Fic TOLL de unicornlitz

Capítulo 20

—Eso sí, cuida de ese bebé que viene en camino, Thomas— dice, señalando a la nada con voz y mirada firmes mientras me mira fijamente. —Vas a ser un buen padre, porque ese crío no tiene la culpa de nada. Háblalo con Heidi, pero antes lo hablamos bien tú, tu padre y yo, ¿vale?

Joder. Pero yo no puedo hablarlo con Heidi porque me va a presionar con que contará lo que vio en Los Ángeles, lo que vio que pasaba entre Bill y yo. No puedo permitir eso todavía, porque se supone que tengo que ir paso a paso para que Bill se entere de la verdad después de que yo encare a Simone y a Jhörg, después de que le suelte a mi madre lo que sé. Que ya sé lo del secreto que tanto han estado ocultando todos con respecto a Bill, del que mis hermanas gemelas y yo no teníamos ni puta idea.

Primero haré todo eso antes de mandar a Heidi a tomar por culo de mi vida para poder recuperar a Bill, cosa que también me va a costar un huevo después de todo lo que me soltó en las caballerizas. Ya sabía que reaccionaría así, no sé por qué coño me sorprendió. Seguramente porque en el fondo pensé que nunca me hablaría de esa manera.

—¿Estás escuchándome, Thomas?

—Sí, mamá— respondo. —Pero, ¿y si Heidi no lo entiende y quiere quitarme al niño? ¿Si no pilla que estoy enamorado de otra persona que no es ella?

—¿Enamorado de otra persona?— pregunta mi madre con curiosidad.

Trago saliva. —Sí.

—¿Y puedo saber quién es?

—Todavía no, mamá. No es el momento.

—Sí, sí, no es el momento. Pero, ¿cómo es? ¿No quieres darle alguna pistilla a tu madre?

—Mamá…— resoplo. —Vale, es… es la persona más preciosa que puede existir en este mundo. Rebelde pero sensible a la vez, con una actitud que no todo el mundo aguanta pero que a mis ojos es adorable, tiene una mirada alucinante y una autoestima que nadie le puede quitar. Se quiere más a sí mismo que a nadie y es tan coqueto como encantador. Me tiene comiendo de su mano pero todavía no es consciente de eso— suelto una risita por la nariz. —Pero lo será pronto, primero tengo que hacer un montón de cosas para que lo nuestro funcione.

—Ay, de esto hablo cuando digo “amor de verdad y mutuo”— susurra. —Mira cómo te brillan los ojos, si no supiera que es imposible, pensaría que estás describiendo a Bill. Porque él es así— me tenso al instante pero ella no parece darse cuenta. —Tan coqueto y encantador con una mirada preciosa, rebelde y sensible, el equilibrio perfecto entre perfecto e imperfecto. Es simplemente un buen chaval, con mucho carácter pero no es culpa suya, aprendió a defenderse cada vez que lo atacan.

—Sí…— sonrío con nervios. —Es mono e inteligente, heredado de los Kaulitz, ¿no?

—Claro que sí— dice, con un toque de tristeza en la voz. —Es un Kaulitz de pura cepa.

Sonrío. —Aunque no se parece en nada a ninguno de nosotros, ¿eh?— mi madre me mira de golpe, no deja traslucir nada en la cara. —Ni siquiera a Simone o al propio Jörg— me río de mis propias palabras para bajar la tensión que se ha montado de repente en el aire y que mi madre intenta disimular. —Por cierto, mamá… ¿sabes algo de esa amiga de la infancia de Simone? Ya sabes, la que vivía en la hacienda “Cascabeles” que ahora cuida el capataz. ¿Adónde se fueron ella y su familia?

—¿Hablas de Isabella? ¿De la familia Von Stein?

—Sí, ella…— afirmo con un leve asentimiento. —¿Qué fue de esa familia?

—Según tengo entendido se fueron a Hamburgo, a la hacienda “La Chinita”, la principal.

—¿“Cascabeles” no es la hacienda principal?

