Fic de Carla Moonlight. Temporada 2
Amnesia. Capítulo 10
Siguieron probándose ropa y accesorios, pero ahora Bill no se creía que en alguna escena saliera solo en ropa interior. Tom también salía casi desnudo.
—Natalie, sabes que si salgo así voy a callarle la boca a todos los que dicen que soy una mujer ¿no?— Natalie rió y asintió.
—Tampoco nunca te importó lo que decían.— Le recordó.
—Tienes razón.— Admitió él.
—Tu ya estas por hoy, todo te queda bien, puedes irte.— Natalie no se atrevía a pronunciar su nombre, se le erizaba la piel al pensarlo.
—Lo sé, a mi todo me queda bien.— Nat le miró con desgana.
—¿Enserio dices que no es él? Porque resulta que hasta su jodido carácter es igual.— Bill negó. Tom solo escuchó la primera parte de la frase, el resto no, ya que la estilista prácticamente lo susurró.
Tom se desvistió y se puso la ropa con la que había venido, a Bill aun le quedaba algo, ya que al ser la estrella protagonista tiene más cambios de imagen en este trabajo.
—Natalie te necesita Jake.— Le avisó un hombre también estilista.
—Voy.— Bill esperó y ella se fue.
—Pues yo ya me voy.— Dijo Tom.
—¡Espera!— Le detuvo Bill.
—¿Qué quieres?— Sonó distante para seguir con la actuación de que Bill no le gustaba.
—Te espero a las cinco en la heladería Pink Berry.— Le citó Bill.
—Ya te he dicho que no me interesas, que fue un juego y se acabó.— Dijo Tom fingiendo despreció.
—Si, creo recordar algo.—Bill se acercó a él provocándolo con su torso desnudo mostrando sus tatuajes.— Pero…— Tocó a Tom lentamente desde su hombro hasta rozar su entrepierna.— Sé que vendrás…— Susurró sobre sus labios.
—¿Qué te hace pensar eso?— Cuestionó tratando de reprimir un suspiro de placer y controlar que su miembro no se alzara.—A que anoche te pusiste cachondo, conmigo.— Le recordó aun hablando sobre sus labios y rozando el miembro de Tom lentamente provocándolo.
—Si no fuera por tu amiguita te follaba ese culito aquí mismo.— Tom tocó el trasero de Bill, mientras este sonreía victorioso.— Dime la hora y tal vez me lo piense.
—Cinco en punto.— Bill dejó un casto beso sobre los labios del chico y se fue a cambiar de ropa.
Natalie se cruzó con Tom en el pasillo y los dos se quedaron mirándose. Tom desafiante y Natalie dudando en que si no era el Tom de verdad.
Bill siguió probándose ropa mientras ponía al día a Natalie, después de conversar durante bastante tiempo, volvieron a darse los teléfonos, para estar en contacto.
Empresas Schäfer
Gustav había llegado a la empresa enfadado por la culpa de Georg que no se acordaba del día que era hoy y aun por encima que él viviera en la ignorancia sin saber que anoche se acostaron los dos juntos.
Su padre aun no había llegado así que aprovechó a dar un par de ordenes y puso en movimiento a su plantilla de trabajo para que su padre no pensara que son unos vagos.
Él fue a su despacho junto con su secretaria para estudiar los balances de las ventas e inversiones, para que luego su padre pudiera verlas.
Al cabo de unas horas el jefe de las empresas llegó y fue hacia el despacho de Gustav donde su hijo se encontraba con una joven y bella secretaria.
—¡Hijo!— Dijo su padre al entrar al despacho.
—Papá.— Se levantó y fue a saludarlo.
—¿Has preparado los balances y los informes que te pedí?— Dijo el señor Schäfer a su hijo.
—Si, estaba justamente ahora acabando de leerlos para pasártelos.— Respondió Gustav cogiendo los papeles y volviéndolos a meter en la carpetilla.
—Genial, van a venir unos proveedores y necesito darles cuentas de los extractos bancarios y de la mercancía.— Comentó un poco frío el señor Schäfer a Gustav.
