Nota de autora: Hola, esta continuación a «La mujer perfecta» se me ocurrió, no le busquen sentido, es meramente humor, referencias a chistes, y una excusa para porno.

One-Shot de Kasomicu

«Noche de entierro»

Georg miraba cómo comía el moreno, dándose cuenta que lo hacía lentamente, y por momentos le sonreía a Tom, el cual parecía una criatura, porque se metía la cuchara vacía, chupándola en vez de comer mientras veía a Bill.

—Tom, qué desagradable. ¿Tienes cinco años o qué? Deja de jugar y come —regañó Georg, su primo volteó a mirarlo sonrojado.

—Ah, sí —dijo Tom, comiendo un poco de su comida, con una sonrisa en los labios mirando cómplice a Bill.

—Y tú, Bill, digo, agradezco que compres comida para traer aquí… Pero, ¿no te quieren en tu casa o por qué te la pasas casi todo el tiempo aquí? Vas a clases, trabajas y luego regresas aquí, ya pareces un roomie más —comentó Georg.

Bill arqueó una ceja. —Georg, ¿sí sabes que soy huérfano y vivo solo, verdad?

El castaño fue el que se sonrojó ahora, lo había olvidado.

—Ah, lo siento —masculló Georg, volviendo a comer—. Sino que sí me parece curioso que ahora pases más tiempo con nosotros, cuando si bien éramos compañeros de universidad, no éramos los mejores amigos…

—Ah, sí, es que me siento más unido a ti, ¿sabes? Como a un familiar —comentó Bill, mirando a Tom, quien se sonrojaba y mordía el labio inferior.

Georg se lamentó, pensando que Bill debía sentirse así por no tener familia. Se levantó y se acercó al muchacho, abrazándolo contra su pecho, mientras que el moreno con barba se sentía incómodo pero no se atrevía a alejar al castaño.

—No te preocupes, Bill, seré como un hermano para ti —le aseguró Georg, apretando el rostro del moreno contra su pecho, pensando que era tan triste ser huérfano.

Tom se quería reír por la escena.

—Más bien como un primo —corrigió Tom.

Georg soltó a Bill. —Bueno, tú eres mi primo, pero eres como un hermano… Tal vez sí, como un primo —coincidió el castaño, volviendo a sentarse—. ¿Y ya estás saliendo con alguien, Bill?

Los ojos del moreno brillaron y miró de reojo a Tom.

—Sí, estoy saliendo con alguien —respondió Bill.

Tom empalideció al oír eso, mirando con temor a Bill.

—¿Cómo se llama tu novia? Creo que sí te he visto revisando el celular a cada rato en las clases —comentó Georg, sonriéndole con picardía—. ¿Tiene un buen culo?

—Uy, no te imaginas lo bueno que es —soltó Bill, relamiéndose los labios.

—¿Y cuál es su nombre? ¿No tendrá una amiga? —molestó Georg.

—Eh, sí, su nombre es Tamie —masculló Bill, mirando al castaño.

—Vaya, ¿como mi prima? Ah… Sí, verdad, lo que me dijiste que te dijo que era mi prima —rió Georg—. La verdad ni idea de quién sea. ¿No estará un poco loca?

—No hables así de mi princesa, por favor, Georg. Simplemente que ella es así… Un poco mentirosilla —justificó Bill, mirando de reojo a Tom.

—Oh, bueno. Lo siento, realmente no quería ofender a tu… ¿Novia? —cuestionó Georg, ajeno totalmente al intercambio de miradas que tenía su primo con Bill.

—Sí, es mi novia, mi princesa, mi hermosa mujercita —soltó Bill con retintín, y una sonrisa que lucía que no mentía, realmente estaba enamorado de su novia… Y Georg suspiró, deseando encontrar una chica por la cual sintiera esa devoción que tenía su amigo por su pareja.

—¿La amas? —inquirió Georg, sintiéndose un poco nostálgico al pensar que su relación más larga había sido de un año, y todo el tiempo su ex le fue infiel… Donde todos lo sabían, y él fue el último en enterarse, siempre le habían dicho que era algo distraído, aunque evidentemente no sabía que también le pasaría factura en sus relaciones.

—Sí, si bien no llevamos mucho tiempo juntos, estos meses realmente han sido maravillosos, y sé que la haré mi esposa algún día —dictaminó Bill con determinación.

—Ah, mira, es chistoso… Tom también vino aquí hace unos meses —comentó Georg y luego dejó de reír, poniendo expresión seria—. Tom, no creas que no me doy cuenta.

Tom casi se atora. —¿De qué?

