Notas de la autora: Si tuviera una moneda por cada fic donde hago a Tom sacerdote tendría 3 monedas, que no es mucho pero igual.

En fin. Esta idea salió de un chiste rancio que oí de niña, evidentemente a mí no me dijeron el chiste, sino que estaba de chismosa, y no lo entendí hasta que crecí xD

Así que bueno, si les gustó no olviden dejar un comentario, se dejan gratis sin necesidad de tener una cuenta y eso me anima a seguir creando más contenido 😀

One-Shot de Kasomicu

«Experiencia religiosa»

El padre Thomas estaba a cargo de aquel convento, y él no se quejaba, si bien la madre superiora Dunja es quien se encargaba de lidiar con la instrucción a las novicias, de todas formas él era quien realizaba las misas, y sin importar que la madre fuera mayor, él tenía mayor poder sobre el claustro. Lo que hacía que ciertamente el padre Thomas tomara ventaja de ello.

Para el sacerdote la prioridad era Dios, y bueno, siempre le era leal a su señor. Sin embargo, también era un hombre, así que hasta cierto punto era normal sentir deseo sexual, si bien había hecho sus votos de castidad… El padre Thomas no era fiel a ello.

“Al menos no son niños”, pensaba el sacerdote para sí mismo, recordando las costumbres de algunos de sus colegas.

Pero… Al no poder salir del claustro, sólo tenía a sus disposición las novicias, y ellas estaban encantadas de guardar ese secreto. El padre Thomas jamás las forzaba, simplemente las endulzaba con sus palabras, cuando les realizaba visitas “nocturnas”.

La madre superiora por suerte nunca se enteró, y ciertamente él tenía cuidado de no embarazarlas, porque si no sabía que lo culparían a él.

O tal vez podrían culpar a los jardineros. Ya había aprendido a fingir inocencia muchas veces, le salía bien el papel.

Pero de todas formas no estaba con todas las novicias, sólo con algunas que llamaban su atención, e igualmente si alguna lo rechazaba, que casi nunca pasaba porque ciertamente él era muy atractivo y era consciente de ello, el padre Thomas respetaba su decisión y les pedía discreción, como él no era malo con sus deberes, nunca había presentado inconveniente alguno.

Así que cuando llegó una nueva muchacha al claustro, el padre Thomas tuvo que hacer acopio de toda su voluntad para no lanzarse sobre ella inmediatamente, no podía ver las curvas de su cuerpo, pero su rostro… Nunca había visto una mujer así de bella como ella, con unos labios tan carnosos y sensuales, piel tan blanca como el alabastro, ojos color chocolate y de aspecto felino, que, para más inri, estaban delineados de negro, acentuando aún más la belleza innegable que poseía.

—¿Cuál es tu nombre? —cuestionó la madre superiora.

—Anabelle Kaulitz, madre —respondió la monja, porque sí, ella no vestía ropa normal ni hábitos blancos de novicia, ya estaba usando los hábitos negros de quien había realizado sus votos.

—Bueno, hermana Anabelle. ¿A qué orden pertenece disculpe? —inquirió la madre.

—A la orden franciscana de Austria, madre. Sino que por la guerra seguro se perdieron mis papeles de traslado —comunicó la monja, con una expresión de disculpa.

—Lo entiendo, hermana Annabelle. Está bien. Hay espacio para usted aquí. El padre Thomas la llevará a su habitación. Sólo que… Por favor, no use más maquillaje —advirtió la madre superiora.

La monja asintió con un sonrojo en las mejillas y notoria timidez. Luego se giró hacia el sacerdote, y el castaño le ofreció una sonrisa.

—Acompáñame, hermana Anabelle —masculló el sacerdote.

—Está bien, padre Thomas —soltó la monja, y cuando se acercó a él se dio cuenta que la monja era más alta que él, pero aquello no le amedrentó, tal vez era por genética.

Sólo que el sacerdote se trataba de imaginar cómo serían sus formas debajo del hábito, por lo que la miraba de reojo, cuando ella no lo notaba, tratando de vislumbrar a cada movimiento de la monja.

Hasta que la monja se dio cuenta y le sonrió.

—¿Qué mira, padre? —preguntó Anabelle con una voz inocente.

—Ah, nada, me preguntaba cuál sería el color de su cabello, hermana Anabelle —mintió con descaro el padre Thomas.