—Vale pues aquí los tienes.— Le entregó de una vez.
—No están mal.— Dijo dándoles una ojeada por encima.
—Están perfectos, las ventas han subido un 20% estos últimos tres meses.— Le echó en cara a su padre.
—Si, si… Bueno ahora me voy que tengo, otras cosas que hacer.— Dijo el padre de Gustav dirigiéndose a la puerta.— Por cierto, tu madre me ha dicho que te diga que cuando vas a dignarte a pasar por Alemania a casa para hacerle una visita, que un poco más y no sabe que tiene hijo.
Cerró la puerta dejando a Gustav algo mal. Nunca se llevo muy bien con su padre. El pensaba que eso de estar en una banda de Rock no era un trabajo, que se acabaría, y tenia razón, pero no por que no valieran para ello, si no por circunstancias que ellos no habían podido cambiar.
Después de esa amarga bienvenida, más tarde siguieron hablando de negocios. Horas más tarde Gustav pudo irse mientras su padre se quedaba haciendo mas cosas.
Se despidió de algunos trabajadores mientras se dirigía al ascensor.
Cuando llego abajo nada más cruzar la puerta se cruzó con la mirada de Georg, que estaba apoyado en su BMW.
Se dirigió hacia él y se paró delante.
—¿Qué haces aquí?— Le preguntó Gustav.
—Recordé que hoy venia tu padre. Siento lo de esta mañana.— Se disculpo.— Vamos, te invito a tomar algo.— Se ofreció amablemente.
—¿Hace cuanto llevas esperándome?— Ya estaban dentro del coche emprendiendo camino.
—Una hora o así. No me cogías el móvil.— Georg miraba a la carretera continuamente. Desde el accidente de sus amigos es mucho más precavido.
—¿Qué has hecho durante tanto rato?— Gustav esperaba que no hubiera recordado nada.
—Ver a gente pasar, firmar algún autógrafo y ver como un tonto paparazzi me fotografiaba pensando que no lo veía.— Rió.— Nada del otro mundo vamos…
—Ah…— Dijo con desgana.
Georg detuvo el coche frente a la heladería donde les gustaba.
Entraron en ella y fueron a la cristalera de los helados para elegir que tomarían.
—¿Qué desean tomar?— Preguntó uno de los chicos que atendían.
—Yo uno de nata con trocitos de Kiwi.— Pidió Gustav.
—Mmm… Pues yo… Nata con fresas y naranja.— Decidió Georg.
El chico preparo lo que pidieron y Georg que fue quien tubo la idea pagó.
Cuando tuvieron su pedido se dirigieron a una mesa del final del local para poder tener un poco más de privacidad.
—Bueno… ¿Cómo a estado la mañana con tu padre?— Saco tema Georg, ya que su acompañante no lo hacia.
—Todo lo que hago le parece insuficiente o mal, como siempre.— Dijo con fastidio. Se levantó de la silla dejando a Georg asustado por si se iba, pero solo se levanto para quitarse la chaqueta del traje, enseguida se volvió a sentar mientras remangaba las mangas de la camisa blanca hasta algo más arriba de sus codos. Odiaba los trajes, pero su trabajo le exigía una mínima imagen y más siendo el jefe.
—Nunca tuviste una buena relación con él… Nunca te apoyo Gus. No entiendo porque te sigue afectando tanto.— Se sincero.
—Mi padre desde que vio que realmente me interesaba la música y quería dedicarme a ello, y que todos íbamos en serio empezó a tratarme mal, con desprecio y odio. Yo no era el hijo que el tenia como prototipo perfecto que quería que siguiera sus pasos empresariales.— Se puso triste.
—Porque tu padre odia que seas más que él, que llames la atención y que no quieras ser como él.— Dijo con obviedad y molestia su amigo.
—Si, pero ahora que estoy haciendo lo que él quería para mi futuro podría tener algo más de consideración, esto no ha sido fácil para mi, de hacer lo que más me gustaba en el mundo a hacer lo que más odio.— Suspiró con cansancio.
