Día 9: Saboteando las relaciones del otro.
Nota: Pues aquí Tom y Bill son sobrino y tío, y sí, el año pasado fue Querido tío donde Tom era el tío y Bill el sobrino, acá tocó intercambiar xD. Vendría a ser el día 9 del incestember 2026 organizado por Sunmess Odinson.
(One-Shot de Kasomicu)
«Trapito y su Erizo»

Tom se sentía frustrado mientras garabateaba en su cuaderno, él no merecía ese trato, que le pusieran candado a la ventana, como si estuviera en una jodida cárcel en vez de en su habitación, porque “no confiaban” en él, como si se tratara de un niño y no de un muchacho que estaba por cumplir la mayoría de edad, no… Sólo era visto como un problema y eso le causaba una sensación amarga en su interior.
La única persona que sí lo veía como alguien no estaba aquí para apoyarlo, y a sus padres no le interesaba lo que él tuviera que decir, y los entendía, en parte, pero ni papá ni mamá ponían al menos un poco de esfuerzo por intentar entenderlo.
El único que lo comprendía era su tío, pero él por sus prácticas universitarias se había ido a otra ciudad, y ya había pasado más de un año desde aquello, haciendo que Tom, de todas formas, mirara por inercia a su ventana, viendo la casa de su tío, para suspirar, porque en sí Tom se había criado con él, no podía decir que lo veía como una figura paterna, porque apenas se llevaban siete años.
—Es que tu tío fue el último polvo que se echaron tus abuelos —bromeaba su padre, porque Zacharias Kaulitz se llevaba trece años con Bill, su hermano menor y también el tío de Tom, el que Charlotte Kaulitz, su abuela, hubiera tenido un “embarazo sorpresa” a sus treinta y nueve años, en lo que consideraba era su pre menopausia, terminó siendo que a sus cuarenta nació su tío.
Sólo que su padre embarazó a su madre cuando ambos tenían diecinueve años, siendo también él producto de un embarazo sorpresa, que Tom se preguntaba qué es lo que esperaban si se cuidaban con el método de coito interrumpido, no es que fuera una rifa para sacarse un premio al azar, sí o sí podrían tener un hijo.
Pero Tom nació cuando su tío tenía siete años, siendo más bien como un hermano mayor al comienzo, aunque Bill siempre le repitiera: —Soy tu tío.
Y Tom le mirara frunciendo el ceño para responderle:—Ayer jugamos con mi play.
Y Bill no podía refutar ante el tremendo argumento de un niño de diez años, para terminar riéndose con él, cuando el mayor tenía diecisiete años.
Pero Bill había sido también su apoyo, porque sus padres, al haberlo tenido joven, en vez de ser más comprensivos con él, más bien lo limitaban, y eso sólo hacía que Tom quisiera explotar, buscando ser libre, por lo mismo, es que terminaba metiéndose en líos y el único que había sido quien nunca lo juzgaba, sin embargo, sí le pedía que razonara más, era Bill.
—Tom, comprendo que tengas problemas con tus padres porque siempre quieren controlar cada cosa que haces y restan importancia a lo que quieres, pero mira, estos actos de rebeldía, de los cuales por lo general salías impune, ahora están teniendo más repercusiones porque tienes dieciséis años, entonces el que te atrapen haciendo graffitis lo consideran vandalismo y sí, tienes suerte de que vine yo antes para sacarte de la estación de policía, sin embargo, pudo ser mucho peor —explicó Bill mientras conducía de regreso con Tom quien estaba cabizbajo.
—Ellos… Nunca están ahí, fue la premiación por los primeros puestos, y fue tan patético ser el único que no tenía quién lo viera al recibir el diploma —soltó Tom mirando hacia la ventanilla y Bill le removió los cabellos con cariño.
—Lamento el no haber podido estar ahí, me habría encantado verte, sólo que tenía exámenes de la universidad y no podía salir —dijo Bill, que tenía veintitrés años en aquel momento.
—Es que no es tu obligación, Bill, eres mi tío, es algo que deben hacer mis padres y aún así, ninguno se tomó el esfuerzo de hacerlo por más que se los dije con semanas de anticipación —barbotó Tom frustrado, que por eso en su afán de desahogarse a la salida del evento fue a graffitear, pero tardándose más hasta el punto de ser capturado por la patrulla de policía que pasaba cerca.
Bill quería pensar que quizá era porque no consiguieron el permiso de su trabajo, es decir, él mismo, aparte de la universidad, trabajaba a medio tiempo desde la laptop, pero no podía sólo no conectarse o algo, teniendo horas que cumplir, pero que incluso que Trinity, la esposa de Zack, su hermano, tampoco se hubiera dado un tiempo, le daba un resquemor, porque eran injustos con Tom.