—¡De que te la pasas con Bill! Incluso los veo más unidos que yo, lo cual es tan raro, teniendo en cuenta que no están en la misma carrera, y bueno, yo conocí primero a Bill —farfulló Georg.

—Ah… ¿Sí? —interrogó Tom, riéndose con nerviosismo, sintiendo cómo su cuerpo se tensaba, mientras Bill le apretaba la mano por debajo de la mesa.

—Está bien, Georg, sí…

—No, Bill. No me interrumpas en lo que regaño a mi primo —cortó Georg, y luego miró al de trenzas—. Entonces es obvio que estando tanto tiempo juntos hasta debes conocer a su novia, y ni así le pides que te presente una amiga, o algo, es decir, ¿te la vas a pasar soltero todo el tiempo? Porque tía Charlotte me dijo que necesitabas tener una novia y que por eso te había mandado a la capital. Creo que eres muy tímido con las mujeres —razonó el castaño, para luego suspirar.

Bill y Tom sintieron cómo el alma les volvía al cuerpo.

—Ah, sí… Soy un poco tímido —coincidió Tom.

Bill tuvo que morderse el labio para no reír.

—Es que, Tom. No hay nada de qué avergonzarse, yo sé lo duro que debe ser pasar por eso. Es decir, no me ha pasado, no soy virgen como tú, pero… No te sientas mal, ¿entiendes? No eres menos hombre por ser virgen a tu edad. ¿No lo crees, Bill? Seguro conocerás a alguien que te valore y piense que es tierno que no tengas experiencia —le alentó Georg, con seriedad.

—Ah, es que yo entiendo la mentalidad de Tom, ¿es más bien como quedarse virgen hasta el matrimonio, verdad? —inquirió Bill, mirando al de trenzas, el cual lo quería matar y le ofreció una sonrisa fingida.

—Pero, Tom, si piensas así se te va a caer —bromeó Georg—. ¿O iba en serio? ¿De verdad quieres esperar a perder la virginidad en tu matrimonio? Quizá estoy ofendiéndote con esto, Tomi, la verdad no quiero hacerlo —se disculpó.

—No, no te preocupes, Gigi. Yo no me ofendo. Entiendo que te sea difícil de creer que prefiera ser virgen… —Bill soltó un sonido nasal al aguantarse la risa, Tom lo miró enojado—. Pero es mi decisión, sí, estoy esperando a la persona indicada.

Bill se tapó la boca, porque realmente no podía sacar la sonrisa que tenía por el irónico del asunto.

—Bueno, entonces no te presionaré como dijo tía Charlotte. Al final de cuentas eres un adulto, Tomi, y me haces sentir mucho orgullo —le dijo Georg, apretándole la mano por encima de la cama.

Tom le sonrió a su primo, lo cual se vería como un momento muy lindo, de no ser porque el de trenzas no era sincero en absoluto.

Continuaron comiendo en silencio.

—Tengo que ir a trabajar, ¿te recojo en la noche para… La fiesta? —cuestionó Bill a Tom.

—Ah, sí, vienes más tarde —coincidió Tom, mordiéndose el labio inferior.

—¿Puedo ir? —preguntó Georg.

—Es que no sé si te guste, ya sabes cómo son esas fiestas —farfulló Tom, riéndose nervioso.

—Bueno… ¿Por las fechas creo que será algo de Halloween? La verdad nunca me ha llamado la atención eso —comentó Georg, sintiendo que sí, mejor estaba en casa descansando o avanzando tareas de la universidad—. Igualmente tengo planes —acotó el castaño, elevando las cejas, justo había una nueva temporada de Cobra kai, así que le emocionaba aquello.

—¿Sí? Qué bueno —dijo Tom, creyendo que su primo iba a salir.

—Sí, así que disfruten —alentó Georg—. Saludos a Tamie —agregó.

Bill asintió, y se fue del departamento de los primos.

Georg botó los recipientes de comida, y se fue a lavarse.

—No olvides botar la basura —recordó el castaño desde el baño.

Pero Tom no lo escuchó al haberse encerrado en su habitación.

Finalmente cuando Georg salió del baño, se dio cuenta que Tom no había botado la basura, frunció el ceño, sólo le había dado una responsabilidad a su primo y no le había hecho caso. A regañadientes sujetó la bolsa, pero recordó que tenía que comprar unas cosas para hacer su maratón de Netflix en su cuarto, así que sacó la cartera.

Cuando Tom escuchó cómo la puerta del departamento se cerraba, es que corrió en dirección a la ducha. Esperaba que tardase más Georg en alistarse para su cita, pero no se quejaba, así tendría más tiempo para arreglarse, y vaya que necesitaba tiempo.