—No, cielo— mi madre niega con la cabeza. —“Cascabeles” es la hacienda pequeña que tienen aquí, pero tienen otras en otras ciudades que no recuerdo bien. La principal es “La Chinita”, que es su casa de verdad, pero las otras son solo sitios donde paran cuando visitan cada hacienda.

—¿Cuánto hace que no vienen por aquí, a Cascabeles?

—Hace años, muchos años, ¿por qué lo preguntas, Tom?

—Por nada, simplemente me vino a la cabeza de repente. Un día simplemente dejó de aparecer, la última vez recuerdo que me dijo que ella tenía que tener mucho cuidado porque corría riesgo con algo… no sé qué era— en realidad sí lo sé. —Pero nunca más la volví a ver.

—Ah, es que… ella tuvo complicaciones, cariño. No quedó bien y sus padres tuvieron que tomar medidas drásticas— comenta con pena en la voz. —Así que se largaron y decidieron no volver nunca más aquí, porque el daño que sufrió fue muy grave.

—¿De verdad?— mi madre asiente. —¿Por qué Simone dejó de mencionarla? ¿Sabe lo que le pasó? Era su mejor amiga, ¿no?

—Sí, bueno… no sé nada de eso, cielo…— su voz se quiebra un poco. —Mejor… mejor vamos a casa y le contamos a tu padre tu decisión de no querer…

—Tom…— la voz de Heidi corta de golpe la conversación que tengo con mi madre. Mi mamá se aparta un poco y ahí está ella, con los brazos cruzados y cara de cabreo que intenta disimular. —Siento interrumpiros— dice, mirando a mi madre que le sonríe como diciendo que no pasa nada. —¿Podemos hablar?— pregunta, pasando de mirar a mi madre a mirarme a mí.

—¿Ahora?— pregunto yo.

—Sí.

—Pero estoy hablando con mi madre, ¿puede ser más tarde?

—Oh, no, cielo, no te preocupes— se apresura a decir mi mamá con la voz un poco temblorosa, se ha puesto mala con el tema de Isabella, lo sé, pero lo disimula o lo intenta. —Habla con Heidi, yo voy hablando con tu padre. No te olvides de hacer lo que te pedí para el regalo de Billie, ¿eh? Recuerda que queda poco tiempo— me dice mientras se aleja despacio sin dejar de mirarme.

—Sí, mamá, no te preocupes por eso— le digo, ella me sonríe una última vez y se va. Dejándome a solas con Heidi en la entrada de los establos. Cuando pierdo de vista a mi madre y me centro en Heidi la veo con una ceja alzada y muy seria. —¿Qué? ¿No se suponía que deberías estar en la habitación descansando?

—Así que un regalo para ese mocoso, ¿no?— musita entre dientes.

Pongo los ojos en blanco. —No empieces, Heidi. Es un favor que me ha pedido mi madre, no le voy a decir que no.

—Hay más trabajadores.—Pero ella quiere que sea yo, ¿entiendes? Ahora dime qué coño quieres, que tengo curro por hacer…

—¿Se puede saber por qué ese idiota de tu “sobrinito adorado”…— hace las comillas con los dedos mientras lo dice, cargando las palabras de puro sarcasmo— …fue a buscarme y a soltarme que os habéis acostado juntos?

Hostia puta, maldita sea con Bill.

—¿Qué te ha dicho qué?— frunzo un poco el ceño, intentando parecer tranquilo aunque por dentro me estoy cagando.

—¡Lo que te acabo de decir!— ante su grito me veo obligado a agarrarla del brazo y nos alejamos de los establos. Cuando estamos lo bastante lejos se zafa de mi mano. —¡¿Qué?! ¡¿Acaso no quieres que todo el mundo se entere de que te tiras a tu sobrino?! ¡Dijiste que eso no pasaría nunca más! ¡Que fue un error para ti, joder!

—Cállate, Heidi— suelto con dureza, subiendo la voz pero sin gritar. —Cierra la puta boca, hostia. ¿Cómo se te ocurre montarme este numerito aquí? No estamos en nuestra casa, ¿vale? Como vuelvas a hacer una de estas te…

—¿Te qué?— me reta. —¿Cómo eres capaz de seguir tomándome el pelo, viéndome la cara de tonta todavía, eh?

