Notas: Gracias a Chikparole por patrocinar esta historia, y si les gustó no olviden dejar un comentario  ;D (porque fuera de este pedido que fue patrocinado, es decir, por trabajo, los comentarios me alientan a seguir escribiendo, que sólo lean sin que dejen un comentario me desanima bastante :c)

Las manips las hizo Chikparole, yo sólo las empleé para las portadas y collages.

(One-Shot de Kasomicu)

«El hada rusa»

Tomac Kulitzky, que prefería que le dijeran sólo “Tom”, estaba desesperado, porque si bien él había sido un joven prodigio, lo cual seguía siendo a sus dieciséis años, no le iban a permitir participar en las competencias si no tenía un entrenador, y claro que lo tenía, era Georgi Moritzky, el tema es que el mayor no sólo le enseñaba a él, por lo mismo es que no podía dejar su academia en Rusia, sin embargo, por Tom haber sobresalido es que había ido a las competencias nacionales, y también había aplicado a las internacionales, habiendo viajado con su abuelo, pero ahora que había llegado a Berlín, donde se llevaría a cabo la competencia internacional, con el menor en el mismo edificio con otros participantes, le decían que no podía participar, por más premios que tuviera, si no tenía un entrenador a cargo.

Y Tom sentía que se le venía el mundo encima, con la ansiedad saliendo a flote, él había hecho un plan, porque le gustaba tener todo en control, había hecho un esfuerzo grande para llegar aquí y ahora todo se iba al demonio.

—¡Pero debe haber alguna excepción! ¡He venido desde muy lejos y tengo una invitación especial! —reclamó Tom con la invitación para la competencia, que sí, el rubio estaba casi poniéndole en la cara a la recepcionista el papel con el ribete dorado porque Tom había sido convocado por ser un joven talento pero la mujer arqueó la ceja, no teniendo ganas de lidiar con soportar a un adolescente insufrible, por más “famosillo” que fuera.

—Mira, si no consigue a un entrenador, simplemente regrese a Rusia —contestó la recepcionista—, siguiente —habló, mirando detrás de Tom, en lo que el menor iba a refutar, pero la mujer lo miró con una advertencia en los ojos—. Llamaré a seguridad.

Tom iba a volver a hablar pero sintió cómo lo tomaban del brazo, sacándolo de la cola, en lo que el rubio de cabello a los hombros se removía del agarre, frunciendo el ceño enojado al notar al más alto.

—¡¿Por qué me sacaste?! ¿Quién diablos te crees? —inquirió Tom observando al adulto, fijándose quién era… Cabello corto rubio, barba corta que le correspondía la mirada, lo conocía, bueno, no en persona, pero sabía quién era.

El mayor soltó un suspiro de fastidio.

—Iba a ser peor si te sacaba seguridad, podrían haberte vetado de la competencia, y soy Wilhelm Trümper —mencionó el mayor arqueando una ceja, porque si bien él se había retirado, aún así era muy reconocido, por lo mismo es que luego de años había accedido a ser un invitado para la competencia—, ¿tú eres Tomac Kulitzky, no? Oí que a tus doce años hacías el salchow cuádruple —masculló el más alto.

—Tom no Tomac —corrigió Tom, frunciendo el ceño—. Y sí, aunque mi entrenador me dijo que era muy pronto hice un perfecto salchow cuádruple —acotó, en lo que miraba al mayor, sí, era Wilhelm Trümper, más conocido como Bill Trümper, que había ganado mucho premios en su juventud, aunque no es que fuera tan mayor, por lo que Tom sabía es que Bill tenía diez años más que él, porque siguió su carrera de niño, sintiendo mucha admiración por él y no comprendiendo por qué se retiró cuando estaba en todo lo alto, provocándole una completa decepción.

—Sí, es algo arriesgado, aunque he visto tus presentaciones, tienes talento, por lo que no arruines tu oportunidad, ¿dónde está tu entrenador? ¿Cómo es que te dejó venir solo? —interrogó Bill, y Tom hizo un mohín.

—Él no podía dejar la academia, y supuestamente decían que no era necesario tener uno mientras tuviera mi presentación ya lista, y ya la tengo —respondió Tom, apretando los puños, él mismo había sido muy diligente con la investigación antes de viajar, porque si bien su meta era ganar, también quería que todo su esfuerzo en poder movilizarse de un país a otro no fuera en vano.

Bill asintió en comprensión. —A veces son políticas que se dan por sedes, mayormente hacen esto con extranjeros, me pasó en más de una ocasión cuando tenía que ir a otro país, que sacan políticas que no aplican a todos con intención de entorpecer la competencia, algo discriminatorio si me lo preguntas —arguyó el mayor.

—Pero no voy a dejar que esto se quede así —musitó Tom con determinación, mirando con odio en dirección a la recepcionista.

—Ella es sólo un peón en el tablero de ajedrez burocrático. En todo caso, podría ser tu entrenador para la competencia, pero realmente trabajar contigo, para pulir tu talento —ofreció Bill, a lo que Tom lo miró arqueando una ceja.

