenecido en otra vida.
Bill se metió por completo, y se aferró a los muslos de Tom, gustándole la sensación de carne que agarrar, el apoyo que tenía en ellos, y Tom jadeó por aquel apretón, con Bill mordiéndole el labio inferior, y retomando el beso, Tom adorando la sensación de ser besado, cuando él mismo empezó a empujarse contra la pelvis de Bill, y empezaron el vaivén.
Tom se aferró a la nuca de Bill, entrelazando sus dedos allí, por momento enredando una mano en los cabellos del más alto, en lo que abrazaba Bill con sus piernas, quien aún se mantenía agarrándolo por los muslos, mientras lo embestía, haciendo que estuvieran imposiblemente unidos, conectados, formando un sólo ser…
Tom no podía agradecerle más a la vida, que pese a todo, tuviera la oportunidad de perder su virginidad con alguien que estaba cuidándolo en todo momento, sin utilizarlo, y que estaba haciéndolo disfrutar, tanto que incluso sin tocarse, sólo con menear sus caderas, y Tom mismo girar las suyas, estaba haciéndolo gotear de la excitación, manchando ambos vientres por la presión y deseo con su erección goteando.
Se separaron por aire, pero Bill seguía dándole estocadas profundas, que estaban haciendo que a Tom le temblaran las piernas y pusiera los ojos en blanco, al percibirlo por completo.
—Uhmn… Bill —gimió Tom contra la boca del aludido.
—Tom… —correspondió Bill, viéndose en aquel momento cargado de intimidad.
No podían decirse que se amaban porque no lo hacían, pero no por ello dejaba de ser así de intenso, Bill sabía que siempre tuvo una fijación y gusto por Tom, y que tener la oportunidad de estar con él… Justamente ahora dentro suyo, era lo más cercano que podía decir que había estado del paraíso.
Bill besó la mandíbula de Tom, aferrándose a sus caderas ahora, en lo que Tom sintió tensos los testículos, corriéndose entre ambos cuerpos, arqueándose y apretando más su interior, mientras que Bill soltó un gemido, viniéndose dentro suyo con fuerza, dejándole toda su calidez, y aún su miembro dentro, acezado contra sus labios.
—Esto fue muy especial para mí, Bill —comentó Tom, en lo que Bill soltaba un suspiro, aún dentro de Tom.
—También para mí, Tom. Quisiera repetirlo de hecho —masculló Bill, con una sonrisa apenada, en lo que sentía cómo aquel calor y estrechez alrededor su hombría, estaban haciendo que se le pusiera dura de nuevo.
—Ouh… —jadeó Tom, en lo que sentía cómo Bill se iba agrandando nuevamente en su interior, había una diferencia abismal en sentirlo dormido a despierto otra vez, no se quejaba en realidad—. Sí quiero… Sólo que no sé si me sea suficiente… —mencionó lo último más para sí mismo, rehuyéndole la vista a Bill, pero el de cabello azabache le tomó por la quijada, haciendo que lo viera.
—Puedo hacértelo las veces que quieras, Tom —le aseguró Bill.
—Me refiero… A que quisiera algo más —confesó Tom, con la mirada brillosa.
—¿Te refieres a ser novios? Me encantaría ser tu novio —farfulló Bill, sonriéndole emocionado, en lo que su miembro daba un respingo dentro de Tom, quien soltó un gemido.
—Sí… Quiero ser tu novio, ¿no te molesta lo que puedan decirnos? —inquirió Tom.
—No… Sólo me importas tú, vales por completo la pena —soltó solemne Bill, para lamerle el cuello, apretándole por la cintura, en lo que comenzaba a mecerse dentro suyo—. Tom… Eres tan maravilloso… No dejaré que te vuelvan a lastimar… Y nunca más permitiré que detestes tu cuerpo… Eres hermoso, cada trozo de ti lo es… —acotó sin dejar de darle estocadas que hacían que Tom estuviera con las piernas aferradas al cuerpo delgado del más alto, quien lo volvió a besar, haciendo que ambos suspiren durante el ósculo.
Tom aún con el conflicto en su interior, decidió entregarse al placer, pensando que este gusto y atracción por aquel muchacho podía convertirse en amor, uno tan intenso, porque nadie nunca le había despertado aquella sensación de seguridad, confianza y de gozo al sentirse genuinamente deseado… Si Bill le decía que aquellas promesas, el de rastas decidiría creerlas, a partir de este punto, sucumbiría ante Bill.
F I N
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