CAPITULO 35: ¿LO CONOZCO?
Las melodías de las diferentes operas favoritas de Morgana, se escuchan por los altoparlantes del lugar para enmascarar los molestos ruidos de la construcción que se estaba llevando a cabo en el edificio del al lado, que ahora pasará a formar parte de su bistró, creando un ambiente agradable para sus clientes y para los mismo trabajadores del lugar, había tenido que dejar la comodidad de su oficina a causa de la distracción de Andrew que ya le había costado, regalarle el servicio a tres clientes por los inconvenientes que habían tenido que pasar, así que al ver que era imposible hacer que el chico regresara de la luna que era el lugar al que parecía haber viajado, lo había tenido que enviar de regreso a la cocina.
La exhalación que ha dejado escapar Sofía, la obliga a centrar su atención en su sobrina que continúa fulminando con la mirada a su teléfono, da una mirada corta a su reloj y solo han pasado tres segundos desde el último.
—Entonces —dice pasando un paño por la mesada de granito—estaba pensando en poner un caballo a la mitad del bistró y conseguir un elefante africano para que haga juego con el elefante americano que tengo en el patio, el que constantemente está persiguiendo al león albino que conseguí en la subasta la semana pasada, en la que me enfrente a una leona parda y una leona negra de melena azul aunque suene increíble, para ver quien de las tres se quedaba con el ejemplar, cabe aclarar que al gato Cheshire y al sombrero loco no les agrado, la liebre piensa que es su nuevo sillón y Alicia continua fumándose las petunias, ya que es lo único que queda del jardín de flores—detiene su discurso alocado, mirando a su sobrina que continua con la mirada clavada en el artefacto—¿Qué opinas? ¿Ponemos al minotauro en la mitad del lugar? —al ver que no ha conseguido llamar su atención, le da un par de vueltas al paño antes de usarlo como látigo y golpear el hombro de Sofía, obtenido de ella un brinco, que casi la hace caer de la silla.
— ¡Tía! —se queja, sobándose la parte golpeada.
—Te estoy contando acerca del león pardo y el minotauro y como Alicia ha terminado con mi jardín y tú continuas en la luna, jugando a vestir ratones.
— ¿León pardo? —Pregunta frunciendo el ceño—Esas cosas existen, ¿Por qué tienes un minotauro? ¿Quién es Alicia? —Morgana comienza a reír, al igual que Hugo el nuevo barista del lugar— ¿Tía que te estas metiendo?
— ¿Dónde tienes la cabeza? Tengo rato hablándote sobre las remodelaciones y tú simplemente me ignoras, así que comencé a decir tonterías con la esperanza de llamar tu atención pero no me haces caso.
—Lo siento, estoy distraída—mira nuevamente el teléfono, que continua sin mostrar señales de vida.
—No si eso me ha quedado claro, hoy todo mundo está en otro lugar, ¿Estas enferma?
— ¿Enferma? ¿De dónde sacas eso?
—No se tal vez al hecho de que la primavera está cerca, febrero está por terminar y algo me dice que la primavera va a golpear con ganas esta vez.
—Tía la menopausia te está haciendo delirar—se burla, recibiendo a cambio una mirada fulminante de Morgana—Ya lo siento, que sensible.
— ¿Entonces, me vas a decir que tienes?
—Nada.
—Nada y estas en la luna—Se cruza de brazos, gesto que imita Sofía— ¿Entonces esperas una llamada importante?
—No, solo estaba verificando la hora.
— ¿La hora? ¿Tienes algún medicamento que tomar? Por qué Andrew también no deja de ver el teléfono, pero al menos el espera la llamada del nuevo socio de la tienda de delicatesen que siempre nos atiende y lo puedo entender el pobre chico está enamorado.
— ¿Quién está enamorado? —Ambas dirigen la mirada hacia el lado izquierdo de Sofía, encontrándose a Lemir, que les sonríe ambas— ¿Qué?
— ¿A qué horas llegaste?
—Hace como tres segundos, solo vengo por una enorme rebanada de tu pastel selva negra —se inclina sobre la barra y deja un beso en la mejilla de Morgana, después rodea Sofía por los hombros y presionar un tronado beso en su sien— ¿Qué tal están dos de mis cuatro mujeres favoritas?
—Cuando lo dices así, suenas como un chulo—Sofía levanta los hombros deshaciendo el abrazo de Lemir, que estalla en carcajadas.
