Notas: inspirada en la canción Call me de Blondie.
Advertencia: Este fic es boypussy, es decir, Tom tiene vagina, pero no es chico trans ni es mujer, sino intersexual, ok. Listo.

«Call me»
(One-Shot de Kasomicu)
Georg frunció el ceño cuando vio la dirección que le tocaba realizar la entrega.
—No, me niego, no quiero soportar al Grinch del 483, ¿quién me lo cambia? —preguntó Georg mirando a sus compañeros.
El pelinegro soltó un bufido. —Yo lo atiendo, me queda de paso, y ya sé cómo lidiar con él —propuso el muchacho.
—Genial, Bill, suerte con el amargado, ya voy a mi ruta —masculló Georg, palmeándole la espalda al más alto para ponerse sujetar su casco y salir de la pizzería, en lo que el aludido se acercaba al mostrador para recibir la pizza que era para el cliente enojón, que bueno, sí entendía que a pulso se hubiera ganado el apodo de “Grinch”, porque sí era muy amargado, sin embargo, si bien Bill no le quedaba de paso en su ruta, lo hacía porque era un cliente frecuente, muy atractivo, que tendría su edad, con unas trenzas africanas y cara de pocos amigos, alguien que… Definitivamente nunca le haría caso porque parecía apestarle el contacto humano, no obstante, también era útil que tomara pedidos que otros rechazaban, porque así era más indispensable en su trabajo a diferencia de sus compañeros.
Bill sujetó el pedido, para juntarlo con los otros que tendría que entregar en su maleta térmica, acomodándose los cabellos cortos antes de ponerse el casco encima, y subirse a su moto.
Bill no podía permitirse perder el trabajo, lo sabía bien, porque él tenía dos trabajos precisamente para poder pagarse sus estudios, su renta, materiales y lo necesario para sobrevivir, porque sabía que sus padres no podían ayudarlo, por mucho que Simone y Jörg lo amaran, cuando vivía en Leipzig, no tendría muchas posibilidades de salir adelante, y Bill sí o sí quería tener una carrera, siempre había su sueño dedicarse a la música, no despreciaba lo que habían hecho sus padres para sacarlo adelante cuando era niño, pero la opción de ser un camionero como su padre o ama de casa como su madre no eran lo suyo.
Por lo mismo es que Bill decidió irse a Berlín, con sus padres sin poder apoyarlo económicamente pero sí estando de acuerdo con que su hijo siguiera sus sueños.
Cuando llegó a la casa del cliente, es que avisó por el aplicativo y notó cómo es que abrieron la puerta, con el joven de trenzas de brazos cruzados frente a él.
—Buenas noches, llegó quince minutos tarde —se quejó el muchacho, en lo que sacaba los billetes de su bolsillo.
Bill suspiró extendiendo la caja de pizza. —Buenas noches, Tom, sí, porque el tráfico no colaboró pero aún estoy al tiempo esperado y la pizza está caliente —arguyó a lo que el de trenzas arrugó la nariz, recibiendo la caja mientras que el más alto tomaba los billetes—. Ahora le doy su…
—Quédese con el cambio —musitó Tom para cerrar la puerta y Bill volvió a suspirar, pues sí había algo de propina, sólo que también le gustaría que el chico quizá no le diera una sonrisa pero al menos no le cerrara la puerta en la cara.
Pero dejó de lamentarse para subirse a la moto y continuar sus repartos.
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Tom había terminado agotado con las manos doliéndole y también la vista cansada, había estado doce horas frente a la computadora y con la tableta gráfica para poder tener el diseño de los personajes de cómics que le habían pedido.
Él no se quejaba en realidad… Recibía una buena paga, incluso aunque no hubiera estudiado una carrera como tal, sólo unos cursos virtuales con validez internacional, pero en sí mayormente había sido autodidacta.
Tom siempre había sido un chico solitario, por lo mismo es que se refugiaba en los dibujos todo el tiempo, primero a lápiz y papel, y con el paso de los años, aprendió a dibujar en digital, perfeccionándose poco a poco hasta que incluso siendo menor de edad comenzó a vender comisiones, sólo que tuvo que hacerse la cuenta con datos de sus padres, los cuales lo habían apoyado en todo lo que se propuso, sólo que Tom mismo buscó independizarse a los veinte años cuando ya no sólo hacía comisiones, sino que era un diseñador independiente, que era básicamente trabajar para otros pero no personas, sino empresas, o en su mayoría compañías de cómics para que hiciera el diseño de los personajes que se imaginaban los creadores, hacia dos años de eso, ya que amaba a sus padres pero también, quería su propio espacio para no tener que recibir regaños por el tiempo que trabajaba, o cómo es que se abstraía, no socializaba, a veces se olvidaba de comer entre otros.
Ya en su casa, aunque alquilada, no tenía que preocuparse por regaños, ni tampoco la sobreprotección que a veces tenía con sus progenitores porque… A veces veían en Tom a alguien frágil, cuando él no quería que sus padres lo consideraran así.
Tom no se veía débil, sólo que su mejor forma escudo del mundo era vestir ropas anchas, poner mala cara y recluirse, porque había aprendido que tristemente para el resto sólo era un maldito fenómeno, y que entre sus padres que se preocupaban demasiado, y la gente que era una mierda, él prefería vivir solo, trabajar y enfocarse en ello.
Sólo que… También seguía siendo humano, con las mismas necesidades de cualquier otro chico, así que esa forma es que él estaba allí, mirando su teléfono, con la app instalada, en lo que buscaba darse ánimos para llamar.
La dinámica era sencilla: Una app para hacer llamadas calientes, por cada minuto, a Tom le cobrarían, él hablaría con alguien, tendrían sexo telefónico, dónde él se masturbaría hasta correrse, empleando un contacto humano no directo, pero sí real.
Porque el único contacto humano que tenía era por correo con sus clientes, sus padres por llamada y el repartidor de pizza.
Y… Tom era virgen, aunque fuera atractivo, que sabía que lo era, el tema era más escabroso, más complejo, porque no podría simplemente instalarse Grindr, porque sí, era gay, le gustaban los hombres, sino que… Soltó un suspiro, fijándose que precisamente al llenar el formulario de la app tuvo que poner un nombre falso.
Nicole, 22 años, diseñadora de modas.
¿Por qué tenía que mentir? Porque la dinámica no era tan sencilla para Tom, él… Tenía vagina, por lo mismo es que no podía instalarse Grindr, él ni siquiera un chico trans, no, no se había sometido a ninguna operación para quitarse los senos, nunca los había tenido, su torso era masculino, la cintura un poco marcada por las pesas que hacía desde casa, teniendo pectorales un tanto más notorios por lo mismo, pero sus caderas… Sí, eran un poco más redondeadas, tenía los muslos más carnosos y vagina, algo que se suponía que no debería tener porque era un chico, pero lo supo desde siempre, y por eso sus padres habían sido muy sobreprotectores con él, porque era algo extraño, que incluso penosamente tuvo que lidiar con la menstruación desde los doce años.
Tom recordaba el nefasto día donde le vino la menstruación en la escuela, manchándose y descubriéndose así que no sólo “parecía” niña por sus rasgos delicados, sino que tenía las partes femeninas de una mujer.
Fenómeno, bicho raro, abominación… La lista de insultos había sido interminable, y cómo nunca se callaron, haciendo que Tom sólo prefiriera esconderse del mundo en sus dibujos.
Y por eso Tom no podía sólo tener novios como cualquier otro chico gay, fuera de sus problemas de confianza, era el hecho de que no encajaba, no era un chico trans, no era una chica, no un chico normal… Así que si bien en un inicio quiso instalarse una app para charlar con chicos gays, colgó al apenas empezar porque le preguntó sobre su pene, y él entró en pánico por no poder imaginarse ni identificarse con algo así.
De esa forma, tal cual él empleaba su imaginación para crear los personajes de sus clientes, así había creado a su propio personaje: Nicole, la joven diseñadora de revistas de moda que era solitaria y quería masturbarse hablando con un hombre.
