Notas: Este fic es BotTom, donde existe diferencia de edad cosa que se usa como kink. Fue escrito originalmente en 2016
(One-Shot de Kasomicu)
«Daddy issues»

Bill aspiró de su cigarrillo, teniendo pesadillas despierto, estaba harto de pensar en él, pero joder, a pesar de estar bajo tierra seguía acechándolo, provocándole escalofríos y lágrimas donde gritaba sin parar. Aspiró de nuevo y se rascó la cabeza, centrándose en el teclado, en como la maldita barrita centelleaba de manera constante. Tenía poco tiempo para completar el límite de su libro, y había tenido pensamientos con su difunto padre de nuevo, en cómo él lo abandonaba o cómo regresaba años después solo porque ahora era un escritor famoso.
Se acarició el puente de la nariz. Tenía más de treinta años, ya no era un niño temeroso de los golpes de su padre o que tenía miedo al abandono. Ya era un hombre mayor, un adulto, uno muy irresponsable que necesitaba terminar de escribir su último libro, que según su editor, tendría potencial de bestseller, suspiró y vio cómo el humo salía por sus fosas nasales. Necesitaba un respiro, ir al cine o algo, distraerse para ‘inspirarse’ y volver a escribir de corrido.
Aplastó su cigarrillo contra el cenicero y paladeó el sabor amargo del mismo, antes de soltar el aire por la boca y buscar su cazadora de cuero para ponérsela. Tomó sus llaves y pensó que antes de ir al cine prefería ver Netflix alguna serie o película, mientras comía comida chatarra.
Pero tomaría aire, porque se habían acabado las botanas y chucherías en la cocina, y debía ir al supermercado a comprar algunas.
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Tom se sentía cansado, estaba en época de exámenes y debía asistir a su trabajo por necesidad básicamente, a las justas había tenido tiempo para bañarse antes de volver a salir y realizar su turno nocturno. Jodida tienda que abría las veinticuatro horas, él se moría de sueño y tenía que estudiar mientras atendía a los clientes pero como era día de semana, no habían muchas personas queriendo comprar. Sonó el aviso de que alguien había entrado en la tienda, cuando se fijó, notó que solo era el amargado escritor que venía normalmente de noche y madrugada.
Se fijó que cogía unos cigarrillos como siempre y patatas en hojuelas, para después agarrar gomitas en forma de gusanos y de sabor agridulce y un jugo en caja de cartón.
Se acercó a pagarle y Tom lo miró divertido, le gustaba hacer enojar a este sujeto, que era muy atractivo y todo pero tenía un humor de perros.
—Buenas noches, señor Trümper, ¿hará una pequeña fiesta hoy? —preguntó Tom de manera educada, con una sonrisa socarrona en los labios, sintiéndose un pillo por molestar a su asiduo cliente. Bill Trümper lo miró con una ceja alzada, normalmente el cajero no le hablaba para no buscarle boca, más que para decirle buenas noches a modo de saludo, ¿qué querría el jovenzuelo? ¿Sacarlo de quicio quizá? Porque no encontraba otra razón para que le hablase. Bill se lamió los labios y lo miró con fijeza.
—Sí, y estás invitado —respondió Bill, para volteársela, esta vez no iba a enojarse.
Tom lo miró absorto mientras dejaba de pasar el producto por el sensor para querer boquear como pez fuera del agua por lo dicho. Normalmente Bill le soltaría un gruñido y una sonrisa falsa, pero ahora habló, el jodido Bill Trümper, autor de varias novelas famosas.
—Oh, qué honor —habló Tom después de un momento.
—Sí, si piensas venir te recomiendo que lleves algo.
—Sabe usted que soy el único a cargo de la tienda y no puedo dejarla sin supervisor.
—Oh, qué pena que rechaces mi invitación —dijo Bill con fingido dolor.