Bill mismo había tenido una brecha muy grande con su hermano mayor, porque él tenía trece cuando Bill apenas nació, conforme fue creciendo, no compartían los mismos intereses, y Zack no era como sus compañeros hablaban de sus hermanos mayores, nunca fueron los más unidos, y Zack mismo buscaba pasar tiempo fuera de casa para no tener que “cuidarlo”. Cuando Trinity quedó embarazada, es que ella se mudó a la casa de sus padres, y de ese modo es que Bill vio todo el proceso de la enorme panza de Trinity hasta que nació Tom, siendo una “novedad” para su yo de siete años, un bebé, casi como un juguete más, sin embargo, se encariñó mucho con su sobrino, siendo tan raro tener once años con un sobrino de cuatro años, pero algo que Bill decía con orgullo.
Sólo que luego es que Bill mismo se daba cuenta que no era tan cómodo vivir en una casa multifamiliar, es decir, cuando él era un niño, era algo bueno, pasaba tiempo con Tom, pero también escuchaba las discusiones no sólo de sus padres, sino de su hermano con su cuñada, teniendo a veces que distraer a Tomi para que no le afectara tanto las peleas.
Cuando fue adolescente y Tom un niño, se repetía lo mismo, haciendo que Bill se preguntara por qué su hermano no se independizaba, es decir, él adoraba a su sobrino, sólo que comenzaba a cuestionarse que la casa era demasiado pequeña para vivir cuatro adultos, un adolescente y un niño, y que por eso mismo es que terminaban por tener problemas con Trinity que quería su propio hogar porque no le gustaba vivir con sus suegros, y no es que sus padres fueran malos en sí, sólo que Bill entendía que era normal que chocaran por algunos asuntos.
Antes de que Bill cumpliera la mayoría de edad, había comenzado a trabajar en sus vacaciones como mesero, y luego al ingresar en la universidad del Estado, porque sus padres no tenían lo suficiente para costearle una particular, es que también Bill se mantuvo trabajando no sólo en vacaciones, sino también desde casa, para poder independizarse, viviendo al frente de la casa de sus padres, porque el alquiler era poco, la casa era más bien pequeña, pero servía para un hombre soltero.
Sólo que nunca se alejó de Tom, yendo a visitarlo o también su sobrino metiéndose como Juan por su casa, para pedirle que le comprara pizza y ver películas juntos, aunque Bill estuviera más pendiente de sus estudios o su trabajo virtual, pero quedarse hasta la madrugada solo a quedarse hasta la madrugada con el sonido de fondo de su sobrino riéndose mientras veía la televisión, era algo reconfortante, lo hacía más llevadero.
Sin embargo, el último año de su universidad para poderle dar el título es que tenía que hacer unas prácticas profesionales en otra ciudad, por lo que terminó por pasar un año lejos, aunque pagando todavía el alquiler de su casa porque seguían sus cosas allí, y ahora Tom iba a cumplir dieciocho año, pero todavía veía anhelante por la ventana hacia la casa de su tío, donde todas las luces estaban apagadas, y él no tenía forma de verlo.
Porque claro, Bill le hacía videollamadas cada que podía, no obstante, no era lo mismo verlo una vez por semana y teniendo que colgar, sin poder abrazarlo o lanzarle pedazos de palomitas de maíz para que le hiciera caso, o un cojín, o recibir los jalones de mejilla o de sus rastas que le hacía el mayor, o cuando le pasaba su mejilla rasposa por la suya, así se quejara, era algo que sí le gustaba.
Pero no, Tom estaba allí, cumpliría sus dieciocho años encerrado con un candado en la ventana y sin su querido tío, porque por lo que Tom sabía, Bill regresaría todavía tiempo después, ya que era más que probable que se extendiera su pasantía.
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El día del cumpleaños de Tom, le dejaron salir con sus amigos, aunque con toque de queda, y la verdad es que a Tom le daba igual, no quería emborracharse ni nada, por más que legalmente ya pudiera hacerlo, de por sí sólo quería salir por sus amigos, no por tener verdaderas ganas de hacerlo.
—¿Por qué esa cara larga, Tom? Se supone que deberías estar feliz, ya tienes dieciocho años —le intentó animar Georg, codeándole.
Tom chasqueó la lengua. —No me interesa, años más, años menos, da igual. No puedo “ser libre”, el próximo año deberé estudiar en la universidad, pero ni siquiera podré vivir en el campus ni elegir la carrera que yo quiera, porque mis padres quieren que regrese donde ellos después de las clases y que estudie Derecho, y ya estoy harto —soltó el de rastas.
El castaño le pasó la mano por la espalda. —Bro, pero, ¿no has pensado en pedirles que te dejen elegir al menos la carrera? Porque literalmente ellas no la estudiarán por ti, ni tampoco es que ellos la ejercerán.
