27: Medidas disciplinarias

Día 27: Ignorar palabra de seguridad.

Tom vio sus miedos materializarse frente a él… Todo lo que una vez lo hizo inseguro se volvió realidad. Perdería a Bill.

One-Shot de Kasomicu

«Medidas disciplinarias»

Tom tenía las palabras de Georg carcomiendo su cabeza…

—¿Bill? Ah, sí… Él es muy voluble con sus relaciones, aunque en todo este tiempo que llevo conociéndolo, he notado que algo que siempre se repite es que termina por regresar con Andreas, así que no te sientas muy seguro de lo que tienes con él —masculló el castaño, con una sonrisa cínica.

Tom llevaba un año de relación con Bill, y si bien el empresario era cariñoso y entregado a su relación, desde el inicio le dejó en claro que quería que firmase el contrato para que fuera su sumiso, y el de trenzas aceptó, porque quería serlo, así no tuviera experiencia como sumiso, la idea le excitaba en demasía… Y no sólo la idea, sino el estar con Bill, dejar que él lo dominara en más de un sentido.

Aún recordaba cómo se habían sentado en su oficina, donde hablaron sobre cada apartado, cada fetiche, perversión, el uso de cada juguete y demás… Había tantos términos que el de trenzas desconocía, pero Bill le explicó a detalle cada uno, para que finalmente Tom aceptara, sólo pidiendo que no hicieran cosas tan extremas como el dilatador uretral, la electricidad o que algo que implicara cortes, porque ni siquiera le gustaba cuando le ponían inyecciones.

Y de ese modo es que comenzaron una relación dom/sub pero con tintes románticos, hasta que Bill empezó a abrirse un poco más con él, y Tom sentía que nunca en su vida había amado a alguien con tanta intensidad como a él.

Pero Tom sabía que no era el primer sumiso de Bill, que así lo colmara de regalos y atenciones, probablemente hizo lo mismo con otros.

Así que el de trenzas sentía mucha inseguridad sobre ese tema… Sabía quién era Andreas Gühne, porque trabajaba en la empresa de Bill, y eso sólo lo ponía más tenso.

Bill le había dicho que su relación era exclusiva, que no tendría por qué sentir celos, pero… Tom de igual forma lo sentía.

Así que quiso darle una sorpresa ese día, no estaba usando ropa interior debajo de su ropa, y entró a su edificio, vio a Natalie, la secretaria y le sonrió queriendo ingresar a la oficina de su novio, para que se lo hiciera sobre el escritorio.

—Tom… Lo siento pero el señor Kaulitz está ocupado —mencionó la rubia, queriendo detenerlo.

—Sabes que para mí nunca lo está —refutó Tom, entrando a la oficina, viendo cómo Andreas estaba allí, apoyándose encima de su escritorio con una sonrisa que quería quitársela con un puñete.

Bill estaba sentado, mirando al rubio.

Tom sintió el crujir de su mandíbula frente a esa escena, con las palabras de Georg repitiéndose en su cabeza.

El empresario volteó a verlo.

—Tom —dijo Bill, con una sonrisa brotando en su rostro, y el de trenzas sintió ese gesto cínico.

—Hola, lindura —saludó Andreas, sonriente.

El de trenzas sintió el odio anidarse en su interior, y salió haciendo resonar la puerta. Tom estaba indignado, su garganta estaba apretada y quería golpear, patear, mandar todo al demonio.

Natalie lo miró con preocupación irse, y Tom siguió avanzando, hasta dar con el ascensor, con el cuerpo temblándole de rabia. Hasta que presionó el botón, y sintió cómo lo tomaban del hombro.

—¿Por qué te vas? —preguntó una voz detrás suyo.

Tom frunció el ceño y removió su hombro, haciendo que Bill dejara de tocarlo.

—No me toques —soltó Tom, completamente enojado.

El empresario lo miró confundido.

—¿Qué te sucede?

—Georg me lo dijo… Que tú siempre vuelves con Andreas, no quise creerlo pero lo veo en tu oficina de encimoso. ¿No que nuestra relación era exclusiva? —cuestionó Tom con burla.

