CAPITULO 17 EL CIGARRILLO MÁS SEXY DEL MUNDO
La matanza de fin de semana había concluido, resultado una amista pendiendo de un hilo, un dedo meñique roto, un cachorro enfermo que ya había sido atendido por James, el atractivo y gay vecino, del apartamento 6B, él que no paraba de bromear con Lemir sobre hacer un trio con Pier, que más podía pasarle, se preguntaba Sofía, mientras intentaba trenzar su cabello, con nueve jodidos dedos, se había quedado dormida, se había dado una ducha de cinco minutos la más rápida en su vida, ya llevaba veinte minutos de retraso, el doctor Köller , la iba a matar, pero eso ya no le importaba.
—Jodido lunes de Muerte—pensó en cuanto atravesó la puerta de pediatría y sintió la mirada de sus compañeros puesta sobre ella.
—Dra. Sacks, gracias por decir unirse a nosotros este día —Sofía, tuerce la boca en una mueca de frustración, cuando se percata que ese día no estaría bajo la tutela del doctor Köller, si no de la arpía de la doctora Luan, la estúpida mujer que se había empeñado en reprobarla desde que noto en Sofía una gran rival, para la sosa y estúpida de su hija, quien creía que por ser hija de médicos, tenía mayor ventaja sobre el resto, pero por desgracia para ambas mujeres, Erika estaba en segundo lugar, mordiendo el polvo que Sofía levantaba cada vez que algún profesor la felicitaba por sus buenas notas, Erika había solicitado el campo de investigación en pediatría, pero Köller se lo había negado, ese campo era para Sofía y Morgan, ambos chicos eran los únicos que tenían beca, no era un secreto que no procedían de familias adineradas, así que eso generaba más tensión entre el resto de sus compañeros.
—Disculpe, doctora Luan, pero la doctora Sacks, estaba explicándome unas notas que el doctor Köller dejo para mí—Tanto Sofía, como Luan se giran para ver a Jake parado en la entrada, con su cabello alborotado y su radiante sonrisa, algunas chicas suspiran y Sofía solo rueda los ojos.
—Siendo así, todo está aclarado—Sonríe—Pero Fritz en el futuro, espera a que mis estudiantes terminen su turno de clase.
—No te preocupes Luan, no se volverá a repetir—Tras decir eso toda la clase incluida Sofía, observan al atractivo doctor, desaparecer por la misma puerta por la que entro.
Luan y Sofía se miran por unos segundo, hasta que la doctora se gira y comienza a dar sus explicaciones, sobre lo que verán esa mañana, Sofía suspira y camina detrás de sus compañeros, escuchando algunos murmullos sobre la repentina aparición del doctor Fritz, solo para salvarla. Morgan le aprieta ligeramente el brazo a Sofía, regalándole una sonrisa de apoyo y una clara mirada que dice que mande a todos al demonio, sonrisa que es correspondida, ambos caminan tras el grupo y se adentran al aula que ya está lista para la clase.
Dos horas más tarde Sofía y el resto de la clase se pone de pie, listos para salir, Sofía con un horrible dolor de cabeza, Luan se ha vengado por su retraso y por haberla dejado en ridículo, ahora no solo tiene que entregar su proyecto final para esa mujer, sino que también tiene que preparar dos temas extras para exponer en menos de tres días. Si definitivamente es un jodido lunes de muerte.
—Vamos a los cuneros, hay gemelos — dice Morgan, acercándose a Sofía, cuando la ve recargarse en la estación de enfermeras.
—Necesitare más que cargar un recién nacido para salir de todo esto, Luan está siendo una arpía y lo sabe.
—Nos odia, pero vamos puedes hablar sobre una enterocolitis necrotizante y una hipoxia neonatal con los ojos cerrados y si necesitas ayuda.
—Gracias Morgan, creo que de no ser por ti ya habría abandonado la carrera—Le sonríe, Morgan es el clásico chico nerd que todos odian y a la vez envidia, su hermoso color de piel moreno, resalta con sus ojos verdes casi grises que lo hacen demasiado exótico y sumamente atractivo, Sofía aún recuerda cuando tontearon por un par de semanas, pero las cosas no se dieron, pero si se convirtieron en grandes amigos, solo que él no sabía nada sobre la existencia de Nina, ni sobre el oscuro pasado de Sofía.