—¿Crees que no lo he intentado? Claro que lo hice, y les da igual, dicen que la carrera de Música es algo con lo que uno se muere de hambre, y que no piensan mantenerme, así que quieren que estudie algo que sí genere ingresos para evitar que me termine convirtiendo en una carga —mencionó Tom fastidiado mientras bebía un sorbo de la lata de cerveza.
Georg soltó un suspiro, palmeándole la espalda. —Me compadezco la verdad, aunque supongo que está bien que al menos quieran pagarte una carrera, yo tendré que tener un “año sabático”, entre muchas comillas, para ir trabajando y así costearme una —explicó el castaño.
—Sí, supongo que al menos es ventaja que me paguen una, sólo que… Igual no es lo que quiero, y me da tanta rabia que ellos se refieran así de mí, cuando literalmente seguimos viviendo en la casa de mis abuelos —mencionó Tom, porque consideraba que ellos eran también algún tipo de carga para sus abuelos.
—Ya, pero distráete, mira, hay una chica que te está haciendo ojitos a lo lejos —dijo Georg, señalando a la muchacha pelirroja que veía en dirección hacia Tom, el de rastas se giró siguiendo la seña de su amigo, y la muchacha le sonrió y guiñó un ojo, acercándose hasta él.
“Dios, para qué miré”, se recriminó Tom mentalmente, pero terminó por ofrecerle una sonrisa cuando la muchacha le anotó su número en una servilleta, donde también la besó, dejando el labial en ella, y dándoselo al de rastas.
No es que la pelirroja no fuera bonita, lo era, tenía un lindo rostro y buen cuerpo, sólo que él… Bueno, “no era lo suyo”.
—La verdad creo que estoy un poco ebrio, mejor me regreso a mi casa —soltó Tom, poniéndose de pie, para evitar que la muchacha, que al parecer se llamaba Danielle, volviera a acercarse a él o esperar que la invitara a bailar o algo.
—¿En serio? No te ofrezco un aventón porque planeo quedarme hasta tarde —farfulló Georg, ya que apenas eran las 10 pm, siendo demasiado temprano para él.
—Sí, no te preocupes, cuídate, Geo —musitó Tom para salir del lugar, se supone que podía regresar a medianoche, pero estaba por completo drenado, se pondría audífonos con ASMR para dormir y ya dejar que ese día de mierda hubiera terminado como un día más, en vez de ser un motivo real de celebración.
Cuando llegó a su casa, es que sabía que sus abuelos habían salido para irse a un crucero, porque incluso le dejaron una propina de cumpleaños, y sus mismos padres, iban a pasar la noche fuera porque iban a una fiesta y su supuesta “noche de pareja” a la semana, para evitar divorciarse, así que técnicamente tenía la casa sola, pero era lo mismo que nada, encendió la luz, activó de nuevo la alarma de seguridad, haciendo que esa notificación les llegara a sus padres, por lo que sabrían que había regresado, ni siquiera estaba borracho, pero no quería hacer más que dormir, incluso sin sentir sueño, era más la intención de “apagarse” para no sentir.
Pero a las 11:30 pm, Tom aún seguía viendo el techo cuando escuchó el timbre por encima del ruido de su ASMR, frunciendo el ceño confundido, ¿se habrían olvidado sus padres la llave? Aunque se suponía que regresarían mañana, no hoy.
Tom bajó las escaleras con un bate de béisbol, más que nada por seguridad, en caso no sean sus padres y sea algún ladrón tanteando si había alguna persona en la casa, y por eso es que quería estar preparado, abriendo la puerta pero en posición de ataque y la persona en el umbral lo vio sonriendo.
—Dios, y yo que quería saber si seguía siendo bienvenido aquí pero ya hasta me quieres golpear como recibimiento —se burló Bill con una caja de pizza en el brazo.
Tom soltó de inmediato el bate y se lanzó a abrazar al mayor, que tenía cuidado de no botar la pizza por el gesto del menor.
—¿Por qué no avisaste que ibas a venir? Podría haberte ido a recoger al aeropuerto —soltó Tom, sintiendo ganas de llorar por la emoción de ver a su tío allí cuando sólo quería apagar su cabeza, era lo mejor que le había pasado en el día.
—Porque es tu cumpleaños, no quería molestarte, sino intentar al menos llegar a tiempo, falta media hora para que sea el día siguiente así que al menos cuenta cómo celebrar un poco tarde, compré pizza en el aeropuerto, la de mozzarella tu favorita, sólo que estará un poco fría por el trayecto, pero no interesa, eso nunca nos ha importado —farfulló Bill mientras que Tom se separaba de él y lo jalaba de la mano libre para que pasara.
