
Fic TOLL de Kasomicu
Capítulo 9: Enamorado
Estaba uno junto al otro, tirados sobre las colchonetas, muy tarde encontraron una nota que decía que ese día no iría el tío de Bill, y las clases se cancelaban, pero ellos habían seguido practicando y ahora estaban agotados. Sudaban como puercos y reían como bobos.
—Mañana nos dolerá hasta el alma —chanceó Bill, Tom asintió—. Pero estamos avanzando, ¿no crees? Al menos sabes abrir las piernas y mantener un equilibrio más decente que antes.
Tom asintió nuevamente. —Sí, ya sé abrir mis piernas.
Bill se carcajeó por cómo sonó la frase en boca de Tom, el cual giró el rostro y lo vio, arqueando una ceja, interrogante.
―Lo siento, lo siento, es que… ―Las mejillas se le enrojecían de las risas que intentaba contener―. ¡Lo hiciste sonar tan mal! ―Tosió y tuvo que apoyarse sobre sus codos, aclarándose la garganta luego.
―No entendí nada, y eso te pasó por no explicarme, atorarte con tu propia saliva ―comentó Tom, palmeándole la espalda.
Bill lo vio y sonrió.
―No sé si yo soy muy mal pensado o tú eres muy inocente.
―Hey, hey, heey, el mayor aquí soy yo. No te creas mucho por ser más alto, eh. No soy inocente, quien tiene la cara aún redondeada por la pubertad eres tú ―recriminó Tom, Bill chasqueó la lengua.
―Sólo eres mayor que yo por un año, duh. No tienes ni vello facial. Y lo decía por eso de “abrir piernas”, ¿entiendes…? Abrir… piernas ―soltó risillas Bill.
―Madura, por favor ―farfulló Tom, dándose un golpe en la frente.
―Ay, eres un aburrido ―molestó Bill sin dejar de reír.
―¿Y ahora qué hacemos?
―Nos besamos para romper la tensión ―dijo Bill con el semblante serio. Tom sintió sus mejillas enrojecer y los latidos de su corazón se aceleraron, boqueó y luego el hipo hizo acto de presencia. Bill, que no era el ser más perceptivo del planeta, notó que eso ya era un patrón, el consecutivo hipo de Tom cada que…―. ¿Y ahora por qué tienes hipo?
―Por… Nada ―respondió entre hipidos. Tom debía concentrarse en algo más para perder los nervios, y aguantar la respiración por un rato.
―Nunca quieres responder, uh. Bueno, ¿ánimo para otra ronda? ―cuestionó Bill, fijándose en el movimiento del pecho de Tom por los hipidos y en cómo tenía los labios entreabiertos, los cuales dejaban salir ese sonidito característico.
La boca de Tom era hermosa al parecer de Bill, sus labios eran carnosos y llenos, y el piercing no hacía más que acentuar aquello.
Tom parpadeó y se levantó del todo de las colchonetas para la segunda ronda, cuando ya el hipo había cesado. Bill se puso en posición, aún embelesado por los labios de Tom, y cuando Tom se apoyó en él para estirarse, se cayó de cara porque Bill no estaba concentrado.
―¡Fue mi culpa, lo siento! ―Se disculpó Bill, atarantado y sonrojado de la vergüenza. “Por suerte habían colchonetas debajo, sino se habría partido el lindo labio inferior que tiene”, pensó Bill; comprendiendo que esto de estar teniendo una fijación con alguien a nivel minucioso y casi obsesivo, lo cual se demostraba cuando le andaba viendo la boca e imaginando lo que podría hacer con ella, no podía ser bueno.
Tom puso una expresión adolorida, sin llegar a vocalizar nada, pero cuando lo miró lo perforó con los ojos.
―Pensaré que me tienes ojeriza ―musitó Tom, sobándose la nariz, la cual también atrajo la atención de Bill puesto que era muy respingada, pero debía concentrarse en la práctica y saber que podía ver su rostro en otras circunstancias donde no corriera el peligro de salir lastimado.
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Era de nuevo de noche, ya cuando su mente estaba libre de tareas, quehaceres, karate, taenodo, tacuandou o cómo se llamase, de los bastardos de la clase, cuando todavía no podía conciliar el sueño, es que pensaba en Bill y en cómo lo veía, y las sensaciones que le provocaba la mirada de Bill. También se preocupaba, se aterrorizaba, porque se supone que nada de eso tendría que estar pasándole.
“No es normal, no es lo propio, es contra natura”, resonaban voces en su mente.
“Sólo me pasa esto porque Bill usa maquillaje, lo confundo con una chica, y por eso… Porque soy hetero, ¿no?”, se dijo a sí mismo. El ‘¿no?’ sabiéndole con mucho más inseguridad de la que desearía.
Pero había cosas que por más que uno quisiera cuestionarse, no podía hacerlo, y esta era una de ellas.
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Pasaban los días, y con ello los sentimientos seguían ahí creándoles vórtices de sensaciones, tales como negación, confusión, ganas de alejarse para olvidar aquello.
Bill no podía ver a nadie más, en realidad sí podía, pero no quería, antes había un chico muy lindo con el que hablaba y todo, pero no pasó a más porque aún tenía en su cabeza las palabras de su ex cuando intentó matarse, que le decía que no confiara en nadie nunca, que no se enamorara porque eso te vuelve débil para luego tomarse las pastillas, no había muerto pero sí se fue, viajó, sus padres se lo llevaron lejos luego de que le hicieran un lavado gástrico.
Eric tenía problemas en casa, su padre golpeaba a su madre, no aceptaban que fuera gay y Bill le pedía que se lo tomase de otra forma, intentaba animarlo, pero siempre terminaban gritándose y Eric cortándose las muñecas. La presión era demasiada para Bill; un día que tuvieron una fuerte discusión, pero Bill dio su brazo a torcer y lo llamó para arreglar las cosas, Eric había ingerido una generosa cantidad de los antidepresivos de su madre. Bill tuvo que llamar a sus padres para avisarles, a pesar de que ellos lo detestaban “por haber pervertido a su hijo” le hicieron caso, pero luego no volvió a saber de él.
Fue algo realmente pesado y tormentoso para alguien de trece años haber pasado todo eso, sin embargo, Bill quiso bastante a Eric y tomó en cuenta sus palabras, llorando su partida y diciendo que no se enamoraría de nuevo y que tampoco confiaría en la gente.
Hasta que llegó Tom. El chico lindo con quien quería tontear antes de conocer a Tom, del cual ahora no recordaba su nombre, ya no tenía importancia, porque Bill sólo tenía espacio en su mente para el rubio de rastas, labios hermosos y facciones perfectas. No podía ser justo, no cuando se había prometido no tomarse algo en serio, pero ya estaba ahí, instalado en su pecho, ocupando su cabeza, hormigueando sus labios y vientre.
Día con día se convencía más de ello, disfrutando de la vorágine de sensaciones, que a diferencia del de Tom, el suyo no tenía negación ni confusión, sólo una dosis de dolor, porque podía ser que no fuera correspondido, y era evidente que Tom no estaba enamorado de él.
Bill se dio ánimos, tenía que hacer que Tom saliera del armario, así no fuera para ser novios, por lo menos para que aceptase su realidad, porque al negar algo que era parte suyo lo atormentaría por siempre. Las clases del “no es karate, pero se parecen” le ayudaría, no sólo a que pudiera defenderse de esos bastardos, sino también al cometido de Bill.
Continúa…
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