—No seas dramática, solo nos odian porque somos unos jodidos genios y no necesitamos de las influencias de mami para estar aquí.
—Está bien, vayamos a los cuneros, tengo que liberar mi tensión antes de poner en orden los expedientes que la drogona me ha encargado.
Cuneros es el área por excelencia al que todos los alumnos se dirigen, el ver la calma con la que esos pequeños duermen, tiene un efecto sedante en todos, incluso cuando alguno llora resulta terapéutico, Sofía observa al pequeño niño en sus brazos profundamente dormido, la inocencia y la paz que lo rodea, no puede evitar pensar desear que ese pequeño que ella tiene en brazos, jamás sea alcanzado por el mal, como lo fue ella y tantos niños que ha conocido, pero también en el fondo, añora con tener uno en sus brazos al que ella pueda proteger, de la manera que no supieron hacer con ella. Suspira y observa a los demás niños dormidos, algunas enfermeras están alimentando algunos bebes que ya están despiertos, entierra su nariz en el cabello negro del bebe, el aroma a recién nacido es tan relajante que incluso le provoca sueño, se pone de pie y lo deja de nuevo en su cuna junto a su hermano, que ha sido colocado también por Morgan, ambos observan como dormidos ambos se toman de las manos.
—¿Extraño, no te parece?—pregunta Morgan sin dejar de ver a los niños, Sofía asiente y tras hacerle una señal, sale de los cuneros para regresar al área de pediatría y comenzar a poner al día los expedientes, camina por el pasillo y observa las paredes completamente blancas, también a dos chicos pintando, pero no hay señales de Kaulitz.
— ¿Dónde estarás? —se pregunta cuando ha llegado a la estación de enfermeras—Deja de pensar en él, Sofía y concéntrate—se regaña así misma y se pone manos a la obra con los expedientes, coloca su silla de modo que pueda ver hacia la entrada, en caso de que aparezca Bill, el juego de las miradas que ambos tiene es bastante entretenido, aunque ella no lo va admitir.
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Bill suspira al salir de la oficina de Schulz, le acaba de dar el visto bueno al diseño de su mural, como si él necesitara de la aprobación de alguien, es un artista y ese hospital tiene la suerte de tener una de sus obras en sus paredes. Le sonríe a la insípida secretaria, no sin antes sacar del bolsillo de su chamarra una pequeña bolsa con insulso collar de plata, que coloca delicadamente en su escritorio, es su muestra de agradecimiento, por la información que le proporciono de Jake Fritz, ahora tenía su horario de trabajo aprendido al derecho y al revés, algo que le será de mucha utilidad, en cuanto se dé el momento oportuno.
Cuando las puertas del elevador se abre, sonríe al ver la pared completamente blanca y a los dos chicos que el hospital le proporciono para ayudarlo, revisa que toda la pared este cubierta como lo pidió, camina por el pasillo, hasta detenerse en la entrada principal de pediatría, observa a Sofía, sentada detrás del escritorio de enfermeras en el mismo lugar que lo ha hecho desde que comenzara su servicio hace exactamente dos semanas, se apoya en la entrada y se aclara la garganta, llamando la atención de Sofía, quien levanta la cabeza y su mirada queda fija en la de él, Bill se cruza de brazos, mostrando su sonrisa de lado, esa sonrisa sensual que hace temblar a muchas, pero que hasta ahora no ha funcionado con ella, ninguno de los desvía la mirada, ambas se sostienen mostrando lo fuerte y testarudos que pueden ser, ninguno dispuesto a perder, aunque sus juegos de miradas se ha visto interrumpido en varias ocasiones, por el odioso médico y por algunas enfermeras o un par de mocosos odiosos que corren hacia él, con solicitudes de lo que quieren ver en el nuevo mural, porque las habitaciones están casi terminadas, solo el área de juegos y ese mural y su trabajo estará terminado, para ser enviado a una nueva área del hospital, aunque eso no va a suceder y para eso solo tiene que hacer gala de su encanto, Sofía da por terminado ese encuentro, cuando una mujer pelirroja se para frente a ella, observa como la mujer comienza a regañar a Sofía, quien solo asiente pero Bill puede ver uno de sus puños cerrarse con algo dificultad, cuando la mujer se marcha, Sofía sale de tras del escritorio y pasa junto a Bill, sin mirarlo, la observa caminar hacia la salida de emergencia, espera un tiempo prudente antes de caminar tras ella, vuelve a mirar hacia el lugar donde estaba Sofía, solo para ver a la misma mujer que lo mira con una ceja levantada, a ese juego él también puede jugar, una estúpida mujer con ínfulas de grandeza no es nada para alguien como él.
