Nota de autor: Llevo con la espinita de escribir una historia donde Bill sea pepino desde una conversación que tuve con Namyukaulitz sobre un vídeo turbio llamado “el parto del pepino”. Sin embargo, sólo se quedó en broma hasta que conversando con Alejo, saqué el mismo chiste, y él me hizo referencia a Rick y Morty el capítulo donde Rick se convierte en pepinillo, así que está basado levemente en ese capítulo, lo cual es poético dado que hay mucho incesto en Rick y Morty. En fin, no esperen coherencia porque es algo MUY raro. Si les gustó no olviden comentar. Dedicado a Alejo.

One-Shot de Kasomicu

«Pepinillo Bill»

Tom se terminó de cepillar los dientes, sintiéndose fastidiado con ponerse el uniforme, lo detestaba. Lo único bueno es que no le habían pedido que se cortara las rastas o quitara el piercing, pero de todas formas era incómodo usar ropa de su talla, unos pantalones de sastre, una camisa, un saco y hasta corbata, se sentía tan asfixiado que quería morirse. Pero al menos sólo era su último año y luego se acabaría su suplicio.

Suspiró viendo su reflejo, tenía las rastas sujetas en una coleta, y le frustraba no poder usar su bandana o su gorra.

—Tomiii… —escuchó la voz de su gemelo.

El de rastas frunció el ceño, volteando en búsqueda del inadaptado de su gemelo.

—¿Dónde estás? —preguntó Tom, volteando a ver en todas direcciones.—¿Otra vez pusiste cámaras en el baño? Maldito pervertido —se quejó el rubio.

—No, Tomi… Ven —pidió Bill.

Escuchaba la voz de su gemelo, y recordó cuando se volvió pequeño del tamaño de un juguete, simplemente para verlo en su habitación oculto. Tener a un gemelo genio era una pesadilla, terminó la escuela desde infante básicamente, y cuando sus padres quisieron que igualmente fuera para que aprendiera a socializar los mandó al diablo, porque Bill manejaba a todos a su antojo, así que conseguía dinero, sí, desde los trece años, ¿cómo? No lo sabía, pero Simone y Jörg le dijeron que no seguirían financiando sus experimentos, y Bill se lo tomó como un reto.

Ahora lo que sabía es que aparte de lidiar con un cerebrito totalmente inadaptado, la escuela y tareas, también tenía que acompañar en algunos viajes espaciales que hacía su gemelo, ¿por qué? Porque Tom era el único que lo aguantaba, sí, muchas veces lo mandaba al diablo, sin embargo, el maldito era un manipulador y cuando le ofrecía sexo a cambio…

Sí, Tom cogía con su gemelo, a escondidas de sus padres evidentemente. Siempre fueron muy unidos, por más que Bill era por mucho una versión retorcida de Dexter.

Así que bueno… La verdad Tom no se quejaba de que Bill fuera un genio en la creatividad que tenía para el sexo, venían haciéndolo desde que tenían catorce años, cuando el menor se hizo pequeño para ver cómo Tom se masturbaba.

De ahí una cosa pasó a la otra y bueno, ya iban cuatro años juntos, entonces era detestable no poder pasar tiempo a Bill en la escuela, pero también lo era cuando lo sacaba de ella para cualquier maldita aventura en otras galaxias o universos. De hecho en uno eran mujeres, y en otro eran parte de una banda llamada Tokio Hotel.

Así que realmente no le sorprendería que nuevamente se hubiera vuelto del tamaño de una Polly pocket, pero no, al abrir los cajones del lavadero no había nada.

—¿Dónde estás? —repitió la pregunta Tom.

—En el garaje, Tomi… —habló Bill nuevamente.

Tom puso los ojos en blanco, debió imaginarlo. Ahí estaba su laboratorio subterráneo. Sólo que no entendía cómo su voz llegaba hasta allí. Entró a la cochera, y no lo vio.