—¿Pulir mi talento? Tuve más talento y disciplina que tú que te retiraste cuando estabas en el apogeo de tu carrera —recriminó Tom, enojado porque si bien lo admiró, no creía que él fuera un diamante en bruto por pulir, mucho menos por alguien como Bill.

El mayor frunció el ceño. —Mira, mocoso berrinchudo, te estoy dando la oportunidad de que no te quedes sin participar en la competencia sin pedir nada a cambio, yo no soy un novato, y tú eres joven pero puedo enseñarte mucho, porque tuve mis motivos para mi retiro anticipado, los cuales a ti no te interesa pero no fueron por falta de talento o disciplina como insinúas porque si bien ya no estuve en más competencias seguí practicando y enseñando —soltó tajante, haciendo que Tom apretara los labios en una fina línea por el tono firme con que le respondió, haciéndolo estremecer aunque también tenía razón, Bill le estaba dando la oportunidad de no haber hecho su viaje en vano.

—No soy ningún mocoso berrinchudo —refutó Tom—, pero está bien, acepto que seas mi entrenador temporalmente —terminó por decir mirando al mayor.

—Bien, ¿dónde están tus padres? —preguntó Bill.—Tengo que hablar con ellos primero.

—Vine con mi abuelito, él es mi apoderado, sólo que se quedó en la posada donde estamos, porque no puede movilizarse todo el tiempo por su edad —respondió Tom, suavizando su voz y expresión al hablar de su abuelo, que era todo para el rubio.

—Bueno, entonces, vamos a inscribirte pero te llevaré de regreso a la posada para hablar con él —ordenó Bill en un tono que no admitía réplica alguna, y Tom frunció el ceño, pero dejó que Bill lo guiara de regreso a la cola, para que el mayor fuera el que hablara con la recepcionista, validando su invitación, en lo que llenaba el formulario con Tom sonriendo triunfante, mordiéndose la lengua para no decirle que él le ganó a esa zorra insufrible al conseguir un entrenador.

Al salir del establecimiento, es que Tom le mostró la dirección de la posada, queriendo irse a pie, pero Bill le dijo que lo llevaría en su motocicleta, haciendo que el menor pusiera una expresión de desagrado cuando el mayor sacó un casco para él.

—Póntelo —ordenó Bill, y Tom lo hizo a regañadientes, en lo que el de barba hacía lo mismo, situándose encima de la Ducati, donde Tom se ubicó detrás, agarrándose al borde del asiento—. Tienes que agarrarte de mi cintura o te caerás, no seas terco —dictaminó, y Tom rodeó la cintura de Bill, sintiendo la cercanía e incomodándose por ello, agradeciendo en parte el que estuviera con el casco y que Bill no pudiera verlo, porque estaba sonrojándose, recordando cómo muchas veces había visto los vídeos de las presentaciones de Bill cuando era joven y tenía el cabello negro largo, en cómo se movía con gracilidad, supuestamente sólo con interés en sus giros y técnicas, pero era mentirse a sí mismo, a Tom le gustaba Bill, cómo es que se veía tan elegante, con un look andrógino que acentuaba, que él mismo había tomado de inspiración, pero también sus manos… La manera en que Bill las movía… Hacía que Tom fantaseara con él.

Sólo que ahora Bill estaba distinto, más alto, con barba, el cuerpo también era diferente, su cabello corto y rubio, pero la misma elegancia y porte, y por ello es que al abrazarlo, incluso aunque pudiera sentir el motor vibrar debajo suyo, y cómo es que mayor conducía, sentía su corazón latir acelerado, evidentemente no le iba a decir a Bill que lo ponía nervioso y que le sudaban las palmas por tenerlo cerca, no, era más que obvio que no, aparte le caía mal, y no quería decirle que lo admiraba o que formaba parte de sus fantasías hormonales adolescentes, no, aquello sólo entorpecería la relación temporal que tendría con Bill siendo su entrenador.

Cuando llegaron, es que su abuelo Nikolai Kulitzky no hablaba inglés, por lo que Tom era quien traducía lo dicho por Bill, y viceversa, con el mayor mirando a su nieto, preguntándole si en serio el mayor era de fiar, si era el profesional del patinaje que decía, y Tom respondiéndole que sí era, que era el que Tom veía siempre desde pequeño, el muchacho que parecía un hada de cabello negro, y su abuelo, que era muy parecido a Tom, sólo con que con muchísimos años de más, asintió ante ello, ya que el anciano recordaba la obsesión de Tom con el patinador, quien había sido la inspiración de su nieto para desorrarse en el patinaje artístico, así que si bien lucía diferente a como recordaba en los vídeos, propio del paso del tiempo, podía confiar en que era algún tipo de sueño cumplido el que ese hombre estuviera ayudando a su nieto, habiéndole mencionado el problema de que casi no podía participar porque no tenía a su entrenador con él.