Tom chasqueó la lengua. El mayor le estaba tentando, joder, y de qué manera, el hombre era rubio con barba incipiente y cabello alborotado, poseía unas ojeras que enmarcaban sus ojos castaños perfectos a su parecer, siempre iba vestido como si estuviera en pijama, suponía que tenía que ver con su profesión, ya que era escritor, le encanta el misticismo que poseía Bill, era tan críptico que sentía que si hablaba sería para decir una frase que ineludiblemente lo traería de cabeza.
Tenía cansancio, era cierto, pero también tenía muchas ganas de saber los tatuajes que ocultaba el mayor, ya que ya le había visto un par de ellos en sus manos y en su nuca, la cual se podía imaginar el olor que tenía, entre un almizcle propio de Bill, con el aroma varonil del perfume para hombre.
Sí, era gay, y tenía un grandísimo crush con el escritor cascarrabias, que ahora parecía haber cambiado de actitud.
Miró las manos tatuadas del hombre y se imaginó sometiéndolo en una habitación roja, y tuvo que parpadear mientras un leve rubor le llenaba las mejillas.
Rió con nerviosismo. —Bueno, creo que salir me haría bien.
Los ojos de Bill brillaron.
—¿Entonces vendrás?
—Sí.
Quizá se arrepentiría en demasía por dejar cerrado la tienda, y llevar un vodka sin pagarlo, pero joder, era el jodido Bill Trümper.
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—¿Cuál era tu nombre? —preguntó Bill, una vez que se hubieron acomodado en el sillón de la casa del escritor.
—Mi nombre es Tom, Tom Kaulitz —dijo Tom.
—Oh, bueno, de todas formas para mí eres un pequeño travieso —bromeó Bill.
—¿Pequeño travieso, por qué? —cuestionó Tom extrañado.
—Ya deberías saberlo —comentó Bill, mientras echaba el jugo en el vodka en una jarra y vio cómo Tom bebía un poco—. ¿Eres legal para poder tomar?
—Tengo diecinueve, señor Trümper —soltó Tom, a modo de recriminación. Tomando otro poco (bastante) más.
—¿Y qué más tienes para contarme, niño?
—Ehmn, no soy un niño —recalcó—, pero bueno, si le interesa, estudio Traducción e interpretación, vivo con mi madre y necesito independizarme pronto. —Los ojos de Bill parpadearon en señal de confusión.
—¿Y tu padre?
—Oh, él murió para mí. Hace mucho que no hablamos y decidió dejarnos por otra familia. Digamos que soy el bastardo de él. Joder, no he tomado mucho pero ya estoy parlanchín. —Bill rió.
—Eres encantador —sentenció Bill, lamiéndose los labios como para prepararse para hablar. Notó cómo Tom movía el piercing de su labio y lo incitaba—, me preguntaba más bien si vives cerca…
—Sí, de hecho fue uno de los motivos por el cual me contrataron, por eso y por el horario.
Bill asintió, cruzándose de piernas y tomando un poco del jugo con alcohol.
—Nunca te he visto sin el uniforme —mencionó Bill de forma casual.
—Oh, debe de ser porque estudio, voy al trabajo y luego vuelvo a casa, casi nunca salgo.
—Creo que no me has entendido.
Tom casi se atora con el líquido en la garganta y tuvo que sacar un pañuelo, para limpiarse lo que se le había salido por la sorpresa.
—¿Se me está insinuando?
—Eso también deberías saberlo, Tomi —masculló Bill, acercando sus dedos a las rastas de Tom y jugueteando con una al jalarla con ligereza.
—¿Eso es un…?
—Sí —respondió con una sonrisa que mostraba todos sus dientes.
—Oh, vaya. —Tom tomó otro poco/bastante del líquido y sintió un leve mareo.
Hipó y Bill sintió un impulso irrefrenable por besarlo, no se resistió y sujetó el mentón del chiquillo y lo besó con presteza.
