Notas: Universo alterno, gender swap (Bill y Tom como mujeres), contenido lésbico, relación pasada de Tom con Bushido. Dicho esto, igualmente es botTom
Día 12 kinktober: Deportes acuáticos y/o cunnilingus. Se usaron ambas premisas.
Tomie pensaba que el amor tenía que doler… Hasta que la vida le dio otra oportunidad, para poder empezar de nuevo, y Billie le hizo sentir que había nacido de nuevo.

One-Shot de Kasomicu
«When it rains it pours»
Todo lo que había conocido Tomie durante su vida había sido a Anis, ella perdió a sus padres a temprana edad, y cuando estuvo en el orfanato, nadie nunca la eligió, por lo que la pelirroja no conoció lo que era el afecto, sólo vivía con la indiferencias, golpes y carencias que tenía que soportar en el recinto, sin poseer ningún conocimiento de lo que era vivir en un hogar sintiéndose amada y valorada.
Cuando cumplió diecisiete años, simplemente la botaron del orfanato, y Tomie tuvo que buscar un empleo, y ahí lo conoció, Anis tenía una tienda de abarrotes que necesitaba una vendedora, y le ofreció el trabajo, realmente la muchacha no tenía dónde quedarse, por lo que cuando la tienda cerraba, se dormía en la banca del parque, hasta que el moreno la vio y la invitó a quedarse en su casa. Tomie aceptó, sin saber el infierno que se desataría después.
El mayor vivía solo, y le ofreció dormir en su sofá, luego le ofreció comida y Tomie se sentía agradecida con él, por darle trabajo, comida y techo. Luego Anis le coqueteó en más de una ocasión, por más que tenía más del doble de la edad de la menor, a lo que Tomie simplemente reía con nerviosismo.
Luego venían comentarios sutiles: “Pero yo te doy cosas…¿No te gustaría hacer algo por mí?”.
Anis se metía en su cabeza, taladrándole la mente, haciéndola sentir culpable por todo lo que recibía, que luego Tomie pensaba: ¿Es lo correcto, no? Él me colma de atenciones, lo menos que puedo hacer es corresponderle.
Así es como Anis la invitó a comer, y luego volvieron a su casa, donde le permitió dormir en la cama, abusando de ella esa noche.
“Pero yo lo permití, porque le acepté la comida, porque le acepté las atenciones, porque se lo debía, es lo que merezco”, pensaba Tomie, tratando de apagar su mente mientras su cuerpo era profanado.
Tomie no se fue después de esa noche, porque no tenía a dónde ir, alejarse de Anis significaba perder el dinero, techo y comida. ¿Al final no era tan malo después de todo, cierto? Anis era dulce con ella, incluso le compraba ropa, o regalaba unos chocolates después, ¿no podía estar mal, no?
Tomie no se lo cuestionaba. No sentía que tenía el derecho a cuestionárselo. Anis la amaba, o eso le decía… Y la pelirroja no había conocido el amor, así que no dudaba de la muestra que hacía el moreno con ella, debía ser amor, ¿no? No es que Tomie pudiera aspirar a más.
Cuando Anis le dijo que debían casarse, porque quería que tuvieran hijos y no nacieran fuera de un matrimonio, Tomie aceptó, aunque en realidad no se lo preguntó en ningún momento, sólo lo ordenó.
La noche de bodas, Tomie bebió una botella entera de vino, que sacó a escondidas de la tienda, y por primera vez, disfrutó un poco de las caricias bruscas de su ahora marido, hasta que sintió cómo algo la remeció por completo el cuerpo, una vorágine de sensaciones, que hicieron que arqueara su cuerpo hasta terminar por expulsarlo.
—¡Perra asquerosa! —gritó Anis, cuando se dio cuenta que Tomie se orinó durante el coito.
Ella se asustó y el moreno la jaló del cabello, arrastrándole la cara sobre la orina en la cama, haciendo que Tomie llorase y sintiera la humillación en sí misma, para luego él lanzarla al suelo, pateándole, siguiendo una sucesión de insultos.
La menuda mujer escupió sangre, sintiendo cómo su cuerpo se rompía en mil pedazos.