Se quitó las trenzas, antes de meterse a la ducha, se echó shampoo frotando sus raíces de cabello a conciencia, disfrutando el roce de sus dedos, para después comenzar a exfoliar su cuerpo con el jabón líquido que tenía escondido en su neceser que llevaba para esas ocasiones donde no sólo hacía falta jabón en barra, sino que realmente Tom se tomaba el tiempo para cuando se vestía de mujer. Frotó la esponja en su cuerpo, adorando el olor que invadía el baño, a rosas…

Lo bueno es que Georg no estaría en casa, así que no tendría que ponerse un buzo y capucha para ocultarse, podría salir vestido tal cual estaba en los momentos donde era “Tamie”. Tom no se identificaba como mujer, no desmerecía a las personas transgéneros o transexuales, él amaba mucho a su pene, y ser hombre, simplemente que disfrutaba de vestirse de mujer, lucirse en un restaurante y jugar con las mentes de quienes lo observaban, muchos ni siquiera lo notaban porque aprovechaba sus rasgos andróginos y redondeados, resaltándolos, usando corsé que le acentuaba la cintura, porque sí, Tom tenía cintura, pero no la suficiente para pasar por una mujer, así que… Jugaba con las prendas, mostrando sus muslos con sus faldas, lo que simplemente era un plus, ya que con medias largas y al ser delgado, daba la ilusión de una chica.

Luego Bill se lo cogía con la falda puesta, ya no la tanga con compresión, porque el moreno quería hacerlo disfrutar, era un amante muy dedicado al placer de su pareja, así que si por a o b lo hacían con la prenda íntima, más que nada por el morbo que le daba a Bill hacerle a un lado el calzón, de todas formas liberaba su erección, para masajeársela mientras se la metía con fiereza, estimulándole la próstata.

Tom se sentía bien de tener a Bill así… Tomando las riendas mientras él cumplía su fantasía de sentirse una mujercita apretadita para su hombre.

Pero eso no tenía que saberlo su primo, que seguía pensando que era hetero virgen. Tom tenía pene, y amaba su pene, pero no se imaginaba penetrando a Bill y mucho menos a una mujer, por eso le servía que su novio fuera hetero flexible… Sí. Bill le había dicho que en realidad era bisexual, o al menos lo era por Tom, pero nunca había tenido sexo con un hombre, así que… Bill aprendió con Tom más que nada técnicas y ángulos hasta perfeccionarse en su arte amatoria, sin embargo, no había sugerido cambiar los roles, y eso le encantaba al de trenzas, porque no sabría qué hacer si Bill le pedía eso.

Así que ahí estaba, rasurándose las piernas y zona íntima en la ducha… Sólo era para él mismo, a Bill le daba igual, pero Tom se sentía mejor así.

Cuando se enjugó, es que sacó la crema corporal que tenía escondida, secándose el cuerpo, para luego embadurnarse con ella, Pure seduction de Victoria’s secret, le gustaba cómo se sentía la textura contra su piel, sonrió dándose cuenta cómo estaba muy suavecito y humectado.

Limpió el baño para no dejar rastro de sus vellos ni cabellos, abriendo la ventana de arriba para que saliera el aroma tan de mujer que había en el baño.

Se puso la toalla, y entró a su cuarto, sólo cerró la puerta sin seguro porque estaba solo. Se quitó la toalla, y acomodó su celular para que cargara, encendió su parlante, mientras prendía Spotify, dejando que su playlist se reprodujera.

Se puso su tanga con compresión, color rojo esta vez, sonriendo al sentir cómo la tela se metía entre sus nalgas, mordiéndose el labio inferior frente al espejo.

Secó su cabello con cuidado, poniéndole gotitas de argán, para después sacar su plancha, haciendo unas leves ondas al finalizar su cabello.

Se puso el corsé, era color rosa… Y Tom se sentía muy decadente usándolo, más cuando Bill le quitaba las prendas superiores, chupándole los pezones mientras posaba sus dedos por encima de la tela rígida… Casi se lo arranca en una ocasión, porque una vez que el de barba había descubierto cómo era hacerlo sin ropa, dejaba marcas en todo su cuerpo, haciéndolo estremecer de sólo recordarlo. Tom soltó un suspiro cuando Bill todo dominante fue a verlo luego de descubrir su mentira sobre Tamie.

Bill había sido tan salvaje, quitándole la toalla, y dejándole chupones en todo su cuerpo, metiéndosela con fuerza mientras lo pajeaba… Repitiéndole en el oído que no le importaba que tuviera pene, que sólo le importaba que no lo dejase… Porque Bill nunca lo pudo sacar de su cabeza.