Hasta había ensayado un poco para agudizar su voz, porque podría familiarizarse con que lo vieran como una mujer, aunque fuera en ficción, para que al describir lo que sentía o podría hacerse, se entregará más a la fantasía al tener vagina, sin tener que decir que era intersexual.
Podría ser “normal” aunque no fuera él mismo.
Tom se echó ánimos mentalmente, estaba con sus bóxers y una camiseta holgada, no estaba excitado, pero esperaba que fuera algo menos impersonal que sólo tocarse con sus dedos, que sí, técnicamente no estaba mal el masturbarse, incluso tenía un juguete que usaba de vez en cuando, sólo que… Muchas veces era tan mecánico, y él quería sentir esa… Conexión, que si se tocaba era por alguien más, ya que no podía ser tocado, que al menos le hablara y pudieran interactuar.
Miró la pantalla de su teléfono y presionó el llamar, a la espera de que alguno de los chicos de la línea caliente le contestara.
Cuando le salió el “Leo ha tomado tu llamada», es que tragó saliva, dándole clic en aceptar.
—¿Hola? —preguntó Tom con la voz apretada, impostándola para que sonara más aguda, en un tono más bajo.
—Hola, qué hermosa voz y nombre tienes Nicole, yo soy Leo, y estoy aquí para escuchar todas tus fantasias —habló el hombre del otro lado de la línea, haciendo que Tom tragara saliva con su respiración acelerándose al escuchar su voz aterciopelada.
—Eh, gracias, Leo, un gusto —barbotó Tom con la voz quebrándose un instante. “¿Un gusto? ¿Cómo diablos voy a decirle algo así de patético?”, se recriminó el de trenzas mentalmente, porque era más que anticlimático que intentara ser cordial en una línea caliente.
—El gusto es mío, Nicole —repuso Leo con ese mismo tono de locutor que ciertamente sí era un poco motivante y hacía que Tom pensara que era una voz sensual y masculina—. Y dime, ¿qué es lo que estás usando ahora? —inquirió y Tom se vio a sí mismo, no tenía una ropa sexy, literalmente estaba en calzoncillos y una camiseta holgada, porque no pensó que tendría importancia cómo estaría vestido.
—Una camiseta holgada —soltó Tom antes de poder detenerse.
—Uhmn… Me encanta saber que estás usando eso, porque así será más fácil meter mis manos por debajo para acariciarte —masculló Leo y Tom se estremeció, porque sí le gustaría ser tocado por esa voz, por ese hombre, aunque él creyera que era una chica, de todas formas le excitaba la idea, él mismo sintiendo cómo se le escarapelaba la piel, acelerando su respiración—. Me gusta cómo es que te escucho emocionada, nena, y dime, ¿qué te gustaría que te haga si estuviera a tu lado? Cuéntame tus más sucios secretos… —le alentó aquella voz y Tom se sonrojó, ¿qué haría si estuviera con él a su lado?
—Yo… Te besaría y luego… Luego… —Tom se trabó, porque lo que había sido una idea excitante que incluso estaba endureciéndole los pezones y empezando a lubricarse, cambió a una no fantasía, sino un encuentro físico real, con un hombre a su costado, uno que al besarlo y bajar la mano, notaría la ausencia de pene, y sentiría asco.
Se le formó un nudo en la garganta porque Tom era consciente de cómo había sido ser besado en una discoteca gay, y que el manoseo que había sido algo tan impersonal, pero al cual había correspondido por su afán de sentir contacto humano había terminado abruptamente porque no encajaba en los estándares, no habían cicatrices de mastectomía, no se inyectaba testosterona, porque no era un chico transgénero, sólo tenía vagina, una aberración genética o lo que mierda fuera, aún recordaba esa expresión de repugnancia y las palabras tan hirientes que habían hecho que Tom se regresara a su casa para llorar en silencio, haciendo que volviera a su presente, donde se había callado al hablarle al muchacho.
—¿Luego qué quisieras que te haga, preciosa? —preguntó Leo, y Tom ya había perdido toda la excitación, él, al final de cuentas, no era ninguna chica, era un chico, uno virgen que no sabría qué hacer o qué le gustaría que le hicieran.
—No puedo, no sé cómo hacerlo —respondió Tom con la voz quebrándosele, cortándosele el aire por la opresión en su pecho, comenzando a llorar de impotencia.
—Tranquila, Nicole, estoy contigo, ¿está bien? Ve a tu ritmo, preciosa, cuéntame qué te da miedo —masculló Leo notando el cambio, cómo es que aquella chica tímida que se estaba excitando, había pasado a ponerse nerviosa mientras sollozaba, quería guiarla para que se calmara, no es que fuera lo más usual en su trabajo, pero no quería hacerlo incómodo para la persona del otro lado de la línea, que no conocía más allá de su nombre y voz, sin embargo, si él mismo se ponía en aquella situación, de no buscar salir con alguien y más bien hacerlo por teléfono, significaba que habría algún problema, fuera de las fantasías que podrían ser consideradas cuestionables pero él sólo les seguía la corriente a la mayoría de sus clientes porque no implicaba nada con él en la vida real, sino con “Leo”, así que si era por temor a sentirse juzgada, él no la presionaría, y si era por otro asunto, quería de todas formas apoyarla, aunque no le correspondiera como tal, se imaginaba debía sentirse solitaria o nerviosa por ser su primera vez en la app según el perfil.
—¡No puedo saber qué me da miedo porque no lo sé! ¡Soy virgen! ¡Nunca he tocado a nadie ni lo han hecho conmigo! —gritó Tom sin poder fingir más la voz, pero igualmente al estar alzándola, no se distinguía del todo que era un chico.—Mi cuerpo es… Horrible, por eso nadie ha querido tocarme antes —agregó el de trenzas con la garganta estrangulada mientras seguía llorando—. Perdóname por hacerte perder el tiempo, Leo, sólo… Perdón —acotó para intentar colgar.
—No cuelgues, por favor, Nicole —pidió Leo—. De los minutos extras me encargaré yo, sólo no lo hagas. No tienes que ser una modelo de revista para ser deseada, Nicole. No digas que eres horrible, que no es cierto —agregó el muchacho, incluso aunque se viera como si quisiera retenerla sólo para no perder la llamada, en realidad era porque no quería que colgara y se sintiera miserable, a pesar de no conocerla, él comprendía bien la sensación de soledad o el rechazo que pudiera sentir por quién era, más que nada porque había recibido su propia dosis de acoso en la escuela y mucho más cuando había sido criado en provincia y no en la capital.
Tom se detuvo de presionar el botón de colgar, porque Leo estaba demostrando una preocupación por él, ¿por qué? Si no lo conocía, ni siquiera sabía su nombre real, creía que era una chica cualquiera, y tuvo que sonreír amargamente.
—No me conoces, no sabes lo horrible que soy porque soy diferente, no soy normal, no tengo el cuerpo de una chica común y corriente —repuso Tom otra vez fingiendo la voz pero sintiéndose un poco más tranquilo al escuchar al muchacho.
—¿Por qué tendrías que ser normal o como el resto de chicas para ser valorada o deseada? ¿Por los estereotipos? No creo que eso baste la verdad, es decir, si no encajas en ese molde, ¿ya tendrías que ser insuficiente o algo así? Ni que fuéramos un producto de exhibición o tuviéramos que pasar por un control de calidad, no es así, Nicole. Quien te quiera, lo hará por la persona que eres, no sólo por tu físico, y si no buscas una relación, que también es válido, tendrás la oportunidad de estar con alguien a quien le gustes, si esto te pone muy nerviosa, podemos sólo… Charlar, sin hablar de sexo —masculló Leo en lo que Tom sentía tranquilo luego de haber escuchado al joven, por más que en sí él no lo conociera, de todas formas, sus palabras realmente lo estaban ayudando, y si bien había tenido la intención de sólo usarlo para tener contacto humano en relación a masturbarse, ahora sentía que podía llamar sólo para hablar con él.
—¿En serio? Yo… La verdad es que me gustaría —respondió Tom, aún manteniendo la voz impostada.
—Sí, sin ningún tipo de presión, sólo… Como amigos, o algo así, este es mi segundo trabajo de hecho, entonces darme un tiempo para conversar con alguien sería un respiro —mencionó Leo.