Camina en dirección a la mujer que lo observa con desdén, una mueca que le recuerda a la estúpida de su madre.
—Hola, no habíamos tenido el placer de conocernos doctora—extiende su mano con una radiante sonrisa, que la mujer ignora al igual que su mano— soy Bill Kaulitz y estoy haciendo el mural para esta área—la mueca de desdén de la mujer desaparece para dejar paso a una expresión de asombro y consternación, al darse cuenta que ha estado mirando mal uno de los más grandes benefactores que tiene ese hospital.
—Oh, disculpe señor Kaulitz es que no le reconocí—estrecha su mano —Soy la doctora Luan, soy neuropediatra y es un placer conocerlo y saber la labor tan caritativa que está haciendo por nuestros niños.
—Siempre he sido creyente de que tenemos que retribuir a la sociedad algo de lo mucho que tenemos—recita el estúpido discurso que Dunja le hiciera aprenderse junto con Tom cuando ambos eran unos adolescentes y comenzaban hacer apariciones en actos de beneficencia junto a sus padres, quien iba a decir que ese discurso tan insignificante para él, le abriría las puertas de ese hospital algún día.
—Un gesto muy noble, incluso yo también hago caridad—la mujer comienza hablar sobre las cosas que hace, Bill finge estar interesado en la conversación, mientras se dedica a estudiarla, siempre ha tenido una fascinación por esta clase de personas que fingen ser una cosa con tal de obtener algo en beneficio propio, pero que son tan estúpidas que nunca saben cómo utilizarlo adecuadamente. Pero no él, el don de la manipulación es algo que Bill tiene dominado completamente. Finalmente la mujer se calla, esperando una respuesta por parte de él, pero no sabe que contestarle sin sonar rudo, por suerte no tiene que hacerlo, una enfermera llega, para salvarlo de ese momento incomoda, tras despedirse de la mujer, camina de regreso al pasillo, para darle unas indicaciones a los dos chicos que están comenzando a trazar las primeras plantilla que Bill, había dejado previamente antes de encaminarse hacia la salida de emergencia por la que Sofía había salido antes.
El primer tramo de escaleras está vacío, decide bajar hasta el siguiente nivel hasta el ventanal enorme que siempre está abierto y que muchos utilizan para fumar, sonríe cuando la ve sentada de espaldas a él viendo hacia el ventanal.
—Eres un idiota—la escucha decir, para después llevarse ambas ambos a su rostro.
—Me lo dicen la mayor parte del tiempo—Sofía da un bote en su lugar
— ¿Qué haces aquí?
Bill se sienta a su lado manteniendo una distancia prudente, apoya su espalda contra la pared, mientras que la de Sofía está completamente apoyada sobre el barandal.
—Salí a despejarme un rato, ¿tu?
—Necesitaba poner distancia con la doctora Luan—hace una mueca recuesta su cabeza contra el barandal, cerrando los ojos, Bill observa su largo cuello, imaginando sus labios recorriendo ese largo y sensual cuello, dejando pequeñas lamidas y profundos mordiscos hasta marcarlo como suyo, siente una punzada en su miembro y se remueve, la punta de su zapato golpea el de Sofía.
— ¿Qué tanto me ves? —le mira entrecerrando los ojos, inclina la cabeza.
—Eres hermosa—La mira divertida de Sofía desaparece, dando paso a una dura mirada.
—No soy Tabatha y con un piropo no me vas a tener montándote, si es lo que piensas—se pone de pie, Bill le toma la mano, antes de que pueda dar un paso—Suéltame Kaulitz.