Así que “el castigo” que recibió Tom, fue el sexo rudo pero intenso que le hizo en su habitación, no importándole gritar fuertemente por cómo Bill lo poseía.

Desde ahí supo que era de Bill, y Bill era suyo. Ya habían pasado varios meses desde ese momento, y sí, el de barba le había dicho que lo amaba, y Tom también le correspondía, sólo que de todas formas lo mantenían oculto, principalmente por la mentalidad tan retrógrada de sus padres, y su familia entera, simplemente se alegraba que hubieran sido tan ajenos a su doble vida, y que finalmente aceptaran que se mudara con Georg, que bueno, era su primo más distraído, así que era perfecto para él.

Pero Bill sí le dijo que se iban a casar en algún punto, se lo dijo primero como Tamie, pero luego como él mismo, y era legal casarse entre hombres, así que finalmente Tom le dijo que sí lo harían, tal vez cuando termine su carrera y no dependiera aún de sus padres para pagársela. Y que Bill debía darle un anillo.

—Tú me diste el tuyo… —bromeó Bill en ese momento.

Volvió a su presente, poniéndose las medias altas que tenía hasta las rodillas, esta vez blancas, hacía un poco de frío. Tom se puso una falda plisada, negra con una raya blanca en el borde, se meneó frente al espejo, disfrutando de cómo se movía. Tom sonrió, poniéndose el sostén con relleno, luego una camiseta de Hello Kitty, para después abrigarse con su chompa rosa. Se acomodó el cabello, y puso un gancho al costado.

Tom se vio satisfecho frente al espejo, pero todavía faltaba el resto. Se puso zapatos de tacón bajo, sintiendo que eso le estilizaba más la figura, y aparte hacía que estuviera al misma altura que su novio, se tenían que poner el broche en su tobillo, como zapatitos de charol, lo hizo y se sintió más lindo.

Abrió su set de maquillaje, comenzando a hidratar su rostro, para evitar que se resecara mucho.

Tom se puso base, no mucha, pero sí lo suficiente como para hacer que su piel se viera uniforme, se echó rubor, porque amaba lucir rosita como Tamie. Se puso sombras de colores pasteles, para luego delinearse los ojos.

Aún recordaba los muchos tutoriales que vio a escondidas para poder aprender a acierto y error, porque evidentemente Tom no podía decirle a su mamá que le enseñase.

Terminó con sus ojos, escuchando cómo sonaba “Las de la intuición” de Shakira, él no entendía español, pero realmente le gustaba mucho esa canción, así que se movía al compás de ella.

Georg entró a la casa de mal humor, en la tienda había una cola inmensa, y una de ella era una señora mayor que quería hacer un depósito por un monto grande que pagó con monedas. Así que… Realmente tuvo que esperar bastante rato para pagar por su snacks y cervezas, que sólo estaban en versión de botella, así que ahora tenía rabia al entrar al departamento después de un estresante tiempo en la tienda, para no encontrar el abridor de botellas, chasqueó la lengua. A veces Tom se lo guardaba en su cuarto para abrir sus botellas de jugo, así que tocó la puerta, pero el volumen estaba alto, por lo que su primo no escuchaba, frunció el ceño, tocando el picaporte, girándolo para abrir la puerta.

—Oye, Tom, ¿sabes dónde está mi…? —Georg interrumpió su frase al darse cuenta que su primo no estaba allí.

Había una mujer mirándose al espejo mientras se ponía el labial.

Georg no supo cómo sentirse hasta que lo notó… No era una mujer, tenía una cicatriz en el muslo, una que se hizo Tom de pequeño.

—¿Tom? —preguntó Georg, y “la chica” volteó, mirándolo.

—Puedo explicarlo —dijo Tom.

—¿Te vistes de… Mujer? —cuestionó Georg, sintiéndose conflictuado, ¿su primero era travesti, o quería ser mujer? No entendía nada.

—No… Simplemente es… —habló Tom, tensándose en ese instante, riéndose con nerviosismo, la canción de Shakira seguía de fondo y se le ocurrió una idea—. Un disfraz —soltó el moreno, con una sonrisa de medio lado.

Georg suspiró, sintiéndose tranquilo, claro, era una fiesta de Halloween.

—Ah, sí, ¿tu disfraz es de mujer? —inquirió Georg, no entendiendo muy bien la temática.

—No, ¿no ves que me gusta Shakira? Bueno, ella tiene una canción que se llama “Las de la intuición”, y bueno, visten como yo —respondió Tom, aprovechándose de la ignorancia de su primo sobre cantantes hispanohablantes.

