Notas: Gracias, hermosa Chikparole por siempre patrocinar mi arte. Y en esta historia navideña, Bill se llama Belsnickel, o Bels para los amigos.

«Weihnachtsnacht»

(One-Shot de Kasomicu)

Tom estaba tenso por el trabajo, ser uno de los chef con más estrellas Michelín era algo que le ponía mucho peso sobre sus hombros, porque sólo implicaba que les debía excelencia a sus comensales, exigiéndoles lo mejor a sus subordinados, y siendo así considerado como un chef del infierno, pero poco le interesaba a Tom, no era para débiles el que estuvieran en su cocina, si decidían renunciar, se lo perdían, otros estarían deseosos por ocupar su puesto.

Pero el ser el jefe le daba muchas responsabilidades, y claro que las cumpliría y lo haría, quejándose y todo como era su costumbre, sólo que la tensión buscaba un desfogue, y él ya sabía lo que debía hacer para relajarse… Una buena sesión donde sacaría sus frustraciones follándose a algún sumiso de turno, azotándolo, amarrándolo, y torturándolo hasta que sólo fuera una masa entre sus manos porque Tom amaba tener el control, el poder sobre otros, someterlos, para finalmente follárselos cuando no pudieran hacer más que rogar porque les diera con toda su fuerza, lloriqueando para que les dejara correrse.

Toda esa frustración Tom la manejaría de aquella manera, así que sacó su teléfono, buscando entre sus contactos a los que se follaba con regularidad, brillando el nombre de Andreas allí, sí, era su juguete más complaciente, así que le mandó un mensaje, diciéndole que quería verlo lo más pronto posible.

“Aww, Tom, encantado de salir pronto para verte, también te extraño mucho y necesito verte”, respondió Andreas en el mensaje, a lo que Tom frunció el ceño, ¿extrañarlo? A Tom le importaba una mierda todos esos sentimentalismos, Andreas sólo era una forma de canalizar sus ganas, una fuente de placer, Tom no buscaba una jodida relación ni nada parecido.

“No confundas las cosas, sólo quiero que tengamos una sesión, no te extraño ni necesito verte sólo me urge follar, de ser posible hoy”, escribió Tom.

“Claro, voy a cancelar todos mis planes de hoy sólo por un idiota egoísta. Ándate a la mierda, Tom Kaulitz”, fue el último mensaje que Tom recibió de Andreas, antes de que su foto de perfil saliera en el ícono gris señal inequívoca de que lo había bloqueado.

—¿Y ahora qué mosca le picó a este imbécil? —preguntó Tom con el ceño fruncido, pero cuando quiso hablarle a otro de sus sumisos le respondió que podría en Año Nuevo, no hoy, porque pasaría Nochebuena con su familia, antes de que dieran las doce para Navidad.

Navidad.

Claro, esa jodida fecha una vez por año, cómo la detestaba Tom más que a nada en el mundo, sólo que se le había pasado… Lo cual era una jodida burla porque ahí se suponía que cumpliría treinta y seis años, el tema es que en sí él mismo se había autoimpuesto el hacer una celebración de cumpleaños el 1 de septiembre, y no el 25 de diciembre, porque odiaba con todas sus jodidas fuerzas aquella fecha. Legalmente era su fecha de nacimiento aunque fuera una burda mentira.

La realidad del asunto es que a Tom lo habían abandonado en Navidad en el orfanato donde se crió, pero decidieron poner la fecha en su partida, y, ¿lo que era peor? Las monjas lo inscribieron como “Gabriel”, por el Arcángel Gabriel que anunció el nacimiento de Jesús, evidentemente apenas Tom fue mayor de edad se cambió de nombre por Tom, algo simple, y no relacionado a la jodida Navidad ni nacimiento de Jesús.

Quienes lo adoptaron fueron Charlotte y Jörg Kaulitz, por eso es que Tom tenía el apellido, y Jörg fue quien le instó a que fuera su sucesor como chef, y claro, respetó aquello, pero también superándolo, aunque la verdad es que los extrañaba, ya que desde la jubilación de sus padres habían viajado a otro país, y sólo los veía de vez en cuando.

Pero Navidad nunca había sido motivo de celebración para Tom, y sus padres también lo sabían, porque en todas las fotos de aquella fecha salía con cara de culo desde que tenía once años porque a esa edad lo adoptaron, aunque en las fotos grupales del orfanato también Tom tenía la misma expresión.

Sacó un cigarro, encendiéndolo para soltar las volutas de humo, jugando con su piercing en un movimiento ansioso, todavía tenía la tensión, y no había nadie con quién follar. Un prostíbulo no era lo suyo, no. Él era demasiado atractivo para pagar por sexo. Sólo que ahora se sumaba la rabia por las fechas a su situación.