—Yo… ¿No ibas a venir el próximo año todavía? La pasé horrible sin ti —dijo Tom mientras que lo guiaba a la sala para sentarse y prender la televisión, activando la seguridad antes de que sus padres pusieran en grito en el cielo y enviándoles un mensaje para decirle que había llegado Bill.
—Sí, bueno, es que demostré un buen desempeño, así que me dieron la opción de regresarme antes porque validarán el resto del tiempo en un trabajo remunerado, conseguí uno, así que decidí aprovecharlo para comprar el vuelo más próximo, sólo que no contaba con que sólo estuviera disponible el mismo día de tu cumple, pero me alegra haber llegado —masculló Bill luciendo un poco ojeroso con el cabello negro un poco más largo a como se fue y la barba también de días notoria, pero tenía los mismos ojos color chocolate mirándolo con afecto que hizo que a Tom sintiera su pecho apretado.
—A mí me alegra que lo hayas hecho, te extrañé mucho, erizo —sentenció Tom abrazando al mayor en el sillón, y Bill correspondió al gesto, dejándole un beso sobre la coronilla, diciéndole aquel apodo por el look que tenía Bill cuando era más joven con los cabellos parados con laca que lo hacía parecerse a aquel animal.
—También yo, trapito —le respondió Bill con el apodo cariñoso que le decía por sus rastas que lo asemejaban a un trapeador.
—Quería hablarte a diario, pero estabas ocupado, media hora de charla los domingos no era suficiente —se quejó Tom apoyando la cabeza contra el hombro del mayor, inclinado contra él.
—Lo sé, yo también quería hacerlo, pero también me iba a escuchar todo intenso diciéndote diario que te extrañaba —masculló Bill acariciando a Tom por su espalda.
Bill mismo a sus veinticinco años, se fijaba que él había dejado a un Tom de dieciséis casi diecisiete, y ahora estaba viendo al joven de dieciocho años, que había pegado su estirón aunque seguía manteniendo la misma mirada, incluso aunque ya casi no se notará el rostro redondeado porque era un adulto.
—Eso nunca nos detuvo antes —mencionó Tom sonriendo al recordar que precisamente se llenaban de varios mensajes casi todo el tiempo.
—Pero bueno, ¿vemos la película y comemos? —ofreció Bill y Tom asintiendo, abriendo la caja mientras comía una tajada, y Bill hacía lo mismo, dejando que se reprodujera la televisión aunque estuvieran más entretenidos hablando el uno con el otro.
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Al día siguiente, es que Tom se fijó que tenía varios mensajes en su teléfono, más que nada uno de un número desconocido y otro de Georg pidiéndole disculpas.
Al principio no procesó hasta que se percató que sí, que Georg lo había vendido por una botella de alcohol, es decir, le había dado su número a la pelirroja de la fiesta a cambio de eso, y dicho que sí, que iría a una cita con ella, que no tenía que hacer nada, sólo ir, y bueno, el mensaje del número desconocido era de ella, dándole la fecha y hora para invitarlo a comer, haciendo que Tom pusiera una expresión de fastidio.
—¿Qué pasó? —preguntó Bill, alzando la cabeza desde la bolsa de dormir en el piso, habiendo escuchado el sonido del teléfono de Tom, tapándose la boca al bostezar, si bien podría haberse regresado a su casa anoche, prefirió descansar en la bolsa de dormir para quedarse con Tom.
—Tengo una cita —masculló Tom pero como si dijera que iba a recibir la inyección letal.
Bill se rió. —¿Pero es algo bueno, no?
—Sí, pero… —se interrumpió Tom, no queriendo decirle a su tío el por qué no quería salir con la chica, fuera de que básicamente Georg se lo hubiera impuesto por venderlo por una botella de alcohol, como si él costara tan barato.
—¿Pero qué? —interrogó Bill arqueando una ceja, porque notaba esos silencios de Tom.
—Porque no sé qué ponerme —respondió Tom, intentando desviar la atención del tema, y Bill frunció el ceño, porque sonaba como excusa.
—Eh, bueno —soltó Bill, en lo que abrían la puerta del cuarto de Tom, haciendo que el menor se sobresaltara, porque esperaba que respetaran la privacidad de su sobrino ahora que tenía la mayoría de edad.
—Bill, entonces era cierto que estuviste aquí, pensamos que era una excusa de Tom para meter a alguien —masculló Zack viendo a su hermano.
Tom apretó la mandíbula, resistiendo las ganas de poner los ojos en blanco ante la acusación de su padre que seguían tratándolo como si fuera un jodido niño.
—No, Zack, sí estoy aquí, sino que nos quedamos viendo películas con Tom hasta tarde y bueno, ya me dio flojera irme, pero ya me regreso a mi casa no te preocupes —farfulló Bill, poniéndose de pie mientras doblaba la bolsa para dormir.