—¿Sí? ¿En qué trabajas? —preguntó Tom.
—Eh… Bueno, en una oficina, algo muy aburrido, me encargo de manejar la logística de ruta de transportes para abastecimiento —respondió Leo, aún con su voz impostada—. ¿Y tú a qué te dedicas?
—Aah… Diseño de modas, me encargo de las ilustraciones para los planos de las ropas o estilo que deben tener las modelos para una revista —mintió Tom, pensando cómo es que luciría Leo.
—Vaya, suena muy interesante, vendrías a ser una bella artista que trabaja con sus manos —arguyó Leo.
Tom rió ante ello, dándose cuenta que no había reído desde hace meses, y ahora le salió muy natural. —Es una forma bonita de verlo, pero es bastante aburrido, me la paso encerrada —contestó el de trenzas—. Al menos tú sales para tus rutas, ¿no?
—Sí… Pero no siempre es algo que me guste, es cansado, aparte estudio —mencionó Leo.
—¿Sí? ¿Qué cosa? —cuestionó Tom sintiendo interés por él.
—Gestión empresarial —soltó Leo, y Tom sonrió, se imaginaba que el muchacho realmente debía ser un joven muy correcto, por más que trabajara en una línea caliente, uno con el cual en su imaginación podría tener un romance tierno de oficina, si él realmente fuera Nicole, y no un chico intersexual que era dibujante y no diseñador de modas—. ¿Sueño muy ñoño, no?
—No… Bueno, un poco sí —se sinceró Tom y escuchó cómo el joven se reía del otro lado de la línea, haciendo que el de trenzas también se riera.
—Me gusta el sonido de tu risa —comentó Leo, y era en serio, no lo decía sólo por cumplir, había algo en aquella muchacha dulce que le atraía, y estaba haciendo que se cuestionara muchas cosas.
Tom se sonrojó por ello, con el corazón dándole un vuelco en su pecho por algo ajeno a la excitación. —En realidad no suelo reírme seguido, ¿sabes? Sonará a mentira, pero contigo me he sentido lo suficiente en confianza para relajarme hasta poder reír.
—¿En serio? Entonces me propongo a hacerte reír cada que quieras hablar conmigo —le aseguró Leo.
Tom se mordió el labio inferior. —¿De verdad?
—Sí, Nicole, de verdad —cedió Leo.
Y aquel fue el inicio de aquella historia peculiar… Dónde Tom seguía fingiendo ser alguien más cada madrugada para poder conversar con Leo, sólo quería que él le contestara, ningún otro muchacho de la app, porque incluso si bien la primera llamada, tal cual Leo se lo prometió, no se la cobraron, de todas formas, él mismo quiso pagar para conversar con Leo, por no querer ocupar su tiempo de trabajo sin paga, teniendo su momento de relajo donde podía ser él mismo, incluso si mentía, porque parte de su esencia la marcaba en Nicole, aquella “chica” con inseguridades, que abría su alma con el muchacho oficinista, quien se había vuelto su confidente, haciendo por momentos que realmente Tom quisiera ser Nicole sólo para poder salir con él, tener una cita y ser “esa chica castaña de lentes” que le había mentido que era.
Pero no, sólo era un consuelo que le daba paz a su alma solitaria, mientras Tom lidiaba con su realidad que era trabajar diariamente donde se la pasaba a base de delivery para no morirse de hambre, aunque sí intentaba hacerse “algo equilibrado”, alternando en menú con pizza tres veces por semana, y el resto de días viendo si le daban algo con verduras o él mismo haciéndose recetas que no necesitaran muchos ingredientes ni fuera trabajoso porque realmente nunca le había gustado cocinar.
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Esa noche estaba lloviendo, por lo mismo es que Bill se puso la casaca de cuero encima del uniforme de repartidor, para luego ponerse el casco, y conducir en dirección a la casa del Grinch del 483, que bueno, él prefería llamarlo sólo Tom, pero al llegar, es que tocó el timbre, aunque antes de hacerlo, escuchó la música del interior, fijándose en la ventana cómo es que Tom estaba moviéndose mientras tamborileaba con una mano sobre la mesa, y la otra la tenía sobre la tableta gráfica, en lo que en su pantalla se veía un dibujo increíble, también habían varios diseños sobre lo que era un mural de su pared, y luego el joven se tensó, poniéndose de pie con el ceño fruncido, distinto a como había sido apenas instantes creyéndose solo, meneándose al ritmo de la música.
Bill pensaba que Tom era tan bello, si no le pusiera cara de haber chupado un limón cada que le abría la puerta.
—Buenas noches, Tom, hoy llegué a tiempo —saludó Bill con una sonrisa—. ¿Te gusta Blondie, eh?
Tom se quedó mirando fijo al muchacho, porque normalmente no lo observaba por mucho tiempo, sólo que como le mencionó sobre la música, es que se percató que usaba una casaca de cuero, y el maquillaje corrido que tenía por la lluvia, con razón poseía una mirada intensa, porque se los delineaba, haciendo que Tom tragara saliva con nerviosismo, no podía… No debía sentirse así, por más que le gustara cómo se veía sonriéndole, ¿siempre lo hacía? Tom tenía recuerdos vagos que sí, de todos los repartidos, él… Bill, como recordaba se había presentado, era el único que no le veía con mala cara al entregarle su pedido.
—Hola, sí, me gusta mucho Blondie, aunque les hicieron muchos covers a sus canciones, prefiero sus versiones —respondió Tom, sintiendo que era un tema seguro, en lo que recibía la pizza, pagándole.
—Es que sí, si bien hicieron varias versiones, la sección rítmica de Clem Burke en la batería y Gary Valentine en el bajo muestran una clase de precisión que no han conseguido otros, muy aparte de la voz de Debbie Harry —comentó Bill, y Tom parpadeó sorprendido.
—Sabes mucho de música —farfulló Tom.
—Sí, es que estudio Ingeniería del Sonido —contestó Bill, y Tom boqueó, pensando en responderle algo más, cuando se dio cuenta lo que estaba haciendo, recuperando la compostura.
—Eh… Gracias, ya debo comer. Y límpiate el ojo izquierdo que se te corrió el delineador —soltó Tom cortante para cerrar la puerta.
—Gracias por avisar —respondió Bill aunque ya no podía oírle porque cerró la puerta y él suspiró, había tenido la más larga conversación con el muchacho atractivo pero enojón, de la calle número 483, pero otra vez le cerró la puerta en la cara—. Se fijó en mí, y hasta pareció sonrojarse, o quizá sólo sean alucinaciones mías, ¿por qué tendrá que ser así? Si es tan lindo… Y yo mismo haciéndome un lío mental porque siento que desvalido mi propia orientación sexual cada que hablo con una chica en la línea caliente —habló para sí mismo.
Bill sabía que había sido duro ser homosexual en Leipzig, no tanto por sus padres, más por el resto de personas, siempre veían en negativo una orientación sexual distinta a la heterosexual, y más cuando él siempre se había maquillado, usado ropas que compraba en la sección femenina, porque jugaba con los rasgos andróginos que poseía, admirando la dualidad que demostraban íconos como David Bowie, entre otros, pero… Aceptarse como gay había sido una lucha desde siempre, ya que la heterosexualidad era la norma, y lo demás algo que la transgredía, y que no era aceptable.
¿Y qué era lo que le pasaba ahora? Había tenido una conexión con una de las chicas con las que hablaba en su segundo trabajo en la línea caliente, ni siquiera habían tenido sexo telefónico, que Bill sabía que contestaba tanto a chicos como chicas, siguiéndoles la corriente mientras era “Leo”, pero Nicole… Desde el inicio había sido diferente, y él sólo esperaba cada noche para leer el nombre de la muchacha y tomar su llamada, donde sabía más de ella, y estaba desarrollando genuinos sentimientos por una mujer, lo cual lo consideraba una burla, porque si bien había sido él mismo, aunque mintiendo con lo que hacía y estudiaba, muy aparte de su nombre, pero de todos modos, es que él sentía una conexión con la joven, mientras que físicamente le atraía demasiado su cliente enojón.