Tom pensó que tocaría alcoholizarse hasta perder el sentido, teniendo que usar sus masturbadores masculinos de ser necesario, aunque en verdad él añoraba el contacto piel con piel, y el acto de destruir y volver una masa maleable a su amante de turno, un juguete no podía emular aquello, sólo se resumía a saciar su hambre en el meter y sacar su miembro de aquel recipiente, hasta correrse.

Botó humo para chasquear la lengua. Cómo odiaba aquella jodida situación.

&

Al llegar a casa es que Tom sacó la botella de whisky junto con un vaso, no llevó hielo ni nada, lo bebería seco, sentándose en el sillón de la sala, encendiendo la televisión para que tuviera algo en lo que distraerse mientras bebía.

Tom se sirvió el primer vaso, pero se lo tomó de golpe, apretando con más fuerza de la necesaria el vaso al fijarse que lo primero que apareció en la pantalla de su televisión fue Home alone, un jodido clásico navideño. Hizo una mohín mientras fruncía el entrecejo, odiando tanto cómo es que todo se enfocaba en aquel maldito día. Había estado lidiando con soportar esa basura desde antes de que terminara octubre, pero entre el trabajo y demás, se le había escapado precisamente que hoy era Nochebuena, y no, no iba a ver cómo olvidaban a su hijo en casa otra vez.

Antes de cambiar de canal, se sirvió dos vasos más… Al final decantándose por tomar directamente del pico de la botella mientras al cambiar de canal salía Billy Bob Thornton en Bad Santa, también hasta el culo de borracho mientras estaba disfrazado de Santa, lo cual le hizo reír a Tom, así odiara la fecha, siempre le había gustado aquel actor, que incluso se le hacía sexy vestido como Santa, ya que Tom tenía un gusto culposo, lo cual ya era decir porque Tom no era ningún mojigato, tenía un cuarto rojo donde sometía a sus sumisos, y un baúl de juguetes variopintos, era muy desinhibido en lo que a sexualidad se refiere, sino que lo “tabú”, era que si bien odiaba con todas sus fuerzas la Navidad, a veces sentía una mezcla de excitación al profanar aquellas fechas de algún modo, como fantaseando con tener sexo temático…

Por eso al ver al hombre mayor vestido de Santa, definitivamente a Tom no le importaría sentarse en el regazo del actor diciéndole que fue un chico malo para recibir azotes de aquel Santa, le prendía pensar que una figura ligada la Navidad lo someta, por lo mismo es que era un gusto culposo y oculto, ya que suponía que eran como sus traumas, sus chistes, sólo que en este caso: su trauma y sus fetiches. No quería hablar con alguien para pedirle tener sexo disfrazados por su odio desmedido por la Navidad, ni mencionarle que era virgen analmente y que sería su primera experiencia como pasivo, no.

Tom estaba bien con tener aquel secreto consigo que llevaría a la tumba, porque no es como si quisiera compartir su animadversión por la Navidad al punto de excitarle de lo mucho que lo odiaba, la terapia tampoco era una opción, Tom no estaba loco, aunque le dijeran amargado, obsesivo y demás apelativos por su forma de ser, él sabía que sólo era un perfeccionista, y el mejor en lo que hacía, así que el camino hacia la excelencia estaba cargado de detractores, claro que sí, aparte ningún genio poseía una personalidad calmada, y por eso es que no le interesaba lo que dijeran de él.

Regresó su vista hacia la pantalla, mientras empinaba la botella de whisky, sintiendo cómo el líquido ámbar iba bajando por su garganta, quemándola, pero agradándole aquel ardor y amargor… Observaba al actor y se relamió los labios, fantaseando con él mientras crecía un bulto en sus pantalones, Tom se palpó la erección por encima de la prenda, algo adormecido por el alcohol, pero su miembro muy despierto.

Faltaba una hora para que dieran las doce… Y Tom maldecía su suerte por no poder follar…

¿Tal vez debería masturbarse? Ir a su cuarto rojo, sacar sus masturbadores y correrse en cada uno, o quizá si seguía usando la película como inspiración, hasta usaría un dildo en él, porque en soledad sí había estado metiéndose cosas por detrás. ¿Sería prudente?

—Sal de pantalla y fóllame, Billy —le habló Tom al televisor para luego reír tontamente, era un estúpido porque estaba borracho y ya en este punto se le ocurría hablarle a un objeto inanimado.

Pero su risa se vio interrumpida cuando se apagaron todas las luces, ¿acaso había un jodido apagón a portas de Navidad? Tom empezaba a preguntarse qué clase de sal sería.