Cuando Tom sintió la lengua de Bill, estaba algo adormecido y se sintió estúpido por no corresponderle bien, pero joder, hacia mucho tiempo que no tomaba y ya estaba ligeramente mareado con lo poco que había tomado de vodka con jugo.
Cerró los ojos e intentó seguirle el ritmo, pero pronto sintió cómo las manos delicadas de Bill apretaban su trasero enfundado en sus vaqueros del uniforme. Un ruido húmedo llenó el ambiente cuando se separaron y Tom buscó apresurado en sus bolsillos un condón.
—Tengo varios en mi cajón —dijo Bill, adivinando sus pensamientos.
Tom boqueó de nuevo y luego se lanzó sobre Bill, deseando probar más de sus labios con piercings, y con esa jodida perforación en su lengua que lo hacía rodar los ojos por el placer.
Se sentó sobre el regazo de Bill, disfrutando de cómo este le manoseaba el trasero descaradamente. Apoyó ambas piernas en el mueble, sujetando a Bill por la nuca, la nuca tatuada que ahora en su bruma alcohólica podría decir que soñaba con tocar con la yema de los dedos la piel tatuada.
—Quiero… quiero lamerte —pidió Bill, entre besos.
Tom asintió, bajándose los pantalones con premura y los calzoncillos. Bill se quitó la cazadora de cuero y luego se quitó el pijama que traía debajo, quedando el bóxers negros y bajando la cabeza. Tom se acomodó en el sillón de forma tal que pudiera Bill hacerle la mamada sin dificultad alguna, sin embargo, Bill dejó un beso en sus testículos y luego fue bajando en dirección a sus nalgas, para perderse entre ellas.
—¿Qué carajos…?
Tom se estremeció cuando sintió la lengua de Bill en su interior, chupándole con ahínco, succionando como si se le acabase la vida en ello. Así que eso quería hacer, quería lamerlo de esa manera. No se quejó sino vio cómo su miembro se erguía conforme la lengua de Bill lo penetraba como buscando algo dentro de suyo.
—Biiill… —soltó en un gemido Tom, Bill dejó de lamerlo y se apoyó contra su miembro, poniendo su mejilla al costado de su excitado pene.
—Llámame papi —ordenó Bill, y Tom asintió, lo llamaría hasta Gerónimo con tal de que siguiera chupándolo.
—Papi, sigue, por favor…
Antes de que siguiera hablando, pidiendo por más, Bill había vuelto a lamerlo, paseando la lengua por los bordes de su hendidura. Haciendo que Tom rogase entre gimoteos y movimientos circulares de cadera.
—Papiiii —chilló Tom, haciendo que Bill lo penetrara con su lengua y con un dedo, buscando hacerlo retorcerse por el placer.
Era extraño llamarlo de esa forma, pero joder, valía la pena si le remuneraba de aquella manera. Bill torció su dedo y estimuló su próstata mientras que con la lengua seguía lamiendo su interior de una manera exquisita.
—Pequeño Tomi —siseó Bill contra la entrada de Tom, el cual se mordía el dedo para no gritar por las sensaciones que lo inundaban—. ¿Quieres recibir un castigo, bebé? ¿En serio quieres recibirlo? —preguntó mientras aumentaba otro dedo a la penetración, mirándolo desde abajo con ojos felinos.
—Sí, papi, quiero más porque he sido muy malo. —Le estaba agarrando el ritmo y hasta su pene daba un tirón al llamarlo así, al dejarle tener el entero control a Bill.
—Oh, has sido un chico muy, muy malo —dijo Bill, torciendo el dedo de nuevo, haciendo que Tom salivara y se espigara.
Bill salió de entre las piernas de Tom, para buscar en su cajón unos condones que le serían de mucha ayuda.
—Déjame corregirte, pequeño —sentenció Bill, quitándose los bóxers y poniéndose un condón lubricado.
—Corrígeme, papi —le dio una especial entonación al papi, y se limpió la saliva que estaba soltando por la excitación.