Georg asintió, sólo sabía que Shakira era sexy.

—Oye, pero qué buenas medias, ¿son de mujer? Porque cuando juego fútbol podrían servirme —comentó Georg.

—Ah… Sí, no te preocupes, te compro unas más adelante —respondió Tom, sonriéndole fingido.

Comenzó a sonar el celular de Tom… Pero no por su playlist, sino por “Be my daddy” de Lana del Rey, por lo que el chico se lo puso en el oído.

—Hola, Bill —saludó Tom, un tanto seco a como normalmente lo hacía.

—Hola, mi amor, ya estoy abajo —respondió Bill.

—Ya bajo, es que Georg estaba aquí —explicó Tom, riéndose nervioso.

—Está bien, te espero no te preocupes —le dijo Bill, entendiendo por qué le había saludado así antes.

—¿Ya te vas? Diviértete, saludos a Bill y Tamie —masculló Georg, hasta que lo recordó—. Ah sí, ¿tienes el abridor de botellas?

Tom sacó de su cajón el objeto y se lo extendió a su primo, el cual notaba que era un disfraz muy elaborado porque hasta tenía las uñas pintadas de rosa pastel.

El castaño asintió y se fue.

Tom soltó un suspiro, agarró su cartera, y salió del departamento.

Cuando Georg escuchó que Tom se iba, se fijó por la ventana, viendo cómo Tom abrazaba a Bill, y éste sujetaba a su primo por su cintura, para luego bajarle una mano a su trasero, nalguéandolo.

—Ay, qué buenos amigos son —farfulló Georg, sonriendo ante la imagen, y bajando la cortina, no fijándose cómo se besaron al ingresar al auto.

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Tom y Bill comieron tranquilos, el menor por unos años, le narró lo que había pasado, cómo su primo lo vio y no se dio cuenta, que le creyó sobre que estaba disfrazado.

—Me preocupa lo distraído que es Georg, literalmente te he cogido en tu cuarto, ruidosamente y él sigue ajeno a lo que tenemos —soltó Bill, entre risas.

—Bueno… En realidad eso nos conviene, ¿no? —cuestionó Tom, jugueteando con el piercing en su boca.

Bill se relamió los labios frente a la provocación de su novio.

—Termina rápido que quiero hacerte mío en mi departamento —ordenó el de barba.

Tom sintió cómo su vientre se apretaba por el deseo y obedeció. Sí, era Noche de muertos, pero para él sería noche de entierro.

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Bill no pudo dejar de tocarlo por debajo de la falda mientras subían en el ascensor, mientras colaba su lengua en su boca, disfrutando los gemidos que salían de él, todos apretados, mientras sentía la tersura de la piel de sus nalgas y queriendo hacérselo ahí mismo en el elevador, pero no… Alguien podría descubrirlos, y no quería que nadie tuviera la perfecta visión de cómo se la metía a su novio… No, mientras le lamía el cuello al menor, y dejaba sus dientes encima, mordiéndolo con saña, para luego succionar, pensaba que Tom debía ser sólo suyo… Para siempre.

Cuando el elevador se abrió, es que Bill jaló a Tom, abriendo con premura su departamento, empotrando a su novio contra la puerta, succionándole la lengua, haciendo que ambos se sintieran con calor… Por más que el clima fuera frío, entre ellos sólo había el ardor del deseo.

Bill pasó su piercing en su paladar, y Tom sintió cómo temblaban sus piernas, mientras que el más alto le apretaba el trasero con tanta saña, que sólo hacía que Tom sintiera más ganas de que su novio se enterrase lo más pronto posible dentro suyo.

—Bill… Por favor —soltó Tom, cuando Bill se separó por aire, sin dejar de juguetear con las nalgas de Tom.

—¿Qué quieres, mi amor? —preguntó el de cabello corto contra su cuello, disfrutando su aroma, la mezcla del olor de Tom, con su crema y perfume, pero cuando le pasaba la lengua sinuosa por aquella zona sensible, paladeaba el sabor de su novio, que predominaba sobre todo lo demás, y jamás podría cansarse de Tom.

—Quiero tu pene dentro de mí… —soltó Tom en el oído de Bill, el cual sintió cómo su erección apretaba dolorosamente entre sus pantalones, se preguntaba cómo su novio no sentía incomodidad al usar esas tangas que le apretaban incluso estando excitado.

Bill apretó más sus nalgas, colando un dedo dentro de la tela, abriéndose paso entre sus globos firmes que eran su trasero, y sintiendo su agujero fruncido contra sus dedos, pasándolo con suavidad por encima, haciendo que Tom se arqueara frente a su toque.