—Tú sabes que esta también es tu casa —masculló Zack mirando a su hermano, con Tom callándose de nuevo las ganas de decirle que sí, porque era de sus abuelos, pero no porque su padre fuera el dueño.
—Sí, pero ya tengo que arreglar todo el desastre ya sabes, por tanto tiempo fuera —respondió Bill, sonriéndole a su hermano que le palmeó la espalda, y Bill miró a Tom—. Luego nos vemos, trapito, cuídate, recuerda que si quieres ayudar a tu decrépito tío a limpiar también puedes venir —agregó guiñándole un ojo y Tom sonrió antes de verlo irse.
—Y tú ni me saludas, hijo, ¿qué te pasa? —preguntó Zack mirando al menor.
—Pa, literalmente entraste sin tocar, pero buenos días —saludó Tom, sintiendo que había sido muy irrespetuoso el comportamiento de su padre hacia él como para que le exigiera también respeto por el saludo.
—Tienes que entender que mientras sigas viviendo en mi casa, debes regirte bajo mis reglas, Tom Kaulitz, y si bien eres un adulto, eso no significa que no pueda ingresar a supervisar que todo esté bien en tu habitación —soltó Zacharias frunciendo el ceño.
—Está bien, padre, lo lamento por no saludarte antes —barbotó Tom, resistiendo las ganas de insultarlo o decirle que no era su jodida casa, sino de sus abuelos, pero tenía que morderse la lengua o sería peor, al menos podría irse donde su tío ahora que había regresado, porque antes ya había intentado alzar la voz, y había terminado recibiendo golpes para que “aprendiera”, y Tom prefería sólo morderse la lengua y obedecer para evitar más conflictos.
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Bill no sabía qué estaba haciendo nuevamente allí, porque sabía que su sobrino iba a tener su cita dentro de media hora, pero se le ocurrió ir a visitarlo, recordando que Tom le había mencionado que no sabía qué ponerse, por lo que terminó tocando el timbre, esperando ser recibido por su hermano o cuñada, pero no, era Tom que estaba ya vestido pero con las rastas sueltas, faltando acomodárselas en una coleta con su bandana y gorra, como usualmente lo hacía.
—Erizo, ¿qué pasó? Mis papás están trabajando —soltó Tom.
—Sí, lo sé, quería ayudarte con tu ropa aunque ya estás vestido —mencionó Bill observándolo, y Tom se alzó de hombros.
—Sí, me puse lo que tenía limpio —respondió Tom.
—¿Te parece si busco entre tus cosas? Quizá haya algo un poco más… Adecuado para la ocasión —propuso Bill, y Tom miró su teléfono.
—Sí, supongo que puedes si es que es algo rápido antes de irme —acotó Tom.
—Claro, no demoraré —le aseguró Bill, en lo que pasaba e ingresaba hasta el armario de Tom—. Mira, ¿qué tal esto?
—¿Una camisa? Ni que fuera un anciano —soltó Tom frunciendo el ceño.
Bill chasqueó la lengua. —No digo que sea algo tan formal, pero sí sport elegante, unos jeans, con camisa, te daría otra visión —mencionó.
—Estás loco, esa no más la tengo ahí para ocasiones importantes, pero no quiero que una chica piense que soy uno de tu edad para ponerme camisa para una cita —farfulló Tom.
—¿Uno de mi edad? Nos llevamos siete años, trapito bocón, pero esos clásicos siempre sirven con las chicas —repuso Bill.
—Uy sí, por eso eres el más popular con ellas, ¿verdad? —se burló Tom arqueando una ceja y Bill puso los ojos en blanco.
—Por decisión propia es que no tengo pareja, que sepas, son muchos líos, y por eso prefiero estar solo —acotó Bill, aunque era más el asunto de que era gay, y bueno, él buscaba más ligues ocasionales que estar en una relación seria, porque con sus estudios y trabajo, no le quedaba tiempo para dedicárselo a otra persona, prefería sólo estar molestando a su sobrino y luego tener algún tipo de desfogue que buscaría en Grindr—. Pero ya, no estábamos hablando de mí, ¿por qué no te pruebas el outfit que te digo para que notes la diferencia? —instó el pelinegro, a lo que Tom bufó, pero sujetó la camisa para quitarse las camisetas anchas y comenzar a abotonarse la camisa, mientras que Bill desvió la mirada, sentándose mientras prendía la televisión.—Mira, está jugando el Bayern —mencionó recordando que era el equipo favorito de Tom.
