Notas de la autora: Mi primer billshido 😛

“Acoso”

(Fic original de Khira)

Sin duda, aquella había sido la noche de Tokio Hotel. Después de varias semanas en el extranjero promocionando su disco en inglés, la gala a la que habían acudido con el tiempo justo se había convertido prácticamente en una fiesta de bienvenida exclusiva para ellos. Cuatro premios Comet ni más ni menos que se había llevado la joven banda alemana, uno por cabeza.

El único momento tenso de la noche se había producido cuando Bushido, también ganador de un Comet, había aprovechado para saludar al grupo y, como de costumbre, especialmente a Bill. Tom, que ya llevaba un tiempo harto de las vacilaciones del rapero, se había puesto visiblemente rígido. Sin embargo, gracias al locuaz presentador de la gala, Bushido no había tenido oportunidad de decir nada fuera de lugar y todo había quedado en una anécdota.

En ese momento se encontraban todos en el gran local donde se celebraba la aftershow party, la fiesta posterior a la gala. Bill y David estaban en el piso superior del local, apoyados en la barandilla que asomaba a la pista del piso inferior, charlando animadamente, con un guardaespaldas a cada lado. Tom, a unos metros de ellos, intentaba deshacerse de la groupie de turno que se había colado en la fiesta, ya que David estaba demasiado cerca y no le apetecía escuchar más sermones; de hecho, el productor se había vuelto de lo más estricto con ese tema. Georg y Gustav habían desaparecido entre el gentío de la pista, al igual que otro par de los guardaespaldas que les acompañaban.

En cuanto Tom se deshizo lo más educadamente que pudo de la groupie, regresó junto a su hermano y David, colocándose junto al primero.

—¿Qué, Tom? ¿No te la llevas al hotel? —preguntó Bill, con el tono justo para que David, a causa del ruido ambiente, no le oyera.

—Cállate —respondió Tom, seco—. A ver si te va a oír, joder —añadió mirando disimuladamente al productor, quien se había puesto a hablar con el guardaespaldas que tenía al lado.

—Mira que te pone de mal humor la abstinencia, ¿eh? —se burló Bill.

—Pues sí, podrías decirme tu secreto —replicó el guitarrista, irónico.

Bill sonrió radiantemente, lo que sumado a lo arrebatador que lucía esa noche con su nuevo look, hizo que Tom sintiera una punzada de celos al contemplar tanta belleza en alguien que en teoría debería ser igual que él.

—¿Y quién dice que yo me esté absteniendo?

Tom se quedó mirando a su hermano con la boca abierta. Bill, por su parte, se limitó a volver la vista al frente y beber otro sorbo de su bebida, sin dejar de sonreír. Tras unos segundos observando el panorama, el cantante miró de nuevo hacia su hermano.

—Oh, vamos Tom, es broma —exclamó al ver la expresión de su gemelo.

—¿De verdad? —preguntó Tom, receloso.

—Pues claro. Sabes que llevo años sin ni siquiera besar a una chica.

Aunque Bill dijera aquello, Tom seguía con la mosca detrás de la oreja. Sin quitarle la vista de encima, el guitarrista observó cómo su hermano reanudaba su conversación con David. No podía escuchar su conversación, pero Bill no dejaba de sonreír e incluso reía de vez en cuando. Lo cierto es que llevaba así toda la noche, con esa expresión de felicidad pintara en la cara, y Tom, no sabía muy bien por qué, pero empezaba a sospechar que no se debía a los premios que habían ganado.

—Ey, estabais aquí —dijo alguien a sus espaldas.

Los tres se giraron. Eran Georg y Gustav.

—Nosotros llevamos aquí un buen rato —dijo Tom—. ¿Dónde os habíais metido vosotros?

—Dando una vuelta.

—¿Dónde habéis dejado a Klaus y Gerd? —preguntó David, refiriéndose a los dos guardaespaldas que debían acompañarlos.

—Uy, creo que los hemos despistado —rió Georg.

—Muy gracioso —se quejó el productor—. Pues que sea la última vez. No les pagamos para que juguéis al escondite con ellos, ¿entendido?

—Sí… —murmuraron ambos chicos, cortados.