Aquello fue el inicio de Bill como entrenador de Tom, quien iba a la academia de Bill, comprendiendo que era cierto lo que le había dicho el mayor, cómo es que realmente Bill pese a tener veintiséis años, era el director de aquella academia, siendo respetado por el resto de maestros que eran incluso sus mayores, sin mencionar a sus alumnos, pero Tom tuvo unas tutorías especiales, más que nada porque no le funcionaba el practicar frente a otros, y Bill si bien no era como tal el que ofrecía una tutoría privada, lo hacía por Tom, sin decirle que sólo con él lo haría, no necesita que el menor se diera cuenta que le daba un tratamiento especial, ya bastante arrogante y pagado de sí mismo era de por sí.

—Tienes que volverlo a hacer, eres flexible, saca provecho de ello —instruyó Bill, en lo que Tom fruncía más el ceño.

—¿Acaso tú puedes hacerlo mejor? ¿No te das cuenta que estoy flexionándome bien? —cuestionó Tom, porque estaba haciéndolo excelente, no se percataba cuál era el error.

—Precisamente por ello, tienes habilidad que no estás explotando al máximo, tienes que meterle más fuerza en tus saltos —arguyó Bill—. De esta forma —acotó, en lo que se ponía los zapatos y metía a la pista de hielo, dejando a Tom boquiabierto al ver los movimientos gráciles, elegantes… Y al mismo tiempo masculinos de Bill en la pista de patinaje, haciendo que el ruso se quedara sorprendido porque pensó que con el paso del tiempo, Bill realmente sólo enseñaba a nivel de teoría, pero no, era evidente que seguía siendo el talentoso patinador que él había seguido desde infante—. ¿Lo viste? —inquirió el mayor, sacándolo de su ensoñación.

—Eh… No —respondió Tom, sonrojándose, porque había sido más que obvio que lo miró, pero no por las razones correctas.

Bill frunció el ceño. —Presta atención —instó el mayor, acercándose hacia él, tomándolo por la quijada, haciéndolo que lo viera y Tom frunció el ceño, buscando removerse de Bill, pero él lo mantuvo firme en su quijada, y hacía que su mente se sintiera conflictuada, lidiando con el coraje que le dieran órdenes, que Bill lo tuviera sujeto por el rostro, con las mismas manos que había soñado que lo tocaran después de haberlo visto hacer un performance tal cual cuando era joven, entonces tenía rabia, deseo y frustración, todo al mismo tiempo, y ni siquiera podía alejarse del todo porque Bill era dominante y más fuerte.

Bill realmente no había lidiado con alguien así de rebelde antes, ninguno de sus alumnos era tan terco, aunque también debía admitirlo, esa fiereza, determinación y talento era algo que tampoco poseían, y es que ese adolescente terco y bello, muy bello, sabía lo que tenía, pero también su propia soberbia podía ser un su perdición, había tanto potencial en Tom que Bill podría ayudar a desarrollar, sólo que él tenía que colaborar porque sino no podría hacerlo. No sabía por qué se estaba empecinando y soportando tanto, normalmente Bill era de mandar al diablo a quienes no quisieran aprender, pero… Sabía que era por un motivo en especial, porque aquel fuego dentro de Tom, lo reconocía en el fuego que él tenía a su edad, así que por ello es que quería insistir con el joven ruso.

Incluso sabía que pese a sus problemas de ira y arrogancia, sí notaba la sobrexigencia que Tom se tenía sobre sí mismo, aunque también seguía siendo un chico de dieciséis años, por la manera en que notó el cariño y cómo cambiaba su semblante cuando estaba con su abuelo, era un muchacho lindo y tierno, como un gatito, pero hasta los felinos menores eran capaces de arrancarte un ojo con sus garras, y por eso es que sabía que tenía que enseñarle a Tom.

—Aprovecha esto —dijo Bill, dándole unos golpecitos en el muslo con la otra mano, fue muy tenue pero Tom se sonrojó más profusamente al sentirlo presionar contra su carne cubierta con la malla, con el mayor soltándolo—. Ahora mírame hacerlo y tú haz lo mismo después —sentenció el mayor, separándose en lo que volvía a hacer el número que había preparado Tom, esta vez el joven sí lo miró de forma análitica, intentando calmar sus hormonas en lo que prestaba atención.

Bill al terminar, es que observó a Tom, cómo es que realmente estaba mejorando, y la manera en que el menor era mucho más flexible, y que aprendía rápido, aunque igualmente siguiera objetándole cada tanto, haciéndose ya algo habitual en cada una de las clases particulares.

Tom terminaba cansado, aunque en parte satisfecho por cómo iba mejorando con cada uno de los tips que le daba Bill, aunque nunca diciéndole gracias, porque era muy orgulloso para admitirlo, pero sentía que sí, que Bill era muy buen entrenador, por más que se la pasaran peleando, que era más bien con Tom gritándole, y Bill callándolo por impertinente, y sí, sabía que el entrenador Moritzky era estricto, pero solía gritarle y ya, Bill lo intimidaba porque con una mirada y tono firme, Tom terminaba obedeciendo, a regañadientes pero lo hacía.