—Abre el laboratorio —pidió Tom, impacientándose. Tendría que ir a la escuela en menos de veinte minutos así que no podía seguir con los juegos de su gemelo.

—No, Tomi. En la mesa —masculló Bill.

Tom frunció el ceño y se acercó a la mesa, fijándose que había un pepinillo con… ¿Pelo? Una melena muy parecida a la que usaba su gemelo.

—¿Le pusiste peluca a un pepinillo? —inquirió Tom, sin entender a su hermano.

—Voltea el pepinillo, Tomi…

Tom lo giró y casi se cae de espaldas, cuando notó que el pepinillo no tenía una peluca, la verdura tenía los ojos maquillados de su hermano, nariz, boca y la melena de león era porque su gemelo se había vuelto un pepinillo.

—¡Me convertí en un pepinillo, Tomi! ¡Boom! ¡Pepinillo Bill!—habló la verdura, y el de rastas se sentía tan extrañado por estar viendo cómo el pepinillo hablaba, tenía realmente una abertura que fungía como boca.—¿Qué opinas sobre esto?

—Que enloqueciste —respondió Tom, cruzándose de brazos.

—¿No te das cuenta lo genial que es esto? ¡Soy un pepinillo! —soltó efusivo Bill, que si tuviera piernas y brazos estaría saltando para demostrar su felicidad.

—¿Y? —cuestionó Tom, no entendiendo lo emocionante de esto.

—¿Cómo que “¿y?”? Me convertí en un pepinillo, y el 11 de septiembre fue un trabajo interno —soltó Bill sin humor.

—¿Lo fue? —inquirió Tom, ya que realmente siempre le gustaban las teorías de conspiración, mirándolo con fijeza.

—¿A quién le importa, Tom? El terrorismo sucede todos los días, pero aquí hay algo que no ha pasado nunca antes. ¡Me volví un pepinillo! —exclamó Bill.

Tom puso los ojos en blanco. —Te burlas de mí… Pero, ¿qué? ¿Entonces ahora te vuelves normal como por acto de magia? ¿Te saldrán brazos o piernas? ¿Cuál es el chiste de esto?

—¿Magia? Eso déjaselos a los que se maquillan y visten como payasos. Soy un científico, Tom. Y no, no me saldrán brazos o piernas. Soy un pepinillo y ya —soltó Bill.

—Bill, tú te maquillas…. Pero, ¿entonces esperamos que te pudras o qué? ¿Cómo volverás a la normalidad? —cuestionó Tom, pensando que en serio su gemelo era un demente.

—No lo sé, Tom. Simplemente estoy disfrutando con ser un pepinillo —dijo Bill, con una sonrisa.

Tom se alarmó. —Bill, tengo que ir a la escuela, pero me aturde que digas que no sabes lo que pasará después, ¿acaso no vas a volver a la normalidad?

—No vayas a la escuela, puede ser la última vez que me veas, antes de que alguien me vuelva ensalada —musitó dramático Bill.

—¿Es en serio? ¿No puedes volver a la normalidad? ¡Bill! ¿Qué carajos? —interrogó Tom, frunciendo el ceño pero sintiéndose preocupado.

—Sí, Tom… No consideré la posibilidad —masculló Bill.

Tom sintió un nudo en la garganta, con la ansiedad carcomiéndole por esa declaración, su gemelo, su otra mitad, su amante, su novio, su todo, ese maldito imbécil había sido descuidado por primera vez en su vida, no, mentía, había sido imprudente muchas veces, que lo veía actuar en estado maníaco, y ahora… Precisamente ahora decidió hacer esta ridiculez que iba a hacer que termine muriendo de la forma más estúpida posible.

Apenas el de rastas comenzó a llorar de rabia, impotencia y dando por perdido el día de clases es que Bill comenzó a reírse.

—¿Por qué te ríes, imbécil? —se quejó Tom, si estuviera en su forma humana lo habría golpeado.