—Yo no te he tomado el pelo, ¿eh?

—¡Pero él me lo dijo!— exclama. —Yo estaba tranquilita, bajando las escaleras para venir aquí porque me aburría de estar encerrada en la habitación y aparece él, como si nada, a soltarme un montón de cosas como siempre hace el gilipollas ese. Me lo dijo a la cara, Tom, que habéis tenido sexo.

—¿Él dijo eso?

—¡Sí, Tom! ¡Eso dijo el cabrón ese!

Aprieto los puños, me jode un huevo que lo insulte así. —¿Por qué coño iba Bill a decirte algo así?— ella me mira como diciendo “obvio”. —Ya sabes que no hay que creerle, está mintiendo. No ha pasado nada. Estuvimos en las caballerizas porque le hice elegir un caballo, mi madre quiere darle una sorpresa, ¿vale? Pero hasta ahí.

—¿No me estás mintiendo, verdad?

—No, Heidi. Ese tema ya está cerrado, ¿te has olvidado? Quedamos en no mencionarlo nunca, cumple con eso y vete para la casa ya.

—Pero es que…

—Pero es que nada— la corto en seco. —Vete ya, tengo cosas que hacer aquí.

—También me dijo que lo dibujaste…

—Vete, Heidi…

Ella se contiene de gritarme otra vez, suelta un resoplido cabreado y se da la vuelta para largarse. Yo solo suelto un suspiro largo, sé que Bill no le diría cosas solo para joderla como ella me ha contado. Pero sí lo veo capaz de haberle soltado lo que pasó entre nosotros en las caballerizas, no tan directo, pero de alguna manera sí. Seguro que ella empezó la discusión para que Bill usara sus “métodos” para desquiciarla. Los conozco a los dos, pero en qué puto lío me ha metido ese mocoso y encima a propósito. Sé que lo hizo a propósito. Voy a tener que tener una charla muy seria con él…

Pero primero… necesito hablar con su mejor amiga.

Vi que Adrianne no se fue con Bill, sino que se pegó todo el rato a Gustav, así que entré en los establos y en las caballerizas la encontré hablando con mi sobrino, que le estaba explicando tranquilamente por qué ayudaba a mis padres en la hacienda. A Gustav siempre le han flipado los animales, ni se nota que un día le tocó matar a uno de los pollitos que ya estaban grandes y lloró porque le dio pena. Pero luego bien que se lo comió en la comida.

—¿O sea que tú haces esto desde pequeñito?— la oigo preguntar a Adrianne mientras él busca la comida de los cerdos, que ya toca darles de comer.

—Así es…— dice él con esfuerzo por la fuerza que está haciendo al coger las dos cubetas grandes con la comida de esos bichos. —Bueno, no hacía las cosas que hago ahora pero sí, me pasaba el día entero en estos sitios viendo a los vaqueros de antes hacer todo esto y así aprendí.

—Oh…

—Ven, Gus, te echo una mano— digo para por fin hacerme notar.

Él me mira y asiente despacio, pasándome una de las cubetas que pesa más que todos los marrones que llevo encima. ¿Qué coño les damos de comer a los cerdos? Pues restos de las cáscaras de patata, zanahoria o cualquier verdura que se pela, y también de frutas o sobras de lo que nos dejamos nosotros. Con un poco de agua y lo mezclamos con su alimento, que es parecido al de las gallinas pero más grande y gordo. Noto que Adrianne me mira y se cruza de brazos, quién sabe qué le habrá contado Bill de mí para que parezca que no quiere ni verme y hasta le caigo mal. Conociendo a Bill, seguro que las peores cosas, faltaría más.

—Ven, Adrianne, que los cerdos no muerden— le dice Gus riéndose a la chica.