—Puedes contar conmigo para lo que quieras, te ayudaré.— Sonrió dulcemente Georg.— ¿Quieres hacer algo especial esta tarde?
—Pienso estar toda la tarde tumbado en el sofá viendo películas y comiendo palomitas.— Dijo Gustav despechado.
—No es mala idea, me apunto. Aparte te he comprado algo que se que seguro que te gustará.— Sonrió dejando a Gustav intrigado.
—¿Qué cosa?— No se resistió a preguntar.
—¿Recuerdas que cuando teníamos el grupo no podíamos ir al cine a menudo? Pues he comprado la saga que tanto querías ver, en alemán.— Gustav se emocionó.
—¡¿Piratas del caribe?!— El siempre quiso verlas pero cada vez que iba a hacerlo surgía algo. Las vio en mala calidad por Internet.
—Ajá. ¿Te gusta?— Quiso asegurarse.
—¡Como no me va a gustar! ¡Me encanta! Me conoces muy bien.— Rió Gustav.
—Te conozco desde pequeños.— Gustav asintió.— Te conozco… muy a fondo.— Gustav se quedó algo incomodo con esa ultima afirmación. ¿Lo había recordado? Ahora estaba muy nervioso y no sabia como actuar y que decir.
—Georg, ¿ese no es Bill y tu amiga esa con la que esta saliendo?—Cambió de tema al verlo aparecer cuando desvió la mirada por los nervios.
—Pues si. ¿A que hacen buena pareja? ¿No crees?— Le cuestiono a su amigo.
—Lo veo raro, hace años que no veo a Bill con una novia. Déjame acostumbrarme primero.— Mientras Georg seguía observando a la pareja, el miraba a Georg recordando lo de anoche estremeciéndose.— Porque no nos vamos, estoy cansado.— Y adolorido, pensó.
—Esta bien. Vámonos entonces.— Se levantaron de la mesa y se dirigieron a la salida. Prefirieron no saludar a su amigo Bill y molestarlo, simplemente se miraron como signo de saludo.
—Es muy guapa la chica.— Admitió Gustav al salir a la calle.
—Hice un buen trabajo como cupido.— Se halagó el mismo
y ambos se fueron a casa tranquilamente y en silencio un tanto incomodo.
Bill al despedirse de Natalie y Giorgio, le envío un mensaje a Ainara para quedar en verse ahora. El mensaje decía así:
Pequeña, acabo de salir ahora, prepárate que paso a recogerte ya. Hasta ahora. Te quiero. Bill.
Cogió su coche y se dirigió hacia la calle donde vivía su novia. Llegó en unos diez minutos y enseguida bajo Ainara arreglada y lista para irse con su chico.
—Hola.— Saludó al entrar al coche. Bill le dió un corto beso.— ¿Dónde vamos?
—A tomar un helado. No he comido y me apetece algo dulce y buena compañía.— Ainara se sonrojó.
Bill condujo hasta la heladería. Al entrar de lejos vio a Georg y Gustav que hablaban animadamente mientras tomaban un helado juntos.
Entraron y fueron a elegir lo que tomarían ellos, sus famosos y característicos helados con cualquier fruta que pidas.
Cuando le entregaron su pedido fueron a una de las mesas para tomarse su dulce mientras conversaban animadamente.
—Y bueno… ¿Has visto los DVD’s de Tokio Hotel que te compre?— Preguntó Bill a Ainara mientras comía de su helado.
—Pues estoy en ello…— Dijo Ainara mientras que con su cucharilla cogía un poquito de helado de la tarrina.
—¿Qué te parecen?— Preguntó de nuevo Bill.
—Bien… el primero que vi fue el de Schrei y bueno… se notaba que estabais empezando y que aún no estabais hechos al escenario, pero en Zimmer 483 live in Europe ya se os veía más sueltos en el escenario.— Explicó Ainara a Bill.
—Bueno es que ahí ya habían pasado dos años y teníamos más experiencia.— Dijo Bill a Ainara explicándole.
—Ya…supongo.— Contestó.