“Si tan sólo Tom fuera así de dulce como Nicole”, pensó Bill para volver a suspirar, poniéndose el casco y montarse en su motocicleta.
&
Bill se sentó frente a su laptop, bostezando, algo agotado, pero tenía que trabajar antes de dormirse, se puso los audífonos para abrir el sistema de llamadas en su laptop, esperando que se conectaran para contestarles, pero sonrió cuando vio el nombre de Nicole, tomando su llamada de inmediato.
—Buenas noches, Nicolette —canturreó Bill y escuchó la risilla del otro lado—. ¿Ves? Siempre te haré sonreír.
—Hola, Leo, pero siempre tienes que decir cosas así tan… Ñoñas —se burló Nicole—. Aunque no me quejo, la verdad me encantan.
—¿Y cómo te fue hoy? ¿Pudiste entregar el diseño pendiente? —cuestionó Bill con genuino interés por lo que había hecho la muchacha.
—Sí, pude hacerlo, aunque me duele la espalda baja de tanto estar sentada en la misma posición, sólo que te quería contar algo que me pasó hoy —masculló Nicole con un poco de nerviosismo.
—Claro, preciosa, dime. Y procura tomarte unos descansos para caminar un poco y beber agua, porque luego te pasará factura —le recordó Bill manteniendo su voz impostada.
—Gracias, Leo, eres tan lindo —dijo Nicole—. Sólo que… Yo como trabajo en casa, pues pido delivery seguido, y hay un repartidor de pizza que… Dios, siempre viene él, y es muy amable que hasta me sonríe todo el tiempo, y hoy lo vi bien… Noté que tenía una casaca de cuero, los ojos delineados, se veía muy bello, ¡y lo peor es que le gustaba la misma banda que a mí! Pero terminé diciéndole un comentario borde porque me aterró la cercanía que tuvimos, ¿sabes? Entré en pánico —comentó la muchacha y Bill se quedó en silencio, procesando lo dicho por Nicole, repartidor de pizza, chico con ojos delineados y casaca de cuero, que le gustara la misma banda…
Era él, “Nicole” se estaba refiriendo a él, “Nicole” era Tom, el cliente amargado de la calle 483, el mismo que le gustaba desde antes, pero que lo había alejado por sus nervios, por tener dificultades para relacionarse, y creer que no le gustaría a nadie, como se lo había dicho en más de una ocasión, Bill sintió una especie de alivio, porque al final estaba enamorándose de un chico, sólo que había algo diferente en él, que no terminaba de calzar en Bill, le había dado otro nombre, otros pronombres y otra descripción física, en lo que impostaba la voz, ¿por qué lo hacía?
—Leo, ¿estás ahí? ¿Te enojaste porque me está gustando otro chico? —preguntó Tom dubitativo, porque no quería dejar de hablarle a Leo, sólo que como era su confidente, quería contarle incluso esto, porque no es que fuera a hacer algo para hablarle a Bill.
—Sí, sigo aquí, bella. Pues no me enojé, aunque tengo un poco de celos, eh, porque él puede verte y yo no —mencionó Bill, pensando que entonces no era tan distante la posibilidad de salir con Tom, si ya estaba gustándole, sólo que no sabía cómo decirle directamente que él era el repartidor, el que siempre le sonreía, y que lo consideraba hermoso, un lindo muchacho con el que no tendría problema alguno con salir.
—Sabes que tú siempre serás mi chico especial, Leo, sólo que eres mi amigo, y el repartidor… Ni siquiera puedo hacer más, ¿sabes? Él se alejaría si supiera cómo soy en realidad —masculló Tom, aún impostando la voz pero teniendo el recuerdo de lo que había sido la única vez que intentó tener un ligue.
—Pero si estás contándome que tuvieron una charla donde notaste la cercanía, que siempre te sonríe, y hasta les gusta la misma banda, ¿cómo podría rechazarte? Quizá si te sonríe es porque le gustas, ¿por qué no te das la oportunidad de conocerlo? —interrogó Bill, viendo si era posible de esa forma que Tom dejara de cerrarle la puerta en la cara para que pudieran conversar más.
—Leo es porque tú no sabes cómo soy, él no lo soportará… Soy diferente, te lo dije, yo… Tengo partes que no corresponden al cuerpo de una chica —soltó Tom con la voz apretada, para morderse el interior de su mejilla.
Bill recordaba que las ropas de Tom eran anchas, pero que si se cruzaba de brazos, notaba un cuerpo masculino, pero si él fingía ser una chica que tenía partes que no eran de una, y tampoco veía algún aspecto femenino en su vestimenta, cabello o algo más, quería decir que sólo estaba haciendo un comportamiento reflejo, o sea… Que era al revés, Tom era un chico que poseía partes que no correspondían a un cuerpo de chico, ¿sería un chico transgénero? Bill no lo sabía, y tampoco se sentía mal por eso, porque seguía siendo ese muchacho precioso, el que le había hablado de sus inseguridades como Nicole, se había abierto con él, y que era el mismo joven que buscaba ocultarse siempre, no sólo bajo “Nicole”, sino también bajo el disfraz del joven enojado, buscando alejar al resto por temor.
—Pero eso no tiene nada de malo, Nicole, te dije antes que cuando hay una conexión, no interesa lo demás, sólo la persona, quítate esas ideas erróneas de la cabeza, a mí me encantaría poner tu dirección en mi ruta sólo verte una vez, estar en el lugar del repartidor porque debes ser hermosa, porque me encanta el ser humano con quien hablo, ¿sabes? Vales mucho y te mereces estar con alguien —masculló Bill, bajo la imagen de Leo, impostando la voz, pensando en lo mucho que quisiera besar los labios del dibujante de trenzas.
Tom se mordió el labio inferior, porque en sí, tenía ese conflicto interno, ya que le gustaba Leo, sólo que nada de lo suyo era real, no del todo al menos, es decir, sí, habían hablado de sus sentimientos, de cómo eran en realidad, pero se había formado a base de mentiras, y él no sabía quién era Leo en realidad, no podía verlo, ni conocerlo, y al repartidor… Ese muchacho que andaba en moto, con casaca de cuero y maquillaje, luciendo tan salvaje, hacía que sintiera sus propias mariposas aleteando en su vientre, con él no podría tener el romance dulce de oficina que se había imaginado con Leo, porque en principio Nicole no existía.
Pero, ¿podría atreverse a intentar algo? Tom aún tenía el resquemor del pasado, las burlas en la escuela, y luego cómo todo siguió incluso fuera de ella, haciendo que él se aislara.
—Yo intenté salir antes con un chico, si bien me gustaron muchos en la escuela, no podía acercarme porque me veían como un fenómeno, y… Otro chico que sólo me conoció sin saber mi secreto, sintió asco cuando las cosas subieron de temperatura —confesó Tom aún manteniendo la voz femenina, pero sin mentir en lo que estaba diciendo.
Bill sintió el dolor en las palabras de Tom, por eso el miedo, el rechazo que había recibido desde antes por probablemente tener vagina, pero que no consideraba una excusa suficiente para insultarle o verlo en menos, él quería abrazarlo y decirle que no tenía que temer eso con él, porque no le importaba que no fuera un hombre “normal”, no podía dejar de poseer aquellos sentimientos por él.
—Pero sólo demuestra que seguro los que te hicieron sentir mal eran unos imbéciles, no es problema tuyo, Nicole, sólo de ellos por temerle a lo diferente, sin embargo, no está mal ser diferente, no es excusa para tratar mal a alguien. Puedo asegurarte que a ese repartidor no le importa, porque le gustas tú, tal cual te ve, presentando interés aunque te cierres con él —masculló Bill.
Tom sintió tanta paz al escucharlo, con una mezcla de anhelo, creyendo que podría ser cierto, o más bien, deseando que fuera así, porque Leo le decía que él no era el problema, sino la gente, y cómo es que existía la posibilidad, aunque Leo se lo dijera más como una certeza, de que Bill pudiera hacerle caso.
—¿Entonces crees que debería dejar de cerrarle la puerta? Y… Conversar, pero en serio no sé hacer nada, Leo, no tengo experiencia no sólo por ser virgen, sino en general, no he tenido novios, y el único beso que di… Es como si no lo hubiera dado —relató Tom, sintiéndose frustrado por cómo era su vida a sus veintidós años.
