Fic TOLL de Kasomicu

Capítulo 4

Al día siguiente Tom ya había comprado la medicina, pensando que la mejor forma de dársela a su hijo era como cuando Bill era niño y la diluía en un jugo de cajita, teniendo que hacerlo con una jeringa para que Bill no sospechara de que había sido adulterado.

Pero ahora no podía dárselo en un jugo de cajita, así que hizo un jugo de frutas natural, habiendo triturado la pastilla mezclándola con el néctar, en lo que le pidió a su hijo que bajara para tomarlo.

—¿Jugo de melón? —preguntó Bill, luciendo confundido al ver el vaso que le dio su mamá.

—Sí, es muy nutritivo con leche, por lo general no puedo estar haciendo un desayuno elaborado para ti, no desde que eras un niño, pero quiero hacer un esfuerzo para ti, Bill, ahora que necesitas saber que no estás solo, y que siempre tendrás a tu mamá —farfulló Tom, ofreciéndole una sonrisa a su hijo, Bill se la correspondió, sintiéndose feliz de que su mamá pudiera hacer ese esfuerzo por él—. Así que bebe, amor —alentó el mayor, en lo que también bebía su propio vaso, que estaba libre de medicina.

Bill obedeció, tomándose el jugo, para luego lavar el vaso, con Tom sintiéndose satisfecho porque su hijo se había tomado la medicación.

Tom empezó a establecer aquella rutina, de levantarse más temprano, hacer jugo para ambos, y de esa forma le daba la medicina a Bill.

Mientras que Bill seguía yendo a la consulta cada semana, Tom no había notado más la agresividad, celos, o comportamientos inadecuados, así que sentía que estaba funcionando.

Lo único es que Tom sí se percataba es que Bill a veces se veía más tenso, suponía que era parte de los efectos secundarios, en sí, él mismo había leído toda la composición de la medicina, entendiendo los pro y contras, y a sabiendas de que era algo que a la larga tendría un desgaste en los órganos de su hijo, también comprendía que esto se podría compensar con consumo de vitaminas y cambio de alimentación para reforzar, entendiendo que las enfermedades mentales así no se vean a simple vista, interferían con su vida, principalmente la de su hijo, que suponía que esa otra personalidad era quien se había frotado con él, y también masturbado al verle. Al menos Tom tenía la calma de que no era su hijo, no era su Billy, sino un alter, el que no quería imaginar de lo que sería posible si Tom no hubiera hecho algo.

A las dos semanas de darle la medicina, Tom empezó a notar leves diferencias, un cambio en la rutina al regresar del trabajo, por la forma en que se comportaba su hijo, mirándole fijamente.

—¿Pasa algo? —preguntó Tom, en lo que dejaba el tenedor sobre su plato, arqueando una ceja en dirección a su hijo.

El adolescente le sonrió de medio lado.

—Sólo veía lo hermoso que eres —halagó Bill con esa mirada.

Tom se inquietó por ello, porque si bien su hijo le había dicho que era muy atractivo, había algo en la forma en que se lo dijo, juntamente con su mirada que le hacía ruido.

—Gracias, Billy —respondió Tom, en lo que seguía comiendo, pero viendo de reojo a su hijo, el cual negó, acariciándole la mano a Tom por encima de la mesa, en un roce tenue que hizo que el mayor se sintiera confundido.

—No soy Billy, Tom —farfulló Bill, y Tom apretó la mandíbula al comprender lo que le había dicho.

—¿Quién eres? —inquirió Tom, no sabiendo qué hacer en ese momento, no le había hablado al terapeuta sobre los incidentes, ni había conversado con aquel alter que se negó a mostrarse al profesional.

—William —aclaró el de cabello negro.

Su hijo no se llamaba William, Tom le había puesto Bill en su partida de nacimiento, porque no quería llamarlo Wilhelm como su ex pero sí de alguna forma similar porque era casi idéntico a su ex, de cariño le decía Billy, pero no era “Bill” del diminutivo de William, así que se le secó la garganta a Tom, sin saber qué hacer en aquel instante aún con la mano de alter sobre la suya.