—Mierda, es cierto, hoy jugaban, se me olvidó —soltó Tom sentándose al costado de Bill, haciendo que la cita quedara relegada, Bill mismo lo sabía, que de algún modo, arruinó la salida de Tom, pero no podía evitarlo, incluso recordándolo, decidió callarse viendo el partido aunque le hubiera el fútbol.
“¿Qué estoy haciendo?”, se preguntó Bill a sí mismo en su fuero interno, “es que temo perderlo, ahora que he regresado, temo que tenga una novia y deje de pasar tiempo conmigo”, agregó mentalmente.
Tom había dejado su teléfono apagado mientras estaba cargando, pero cuando fue consciente de que había pasado demasiado tiempo, es que se puso de pie y acercó hasta su teléfono, encendiéndolo y viendo las llamadas perdidas, tanto de Danielle como de Georg, y que se había pasado por mucho del tiempo, haciendo que la chica se consideraba plantada.
Sólo que él mismo no quería ir, así que se alzó de hombros, y regresó a su habitación a terminar de ver el partido.
—¿Todo bien? —inquirió Bill al verlo regresar, y quitarse la camisa para ponerse su camiseta de nuevo.
—Sí, la cita se canceló —mintió Tom, en lo que Bill dejaba de verlo porque estaba desnudo en la parte superior, para fijarse en el partido.
—Cosas que pasan, ¿pido pizza entonces? —propuso Bill.
—Sí —cedió Tom, aunque él mismo se diera cuenta que Bill estaba demasiado despreocupado, ¿sería que habría saboteado su cita de forma intencional? Se quedó curioso al respecto, pero decidió no decir nada.
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Con Bill trabajando, es que todavía Tom podía ir a verlo, porque él ya estaba de vacaciones, sólo que de día no estaba, por precisamente estar en su trabajo, y solía molestarlo algunas veces un rato en la noche o mayormente los fines de semana.
Sin embargo, cuando un sábado Bill no estuvo en su casa, y él se fijó en que su tío subió estados de Instagram donde salían enfocadas dos bebidas es que Tom se tensó, porque significaba que había ido a una cita, y eso lo… Hacía sentir extraño, porque, ¿por qué su tío tenía pasar tiempo con otra persona que no fuera él? Si literalmente los fines de semanas era suyo, para sus maratones de películas o salidas que le dijera y así, entonces él sintió celos, de quien diablos fuera esa persona que desconocía su identidad.
Tanto que él mismo le escribió un mensaje respondiéndole a su historia: “¿Con quién tengo que compartirte ahora, erizo? Se supone que eras mío”.
“Soy tuyo todos los fines de semana, trapito, sólo que hoy y mañana, saldré con esta persona”, respondió Bill.
Tom se mordió el interior de su mejilla, porque no le gustaba la idea de compartir a Bill, por más que considerara que era normal que su tío por fin decidiera salir con una chica, pero… Pensó en cómo Bill mismo le había arruinado su cita con Danielle, aunque realmente lo salvó de lidiar con ella, y se le ocurrió devolverle el mismo trato.
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Bill no es que él quisiera salir más de una vez con una persona, es decir, salía, y en la misma salida es que terminaba por cogerse a su ligue, sólo que… Quería intentar ver algo más, por eso que había terminado por aceptar tener una cita con Noah, porque quizá necesitaba tener una relación, algo que despejara más su mente que últimamente le estaba traicionando, y sí, el muchacho era atractivo, así que por eso había decidido que era un buen prospecto para tener una cita al día siguiente.
El domingo, Tom había estado manteniéndose vigilante, teniendo otra vez la casa sola, es que pensó que como Bill definitivamente saldría en la tarde, es que él sujetó su laptop, cargador y los puso en su mochila, para dirigirse hacia la casa de su tío, con el teléfono apagado, tocando el timbre, con Bill alistándose para salir, tal cual como le recomendó a Tom, usaba una camisa, luciendo tan atractivo que Tom mismo sintió un estremecimiento al verle.
—¿Qué pasó? —preguntó Bill mientras se terminaba de abotonar la camisa, usando loción y con los cabellos engominados hacia atrás.
—Se fue la luz y me aburro, ¿eres un buen tío y vemos pelis? —inquirió Tom, aunque sabía que todo era mentira.
—Yo… —quiso responder Bill que iba de salida, pero eso lo sabía Tom.—Claro, pasa, trapito —cedió el mayor, haciéndose a un costado, mientras que el de rastas se acomodaba en su sillón como si fuera su casa.
—¿Tienes Cheetos? —cuestionó Tom, encendiendo la televisión, mientras sacaba su laptop para ir cargándola con la electricidad de Bill.
—Sí —respondió Bill.
—¿Me das? —pidió Tom, y Bill soltó un suspiro, dirigiéndose hacia la cocina, para sacar una bolsa y también refrescos que tenía en la refri para sentarse junto a su sobrino.