—Bill… —jadeó Tom, para después morderse el labio, realmente se moría porque Bill le haga suyo.

Bill siguió pasando el dedo con una desesperante suavidad, haciendo que las terminaciones nerviosas del músculo se activaran, era tan delicado el contacto que sólo hacía que el miembro de Tom botara preseminal, y ni siquiera estaba metiéndole el dedo, sólo ejercía una leve presión allí, pero Tom empujaba su trasero contra él, sintiéndose muy deseoso en ese instante… Él normalmente no era así, Tom era quien dominaba, es decir, sí, era el pasivo, pero él conseguía que los hombres se derritieran por él, y por eso también los montaba, manteniendo el control.

Pero con Bill era diferente, ¿seguía montándolo como vaquero? Sí… Sin embargo, Bill también lo tomaba por las caderas, manejando las embestidas, o se lo hacía de perrito, o de misionero, siempre buscando tocarlo, haciéndole saber que le importaba su placer… Por eso ahora todo el cuerpo de Tom estaba con la piel de gallina, la respiración acelerada, sólo por besos, y la forma en que lo tocaba.

Finalmente Tom jaló a Bill a su habitación, porque el de barba había insistido en que ya no quería usar el sillón, al sentirlo impersonal, que Bill amaba a Tom y por eso tenía que hacérselo en la cama… Lugares como la ducha, contra el escritorio, la pared o el piso.. Eran excepciones, pero no el sillón.

Tom se sentó en la cama, quitándose los tacones, luego la chompa, camiseta y la tanga, dejándose las medias, falda y corset, mientras que Bill se sacaba los zapatos y prendas, hasta quedar por completo desnudo, se acercó a la mesa de noche, sacando el lubricante de fresa, mientras que Tom se mordía el labio inferior, viendo fascinado los veintisiete centímetros que lo enloquecía, completamente erecto, bañado en preseminal, incluso sentía cómo se le aguaba la boca con ver la verga de su novio, muriéndose por chupársela.

—¿Quieres esto? —preguntó Bill, sujetando su pene ante la evidente mirada de su novio.

—Sí, Bill —respondió Tom, moviendo insinuante su piercing.

—No… Aquí soy tu papi… —soltó Bill, masajeándose el pene, esparciendo el preseminal.

—Sí, papi —corrigió Tom, si bien Bill era mayor por tres años, de todas formas bastaba para que él quisiera cumplir ese fetiche donde disfrutaba que lo llamara así.

Bill sonrió. —Ven por tu premio —masculló.

Tom se echó sobre la cama boca abajo, sobresaliendo sus brazos y cabeza, para que estuvieran a la altura de la erección de su novio, la cual sujetó la base, y vio cómo Bill la movía sobre sus labios, impidiéndole que la metiera en su boca, pero el de cabello largo se relamió los labios y tomó el pene de su novio con determinación, y relajó la garganta, mientras comenzaba a chuparlo, viendo cómo Bill gemía por la garganta profunda que le estaba haciendo… Ya que Bill quería jugar, él también podía seguirle el juego.

Bill se sentía maravillado por cómo esos labios acolchados lo recibían, porque una parte que amaba Bill del menor eran sus labios, con o sin labial, tenían un tono hermoso, eran gruesos, y ese piercing simplemente era la cereza del pastel.

Tom siguió chupándolo, sintiendo cómo latía en su boca y Bill lo tomaba por el cabello, empujándose más dentro suyo, y el menor se sentía satisfecho con ser un objeto del placer de su novio, su recipiente para su semen si se lo proponía, gustoso le ofrecería su boca y culo para que lo rellenara con su esencia.

Tom se sacó el pene de la boca, sintiendo su mandíbula un poco adormecida, pero no por ello menos determinado a seguir probándolo, le gustaba el leve amargor del sabor del preseminal de su novio, y también el gusto que le dejaba en la lengua, así que lamió el glande de su novio, sin dejar de verlo, haciendo que Bill gruñera mientras veía la lengua traviesa de su novio pasarse con suavidad por su glande, era un jodido provocador.

—Suficiente… Te toca —avisó Bill, separándose del agarre de su novio, para hacer que Tom se echara en la cama, y él se situó entre sus piernas, con la botella de lubricante al lado.

