Administración: La autora ha escuchado sus peticiones y aquí está la nueva temporada. Recuerden leer «Touch me» y «Treat me», para que esto tenga sentido. Y ahora… a disfrutar 😉

Fic TOLL de unicornlitz
Capítulo 1
Me incorporo quedándome sentado en la cama en cuanto el despertador empieza a sonar, jodiendo la paz de mis sueños. Al subirme el antifaz que siempre uso para dormir, con la cara de culo que debo tener nada más por saber que sigo existiendo, y lo horrible que está siendo mi vida ahora, me doy cuenta de que todo me vale una reputisíma mierda.
Sí, no hay nada más que quiera ahora que desaparecer. O bueno, no. Que desaparezca el mundo, joder. Quiero estar en paz sin el estorbo de la humanidad…
Llegué aquí, a la hacienda de mis abuelos, hace ya un par de días. Mi abuela Charlotte me acogió como siempre, feliz. Mi idea era darle una sorpresa, pero resultó que mi madre ya le había contado que venía en camino y, como siempre, me jodió el plan. No sé por qué se esmera tanto en fastidiarme. Estos días ha estado llenándome el móvil de mensajes pidiéndome que, por favor, me comporte con mis tíos y no cause problemas.
Yo me pregunto, ¿cuándo he causado problemas yo a los demás? Y la respuesta es… ¡nunca! Ellos son los que me causan problemas a mí con su sola existencia.
En fin… otro día más en este puto mundo, despertando contra mi voluntad, joder.
Con un gruñido, salgo de la cama quitándome las sábanas de encima de un solo tirón, camino directamente al baño con un humor de perros y entro para verme en el espejo. Sí, tengo el pelo hecho una porquería. Hago una mueca con los labios al mirarme. ¿Quién es esta persona horrorosa que me devuelve la mirada desde el espejo? Porque obviamente no puedo ser yo, joder, pero tristemente sí lo soy.
Bufé y abrí el grifo para proceder a lavarme los dientes como siempre y luego meterme en la ducha para darme un buen baño con agua caliente.
Haber venido aquí ha sido la mejor decisión que pude tomar, porque me la he pasado con mi abuela todo el tiempo, tratando de calmar mi cabeza y mantenerme ocupado para no acabar pensando en Tom. Y lo he conseguido, juro que no he llorado por él en estos días. Tampoco me he puesto triste al recordar sus crueles y feas palabras, esas en las que me restriega en la cara que solo fui un juego para él y que matara mis ilusiones o la idea de tener algo más con él, porque yo pensaba que me amaba, pero no… ¿cómo iba a amarme?
En fin, tampoco me he pasado los días de bajón emocional ni he estado comiendo helado mientras escucho canciones tristes aquí en mi habitación, hundiéndome en mi miseria.
O bueno sí, quizás sí lo he hecho… pero eso cambiará hoy.
Porque me dije a mí mismo que haría que Tom se tragara sus feas palabras hacia mi bella persona, obviamente, y es lo que voy a hacer. He agendado una cita en un salón de belleza que encontré aquí, en este pueblo de mala muerte, con gente del campo que va por las calles con la frente brillando de sudor. Sí, es asqueroso, pero es lo que ves si sales por las calles de tierra de este pueblucho.
Pero bueno, ¿en qué estaba? ¡Ah sí! Tengo una cita hoy con la estilista que me atenderá, porque accidentalmente, en un momento muy bajo de mi vida, acabé cogiendo unas tijeras que encontré por ahí y bueno… el resultado de eso es cómo está mi pelo ahora. ¡Casi me lo corto todo, joder! Lo peor es que lo hice mechón por mechón, y ahora tengo el pelo trasquilado y parezco Willy Wonka. Sí, estoy llorando ahora mismo, arrepintiéndome de mis actos. ¿Qué culpa tenía mi cabello de que yo sea un completo imbécil y me ponga a sufrir divinamente por Tom?
O mejor dicho, ¿acaso Tom se merece la trasquilada de algo tan precioso como lo es mi pelo?
¡No!
—Oh, qué bello me veo llorando— me digo a mí mismo mientras me miro en el espejo. Acomodo un poco mi cabello y sigo llorando —Soy un desastre muy guapo, joder.
Sí, bueno…
Después de llorarle tanto al espejo, por fin pude arreglarme bien y verme más presentable, claro. Me puse un gorrito blanco en la cabeza para ocultar mi calvicie, aunque no es tan extrema para cualquiera, pero para mí es una masacre contra mi pelo. En fin… no comí nada solo para poder irme a mi cita en el salón de belleza. Ojalá la chica que me atienda pueda arreglar la monstruosidad que he cometido conmigo mismo. Obviamente, Gustav se ofreció a llevarme en el coche. Que sí, es un coche decente, ¿eh?
—¿Cuánto crees que vas a tardar?— me pregunta justo cuando entra en el coche, mientras yo me estoy abrochando el cinturón.