Sin embargo, antes de cuestionarse más, es que notó cómo un brillo iluminó la estancia… Pero ligado a un vapor del cual emergió… ¿Un ser? Sí, definitivamente no era humano, no podía serlo, no obstante, era hombre, uno con barba corta, cabellos largos rubios casi platinados, enmarcados por una corona de plata que le rodeaba la frente, con unas orejas puntiagudas como si fuera un elfo de los de Tolkien y no los de J. K. Rowling, y usando una vestimenta con la parte superior color verde, unos pantalones rojos y un cinturón dorado, con un saco también rojo con detalles en dorado y bordes blancos, junto con las botas… Todo en él gritaba “Navidad”, sin mencionar su belleza etérea, pero también una expresión seria, recriminatoria.

—Oh, vaya, Gabriel Kaulitz, ah no… Ahora Tom Kaulitz, cierto —habló aquel ser, luego de fijarse en un pergamino, como corroborando su nombre.

—¿Qué carajos haces aquí? Mierda, el alcohol ya se me subió —masculló Tom, parpadeando confundido.

El ser se rió, chasqueando los dedos, y las luces se volvieron a encender por completo, mientras se acercaba hacia Tom.

—Tú me invocaste, soy Belly, apodo por mi nombre Belsnickel, aunque igualmente ya iba a venir por ti, tantos años lo dejé pasar, Tom… Tu odio incesante por la Navidad, intenté simplemente creer que eras un niño pequeño resentido, negándome a castigarte desde infante, pero no, seguiste siéndolo, Tom. Seguiste manteniéndote en la lista de los niños traviesos por tu odio por la Navidad. Ahora arruinándosela al resto, no es dable, Tom, cómo tus trabajadores enojados por tu pésimo temperamento y que los hicieras trabajar en Nochebuena, y aparte, también perjudicando los sentimientos de tus amantes, poniéndolos tristes en esta fecha. No, Tom, la Navidad es momento de dar, recibir y amar… Así que ha llegado la hora de que te castigue por ser un niño malo todos estos años —arguyó Belsnickel en tono imperativo, y Tom se estremeció ante ello. ¿En serio su fantasía se volvería realidad? ¿En medio de una bruma alcohólica un “espíritu navideño” se lo cogería?

Porque sí, sabía que en el norte de Alemania existía el Belsnickel, que según el folclore era un ser andrajoso, un tipo de variante del Knecht Ruprecht, que también era como el Santa Alemán, pero, su mente estaba mostrándole un hombre sumamente guapo, que decía que lo castigaría y… Claro, ¿quién era Tom para negarle aquello a su mente borracha? Por lo que se relamió los labios. Agradecía su imaginación fértil para hacer aquel encuentro posible.

—Oh, claro versión de poco presupuesto del Santa Alemán, he sido un chico muy malo —cedió Tom, guiñándole un ojo con una sonrisa de medio lado.

—Vaya, estás muy dispuesto a recibir un castigo, me parece perfecto, Tom. Pero no soy Santa, aunque fíjate que no recibirás ningún juguete de su parte, ¿sabes? —inquirió Bels, haciendo aparecer su vara, con la que golpeó el piso, haciéndolo retumbar, y de pronto, tanto Bels como Tom aparecieron en su cuarto rojo.—Te niegas tanto a aceptar la Navidad, pero tienes un cuarto muy navideño, Tom, con bolas de colores, juguetes, y una luz rojiza —acotó el ser riéndose, mientras que Tom se sentía más despierto, preguntándose cómo eran aquellos efectos de su mente para hacerlo viajar de un sitio a otro.

—¿Y vas a seguir hablando o vas a castigarme, Belly? —preguntó Tom, con la impaciencia recorriéndole el sistema, y su erección latiendo ansiosa dentro de su ropa interior.

Bels se rió sonoramente, golpeando nuevamente la base de su vara en el piso, y unas sogas doradas aparecieron en las manos del ente.

—Primero, esto es un castigo, Tom, no se supone que uno deba disfrutarlo, segundo, no estás en la potestad de exigir, así que tú no mandas en este momento, niño malo —arguyó Bels, con la vara flotando mientras el ser tensaba la soga con fuerza, ante la visión excitada de Tom, y antes de que pudiera notarlo, el ente había hecho desaparecer su ropa, dejando por completo desnudo, con el rubio barriéndolo con la mirada, regodeándose ante aquel cuerpo decadente que tenía el chef, que sólo se cruzó de piernas sobre el taburete en el borde de la cama del cuarto rojo.

Tom estaba muy confiado de cómo lucía, era un hombre atractivo, y en su fantasía, los ojos color chocolate de aquel ser estaba demostrando lo mucho que se lo estaba comiendo con la mirada, y más cuando Bels se acercó, y Tom simplemente estiró los brazos, con las muñecas hacia arriba, asumiendo la posición para ser amarrado, aunque nunca lo hubiera hecho antes, no como él siendo el amarrado, porque la práctica de bondage sí era una de sus predilectas, pero iba a aprovechar al máximo su fantasía, donde en los confines de su mente, podría hacer realidad sus deseos más profundos.