—¿Y tú eres…? —dejó la interrogante al aire Tom. Tratando de comprender un poco más de aquella personalidad.

—Un admirador tuyo, Tom —respondió William con la misma sonrisa muy segura de sí mismo, por lo que sólo hacía más que inquietarlo.

—Admirador —repitió Tom la palabra.

—Sí, siempre te he admirado por el hombre inteligente y sobresaliente que eres —acotó William con un tono cautivador, y toda esta situación ponía los nervios de punta a Tom, porque William había sido quien se había masturbado viéndolo hacerlo con el dildo, el mismo que se había frotado cuando compartía cama con su hijo.

William no era su hijo, era un huésped dentro de su hijo, sólo que era difícil para Tom porque precisamente, si bien no reconocía la forma en que impostaba la voz, o la manera en que lo veía, era su hijo en esencia, al menos el cuerpo, rostro, el mismo pequeño que nació de él, a quien dio de lactar, tomó de la mano en sus primeros pasos, quien fue su motor y motivo para seguir, era complejo el saber que si bien veía a Bill no era él, este alter lo veía como hombre no como su madre.

—Deberías relajarte más, Tom. Llevas demasiada carga sobre tus hombros —farfulló William, levantándose para ponerse detrás del asiento de Tom, quien se tensó más cuando las manos del azabache le apretaron sobre los hombros, ejerciendo una presión que buscaba relajarlo, pero Tom no se sentía seguro sin poder ver lo que hacía, y fue peor cuando sintió el aliento del menor en su oído, casi posando sus labios sobre el lóbulo de su oreja—. No te pongas así de duro, déjate consentir, tú siempre piensas en todos, Tom, en el trabajo eres el líder, aquí eres madre… ¿Y quién piensa en ti? ¿Quién se preocupa por tus necesidades, uh? —inquirió su hijo, no, no era su Billy, era el alter, y Tom sintió claramente cómo es que se relamió los labios casi rozándole, para después pasar su nariz por la zona del cartílago, delineándolo con la lengua que bajó hasta su cuello, haciendo que Tom se pusiera más rígido y girara de inmediato.

ㅡ¿Qué haces? ㅡincrepó Tom directamente, alejándose de William, quien le ofreció una sonrisa torcida.

ㅡNecesitas relajarte, puedo ayudarte, Tom, puedo ser el desfogue que necesitas para que no lo busques en nadie más, ni en tus juguetes ㅡmencionó William arrinconándolo al borde de la mesa, con Tom chocando su espalda contra el extremo, con el adolescente posando cada mano a cada uno de los lados de sus caderas, casi respirándole encima de la boca.

Tom recuperó la compostura y puso sus manos sobre el pecho de su hijo, de William, de lo que fuera en ese momento, porque él era más fuerte, con intención de empujarlo, sin embargo, William puso resistencia, ¿qué…? ¿De dónde tenía esa fuerza?

ㅡBill, aléjate yo… ㅡalzó la voz Tom, pero el menor lo tomó por las muñecas con fuerza, y los ojos oscurecidos, ahora frunciendo el ceño.

ㅡNo soy Bill, Tom, soy William. ¿Por qué no me escuchas? ¿No te das cuenta que sólo me preocupo por ti? ㅡcuestionó Bill ladeando su rostro enajenado, apretándole con más fuerza sobre las muñecas, haciendo que Tom tragara saliva.

ㅡSuéltame, me estás lastimando ㅡordenó Tom, buscando removerse pero era como si el menor tuviera una fuerza escondida por lo que seguía sin soltar la presión en sus muñecas, Tom se tensó más, en un momento de desesperación es que lo pateó en la entrepierna, haciendo que el de cabello negro se doblara sobre sí mismo, siseando por el dolor, cayendo de rodillas.

ㅡMami… ¿Por qué me golpeaste? ㅡpreguntó Bill, ahora sí tenía su voz, observándolo adolorido, y Tom se agachó, una parte suya tenía culpa, pero la otra sabía que William era una amenaza por lo que tuvo que hacer algo.

ㅡYo lo lamento, hijo, fue un accidente ㅡrespondió Tom, pasándole la mano por la espalda, estando un tanto acezado por todo el forcejeo previo.

