9: Pretty Tomi

Notas del autor: Ya llegamos al día 9. Vaya… Bueno. Soy consciente de que hay una versión botBill de Pretty Woman (PRETTY BILL) de la famosa Lyra Ketesh, sin embargo, esto no toma referencia de ese fic, jamás me atrevería a hacer un plagio, ni adaptación, y mucho menos sin permiso.

En fin, básicamente tomé de referencia Pretty Woman, pero una versión diferente, poniéndole pues… Pasado turbio, y así, ¿por qué? Bueno, porque me gusta sufrir.

Día 9 del kinktober 2024: Negación del orgasmo y/o diferencia de edad.

Tom a pesar de toda la vida de mierda que había tenido, sentía que no podía más que agradecerle a la vida el que hubiera puesto a Bill en ella.

One-Shot de Kasomicu

«Pretty Tomi»

Tom había salido de casa a los dieciséis años, porque realmente su vida era una mierda desde que él tenía memoria, Charlotte, su madre, era maltratada por su padre, y luego él sufrió el mismo destino, entonces conforme pasaron los años, las vejaciones eran peores, ya no solamente eran puñetes, cigarros sobre su cuerpo, encerrarlo en el armario hasta que la garganta se sentía en piel viva de tanto que gritaba, haciendo que desarrollaba claustrofobia. Sino que una noche que Jörg llegó borracho, se metió a su cama en lugar de la de su madre, y lo violó.

Al día siguiente se lo contó a su madre, y ella le dijo: —Eso te lo buscaste por usar el cabello largo.

Y con sólo eso teniendo como respuesta, es que Tom supo que se hallaba solo en la vida. Por eso agarró su mochila con unas prendas y se fue de aquella casa, a la que no podía denominar hogar.

Tom no es que amara a su padre, nunca pudo tener una relación con él porque era un maldito abusador todo el tiempo, sin embargo, aquella noche sintió que Jörg terminó de romperlo por completo.

Cuando intentó buscar trabajo, se dio cuenta que no se lo querían dar, porque era menor de edad, y ni siquiera tenía la fuerza suficiente para ser un ayudante de albañil, básicamente se volvió un indigente en la calle, durmiendo en un cartón, muriéndose de frío.

Hasta que una noche vio a un joven, lo sabía por su manzana de Adán notoria, pero que usaba tacones, falda, un top, abrigo, con un cigarro en sus labios pintados de rojo, y una peluca mal acomodada, el muchacho al verlo se acercó a él, sacando una galleta de su bolsillo.

—Hola, nene, ten come, ¿qué estás haciendo aquí? —le preguntó con el rostro preocupado.

Tom se sentó, y recibió la galleta, comiéndola porque no había probado bocado en días.

—Déjame buscar en mi bolsa, creo que tengo un poco de agua —acotó el joven, hasta sacar una botella, extendiéndosela, Tom bebió.

—Gracias —dijo el menor.

—¿Cuál es tu nombre, niño lindo? —cuestionó el muchacho—, el mío es Andreas, sólo que bueno, cuando visto así me dicen Britney.

—¿Eres transgénero? —interrogó Tom, no sabía mucho de ello, pero sabía que había personas que se sentían distintas a lo que nacieron.

—No, hermoso, sino que soy prostituto, y vestido así es más fácil conseguir clientes —mencionó Andreas—. ¿No tienes donde quedarte? ¿Dónde están tus padres?

—No tengo —mintió Tom—. Y mi nombre es Tom Trümper.

—Pero si sigues así, bebé, vas a terminar por morirte de hambre. Tal vez no es lo mejor, pero podrías trabajar como yo y así conseguir dinero —ofreció Andreas.

Y Tom se paralizó al inicio… Hasta que simplemente se dio cuenta que era lo mejor, ¿qué sentido tenía que se negase a usar su cuerpo como un instrumento si ya sentía que no tenía valor alguno?

Así que Andreas lo llevó a su departamento, donde se bañó y vistió con unas ropas del rubio, vendiendo su cuerpo en las esquinas por primera vez.