—Voy al baño —dijo Bill de pronto. Nada más dar un paso, el guardaespaldas que estaba junto a David hizo el amago de seguirle, pero el vocalista le detuvo con un gesto—. Sólo voy a mear, no hace falta.

El guardaespaldas miró a David, y éste se encogió de hombros.

—Da igual, total, para que te despiste… —suspiró.

Tras obtener el permiso del productor, Bill soltó su bebida y se marchó en dirección a los servicios.

.

Mientras se dirigía a los servicios, a una distancia prudencial de Bill, no pudo evitar que un alto grado de excitación le embargara. Llevaba toda la noche esperando ese momento, una oportunidad para estar a solas con el joven cantante, y por fin había llegado.

Incluso le temblaban las manos con sólo imaginarlo.

Por desgracia, había más gente en los servicios aparte de Bill. Miró de reojo al cantante, quien se estaba lavando las manos con parsimonia. Sus miradas se cruzaron un instante a través del espejo, y su excitación se dobló en intensidad. ¿Cómo podía provocarle tanto con tan solo una mirada? ¿Qué tenía aquel ser que, con un solo gesto, conseguía tenerle a sus pies? ¿Con qué clase de hechizo le había encantado?

Y para colmo, aquella noche Bill estaba realmente espectacular. Ese nuevo look, con el cabello completamente liso y negro, los ojos perfectamente ahumados y delineados, y esa ropa ajustada… que se moría de ganas de arrancarle.

Intentando contener sus ansias, se colocó en el lavabo contiguo al del cantante, y mientras esperaba a que los dos hombres que había por allí se largaran, empezó a lavarse las manos también.

Un par de minutos después, los dos hombres salieron por fin y les dejaron a solas. Pero como Bill no se inmutó, decidió ser él el primero en hablar.

—Estás muy guapo esta noche.

—Lo sé —fue la escueta respuesta.

Todavía sin mirarle, Bill se giró y, agachándose un poco, miró por debajo de las puertas de las cabinas, asegurándose de que en verdad estaban completamente solos. Se irguió y, sin decir palabra, empezó a andar hacia la más grande, la de minusválidos.

Le siguió. Una vez estuvieron ambos dentro de la cabina, se aseguró de cerrar la puerta con pestillo y luego se volvió hacia Bill, quien le esperaba atusándose el cabello como la diva presumida que era.

No podía aguantar más. Dio un paso decidido hacia él, pero Bill le detuvo con una mano firme en su pecho.

—No me estropees el maquillaje —le advirtió.

—Luego te retocas —replicó él.

Le agarró de la muñeca para apartar su mano y con su brazo libre rodeó su delgada cintura para atraerle hacia sí en un movimiento algo brusco que terminó con sus bocas unidas.

—Mmm… —gimió Bill contra sus labios, sin resistirse.

El cantante entreabrió los labios y de inmediato su boca fue invadida por una lengua ávida a la que no tardó en corresponder. Sus cuerpos estaban completamente pegados el uno al otro y la excitación era ya evidente en ambos.

Tras unos minutos devorando aquellos ansiados labios, se alejó de su boca para posar los suyos en el blanco y estilizado cuello del joven.

—Oh, Anis… —jadeó Bill.

Bushido sintió como si una descarga eléctrica sacudiera su cuerpo al escuchar su nombre siendo pronunciado de aquella manera tan erótica. Empujó a Bill hacia atrás, hasta que la espalda del cantante dio con la pared. Luego le agarró del cabello y le obligó a ladear la cabeza para poder acceder mejor a su cuello, lamiendo toda su extensión desde la clavícula hasta el lóbulo de la oreja.

Bill se convulsionó, y Bushido sonrió con suficiencia. Ahora ya sabía que el lóbulo de la oreja era otra de sus zonas erógenas. Lo lamió de nuevo, esta vez con más insistencia.

—¡Ah! —Bill se convulsionó de nuevo.

—¿Te gusta? —preguntó, aunque conocía la respuesta.

—Sí… Por cierto, gracias por venir a saludar…

—Era lo mínimo después de tanto tiempo sin vernos, ¿no?

—Pero no deberías ser tan evidente…

—Pero qué dices, si es una maniobra de despiste perfecta…

Bill soltó una risita, y el rapero observó sus ojos desenfocados y las mejillas enrojecidas. Las manos del más joven se colaron debajo de la gran camiseta blanca que portaba el rapero, acariciando de forma febril sus bien formados abdominales.