—Estamos bien, cielo, pero no te refieras a nosotras como si fuéramos parte de un harem—le jala la oreja—o la próxima vez te arranco la lengua y tu madre me lo va agradecer.
—De acuerdo, prometo no volver hacerlo—responde sobándose la oreja— ¿Cómo has estado Sofh?
—Bien, Lemir ¿y Tú?
—Bien también, ¿Cómo va el estómago? —pregunta con una mirada preocupada, recibiendo una de confusión de parte de la rubia.
— ¿Estás enferma cariño? —Cuestiona Morgana con tono preocupado, Sofía niega a la pregunta
—Hace unos días estuve en el hospital, lleve a Ed, por… por cuestiones de salud—se sonroja, Sofía solo ríe—Pasamos por urgencias y preguntamos por ti y un compañero tuyo, dijo que te habías reportado enferma, algo de una gastroenteritis—La sonrisa divertida de Sofía, desaparece poco a poco al recordar el día que paso con Bill y mintió para faltar al hospital.
— ¡Oh! Ese día—Se pasa las manos por el cabello, para ocultar su nerviosismo—Si, la noche anterior iba hornear galletas, pero termine comiéndome la masa y, y si me enferme—responde sonrojada.
— ¡Otra vez! —exclama Morgana—Sofía, si sabes que las masas para galletas no se comen.
—Sí, lo sé pero no me culpes por algo que le aprendí al tío Dimitri—pide perdón a su tío por usar su nombre, para cubrir su mentira. Morgana solo niega y deja escapar una divertida risita, antes de atender a un cliente que se ha sentado del otro lado de la barra, dejando a Lemir y Sofía, solos por un momento.
— ¿Sabes que te va a crecer la nariz como a pinocho? —Dice, robándole un pedazo del pastel.
— ¿De que estas hablando?
—Que te vieron por cierta exclusiva calle, caminando de la mano de Kaulitz—Sofía frunce el ceño.
—Mi madre te vio, claro a él no lo reconoció pero a ti sí—Sofía traga—No te voy hacer una escena de celos, porque me prometí no volver a insistir, ya sé que somos un caso perdido, pero deberías decirle a Tía Morgana, que estas comenzando una relación con semejante personaje, antes de que se entere por alguien más.
— ¿Enterarme de qué? —Ambos regresan la mirada y observa a Morgana que los mira cruzada de brazos.
—Bueno, yo ya me voy, solo venia por mi rebanada de pastel—se pone de pie y toma el paquete que han dejado sobre la barra, saca un billete de 20 y lo deja sobre la mesa—Nos vemos Tía—se inclina sobre la barra dejando un beso en la mejilla de la mujer—Hasta luego Sofh, suerte—murmura contra su oído—tu y yo después vamos hablar sobre eso— Sofía le da un apretón a su estómago, antes de verlo salir casi disparado del lugar, regresa la mirada a Morgana que la mira aun cruzada de brazos.
— ¿Y bien? —pregunta en busca de una explicación.
—Tía, Lemir solo estaba bromeado.
—Sofía Elizabeth Sacks, tú en verdad crees que yo nací ayer—recibe un movimiento de negación— ¿Con quién estas saliendo? Ni siquiera sabía que estabas saliendo con alguien, ¿Dime que no es del club? ¿Dime que no es Ed? Digo al chico lo aprecio es muy guapo con esos ojos grises azulados y esa sonrisa traviesa y ese pelo rubio largo, pero vamos es un tanto despistado y no es como mi dulce Lemir, ¿Qué aun no entiendo porque no quieres salir con él? Aunque bueno esa chica Eva, es una preciosidad, aunque tú eres más hermosa—Niega y retoma su postura— Pero nos estamos desviando del tema—la sonrisa de Sofía se vuelve a desvanecer y una línea recta aparece en su rostro— ¿Quién es? ¿Lo conozco?
—Amm—boquea—Bueno, tanto como conocerlo, puede que—abre y cierra las manos—bueno si es bastante conocido.
— ¿Bastante conocido? ¿Con quién sales?
Sofía da una mirada a la barra, observando a los pocos clientes que hay sentados en ella, suspira y le hace una seña a su tía para que se acerque.
— ¿¡Qué sales con quien!? —Grita, llamando la atención de los pocos comensales, a los cuales observan rápidamente—Disculpen, se gira y desaparece tras la puerta que da a la cocina, para salir arrastrando a Andrew, a quien le advierte que si comete otro error, lo pondrá a cortar cebollas hasta que se le acaben las lágrimas, se gira a Sofía y le hace una seña, para que pase al otro lado de la barra.