— ¿Por qué te pones así? Solo era un cumplido Sacks, de saber que no te gustan me callo—responde sin soltar su mano, observa como el rostro de Sofía, vuelve a su expresión de tranquilidad, libera su mano y, ella vuelve a tomar su lugar junto a él—No te gustan los halagos, lo tendré en mente la próxima vez, en cuanto a Tabatha, a ella jamás le he dicho que es hermosa.
— ¿De verdad? yo pensaba que sí.
—No, Tabatha no es hermosa—Sofía levanta una ceja, no creyendo sus palabras—Es un belleza demasiado exótica y la palabra hermosa es muy poco para ella—le sonríe, puede ver como Sofía intenta no mostrar una expresión de molestia— ¿Celosa?
— ¿De Tabatha? Claro que no, me da igual si la consideras hermosa o lo que se te ocurra—mete la mano en el bolsillo de su bata, mira su teléfono con una mueca de tristeza y lo vuelve a guardar.
— ¿Pasa algo malo?
—Nada, creo que ya es hora de que vuelva.
— ¿Tú quieres volver ahí? —Sofía niega—Entonces quédate, si te necesitan te llaman no es así. —Sí.
Bill rebusca en el interior de los bolsillos de su chaqueta hasta dar con su cajetilla de cigarros y una caja de cerillos, saca uno todo bajo la mira de Sofía.
—No puedes fumar aquí—le dice cuando ve que lleva el cigarro a sus labios.
—Oh, vamos todos lo hacen—señala con su barbilla hacia donde Sofía está apoyada, quien se gira y observa un par de pisos más abajo a varios de sus compañeros fumando, sentados en los escalones mientras ríen, ajenos a ellos que están un par de pisos más arriba. Vuelve a mirar a Bill, que ha encendido su cigarrillo, da una larga calada y cuando deja escapar el humo, Sofía presiona sus diente sobre su labio inferior, observando a Bill fumar tan relajadamente y sabe que ese es el cigarrillo más sexy del mundo, lo es porque es el jodidamente ególatra y arrebatadoramente sexy de Bill Kaulitz quien se lo está fumando.
—No me veas así que me vas a gastar—deja escapar de nuevo el humo, su lengua acaricia su labio superior gesto que por inercia imita Sofía— ¿Quieres? —frunce el ceño y hace una mueca, vuelve a mirar hacia el piso inferior ahora vacío.
—Seguro— le extiende la cajetilla, Sofía no puede evitar sentirse decepcionada al ver la cajetilla su mirada viaja al cigarrillo encendido en la mano de Bill, quien sigue su mirada para después sonreír.
—Lo siento aún es pronto para que pruebes el sabor de mi saliva—Sofía chasquea la lengua y le arrebata la cajetilla toma un cigarro y se lo lleva a los labios, Bill sonríe y le entrega la caja de cerillos, que Sofía toma y al abrir se da cuenta de que no queda ninguno.
—Eres muy gracioso, aquí ya no hay cerillos.
—Es verdad utilice el ultimo, déjame encenderte el cigarrillo—le entrega el cigarrillo, pero Bill no lo toma—Colócalo en tus labios y yo lo encenderé— Sabe que es una mala idea, pero hace lo que le pide, por alguna razón no quiere pararse a analizar ese momento, le gusta la forma tan desenfada y arrogante de Bill.
Bill se acerca hasta que sus rodillas chocan, Sofía inclina el cuerpo hacia al frente quedando muy cerca de él, quien inclina la cabeza, la punta de su cigarro toca la punta del cigarro de Sofía inhala hasta que su cigarro comienza encenderse. Los ojos de ambos brillan, Sofía siente como el dedo meñique de Bill, acaricia el suyo enviando una corriente eléctrica que le recorre todo el cuerpo, es la primera vez que enciende un cigarro de esa forma y ha sido endemoniadamente sensual. Bill le sonríe y vuelve a su posición inicial, con la espalda apoyada en la pared. Puede que el Lunes de muerte aun no haya concluido, pero ese sexy momento será de ayuda para aguantar hasta que sea su hora de salida y pueda revivir ese momento en la intimidad de su habitación y sus sabanas.
& Continuará &