Tom siguió trabajando de ese modo, sintiéndose incómodo por usar ropa de mujer, pero sí, Andreas tenía razón, de esa forma atraían más clientes. Igualmente siempre llevaba consigo una navaja, y alguno se quería pasar de listo con él, lo tenía para defensa, de ese modo es que pudo salir adelante, siendo roomie de Andy, porque así gastaba menos en el alquiler.

Al año, ya tenía diecisiete años, y una noche es que lo vio, un hombre rubio con cabello largo, traje, barba y piercing, era el hombre más bello que Tom había visto en su miserable existencia, sin saber que el mayor se había fijado en ese chico lindo, que no tenía mucha destreza sobre tacones, pero había algo en él, en sus rastas sueltas, y su rostro fino… Que lo llamaba, y lo consideraba perfecto.

—Buenas noches, ¿vienes conmigo? —le ofreció el rubio. El menor se acercó al auto, que se veía que era de los finos, aunque él no supiese mucho al respecto.

—Hola, bombón, claro, 30 euros la mamada y 75 euros por servicio completo —soltó Tom.

—¿Y si te pago 3000 euros puedes quedarte todo el fin de semana? —preguntó Bill con una sonrisa.

Tom casi se cae en ese momento, abriendo por completo sus ojos. ¡¿3000 EUROS?! Nadie nunca le había pagado tanto. Así que de inmediato se subió al auto.

Cuando llegaron a la mansión de Bill, él le pidió que se quitara las ropas y maquillaje.

—¿Tan rápido, papito? No que me queje pero…

—Quiero que nos demos una ducha juntos —ordenó Bill, sujetándole por la quijada, y de algún modo ese dominio del mayor sobre Tom hizo que le temblara todo el cuerpo, pero por placer, y no por miedo.

Después de ese fin de semana, Tom dejó la prostitución, y Bill ya no lo dejó ir.

Ya llevaban un año juntos, oficialmente Tom tenía la mayoría de edad, y Bill sería su sugar daddy en toda regla, que lo llevaba de viaje con él, le compraba todo lo que se le antojaba, e incluso le había dicho que eligiera una carrera para que se la costee, pero a distancia, porque por su trabajo, el mayor viajaba mucho y siempre lo llevaba con él.

Y Tom era feliz, Bill era muy bueno con él, sólo que… Sí tenía unos gustos algo peculiares, al rubio le iba el BDSM, entonces el de rastas había aprendido a ser un sumiso, y había entendido que podía disfrutar del dolor… Mientras todo fuera consensuado.

Y allí estaba ahora Tom, de rodillas frente al hombre de treinta y cinco años, que mantenía una expresión seria, mientras pasaba su pulgar por los labios llenos del menor.

—Hoy no usaremos juguetes —sentenció Bill.

—Está bien, amo —respondió Tom, chupando el dedo que el rubio le ponía en la boca, mientras que Bill le ponía la punta de su miembro contra su mejilla.

Bill le sacó el dedo de la boca, escuchando ambos el “pop” que salió cuando se rompió la succión, y le puso el pene sobre los labios, y Tom se relamió los labios, pasando levemente la lengua por su erección, sin embargo, luego sujetó la base, y comenzó a darle lametones, amaba la verga de su novio, mirarla, chuparla, lamerla, que le llenase toda la boca y lo dejase casi ahogándose… Así que lo veía desde abajo, chupando solamente el glande, para lo que el mayor lo miró con una señal de advertencia, que quería decir que se lo metiera completo y deje de jugar.

Tom obedeció a esa orden tácita, metiéndose la polla hasta lo profundo de su garganta, y luego sacándola, haciendo la misma sucesión de movimientos hasta que sintió cómo Bill lo apretaba por sus rastas, guiando la mamada, y el menor se sentía en su gloria… Porque él sabía que podía pedirle a Bill que parase y lo haría, sin embargo, siendo de su uso, un recipiente para su placer, hacía que la excitación comenzara a crecer en su interior, hasta sentir cómo su miembro se levantaba contra su vientre.

Bill dejó de guiar sus movimientos, y Tom siguió chupándolo, ahuecando la mejilla, sintiendo cómo la verga del mayor pulsaba en su cavidad, delineando con su lengua las venas de su erección, saboreando el preseminal de Bill, deleitándose con ello. Y el mayor lo jaló, dejándolo con la boca abierta.