Bill cambió su expresión por una seria, Bill normalmente no le levantaba la voz ni actuaba de esa manera.

—Estás confundiendo las cosas, Andreas no vino a verme con segundas intenciones —aclaró el empresario.

—Sí, claro. Sólo es una jodida perra necesitada de verga, ya entendí. Tú puedes serme infiel y yo debo callarme, porque finalmente sólo soy la relación de paso antes de que regreses con ese tipejo —barbotó Tom y Bill lo vio sorprendido.

—Hablaremos en la casa —soltó Bill con tono mortalmente serio, mientras Tom entraba al ascensor y lo ignoraba.

Sí, se verían en casa, pero Tom no quería pensar en eso.

Bill al llegar a su oficina, miró a Natalie.

—Reprograma mis citas de la tarde. Saldré ahora —ordenó Bill, y fue por su maleta.

—Sí, señor Kaulitz —musitó Natalie con temor por el aura que envolvía a su jefe.

&

Tom se metió a la ducha, quitando el agua caliente, decidiendo que necesitaba el líquido frío atemperaba sus nervios, cuando cayó el agua sobre su cabeza y hombros, es que él dejó caer las lágrimas mezclándose con el agua, sintiéndose protegido por el manto del líquido cubriéndole.

Todas sus frustraciones explotando en ese punto.

Tom se había enamorado de Bill… Y por eso le dolía tanto sentir aquella traición, porque el empresario sí había sido la primera vez del de trenzas, su primer todo, y no le importó que tuviera que ser un sumiso, de hecho lo gustaba, pero ahora sentía que toda la entrega que había dado, en cuerpo y alma, simplemente había sido un amor unilateral… Porque Bill nunca lo había tomado en serio, sólo había un juguete más para él, con quien se distraía mientras seguía amando a Andreas.

¿Por qué entonces Bill le había pedido que vivieran juntos? ¿Para simplemente tenerlo más disponible cuando quisiera tener sexo? Porque… Para Tom no había sido así, para el de trenzas ellos hacían el amor, pero al parecer sólo estaba viviendo en sus fantasías. Bill ni siquiera le había dicho que lo amaba, por más que Tom sí se lo había dicho, no había esperado una correspondencia pero ya entendía el por qué no lo hacía.

Cuando terminó de bañarse, se puso su pijama y fue al cuarto de huéspedes, no queriendo dormir esta noche con Bill, era temprano aún, y el empresario llegaría mucho más tarde, pero… Tom quería sólo apagar su mente en ese momento.

&

Tom estaba con los audífonos puestos, escuchando su playlist de Radiohead, Placebo, Adele y Lana del Rey, sabía que eso solamente aumentaba el dolor que sentía, pero… En ese momento prefería soltarlo de esa forma, escuchando canciones de desamor, luego es que pensaría cómo independizarse nuevamente, volviendo con su roomate, regresando a trabajar como mesero, y tal vez juntar unos años dinero para estudiar a distancia, porque evidentemente dejaría de estudiar en la universidad pagada por Bill.

De pronto sintió cómo la cama se hundía, se quitó los audífonos y vio a Bill observándole.

—Tenemos que hablar —sentenció Bill.

—¿De qué? ¿De que empaque mis cosas para que te deje la casa para que traigas a esa zorra? —cuestionó Tom, sentándose con el ceño fruncido.

—Andreas vino a decirme que va a casarse con Gustav —soltó Bill.

Tom cerró la boca que había abierto para seguir reclamándole, y no supo qué decir.

—¿Entonces quieres ir por él? ¿Detenerlo en pleno registro civil? —inquirió Tom en tono venenoso, con el ceño fruncido.

—No… Le dije que me alegraba por él —contó Bill—. Nunca me habías hablado de esa forma, Tom. Estás diciendo groserías, siendo irrespetuoso, y haciendo escándalo en mi trabajo —reclamó el mayor con expresión circunspecta.

—Porque me harté. No me correspondes, Bill. Llevamos un año juntos, y no has sido capaz de decirme que me amas, me das todo a nivel sexual y económico, pero, ¿y lo demás? ¿Crees que puedes comprarme con un Audi, con una Gibson, con pagarme la carrera? ¿Crees que soy un prostituto o algo así? Soy una persona, Bill, un hombre que te ama, y que simplemente se siente utilizado —expuso Tom con el dolor retratado en su rostro.