El tema es que también Tom estaba muy incómodo con el alemán porque solía tocarlo, sin segundas intenciones, sólo para explicarle los estiramientos o zona donde debía ejercer más fuerza y Tom había tenido que irse al baño más de una vez a mojarse el rostro, porque le quemaba la piel cuando el mayor lo tocaba, y estaba entrando en pánico, porque Tom sabía que era gay, siempre le habían gustado los chicos, pero la verdad es que no había salido con ninguno, ya que si bien era atractivo, solía espantarlos con su pésimo temperamento, pero Bill no era un chico, era un hombre, y tampoco lo veía como Tom, ¿verdad? No quería arruinar lo que tenía con el entrenador, incluso si fuera un alumno difícil, lo necesitaba todavía, y le gustaba sus clases, aunque se terminara echando agua para que se le bajara la excitación cuando veía a Bill o lo tocaba, por más tenue que fuera, y sabía que sus fantasías habían regresado… Esta vez con el Bill actual, soñando que aquellos entrenamientos y roces terminaban en el mayor haciéndolo suyo contra el borde de la pista de patinaje.

Tom se levantaba completamente sudado y con los bóxers mojados por haberse corrido al pensar en Bill follándoselo allí, se tapó el rostro, sintiéndose pésimo. Lo peor es que tenía bañarse e ir a entrenar, viéndolo luego de ello, por lo que se acrecentaba su vergüenza, sólo tenía que seguir fingiendo que Bill sólo le daba rabia, y no deseo, aunque sabía que no sólo era algo hormonal, porque también cuando el mayor le ofrecía palabras de aliento o preocupación, él también se estremecía por dentro, Bill fuera de ser estricto y no ceder ante sus enojos, no se portaba mal con él, lo que sólo alimentaba un deseo por dejarse proteger por el mayor, aunque no, Tom sabía que sólo se permitía aquello con su abuelito.

Lo tenía muy conflictuado, porque Bill despertaba en Tom tanto sentimientos como ganas, y eso lo estaba desestabilizando, haciendo que el ruso pensara en cómo pronto empezaría la competencia, y con ello, sabría si regresaba a Rusia o tendría que prepararse para la siguiente competencia en otro país.

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Durante la sesión con Bill, el mayor lo tomó por la cadera, y espalda, buscando alinear su postura en lo que le explicaba un movimiento, pero Tom se tapó la boca, trastabillando para luego salir de inmediato de la pista, sintiendo su cuerpo entero latir por cómo lo había agarrado Bill, que no era con ninguna segunda intención, pero su mente estaba muy afectada, y el escucharlo darle órdenes mientras lo tocaba, sus jodidas manos, habían hecho que Tom no pudiera evitarlo, gimiendo contra su palma, y con una erección en sus pantalones, por lo que se encerró en el baño, apoyándose contra el lavado, sintiendo cómo las lágrimas salían de sus ojos, observando su reflejo en el espejo del cubículo.

—Eres tan patético —se regañó a sí mismo, notando cómo estaba sonrojado, excitado y frustrado, porque Bill lo estaba enloqueciendo, y Tom casi nunca lloraba y ahora estaba haciéndolo.

Le gustaba un hombre mayor, diez años mayor, quien era su entrenador, quien no le correspondía, y que no podía alejarse porque era la oportunidad de competir, no cuando estaba a unos días… No… Y también sabía que no era sólo por eso sino porque no quería.

¿Por qué tenía que pasarle eso? Tom en sus dieciséis años no se había enamorado nunca y justamente ahora… Tenía que hacerlo con todo en contra, sintiéndose adolorido en más de un sentido en aquel momento, tanto por el bulto en sus mallas como con el pecho apretado por Bill.

La puerta del baño se abrió, pero si Tom le puso seguro, se fijó cómo es que era Bill con la llave, claro, tenía sentido que él tuviera una copia, el mayor lo vio con el semblante preocupado, fijándose cómo es que Tom estaba llorando, se acercó a él.

—Tom, ¿qué sucede? —cuestionó Bill, apoyando sus manos sobre los hombros del menor, el cual se removió con violencia y el rostro aún más rojo.

—¡No me toques! —gritó Tom, volteándose, y Bill se fijó en que el adolescente tenía una erección en sus pantalones.

—Es normal que las tengas a tu edad, Tom, no tienes que sentirte mal por ello —explicó Bill, comprendiendo que Tom a final de cuentas seguía siendo un adolescente con las hormonas a flor de piel.

Tom se cubrió la entrepierna con su casaca, bajándola más con vergüenza. —No es eso…

—A todos les pasa, también tuve tu edad, las erecciones… —empezó a intentar tranquilizar Bill al menor, y el adolescente gruñó.