—Podrías ofrecerle un vaso de agua o un café enlatado, usando esa excusa para conversar un momento en lo que se lo bebe —propuso Bill, a sabiendas de que él no siempre tenía tiempo para tomar agua en todo lo que hacía, y que de esa forma podrían acercarse.
Tom analizó la propuesta de Leo, creyendo que sí, podría intentar hacerlo la próxima vez que pidiera una pizza, y se mordió el labio inferior, porque él siempre se había querido alejar de las personas, y ahora le parecía algo irónico que pidiera ayuda para no espantar a una.
—Gracias, Leo, no sé qué haría sin ti, de verdad —se sinceró Tom, pensando que le gustaría tanto ser Nicole para estar con él, pero no, esa voz que le ofrecía calma, sólo lo hacía por Nicole.
—No es nada, sabes que me encanta ayudarte dentro de mis posibilidades, Nicole —respondió Bill, creyendo que era un poco chistoso que estuviera dándole consejos para que los usara con él mismo, pero de todas formas, no podía confesarle la verdad por temor a espantarlo.
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Cuando Tom volvió a pedir pizza, sólo por la excusa de ver a Bill, es que ya había ido a comprar café enlatado en la tienda de convivencia, esperando que funcionara, y tensándose cuando sonó el timbre, por más que era algo que él quería, pero cuando abrió la puerta y lo vio, otra vez su corazón latió acelerado.
—Hola, Tom, aquí está tu pedido, el tráfico colaboró de nuevo para no venir tan tarde —saludó Bill—. Oh, por cierto, es el aniversario de la pizzería, así que nos dieron unos chocolates de menta a los repartidores, y me pareció lindo el dártelo para que tengas un postre —acotó el repartidor, dándole también la golosina, a lo que Tom se sonrojó, porque en realidad era uno de sus sabores favoritos de chocolate, pero también estaba el detalle, un obsequio que le estaba dando Bill, haciendo que su estómago se apretara, claro que el de trenzas no sabía que era mentira, simplemente que Bill había decidido comprarle un regalo basado en sus gustos y necesitaba una excusa.
—Hola, Bill, gracias —respondió Tom, recibiendo la caja de pizza y también el chocolate—. Más bien, compré de más unas latas de café, ¿no quisieras una? —preguntó dubitativo.
—Me encantaría, es un poco cansado estar llevando varios pedidos, así que muchas gracias, Tom —soltó Bill, en lo que veía al de trenzas llevar la caja de pizza a su cocina y regresar con la lata de café, extendiéndosela, haciendo que sus dedos se rozaran al momento de darle la lata y Tom dio un pequeño brinco por el contacto, sonrojándose profusamente, fijándose cómo es que Bill bebía ante su atenta mirada—. Estuvo muy rico, gracias —acotó el de cabello corto y Tom acercó su mano.
—Dámelo para botarlo —pidió Tom, y Bill le dio la lata—. Ehm… Bueno, debes tener varios pedidos —acotó el de trenzas, aclarando su garganta, en la teoría que suponía que debía hablarle en aquel instante como Leo le había dicho, sin embargo, en la práctica no sabía de qué hablar.
—Sí, aún tengo algunos. ¿Tú estás muy ocupado? Veo que estabas dibujando, lo haces muy bonito por cierto —comentó Bill, y Tom se sonrojó.
—Eh, sí, mi trabajo es dibujar, hago diseño de personajes para videojuegos —le contó Tom, mordiéndose el interior de su mejilla, al menos la conversación estaba dándose.
Bill recordaba que “Nicole” le había dicho que era diseñadora de modas encargaba de dibujar, y bueno, no era igual, pero suponía que había mentido para hacerlo lucir como algo más “de chica”, él mismo le había mentido para no confesarle que era un repartidor de pizzas que estudiaba Ingeniería del Sonido, y por eso tenía una laptop con unos audífonos y micrófono especial que le servía para su segundo trabajo.
—Lo haces excelente, y… Tus trenzas te quedan muy bien, enmarcan tu rostro —halagó Bill haciendo que Tom se sonrojara de nuevo.
—Sólo las uso por practicidad para que mi cabello no se vaya a mi rostro cuando trabajo, pero gracias —soltó Tom relamiéndose por nerviosismo el labio inferior.
—Y tu piercing también resalta tus labios gruesos —musitó Bill y Tom volvió a relamerse los labios por el lado de su piercing, sonrojándose aún más.
—Tus piercings también… Te quedan bien —masculló Tom sintiendo que se iba a morir por combustión espontánea en aquel instante, era lo más lejos que había llegado y la mirada pesada de Bill sólo lo hacía estremecer más.
—Si un noche no quieres comer solo, podría hacerlo contigo o quizá invitarte a salir, prometo que no sería pizza —dijo Bill sintiendo que el halago de Tom era suficiente para lanzarse con todo, y más porque miraba la forma en que lo veía, cómo se sonrojaba y ponía nervioso por él, que Bill sólo quería besarlo.
Tom boqueó nervioso, era una invitación a una cita, no estaba imaginándoselo, estaba pasando.
—Yo… Tengo que cenar —farfulló Tom, porque sentía que era mucho para procesar, no podía sólo decirle que sí, que se moría por comer con él, por besarlo, no, si era la primera ocasión que tenían una conversación más larga, debía recomponerse.
—Buen provecho, Tom, nos vemos —musitó Bill, guiñándole un ojo antes de ponerse el casco y subirse a la moto.
La forma en que Bill se subía a la moto y encendía, despertaba algo en el de trenzas, estremeciéndolo, que luego se fijó que el más alto ya se había ido y él seguía con la lata en la mano, cerrando la puerta tras de sí, recordando a Bill guiñándole un ojo e invitándole a salir. Tendría que contárselo a Leo, que sus consejos habían funcionado, aunque ahora no sabía cómo proceder, pero esperaba que todo saliera bien.
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Tom casi por inercia llamó a Leo, sin importarle que no fuera de madrugada, estaba demasiado emocionado para no hacerlo, ni siquiera había comido, sólo dejó la lata sobre la mesa de la cocina, sin atreverse a botarla porque había rozado los labios de Bill, como un recuerdo, quizá un tanto enfermizo pero el repartidor no lo sabría, y corrió hacia su cuarto con el chocolate para llamar a su mejor amigo.
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Bill estaba conduciendo cuando se fijó que el aplicativo de la línea caliente estaba sonando, que a veces pasaba, sí, sólo que él solía colgar y ya, sin embargo, cuando se percató que era “Nicole”, es que sin interesarle que no estuviera en su habitación con audífonos y micrófono en su laptop, sino en el teléfono mientras manejaba la moto, es que decidió contestarle, porque no podía colgarle a Tom, mucho menos ahora que habían tenido un tremendo avance a como estaban al comienzo, sólo porque Tom decidió seguir sus consejos como Leo.
—Hola, preciosa, qué gusto que me llames aunque no sea la hora habitual —farfulló Bill, buscando impostar la voz, aunque el audio se escuchaba un poco interrumpido por los sonidos de la calle.
—Hola, Leo, te escucho algo distinto, ¿estás en la calle? —preguntó Tom con su voz femenina.
—La ventana abierta de la oficina —mintió Bill—. Pero dime, bella, ¿qué tal tu día?
—Ay… Es que perdón por hablarte tan temprano, sólo que quería darte las gracias, seguí tu consejo y… Él me regaló un chocolate que le dieron en el trabajo por el aniversario de la pizzería, y sí, sé que no lo compró para mí, pero igual es un detalle muy lindo que pensara precisamente en mí para tenerlo, y no sólo eso, recibió el café que le di y… Me invitó a salir, sólo que no pude responderle, es decir, no lo rechacé, sólo cambié de tema porque me entró el pánico, creo que sí le gusto, bueno, no creo, sí le gusto, me guiñó el ojo y me puse tan nerviosa… Sólo pensaba en besarlo —relató Tom agudizando su voz, para luego suspirar recordando a Bill.