—Negro, padre Thomas —soltó la hermana Anabelle, mientras se relamía los labios llenos y rosas, algo que hizo que el castaño sintiera cómo su miembro latía en interés.

Cuando llegaron al cuarto, el sacerdote le abrió la puerta, viendo cómo la hermana ponía su maleta en la cama.

—Bueno, te dejo para que te instales. Luego vendrá la hermana Gloria para instruirte en todo lo que debes hacer con el horario que tiene este claustro —masculló el sacerdote.

—Gracias, padre Thomas. Es usted muy amable —dijo la hermana Anabelle, ofreciéndole una sonrisa cálida.

—Es un placer, hermana Anabelle —respondió el castaño, correspondiéndole a la sonrisa, para luego acercarse a la puerta, antes de irse, se giró a verla nuevamente—. No olvide que estoy para ayudarla en lo que se ofrezca —añadió, con un guiño en el ojo, viendo cómo se sonrojaba la hermana, riéndose para después salir.

La hermana Anabelle lucía muy tierna, si bien no era una novicia, sabía que había quedado enganchada a sus encantos, así que fácilmente sucumbiría en la noche cuando “fuera a visitarla para ver cómo se está adaptando al nuevo claustro”.

&

En el día el padre Thomas mantuvo sus obligaciones, luego de hablar con la hermana Gloria para que por favor le enseñara todo lo necesario a la hermana Anabelle, la monja rubia asintió y le dijo que tuviera cuidado. Porque la hermana Gloria había sido de las que se había negado al sacerdote, pero… Porque ella tenía otros intereses, no porque lo hallase feo. Así que él no decía que la hermana tenía sus “deberes” con otras monjas, y ella tampoco diría nada él. Entre ambos se tapaban sus secretos, sin embargo, sí tenían una buena amistad entre los dos, la hermana no se había metido por vocación, sino porque su familia la llevó cuando la encontraron con otra mujer. Según sus padres hallaría a Jesús en el claustro, sin saber que no era la mejor opción estar encerrada con otras mujeres…

El padre volvió a su presente, ya era de noche, y por un lado estaba un poco cansado, pero no lo suficiente como para desistir de su idea. Tenía que esperar un poco más, a que el resto se hubiera “dormido”. Se rió para sus adentros, sería una noche agitada, así que tomaría un poco de vino… ¿Qué ese vino era para hacer la liturgia? Sí, bueno, pero que tomara un poco no le haría daño a nadie.

Cuando llegó al cuarto de la hermana Anabelle estaba algo chispeado, decidió que no haría mal que abriera la puerta, ya que de todas formas tenía la llave, quizá podría disfrutar de la vista del pecho de la monja por la ropa de dormir blanca, tal vez sus pezones serían tan rosados como sus labios, se relamió los suyos frente al pensamiento, para luego abrir la puerta, pero Sor Anabelle seguía con el hábito, sólo se había quitado el escapulario, dejando libre su cabello negro, el cual era largo y se iba peinando en la cama, y el sacerdote se quedó embobado viéndola.

Hasta que la monja se dio cuenta de su presencia, y se giró.

—Padre Thomas, ¿qué hace aquí? —cuestionó con nerviosismo, ya se había limpiado el maquillaje, pero lucía igual de hermosa.

El sacerdote sonrió coqueto y se sentó al lado de la monja, poniéndole una mano encima de la rodilla cubierta por el hábito, sintiéndose un poco menos cuidadoso porque no había podido quitarse de la mente a la morena en todo el día.

—Discúlpeme Sor Anabelle. Pero… No he podido dejar de pensar en usted todo el día —se sinceró el sacerdote, viéndole los labios con descaro—. Es usted una muy hermosa mujer, hermana.

—Ah, gracias, padre Thomas —respondió la hermana algo cohibida, lo que sólo hacía que el castaño se excitase más, pero todo debía ser con el debido consentimiento, claro.

La mano del sacerdote le cosquilleaba por tocarle el cabello negro, tan brillante y hermoso que no debería mantenerse oculto, sólo enmarcaba más su tez. El sacerdote tuvo que parpadear al notar algo distinto en el rostro de la morena, como si luciera un poco… No, negó con la cabeza, seguro era el alcohol en su sistema lo que le hacía ver mal.