Bels lo amarró con destreza, haciendo un buen nudo, tensándolo, e inmovilizando a Tom en sus brazos, con él sintiéndose entre inquieto, ansioso y excitado, porque siempre había estado del otro lado, y el no estar en control lo aturdía un poco, pero como era una figura navideña atractiva quien lo dominaría, no se negaba, era precisamente por quien quería ser sometido.

—¿Sabes rezar, Tom? —cuestionó Bels, y Tom lo miró interrogante.

—¿Qué si sé? Claro, estuve en un orfanato de monjas franciscanas —respondió Tom.

—Entonces ponte de rodillas y demuéstrame cómo lo haces —ordenó Bels, y Tom hizo caso, poniéndose en la posición de rezo pero frente a aquel ser, mirándolo porque quedaba a la altura de la entrepierna cubierta del elfo.

—¿Vas a bajarte el cierre y dejar que tus bendiciones me llenen la garganta o no? —se burló Tom.

—Oh, pero, sigues siendo un niño malo, Tom… —comentó Bels, volviendo a sujetar su vara, que golpeó en el suelo, y aparecieron dulces en el piso—. Come algunos dulces directamente del suelo  —instó el elfo, separándose de él, y Tom un tanto confundido, porque sabía que eso le daban a los niños buenos, no malos, pero se inclinó, con un poco de dificultad por estar inmovilizado de sus brazos, embocando uno de los caramelos en sus labios, chupándolos, quedando con el trasero al aire por la posición, y casi atorándose cuando sintió el impacto de la vara contra sus nalgas.

Así que por eso lo quería en aquella posición… Que de verdad no se quejaba, el dolor de llegó de sorpresa, pero le agradó, sin embargo, Bels no paró, volviendo a azotarlo con su vara, no obstante, aquella carne trémula siendo maltratada, escociéndole y dejándole cosquillas, estaba repercutiendo en todo su ser, enviando corrientes de placer, haciéndolo poner los ojos en blanco, y con su miembro palpitando rogando por ser estimulado.

—Un niño tan travieso que merece un castigo ejemplar, sí que sí, Tom… —masculló Bels, volviendo a golpearlo con la vara, observando cómo las nalgas de Tom estaban quedando rojizas, inflamándose más ante cada golpe, y el elfo sentía el placer ante aquella visión y forma en que temblaba el humano.

—Castígame que me he portado muy mal… —soltó con la voz apretada Tom, con los brazos amarrados hacia delante, habiendo mordido los caramelos por no poder chuparlos al estar tan abstraído en el dolor entremezclado con placer que sentía.

—Santa no te traerá juguetes pero… Yo no soy Santa, así que podré usar los juguetes que ya tienes como parte del castigo —masculló Bels, golpeando la base de la vara en el suelo, y con su magia haciendo que el baúl de los juguetes que Tom usaba en él apareciera frente al elfo, y Tom giró el rostro, mordiéndose el labio inferior cuando vio cómo Bels sujetaba sus vibradores, ¿en serio quería metérselos? Es decir… Sí, Tom disfrutaba con ellos, sólo que quería que el elfo navideño se lo follara, y que las vibraciones dentro suyo no fueran por un objeto recubierto en silicona médica, sino por la piel del miembro palpitante de aquel ser—. Interesante… Muy interesante —arguyó el rubio, sujetando el vibrador con forma fálica que tenía un huevo en la punta.

—Ooh… Ese… Se pone la cabeza y meten los huevos dentro, ¿pero no quisieras tú estar dentro de mí en lugar de ellos? —cuestionó Tom, intentando negociar, ya que no servía ponerse a darle órdenes cuando su fantasía estaba siendo muy estricta con quitarle el control a Tom.

—¿Eso quisieras, cierto? Pero es un castigo, Tom, ya te lo dije, y para eso necesito que sufras un poco más, ¿sabes? Hasta que aprendas la importancia del ser niño bueno, y también a amar la Navidad, hasta que sientas todo el amor por la fecha grabado en lo más profundo de tu ser —explicó Bels con voz solemne, como si le estuviera haciendo una promesa a Tom, y él se sentía entre conflictuado por su excitación y también la insistencia de su fantasía en que quisiera aquella fecha, lo único que quería era tener grabada la polla de aquel elfo en lo más profundo de su ser, no la Navidad, le importaba un carajo—. Ya veo… Huevos, inserción de ellos como para ser incubados… Para criar dentro suyo —habló más para sí mismo, en lo que metía más huevos dentro de la válvula y Tom sintió el tirón en su entrepierna al ver cómo metía cinco.