Bill no comprendía, lucía muy confundido, y Tom sólo sabía que tenía llevarlo donde el terapeuta, ahora sí contarle toda la verdad, porque no sabía cómo proceder con esto, no podía estar golpeando a su hijo para alejarlo todo el tiempo, debía haber una solución, porque en sí no había sucedido nada extraño desde la medicación. ¿Qué es lo que habría pasado para que regresara esta personalidad? Aparte estaba el hecho de la fuerza desmedida, debía pedirle al médico que le explicara esto.

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Cuando fueron a la siguiente sesión, Tom pidiendo que fuera antes de la fecha, es que se quedó a solas con el doctor Köhn, mirándolo con nerviosismo, por más que ya hubieran pasado días desde el incidente, aún lo recordaba con nitidez, y era duro lo que tendría que hacer pero no podía callarlo más, por lo que le expuso la situación desde el inicio, que el motivo por el cual había llevado a Bill a terapia había sido precisamente ese, los comportamientos sexuales que tenía Bill con Tom, pero donde lo desconocía, y cómo había querido… ¿Besarlo? No lo sabía con exactitud, pero le comentó todo lo sucedido al terapeuta que puso una expresión de circunstancia.

ㅡTendremos que subirle la dosis entonces, señor Kaulitz ㅡmasculló el terapeuta con seriedad, anotando en su libretaㅡ. Sólo que por aquellos brotes de agresividad e impulsividad es que es un tanto peligroso, en estos casos lo mejor es un internamiento porque es un riesgo para usted y para sí mismo ㅡacotó el profesional.

ㅡ¡No, no internaré a mi hijo! ㅡsoltó Tom tajante, no podía hacerlo, Bill era su único hijo, su única familia, no podía hacerlo.

ㅡEntonces… Tenga cuidado, porque el golpearlo es contraproducente, si bien en esta ocasión hizo que Bill regresara, también puede hacer que Bill no lo haga. Sólo siga la corriente, no busque alterarlo que es peor, busque calmarlo o darle por su lado ㅡexplicó el doctor Köhn.

Tom tragó duramente la saliva, apretando sus puños pero asintió.

ㅡQue pase Bill, quisiera indagar más en ello, porque realmente aquella personalidad no se ha mostrado en ninguna de las consultas ㅡmusitó el profesional, pensando en cómo es que el adolescente no estaba reaccionando del todo bien a la medicación, aunque era así, el proceso bioquímico del cerebro para que se terminara de adaptar, era ensayo y error con cada mente.

Tom se levantó y luego pasó Bill.

Al terminar la consulta, Bill se acercó a su madre.

ㅡ¿Todo bien, hijo? ㅡinquirió Tom, porque sabía que Bill no podría decirle como tal lo que pasó, sólo que sí lo notaba un tanto más calmado y no como normalmente salía de las consultas.

ㅡSí, ma, todo bien ㅡrespondió Bill con una sonrisa.

Tom se sintió intrigado pero decidió no decir nada, en lo que coordinaba con la recepcionista para la siguiente sesión.

En el transcurso de regreso a casa Bill también se mantuvo en silencio, sin revisar su celular ni nada.

Tom ya se sentía un tanto paranoico al observar cómo es que se estaba comportando su hijo, pero no, sí era su hijo ahora, sólo su cabeza al estar sometido a tanto estrés hacía que quisiera verle tres pies al gato.

Debía subirle la dosis según las indicaciones del doctor, se encargaría de aquello a partir de mañana, porque esperaba no volver a ver a William, porque lo tensaba el significado de darle por su lado, ya que se había demostrado muy intenso y el pensamiento de que quisiera abusar sexualmente de él lo hacía sentir enfermo, porque evidentemente esa insinuación de que Tom lo usara como desfogue, ligado a lo que le había dicho de que lo admiraba, y los otros incidentes quería decir que ese alter quería acostarse con él, sin interesarle que físicamente fuera el cuerpo de su hijo Bill.

Tom sólo quería regresar a casa cuanto antes, y que de ser posible aquella situación terminara pronto.