Bill sonrió y se acomodó entre sus piernas, ubicando sus piernas dobladas sobre sus hombros, y viendo maravillado cómo frente a cada embestida Tom fruncía el ceño y cerraba los ojos, acostumbrándose a la sensación de estar lleno. No era virgen, podía adivinarlo, pero no le importaba, mejor aún para que tuviera experiencia.
Bill movió las caderas hasta que chocaran con las nalgas de Tom, el cual se aferró a los brazos de Bill, que eran delgados pero fibrosos. Tom incrustó sus escasas uñas en sus brazos.
—Oh, joder —farfulló Tom, mientras sentía cómo lo estimulaban y a cada movimiento se excitaba más y más ya botando preseminal.
—¿Quién es tu papi, Tomi? —interrogó Bill en un gruñido, Tom sintió cómo Bill se estaba exacerbando con cada embestida y cada vez que lo llamaba Tomi o bebé él apretaba su interior para recibirlo gustoso.
—Tú, tú, tú eres mi papi —soltó con la garganta apretada.
Le encantaba que Bill siendo mayor tomara el control, lo penetrara rudamente y le tocara el miembro con esa calidez y dureza exacta que te brinda la edad, Bill, o «su papi», tenía bastante experiencia en el sexo, a pesar de lucir descoordinado y algo frágil por su contextura. Pero las arrugas en su rostro y vigorosidad se debían a su edad, y él lo agradecía en demasía.
Le llamaban la atención las personas mayores porque demostraban más control sobre sí mismos y eran más serios. Pero Bill en específico, era alguien jodidamente atrayente, con todo y su mal humor.
Se mordisqueó el labio mientras lo penetraba Bill. Mostraba su cuello para que Bill lo besara y pronto sintió unos dientes morderlo con tortuosa lentitud en esa zona que lo excitaba por demás.
Gritó hasta quedarse sin voz y Bill acabó en el profiláctico, haciendo que Tom se viniera manchándole todo el pecho lleno de tatuaje y también se ensuciara a sí mismo. Tom sonrió con una lágrima derramada por toda la presión, de la buena, y con su interior eclosionando por lo sucedido.
Bill se separó de él con cuidado pero al mismo tiempo con precisión, la suficiente para que no le hiciera doler al salirse de su interior, tiró el condón en un tacho de basura y se fue al baño, echándose agua fría en su rostro y haciéndose sonar el cuello por la reciente actividad.
Tom se quedó aturdido, sin poder mover las piernas por haberse venido con fuerza. Aún su cuerpo temblaba y decidió sentarse y acomodarse las rastas que se habían salido de su coleta.
Vio cómo Bill regresaba en su esplendorosa desnudez fumando un cigarrillo y tendiéndole uno a él para que hiciera lo propio, Tom aceptó el cigarrillo y dejó que Bill lo encendiera con un movimiento rápido de sus dedos en el encendedor.
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Al siguiente día Tom recibió una gritoneada de parte de su jefe, el cual lo botó como un perro de su empleo. Tom se quitó el horrible uniforme desganado y se puso su ropa para salir, sorprendiéndose cuando encontró a Bill afuera del supermercado.
—Hola.
—Uhmn —soltó Bill a modo de saludo, aspirando de un cigarrillo.
—Ya no podré atenderte, me despidieron.
—Lo suponía, si no lo hicieran sería raro —cedió Bill, metiendo su mano en su bolsillo y sacando su móvil para ver la hora—. Ya es algo tarde, ¿tienes donde quedarte?
—Sí, la casa de mi madre, pero probablemente ella estará irritable por mi despido.
—¿Gustarías vivir conmigo? Tengo un cuarto libre.
Tom lo miró con cuidado.
—¿A cambio de qué?
—Eso, pequeño, ya deberías sospecharlo. —Tom sonrió.
—Está bien, papi.
F I N
Administración: Espero hayan disfrutado la lectura, yo adoro los happy endings 😉 Gracias por visitarnos y no olvides dejar tu amor en un comentario 😉