Tom no había intentado con tantos dentro, pero le excitaba pensar si aguantaría o no porque cada uno de los huevos medía 2.5 cm, porque esta fantasía estaba siendo muy realista con las sensaciones en su cuerpo, desde el placer, hasta el dolor que tenía adormeciendo sus glúteos por los golpes.

—Levanta más el trasero y deja de espiar —instruyó Bels, y Tom miró hacia adelante, adoptando la postura de perro boca abajo del yoga, pero sintió una mano del elfo en su espalda baja, presionándole en uno de sus hoyuelos de Venus, y la piel de Tom se erizó al sentir su pulgar en aquella zona, su mano fría sobre su piel caliente—. Quiébrate más —dictaminó el elfo, metiéndole más el pulgar en aquella hendidura, y Tom tragó duramente, mientras se arqueaba más, sintiéndose tan expuesto, sonrojándose aunque fuera un hombre de treinta y seis años porque seguro ya eran más de medianoche—. Bien —halagó el rubio, soltándole aquella zona para palmear su trasero, en un gesto que hizo que Tom se quebrara más ante su toque. No podía creer lo necesitado de pene que estaba en ese momento, que sus propios esfínteres anales se estaban contrayendo sólo ante la idea de que Bels se la metiera.

Bels podía sentir la excitación de Tom, y él también tenía la suya, porque esto definitivamente no era como se debía castigar a alguien, pero cuando oyó cómo pedía que se lo follara, aunque supiera perfectamente que era una pronunciación parecida de su nombre por un actor, es que decidió usarlo como excusa para manifestarse, para ir detrás de aquel niño travieso al que vio desde siempre, decidiendo no castigarlo porque para él era algo lamentable que lo hubieran dejado justo en Navidad, pero sí vigilando sus pasos siempre para cuidar que no le pasara nada malo, incluso aunque ya hacia muchos años había dejado de ser un niño tierno rubio, volviéndose un adolescente hermoso de rastas, luego un adulto precioso de trenzas africanas y cabello negro, otra vez volviendo a las rastas pero en negro sin dejar lucir bello y finalmente ahora el hombre maduro de su cabello castaño y barba, igualmente cautivador y sensual.

Sólo que ahora ya era tiempo de darle aquella lección correctiva que tanto necesitaba su niño malo.

Bels mantuvo el juguete con sus huevos flotando, para poder sujetar a manos llenas las nalgas de Tom, separándoselas antes de hundirse en medio, comenzando a hurgar  con su lengua en su trasero nunca antes tocado por otro ser, fuera de sus juguetes, saboreando su almizcle, mientras Tom se mordía el labio inferior, maldiciendo a todos sus ancestros porque nunca había sentido tanto placer por algo tan mundano como sentir una lengua presionando sobre su orificio…

Bels sorbía, apretándole las nalgas, masajeándoselas de las magulladuras previas, pero sin dejar de chuparlo, haciendo que Tom soltara exclamaciones ahogadas sobre el suelo, con las piernas temblando, entre tanto Bels metía ahora su lengua dentro de su canal, sin que Tom supiera cómo es que se sentía tan húmedo… Era como si la saliva de aquel elfo fuera mágica porque estaba consiguiendo lubricar su interior, y Tom seguía viendo brillos en fondo negro detrás de sus ojos, era demasiado para describirlo en palabras.

—Tan delicioso… Ya estás listo para recibir mis huevos —barbotó Bels, relamiéndose los labios al separarse, observando complacido cómo había hecho que Tom estuviera chorreando por su trasero, y sujetó el juguete que flotaba, ubicando aquella punta dentro del trasero de Tom, y agarrando la bomba de expulsión, activándola, entre tanto Tom jadeaba, sintiendo cómo es que el primer huevo ingresaba dentro suyo—. Tienes que estar muy desesperado… Ya que el espíritu navideño debe entrar dentro de ti, Tom… —acotó el elfo, bombeando nuevamente, y Tom boqueó al sentir cómo otro huevo entraba dentro suyo.

—Mierda… —gimió Tom, al sentir cómo es que el segundo huevo empujaba al primero, pero balanceándose dentro suyo, estimulando sus paredes, mientras su miembro daba botes, y sus testículos tirones.

Tom sabía lo intenso que era el tener huevos dentro, y que él mismo apretaba sus entrañas, haciendo que los huevos llegaran más profundo, incluso salivando por ello.

—Bien, puedes con más huevos, Tom —siguió hablando Bels, antes de bombear y meterle dos más, haciendo que hiciera la cabeza hacia atrás, aún sin poder mover sus brazos, sólo apretando sus dedos contra sus palmas, con todo el cuerpo temblándole entero cuando ya tenía cuatro huevos dentro, con su erección goteando preseminal en el suelo, y Tom sintiendo que iba a hablar latín, y fue mucho peor, cuando como refuerzo positivo, el elfo le golpeó el trasero, haciendo que apretara más su interior, haciendo que todos los huevos chocaran unos contra otros en su canal anal, sintiéndose tan mojado, ¿cómo es que la lengua de Bels había llegado tan profundo o no se explicaba cómo es que estaba tan lubricado si no habían usado lubricante?