—Bueno. Quería decirte, querida hermana —empezó a hablar el sacerdote, apretándole la rodilla huesuda, fijándose cómo la morena miraba el gesto tan confianzudo del castaño sin decir nada—. Que… Tal vez te interese. El que como uno está solo aquí… De todas formas somos humanos, ¿cierto?

—Sí, padre —dijo la hermana Anabelle arqueando una ceja inquisitiva.

—Y bueno, puede ser que sientas deseos como la mayoría de personas… Así que yo me ofrezco con mucha humildad a cubrir esas necesidades —soltó el padre Thomas, con una sonrisa coqueta.

Vio que la hermana se quería reír pero se resistía. —¿A qué necesidades se refiere, padre? —preguntó Sor Anabelle.

—Bueno… Te digo que de noche, así como ahora… —habló acercándose peligrosamente a los labios de la hermana—. Podríamos jugar a ser marido y mujer —soltó inclinándose casi por completo sobre la morena, la cual sonrió.

—Me parece un ofrecimiento muy interesante, padre Thomas —musitó la hermana Anabelle, lo que el sacerdote tomó como un sí, por lo que terminó de acortar la distancia entre ambos, sujetando por la nuca a la hermana, ya que aún ella tenía el hábito abotonado hasta arriba del cuello, pero cuando juntó sus labios con los contrarios, pensó que iba a ser como la mayoría de monjas, simplemente sumisas, pero no, la monja lo empujó contra la cama y se lanzó a besarlo, abriéndole la boca al jalarle el labio inferior con los dientes, y luego colando su lengua dentro, que hizo el castaño gimiera, no esperaba que la hermana tuviera tanta iniciativa…

Pero no se quejaba, si bien nunca había estado con una mujer dominante, le gustaba la forma en que le recorría la cavidad con su lengua, para luego chuparle diestramente la lengua, haciendo que Thomas se arquease juntando sus cuerpos, sintiendo el placer por esa habilidad de la monja con sus besos, ya que al sacerdote le gustaba ser besado, pero con esa intensidad no lo había hecho nadie antes, hasta que el castaño abrió los ojos por completo, cuando sintió cómo su dureza chocó contra otra dureza 

La monja sonrió cuando vio la expresión de terror en el rostro del sacerdote.

—¿Qué pasó, padre Thomas? —cuestionó la hermana Anabelle, pero su voz sonaba diferente más masculino, la morena se sentó sobre los muslos del sacerdote, viéndole desde arriba.—¿No me dijiste que jugaríamos al marido y mujer? —inquirió en tono burlón, para luego relamerse los labios, sujetando el borde de su hábito.—¿No te diste cuenta que no era Sor Anabelle sino…  —habló para luego alzar su hábito, mostrando la erección brillante que tenía debajo de la prenda— Sor Presa? —terminó por decir para luego reírse.—Así que si no te niegas en ser la mujer, mi querido padre Thomas, créeme que te haré hablar en latín y no rezos precisamente.

Tom se arrastró hasta el borde de la cama, sin perder la excitación pero queriendo irse de inmediato.

—¿Quién eres? —cuestionó asustado el sacerdote.

—Oh, qué pena que me quieras dejar así de caliente, padre. Muy mal de tu parte, eh, pero tienes que mantener el secreto porque si hablas también hablaré. Si caigo tú también —advirtió el moreno, para bajarse el hábito.

—¿Quién eres? —repitió la pregunta el sacerdote.

—Soy William Kaulitz. No quería ir a la guerra, y bueno, lucir como mujer tiene sus beneficios —se sinceró el joven, quitándose los botones del hábito—. ¿Así que te vas o te quedas? Porque aún tienes la bandera izada, y no era broma mi ofrecimiento —soltó el moreno, guiñándole un ojo.

—¿Eres sodomita? —inquirió el sacerdote Thomas.

—Como de todo —respondió William—. Pero así luzca como mujer me gusta dar, no recibir —acotó, alzándose de hombros.

—Yo… —se quedó pasmado el sacerdote, nunca había pensado en estar con un hombre, pero no podía quitarse al moreno de la mente. Seguía luciendo sensual para él, sí, le asustó verle el pene erguido, pero no lo suficiente para irse huyendo como había pensado en un inicio.

Tener sexo de por sí iba en contra de sus votos, pero… ¿Tener sexo con hombres? Incluso salía como pecado en la biblia. Pero seguía sin irse de allí.