—¿Has bebido, Bill?

—Lo justo y necesario para estar haciendo esto aquí y ahora. —Bill sonrió de forma traviesa, al mismo tiempo que una de sus manos bajaba hasta posarse juguetona sobre la entrepierna ajena.

—Ya veo… —jadeó Bushido, de repente con ansias incrementadas—. Va, desabróchame…

Bill obedeció, y con manos ágiles liberó el miembro de Bushido de su prisión de tela. A continuación, y sin vacilar, lo agarró de la base y empezó a masajearlo. El rapero tuvo que soltarle y apoyarse con ambas manos en la pared en la que Bill estaba apoyado.

—Bill… —le llamó.

—¿Qué? —Bill seguía masajeando su miembro, cada vez con más determinación.

—Chúpamela.

—No.

—Venga, va, quiero que me la chupes.

—He dicho que no.

—¿Por qué no?

—Porque dijiste eso mismo en un puto vídeo.

—Oh, vamos, Bill —gruñó—. Hace una eternidad de eso. Y era una broma… aunque no en realidad. ¿Yo que sabía que terminaríamos así…?

—No es mi problema.

Enojado, Bushido agarró súbitamente a Bill de los hombros y le forzó a darse la vuelta, quedando el vocalista de cara a la pared y con el fuerte cuerpo del rapero tras él.

—Bien, entonces pasaremos directamente al siguiente nivel…

Por toda respuesta, Bill restregó su trasero contra la entrepierna del hombre, provocándole. Tras un profundo jadeo, Bushido dirigió sus manos a la parte delantera de los pantalones del cantante, pero éste le detuvo.

—¿Y ahora qué? —preguntó el rapero, impaciente.

—Quiero que lo digas —contestó Bill.

—¿El qué? —preguntó de nuevo.

—Tú lo sabes.

—¿Que me muero de ganas de follarte?

Bill le dio un pisotón sin verdadera fuerza.

—Eso no, idiota.

—¿Que estás espectacular esta noche?

—Eso ya lo has dicho.

—Cierto. —Bushido caviló unos instantes. No quedaban demasiadas posibilidades. Aproximó sus labios al oído de Bill y susurró—: ¿Que te he echado de menos…?

—¿Lo has hecho…?

—Así es. Te he echado de menos, pequeño…

—No me llames pequeño —masculló Bill, pero pronto se relajó—. Yo también…

Las manos de Bill soltaron las de Bushido, permitiendo que éste le desabrochara por fin. A continuación le bajó los pantalones hasta las rodillas, no sin dificultad ya que el cantante siempre iba condenadamente ajustado, y luego los bóxers.

También Bill estaba completamente duro, tal y como comprobó Bushido cuando rodeó su miembro con la mano izquierda, arrancándole un profundo gemido al chico. La mano derecha la dirigió a su trasero, acariciando esas nalgas blancas que le volvían loco.

—No seas… rudo… —pidió Bill, jadeando al notar uno de los dedos del rapero penetrar en su interior, mientras que con la otra mano había empezado a masturbarle—. Han pasado semanas desde la última vez…

—¿No lo has hecho con nadie, allá en América? —inquirió Bushido, hurgando lo más suavemente que la excitación le permitía en el interior de Bill.

—Ah… Sabes que no… —Bill apoyó la frente y ambas manos en la pared, completamente a merced del hombre—. ¿Y tú…?

—Sabes que no, pequeño.

—Que no me llames… pequeño…

Otro dedo se unió al primero. La respiración de Bill era agitada e irregular, y sus piernas temblaban. Aún así, seguía manteniendo esa aura de diva arrogante e inalcanzable que tanto fascinaba a Bushido.

—Bill, no aguanto más… —Bushido también respiraba con dificultad a causa de la tremenda excitación que sentía—. ¿Estás listo?

—Creo que sí… ¿Has traído?

—Sí. —Bushido le soltó momentáneamente y sacó un preservativo que ya tenía preparado del bolsillo trasero de sus pantalones. Sin apartarse un milímetro de Bill, lo abrió y lo deslizó por su pene erecto. Luego sus manos se posaron en las caderas del chico, atrayéndolas hacia él—. Ya…

El muchacho abrió un poco más las piernas para facilitarle el trabajo al rapero, quien antes de penetrarle escupió en su trasero para lubricarle.