—Nunca le pedí a Andreas que se mudara conmigo —respondió Bill críptico—. Tampoco suelo meterme con sumisos vírgenes, pero contigo hice una excepción —acotó.

—¿Entonces me debo sentir bien por eso? —interrogó Tom sin entender que el mayor le estaba diciendo entrelíneas lo especial que era.

—Estás muy rebelde. Te espero de rodillas en el cuarto rojo —ordenó Bill, para luego irse de la habitación de huéspedes.

Tom lo miró enojado. Es decir… Bill no quería hablar de esto como una persona normal, no, su novio quería cogérselo para castigarlo por estar dolido, y no es que Tom no quisiera tener relaciones con él, no, claro que iba a ir, sólo que de todas formas le daba cólera que el mayor no quisiera aclarar las cosas con palabras y en una conversación madura, teniendo en cuenta que el empresario era su mayor, pues lo que menos esperaba era eso, que tuviera más madurez.

Tom se desnudó y subió a la habitación roja, donde se sentó sobre su trasero, y se enderezó.

Bill entró completamente desnudo con una erección chocándole contra su vientre, se acercó a uno de los cajones, sacando unas esposas, una fusta, un dilatador anal con joyería en la punta y lubricante.

—Ábrete de piernas en la cama —sentenció Bill con tono autoritario.

El de trenzas se ubicó en la cama, abrazando sus piernas, sintiendo cómo su pene comenzaba a elevarse por la expectativa.

Bill le puso las esposas, dejando que pusiera sus brazos sujetados entre su cuerpo, y embadurnó el dilatador anal con lubricante para metérselo sin delicadeza, haciendo que Tom se arquease frente a la sensación, es decir… No es que el dilatador fuera como el pene de Bill, que era mucho más grande y grueso, pero de todas formas había dolido un poco, aunque en parte era excitante el tenerlo allí, porque sabía que frente a cada contracción de su cuerpo este empujaría un poco hasta chocar con su próstata.

—Ponte a cuatro patas —dictaminó Bill, y Tom obedeció, arqueándose un poco, dándole una perfecta visión de su trasero con la joyería, que sabía que le encantaba a su amo—. Ahora… Recibirás tu castigo —avisó, antes de darle el primer azote con la fusta.

Cuando el ardor se hizo presente Tom sintió cómo su miembro latió en interés, y puso los ojos en blanco, con la piel de gallina, disfrutando del cómo Bill le volvía a azotar con más fuerza esta vez, podía sentir las agujitas picarle en la piel sensible de sus nalgas, y gimió sonoramente cuando Bill lo volvió a azotar otra vez, pero apoyó su rostro en la cama, para poder alcanzar con sus manos esposas su miembro.

—No te he dado permiso para que te toques —advirtió Bill, viendo cómo el menor acunaba su pene entre sus manos.

—Bill yo quiero… —refutó Tom.

Bill le dio un palmetazo en las manos al de trenzas, y volvió a darle con la fusta, pero Tom volvió a tocarse.

—¿Así que vas a seguir rebelde? —inquirió Bill, deteniendo sus actos, y accionando el control del dilatador anal, por lo que Tom empezó a temblar al sentir cómo el mayor ponía el máximo nivel de vibración.

—¡Bill…! —jadeó Tom, queriendo que le sacaran el dilatador para que fuera su pene lo que lo estuviera haciendo vibrar por dentro.

Tom ni siquiera pudo controlar su cuerpo en ese instante, al sentir cómo todas sus paredes se removían con violencia, azotándole la próstata varias veces, de un modo que ni siquiera tuvo que tocarse el pene, porque se vino con fuerza en la cama.

—Te viniste sin que te diera permiso —soltó Bill, y Tom estaba totalmente agitado, echado de costado en la cama, con el dilatador aún vibrando en su interior.

—Déjame sentirte… No el dilatador… A ti —pidió Tom, entre gimoteos por lo sensible que estaba, queriendo que le quitaran el juguete anal.