Bill acarició los muslos de Tom, el cual estaba con los pies apoyados en la cama, dándole una perfecta visión al mayor de cómo sus piernas enfundadas en medias era algo sumamente sexy, y cómo su erección levantaba la falda por lo que sabía que Tom estaba sumamente excitado, pasó sus manos por debajo de la falda, sin tocarle el miembro, se echó lubricante en los dedos y los dirigió detrás de los testículos depilados de su novio, el cual gimió cuando Bill presionó sus dígitos contra él, Tom sentía la viscosidad del lubricante junto con sus dedos, y finalmente… El mayor los ingresó, curvándolos, haciendo que Tom se arqueara frente a la sensación.

Bill ya sabía cómo hallar su próstata, así que apretó el cúmulo de nervios, mientras Tom aprisionaba sus dedos en su interior, disfrutando cómo los movía, en círculos, luego dando en esa dirección… Maldito, Bill, era tan certero con sus toques.

—Otro dedo más, papi —suplicó Tom, relajando su interior, porque realmente Bill era grande, era el novio más grande que había recibido, así que sí o sí debía tener una buena preparación o terminaría desgarrado, ya para ese momento no usaban condones, porque Bill había insistido en sentirlo piel con piel, y bueno, ambos estaban sanos y eran exclusivos, así que Tom no se había negado.

—¿Cuánto lo quieres? —cuestionó Bill, haciendo movimientos de tijera en su interior, agregando un par de dedos más, ya con cuatro, y su novio empujando su trasero mientras besaba su muslo interno buscaba relajando y excitarlo más, haciendo que su piel se escarapelase por sentir sus labios encima, cómo sacaba la lengua, pasando su lengua perforada por su muslo que era una zona erógena de Tom, mientras lo penetraba, haciendo que una corriente eléctrica le recorriera la columna por cada vez que lo tocaba en la próstata, y el de cabello largo quería más… Necesitaba más… Ansiaba más…

—Mucho, papi… Quita tus dedos, y dame más… Entra en mí —rogó Tom, con la voz un poco aguda por lo apretada que sentía la garganta en ese momento, Bill lo estaba enloqueciendo, él era el único que hacía que suplique porque se la metan.

Bill se relamió los labios, pero giró sus dedos, viendo cómo Tom se retorcía más bajo su tacto, sintiéndose sumamente excitado, con su miembro contra el colchón, de todas formas quería mantenerse en control, aunque era difícil teniendo a Tom abierto de piernas, con esas medias tan sexys, esa faldita que le enloquecía, y cómo se veía con el corset, de todos modos quería chuparle los pezones, pero… Ahora quería seguir tentándolo, haciendo que fuera una masa de nervios expuestos, porque le gustaba la forma en que se ponía Tom, tan frágil y deseoso, eso hacía que el orgasmo fuera más intenso.

Tom movió sus caderas, empujando su trasero contra la mano de su novio.

—Papi… Dame más… —suplicó Tom, acezado—. Quiero tu pene… Necesito tu pene…

—Sólo estás exigiendo, Tom —masculló Bill, moviendo más los dedos en su interior.

Tom jadeó, cerrando los ojos con fuerza, mordió su labio inferior, Bill lo estaba torturando.

—Dame más, papi, por favor —reformuló Tom, con la voz apretada.

—Muy bien —halagó Bill, sacando sus dedos de su apretada hendidura.

Tom boqueó cuando se sintió vacío y dilatado por la preparación previa de su novio,  observó complacido cómo Bill embadurnada su verga con una cantidad generosa de lubricante, para luego abrirle las piernas, dirigiendo su erección hacia su trasero, presionando su pene contra su esfínter, haciendo que el de cabello largo empujara su pelvis para más contacto, y Bill se relamía los labios mientras metía solamente la cabeza, haciendo que Tom se desesperara aún más.

— Bill… —soltó en un tono necesitado, con los labios rojos e hinchados, el cabello despeinado, y el maquillaje no estaba corrido simplemente porque era resistente al agua.

Bill cedió finalmente, metiéndose por completo y Tom se aferró a sus hombros, cuando el mayor se cernió sobre él, sujetándole el pene, comenzando a masturbarlo, conforme empezaban las embestidas.

Bill no le dio tiempo para que se acostumbrase y Tom no podía importarle menos, incrustó sus escasas uñas color rosa en sus hombros, mientras el de pelo corto comenzaba a hundirse en él, empezando el bamboleo de su erección, pero sin dejar de salir y volver a meterse, dándole en el ángulo justo que le tocaba la próstata como un timbre, haciendo que todo su cuerpo vibrara.

Tom apretó sus piernas contra Bill, entrelazándolas en su espalda, y Bill con la mano libre acariciaba su cadera aún cubierta por la falda, mientras seguía las estocadas, sintiendo la tela rozarle, y se acercó al rostro de su novio, besándolo, mordisquéandole el labio perforado, sin detener el vaivén de su pelvis, y maravillándose por la sensación de los pies enfundados en medias de Tom.

