Nota de autora: Premio de la segunda ganadora del sorteo que hice en mi canal de Whatsapp 🙂 Dedicado a Bylenda.

One-Shot de Kasomicu
«El tutor»
Tom se sentía frustrado cuando le dieron la noticia de que tendría que tener un tutor, un practicante a docente, y que tendría que ir a su casa, porque sería después de clases y la escuela estaría cerrada.
O al menos así se sentía al inicio el joven de dieciséis años, hasta que conoció a Bill Kaulitz, su tutor, y tragó saliva de inmediato, era un joven atractivo, sabía que tenía veintiún años, porque eso le habían contado, y que estaba practicando para ser docente, también que supuestamente tendría algunos compañeros más, otros rezagados.
Y Tom sabía que no habría reprobado de no ser porque le llegó un correo de Steam, donde alguien le había regalado Team Fortress 2, con una recarga para comprarse todas las armas que quisiera, por lo que se envició jugándolo hasta tarde y descuidó sus estudios, ahora se lamentaba por ello, aunque no tanto…
Al menos no teniendo en cuenta que su tutor era así de guapo, lo cual lo conflictuaba mucho, es decir, era un hombre, pero… Tenía facciones delicadas, una melena rubia y una barba recortada junto con piercings adornando su faz, y eso hacía que tragara saliva nervioso, haciéndolo sentir con el corazón acelerado y un tirón en su entrepierna hormonal.
—¿Me escuchaste, Tomi ? —preguntó Bill, luego de un rato, en el cual el de rastas se había quedado embelesado sin realmente oír lo que le decía el mayor.
—¿Ah? —cuestionó Tom, sonrojándose apenado, y el mayor rió, con una risa cantarina que lo hizo estremecerse.
—Te decía que estaremos solos hoy —comentó Bill, mordiéndose el labio inferior—. Porque tus compañeros no pudieron venir. Así que… ¿Te parece si nos conocemos un poco mejor? —inquirió Bill, ubicándose al costado del rubio, con una mirada predatoria.
—¿Usted vive solo, señor Kaulitz? —interrogó Tom, fijándose que realmente no había nadie aparte de ellos allí.
—Oh, no, señor Kaulitz era mi padre, llámame Bill —pidió Bill con un tono dulce, haciendo que Tom se sonrojara—. Así como yo te llamo Tomi y no Trümper —acotó.
Tom tragó saliva nervioso.
—Bueno, ¿de qué hablaremos? —inquirió Tom, moviendo el piercing del labio por la ansiedad que le provocaba el mayor, observando cómo Bill se quedaba mirando ese movimiento para luego relamerse sus labios por ello.
—Pues… ¿Por qué es que reprobaste? —preguntó Bill.
—Ah… Me descuidé un poco de mis estudios —respondió azorado Tom.
—¿Muchos Team fortress 2, verdad? —chanceó Bill, con una sonrisa.
Tom se rió hasta que se dio cuenta que él no le había contado eso a su tutor, lo miró inquisitivo.
—Yo no le dije que por eso me descuidé —soltó Tom, mirándolo confundido.
—Ups —comentó Bill, con fingida inocencia—. Digamos que te he seguido un tiempo atrás, pequeño Tomi… —masculló, arrinconándolo contra el sillón, Tom sintió el aliento del mayor en su rostro y quiso empujarlo de encima suyo, pero Bill sujetó sus manos y las apretó por encima de su cabeza—. No, no, cariño… No te resistas… Mandarías al caño todo lo el esfuerzo que he hecho por ti —susurró contra sus labios, para luego besarlo, metiéndole la lengua por la fuerza, haciendo que Tom se sintiera conflictuado por la vorágine de pensamientos que tenía en ese momento, le gustaba cómo el mayor dominaba su boca, pero a la vez se sentía extrañado de toda esa situación, porque Bill le había regalado el juego, y de algún modo para hacer que él terminara allí en su departamento, a solas, con la posibilidad de… Ser abusado por el mayor.
Sintió cómo la lengua de Bill le penetraba la boca y no pudo evitar gemir por las sensaciones, por un lado percibiendo cómo se agolpaban lágrimas en sus ojos, y con dolor en las muñecas, pero por el otro con el deseo creciendo dentro suyo, sin embargo, también sentía terror… Porque sabía que eso no sería suficiente para su tutor, ya que podía sentir la erección del mayor chocar contra sus muslos.