—¡Sólo me pasa cuando me tocas! —confesó Tom con los ojos cerrados, con el rostro ardiendo por la vergüenza, quería que Bill se callara y no siguiera explicándole algo que él ya sabía, porque no era que con cualquiera se le pusiera dura, sólo con él, y aquello hizo que apretara los dientes y llorara con más fuerza.

Bill se quedó en silencio, procesando lo dicho por el menor, habían muchas cosas mal en ello, porque si bien Tom no podría ser su hijo, era menor de edad, tenía dieciséis años, camino a los diecisiete, pero… Era aún peor porque Bill sabía que también le llamaba la atención Tom, que si bien no había intentado hacer nada por su posición como adulto, sí era consciente de que todo en él le llamaba como nunca antes le había llamado la atención algún alumno, él mismo era gay y salía con hombres de su edad, o una que otra vez con alguien mayor, aunque no tenía relaciones duraderas, era difícil por cómo no sentía apego y terminaba desechando a las personas cuando se volvía complicado pero…

Suponía que el reconocer cosas de Tom que le recordaban a sí mismo, viendo que era alguien tenaz pero talentoso y sumamente atractivo, habían hecho que sí se fijara más de lo correcto en Tom, pero sin intentar algo, porque Bill era el adulto, y Tom el menor.

Sólo que ahora notaba que Tom sí sentía cosas por él, y que esto le causaba conflicto, lo cual era entendible, así que Bill se acercó, a pesar de que Tom le había pedido que no lo tocase, no podía evitar hacerlo, por lo que lo sujetó por las mejillas, secándole las lágrimas, en lo que Tom abría los ojos, jadeando al ver cómo Bill estaba acunando su rostro, ofreciéndole una mirada cálida.

—Tranquilo, ¿está bien? No va a pasar nada, ya se te pasará. Yo no voy a dejar de ser tu entrenador por esto, ¿entiendes? Sólo que no me di cuenta porque mayormente estás enojado, y… Soy tu mayor, por diez años. Pero también, pese a tu reticencia, eres especial para mí, Tom, yo no le doy clases particulares privadas a ningún alumno, y ciertamente si no fueras así de talentoso, sé muy bien que no habría soportado tu forma de ser, aunque me recuerdas a mí mismo a tu edad, por eso también es que soy diferente contigo. Pero no te sientas mal, Tom —masculló Bill en tono tranquilizador, y Tom se quedó en silencio todavía, observando los ojos del mayor que se mantenía acariciándole las mejillas con dulzura con su corazón latiendo acelerado porque no había un rechazo como tal, para lo que el ruso se puso de puntillas, presionando sus labios contra los de Bill, quien se sorprendió por ello, pero los movió con suavidad contra Tom, quien suspiró poniendo su lengua contra la boca de Bill, sintiendo cómo el percibir la barba del mayor lo estaba calentando más, Bill entreabrió los labios, capturando la lengua del menor, que la movía de forma inexperta, y Bill lo guió con calma, pero luego se separó, observando cómo el rostro de Tom estaba teñido de rojo, con sus labios hinchados y rojizos, sus ojos azules resplandeciendo—. Tenemos que seguir el entrenamiento, ¿está bien? ¿Pero estás más tranquilo? —cuestionó y Tom, después de mucho tiempo, se limitó a no responder verbalmente, simplemente asintiendo.

La erección sí bajó al retomar el entrenamiento, aunque Tom todavía podía saborear a Bill en sus labios, recordando el piercing de la lengua del mayor que sintió en su boca, y haciéndolo suspirar antes de irse a dormir.

&

Cuando la competencia comenzó, Bill era un invitado especial que realizaría su propia presentación, aunque no participaría en las rondas, no, si bien Bill había sido muy competitivo toda su vida, el regresar a aquel mundo como protagonista ya no era algo que le llamara la atención, ya que cuando tenía dieciocho años, con muchos premios, es que fue a una de las reuniones de los círculos más grandes de la elite de patinadores, siendo tristemente testigo de algo que Bill jamás debió presenciar… Y que si bien él no fue partícipe de aquel delito, prefirió alejarse por completo, usando todos ahorros en poner su propia academia, manteniéndose en ello, pero apagando sus sueños por seguir siendo un patinador de competencias desde allí, con el temor de que algún día lo relacionasen con algo de lo que fue testigo o que se lo hicieran a él para callarlo.

Así que se presentó ahora, recibiendo una ovación de pie cuando terminó, para sonreírles a todos y luego volver a ponerse sus prendas normales para quedarse a observar la competencia, prestando la atención precisamente hacia Tom, fijándose cómo es que se desenvolvía, con la música de punk rock que ponía de fondo, en lo que movía con gracilidad, y hacía sentir orgulloso a Bill, que estaba con Nikolai al costado, sonriendo al ver a su nieto.