Tom jadeaba necesitado, ahora con Bill comiéndole la boca, pero con las embestidas lentes, sólo lo hacía para volverlo más loco, porque Tom quería que Bill fuera rudo, ya que al hacerlo de forma cadenciosa sólo lo orillaba al orgasmo tan tortuosamente lento que no podía explotar entre ambos cuerpos como lo anhelaba.

—Más rápido, papi, por favor —soltó Tom, y Bill chupó su lengua, presionándole el pulgar en la punta del pene, sintiendo cómo se arqueaba contra suyo, y comenzó las embestidas más rápidas y erráticas.

Tom sentía su cuerpo arder, estaba tan lleno de Bill, y si bien movía sus caderas, de todas formas él era quien dominaba en ese momento, gemía conforme sentía los testículos de su novio contra su trasero, blanqueaba los ojos en ese instante, con el cuerpo temblándole y sus interior latiendo… No iba a durar mucho más, sus propios testículos estaban apretados, con el orgasmo naciendo desde su vientre, llenando sus bolas, y su próstata estando tan jodidamente sensible que realmente sentía que veía rojo.

Bill lo besó nuevamente, mientras en la habitación se escuchaba el sonido de las pieles chocar.

Pero Bill estaba ansioso, así que soltó su cadera y erección, para comenzar a quitarle los broches del corset, sin interesarle que Tom protestara, al menos no dejaba de moverse dentro suyo, y tampoco lo había intentado romper.

Bill vio maravillado el cuerpo de su novio, tocando su piel rojiza por la presión, y disfrutando sentirlo tan cálido, lamió su cuello, volviendo a sujetar su verga, con su mano de arriba abajo, hasta que finalmente pudo sentir cómo Tom se corría en su mano, quedándose trémulo bajo su cuerpo, y Bill al percibir cómo lo envolvía en una prisión tan asfixiante, es que se corrió con fuerza en el interior de su novio.

Bill exhaló aire contenido, mordiendo a Tom en el cuello con más fuerza de la necesaria, pero el de cabello largo no se quejó, aletargado por haber llegado a su éxtasis, tan lleno que se sentía… Por el semen de su novio, y Bill se salió con delicadeza, observando fascinando cómo la entrada de su novio había quedado dilatada y con sus chorros blancos saliendo de allí, siendo tan asquerosamente erótico si aunaban al hecho de que todavía estaba con la falda, medias y ese cuerpo tan decadente que lo excitaba en demasía.

Bill se acomodó a un costado, viendo totalmente enamorado a su novio, el cual intentaba recuperar el aliento, lo abrazó contra sí, y Tom se giró, para ser la cucharita interna, el de cabello corto sonrió, moviéndole el cabello a un lado para besarle la nuca, luego la unión entre cuello y hombros, haciendo que suspirara de gusto. Pasó sus dedos por sus muslos, hasta encontrar su ano nuevamente, jugando con su dedo dentro suyo, empleando el semen como lubricante.

—¿Listo para otra ronda? —inquirió Bill, mordiéndole el hombro.

—Dame unos segundos… Pero ahora sí te montaré —avisó Tom, empujando su trasero contra los dígitos de su novio, le ardía un poco, pero era tolerable, los besos y caricias que le prodigaba Bill estaban haciendo que su miembro latiera en interés.

Así que sí, Tom quería más.

&

Al día siguiente, Georg se levantó y no recordaba haber oído regresar a Tom.

Se fue a la cocina a servirse jugo, cuando abrieron la puerta, el castaño se volvió, notando que su primo estaba bañado, pero con la ropa mal acomodada, mientras que caminaba un poco extraño para volver a su cuarto.

—Gigi —dijo Tom a modo de saludo.

—Tomi —respondió Georg, pensando que era extraño que volviera bañado de una fiesta, y seguía sin entender por qué caminaba así de raro.

Se empinó el vaso de jugo de naranja, y se alzó de hombros, pensando que tal vez eran los tacones.

“Aunque también lo vi así cuando Bill se queda a dormir”, razonó en su pensamiento.

¿Tal vez su primo tenía un problema en la cadera o algo así? Luego se lo diría.

Decidió que su estómago no estaba listo para freírse unos huevos, así que volvió a la cama, como había madrugado por hacer maratón estaba muy cansado.

Cuando su cabeza tocó la almohada es que le vino un pensamiento…

“¿Será que Tom me compró las medias?”.

F I N

Si les gustó agradecería un comentario.

por Kasomicu

Escritora del Fandom

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