Tom sólo sabía que quería más, pero al jodido elfo navideño y no sólo los huevos, porque estaba azuzando el fuego en su interior, principalmente cuando al incesante movimiento de los huevos se estimulaba su próstata también.

—Dame más… Necesito que me lo des, Bels… —pidió Tom con la voz arrastrada por el placer.

—Si es tu deseo… —mencionó Bels, antes de bombear un huevo más dentro suyo, y Tom sintió la presión de los huevos hasta en la garganta.

—¡Aah! —gimió Tom sonoramente, con las piernas temblando, y Bels sacó la boquilla del juguete, alejándolo con su magia para volver a tener las manos vacía, apretando sus nalgas nuevamente, juntándolas y separándolas, observando cómo se contraía el agujero apretado y lubricado de Tom, quien estaba con la saliva escurriendo y blanqueando los ojos por el placer que lo tenía tan aturdido que sentía que se iba a desmayar en cualquier momento.

—Déjalos que se muevan, preparándose para ser fecundados, para ser criados… —canturreó Bels, fascinado por cómo se sentían aquellos globos contra sus manos, relamiéndose los labios.

—¡Fóllame fuerte, Bels! —ordenó Tom, no pudiendo más, necesitaba que le quitaran los huevos que seguían arrastrándose en su interior, y que los reemplazara por su polla, lo necesitaba urgentemente.

Bels sonrió, subiendo sus manos hacia las caderas de Tom, su cintura y espalda trabajada… Con los músculos notándosele en aquel ángulo muy favorecedor.

—Voy a darte el regalo de cumpleaños y Navidad todo en uno, Tom… —prometió Bels, pasándole las uñas por la espalda, erizándole la piel, escuchándolo gemir, para volver sobre su cintura, espalda baja y nuevamente sobre sus nalgas, usando sus poderes para que su cinturón, pantalón y ropa interior se bajaran solos, con su erección orgullosa erguida y soltó una de sus nalgas para bajar su prepucio y guiarlo en dirección hacia la hendidura del humano.

—Pero los hue… ¡Ooh! —quiso refutar Tom el que le sacaran los huevos, pero Bels sólo se la metió entera, empujando los huevos dentro suyo, haciendo así que el humano se sintiera imposiblemente lleno mientras el elfo comenzaba a embestirlo.

Bels era grande, pero todo se acrecentaba con los cinco huevos, y Tom se preguntaba cómo es que tenía este talento natural para no haber tenido una preparación adecuada, suponía que era simplemente por ser un sueño húmedo que más parecía producto del consumo de hongos alucinógenos. Pero es que Tom estaba sumamente avasallado por las sensaciones en su cuerpo, cómo es que Bels se la metía dentro, arrastrándose, palpitando, pero también con los huevos, y volvía a salirse, pero los huevos iban detrás suyo, sin llegar a empujarlos fuera, y el elfo volvía a arremeter en su interior, consiguiendo que su próstata se estimulara, sin embargo, también toda su cavidad, latiendo alrededor de aquella dureza que lo llenaba tan bien…

Sólo que Tom quería correrse, y para eso necesitaba ser tocado.

—Déjame venirme… Tócame, Bels… Tócame —pidió Tom en un ruego con la voz apretada, mientras se quebraba más empujando su trasero contra la pelvis del elfo, haciendo que ambos se movieran al compás, tanto Bels para adelante, como Tom para atrás, buscando mantenerse unidos.

—Los niños malos no tienen derecho a venirse, Tom —masculló Bels con la voz gruesa por el placer que lo recorría al estar dentro de Tom, aferrándose a sus nalgas, incrustrándole las uñas, sin dejar de batir sus caderas para darle estocadas profundas.

Tom se mordisqueó con tanta fuerza el labio inferior que sintió el sabor de su sangre en su propia boca, porque sí, lo disfrutaba, mucho, más de lo que jamás pensó, pero también no podía correrse, lo mantenía al borde el que siguieran metiéndoselo tan dentro, con la próstata sobreestimulada, mientras sus piernas iban a caerse en cualquier instante, sabía que no aguantaría más, y Bels como adivinándolo, es que se detuvo.

—Bien… Necesitas que cambiemos la posición —barbotó Bels, haciendo que Tom se echara de espaldas en el piso, con las piernas abiertas, acezado, aún atado, y con los huevos dentro, es que el elfo se inclinó sobre él, pero para besarlo, haciendo que Tom correspondiera de inmediato.