—¿Y duele? —interrogó el sacerdote, como quien no quiere la cosa, William se rió.

—Al inicio sí, pero luego se disfruta, puedo hacerte sentir muy bien —le aseguró William, relamiéndose los labios con fruición, siendo tan lascivo que hacía que su erección diera un bote, y tragara saliva con fuerza.

El sacerdote Thomas notaba que incluso le gustaba más cómo hablaba sin impostar la voz, sino en su tono normal, y jodidamente seductor.

El clérigo lo vio inseguro, tragando saliva con nerviosismo, para luego buscar acercarse a él, y William sonrió, volviendo a acortar la distancia entre ambos, ahora él sujetándolo por la nuca, mientras le metía la lengua a la boca, y Thomas se sintió estremecer por ese beso nuevamente, y por la forma en que era tomado por el moreno, suspiró contra los labios del contrario, mientras William lo empujaba sobre el colchón.

—Sabes bien… ¿Has tomado vino, eh? Tal vez sería bueno que me traigas un poco la próxima vez —susurró William contra su oído, para luego pasarle la lengua por encima, haciendo que el sacerdote Thomas jadeara.

El castaño se sentía tan fuera de juego, porque no estaba acostumbrado a que tomaran el control, pero igualmente se dejaba hacer en manos del moreno, el cual le quitó los pantalones, y ropa interior, y alzó sus piernas, situándose entre ellas. ¿Acaso iría a chuparlo allí abajo? Eso era algo que nunca había probado, porque las monjas no tenían experiencia, y sólo eran cosas que le confesaban avergonzadas algunas mujeres en el confesionario.

Pero antes de que se pusiera a analizar, es que vio cómo William bajó pero no hacia su miembro sino más abajo, y tuvo que taparse la boca cuando sintió cómo separaba sus nalgas para comenzar a lamerle la zona de su ano.

El sacerdote se mordió el puño, no dispuesto a que todo el convento se enterase que le estaban lamiendo con gula aquella zona de su anatomía, pero… Realmente el padre estaba disfrutándolo, ponía los ojos en blanco mientras sentía cómo William lo chupaba en su intimidad. El moreno saboreaba el almizcle del sacerdote, sintiéndose especial porque sería el primer hombre en la vida del cura pervertido, siguió lamiendo sus pliegues, para luego colar su lengua dentro de su esfínter, viendo cómo le temblaban las piernas al padre, mientras su erección daba botes contra su vientre.

Así eran, bien lo sabía William, mientras más “santos” o “mujeriegos”, terminaban siendo más sumisos en la cama, y él le encantaba voltear a esa clase de hombres.

William sentía cómo apretaba deliciosamente contra su lengua y ya se moría de ganas por entrar en él. Dejó de simular penetraciones con su músculo, para dirigir sus dedos hacia su boca, chupándolos con lascivia, dándole una visión erótica al sacerdote, el cual se imaginaba que podía ser su miembro en esos labios hinchados y rojizos, pero cuando se los sacó, completamente ensalivados, es que vio cómo los bajó, y dio un respingo cuando sintió cómo ingresaron esos mismos dígitos a su trasero, se volvió a morder el puño para no gemir. Se sentía un poco incómodo pero no era por completo, y menos cuando William se inclinó sobre él, quitándole el puño de la boca, para besarlo, relajándose con los labios del moreno tan suaves sobre los suyos, luego nuevamente su lengua… La forma en la que delineaba su paladar, haciendo que se sintiera una masa de nervios, y arqueó su cuerpo cuando sintió cómo no dejaba de tocarle internamente, moviendo los dedos de tal forma que se estremeció cuando algo dentro suyo le hizo vibrar por completo, que tuvo que abrir los ojos, sintiendo que le faltaba el aire.

—¿Lo sentiste, verdad? —susurró William, con ojos oscurecidos, y una sonrisa ladina, volvió a presionar ese cúmulo de nervios, haciendo que el sacerdote empujara su pelvis para más contacto.

William volvió a besarlo, y metió un dedo más, sabía que sus dedos no eran nada comparado a lo que realmente iba a entrar en el clérigo.

El sacerdote jaló a William por su hábito, haciendo que lo volviera a besar, sintiéndose muy deseoso por seguir probando del néctar de sus labios. Se sentía tan extraño, porque si bien le gustaba besar, no había disfrutado de ninguno de los besos con las monjas como lo hacía con él.