Los días siguientes, Bill iba también cuando Tom participaría, percatándose cómo es que ganaba ante cada uno, así que Bill sabía que su pupilo tenía muchas oportunidades de llevarse el premio mayor, podía casi poner las manos al fuego por ello, Tom era muy bueno, y ya no estaba dando nada por sentado.

Por lo mismo es que no fue sorpresa para Bill el que Tom ganara el Grand Prix, y cómo es que el menor corrió en dirección a su abuelo, abrazándolo con el trofeo, dedicándoselo a él, y luego haciendo lo mismo con Bill, quien lo apretó contra su cuerpo, y el rubio le sonrió, notando cómo es que se veía tan lindo cuando no fruncía el ceño sino tenía una genuina sonrisa.

—Me dijiste que celebraríamos si ganaba —susurró Tom.

—Dije que había una celebración para todos los ganadores —aclaró Bill, soltándolo, en lo que se iban con Nikolai, porque los fanáticos ya estaban yendo en su dirección y Tom los detestaba.

—Quiero mi propia celebración sólo contigo —masculló Tom en voz baja, sin verlo, pero sonrojándose, Bill se quedó mirando a Nikolai, aunque no es que él entendiera inglés, y el menor había hablado muy bajo, igualmente se fijó cómo es que el adolescente le hablaba en ruso a su abuelo, quien asintió para responderle también en aquel idioma, y palmear el hombro de Bill, con una mirada que no supo comprender—. Dice que me cuides en la fiesta de celebración.

—Tom… ¿Le dijiste? —preguntó Bill con cautela, y el rubio menor se rió.

—Sólo parte de ello —respondió Tom críptico, es decir, le había mentido.

Esto estaba mal, pésimo y Bill… No hizo nada para evitarlo, dejando a Nikolai en la posada, porque había llevado su auto en esta ocasión, y llevando a Tom hacia su departamento.

—¿Por qué quieres esto? Yo… —empezó a hablar Bill, apretando con fuerza el volante mirando hacia el frente.

—Sé que tengo que ir, Bill. Que no volveré a verte porque tu vida está aquí en Alemania, y yo tengo que regresar a Rusia antes de irme a Londres dentro de unos meses, no tengo un sitio fijo para lo que quiero en mi vida. Nuestros destinos están separados, y sé que soy menor de edad, pero quiero llevarme el recuerdo de que mi primera vez la perdí contigo, así no seamos novios, fuiste mi primer beso, a quien admiré desde niño, y te deseo… Sé que soy un adolescente, y que te meto en muchos problemas con esto, sin embargo, sólo quiero una noche, que sea mi premio por haber logrado todo lo que me propuse, sé que me correspondes aunque no quieres hacer más porque es inadecuado, sólo que quiero que me dejes un buen recuerdo —confesó Tom mirando hacia la ventana, era mejor así, decirle todo lo que sentía pero sin verlo, porque se sentía muy expuesto.

Bill lo vio de reojo, Tom era tan hermoso, y era algo que podría meterlo en un lío enorme, pero cedería, así que le dio un apretón en el muslo.

—Una noche —respondió Bill, que iba a complacer y cuidar muy bien de Tom, manteniendo aquel secreto, y esperando ser un buen recuerdo de cómo perdió la virginidad el menor, a sabiendas de lo duro que iba a ser no volver a verlo.

Tom se mordió el labio inferior al sentir cómo su interior se apretó con la mano de Bill sobre su muslo, ese hombre era lo que él había querido, y lo tomaría, tal cual tomó el premio, proponiéndose a ganarlo, y haciéndolo, así quería Bill, que si no lo rechazaba, le diera un buen recuerdo, porque no podía seguir fantaseando con él y vivir con el dolor de que pasen los años y nunca pudo tener relaciones con Bill porque era muy joven para hacerlo. Su propia madre lo tuvo a los diecisiete años, arrepintiéndose de cómo su carrera como patinadora se arruinó por una noche de calentura a los dieciséis, él tenía la ventaja de no ser mujer para no embarazarse, y que su madre también podía irse al infierno, pero quería tener aquel momento con Bill, cumpliendo su fantasía, y sintiendo que de algún modo lo hacía con alguien que sí le tiene estima, consideración y que lo cuidaba cuando Tom normalmente no se lo permitía a nadie.

Bill era todo lo que Tom quería, y ningún muchacho podría compararse, porque ni siquiera sentiría la cuarta parte de la admiración que le tenía a Bill, así que era su momento.

Cuando llegaron al departamento de Bill, él se encargó de que comieran antes, reponiendo fuerzas de todo el día ajetreado, para después bañarse ambos, con Tom nervioso pero determinado al desvestirse frente a Bill, para pasar a meterse a la ducha, con Bill también haciendo lo mismo, apreciando el cuerpo trabajado y fibroso del menor, acercándose por detrás, encendiendo la ducha con agua tibia que empezó a envolver sus cuerpos, en lo que besaba el hombro desnudo del adolescente quien soltó un suspiro al sentir los labios de Bill, junto con cómo se apoyaba contra su espalda, haciendo que se le pusiera la piel de gallina en lo que el agua los seguía mojando, con Tom girándose para poner las manos en el cuello de Bill, poniéndose de puntillas, con Bill sujetándolo por la cintura, inclinándose un poco para besarlo, jugando con sus lenguas, en un roce necesitado, aún Tom con la inexperiencia en aquel gesto, aunque muy determinado, en lo que sus entrepiernas se friccionaban entre sí, haciendo que se endurecieran en el beso.