Ella reacciona y viene corriendo despacito porque los tacones no la dejan ir más rápido. No son tacones del todo, parecen botas, pero bueno. Llegamos al corral de los cerdos. Es un espacio también cerrado con una cerca de madera donde todos chillan como locos del hambre que tienen y se amontonan unos encima de otros cuando nos ven llegar con la comida. Reconocen el olor asqueroso de lo que ellos se zampan. Adrianne se queda a una distancia prudente atrás, con cara de miedo pero también de curiosidad y por eso se estira de vez en cuando para ver qué estamos haciendo y qué hacen los cerdos además de chillar.

—¿Les van a dar esa comida toda podrida?— pregunta con cara de horror y voz de espanto.

—Para ellos esto es un banquete, niña— le contesta Gustav.

—Oh…— vuelve a soltar ella en una exhalación, parece flipada con cada cosa que descubre. Gustav se va al otro extremo detrás de la cerca para que los cerdos dejen de amontonarse y lo consigue. Los cerdos que estaban prácticamente unos encima de otros se apartan justo cuando echa la comida en los comederos de cemento que hay por dentro en cada lado de la cerca. Hay cuatro. Ahí les tiramos la comida y ahora mismo se la están zampando.

—Vamos dentro…— murmura Gus mientras se sacude las manos al lavárselas en el pipote grande que se llena de agua con una manguera conectada a los tanques que hay para cada animal.

—Voy— le contesta ella.

—Gus, ¿puedes ir tirando? Tengo que hablar de una cosa con esta chavala…

—¿Conmigo?— pregunta flipada pero ni la miro ni le contesto.

Gustav asiente. —Claro, sin problema— dice y se va a seguir con lo demás. Cuando me quedo totalmente a solas con ella ladeo la cabeza para mirarla.

—¿Adrianne, verdad?— pregunto aunque ya sé que ese es su nombre.

—Señorita para usted— me suelta con tono desafiante mientras se cruza de brazos y alza la barbilla. Arqueo las dos cejas con su respuesta. —¿Qué necesita? ¿De qué quiere hablar conmigo, señor Kaulitz?

—No me llames “señor Kaulitz”, por favor— pido poniendo los ojos en blanco. —Me hace sentir de la edad de mi padre, llámame solo Tom o, si quieres, ni eso y simplemente escucha lo que te voy a decir.

—¿Sobre qué?

—¿Sobre qué va a ser?

—¿De mi Billie precioso?— pregunta y yo asiento con la cabeza. —¿Qué más necesita saber? Creo que ya le ha dejado clarísimo que no lo quiere cerca y no es para menos después de todo lo que le soltaste en Los Ángeles— hace un morrito con los labios, entrecierra los ojos y luego niega con la cabeza varias veces. —Pobre de mi Billie, qué malo es usted, Tom.

—Oh, no, que va, en todo esto el malo no soy yo— le aclaro y ella alza las cejas mirándome con pura ironía. —Ya sé lo que piensas, crees que estoy negando que la cagué en algunas cosas pero era necesario, ¿lo pillas? Sé de sobra que sabes lo de la relación que tenía con él antes de que Heidi se enterara, ¿o me equivoco?

—Claro que no, si fui yo la que lo animó a seducirte hace años. Porque si yo pude con mi primo entonces él podría contigo y no le costó nada, ¿eh?— se ríe con orgullo. —Al contrario, fue facilísimo. Y no es para menos, Billie es súper sexy, ¿a que sí?

Sí, y no solo por eso.

—Pero usted se viene a arrepentir de todo después de un montón de tiempo en una “relación” porque eso era una relación de dos, casi tres años— dice, haciendo cuentas en la cabeza. —Y usted mismo lo cortó.

—Heidi se enteró— le repito.

—¿Y eso qué? No te daba derecho a decirle esas cosas tan horribles a mi mejor amigo— me echa en cara y muy cabreada. —Qué cabrón es usted y se lo digo con todo el respeto que no se merece ni de coña.

—Ni siquiera sabes por qué hice lo que hice. Se lo conté a Bill esta tarde, ¿no te lo ha contado, verdad?

—No, solo me contó que…— y se calla de golpe arrepintiéndose al instante de haber soltado esas primeras palabras que me dejan clarísimo que le contó que echamos un polvo en las caballerizas. ¿Por qué coño Bill no puede mantener esa boquita cerrada? —Nada.