—Quiero correrme en ti… —ordenó Bill, y Tom asintió sumiso.

Sin embargo, el mayor sujetó el tubo del lubricante y salió de la habitación, y Tom sabía que eso era la señal de que debía seguirlo. ¿Dónde querría hacerlo? El de rastas no tenía idea pero tampoco quería cuestionarlo, tenían la mansión para ellos solos, así que podían hacer lo que quisieran.

Bill se detuvo cuando estuvieron en salón, sentándose frente al piano de cola que tenía, con una sonrisa que hizo que Tom se sintiera completamente excitado al ver a ese hombre desnudo, de piernas cruzadas junto al piano.

—Quiero hacértelo sobre el piano —masculló Bill, con una mirada que no aceptaba objeción alguna.

Tom se subió sobre el piano, que se hallaba cerrado, y se abrió de piernas, para que Bill pudiera ubicarse allí, no es que no lo hubieran hecho en lugares peculiares antes, sin embargo, nunca lo habían hecho encima de un instrumento.

Bill dejó un beso sobre el miembro de Tom, para luego meterse uno de sus testículos depilados a la boca, y después pasar la lengua por su perineo, hasta comenzar a dejar lametones en su agujero, haciendo que Tom gimiera fuerte, y su piel se escarapelara, la excitación acrecentándose mientras Bill chupaba aquella zona erógena, y Tom sentía que lo apretaba más por la expectativa de que el mayor luego lo lamería por dentro, así que el rubio siguió dándole como besos en su fruncido culo, haciendo que sus piernas temblaran y el preseminal fuera bañando su miembro, después se arqueó por completo al sentir cómo Bill le metía la lengua, soltando un alarido tan fuerte que le dolió la garganta.

Bill siguió lamiéndolo, sin cansarse del almizcle de su novio, hasta que vio cómo el de rastas se quiso masturbar, y se separó de él para darle un palmetazo en la mano.

—No… No te toques. Sólo cuando te dé el permiso —ordenó Bill, mirándole con advertencia.

Tom asintió, con las mejillas rojizas, y los labios hinchados por la mamada previa.

—Ahora… Sé un buen chico, mi lindo Tomi… Y déjame comerte —dijo Bill con voz aterciopelada, que hizo que todo el cuerpo de Tom se estremeciera, estaba tan jodidamente enamorado de ese hombre, asintió con sumisión mientras Bill volvía a lamerlo, pero luego se separó levemente para comenzar a prepararlo con sus dedos y lubricante, lo que hacía que Tom moviera su trasero contra los dígitos de su novio y seguía gimiendo con el placer atravesándole, su interior estaba más que listo para recibirlo, luego de cómo su lengua lo recorrió, y ahora tenía tres de sus dedos en lo profundo de sí mismo, dándole justo en su próstata… Haciendo que se sintiera sobreestimulado.

Bill realmente era tan bueno con él… El sexo siempre había sido algo que Tom no disfrutaba del todo, porque su primera vez fue una violación, donde terminó con un desgarro anal, y el resto de veces fueron enfocados en la satisfacción de su cliente, pero no… Bill se preocupaba porque Tom disfrutaba, preparándolo con cuidado, dándole todas las atenciones necesarias simplemente para que fuera algo más que una transacción, lo que ellos hacían era el amor, después de tanto tiempo, e incluso cuando había dolor en el asunto, era algo que había aprendido a valorar y atesorar como suyo, dándole una connotación distinta.

El rubio sacó sus dedos y se ubicó entre sus piernas que colgaban por encima del piano y guió su erección hacia su entrada, comenzando a metérsela centímetro a centímetro, haciendo que Tom se desesperara, porque quería sentirlo por completo, llenándolo, Bill lo tomó por la cintura, haciendo que Tom se casi sentara sobre el piano, por consiguiente la gravedad hizo que toda la polla de Bill entrara por completo.