Era extraño, porque normalmente Tom detestaba la posición de misionero, era tan personal, tan íntima, que no le gustaba, tampoco los besos en el sexo, pero… Con el elfo se sintió tan correcto, que siguió besándolo, en lo que Bels volvía a metérselo, embistiéndolo de nuevo, pero sin dejar de besarlo.

El tener el aliento contra el suyo pero, a la vez, a Bels presionándole sobre su glande, impidiéndole el que se viniera, lo frustraba pero gustaba a la vez.

Tom abrazó con sus piernas a Bels, quien seguía bombeando dentro suyo, con los huevos todavía mezclándose el preseminal del elfo, y la lubricación de Tom, hasta que finalmente el elfo sintió el tirón en sus testículos y se vino con fuerza dentro del humano, haciendo que Tom tuviera un batido de leche y huevos en su interior.

Bels se separó jadeante, mordiéndole el labio inferior, pero aún con el pulgar sobre su dureza, impidiéndole el venirse, mientras sentía el líquido cálido y espeso dentro suyo, y vio los ojos del elfo brillar, como si dentro de aquel chocolate estuviera la calidez de una chimenea llameando… Ardían juntos.

Bels se salió de su interior, atrayendo con su magia un plug con con joyería verde en la base para incrustárselo al humano, dejándolo con su semen y huevos dentro.

—Pero… ¿Y yo? Quiero venirme —se quejó Tom, frunciendo el ceño, con su miembro totalmente oscurecido por las ganas de correrse pero sin ser estimulado lo suficiente como para culminar.

Bels se carcajeó. —No comas ansías, niño malo… No soy Santa, pero se me antoja mucho seguir la tradición de comer leche y galletas —acotó el elfo, guiñándole un ojo, chasqueando los dedos, y haciendo aparecer una galleta en su mano, dejando confundido a Tom.

—¿Qué? —inquirió Tom, observando cómo es que realmente el elfo se ponía a comerse la galleta frente a él, hasta finalmente terminar.

—Ahora sigue la leche… —dijo Bels para bajar en dirección al miembro de Tom, quien boqueó cuando sintió la lengua del elfo pasarse por encima de su erección, hasta finalmente metérsela a la boca, comenzando a chuparla mientras que con su mano masajeaba los testículos de Tom, quien quería aferrarse a sus cabellos rubios, jalarle de aquellas orejas puntiagudas, pero sólo podía mecer sus caderas para embestir dentro de la calidez que le ofrecía los labios de perdición de aquel ser navideño.

Bels seguía chupándolo, relajando la garganta, mientras Tom empujaba su pelvis y el elfo jugaba con sus testículos, hasta que sintió el tirón contra su palma, aumentando la succión, el sello alrededor de su hombría, fascinado por cómo lucía aquel humano, sonrojado, sudando, con los músculos de su vientre apretados, aún teniendo los huevos y semen dentro junto con plug… Lo maravilloso que se había sentido estar dentro suyo, y la forma en que se vino dentro de su boca, dejándole su simiente caliente y el elfo se lo tragó todo, hasta la última gota, relamiendo sus labios al soltar el miembro flácido que había tenido que soportar la larga negación de su propio orgasmo, manteniéndolo en el borde tanto tiempo para correrse más intensamente que nunca.

Tom nunca había disfrutado tanto el tener sexo con alguien, ninguna de sus experiencias como dominante se asemejaban en aquel nivel inexplicable de placer que había tenido en aquel sueño húmedo.

Bels le quitó el plug, junto con los huevos, también desamarrándolo, y luego cargándolo hacia la cama, donde con un chasquido de los dedos lo limpió, mientras Tom quería cerrar los ojos, muy drenado luego de aquella sesión tan intensa.

—Feliz cumpleaños, Tom —susurró Bels, antes de que el humano se quedara dormido.

Cuando Tom despertó, pensando que todo fue un sueño, tenía un dolor sordo en el trasero, pero también un peso en su cintura, miró hacia abajo y notó que era la mano de alguien, se giró asustado y vio que era el elfo.

—¡¿Qué mierda?! ¡¿Eras real?! —preguntó Tom espantado, casi cayéndose de la cama.

—Pues sí, Tom, fui real todo el tiempo —expuso Bels con una ceja arqueada.

—Pero… Pero… No, lárgate, ¡pensé que sólo era una fantasía no que realmente estuviera pasando! —se quejó Tom, poniéndose de pie, totalmente encolerizado.

¿Qué mierda era esto? ¿Cómo que realmente cogió con un ser no humano? Y todavía se había quedado a dormir abrazándolo.

—No me hagas castigarte de nuevo, Tom —advirtió Bels sentándose en la cama.