Tom sintió cómo es que Bill le chupaba la lengua, y gimió contra su boca, en lo que Bill también gimió por el placer que le atravesaba el estar besando a Tom, que lucía tan hermoso, como un ángel etéreo al estar mojado, se separaron por aire y Bill pasó sus manos por el talle de Tom, quien se estremecía porque sabía lo mucho que fantaseó con aquellas manos, así que la forma en que Bill delineaba sus costillas, o presionaba sus pequeños pezones rosados, endureciéndose contra sus dígitos sólo lo ponían más excitado, con su miembro erecto, frotándose contra el de Bill, quien subió más sus manos, posándose por sus clavículas, su cuello, hasta acariciar su quijada, y labios, con Tom abriéndole la boca, sujetando entre sus labios los dedos de Bill, chupándolos sin dejar de verle con el azul invadiendo dentro de Bill, quien estaba más que duro al ver cómo esos los labios llenos le succionaban con gula, y él simuló penetraciones en la boca de Tom en lo que percibía cómo es que el adolescente lo chupaba más con un talento innato al parecer.

Bill apretó el hueso de la cadera de Tom, presionándolo contra las losetas del baño, y sacó los dedos de la boca del menor, con el brillo en sus orbes, con ganas de comérselo entero, y lo haría en la cama, por lo que culminaron rápidamente el baño, para que Bill secara a Tom, poniéndole una salida de baño, y él haciendo lo mismo para irse a su habitación, donde quitó la cinta de la cintura de Tom para echarlo de espaldas en la cama, apreciando nuevamente el cuerpo desnudo del adolescente, volviendo a besarlo, en lo que mecía sus caderas, haciendo que ambos sisearan y gimieran en los labios del contrario, separándose por aire nuevamente.

Tom estaba despeinado y derretido, mientras Bill lo besaba por el cuello, haciendo que se le escarapelara la piel, la manera en que lo chupaba, sin dejarle marca pero sí haciendo que Tom se aferrara a las sábanas, mientras Bill ahora le chupaba un pezón, acariciándole el otro entre sus dedos, esas manos que siempre lo habían puesto nervioso y eran su perdición, su más grande fantasía, eran las que ahora lo recorrían con cuidado… Haciendo que Tom experimentara un placer nunca antes sentido.

Tom observó cómo es que Bill seguía bajando por su cuerpo, con besos y lamidas, roces… La forma en que movía su cuerpo, con Tom dejándose hacer a su voluntad, lo tomó por la cintura, Tom se quebró, lo tomó por las piernas, y él las abrió.

—Siempre tu grandiosa flexibilidad —halagó Bill entre las piernas del menor, para besarle el interior de su muslo, alzándole la pierna, para hundirse debajo de sus testículos, presionando su lengua sobre su perineo, con Tom gimiendo en lo que echaba su cabeza hacia atrás al percibir aquella lengua estimular aquella zona tan erógena que no se había tocado antes.

—Uhmmn… ¡Bill! —chilló Tom aferrándose la sábana, con Bill lamiéndole con más ganas, acariciándole la erección con la otra mano, y el menor gritó en ruso pidiéndole más, con su cabeza sin poder hablar en inglés en aquel momento.

Bill no entendía lo que Tom decía, pero por el contexto, y el lenguaje del amor que manejaban podía hacerse una idea, por lo que siguió sorbiendo dentro del menor, ahora colando un dedo, empleando la saliva como lubricante, aunque sí tenía en su cajón y lo usaría, sólo que ahora era para medios de calentar y enloquecer más al adolescente.

Tom al sentir cómo Bill hurgaba dentro suyo, tocando ese punto mágico que hizo que chillara nuevamente, es que se tambaleó, apretando los dedos de sus pies con su miembro botando preseminal.

Bill lo sentía, el temblor en el cuerpo de su amante era porque iba a correrse pronto, y no quería que lo hiciera sin cumplirle la fantasía de quitarle la virginidad, tal y como se lo había pedido Tom, así que se separó, sintiendo cómo aún la calidez y sensación apretada del canal de Tom podía percibirlo en su lengua, pero abrió su cajón para sacar el tubo de lubricante con un condón, empezando a dilatar a Tom con el gel, ya no con dos dedos, sino llegando hasta tres, fijándose cómo es que el menor se iba relajando, abriéndose más para él.