—Que era una jodida broma, Tom. No soy tan estúpido como para dejarme morir en forma de un pepinillo —farfulló Bill, como si fuera lo más obvio del mundo—. Me ofende que me creas tan imbécil.

—Eres un idiota, Bill. Por más que seas el más inteligencia de todos los universos, eres un idiota —sentenció Tom.

—Ay, por favor, si mira hasta te pusiste a llorar… No seas tan marica, Tom. Era una broma —masculló Bill.

—Ya me voy a clases —musitó Tom, girándose para dejar la cochera.

—Tom… Vamos, aún podemos divertirnos así —ofreció Bill.

Tom se volteó, mirándolo con el ceño fruncido.

—¿Divertirnos? ¿Te estás escuchando? Eres un pepinillo, Bill —soltó Tom, totalmente indignado—. Y por si no fuera suficiente, eres un imbécil, así que estoy enojado contigo ahora por si quieres volver a ser humano.

Bill rió. —Sabes que incluso odiándome quieres que te coja, el sexo con odio es algo que hemos hecho más de una vez, porque me amas, pero también me odias, más que hacerte el amor te hago el odio —chanceó el moreno.

—Tengo que ir a clases —repitió Tom.

—Sí, sí, sigues diciéndolo, pero también no te vas, ¿por qué será eso? Porque genuinamente notas que hay una manera … ¿Verdad? —cuestionó Bill, con su sonrisa socarrona.

Tom se sonrojó. —Eres un jodido enfermo.

—¿Por qué, Tomi? ¿Por qué me cojo a mi gemelo? ¿Por qué me gusta metérsela mientras le tapo la boca y nuestra madre está tocando la puerta insistentemente para que saques tu ropa sucia? ¿O por qué lo hemos hecho en una nave espacial contigo contra la ventana, permitiendo que el universo entero vea cómo entro en ti? ¿O por qué nos casamos en otro planeta donde el incesto es legal incluso siendo menores de edad? ¿Por qué de todos estos motivos soy un jodido enfermo, Tomi? —preguntó Bill con una sonrisa jactanciosa.

El sonrojo del de rastas se acentuó. —Porque eres un imbécil que se convirtió en pepinillo para que me lo meta por detrás —respondió avergonzado.

Bill rió con más ganas. —Touché —cedió el moreno—. Pero es que… Es excitante, Tomi, entrar en ti de esa manera… Me prende demasiado, si tuviera pene en esta forma lo tendría sumamente erecto por pensar en invadir tus entrañas.

Tom sintió cómo se le secaba la garganta por esa forma tan sucia en la cual hablaba Bill y, para qué negarlo, realmente no mentía, él mismo estaba haciendo tiempo para no ir a la escuela y quedarse junto a su gemelo… Sólo que el pensar en meterse un pepinillo era tan extraño, digo, era Bill, sí, y la forma de la verdura era fálica, sólo que de todas formas se sentía tan mal.

—Ven, agárrame y úsame, Tomi… Sé que quieres hacerlo, yo me muero por meterme en tu culito, que me comas entero mientras manipulas mi cabeza. Déjame sentir tu estrechez, Tomi —farfulló Bill.

—¿Y si la próxima vez hablas conmigo antes de meterte en estas situaciones? —inquirió Tom, sin tocar a su gemelo.

—Oh, vamos, le quitas lo divertido al asunto. Así no lo admitas, te gustan mis locas ideas, así que llévame contigo a hacer travesuras, ¿qué dices? —cuestionó Bill, y Tom se odió a sí mismo por darle todo ese poder sobre él a su gemelo, que ni siquiera teniéndolo como una verdura dejaba de controlarlo.

Tom se maldijo a sí mismo y lo tomó, llevándoselo al baño.

—Primero te lavaré, porque ni pienses que entrarás todo sucio de tu mesa de la cochera —avisó Tom, mojando al pepinillo, sin cubrirle el rostro con el chorro del agua.

—Oh, sí, Tomi, tócame… Sí… Qué rico cómo me manejas la cáscara… —molestó Bill, comenzando a gemir mientras Tom lo aseaba, haciendo que el de rastas se sintiera completamente avergonzado.