—Oh, me parece… —empezó a hablar Bill, pero interrumpiéndose cuando otra moto pasó por su lado casi empujándolo.—¡Respeta la distancia, salvaje de mierda! Me rozaste el manillar, casi muerdo el asfalto de la avenida monumental —le gritó el repartidor con su voz normal al otro motociclista por el susto que había pasado, pero Tom escuchó todo, la avenida monumental era cerca de su casa y la voz… No era la de Leo, era la de Bill, haciendo que empalideciera de inmediato, comprendiendo ahora por qué había dado ese consejo “Leo”, y por qué es que Bill le había dado justamente uno de sus chocolates favoritos, no era una dulce coincidencia, Bill era Leo.
—¿Bill? —preguntó Tom con su voz normal.
—Sí, preciosa, yo… —habló Bill con su voz impostada, pero se interrumpió al notar que no lo llamó Leo, sino por su verdadero nombre, y tampoco le habló con la voz más aguda como estaba habituado.
—Lo sabías, todo este tiempo lo sabías, Bill, ¿te estuviste burlando de mí? ¿Qué es lo que querías lograr con esto, Bill? ¿Algún tipo de apuesta o qué? —inquirió Tom sintiéndose herido porque se había abierto con quien creyó era su amigo, su confidente, y no, sólo era un idiota que estaba buscando burlarse a costa suya, para convencerlo de salir, o quizá por el morbo de cogerse a un hombre con vagina, como fuera, el de trenzas se sentía dolido, porque no habían sido insultos ni rechazo, pero de todas formas, era un daño intencional.
—No, por supuesto que no, Tom, yo… Todo lo que te dije era cierto, déjame ir a tu casa y explicarte, por favor, no me cierres la puerta —pidió Bill, porque él mismo sabía que la situación podía verse mal, que todo esto se prestaba a malos entendidos, sólo que Bill no quiso alejarlo, no cuando sabía que Tom había pasado por mucho, y que tampoco quería perderlo, le daba muchísima frustración porque había traicionado su confianza, no hubo respuesta desde el otro lado de la línea—. Por favor, te lo juro que no es algo malo, quisiera que me des una oportunidad para aclararlo. Sé que mentí, sólo que la situación en que nos conocimos no había sido la más usual, yo me enteré hace poco que tú eras… Bueno, Nicole —agregó el repartidor, y Tom era consciente de que sí, él mismo no había sido sincero con esa parte, no era como que hubiera sabido como tal que el mismo chico con que conversaba en la línea caliente era el mismo que le traía la pizza caliente, así que tenía que darle el beneficio de la duda.
—Te espero —masculló Tom, antes de colgarle, quedándose quieto en lo que esperaba que Bill viniera, ¿tendría que arreglarse o algo así? No, ¿qué le pasaba? Se supone que estaba enojado con él por mentirle, aunque él no fue tampoco sincero, pero, ¿cuál sería su excusa de alentarlo a que salieran? ¿Cuál era el motivo detrás?
Tom sentía que estaba sobre pensando mucho, sin embargo, era por todo lo que había pasado, aunque Bill siempre se había portado muy amable con él, siendo Tom quien había sido grosero en más de una ocasión, y Leo… Bueno, no le habló sobre Bill hasta mucho después de ya haberle contado todo sobre él, entonces no había forma que Leo hubiera sacado cálculos de que él fuera, había sido muy cuidadoso con lo que le decía, tanto en sus pronombres, como no filtrar su información real, aparte de fingir la voz…
Cuando su timbre volvió a sonar, Tom sintió que sus pasos eran de plomo, porque le pasaba cada que daba uno, no obstante, él mismo había dicho que lo esperaría, por lo que abrió la puerta, notando al muchacho allí, a Bill sin ninguna pizza en su brazo, y sólo una expresión apenada.
—Lo siento, Tom, de verdad, no hay excusa, traicioné tu confianza, pero no sabía que eras Nicole al inicio —mencionó Bill al apenas verlo.
—Tú… Aceptabas llamadas de mujeres, pero quería salir conmigo, ¿eres bisexual o qué? Aparte de mentirme en tu trabajo y lo que estudias, ¿o sí era Gestión empresarial? —inquirió Tom arqueando una ceja, manteniéndose de brazos cruzados a la defensiva.
—No podía decirte mi nombre real porque es parte de mi trabajo, y normalmente no digo en qué trabajo fuera de la línea caliente, a menos que algún cliente lo use para seguirle la corriente en un juego de rol. Soy gay, pero recibo llamadas de chicos y chicas, porque siempre lo mantengo profesional, separo lo que siento, de lo que hablo con esas personas, ¿sabes? Con la única persona que tuve una conexión real, fue contigo, Tom y era… Tan confuso en mi cabeza, porque me gustaste y eras mujer, o bueno, Nicole lo era, y yo un gay asumido desde hacía mucho tiempo… Yo desde el primer momento en que te hablé, lo volví personal, cuando te escuché llorar, sólo quería protegerte, y mi lado profesional lo lancé al caño —confesó Bill observando al de trenzas, quien notaba cómo es que le miraba con intensidad, luciendo afectado sí, no podía mentir en ello y Tom tenía los recuerdos de todas las charlas que tuvo con “Leo”, donde él sólo buscaba saber más sobre “Nicole”, escuchar su día, y apoyarle en todo.
—Pasa, hace un poco de frío, y los vecinos podrían pensar que quieres robarme o algo —dijo Tom, haciéndose a un lado y Bill sintió que era un buen comienzo que le dejara pasar, el repartidor ingresó mientras que el de trenzas se acercaba a la cocina, con el más alto fijándose que seguía ahí su lata usada.
—Conservaste mi lata —farfulló Bill acercándose un poco a Tom con la excusa de ver el objeto, el aludido se sonrojó.
—Ah, sí, me olvidé de botarla —mintió Tom sin retenerle la mirada—. Tú… ¿Por qué me diste consejos para salir contigo? Yo soy intersexual, no soy un chico transgénero, ni alguien para ser fetichizado, nací con vagina, y eso… Ha sido lo que me hizo recluirme, tal y como te conté antes, porque siempre me dijeron que soy un fenómeno por eso —agregó el de trenzas.
—Lo sé, y no te veo como un fenómeno. Te di consejos cuando supe que hablabas de mí, porque me gustas desde hace mucho, Tom, todas las veces que te enojabas, y el resto prefería no venir, yo siempre quería hacerlo, para tener la excusa de verte, sólo que nunca creí que tendría oportunidad de salir contigo. De hecho cuando comencé a sentir cosas por Nicole, a veces quería que fueras como ella, y me dio un respiro saber que al final sí me había enamorado de otro hombre, porque sentía que traicionaba a mi propia orientación luego de tanto haber luchado por ello desde Leipzig. Y… Como te digo, los consejos eran porque no sabía cómo llegar a ti, ya que como eres consciente, me cerraste la puerta en la cara muchas veces, y aún así, me seguías gustando. Sé que fue desleal de mi parte no decírtelo, pero, mírame a los ojos y ponte una mano en el pecho, ¿habrías reaccionado bien si sólo te decía quién era apenas lo supe? Tenía miedo perderte, Tom —se sinceró Bill, abriéndole el corazón al de trenzas quien lo miró con fijeza, porque era cierto, si Bill le decía directamente que él era el repartidor, lo más probable es que no hubiera reaccionado bien, sintiéndose en parte humillado por todo lo que había hecho fingiendo ser una mujer para sentirse aceptado por sus partes íntimas.
Tom sólo veía la misma honestidad en los ojos de Bill, y su corazón volvió a latir acelerado, porque era él, Bill era la fusión de Leo y el mismo chico que le había atraído físicamente.
—Toda mi vida me trataron diferente por ser intersexual, desde mis padres que me sobrreprotegieron, hasta mis compañeros de escuela que no lo entendían y sólo lo veían como un motivo de burla, haciendo que me odiara a mí mismo, alejándome de la gente… La ropa ancha siempre fue mi refugio, mi actitud y ser un chico rudo, también era parte del disfraz que hacía que me sintiera más seguro, protegido del resto, haciendo una conciliación interna al aceptar que tengo partes distintas en un mismo cuerpo. Pero en el teléfono, nadie me veía, sólo me escuchaban, y era más fácil ser alguien más, al menos allí, “Nicole” era una chica normal —comentó Tom aunque supiera que no era del todo cierto, porque al final le había confesado a “Leo” lo diferente que era, sin decírselo del todo, pero igualmente.