— ¡Tía! —Se queja— ¿Podemos hablarlo otro día? —Morgana niega y levanta una parte de la barra para que pase dentro—Tengo que ir a la biblioteca.
— ¡Adentro! —dice con voz autoritaria, haciendo que Sofía se hunda en la banca antes de ponerse de pie y caminar hacia el otro lado, su rostro es el de alguien que va directo al matadero.
Empuja la puerta de la oficina de Morgana, aun con la esperanza de poder desviar el tema hacia otro menos complicado, parece que su idea de mantener lo que sea que este comenzando con Bill en secreto, se ha ido al traste por la bocota de Lemir, observa su teléfono aun en su mano, entrando rápidamente a la aplicación de WhatsApp, busca el ultimo chat con Lemir, le envía la imagen de una pistola, un cuchillo y una calavera, como advertencia a lo que le espera por bocón. Su teléfono no tarda en vibrar recibiendo a cambio una carita lanzando un beso en forma de corazón, lo que la hace gruñir.
—Ahora explícame eso que me acabas de decir.
— ¿Qué quieres que te explique, Tía? Hicimos clic y nos estamos conociendo—responde tratando de restarle importancia.
—Solo clic—dice con la voz llena de sarcasmo—Dime la verdad, ¿Dónde lo conociste?
—Bueno, la verdad es que…
—Sí, la verdad Sofía Elizabeth Sacks, no quiero una de tus mentiras adornadas, dime la verdad.
—Puedes llamarme solo Sofía, sin el resto.
—Está bien Sofía—cede— ¿Ahora, serías tan amable de contarme?
—Bueno, la primera vez que nos vimos, fue en—se detiene y la mira, sentada cómodamente en su silla, mientras ella está en el cómodo sofá donde muchas veces de niña se quedó dormida, siendo cargada de regreso al auto por Dimitri.
— ¡Sofía! —aplaude para llamar su atención—No te distraigas, ¿Dónde conociste a Bill Kaulitz?
—En Edén.
— ¡En Edén! —Grita, haciendo que Sofía se encoja—Pero qué demonios tienes en la cabeza, ¿Es que no había un mejor lugar para conocerlo? ¿Dime que no te confundió con una puta, vulgar de ese lugar? —Sofía se muerde el labio— ¡Lo hizo! —Sofía cierra los ojos—Lo hizo y aun así aceptaste salir con él, pero es que tu no lees los periódicos, es un alcohólico, es problemático, es un niño mimado, que no sabe hacer nada.
— ¡Tu no lo conoces!
— ¿Y tú sí?
—Nos estamos conociendo, Tía, Bill no es lo que los periódicos dicen—suspira—la primera vez que nos vimos en Edén, no te voy a mentir que me pareció la peor persona que pudo haber puesto un pie ahí, la segunda vez que nos vimos, fue en la oficina de Harry.
— ¿En la oficina de Harry? ¿Ese hombre se atrevió a usarte como una de las cualquieras de ahí?
— ¡Tía! Pero qué te pasa, sabes que Harry jamás me expondría me cuida de la misma forma que lo hace con Lemir, si estábamos en la misma oficina fue porque el novio de una bailarina ataco a uno de sus amigos y no podían llamar a una ambulancia, ya suficientes inconvenientes habían tenido por culpa de los padres de los Kaulitz, solo le hice un favor a Harry, además no estábamos solos, estaba Harry y Lemir con nosotros y el resto de sus amigos.
—Bien, ¿Pero eso no me aclara como es que comenzaron a salir?
—Bueno, según supe tenía que hacer servicio comunitario y la prensa lo acosaba tanto que no podía hacerlo con tranquilidad—Morgana resopla y pone los ojos en blanco, haciéndole una señal para que continúe—Termino haciendo su trabajo en las paredes del área de pediatría del hospital general, yo estaba haciendo mis prácticas ahí, cuando nos volvimos a ver.
—Qué casualidad.
— ¿Estás pensando que me siguió? — Morgana se encoje de hombros.
—Tía, él pensaba que yo era Nina, se sorprendió cuando me vio curando a su amigo y después en el hospital, sobre todo cuando le dije que mi nombre era Sofía.
— ¿Y ahí fue, donde hicieron clic?
—No, yo solía ponerme a la defensiva, no quería tener nada que ver con él.