—Ay, cállate, Bill —se quejó Tom, aunque en realidad sí disfrutaba de los gemidos del moreno, por más que fueran fingidos, podía sentir cómo se endurecía simplemente por escucharlo.

—Bien que te encanta que sea así de desvergonzado, Tomi —refutó Bill, cuando el rubio terminó de lavarlo, secándolo con su toalla y luego dirigiéndose a su habitación, de donde sacó el tubo de lubricante—. Oh, sí, la mejor parte, ver cómo te vas a preparar para recibirme… Porque lastimosamente en esta forma no puedo hacerlo, Tomi. Así que quítate la ropa, ábrete de piernas y métete los dedos pensando en mí.

Tom se aflojó la corbata, para sacársela, luego se quitó el saco, la camisa, finalmente los pantalones y bóxers, mostrando su orgullosa erección. El rubio se echó y abrió de piernas, había acomodado a Bill sobre una almohada, por lo que tenía perfecta visión para ese momento.

—Oh, sí… Tomi estás tan delicioso como siempre —halagó Bill.

Tom se sonrojó, pero se mordió el labio inferior, mientras comenzaba a pasarse las manos por su cuerpo, empezando por su cuello, para luego bajarla por sus pezones erectos, jugando con ellos un rato, y después por su vientre…

—Sí… Sí, imagínate que estoy besándote todo el cuerpo, mi Tomi —habló Bill observando cómo Tom masajeaba su erección, sólo un poco, como para que creciera aún más, y luego se soltó, echando lubricante en sus dedos—. Separa esos cachetes… Sí… Así… —dijo, viendo cómo el interior de su gemelo se tragaba sus dígitos, se relamió la boca de pepino, observando cómo se perdían esos dedos, y viendo a Tom morderse el labio inferior, cerrando los ojos en un rictus de concentración.

Tom iba preparándose, no es algo que normalmente hacía, porque Bill siempre le gustaba hacerlo, sin embargo, de todas formas sabía cómo porque había momentos donde no tenían intimidad, y finalmente Tom ardía en deseo, donde si no se estimulaba la próstata al momento de jalarse el miembro no podía correrse.

Así que ahí estaba, abierto de piernas, brindándole un espectáculo a su gemelo en versión pepinillo, mientras abría sus dedos en movimientos de tijera, y se estremecía cuando tocaba su próstata, sintiendo cómo su interior de apretaba por el espasmo, era algo excitante. “Jodido Bill, todo enfermo”, se quejó Tom en su mente, aunque secretamente lo amaba por eso, ya que Bill al ser más inteligente y nulo con las habilidades sociales, pues vivía sin inhibiciones, atreviéndose a hacer más cosas de lo que se atrevería cualquier persona, así que en esos años que habían estado juntos como pareja podía decir que había tenido más acción que incluso matrimonios con años de casados, aunque sí, técnicamente estaban casados, por un alien vestido de Elvis, pero… Eso no importaba ahora mismo.

Tom aumentó un dedo más, arquéandose contra su mano, soltando un sonoro gemido al hacerlo, y Bill estaba mudo mirando todo desde su posición. Metía y sacaba sus dedos, sintiendo cómo su miembro daba un respingo por la excitación.

—Ya estás listo —dijo Bill luego de un rato, con la voz grave, incluso en ese cuerpo de verdura se notaba que estaba excitado.

—Sí… —coincidió Tom, sacando los dedos de su interior. y sujetando a su gemelo por su cabeza con peluca—. Bueno… Necesitas un poco de lubricante —avisó, embadurnando el cuerpo del pepinillo con lubricante, para luego dirigirlo hacia su entrada.

—Oh sí… Cómeme con tu culito… —farfulló Bill.