—No…

—Quiero chuparte sólo un poco… Por favor, Amo… —jadeó Tom, relamiéndose los labios, sintiendo que todo su cuerpo ardía por tocar a Bill, sentir sus manos recorriéndole… No sólo así, podía ver cómo el mayor estaba completamente excitado, pero también tenía el ceño fruncido, Tom sabía que no debía correrse sin permiso, pero no pudo evitarlo, no con el dilatador moviéndose insistentemente contra su próstata.

—No. No te tocaré. Sólo te quedarás allí con el juguete —farfulló Bill.

Tom se sintió descorazonado por lo dicho, no… Bill no hacía eso con él, él siempre lo tocaba, incluso con las sesiones más fuertes, siempre había contacto, intimidad, algo que hacía que sintiera que era más que sexo, pero el que le estuviera diciendo eso ahora… Era más que una tortura física.

—Negro —dijo Tom su palabra de seguridad.

Bill le subió el nivel de vibración, haciendo que Tom temblase, con el miembro nuevamente erguido.

—¡Negro, negro, negro! —repitió el de trenzas, con los ojos llorosos, no sentía que hacían el amor, Bill no era así… No lo estaba disfrutando.

Bill siguió ignorando lo dicho, viendo cómo se removía en la cama sin estar en control de sí mismo.

—¡Bill, negro, por favor! —gritó Tom, que sentía los espasmos en su interior, siendo al punto de ser doloroso por el desgaste mental y emocional.

El menor lo miró a los ojos, con todo el rostro empapado en lágrimas, y Bill se detuvo, apagó el juguete, y lo sacó de su trasero, para luego quitarle las esposas.

—¿Por qué no paraste? Dijiste que lo harías cuando te dijera mi palabra de seguridad —farfulló Tom, sentándose en la cama, mirando al mayor.

—Esto no fue nada a comparación de otras sesiones —respondió Bill.

—No es eso, Bill. La forma en que me trataste… No sentí que hubiera amor en ello —musitó Tom.

—Era un castigo.

—¿Por qué? ¿Por amarte? ¿Por cansarme de no ser correspondido? —inquirió Tom, tapándose el rostro mientras sollozaba.

Bill suavizó su expresión, y lo tomó por el rostro, haciendo que lo viera.

—Por no ser paciente… Por no obedecer… Andreas me felicitó porque le dije que te iba a pedir matrimonio cuando me dijo lo del suyo —aclaró Bill, y el de trenzas lo miró incrédulo.

—¿No lo dijiste sólo por despecho?

Bill besó a Tom, con cariño, dulzura, haciendo que el menor se estremeciera por ello, por la forma en que el mayor le jalaba de las trenzas mientras le recorría la boca con su lengua. Y cuando por fin se separaron por aire, el mayor se levantó, sacando una caja pequeña de un cajón, que abrió frente a la mirada atónita del de trenzas, observando un anillo de plata, mitad negro, con una piedra preciosa en medio, diminuta, haciendo que no perdiera el estilo masculino, pero sí, era un anillo de compromiso.

—¿Quieres ser mío para siempre? —cuestionó Bill, arrodillándose frente al menor.

—¿Pero prometes no volver a ignorar mi palabra de seguridad? —interrogó Tom.

—Nunca más lo haré. Seré un mejor hombre para ti —aseguró Bill con solemnidad.

—Sí… Bill, te amo —masculló Tom, jalando el rostro del mayor para besarlo.

—También… Te amo —dijo Bill con dificultad.

Sabían que debían ir a terapia y mejorar su comunicación, sin embargo, era un gran paso que por fin el mayor hubiera sido capaz de decirle te amo, luego de pedirle matrimonio, así que Tom se sentía en las nubes, por lo que volvió a besarlo con efusividad.

Las dudas se disiparon… Bill lo quería sólo para él, y casarse con el empresario hacía que no tuviera miedo de que lo dejara, o al menos le daba la suficiente confianza como para arrancarle los ojos a cualquier persona que se quisiera entrometer.

F I N

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por Kasomicu

Escritora del Fandom

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