Bill se separó por aire, viendo satisfecho el hilillo de saliva que quedaba entre ambos, con una sonrisa lujuriosa y expresión tétrica en su rostro.
—Oh, mi querido Tomi… Tantos años admirándote de lejos, y por fin te tengo para mí —susurró contra el cuello del de rastas, lamiéndolo con adoración, aún manteniendo el agarre firme en sus muñecas.
—Suélteme, por favor… —pidió Tom, con el temor recorriéndole el sistema, temblando en ese instante.
—No, no, no… Puedo sentir cómo estás excitándote, así que no tienes por qué negarte a lo que quieren tus instintos, te terminará gustando, vas a ver que sí —aseguró Bill, para luego volver a besarle el cuello, dejándole una mordida que hizo jadear a Tom para luego sacarse una esposas del bolsillo trasero, haciendo que el de rastas se tensase y quiso huir al Bill levantarse pero él lo jaló por las rastas—. Niño bonito, todo esto está siendo grabado, así que si no quieres que todos vean cómo te besas con tu tutor, será mejor que colabores —amenazó el mayor, poniéndose contra su rostro con la mirada llena de furia, Tom asintió sumiso, con lágrimas en los ojos, Bill le dejó un beso corto en los labios.
Bill lo levantó del sillón para luego desvestirlo, a paciencia, deleitándose con la vista, dejando besos y mordidas conforme le quitaba las prendas. Tom seguía temblando, aunque tenía una erección notoria. Luego el mayor lo volvió a acomodar en el sillón, donde agarró sus manos, poniéndoles las esposas, para luego sacar una mordaza de su cajón de la mesita de centro, para ponérsela a Tom, el cual lucía atemorizado pero se dejaba hacer.
—Si bien me encantan tus labios, nada podría evitar que termines mordiéndome, así que es mejor prevenir que lamentar, cariño, aunque espero que en algún punto puedas chuparme la verga con esos labios hermosos que tienes —farfulló Bill con una sonrisa sádica—. Aparte de ese modo mis vecinos no podrán oírte —terminó por añadir.
Bill sonrió satisfecho, mientras se disponía a lamer al menor frente a él, delineando su cuerpo con su lengua, mordiéndole con saña el pezón, hasta hacerle sangrar, algo que hacía que Tom sintiera dolor entremezclado con placer, porque nadie nunca lo había tocado allí, después chupó con fuerza por el resto de su cuerpo, dejándole marcas que no serían visibles a menos que se quitase la camiseta, hasta que llegó a su miembro, el cual se metió a la boca, haciendo que el de rastas empujase sus caderas hacia arriba, pero no, Bill presionó sus caderas contra el sillón, por lo que siguió saboreando su almizcle, su preseminal que ya iba bañando su miembro.
Tom gemía, sintiéndose imposibilitado con la boca llena y los brazos atrapados, pero sentía cómo sus testículos daban un tirón por las sensaciones que tenía al su erección ser envuelta por la boca de Bill, observándolo cómo se lo engullía con ojos felinos, pero como si adivinara que iba a correrse, se lo sacó de la boca, limpiándose con su mano la saliva, y sacando un tubo del cajón, que ya sentía el de rastas que tenía una caja de Pandora allí, sin embargo, no fue sólo eso lo que sacó, sino también un látigo, porque Tom sabía que lo era, con los extremos con púas que hicieron que su piel se pusiera de gallina, ¿en serio iba a golpearlo con eso? Miró con terror al mayor que tenía una risa maniática.
—Oh sí, querido… Te dolerá, al menos un poco —soltó Bill, poniendo el lubricante a un costado y comenzando a lanzarle azotes, que hacían que Tom se arqueara pero por el dolor, su cuerpo rojizo frente al contacto con el látigo, creándose pequeños cortes… Que hacían que el de rastas soltara lágrimas, ahogándose en su sufrimiento, jamás había experimentado un dolor así.
Bill siguió con los latigazos, mientras se masturbaba al ver brotar la sangre de sus heridas, realmente le excitaba todo esto, la idea de mancillar su cuerpo… Hizo unos cuantos azotes más y luego dejó a un lado el arma, comenzando a lamer con gula toda la sangre y heridas, delineando las heridas abiertas, saboreando la sangre… Aquello lo excitaba en demasía.