Tom comenzó a insertarlo, boqueando al darse cuenta que no era como sentir a Bill, ya que su gemelo era más bien con una forma distinta, la cabeza ancha y el cuerpo grueso, pero más delgado que la cabeza, sin embargo, Bill en su versión pepino era sólo algo grueso y liso, sin venas que palpitaban y sin el calor de su versión humana, sin embargo, al saber que era Bill quien iba a entrar, trató de relajarse.

El de rastas boqueó cuando comenzó a meterse en su interior.

—Oh… Tan caliente y apretado como siempre, mi Tomi —halagó Bill, sintiéndose fascinando al sentir cómo se metía por completo dentro de su hermano, el cual giraba un poco su cuerpo de pepinillo para dar con su próstata.

Mientras Tom se sentía conflictuado, porque sí, le gustaba, y eso se sentía mal, jamás pensó en meterse una verdura por atrás. “Pero es Bill…”, se recordó a sí mismo, sacándolo y volviéndolo a meter.

—Sí… Sí, con la otra mano tócate la polla, mientras te la meto —ordenó Bill, y el rubio obedeció, tocándose el glande, y luego a lo largo de su erección, mientras que torcía la muñeca para seguir introduciéndose a su gemelo en forma de verdura.

Era una situación por demás extraña, pero así era Bill, así que a Tom sólo le quedaba disfrutarlo, poniendo los ojos en blanco mientras sentía cómo se metía a sí mismo el pepinillo, que le hacía apretar las entrañas, y tocarse la próstata a cada arremetida.

—Más rápido, más rápido… —exigió Bill, sintiéndose totalmente excitado, aunque disfrutaría más teniendo un cuerpo humano, no podía negar que la sensación de estar dentro de Tom era algo que nadie podría quitárselo, era sumamente placentero percibir toda la calidez de su gemelo, cómo apretaba su canal, y cómo parecía chupárselo con su ano, era jodidamente delicioso, lo recordaría mientras se lo haría con su cuerpo humano, la sensación asfixiante de estar alojado en las entrañas de tu amante, en un sentido literal.

Tom aumentó el ritmo, metiéndoselo más profundo, pensando cómo es que su cuerpo aguantaba tanto… Estaba sumamente sensible, su miembro estaba bañado en preseminal. ¿Qué tan surreal era esta situación? Esperaba que jamás nadie lo supiera, que se masturbó con un pepinillo, que era su gemelo, y… En fin, trató de callar las voces racionales en su cabeza, mientras movía las caderas, empujándolas contra el pepinillo.

—Sí… —jadeó Tomi, metiéndose el pepinillo más dentro, hasta que cubrió la boca de Bill, el cual pasó su pequeña lengua por sus entrañas, haciendo que el rubio se arqueara más por esas leves caricias.

Tom metía y sacaba a Bill pepinillo, hasta que finalmente su próstata estaba tan estimulada que terminó soltando chorros blancos en su vientre, apretando tanto su interior en ese instante… Para luego sacar a Bill, y dejarle un beso en su boca de pepinillo.

Bill rió. —Estuviste fantástico, ¿me pasas un cigarro? —molestó.

—¿Y ahora cómo vuelves a la normalidad? —cuestionó Tom.

—Busca en el cajón una jeringa —respondió Bill.

Tom abrió el cajón y se fijó que, en efecto, había una jeringa allí.

—Ahora pónmela —ordenó Bill.

Tom le inyectó el líquido al pepino e inmediatamente Bill estaba encima suyo, completamente desnudo, con su maquillaje desaliñado y el cabello también por todos lados, pero con una imborrable sonrisa. Al bajar la mirada se dio cuenta que tenía una erección muy grande.

—Bueno, ¿listo para una segunda ronda? —preguntó Bill con una sonrisa ladina, bajando el rostro para besar a Tom, metiéndole la lengua, mientras le acariciaba las mejillas, pasándole la lengua por el paladar, haciendo que Tom se estremeciera contra el beso, gimiendo.

—Los besos son algo que un pepinillo no puede darme —soltó Tom cuando se separaron, Bill le mordió el labio inferior.