Tom se arqueó, y Bill lo besó, jugando con su lengua, mientras comenzaba con las embestidas, el de rastas pasó sus brazos por detrás del mayor, cruzándolos en su nuca, disfrutando de la lengua perforada que le recorría toda la cavidad, mientras el mayor ondulaba sus caderas en un movimiento que le remecía por completo. Era tan íntimo, el tener el aliento de Bill en su rostro, su sabor, mientras sus cuerpos estaban tan juntos, su pelvis chocando contra su trasero, dándole en su próstata, consiguiendo que Tom se sintiera que estaba al borde… Y su erección pulsaba entre sus vientres pero no, ya sabía lo que Bill estaba haciendo, simplemente le negaría su orgasmo… Y era algo tan doloroso… Pero no podía negar que era jodidamente delicioso el traerlo al borde.

Bill siguió con las embestidas, haciendo que las piernas de Tom estuvieran trémulas, y su miembro tan hinchado que sentía que explotaría y se moría por tocarse a sí mismo pero sabía que Bill no le dejaría, por lo que se aferró a los hombros del mayor, de todas formas disfrutando las corrientes eléctricas que le recorrían el cuerpo cuando el rubio le daba en su punto de placer.

Bill besó su cuello, para luego lamerlo, sin dejar de darle estocadas, porque Tom sabía… que el mayor al sujetarlo por las caderas, sabía cómo moverse, con la experiencia que te da la edad, para ser el mejor polvo de su vida… Y Tom sentía que su interior se apretaba aún más por el deseo, haciendo que Bill gruñera, y ese sonido era tan putamente erótico, que sentía que nunca se cansaría de oírlo en su perra vida. El cómo se sentía la barba corta del mayor contra su piel hacía que se le pusiera de gallina, y su miembro seguía latiendo, anhelando ser tocado. Bill dio unos empujes más, que cada vez más lo llevaban hacia la locura…

Tom se mordió el labio inferior cuando vio cómo el rubio mordió su pezón, sin dejar de arremeter contra él…

Tom tenía la facultad de decir la palabra de seguridad para que Bill lo tocara o dejara que se masturbase a sí mismo, sin embargo, no quería… Algo dentro suyo disfrutaba el estar así, tan obnubilado por el placer que simplemente el orgasmo quedaba a segundo plano, aferró sus piernas detrás del cuerpo de Bill, el cual siguió embistiéndolo, con fuerza, que hacía que Tom abriera su boca y pusiera los ojos en blanco.

Bill volvió a besarlo en los labios, para luego dominar su boca con su lengua, haciéndolo estremecer aún más, consiguiendo que Tom pegara sus cuerpos.

—Bill… —susurró Tom, con ojos brillantes, contra sus labios, viendo la mirada lobuna del mayor, el cual le mordió el labio inferior, jalándoselo de una forma tan sexy que sentía que se correría con eso.

—Mi lindo Tomi… Tan lindo y obediente, mi niño hermoso… —masculló el mayor con adoración contra sus labios, lamiéndolos, precisamente encima del piercing que adornaba la carne.

Tom amaba cómo Bill le decía esos elogios, porque también sabía que había ocasiones donde lo insultaba pero era parte del juego de rol, y él no se quejaba, también disfrutaba de un poco de humillación, pero el que su novio estuviera tan profundamente en su interior, hablándole de esa manera tan cariñosa sólo acrecentaba su excitación.

Bill siguió invadiéndolo con sus estocadas, hasta que se vino en su interior, consiguiendo que Tom se desplomara sobre el piano, manchando el instrumento por la esencia del mayor que salía de su trasero.

Tom no se había corrido, porque ese era el juego de hoy, que le negaran el orgasmo, pero se sentía tan excitado que era como si se hubiera venido sin hacerlo.

Bill trajo una toalla con la cual limpió al menor, y luego le ayudó a bajarse del piano, guiándolo a su habitación.

Tom se sentía impaciente, sabía que la noche apenas había comenzado.

F I N

Ya saben, si les gusta pueden dejar un comentario 😀 no olviden que eso me anima a seguir. Un agradecimiento especial a todos los que están comentando en los días anteriores, ¡gracias!

por Kasomicu

Escritora del Fandom

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