Al día siguiente Anis le pidió perdón, con flores, pero diciéndole que de todas formas no podía volver a hacer eso, porque era realmente asqueroso.
Tomie asintió en silencio, con su ojo morado, y su labio reventado. Pero, ¿él la amaba, no? Sólo que algo estaba mal en Tomie, por eso era una sucia que se orinaba al sentir placer.
Las otras veces que Anis tuvo sexo con ella, sólo sentía dolor, por lo que realmente no volvió a sentir la excitación de aquella noche.
Pero Anis igualmente volvió a golpearle, que porque le sonrió a un cliente, que porque hizo mal la comida, que porque no era muy femenina…
Hasta que en una de esas tantas veces terminó Tomie en el hospital, porque le dolía mucho el costado de su cuerpo, y su menstruación no paraba de salir como caño.
—Estás teniendo un aborto, muchacha. Y una costilla rota —dijo la doctora, viéndole con una expresión de preocupación.
Un aborto. Tomie no sabía que estaba embarazada, el terror que sintió de imaginarse a un niño viviendo con ambos fue atroz, tan grande, que después de que se atendiera, le dieron una papel con una dirección, que ahí podrían ayudarla y ella no dudó, no podía arrastrar a un niño a ese infierno, tenía que parar con ella.
Así es como Tomie conoció la Fundación Manos Unidas.
—Es que estoy casada —comentó Tomie, viendo a la mujer que la veía con una expresión determinada, y le asintió.
—Nosotras contamos con abogados que representan los casos de las mujeres que están aquí —respondió la asistenta social.
Tomie asintió.
—No tienes que volver allí. Puedes quedarte con nosotras —le aseguró la mayor y Tomie volvió a asentir de forma ausente.
Pero después de mucho tiempo, Tomie durmió tranquila.
Al día siguiente, la pelirroja fue a la reunión que tendrían con la abogada de turno, y se sentó junto a las otras chicas, e incluso mujeres mayores, que estaban en situaciones parecidas a las suya.
Hasta que se quedó perpleja cuando vio a la abogada entrar a la habitación, sintiendo unas burbujas anidándose en su vientre, era una mujer alta, de cabello negro amarrado en una coleta, con facciones delicadas, nariz respingada y labios llenos, usaba un traje con falda, blusa, saco y corbata.
—Buenos días, señoras. Yo soy Annabelle Kaulitz, y les hablaré sobre unos temas competentes a sus situaciones legales —empezó a hablar la mujer, y Tomie la miraba atenta.
Después de la charla, Annabelle tenía que hablar con cada una de ellas a solas, así que Tomie se sintió nerviosa cuando le tocaba.
—Hola, ¿Tomie Trümper, cierto? —preguntó la morena, ofreciéndole una sonrisa.
—Hola, doctora Kaulitz, sí, Trümper —coincidió Tomie con timidez, agradecida que no la llamara por su apellido de casada.
—Bien, ¿puedo llamarte Tomie? —cuestionó Annabelle.—Y si gustas me llamas Billie.
Tomie sintió cómo se sonrojaban sus mejillas y asintió. Hasta que la morena le hizo preguntas sobre cómo se había suscitado todo, y Tomie explicó, sintiéndose mal en todo momento, porque de algún modo sentía que ella era la culpable.
—No, no tienes la culpa, Tomie —le dijo Billie—. Todo lo que me cuentas es abuso, no porque era tu esposo debía forzarte, e incluso haciéndolo cuando eras menor de edad. Nada de esto fue porque lo merecieras —le aseguró—. Me encargaré de que no te ate nada legalmente a ese hombre, y de paso pediré una orden de alejamiento —acotó.
Tomie sintió cómo las lágrimas salían de sus mejillas, ya que realmente eso era lo que ella necesitaba escuchar, saber que en realidad no había sido su culpa, y que dejara de atormentarse por ello.
Desde ese momento, es que Tomie y Billie se hicieron amigas, la pelirroja comenzó a ir a terapia, mientras la abogada hizo todos los papeles hasta que finalmente fue una mujer libre.
—¿Ya que estoy divorciada dejaré de verte? —preguntó Tomie, sintiendo temor de que la morena la dejara, y ella le ofreció una sonrisa.