—No lo sé, ¿quizás horas?— Gustav me mira completamente perplejo por lo que acabo de decir y yo sonrío —No te vayas a arrepentir ahora de llevarme, Gusi. Sé un buen primo, llévame allí y espérame, no seas malo, ¿sí?— pongo mi mejor carita de pena —Prometo recompensártelo con… mascarillas faciales para los caballos.
—Bill…— Gustav hace una mueca con los labios —No les ponemos mascarillas faciales a los caballos.
—Ah, ¿no? Pues deberíais— comento, mientras me acomodo en mi asiento.
Mi primo suspira —Eres todo un caso, ¿eh?— murmura —Vamos ya, te llevaré a ese salón de belleza— suelta mientras pone el coche en marcha. Obviamente aproveché para poner música, «A Thousand Miles» de Vanessa Carlton, precisamente. Amo esa canción.
Gustav me lleva directo al sitio mientras yo canto las canciones que pongo yo mismo para disfrutar más. Hasta que siento la garganta seca y, con tanto viento entrando por la ventana, subo el cristal. Tengo la necesidad urgente de beber agua, pero no traje ni una botellita pequeña, así que tendré que aguantarme, porque aquí las tiendas están lejísimos. Y yo no pienso llegar tarde a la cita solo por tener sed.
—Bill…— me llama Gustav, sacándome de mis pensamientos.
—¿Mhmm?
—¿Puedo preguntar la razón por la que acabaste cortándote el pelo?— pregunta sin apartar la mirada del frente. No vaya a ser que atropelle a una vaca, porque aquí pasa de todo. A veces el ganado de algunas fincas pequeñas se escapa de sus corrales y acaba en la carretera de tierra. Gustav siempre va con mil ojos.
—Crisis existencial.
Frunce el ceño —¿Qué? ¿El gran Bill Kaulitz teniendo una crisis existencial?— pregunta con un tono burlón. Sí, eso, usa mis desgracias para reírte un poco, imbécil. Qué suerte tienes de ser mi primo favorito en medio de la otra plaga, joder. —No me lo puedo creer.
—Yo tampoco— digo con mucho pesar, haciendo un puchero con los labios —Me ganaron mis pensamientos intrusivos. Simplemente vi las tijeras en mi mano, vi mi pelo y no perdí la oportunidad. Cometí un crimen en el mundo de la moda. Ahora soy un jodido pelón. Sexy, pero pelón…
Gusti se echa a reír a carcajadas —Estás jodido, primito— me dice con ese tonito que tienen las personas aquí, pero ya mas maduro. Ya mis queridisímos primos no hablan como lo hicieron aquella vez que fueron a mi casa en diciembre, fingiendo que no sabían que eran los coches solo para hacerme sentir avergonzado. Pero siguen siendo idiotas —Quién sabe si aquí consigues a alguien que te arregle el pelo. Recuerda que no estamos en la ciudad…
—Lo sé, pero me encargué de buscar al mejor que hubiese por aquí— respondo —Que, por cierto, queda algo lejos.
—¿Algo? Prácticamente está en el mismísimo quinto coño— me responde.
Suspiro —Como sea, lo que quiero es que me arreglen el desastre que tengo en la cabeza— comento.
—Vale, ten fe…
—¿Fe? Gusti… el universo me odia, y además hace un calor que flipas. Si abro la ventana entrará un vendaval que me dejará los ojos secos…
—¿Y para qué son estas gafas que llevas aquí?— pregunta, dando un golpecito a las gafas oscuras que cuelgan del cuello de mi sudadera blanca holgada, que me queda enorme. Sonrío; no me acordaba de que me las había traído. Así que me las pongo y bajo el cristal para dejar que entre el aire en todo su esplendor. —Andas demasiado despistado últimamente.
—Solo pienso…
—¿En qué?
—En cómo sería de horrible mi vida si un día me despertara y fuera pobre como la gente común— digo, fingiendo un par de sollozos —Sería terrible, tío. Imagina, una belleza como yo, viviendo en una vecindad con personas pobres. Enamorado de un pobre, pero destinado a estar con alguien adinerado que me dé lo que necesito, porque no estaría dispuesto a dejar que la pobreza me consuma. Entre ser y no ser, yo soy…
—Me das miedo, Teresa…
Ambos rompemos a reír. Oh… Gusti sí entiende la Teresavibra, joder. Recuerdo que de niños veíamos esa novela con nuestra abuela, antes de que yo me fuera con mis padres a la ciudad y viviera allí todo este tiempo. Ahora que lo pienso, lo único bueno que hizo mi madre fue sacarme de este pueblo lleno de paletos, porque si hablamos de otras cosas, fue pésima.
—Vale, ya hemos llegado— mi primo se estaciona frente al salón de belleza. Me asomo un poco por su ventana y hago una mueca con los labios.
—¿Estás seguro de que es aquí?
—Completamente…
—¿Seguro?
—Bill, aquí los salones de belleza no son tan sofisticados como los de la ciudad— me dice —Ánimo, entra y deja tu pelo en manos de la estilista— me da un par de palmadas en la espalda, como si estuviera despidiendo a un compadre.
Eww, solo pensarlo me da escalofríos…
—Tengo miedo, ¿y si me quitan mi pelito para luego ir a venderlo por ahí?