Tom estaba llorando sin césar, con el cuerpo temblándole, no sabiendo cómo podría levantarse luego de eso, pero algo en la expresión de Bill, que lucía enfermo mientras estaba lleno de sangre, le hizo saber que aquello no había terminado.
Bill abrió el tubo, dejando caer el gel en sus dedos, posándolos detrás de sus testículos, con su erección que ya había bajado por el dolor, pero al mayor poco le importó e introdujo dos dedos de una sola, haciéndolo brincar en su sitio por la intromisión… No, realmente iba a hacerlo, Bill iba a violarlo.
—Relájate, Tomi… O será peor —amenazó Bill, abriendo sus dedos como tijeras en el interior del menor, el cual se retorcía, sintiendo que le apretaban los pulmones, ¿cómo podría ser eso agradable? Antes de realmente preguntárselo, el mayor volvió a chupar su miembro dormido, haciendo que tomara fuerza poco a poco, y sin querer, relajando su trasero, por lo que le metió un dedo más.
Tom se removía, con intenciones de patearlo hasta que Bill le mordió el miembro, haciéndolo detener sus movimientos, no fue una mordida tan grave, no al menos para hacerle una herida, sin embargo, por la forma en que le veía, le hacía notar que era capaz de lastimarlo si no ponía de su parte, por lo que cerró los ojos con fuerza, intentando concentrarse en la succión de Bill y no en el dolor en su trasero, o de sus heridas en el pecho.
Luego de un rato, Bill sacó su miembro de su boca, y también los dedos de su culo, para después ubicarse en medio de sus piernas, echándose una generosa cantidad de lubricante en el pene, y dirigiendo su erección entre sus nalgas, no esperó a que se acostumbrara, sino que la metió de golpe, haciendo que Tom sintiera el dolor hasta su nariz.
Pero Bill volvió a salirse para luego arremeter de nuevo, sin embargo, en esta oportunidad, el pene de Tom dio un respingo, porque el mayor chocó contra algo dentro suyo, algo que lo hizo estremecerse, y aferró sus piernas detrás del mayor, para más profundidad, Bill había dado con su próstata, por lo que sonrió y siguió embistiéndolo, haciendo que Tom pusiera los ojos en blanco por el placer, sí… Bill estaba siendo rudo, no obstante, le gustaba… De una forma enfermiza. Bill se aferró a sus caderas y siguió dándole estocadas certeras, viéndolo fascinado, sintiendo cómo su interior lo apretaba, era tan delicioso…
Mierda, Bill siempre fantaseó con aquello, mas nunca tuvo la oportunidad de hacerlo realidad hasta ahora, las entrañas de Tom lo recibían gustosamente, incluso por momentos apretaba tanto que sentía que se iría a venir como un virgen… Aquel pequeño, al cual había visto hace seis años… Y que siguió sus pasos desde entonces, convirtiéndose en profesor sólo para tener la oportunidad de ser su tutor y por fin hacerlo suyo.
Tom se sentía culpable, porque disfrutaba incluso del ardor de sus heridas, y del dolor entremezclado con el placer al recibir las embestidas de Bill, el cual comenzó a jalarle de las rastas, y luego le presionó el cuello, haciendo que sintiera que se ahogara, pero, en lugar de tener miedo, sólo sentía más excitación. Tom era un jodido pervertido igual que su abusador.
Bill siguió penetrándolo hasta que logró que Tom se corriera, incluso sin tocarle el miembro, y apretó tanto su interior que se vino dentro con fuerza, para luego salirse, fijándose cómo su esencia junto con un poco de sangre salía de la hendidura de su pequeño niño.
El mayor le quitó las esposas, y luego la mordaza, llevándolo al baño para asearlo a consciencia allí, para luego al secarlo ponerle un ungüento para las heridas, dejándole un beso corto en los labios luego de volverlo a vestir como si fuera un muñeco.
—Bueno, Tomi, hemos terminado tu lección de hoy. ¿Sabes que debes volver mañana, verdad? —preguntó Bill, con una sonrisa ladina.
—Sí, Bill —dijo Tom sonrojado.
—En la cama, llámame “Amo” —ordenó Bill en su oído para luego morderle el lóbulo.
Tom tragó saliva y asintió, sujetando su mochila y colgándose al hombro para luego salir del departamento del tutor.
Estaba dolorido en más de un sentido, sin embargo, no podía evitar pensar que creía que era gay porque le terminó gustando todo lo que habían hecho con él, y contaría las horas para verlo al día siguiente.
F I N
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