William siguió besándolo, mordiéndole la boca, y luego chupándole los labios, mientras seguía penetrándolo con los dedos, abriéndolos como tijeras, para que se siguiera dilatando. Era un amante cariñoso el sacerdote, y no se quejaba el moreno, lo complacería en todo, se plantearía incluso el ser exclusivo si el padre estaba de acuerdo, porque William era hijo único, así que no le gustaba compartir.

El padre Thomas metió sus dedos entre los cabellos del moreno, disfrutando de sus labios, también de la suavidad de sus cabellos, su aroma… Y de cómo le abría el culo con presteza, y sí, William había cumplido su palabra, lo estaba haciendo disfrutar y sólo eran dedos, sólo que el castaño no se atrevía a pedir más, creía que con empujar su trasero contra sus dedos, y mover la pelvis lograba que el moreno entendiera el mensaje entre líneas, porque no quería sonar necesitado, principalmente porque era su primera vez con un hombre, el cual le estaba haciendo romper todos sus esquemas.

Pero después de un rato, el castaño se sintió vacío cuando William sacó sus dedos.

—¿Por qué paraste? —cuestionó el sacerdote, y William le chistó, para después lamerse la palma, haciendo que se retorciera por el deseo, y vio cómo pasó su palma ensalivada por encima de su erección, masajeándola, para luego abrir más sus piernas y situarse entre ellas.

—¿Estás listo? —preguntó William, con la punta del pene contra su orificio y el sacerdote asintió, quizá más efusivo de lo que había querido, pero estaba enloqueciéndose al sentir aquella dureza contra su entrada previamente estimulada.

William se comenzó a empujar dentro suyo y siseó al sentirlo tan apretado, era delicioso sí, pero también era señal de que el padre estaba nervioso.

—Respira… —pidió William, inclinándose nuevamente, besándolo, mientras veía cómo el sacerdote suavizaba la expresión, ya que había fruncido el ceño al sentir escozor, pero la boca del moreno era mágica, y cuando le sujetó el miembro con la otra mano, es que gimió contra sus labios, no colándose el sonido fuera de los labios de William, pero sí el contrario cómo vibró su boca—. Aflójate un poco… —ordenó el moreno, mordiéndole el cuello, y haciendo una presión en su erección, embadurnando el preseminal en el pene del clérigo.

Aquello era excitante a un nivel inimaginable para el castaño, ni en sus fantasías más salvajes pensó sentirse así de estimulado. William comenzó a moverse dentro suyo cuando se relajó y volvió a besarlo, disfrutando realmente los labios del clérigo, eran gruesos de una forma agradable, y ahora más por lo hinchados, y las expresiones que ponía… Sólo hacían que sintiera cómo crecía unos centímetros más dentro suyo, que era irrisorio el que pensaba que su miembro en el culo del sacerdote quemaba como el infierno, pero un averno en el que estaba dispuesto a quemarse.

William arremetió en el interior del padre Thomas, el cual ahora lo tenía sujeto por la cintura, mientras disfrutaba de cómo seguía tocándole en ese punto mágico en su interior, que se preguntaba: ¿por qué era un pecado acostarse con otro hombre si realmente se podía sentir placer precisamente allí?

Y el sacerdote contraía sus esfínteres por el placer, mientras sentía cómo William seguía maniobrando con su pene, el cual pulsaba por correrse pronto. El moreno lo volvía a besar y se daba cuenta lo irónico que era el asunto ya que William no se había quitado el hábito de monja, y él aún conservaba su parte superior, es decir, con su alzacuello… Una monja follándose a un sacerdote… Definitivamente nadie tendría que saberlo, ya podía imaginarse a la hermana Gloria burlándose de él.

Pero no pudo pensar nada racional cuando el ritmo de las embestidas de William aumentó, por lo que el sacerdote tuvo que morderle el labio inferior al moreno, porque sentía claramente cómo latía en su interior… Se moría por gritar, sin embargo, no podían hacerlo. Así que el castaño se aferró a la cintura de William, que seguía dándole estocadas tan placenteras, que incluso percibía cómo es que estaba siendo llenado por completo, ya que chocaban los testículos del moreno contra sus nalgas. El padre Thomas apretó los dedos de sus pies, y sin querer hizo lo mismo con su interior, haciendo que ahora William le mordiera el labio inferior, hasta casi sacarle sangre, porque lo había apretado tan rico…

William puso los ojos en blanco, corriéndose por ese apretón. Y el castaño se vino con fuerza cuando se sintió así de lleno, manchando el hábito del moreno.