—Seré cuidadoso, estás conmigo —le recordó Bill susurrándole contra sus labios, y el aliento cálido del mayor hizo que Tom se estremeciera más, asintiendo, confiando por completo en aquel hombre, que se separó levemente de él para ponerse el condón, alzando las piernas de Tom, poniéndolas sobre sus hombros, con el adolescente quebrado sobre sí mismo, muy flexible cómo él solo, en lo que alineaba su erección contra la hendidura dilatada del menor…

Bill empezó a meterse dentro suyo, con Tom boqueando al percibir la cabeza gruesa que se introducía en su canal… Era más grande que los dedos, pero Bill se apoyó contra la frente del adolescente.

—Iré lento… Relájate —ordenó Bill, en el mismo tono demandante que usaba en las prácticas, por lo que Tom se excitó más, con Bill gruñendo al sentir cómo lo apretaba, por lo que tomó la dureza de Tom, masajeándosela, y el adolescente se quebró bajo suyo, con Bill hundiéndose más en su interior hasta llenarlo por completo—. Ya estoy dentro… Céntrate en mi mano sobre tu pene, ¿te gusta, no? Pronto dejará de doler —arguyó sin dejar de tocarlo, con Tom jadeante, en lo que Bill gimió por aquella estrechez cálida, palpitando al ver al ruso bajo suyo, era precioso, por lo que lo besó, haciendo que Tom se relajara más, presionando sus talones sobre la espalda del de barba y comenzó a embestirlo, retrocediendo para volver a ingresar.

Tom se aferró al cabello corto de Bill, quien mantuvo el masaje sobre su hombría, en lo que seguía empujándose dentro suyo, dando con su erección con el punto dulce que hacía que sintiera que todo su cuerpo temblara…

El dolor definitivamente iba desapareciendo…

En realidad seguía ahí, pero era de los dolores buenos, de esos que te daban por entrenar mucho, sólo que ahora sentía un placer indescriptible ante cómo Bill lo embestía, besándolo en la quijada, labios o mejilla, mientras lo seguía masturbando, haciendo que sus testículos chocaran contra sus nalgas, y sabía que era él…

Bill era quien hacía esos maravillosos sonidos que se entremezclaban con los suyos, en una orquesta discorde dónde se complementaban de una forma magnífica.

Definitivamente este era el oro por el que Tom había ido…

Tom se vino contra el puño de Bill, haciendo que Bill se corriera dentro suyo, en el interior del profiláctico, saliéndose con cuidado, quitándoselo y volviendo a Tom con una toalla húmeda para asearlo, antes de cubrirlos a ambos con la sábana, teniendo el permiso de la fiesta a la que Bill tenía que cuidar a Tom, o al menos esa excusa le había dado a su abuelo, pero suspiró al sentir el aroma del expelía el cuerpo de Bill, y cómo estaba protegido en su abrazo, ambos desnudos y habiéndose entregado, sucumbiendo ante el agotamiento.

Al día siguiente se bañaron, pero Bill llevó a Tom a su posada, dándole un beso antes de que entraran porque sabía que al ver a su abuelo tendrían que irse al aeropuerto, donde Bill también los llevó. Eran conscientes de que era muy pronto, y que a Bill le dolía el dejarlo partir, pero era lo que Tom le había dicho, sus destinos estaban separados, y sólo serían una bella coincidencia, un buen recuerdo para ambos.

—Gracias por todo, Bill —masculló Tom con la capucha puesta, con el mechón rubio cubriendo la mitad de su rostro, y Bill tenía que resistirse de las ganas de besarlo.

—Gracias a ti, Tom, y también a usted, señor Kulitzky —acotó Bill, observando al mayor, quien asintió.

—Tengo que irme, espero que el destino nos reúna en alguna otra ocasión, quizá de aquí a dos años —musitó Tom, porque ahí sería mayor de edad y no sería ilegal lo suyo, aunque sabía que sólo era un sueño infantil, porque no tenían nada que los uniera.

—Me aseguraré de ello —le mencionó Bill, dándole un apretón en la mano, a lo que Tom ofreció una sonrisa de medio lado, sonrojándose levemente y lo soltó.

—Bueno, adiós —dijo Tom, alzando su mano para sujetar su maleta e irse con su abuelo.

Pero Bill sabía que aquello sólo era el inicio, porque lo que le había dicho era una promesa para sí mismo también… Tendría que volver a ver a Tom, ya que el joven prodigio en aquel corto tiempo se había colado más que en su cama y mente, sino también su corazón, así que Bill no pensaba renunciar tan fácilmente a aquel gatito enojón.

F I N

¿Qué les pareció? 

por Kasomicu

Escritora del Fandom

2 comentario en “El hada rusa”
  1. Desde que vi el banner me animé a leer este fic. Excelente trabajo a las dos, Kasomicu por su obra y Chikparole por las manips. Me encantó 🙂

    1. Muchas gracias por darle una oportunidad y leerlo, Mizuky, también por dejar un comentario, sí, las manips de Chikparole quedaron increíbles 🥰, Tom Yurio tenía que existir 🤭

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