—Soy más que tu abogada, Tomie. Me considero tu amiga, así que no es necesario que nos veamos sólo por eso —le respondió Billie, apretándole la mano con cariño.
Tomie asintió, para luego abrazar a la mujer, haciendo que la morena se sorprendiera por el gesto, pero no lo rechazara, apretándola por su estrecha cintura que estaba cubierta por sus ropas anchas. La menor se sonrojó, separándose.
—Lo siento… —dijo Tomie, sonrojándose.
—No te preocupes, me gustó abrazarte —respondió Billie, con una sonrisa.
Aquella mujer hacía que Tomie se sintiera muy confundida, era su amiga sí, pero la ponía demasiado nerviosa.
Cuando Tomie le comentó por mensajes que estaba pensando en estudiar una carrera porque la Fundación tenía opciones de carreras técnicas para quienes estuvieran allí, es que se vieron por primera vez fuera del centro.
—¿Y ya has pensando en qué quieres estudiar? —cuestionó Billie, Tomie comía una hamburguesa que le había invitado la mayor, tragó y la miró.
—Pues… No sé —mencionó Tomie, mordiéndose el labio inferior—. Por eso quería consultártelo.
Billie rió. —¿Por qué lo sabría yo?
—No sé —respondió Tomie, alzándose de hombros—. Eres muy perceptiva —acotó la pelirroja.
—Pues… ¿Qué te gusta? ¿No hay algo que te llame cuando leas de qué se trata? —interrogó Billie, comiendo su pollo a la plancha.
—¿Y cómo lo supiste tú? ¿A qué dedicarte? —preguntó de vuelta Tomie.
—Por mi madre —respondió Billie con un tono apagado—. Ella era como tú, sólo que no puso un alto, no hasta que prácticamente la obligué. Entonces me dije a mí misma que tenía que ayudar a gente como mi madre —soltó.
—Lo lamento —dijo Tomie, sintiendo vergüenza por tocar un tema sensible.
—No, no tienes por qué hacerlo. Charlotte está bien ahora, por suerte. Mi padre se está pudriendo en la cárcel —farfulló Billie, con simpleza, no sentía apego hacia su progenitor por crecer sufriendo sus maltratos y viendo todo lo que le hacía a su mamá.
—Creo… Que me interesa ser auxiliar de docencia. No sé, siempre me han gustado los niños —cambió de tema Tomie.
—Serías una linda maestra, de las que se enamorarían los alumnos… —farfulló Billie, sonriéndole, haciendo que la menor se sonrojase—, y las alumnas.
Tomie sintió cómo su corazón latía acelerado.
—¿Yo te gusto? —inquirió Tomie sin creérselo.
Billie la miró con fijeza, tratando de leer su expresión.
—Pensé que era obvio, discúlpame si te incomodé —masculló la morena.
—¡No, no es eso! —se adelantó a responder Tomie, dándose cuenta que estaba gritando, por lo que se tapó la boca, mirando con vergüenza al resto de gente que las miraban.—Sino que… Yo… Sí, me gustas. Sólo que… Soy asquerosa —dijo la menor, mirando a su plato, sintiéndose miserable, aún recordando las palabras de Anis.
—¿Por qué piensas eso? Si eres hermosa —farfulló Billie, tomándole la mano por encima de la mesa, el toque suave de su mano se sentía tan dulce que hacía apretar el corazón de la pelirroja.
—Porque hay algo malo en mí —musitó Tomie.
—No lo hay —le aseguró Billie—. ¿O estás repitiendo las palabras de tu ex? Porque puedo demostrarte que el amor no tiene que doler, y que tener intimidad puede ser lo más hermoso cuando se hace de forma consensuada.
Tomie la miró, sus ojos marrones llenos de fuego, y la pelirroja quería, quería besarla, como nunca deseó besar a nadie, quería sentirla, pero… Tenía tanto miedo al rechazo, a que terminara pasando lo que sucedió con Anis cuando por fin ella sintió placer.
—Mírame —pidió Billie, tomándola por el rostro, acariciándole las mejillas—. Sólo soy yo, ¿ok? Nadie más.
¿Y si lo intentaba?