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Tom siguió dándole los licuados en la mañana, con la dosis aumentada según las indicaciones del doctor, y todo siguió supuestamente normal, pero no.

William volvió a aparecer cuando estaban en la sala.

—Es bueno verte, Tom, realmente te extrañé, ¿ya estás más relajado? ¿Cómo te ha ido en el trabajo? —inquirió William, situándose a su costado en el sillón, pegándose a él pero sin tocarlo.

—Eh… Bien —respondió Tom, sintiéndose nervioso pero recordaba las palabras del doctor Köhn sobre seguirle la corriente.

—¿Pudiste conseguir que los inversionistas te den el sí para tu nuevo proyecto? Ya que estabas muy entusiasmado con ello —mencionó William, Tom se sorprendió que el alter hubiera notado cada detalle de sus actividades, incluyendo el que le diera emoción su nuevo proyecto.

—Lo conseguí, sí —contestó Tom.

—Lo bueno es que ya no tendrás que desesperarte con dar excusas a los inversionistas, ya que eso es lo que detestas más que nada, ¿cierto? El tener que dar explicaciones de cada cosa, ceñirte a lo que te digan. Siempre has tenido un espíritu libre, Tom, al punto de que por eso es que estás trabajando en tu propia empresa, sólo que necesitas a los inversionistas ya que una subvención es lo mantiene a flote todo. Pero… Es desgastante para ti el soportarlos —arguyó William y Tom sabía que lo que le decía el alter era cierto—. Aparte… Debe ser horrible tener que ceder con personas que evidentemente no están a tu mismo nivel intelectual, ¿no? Eso es lo que más te inquieta, y lo que principalmente te ha dado problemas, por eso es que los hombres con los cuales has salido, no han durado mucho, ¿o me equivoco? Ninguno te comprende, sólo te limitan, y hasta fetichizan, ¿cierto? —terminó por decir el de caballo azabache y Tom lo observó fijamente, sintiéndose totalmente expuesto frente al alter, porque era casi como si le hubiera leído la mente.

Pero Tom no había compartido aquello con su hijo, algunas cosas sí, sin embargo, no realmente todas sus inseguridades, ¿cómo es que este alter lo había leído con tanta facilidad? Tom debería sentir miedo, no obstante, sólo se sentía intrigado, porque ese nivel de análisis del comportamiento no lo tenía su hijo, y ciertamente ni siquiera había podido hablar de aquello con amistades, ya que si bien hacía una que otra con sus colegas, no era del todo sincero, porque sólo lo consideraban como presumido o insoportable. Habían temas que podía hablar con algunos, pero con otros no.

Su vida personal era muy limitada, por lo mismo es que le era complicado encontrar una pareja que lo comprendiera, o lo buscara para algo más que el morbo de metérsela a un hombre con vagina que no era un hombre transexual.

—El que calla otorga, Tom, no debes temer conmigo, podemos conversar sin problemas cuando estemos juntos —musitó William con una sonrisa torcida—. Yo no te juzgaré, jamás lo haría, puedes quejarte de lo que quieras conmigo, no es como que Billy lo sepa, ¿sabes? Él no se entera nada de lo que hagamos tú y yo —agregó el alter, Tom arqueó una ceja.

—¿Entonces mi hijo no es consciente de lo que hablamos pero tú sí tienes toda la información de lo que hablo con él? —inquirió Tom, sintiendo que esto definitivamente debería ser objeto de estudio, al menos su vena científica lo pensaba, porque en realidad no se atrevería a someter a su hijo a aquel escrutinio, él no era una rata de laboratorio totalmente prescindible, era su hijo, su todo.

—Exactamente —cedió William asintiendo.

Aquello tenía sentido para Tom porque Bill no recordaba lo que hizo su alter, y sólo se sentía confundido, incluso como la última vez donde lo pateó.