—Te dije que eso es una guarrada… —se quejó Bill de inmediato.

—Una guarrada necesaria si no quieres que duela tanto. Allá voy…

—Ugh… —gimió largamente Bill cuando la virilidad de Bushido empezó a deslizarse en la estrechez de su cuerpo.

—Joder, Bill… —Un profundo suspiro escapó de los labios de los labios del rapero, completamente ido—. Estás tan… apretado… ¿Te hago daño…?

—No… Bueno… Un poco… Ah…

En cuanto Bushido se introdujo del todo en el cuerpo de Bill, soltó una de sus manos de la cadera del chico y la colocó de nuevo en su sexo, ya que a causa del dolor su erección se había debilitado, y empezó a masturbarle de nuevo.

—¿Mejor…? —preguntó en cuanto sintió de nuevo la dureza del cantante en sus manos.

—Sí…

Sin dejar de masturbarle, Bushido comenzó a embestirle con un ritmo lento y profundo, incrementando poco a poco la velocidad. Ambos gemían descontroladamente, especialmente Bill, lo que estimulaba todavía más a Bushido. En los aseos sólo se les oía a ellos y el retumbar de la música de la fiesta.

De pronto, un ruido al otro lado de la puerta de la cabina les alertó. Bushido se detuvo, pero sin salir del cuerpo de Bill, quien estuvo a punto de soltar otro gemido. El rapero le tapó la boca con una mano y ambos guardaron silencio, escuchando con más atención.

—…no sé si de haber podido me la habría llevado. ¡Esa tía era un pulpo!

A Bill se le congeló la sangre en las venas. ¡Era Tom!

—Oye… ¿Y Bill? ¿No ha dicho que iba al baño?

—Estará en una cabina…

Ése era Gustav. Bill rogó por que no hubiera nadie más con ellos y, sobre todo, para que a ninguno se le ocurriera mirar bajo las puertas de las cabinas.

—Bill, ¿estás aquí? —preguntó Tom en voz alta.

Bushido quitó su mano de los labios de Bill, quien captó la idea. Tragó saliva e intentó que su voz sonara de lo más normal, a pesar de estar aprisionado entre la pared y el pecho de Bushido y con el pene de éste metido hasta el fondo en su trasero.

—Sí, estoy aquí.

—Ah, ok —dijo Tom—. Nosotros venimos a mear.

—Gracias por la información… —Bill rodó los ojos. En ese momento Bushido se movió un poco sin querer y al cantante se le escapó un quejido—. Ah…

—Bill, ¿estás bien? —preguntó Tom.

—Sí… —respondió mientras le clavaba las uñas a Bushido en los brazos en clara señal de advertencia.

—Bueno, nos vamos. No te tardes o vendrá David a buscarte.

Por un momento Bill se imaginó que así ocurría y tuvo un estremecimiento.

Tras escuchar el sonido de la puerta, Bill exhaló un sonoro suspiro y desclavó sus uñas de Bushido.

—Ya lo has oído, será mejor que nos demos prisa… —dijo en tono travieso.

—Lo que tú digas, pequeño…

Bill iba a protestar de nuevo por el apelativo pero una profunda embestida de su amante le dejó sin aire. Tuvo que apoyarse del todo en la pared. Parecía que a Bushido la interrupción y el riesgo a ser descubiertos le habían excitado más en lugar de cohibirle. La mano del rapero regresó a su miembro, estimulándole con fuerza, casi con fiereza, tanto que Bill no tardó en correrse en sus manos.

—Ah… —gimió el muchacho con la mente momentáneamente en blanco.

—Tú sí que eres rápido… —se burló Bushido.

—Calla… ah… —De nuevo Bill no pudo protestar a causa del fiero ritmo que había establecido su amante.

A pesar de lo que había dicho, Bushido tampoco tardó demasiado en correrse. Los dos se quedaron unos minutos en la misma posición, esperando a recobrar el aliento, Bushido apoyado en el hombro de Bill y éste apoyado en la pared.

Cuando su respiración volvió a la normalidad, Bill se apartó de Bushido y empezó a arreglarse la ropa sin decir una palabra.