Chasqueo la lengua. —Tampoco importa, el caso es que necesito hablar contigo sobre él y punto— musito. —Yo quiero arreglar el marrón, ¿vale? Quiero que deje de odiarme y que vuelva a estar conmigo pero para eso tengo que atar algunos cabos sueltos antes de centrarme en el nudo gordo, ¿lo pillas?

—Claro, primero lo demás y después Billie.

—No, no, no es eso— digo rápido. —Es que si no ato esos cabos primero entonces no podré arreglar lo nuestro, ¿entiendes?

—¿Y qué problemas son esos que son más importantes que Bill?

—Te lo podría contar, pero no ahora. De momento solo necesito tu ayuda…

—¿Mi ayuda para qué?

—Para tener a Bill controladito— le suelto y la cara que pone me deja claro que me va a mandar a la mierda con un “no” rotundo. —Necesito a alguien que me cuente cada cosa que él piense hacer, ¿vale? Y esa persona eres tú, porque eres su mejor amiga y porque estás más cerca de él que nadie.

—No voy a cotillearte nada de Bill a sus espaldas, eso sería traicionarlo y Bill no perdona esas movidas— me suelta. —Ya ve lo que está haciendo con usted, quiere hacerle sufrir, ¿pilla la situación en la que me quiere meter? La respuesta es: no.

—No vas a traicionarlo…

—No siga, señor Tom.

—Oh, venga, solo ayúdame con eso— le pido otra vez.

—¿Por qué?— pregunta. —¿Por qué quieres arreglar el problema con Billie si fuiste tú el que hizo que ahora quiera odiarte a muerte? ¿Por qué si le soltaste cosas tan feas que le jodieron vivo en su momento? ¿Qué te hace pensar que podrás arreglar el desastre que tú mismo te encargaste de montar tan horrible? Y sobre todo, ¿qué te hace pensar que yo voy a ayudarte cuando puedo hasta perder mi amistad con Billie?

—Porque es importante— le respondo. —No quiero que siga cabreado conmigo y, sin embargo, la situación no me da para ir a pedirle perdón por todo. Todavía no. Necesito atar todo lo de alrededor para que, cuando le pida perdón, me sea más fácil…

—¿Más fácil qué?

—Estar con él.

—¿Pero usted no dijo que había sido un error y un montón de cosas más?

—Todo fue mentira, Heidi estaba escuchando al otro lado de la puerta— ella abre la boca flipada. —Fue la única forma que se me ocurrió para que se callara y no soltara nada de lo que se enteró y, encima, vio.

—Le hiciste daño a mi Billie para complacerla a ella…

—No, lo hice para evitar que esto se convirtiera en un puto caos. Hay cosas que Bill no sabe, Adrianne. Hay cosas de las que Bill es completamente ajeno, que desconoce, que nadie le ha contado. Y esas cosas que no sabe son las que me van a ayudar a quitar a todos de en medio para poder estar con él cuando las saque a la luz. Pero necesito pruebas antes y las estoy recopilando, ¿vale?— le confieso. —Heidi me la suda totalmente, solo él me importa. Sé que lo herí y que me odia porque nunca esperó que de mi boca salieran palabras tan feas como esas. Pero tienes que saber que no lo hice a gusto, me dolió soltárselo todo, pero era la única manera.

—Yo conozco otra que implica un cuchillo, esposas, cadenas y tortura…

Vaya…

—Está embarazada, ¿te has olvidado?

—O sea que si no lo estuviera, ¿usted lo haría?— pregunta con cierto asombro, yo asiento sin pensarlo dos veces. ¿Que si habría torturado a Heidi para mantenerla callada? Sí, obvio, haría cualquier cosa para proteger lo que tenía con Bill. Pero está embarazada, eso me lo impidió, si no, ella ya no estaría viva ahora mismo. —Hostia.

—Quiero… no, necesito tener a Bill de vuelta.

Continúa…

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por unicornlitz

Escritora del Fandom

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