—Pero Nicole era una fantasía, Tom. Ella no dibuja así de increíble como tú, ni se ve preciosa con esas trenzas que te quedan jodidamente bien. El que me interesa eres tú, no me importa lo que digan los libros de medicina sobre tu cuerpo, o lo que pueda decir la gente imbécil, eres un chico, uno que es hermoso, talentoso, perfecto y el cliente más bello que me cerró la puerta en la cara —arguyó Bill, y Tom sintió sus mejillas calentarse, queriendo reírse por lo último dicho por el repartidor, recordando que sí, que había sido grosero, y cómo es que Leo le había dicho que siempre lo haría reír.
Pero alzó la vista, fijándose en los ojos del repartidor, delineados e intensos sólo mirándolo a él, mientras que Bill se inclinó en su dirección, aprovechando la cercanía previa por la mención de la lata, consiguiendo que se instalara un silencio entre ambos, sin embargo, no era incómodo, sólo cargado de nerviosismo haciendo que Tom sujetara el borde de su camiseta como si fuera un punto de soporte.
Bill acerca su mano hacia una de las de Tom que tenía aferrada a su camiseta. —¿Puedo? —preguntó antes de sólo tomarlo, y Tom tragó saliva con nerviosismo, pero soltó su camiseta, decidiendo confiar, acercando su mano a la de Bill, notando sus uñas negras, y cómo es que sintió seguridad cuando el más alto envolvió su mano con la suya.
Tom volvió a alzar la vista, Bill estaba más cerca, acariciando con sus dedos sobre sus manos, y había algo en los ojos felinos del repartidor, en cómo lo sostenía, demostrándole con aquel gesto que no iba a irse a ningún lado, que no había rechazo ni desagrado, y Tom sintió que quería llorar, incluso aunque sólo fuera ser tomado por la mano, sabía lo carente de contacto humano que había estado por años, y que este repartidor, estaba dándole que sólo hacía que Tom se sintiera derretirse apoyado contra la barra de la cocina.
Bill cuando notó el apretón de vuelta de Tom, es que miró sus labios para después notar sus ojos color chocolate que lo miraron de regreso, y esta vez sin preguntar, porque sentía que había un mensaje tácito en aquel intercambio sutil, es que Bill se terminó por inclinar del todo, acortando la distancia entre ambos, y besándolo, alzando la mano libre para acariciar su mejilla y sintiendo el suspiro que soltó el de trenzas contra su boca.
No era el primer beso de Tom, pero él sabía que el primer beso le supo amargo fruto del alcohol, sin sumarle el hecho traumático posterior, sin embargo, los labios de Bill sabían a menta, un regusto dulce, y suavidad… No desesperación, porque Bill lo exploraba, aún teniéndolo sujeto de la otra mano, sentía los labios gruesos de Tom, y cómo es que ese piercing era tan delicioso como había fantaseado tantas veces, le mordió el labio inferior ligeramente para colar su lengua dentro de su cavidad, haciendo que Tom jadeara, pero correspondiera, incluso sin poseer mucha experiencia, se sintió complacido por cómo es se sentía agradable percibir la lengua perforada de Bill, acariciando la suya, haciendo que sus cuerpos se pegaran frente al nuevo contacto…
No había barreras entre ambos, sólo sabían que este beso, que parecía nunca parar, y que ellos mismos no querían que se detuviera, estaba despertando algo en su interior, desatando una vorágine que los arrastraba… Tom poseía tantos traumas que lo habían hecho formar una coraza del mundo, sumido en un ostracismo, odiándose por quién era, pretendiendo ser alguien más, pero Bill lo veía como era, lo aceptaba, con todo y sus particularidades, él no sentía asco ni repudio, y esas palabras que había soltado con afecto, no podían provenir de alguien que sólo lo veía con morbo, y la forma en que lo besaba… Tom podría seguir haciéndolo hasta que se le cuartearan los labios, porque nunca lo habían besado así, y cómo es que el peso de Bill presionándolo contra la barra sólo estaba consiguiendo que él sintiera que el calor que le recorría las mejillas, se extendiera por su cuerpo entero…
Bill incluso aunque supiera que Tom no era como un chico cualquiera, que en sí, poseía vagina, no podía dejar de sentir todo el afecto, y el deseo que le despertaba el de trenzas, que sabía que quizá era un tanto precipitado, sin embargo, de todas formas al estar pegados, se separó por aire, y también por el bulto que tenía en los pantalones, luciendo un tanto azorado y avergonzado por cómo es que se había puesto sólo por un beso.
—Lo lamento —mencionó Bill, y Tom miró el bulto, tragando saliva nervioso.
—Yo también… Uhm sólo que no se ve —comentó Tom sonrojado, porque se había excitado durante el beso, sólo que no tenía un pene que se marcara—. Si quieres podríamos… —sugirió el de trenzas, mordiéndose el interior de su mejilla.—Sólo que… Sabes que no lo hice con nadie, yo… —acotó interrumpiéndose.
—También sería nuevo para mí porque nunca he estado con un chico como tú, pero podemos descubrirlo juntos, te lo dije antes, para mí eres perfecto, Tom, todo tú —masculló Bill, porque él no había tenido una fase experimental donde se acostó con mujeres, nunca había estado con alguien con vagina, sólo que era Tom, y era el mismo chico que le había encantado desde antes.
Tom asintió, aún viendo sus manos unidas, y llevándolo hacia su habitación, donde se soltaron, pero Bill lo volvió a besar, haciendo que Tom se aferrara a su cuello, mientras que el más alto lo empujaba poco a poco en dirección a la cama, cómo es que cuando el doblez de sus rodillas llegaron al borde, terminó por caer de espaldas, con Bill sobre él, quien no dejaba de besarlo con necesidad, haciendo que se renovara la excitación en Tom, sintiendo sus labios latir y cómo es que se lubricaba más, hinchándose por las sensaciones que le recorrían el cuerpo ante los labios de Bill, la forma en que el repartidor se dirigió a su cuello, y Tom bajó las manos a los hombros de Bill aferrándose con sus uñas cortas por encima de la tela…
Bill coló una mano por debajo de la camiseta ancha, sintiendo el vientre plano y subiendo hasta su pectoral, haciendo que Tom se arqueara ante el contacto, juntando los muslos por el deseo que estaba anidándose dentro suyo. Aunque el de trenzas sintiera aún inseguridad, Bill lo miró con afecto, mientras le quitaba la camiseta, observándolo con los ojos dilatados al ver su cuerpo bajo el suyo, y él mismo quitándose el uniforme de la pizzería, mostrando su pecho lampiño y con tatuajes, que hicieron que Tom se excitara más, alzando sus manos para tocarlo… Primero con timidez, pero luego con mayor confianza, porque notaba muy bien cómo es que el bulto se hacía cada vez más grande al tener las yemas de los dedos de Tom sobre su piel sensible que se ponía de gallina.
Bill se quitó la correa y pantalones, mientras que ayudó a Tom con lo mismo, también quitándose los zapatos, siendo la última barrera sus calzoncillos… Bill se los quitó con cuidado, fijándose en cómo había una mancha de humedad en ellos, y observando el monte de Venus del de trenzas, quien giraba su rostro a un costado, por más que en sí su cuerpo gritara por el deseo, por la inflamación en sus labios, que estaban húmedos y rojizos, y Bill se inclinó sobre Tom, sujetándolo por la quijada, haciéndolo que lo viera.
—Me encantas, ¿está bien? Tal y cómo eres, siento deseo por ti, y sólo quiero aprender a complacerte —le susurró Bill contra sus labios.
—Pero mi cuerpo… Es un error, tú ni siquiera… —quiso refutar Tom en un momento de inseguridad.