Se pusieron a ver una película, con Bill fijándose en su teléfono luego de una hora, y Tom lo miró con fingida inocencia.
—¿Pasó algo? —interrogó Tom.
—Reprogramé mi cita —mintió Bill, porque no había dicho próxima fecha, sólo disculpándose por tener un imprevisto.
—Oh, cierto, tenías una cita —mencionó Tom, pero en un tono que fue más que evidente que no era sincero, y Bill lo miró meterse un cheetos a la boca después para fingir que la tenía llena.
—¿Qué estás haciendo, Tom? —preguntó Bill viendo al menor.
—Comer —respondió Tom, alzándose de hombros.
—No, me refiero a que, sabías que iba a salir, y decidiste venir, pensé que era por tu luz, pero… Me dijiste lo de la cita como si no quisieras que no vaya —expuso Bill viendo al menor.
—¿Entonces vas a fingir que soy el único que saboteó la cita del otro? —preguntó Tom mirándolo acusador, y Bill boqueó sintiéndose atrapado.—¿Qué estamos haciendo? Sería la verdadera interrogante —aclaró el de rastas y Bill soltó un suspiro, mirando hacia el frente.
—Tenía miedo de que si tienes novia me dejes de lado luego de casi dos años fuera —confesó Bill sin ver a Tom.
—Yo también tengo miedo de eso, que me dejes por una novia, y por eso vine —también confesó Tom, haciendo que Bill lo mirara, sorprendido porque compartían la misma inseguridad.
—Yo precisamente quise salir con alguien porque… Bueno, noté lo que había hecho con tu cita, y lo mal que está para que tu tío sea quien sabotee tu cita —expuso Bill—. Quise buscarme algo que me hiciera distanciarme un poco.
Tom soltó un suspiro. —¿Lo mal que está porque eres mi tío? Bill, somos dos adultos, y creo que ambos sabemos que esto dejó de ser una relación convencional entre tío y sobrino desde hace tiempo —acotó el de rastas.
Bill tragó saliva viendo la determinación en los ojos de Tom. —Soy tu tío.
—Sí, y yo tu sobrino, pero, ¿vamos a seguir negándolo? Eres… El único que siempre ha estado ahí para mí, y ni siquiera me gustan las chicas, ¿sabes? Soy gay, y por eso también no quería ir con esa chica en primer lugar, sólo que el idiota de mi amigo le dio mi número y me comprometió en una cita con ella por una botella de alcohol en un bar —explicó Tom.
—También soy gay, con quien salí ayer era un chico, sólo que normalmente lo oculto porque nunca tengo nada serio, y también, porque viven mis padres al frente —mencionó Bill.
—¿Y entonces qué esperamos, erizo? ¿La foto? —preguntó Tom riéndose.
—Cállate, trapito —respondió Bill también riéndose—. No es tan fácil, ¿lo sabes, no? Tu papá es capaz de castrarme si se entera, y ni hablar de tu madre o mis padres. ¿Qué diablos dirán de mí? Qué soy alguna clase de pervertido que te sedujo o una cosa así de retorcida.
Tom soltó un suspiro. —Deberíamos irnos lejos, ¿sabes? Quizá no otra ciudad, pero sí otro sitio, donde yo pudiera estudiar algo que sí desee, y ser libre, porque al final de cuentas soy un adulto pero no puedo ejercer como uno, no si mi padre se la pasa diciéndome que debo vivir bajo sus reglas.
—Tal vez sí debería mudarme, y llevarte conmigo, como un secuestro consensuado —propuso Bill, y Tom se rió.
—¿Secuestro consensuado? Interesante concepto, deberías patentarlo —se burló Tom.
—Quizá… Entonces, ¿sí quisieras que nos vayamos? Porque con este trabajo, ganaré más dinero, sólo que no podríamos decirle nada a la familia —farfulló Bill, sintiéndose un poco mal por estar pensándolo de forma racional, pero sabía también todo lo que pasaba Tom para sólo dejarlo con su hermano y cuñada, siendo infeliz.
—Oh, lo siento, yo quería publicarlo en el periódico, ya hasta me imaginaba el titular: “Sobrino deja que su tío se la meta y escapan juntos a casarse en la India” —respondió Tom y Bill se rió.
—Eres un idiota, ven aquí —respondió Bill, jalando a Tom del brazo para que se acercara hasta él, sujetando con la otra mano su rostro para besarlo, haciendo que ambos suspiraran durante el ósculo, porque eran las emociones contenidas que habían sentido por años, haciendo que sintieran sus lenguas y Tom mismo se acomodara sobre el regazo del mayor, separándose por aire—. Sabes a cheetos —acotó el pelinegro.