— ¿Cómo sucedió, entonces que hicieron clic?
—Bueno, no es como que pudiera esconderme mucho de él, así que comenzamos hablar, solo hablar, ya sabes un buenas tardes y esas cosas, en edén me ignoraba y yo lo agradecía, Tía no estoy segura como, pero sé que desde que lo vi, me gusto.
—Bueno el chico, es bastante atractivo.
—Lo es—concuerda con una sonrisa—Pero sobre todo, con él—una pequeña sonrisa aparece en una esquina de su labio, Morgana también sonríe al ver el pequeño brillo en sus ojos, Sofía se pone de pie, poniéndose de rodillas ante su tía, coloca una manos sobre su rodilla, la cual Morgana toma—Con él me siento segura.
—Cariño—le pasa los dedos entre los mechones rubios.
—No lo juzgues aun sin conocerlo, por favor.
—Bien, solo aclárame una cosa, ¿Por qué no querías contarme?
—Porque tenía miedo, que no te agradara mi decisión, Lemir lo aborrece y no lo conoce.
—Bueno, Lemir está enamorado de ti.
—Lemir esta encaprichado que es distinto.
—Sofía—dice en voz demandante.
—Tía, solo lo veo como mi hermano pequeño o el mayor, pero solo eso.
Morgana suspira—Bien, no hablaremos más sobre Lemir, concentrémonos en el asunto Kaulitz.
—Se llama Bill—ríe—Es dulce.
— ¿Te respeta?
—Sí, incluso me prometió que iríamos tan lento como yo lo deseara, me dijo que era la primera chica a la que le prometía algo, que me quiere.
—Está comenzando agradarme.
Sofía se muerde el labio, gesto que no pasa desapercibido por Morgana—Le conté sobre mi violación.
Morgana, se pone rígida al escuchar esas palabras, sobre todo por el hecho de que Sofía, siempre ha evitado hablar sobre ese tema con ella, incluso con sus antiguas parejas, ninguno de los dos chicos supo nunca acerca del trauma, solo un pequeño grupo de personas lo sabía, pero todos habían actuado como ella esperaba, daban su apoyo sin agobiarla.
Comienza a preocuparla el hecho de que Sofía posiblemente se haya adelantado, al contarle sobre su trauma y que el chico no le tome la importancia necesaria, sobre todo por el gran miedo que Sofía tiene a intimar con alguien, aunque Jake Fritz haya sido la excepción.
—Tía, él me pregunto, si… si sabía si aún estaba vivo y preso o era libre.
— ¿Qué le dijiste?
— ¿Qué no lo sabía? ¿Tú tienes idea sobre eso?
—Sí cariño, está vivo y en un par de meses—traga saliva—en un par de meses saldrá libre—Sofía se tensa y Morgana la envuelve en sus brazos, meciéndola al escuchar los primeros gemidos escapar de la garganta de Sofía, así como las primeras lagrimas—tranquila, mi niña, te juro que ese cerdo, no se va a cercar a ti, ya hable con Ernesto y va a tramitar una orden de restricción.
—Tía me va a encontrar.
—No cariño, yo te voy a cuidar, te juro así tenga que matarlo con mis propias manos, ese animal no se va a cercar a ti, Sofía—la toma de las mejillas, para que la vea— ¿Por qué Bill Kaulitz, Te pregunto por él?
—Él dijo, que—se limpia las lágrimas —que se encargaría de que jamás saliera libre—Omite la parte, donde le pidió que lo hicieran sufrir por el daño que le había hecho.
— ¿Te pidió algo a cambio? —Sofía niega—Bien, entonces pídeselo, si en verdad te quiere, como dice, con todo el poder que él tiene, nadie podrá negarle ese capricho. —Morgana la abraza y deja que se refugie en sus brazos, como la niña de ocho años que llego a su casa una tarde asustada y rota por el daño que le habían hecho, Dimitri y ella se juraron ese día que nunca jamás volvería hacer lastimada y ahora aparecía este joven, con dinero y poder, que le había prometido cuidarla y esperaba que lo hiciera. —Cuando lo haga, tráelo, quiero conocerlo y darle las gracias por lo que hizo.
— ¿Solo por eso vas aceptarlo?
—No, voy aceptarlo porque nunca había visto este brillo en tus ojos, si logra mantener a Roger Mohr en la cárcel, tendrá mi agradecimiento de por vida.
& Continuará &
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