—¿Estás pensando si miento? No lo hago, de hecho recuerdo la patada que me diste, pero parte del dolor se lo di a Bill, pude leer tus movimientos, y por eso es que él se llevó la peor parte —acotó William, como leyéndole la mente nuevamente—. Así que espero en serio no quieras golpearme otra vez, porque no es algo que me guste, y puedo hacer que Bill nuevamente lo soporte en mi lugar —masculló con un tono neutral, aunque Tom pudo captar la amenaza en él, apretando los labios en una fina línea, cuando William le posó la mano cariñosamente sobre la rodilla—. Pero tranquilo, no te enojes, no tenemos que llegar a esos extremos, ¿cierto? —preguntó.

Tom lo sabía, que el terapeuta le había dicho que no debía hacerlo enojar, y ahora es que pesaban más aquellas palabras.

—¿Y siempre vendrás? —cuestionó Tom, buscando aligerar el momento.

—Claro, me gusta pasar tiempo contigo, como te dije antes, te admiro demasiado, Tom —arguyó William, apretándole la rodilla, y Tom le posó la mano encima, sin saber cómo quitarle la mano, parecía que estaba acariciándolo en vez de buscar rehuir de su contacto, haciendo que el adolescente observara aquel gesto—. Oh, ya me correspondes, Tom, no sabes lo mucho que me alegra ver que recepciones positivamente mis avances —agregó el adolescente acercando su rostro al de Tom, quien se quedó paralizado al observar tan de cerca el rostro de su hijo, peligrosamente cerca pero el menor levantó una mano para sacar algo de la parte superior de su mejilla—. Una pestaña —aclaró el adolescente, y Tom sentía que le volvía el alma al cuerpo—. Pero, ¿sí te han dicho que tienes pestañas hermosas? Tan alargadas y un tanto dormidas, Bill las tiene parecidas, y debe ser por ti, sólo que él se las riza, y tú no, sólo dejas que estén allí, dándote una visión como si tuvieras un tenue delineado natural —comentó el de cabello azabache, aún respirándole sobre el rostro al mayor.

—Eh, sí, es por mi madre, ella las tenía igual —respondió Tom, girando el rostro levemente para no estar tan cerca, porque el mayor sentía que el alter podría besarlo en cualquier momento, y así fuera “otra persona”, Tom seguía viendo a su hijo en él.

—Oh, tu madre, una lástima nunca haberla podido conocer, seguro sería un encanto, al menos cuando no te sacaba de quicio, ¿no? —interrogó William, y Tom arqueó una ceja, girándose, Bill era muy pequeño para tener memoria de sus abuelos, pero no recordaba haberse quejado con él sobre ellos, fuera de que sí, sentía mucho rencor, no se lo había mencionado nunca.

¿Acaso lo habría espiado? Aunque si lo vio masturbándose, el menor de los problemas hubiera sido que hubiera estado espiándolo para escuchar sus frustraciones que soltaba a veces borracho en soledad.

—Charlotte era todo menos un encanto —se sinceró Tom, miró hacia el frente, pensando en ella—. Es —se corrigió—, sigue viva, sólo que no quiero verla, probablemente sea mutuo —terminó por decir el castaño, porque tanto su padre como su madre habían sido sumamente rectos, ejerciendo el maltrato físico como el método para que Tom comprendiera que debía llegar a la excelencia, y en sí ese tema escabroso Tom no lo había hablado con nadie, más que consigo mismo al estar nublado por el alcohol, se sentía de algún modo liberador hablar de ellos en voz alta, en algo que al parecer su hijo no sería consciente, tomando en cuenta lo que le dijo William, y también lo que él mismo comprobó con lo que pasó antes con su alter y que Bill nunca se dio por enterado.

—¿Tampoco a tu padre, cierto? —cuestionó William y Tom lo vio.

—Sí, tampoco a él. En sí tanto Jörg como Charlotte eran lo mismo —masculló Tom, acariciándose el puente de la nariz, una parte suya, pese a ser un hombre de treinta y cinco años que tenía carrera, trabajo y dinero, aún deseaba tener la aprobación de sus padres, el cariño también, porque siempre sintió que debía luchar por tener su afecto, que si Tom daba todo, poniéndolos orgullosos ya que captó su atención desde que fue un niño que era más inteligente que el promedio, de algún modo al tener la atención de sus padres, así fuera para sobreexigirle, había sido lo que Tom entendía como conformarse con aquel afecto, por lo mismo es una parte suya los extrañaba.