—Y tú a menta por tanto enjuague que te pusiste para ver a ese tipejo —comentó Tom frunciendo el ceño por sus celos, pero luego bajando su nariz hasta el cuello del mayor, pasándole la lengua—. Pero tu loción huele rico, tal vez deberíamos hacer realidad el titular, al menos parte de él —acotó el de rastas y Bill bajó las manos hasta el trasero cubierto de su sobrino.
—¿Tú crees? —preguntó Bill con la voz grave por la excitación cuando sintió al menor mover las caderas sobre él.
—Sí… —repuso Tom, dándole un mordisco.—Pero bloquearás a Noah o te castro mientras duermes.
Bill se rió, acomodando a Tom contra el sillón, dejándolo caer sobre su espalda, observando ahora sí cómo el de rastas se quitaba la camiseta, sin sentir culpa por ver su cuerpo, para que luego se aflojara los pantalones, mostrándole la erección que tenía notoria al sólo estar con bóxers, que se los bajó de inmediato muy ansioso, Bill tragó saliva, mientras que se desvestía, sacando los condones y sobres de lubricante que tenía en su bolsillo porque le servirían ahora.
—No lo uses conmigo, yo no soy una zorra de una noche, eh —pidió Tom y Bill dejó los condones en la mesa de centro, haciendo que el mayor cediera, porque sí, su sobrino no iba a ser algo sin importancia.
—Sólo que… Debo prepararte, ¿está bien? El lubricante no es negociable —arguyó Bill, con su propio bulto en sus bóxers, abriendo un sobre del gel con los dientes y embadurnando el líquido entre sus dedos, para inclinarse sobre Tom, a quien besó mientras dirigía sus dígitos contra su agujero, presionando levemente, en lo que el de rastas se aferró a los hombros del mayor, suspirando en el beso—. Relájate… Soy yo —instruyó el mayor, y Tom asintió, volviendo a dejarse besar, jugando con su lengua, mientras su interior se abría para Bill.
El cómo pasó del dolor fue menguando para convertirse en placer, y cómo es que Tom soltó un gemido que se sorprendió, porque no había sido así de vocal cuando tuvo sexo con chicas descubriendo que no le gustaba, es que hizo que Bill sonriera para bajar su boca hasta su cuello, succionando la zona sensible, con Tom apretándose más ante sus dedos por la excitación que le daba cómo es que el mayor lo preparaba, mientras lo chupaba, haciendo que el de rastas comenzara a arquearse, con su miembro palpitando por ser tocado, y Bill con la mano libre lo masajeó, bajando por sus clavículas, y dilatándolo más…
Cuando Bill lo sintió lo suficientemente listo, es que sacó sus dedos, abriendo otro sobre con los dientes, para ponerse el gel alrededor de su dureza, y alinearla contra su hendidura, inclinándose para besarlo en lo que comenzaba a introducirse dentro del menor, que inscrustró sus uñas cortas en los hombros de Bill, boqueando ante la sensación de estar lleno de la hombría del mayor, pero Bill lo besó, haciendo que comenzara a relajarse contra la virilidad del mayor, y abrazándolo con las piernas.
Bill fue cuidadoso, metiéndose poco a poco, centrándose en el placer de Tom, aunque la sensación de no tener nada de por medio era por demás deliciosa, sabía que tenía que mantenerse centrado por su sobrino, retomando el agarre en su hombría, masajeándosela, hasta terminar de meterse a la empuñadura, separando su rostro acezado mientras veía también a Tom precioso bajo suyo, sonrojado y frágil, sudoroso y excitado por él, pero era el joven del cual estaba enamorado, por lo que volvió a besarlo, jugando con su lengua, chupándosela, manteniendo el bamboleo sobre su pene, para comenzar a batir su pelvis para empezar el vaivén…
Tom jadeó contra la boca de Bill, bajando su talón para espolear al mayor, porque le había dado en un sitio que sólo hizo que todo su cuerpo cosquilleara, por lo que empujó su propio cuerpo contra el miembro del mayor, y Bill aumentó el ritmo de las embestidas, masturbándolo mientras que seguía dándole en la próstata… Tom se corrió con fuerza, como nunca antes, contra la mano de Bill, quien se vino en el interior del menor, empujando un par de veces más hasta soltar toda su esencia, y observando a Tom con sus rastas extendidas bajo suyo, los labios hinchados y una expresión bellísima en su rostro.
—Te amo, trapito —soltó Bill, aún dentro de Tom, quien le sonrió con la misma expresión enamorada.
—Y yo a ti, erizo —correspondió Tom, para sujetarlo por la nuca y atraerlo hacia él, besándolo de nuevo, disfrutando todavía de la unión de sus cuerpos, pensando que esto sólo era el inicio, y que por fin sería libre, en los brazos de su tío, muy lejos de allí.
F I N
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