—¿A dónde vas? —preguntó Bushido.

—¿A dónde va a ser? A la fiesta. Ya oíste a mi hermano. Si tardo más vendrá el propio David a buscarme.

—Que lo haga. Pagaría por ver la cara de tu querido productor al descubrir que su cantante estrella se está tirando al rapero malo.

—Por tu bien mejor que no. No conoces a David, da miedo cuando se enfada. —De repente Bill rió y añadió—: Aunque se pone muy sexy cuando grita.

El comentario surtió el efecto esperado y Bushido achinó la mirada, visiblemente molesto, mientras él también se arreglaba la ropa.

—¿Me estás intentando poner celoso? —preguntó.

—Es que tú en cambio te pones muy divertido cuando te enfadas —respondió Bill, burlón.

Bushido terminó de arreglarse y colocó sus manos en la pared, una a cada lado de Bill, y se inclinó hacia él con gesto algo amenazador.

—Tú nunca me has visto enfadado de verdad. Créeme, que no te parecería nada divertido.

Por toda respuesta Bill le dio un beso en la nariz; Bushido iba a protestar pero Bill se escabulló de debajo de él.

—Tengo que volver a la fiesta —le recordó con una deslumbrante sonrisa.

Y antes de que el rapero pudiera reaccionar, Bill salió de la cabina.

—Puedes salir —le dijo desde fuera.

Entonces Bushido salió también de la cabina y se quedó mirando a Bill, quien ya se había situado frente al espejo para acicalarse.

Bill se pasó la mano por los cabellos repetidamente para intentar volver a colocar todos los mechones en su sitio. Luego cogió un trozo de papel para secarse las manos y con otro repasó su maquillaje. Mientras tanto Bushido tiraba a la papelera el condón usado.

—Bueno, esto ya está. Me vuelvo con ellos, ¿vale? —Bill empezó a caminar hacia la salida.

—Espera —dijo Bushido, y Bill se quedó a medio camino entre él y la puerta de los aseos.

—¿Qué pasa?

—¿Eso es todo? ¿Cuándo volveremos a vernos?

El cantante ladeó la cabeza y sonrió.

—Oh, Anis… ¿Es que ya me echas de menos otra vez?

Aunque Bill se lo decía en coña, Bushido no pudo evitar pensar que el chico estaba en lo cierto.

—Tú sólo contesta —gruñó.

—No lo sé —dijo con sinceridad—. Ya pensaremos en algo.

De pronto Bill dio un par de pasos hacia él y le dio un beso en la boca, muy largo. Cuando se separó, Bushido observó que sus ojos brillaban de una manera que le pareció casi mágica.

—Hasta pronto —se despidió el cantante antes de salir por la puerta sin mirar atrás.

Bushido se quedó unos minutos más en el interior de los aseos, no sólo para evitar que alguien les viera salir juntos de allí, sino porque estaba completamente ensimismado. Y es que el rapero cada vez tenía menos dudas de que Bill Kaulitz le había atrapado bajo su potente hechizo.

.

—Ya era hora —le dijo Tom nada más llegar a su lado.

—Sí, luego decís que soy yo el cagón —dijo Georg, colocándose entre ellos.

—Oh, cállate, hobbit —dijo Bill.

Varios minutos después, Bill vio cruzar a Bushido por la pista, seguramente en busca de su pandilla. Tom también le vio y le señaló con su bebida.

—Mira, por ahí va ese creído. Qué pesado, ni cuando le han dado el premio nos ha dejado en paz. Bueno, a ti. Ey, si te vuelve a acosar esta noche me dices, ¿eh?

Bill calló, preguntándose qué diría su hermano de saber que él estaba encantado con el “acoso” de Bushido. O es más, que había sido él mismo quien había engatusado al rapero con sus encantos. Pero aún era pronto para que Tom lo supiera.

Su mirada se cruzó de pronto con la de su supuesto acosador, quien ahora le observaba desde la pista. Antes de que Bushido se girara para seguir su camino, Bill le mandó un beso disimuladamente, apenas moviendo los labios. A su lado, Tom seguía gruñendo algo ininteligible.

Muy, muy pronto.

F I N

por Khira

Escritora del fandom

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