—Está bien —vocalizó su respuesta, y Billie acercó su rostro a ella, y la miró, pidiéndole permiso con la vista, haciendo que la pelirroja asintiera y la mayor la besó con suavidad en los labios, y ese chocar de su boca contra la contraria hizo que miles de mariposas se instalaran en su vientre.
Cuando terminaron de comer, Tomie le pidió a Billie que la llevara a su casa.
—¿Estás segura? —cuestionó Billie, tomándola por las manos, queriendo tener su consentimiento todo el tiempo, porque no quería que se sintiera obligada como con su exesposo.
Tom asintió con seguridad en su expresión.
Billie le abrió el copiloto de su auto, y luego se subió al asiento del conductor, manejando en dirección a su departamento.
Cuando llegaron, Billie le abrió la puerta y tomó de la mano, llevándola hacia su hogar, donde no dejó de tomarla por la mano mientras abría con la llave la otra.
Cuando entraron, Tomie se sentía muy nerviosa, en realidad ya podía estar más tranquila con el aspecto del consentimiento, gracias a las charlas con la terapeuta, sin embargo, no le había mencionado a nadie su trauma por su “fuga” con Anis. Pero Billie le hablaba de una forma tan dulce, que simplemente no podía dudar de ella, y quería sentir a esa mujer, porque hacía que el deseo se anidase en su interior, cuando nunca antes sintió eso con nadie más, los labios de la morena, su cuello, sus lunares… Simplemente fantaseaba con sentirla, con tocar sus senos, verla desnuda, por lo que tragó saliva, mientras la morena la guiaba hacia su habitación.
Donde la mayor la besó, haciendo que Tomie sintiera sus labios acolchonados nuevamente, abriendo la boca, metiendo su lengua con timidez en la boca de Bill, la cual chupó su lengua con gustos, haciendo que la pelirroja se estremeciera por ese gesto tan erótico, que pasaba corrientes eléctricas por su cuerpo, sintiendo cómo sus pezones se erectaban debajo de su ropa.
Anis no la besaba así, y sabía que estaba mal, pero no podía evitar compararlo, sintiéndose en otra realidad… Tomie realmente estaba sintiendo tantas cosas con sólo un beso, Billie lamió por encima de su labio inferior y sintió cómo se le escapaba un gemido, estaba muy sensible por algo tan ínfimo como un beso, y la morena se dio cuenta, por lo que se relamió los labios, mirando apreciativamente cómo estaba sonrojada la pelirroja.
Billie le sacó la grande chompa que cubría el cuerpo de Tomie, viendo cómo tenía una camiseta sin mangas debajo, le pasó los dedos por encima de su vientre, sintiendo cómo la piel de gallina bajo sus yemas, fue empujando poco a poco a la pelirroja a la cama, donde le ayudó a quitarse el resto de prendas, observando cómo se retorcía debajo suyo. Billie no quería lastimarla, quería enseñarle todo lo que estaba bien en esto…
Cuando la morena pasó sus labios por su cuello, lamiéndole toda la extensión, haciendo que Tomie jalara a Billie de su ropa, pidiéndole con sus gestos que se desvistiera, para no quedarse simplemente ella expuesta. Billie se separó de Tomie, sonriéndole con coquetería, mientras se desnudaba, mostrando la piel tatuada que tenía debajo de su ropa, y la lencería de encaje que usaba, con sus senos tan apretados en aquella copa que Tomie gemía deliciosamente por esa vista tan erótica, acercando sus manos hacia sus pechos, la morena se desabrochó el brassier, y la pelirroja acunó sus senos, ella tenía unos, pero no eran como los de la morena, y cuando sintió cómo se erectaban sus pezones y Billie gemía, era como tocar un instrumento musical.
Tomie se acercó con timidez, hasta sujetar con su boca el pezón de la mayor, chupando con gusto, mientras apretaba el otro, Billie le acariciaba los cabellos mientras jadeaba por la excitación.