—Bueno, sí… Pero, ¿seguimos? —cuestionó Bill, besándole la quijada y luego mordiéndole el cuello, haciendo que se le erizara la piel.

—Está bien —dijo Tom, para luego gemir, sintiendo cómo Bill le chupaba la zona erógena.

—Te la meteré tan dentro, Tomi… Recordando lo que sintió estar sumergido en ti… Como un pepinillo… Y ya no podrás ni comer uno, porque simplemente pensarás en mí y cómo estuve tan profundo… Oh, sí, Tomi… —jadeó Bill, siguiendo el recorrido de besos en todo su cuerpo, consiguiendo que Tom se sonrojase por el deseo, y por sentirse así de amado por su gemelo, con la erección volviendo a crecerle.

Tom se mordió el dedo, mientras veía cómo Bill se situaba entre sus piernas, y echaba una cuantiosa cantidad de lubricante en su verga.

—Ya de prepararte ni hablamos —musitó Bill, metiéndole los dedos y sintiéndolo tan dilatado por haberse masturbado antes con su forma de pepinillo.

—Sólo házmelo —farfulló Tom, con los ojos oscurecidos por el placer, sí, había disfrutado de Bill en su forma pepinillo, pero ansiaba sentir el calor de su miembro, la tersura de su piel sensible, el cómo latía cuando estaba dentro suyo, o los espasmos que le recorrían cuando tensaba los testículos a punto de correrse. Claro que ansiaba eso.

Bill sonrió antes de hundirse de golpe en Tom, el cual puso sus piernas detrás del moreno, acercándolo más hacia él. Una de sus posiciones favoritas era esa, la del misionero, donde Bill lo miraba, y el moreno se acercó a él, mordiéndole el lóbulo de la oreja, y dejándole una lamida encima, mientras comenzaba a salir y volver a entrar, disfrutando del interior de su gemelo, y aún fascinado por los recuerdos de cuando estuvo literalmente dentro suyo.

Bill sujetó su miembro entre sus cuerpos, mientras movía las caderas de forma sinuosa, con cadencia, lentamente, sólo para torturar a Tom, y a sí mismo, haciendo que fuera consciente de cada centímetro, cada tramo de su polla en su interior, y Tom jaló de los cabellos a Bill, para que lo besara, succionando la lengua del menor, mientras éste seguía moviéndose dentro suyo, sin dejar de masturbarlo en ese apretado espacio entre sus vientres.

Tom jadeaba durante el beso, sumamente excitado y sensible, sintiendo cómo es que Bill le estaba estimulando la próstata con su miembro, el cual era ligeramente curvo, y mordió el labio inferior de Bill, el cual se rió sin dejar de mover las caderas, dándole estocadas que hacían que sintiera que iría a morirse en ese instante.

Bill le mordió el cuello, aumentando la velocidad de las embestidas, mientras Tom sentía cómo se formaban estrellas y galaxias sobre él, en un mundo donde sólo estaban Bill y él, donde el placer era una característica de cada miembro de ese mundo, y donde sólo vivirían a través de orgasmos…

Tom empujó sus caderas, sintiendo cómo la pelvis del moreno besaba sus nalgas, y gimió al sentir cómo la lengua con piercing de Bill lamía sus labios…

Bill le mordió el labio inferior, justo en la zona del piercing, para embestir un par de veces más, hasta que finalmente se corrió en su interior, jalando tan fuerte el miembro de Tom que también se vino entre ambos.

El moreno se salió con cuidado del interior de su gemelo y se echó a su costado, abrazándolo y dejándole un beso perezoso en el cuello.

—¿Me odias? —inquirió Bill.

—Sí, pero también te amo —respondió Tom.

—Yo también te amo, Tomi. En todos los universos —susurró Bill, haciéndolo sonreír, porque era cierto, no en todos los universos eran gemelos, no en todos eran amantes, pero en todos sin excepciones, se amaban mucho.

F I N

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por Kasomicu

Escritora del Fandom

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