—Vaya, esto será difícil de explicar —comentó William para luego reírse, después de ver su hábito sucio por el semen del contrario, y el sacerdote se asustó—. Tranquilo, tengo otro en la maleta, lo lavaré a escondidas —le tranquilizó, dejándole un beso en la nariz, para luego salirse con cuidado.

—Yo… No sé cómo sentirme —se sinceró el sacerdote, ya que lo había disfrutado, pero le daba vergüenza.

—No tienes que analizarlo. Pero depende de ti si quieres que se repita —masculló William.

El sacerdote se sonrojó pero asintió. —Sí quiero que se repita, William.

—Bueno, entonces hay unas condiciones —habló el moreno—. Primero, debemos desvestirnos porque es algo complicado explicar semen en nuestras prendas. Y segundo, quiero que dejes de visitar monjas —soltó tajante.

El sacerdote notó la determinación en esa mirada, y asintió.

—Está bien, William —respondió el padre Thomas, estaba dispuesto a renunciar al sexo con las monjas o novicias si tenía más de aquella experiencia casi religiosa que había probado con el moreno.

—Bueno… Entonces vete, que si bien me gustaría acurrucarme contigo, nadie debe saber lo que hacemos —mencionó William, para luego besarlo brevemente—. La próxima en serio trae vino, y… Llámame Bill, ya tuve mi polla en tu culo, un poco de confianza no hace mal, que William era mi padre, y si bien es mi nombre, corta un poco el rollo.

—Está bien… Puedes decirme Tom si gustas, para no llamarme padre —acotó el castaño.

William rió.

—¿Y cómo te sabes las oraciones y todo lo demás? —preguntó el castaño, arqueando una ceja, recién percatándose de ello.

—Crecí en una familia religiosa. Y fui monaguillo —respondió, alzándose de hombros.

—¿Un sacerdote te…? —dejó la pregunta en el aire, y Bill negó.

—No, lo tuyo es circunstancial. No me excita que seas un sacerdote por buscar calmar un trauma de infancia. Simplemente estás bueno, Tom —explicó William.

Tom se sonrojó ante el halago, pero se vistió en silencio, sí, él sabía que era atractivo pero nadie se lo había dicho de esa forma.

—¿Nos veremos mañana? —cuestionó Tom sin querer sonar muy emocionado por ello, aunque la verdad es que el moreno igual se dio cuenta, y se acercó a besarlo.

—Y todas las noches que quieras —susurró contra sus labios.

Tom le correspondió al beso, para luego separarse. Se sentía tan débil frente a Bill. Su voz, su cuerpo, incluso si no lo había visto por completo… Era realmente su pecado. Pero lo volvería a hacer, una y otra vez…

Cuando salió de la habitación de Bill soltó un suspiro.

Igualmente se lo contaría a la hermana Gloria, aunque se burlara de él, porque una vez se lo mencionó, que si era mujeriego es porque era un sodomita muerdealmohadas escondido. Pero sólo podía contárselo a la rubia, así que… Soportaría las burlas. Y de paso se aseguraba de una vez por todas que nadie quedara embarazada.

Ganaban todos… Menos las novicias que les gustaba recibir visitas nocturnas, pero eso ya no le importaba, porque realmente disfrutó más de recibir que de dar.

Miró a los costados, dándose cuenta que estaba vacío y se dirigió a su propia habitación, no le importaba el leve eco del dolor. Había sido fantástico.

F I N

Administración: Me voy a tomar la libertad de recomendar dos historias con la misma temática (padre Thomas), aunque obviamente no la misma trama.

De la misma autora, Kasomicu, «Losing my religion».

De MizukyChan, «Believer».

por Kasomicu

Escritora del Fandom

2 comentario en “Experiencia religiosa”
    1. Muchas gracias por leer y comentar, Mini, qué bueno que te haya gustado Sor presa 😸 igualmente si quieres reírte un poco en el kinktober todos son oneshots, muchos de comedia, por si quieres darles una oportunidad:3

Responder a Monica Cancelar la respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

error: Content is protected !!