Después Billie sujetó el rostro de Tomie, volviéndola a besar, mordiéndole el labio inferior en esta ocasión, para luego seguir con una sucesión de besos… Primero delineando su cuello largo, después sus clavículas, sin dejar de verla, mostrándole esa mirada felina, para luego meterse un pezón a su boca, arremolinando la lengua sobre la carne, haciendo que Tomie gritara, no le estaba mordiendo ni nada, pero la forma en que esa mujer movía la lengua, hacía que le saliera un sonido poco decoroso, y sintiera las piernas trémulas, Billie chupó un poco más, metiéndose más de su pecho a la boca, mientras que con el dedo índice y pulgar acariciaba el otro pezón, para después apretar todo el seno, disfrutando su suavidad, a la morena le encantaba acariciar el busto femenino, pero el de la pelirroja era como el tamaño perfecto, porque lo tocaba con tanto gozo que sentía la humedad formándose en su vagina.
Tomie era hermosa, no había otra forma de describirla, y Billie dejó de deleitarse con sus senos, para bajar por su vientre, dejándole besos, luego sacando la lengua, probando el sudor que iba perlando su cuerpo, saboreando lo salado, para después meter su lengua en su ombligo, disfrutando de cómo la pelirroja lucía tan fuera de control, con sus cabellos desordenados, sus labios entreabiertos y su respiración errática.
Billie besó sus muslos, y luego los separó, hundiéndose entre sus piernas, olisqueando su sexo, sintiendo los vellitos contra su rostro, y bajando en dirección a la intimidad de Tomie, abriendo sus labios para después pasar su lengua por ellos, chupando los inflamados que estaban la carne caliente y húmeda, disfrutando los fluidos que salían de la vagina de la menor, la cual echaba su cabeza para atrás por el deseo, nunca le habían besado allí… Y la forma en la cual Billie succionaba su sexo, hacía que sintiera que iba a explotar en cualquier momento, sintiendo vergüenza, pero… Luego Billie chupó su clítoris, haciendo que Tomie se mordiera el puño para no gemir fuerte… La lengua de Billie era el pecado hecho carne.
Billie succionaba el cúmulo de carne, para después rodearlo con su lengua, y dejarle lametones, viendo cómo el interior de Tomie latía por más, por lo acercó un par de dedos en su vagina, introduciéndoselos, sin dejar de chuparle el clítoris, curvó sus dedos en la rugosidad, dando con su punto G, sintiendo cómo Tomie se derretía por sus toques, por esa forma en que los dedos delgados de la mayor se movían circularmente, presionando ese lado suyo que hacía que sintiera que pronto se moriría en ese mismo momento.
Tomie no sabía cómo es que su cuerpo podía soportar tantas sensaciones a la vez, el cómo Billie entraba y salía de su interior, sin dejar de chuparla, era… Demasiado para su mente, iba a entrar en un colapso en cualquier instante, embargada por el placer acuciante que la estremecía.
Tomie sintió ganas de orinar… Y se paralizó.
—Billie… Por favor… Necesito ir al baño —pidió una pausa Tomie, recordando aún la experiencia traumática con Anis.
—No, bebé, déjate fluir… —susurró Billie, con los labios brillantes por su lubricación, y Tom se estremeció cuando la morena curvó más sus dedos, haciendo que se arqueara por completo, teniendo un orgasmo, sí, pero también soltándole toda la lluvia dorada encima a la mayor la cual sonrió, sin dejar de masturbarla, a pesar de que tenía el líquido caliente sobre su pecho—. Qué rico, mi amor… Sí… Déjalo salir todo…
Tomie sintió cómo todo su cuerpo temblaba, y volviendo a ver blanco. El orgasmo le vino de lleno nuevamente, con los diestros dedos de la mayor, la cual la veía con ojos oscurecidos.
Billie no la juzgaba, es más, la morena se excitaba con que Tomie hiciera eso… La mayor sacó los dedos de la pelirroja, y los chupó frente a la visión de Tomie, que sentía que había muerto y estaba en el paraíso.
Realmente Billie cumplió su promesa, le hizo entender a Tomie que la intimidad podía ser hermosa una vez que era consensuada, era como si con sus caricias hubiera borrado todo rastro de Anis, haciéndola sentir como si hubiera nacido de nuevo.
F I N
Si les gustó agradecería un comentario :3 gracias a los que han seguido leyendo cada día.