—Shh, no, Tom, no eres un error, tú me fascinas y… Me prendes —acotó Bill, llevando una de las manos del de trenzas hacia su miembro erecto, haciendo que Tom percibiera cómo palpitaba contra su palma y su interior se mojara más por ello, veía el deseo en los ojos de Bill, sus pupilas dilatadas y cómo es que todo gritaba que realmente iba a pasar, sin asco o repudio, sino porque ambos querían, aunque Bill no hubiera estado con alguien con vagina antes.
—Yo… Confío en ti —cedió Tom, no sólo dejando que Bill pusiera su mano sobre su dureza, sino rodeándola, acariciando la hombría del más alto que siseó, bajando su otra mano para colarla entre las piernas del de trenzas, pasándola por encima de sus labios mojados y acomodando su rostro contra el suyo, volviendo a besarlo mientras mantenía una caricia exploratoria por fuera de la intimidad de Tom.
Tom gimió durante el beso, comenzando a masturbar a Bill, incluso sin saber hacerlo correctamente, mientras que Bill ingresó un par de dedos en su interior, haciéndolo que se quebrara contra ellos, chupándole la lengua, porque estaba encendiéndose cada vez más…
—Bill… —soltó Tom en un jadeo necesitado, con ojos brillantes, meciéndose contra la mano del más alto, quien lo vio con intensidad, tragando saliva, ya que era similar a cuando preparaba a algún chico sólo que sin lubricante, y siendo diferente por cómo se sentía algún tipo de succión en aquella cavidad.
—¿Te gusta así? —preguntó Bill con la voz ronca por su propia excitación y Tom asintió mordiéndose el labio inferior, con el agarre de su mano flaqueando en el miembro del de pelo corto.
—Quiero… Sentirte por completo —soltó Tom hundiendo su rostro en el cuello del repartidor, que sacó los dedos de la vagina del de trenza, con cuidado, mientras que se terminaba de ubicar entre sus piernas.
—Sólo… Me dices si te duele, ¿está bien? —propuso Bill, y Tom asintió, soltando el pene de Bill, para observar cómo lo guiaba en dirección a su entrada, sintiendo la cabeza roma húmeda que hizo presión por fuera, con Tom arqueándose al sentirlo, y cómo es que poco a poco se la metió.
—Ooh… Uhmn… —soltó Tom, porque la sensación era similar a la de su juguete, sólo que más grande, el de trenzas se aferró a la nuca tatuada de Bill, empujando su pelvis para que terminara de ingresar, haciendo que el repartidor se quedara paralizado en el interior de Tom, porque estaba lidiando con la sensación de cómo es que sentía estar dentro de Tom, era húmedo, caliente y apretado… Pero alzó su rostro para buscar el del de trenzas, volviendo a besarlo.
A Tom le gustaba ser besado, haciendo que su interior apretara más el interior de Bill, cómo una succión que sólo hizo que el más alto comenzara a moverse…
Bill se sentía mucho mejor que su juguete, no sólo por ser más grande, era porque a Tom le gustaba la sensación de percibir latir en su interior, y cómo es que abrazarlo con sus piernas, era lo más natural, y más cuando las manos del más alto se dirigieron hacia sus caderas, aferrándose a ellas, y comenzando a darle embestidas cortas pero profundas, haciendo que Tom gimiera más fuerte contra los labios del repartidor, porque a cada estocada, por la flexión y movimiento de arrastre, no sólo iba dándole en su punto G, sino que también su clítoris iba estimulándose al mismo tiempo, por lo que Tom se quebraba más debajo del cuerpo de Bill, aferrándose a su espalda, mientras que su entrada convulsa atraía al de pelo corto más dentro de él… Por la forma en que se contraía alrededor de su virilidad.
Todos los miedos, las dudas e inseguridades, se habían hecho a un lado, habían apagado el lado racional, dejándose guiar por el deseo que nació del amor, de cómo es que se habían conocido sin ser sinceros… Pero siendo ellos mismos en esencia…
La culminación de ambos fue a destiempo, porque Tom se había corrido más de una vez, aún disfrutando de tener a Bill dentro suyo, con la facilidad de ser multiorgásmico pero volvió a venirse cuando sintió a Bill llenarlo… Cómo es aquella calidez y movimientos erráticos por correrse en su interior era algo que Tom jamás había experimentado y se quedó acezado, aún con el agradable peso de Bill sobre él, quien seguía dentro suyo, separó su rostro viéndolo sonriente, ambos lo estaban, envueltos en una burbuja de amor posterior a la entrega.
—Vaya, entonces el chico de la línea caliente al final sí sabía lo que hacía —bromeó Tom, pasando los dedos por la espalda sudada de Bill, quien se rió.
—¿Te gustó? —cuestionó Bill, sin salirse de Tom, pasando una de sus manos que tenía en sus caderas hacia el muslo del de trenzas, quien se estremeció por el toque, pero se mordió el labio inferior y asintió.
—¿Quieres que te demuestre qué tanto me gustó? Porque… Podría seguir si se te vuelve a parar —dijo Tom en un tono coqueto, sintiéndose más confiado en sí mismo luego de todo lo que había pasado, ya que Bill se había corrido y no se la sacaba, así que él sólo contrajo más su vagina alrededor de la virilidad del repartidor quien siseó, empujándose por inercia.
—Si sigues así se me volverá a parar —se sinceró Bill y Tom rió, con el repartidor inclinándose para volverlo a besar, haciendo que el de trenzas fuera consciente de que sí, esto no había sido sólo sexo, sino habían hecho el amor.
Incluso si habían tenido intimidad luego de confesarse, se conocían desde hace bastante tiempo para poder saltarse unos pasos…
Bill ya no volvería a trabajar en la línea caliente, para prevenir que se enamorara de alguien más, le había dicho Tom, y también no tuvo que preocuparse por la renta, porque el de trenzas le dijo que podría mudarse con él, y sí, quizá era un tanto precipitado, pero Tom, quien había estado solo la mayor parte de su vida, le gustaba cómo todo había cambiado desde que tenía la presencia de Bill en su hogar, cómo ya no sólo era él con sus dibujos y música, sino Bill cantando al ritmo de alguna canción que sonaba, o Bill ayudándole a cocinar algo más elaborado que sólo sopas instantáneas, pasta de sobre o delivery, ya que el repartidor no es que fuera el mejor cocinero, pero sí era el encargado de cocinar donde sus roommates.
Así que Tom comenzó a sonreír más, disfrutando de dormir acompañado, y cómo todo había empezado por una llamada, una que hizo temeroso y donde fingió ser alguien más, pero ahora no tenía que hacerlo, ahora sólo llamaba a Bill si lo extrañaba en algún momento del día.
—Llámame a la hora que sea, mi amor, sabes que siempre serás mi prioridad —le había dicho Bill porque él sabía que con ello no sólo era estar disponible, sino más bien no tener ninguna restricción con su novio, haciéndole saber que no tendría que estar solo nunca más, y Tom le tomó la palabra, porque si bien también su novio estudiaba, incluso bastaba no llamarlo como tal, sino un mensaje y se hacía tiempo para contestarle, haciendo también que Tom apreciara lo que era salir de casa, incluso para pasear con Bill sobre su moto, sintiendo la adrenalina al abrazarlo por la cintura, y cómo es que se sentía tan libre.
Bill había llegado a su puerta para darle color, haciendo que ya no fuera más el “Grinch de la calle 483”, como le había comentado que lo apodaron en la pizzería, sino como “el novio de Bill”, haciendo que Tom no se quejara porque no lo llamaran por su nombre, porque sólo le interesaba que Bill lo hiciera, y si era conocido por ser suyo, que así fuera, porque hasta iba a presentárselo a sus padres, así de serio iba con él, y Bill mismo le había dicho que también quería que conociera a sus papás, con Tom aceptando, ya que él podría pagar el viaje a Leipzig para conocer a sus suegros.
Porque no había pasado ni un año desde que Bill y Tom empezaron su relación, pero tenían la certeza de que no querían soltarse jamás, ya que todo lo que estaban viviendo, era como un sueño, uno del cual no querían despertarse nunca, querían seguir amaneciendo uno al lado del otro, enrollados en las sábanas, porque su mejor refugio eran los brazos del contrario, y cómo parecía que nunca tendrían suficiente el uno del otro, nada había sido planeado, sin embargo, no querían cambiar nada.
F I N
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