—Mierda… —dijo Tom en voz alta, buscando su ropa para vestirse, ya que si ese elfo no quería irse y no era humano, realmente Tom no tenía control sobre él.

—¿A dónde vas, Tom? —cuestionó Bels, mientras Tom salía de la habitación roja.

—A desayunar —mencionó Tom, que no entendía por qué no tenía resaca, pero sí mucha hambre.

—Perfecto, cocina también para mí que también estoy hambriento —pidió Bels, siguiéndolo.

Tom acentuó más su ceño fruncido, en lo que llegaba a la cocina, lavándose antes de ponerse a preparar un desayuno para dos, la verdad es que sí le gustaba cocinar, por algo era chef, pero no le gustaba que aquel elfo estuviera exigiéndole como si fuera él un sirviente o algo así.

De todas formas cuando terminó de hacer todo, lo sirvió para ambos comer en la mesa, observando fascinado la manera en que el elfo comía con mucho gusto su comida, apretándosele el estómago al recordarlo comer su galleta antes de hacerle la mamada que lo drenó.

—Magnífico, sabía que eras el mejor, pero nunca me había deleitado con tu talento, al menos no con este —chanceó Bels, guiñándole un ojo, mientras Tom bebía un poco de café para no atorarse, aunque en realidad le encantaba que aquel elfo tuviera tanta hambre y valorara tanto su comida, con un gusto que rozaba lo obsceno.

—¿Por qué sigues aquí? Si se supone que eres un ser de Navidad, si bien estamos veinticinco, ¿no deberías volver al Polo Norte y ya? —inquirió Tom.

—Estoy esperando para llevarte conmigo al Polo Norte —respondió Bels con simpleza.

—¿Qué? ¿Por qué diablos harías eso? —preguntó Tom, confundido.

—No puedes quedarte más aquí, Tom. Tu regalo de Navidad era el deseo que tenías, de tener tu propia familia, criando a huevos en tu interior con tanto ímpetu, ya tienes dentro tuyo a mi progenie, el heredero del gran Belsnickel, mi Nikolaus —arguyó Bels, posando su mano en el vientre de Tom, quien empalideció de inmediato.

—¡¿QUÉ?! —gritó Tom sin podérselo creer.

—Al ver que añorabas tanto tener un bebé al poner huevos dentro tuyo, hice crecer un útero en tu interior, que permitió que lubricaras, y con mi semilla dentro, es que ya estás esperando a nuestro hijo —repitió Bels, acariciéndole el hombro cariñosamente.

Tom no pudo procesarlo más que se desvaneció en la silla.

—Oh, bueno, tocará cargarlo en dirección al Polo Norte —habló Bels para sí mismo, alzándose de hombros, pero terminando de comer, para ubicarlo sobre su espalda, tal cual saco de regalos, para regresar a su propio mundo, donde se estaba llevando al humano que fue su obsesión desde que lo vio por primera vez.

Aquel hombre tan gruñón iba a volverse su esposo, esperando que no le molestara pasar de ser un Kaulitz a un Klaus, pero es que Belsnickel en realidad estaba muy emocionado, porque no pensó que Tom iba a querer algo más, y le sorprendió un poco su hostilidad en la mañana, pero comprendía que estuviera con mal humor por las hormonas. Ahora estarían juntos para siempre, él al volverse un Klaus sería inmortal, y tendrían a su hijo que sería el próximo heredero al traje rojo, ya que su hermano no había podido tener hijos con la señora Klaus.

Belsnickel sólo sabía que este cuento apenas había empezado, y que serían muy felices juntos, aunque no planeó para nada que tuviera aquel fin, no, comienzo, porque en sí Bels sólo pensaba en tener una probada de Tom, de besarlo y hacerlo suyo, usando como excusa el castigo, pero Tom quería tener un bebé, y por supuesto que Bels iba a cumplírselo, sólo que como no era algo normal en su mundo, tocaba llevárselo al suyo, donde sí podrían estar bien… Sonriendo ante la idea, ya que desde el comienzo de los tiempos, Belsnickel había sido un solitario, lidiando con la tarea de premiar con dulces a niños buenos y castigar a los malos, siendo retratado en dibujos, cuentos o libros como un andrajoso o harapiento, cuando no era así, sólo porque era un tanto amargado, sí, sorprendentemente Bels también lo era, así como Tom.

Pero es que su vida había sido básicamente enfocarse en hacer el trabajo sucio de su hermano, sin embargo, con Tom podría tener su propio cuento de Navidad con final feliz.

F I N

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por Kasomicu

Escritora del Fandom

2 comentario en “Weihnachtsnacht”
    1. Muchas gracias por darle una oportunidad leyendo y comentando. Me alegra mucho saber que te gustó 😊, tengo muchos fanfics toll disponibles por si gustas leer

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