Sin embargo, su lado racional entendía que sus padres fueron unas basuras que sólo lo explotaron por ser un genio, quedándose su dinero, y también tratándolo aún peor cuando Tom se embarazó, porque sí, no fue algo planeado, y él sabía que sólo se dejó llevar por Wilhelm porque le daba la atención que no recibió, pero sus padres debieron ser un soporte, y no, Tom siempre estuvo solo, y por proteger a Bill de ellos, y buscar también liberarse de aquella toxicidad es que se independizó y cortó toda relación con ellos, sólo que su lado emocional era el que todavía los extrañaba, ese niño herido que nunca los disfrutó del todo.

Ciertamente Tom era consciente de que podría haber ido al psicólogo para tratar estos asuntos sin resolver, sólo que lo consideraba innecesario, ya no interrumpía su vida ni le quitaba el sueño, su manera de manejarlo era bebiendo de vez en cuando, llorando y, al parecer, lamentándose en voz alta para que su hijo lo hubiera escuchado, o sólo William, no tenía la certeza.

—¿Y por qué no le hablaste a Bill de ellos? —preguntó William, y Tom se percataba cómo es que con este tema el alter no había intentado besarlo ni nada, por lo que seguía siendo un tema menos fangoso del cual hablar, así no fuera uno que la agradara tocar.

—No quise darle esa presión, la idea de algo qué extrañar o añorar. Tampoco hablar negativamente, sólo… No quería que él tuviera que lidiar con ello. Siempre he sido quien está para mi hijo, no sus abuelos, ni su padre ni nadie, me he encargado de hacerle ver qué no hace falta nadie más, por eso no fue necesario mencionárselos —comentó Tom, y William puso una expresión pensativa para luego reírse, como si le causara gracia lo que mencionó el mayor—. ¿Qué te dio risa?

—Sólo hiciste que Bill no tuviera a nadie más. Lo cual no juzgo, la verdad. Supongo que es más fácil así, ¿no? Porque el resto no puede ver ni aceptarlos por lo que son, Tom… Realmente has soportado mucha carga —musitó William, teniendo un poco confundido a Tom, porque el alter decía no juzgarlo pero también lo acusaba de que había hecho que Bill no tuviera a nadie más.

¿Acaso con ello decía que Tom tenía la culpa del problema de Bill?

—Hice lo mejor que pude como madre —musitó a la defensiva Tom, si no fuera por el diagnóstico diría que no hablaba William sino que Bill estaba reclamándole que fue una mala madre al no hacer que tuviera a alguien fuera de él, pero no, lo que sentía era culpa.

—Lo sé, hiciste lo que pudiste con lo que tuviste a mano. Nadie puede juzgar las decisiones que tomaste, Tom, por eso digo que tienes mucha carga hasta ahora —aclaró William—. El hecho de que suprimas tus emociones para no afectar a tu hijo, es algo digno de admirar. Aunque agotador… —siguió hablando y Tom se tensó porque no le gustaba que fuera tan acertado en cosas que ni él mismo se atrevía a decirlas en voz alta.

—¿Qué quieres lograr con esto? —inquirió Tom a la defensiva.

William rió. —No te enojes, Tom, sólo quiero que veas en mí alguien en quien confiar, porque te hace mucha falta hablar todo lo que callas, y ya te dije, te admiro mucho. Quiero que te dejes cuidar, así como lo haces con todos, en tu trabajo, como madre… ¿Y quién cuida de ti, Tom? Por años has tenido que encargarte solo… No tienes que hacerlo, Tom, ya no más.

Había algo en aquel tono que inquietaba demasiado a Tom, y más porque, antes de poderlo evitar, William le robó un beso, fue corto, un breve roce de labios, con el alter sonriéndole al separarse pero el mayor se quedó afectado porque si bien no correspondió ni nada, los labios que se apoyaron en los suyos eran los de su hijo, de algún modo era que quien lo había besado fue su hijo y no ese hombre extraño que habitaba en él.

Continúa…

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por Kasomicu

Escritora del Fandom

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