—¿Qué cosas dices?— pregunta entre risas —Aunque bueno, podría ser una posibilidad… pero, si te soy sincero, no creo que por tu pelo les den mucho, ya que te lo cortaste todo— me dice, y yo lo miro con cara de pocos amigos. Se está riendo de mi intento de parecerme a Willy Wonka, lo sé —Venga, anda.
Tomo aire —Está bien, me arriesgaré…— digo mientras me desabrocho el cinturón de seguridad. Gustav apaga la radio mientras yo abro la puerta y bajo del coche justo cuando él lo hace, porque sí, entrará conmigo al salón y me esperará. Gusti es tan caballeroso… Sé que si algún día se casa, la chica con la que esté será muy afortunada de tenerlo. Pero bueno, dejando los halagos mentales aparte, abro la puerta del salón y juro que hice todo lo posible por no vomitar.
Realmente juzgué mucho la apariencia de este lugar por fuera, porque por dentro es todavía más horrible.
Hay mechones de pelo esparcidos por el suelo, los espejos están llenos de polvo, las encimeras de las cómodas rebosan de cosas para las máquinas de rapar, hay pelos, polvo, líquidos derramados de los tintes que preparan. Las sillas tienen los cojines rotos y se les ve la espuma. Y para colmo, este sitio huele raro. Demasiado raro. Arrugo la nariz y miro a Gustav, que solo se encoge de hombros y mete las manos en los bolsillos del pantalón.
—¡Eh! Hola, buenos días…— un tipo negro, con el pelo afro en rastas gruesas y algo descuidadas, sale de un pequeño cuarto que seguramente es el baño de la peluquería, secándose las manos húmedas en su camiseta de uniforme. Si es que a eso se le puede llamar uniforme, claro. Es una camiseta de tirantes marrón y unos pantalones holgados llenos de restos de tinte. Tiene una sonrisa enorme en la cara y presume de una dentadura súper blanca.
—Buenos días…— responde Gustav por mí, ya que yo me he quedado mudo. Esto es lo más horrible que han visto mis ojos, y no me refiero al hombre, que no soy racista, ¿eh?, sino a la peluquería. Juro que en las fotos se veía más presentable…
—Bienvenidos a «Desmelénate»— comenta con mucha emoción —¿En qué puedo ayudaros?
Gustav me da un golpecito disimulado en el brazo porque sigo mudo, pero logro recomponerme y aclaro la garganta. Me obligo a sonreír. —Hola, soy Bill Kaulitz. Hice una cita con Jesse Black ayer para hoy…
—Mucho gusto…— me extiende la mano, y yo se la estrecho tras reaccionar unos segundos después. Aparte de pelón, retrasado mental. —Yo soy Jesse Black…
Mi boca se abre por la impresión otra vez. —¿Tú? Pensé que eras una…
—Oh, es normal— ríe ligeramente —Pero bueno, claro que lo recuerdo, joven. Usted contactó conmigo desesperado porque se cortó el pelo y no le quedó como esperaba.
Aprieto los labios y río con ironía antes de asentir con la cabeza. —Sí, así es…
—Bueno, entonces empecemos— me señala una de las sillas. Yo miro al hombre, luego a la silla, de la silla al hombre, del hombre a Gustav, y de nuevo al hombre, forzando otra sonrisa. Camino despacio hacia las sillas como si fueran eléctricas y estuviese a punto de recibir mi condena por tanta belleza que la humanidad no soporta. —Cuénteme… ¿qué es lo que necesita?
Me siento en la silla que veo más limpia, sintiéndome incómodo. —No lo sé, ¿qué cree usted que pueda hacer con esto?— me quito el gorro dejando al descubierto lo que queda de mi precioso pelo.
—¡Virgen del agarradero, agárrame a mí primero!— exclama el hombre, completamente horrorizado al ver mi cabello —Pero señorito, ¿es que acaso usted estaba endemoniado?— pregunta —Mire nada más cómo se ha dejado el pelo, santa madre de Dios…— se lleva una mano a la boca y niega con la cabeza —Esto es un caso urgente…
Hago un pequeño puchero. —¿Puede hacer algo por él?
La mano que antes cubría su boca ahora la pone en la barbilla, muy pensativo. —Creo que sí.— suelto un suspiro aliviado.
—Qué bueno, porque quiero un cambio radical— le digo —Quiero verme aún más hermoso de lo que ya soy. No tengo ni idea de cómo quiero mi cabello, así que lo dejo en sus manos.
—Bien, solo tengo una pregunta…
—Adelante.
—¿Puedo usar un par de extensiones?
Sonrío mirando al espejo. —Claro que sí.
—Bien, entonces… —busca la bata negra que colgaba del respaldo de una de las sillas cercanas y me la pone, cubriendo mi cuerpo —Manos a la obra.
Continúa…
Gracias por la visita. No te vayas sin comentar 😉
Gracias por la 3er tempo! 😃😍. Espero leer mucho romance entre el tío y el sobrino ❤❤. Pero sigo emperrada con Tom 😤.