—Y buenos los CD‘s, ¿Qué tal?— Preguntó Bill.
—Buff… los que son en ingles bien, pero los que son en alemán están bien pero no me entero de nada, tengo que estar con las letras de las canciones en Internet traducidas para saber lo que cantas.— Rió Ainara contagiando a Bill.— Me resulta gracioso escucharos hablar en alemán.— Rió.
—Hablamos muy rápido, ¿verdad?— Ainara asintió.
Poco después vio a Georg y Gustav marchándose, de todos modos ellos se quedaron aun hablando por un rato.
Bill miro el reloj que llevaba en la muñeca, Tom tenia diez minutos para aparecer. Bill estaba convencido de que vendría, aunque se hiciera el durito con su “dime la hora y tal vez me lo piense”, un “tal vez” el 98% de las veces es una aceptación.
—Ai…— Abrevio aun más su nombre.— Jamás creí que encontraría a una chica como tu. Creo que eres perfecta para mi.— Ainara se sonrojó ante las bonitas palabras de Bill.
—Bill…— Dijo nerviosa.
—Solo digo la verdad.— Rió y su mirada se dirigió hacia la entrada. Tom había llegado.
La sonrisa de Bill se ensancho y miró a su novia aun sonrojada. Le levanto la mirada y le sonrió para luego acercarse y besarla lenta y dulcemente.
Tom vio como Bill besaba a la chica muy dulcemente, como cualquiera haría con su pareja, demostrándole lo que siente en tan solo un beso.
Al ver el beso sintió envidia, pero luego se saco esa idea de la cabeza, a él le gustaban las chicas, Bill para el a sido una distracción por la primera imagen confusa que tubo al verlo, con esa fina figura delicada.
Luego por su mente llego el enfado, Bill se la había jugado bien jugada y eso le enfurecía.
—¿Qué te parece si vamos a dar un paseo?— Le sugirió Bill al romper el beso.
—Me parece bien.— Aceptó sonriendo y levantándose de la mesa.
Tom seguía parado en la entrada viendo como Bill se acercaba sonriente por haber ganado este asalto, en cambio Tom lo fulminaba con la mirada a cada paso que daba. Bill quería jugar, Tom iba a jugar entonces.
—Hola Tom, que casualidad verte por aquí.— Dijo Bill irónicamente.— Cielo espérame en el coche, tengo que hablar un segundo con él.— Ainara asintió y cogió las lleves del coche de Bill. Antes de irse el chico la beso frente a Tom, luego la dejo marcharse.— Llegas tarde novato.— Se burlo.
—¿Qué te traes entre manos?— Dijo enfadado.
—Con Bill Kaulitz no se juega Tom, recuérdalo.— Bill dio unos pasos dándole la espalda, pero Tom lo paro.
—¿Pero tu si puedes jugar conmigo? Yo creo que no. ¿Quieres jugar? Pues juguemos gatito.— Tom le dio un toquecito en la nariz y luego rozó el labio inferior del modelo.— Tenias saliva de guarra.— Se refirió a Ainara, pero era mentira lo de la saliva.
—Perderás.— Le advirtió y se marchó dedicándole una mirada de reto.
Justo al salir el teléfono de Bill empezó a sonar. Lo cogió y vio que era Andreas, suspiró y acepto la llamada mientras entraba en el coche donde ya estaba Ainara esperándole.
—¿Qué quieres Andreas?— Contestó con desgana.
—¿Dónde estas? Necesito que hablemos.— Dijo secamente, tanto que hasta daba miedo. Bill prendió el motor y emprendió camino.
—Estoy con mi novia. ¿Qué es tan urgente para que tengas ese humor?— Cuestionó.
—Lo suficiente como tal vez romperte las piernas.— Contestó enfadado.
—Pues te esperas, ahora iré, tengo que dejarla en su casa entonces.— Bill colgó la llama con mal humor.
—Tienes que irte ¿no?— El tono de Ainara era de decepción.
—Si, lo siento. Te aseguro que lo ultimo que quiero es irme a casa a escuchar a mi amigo, realmente me apetecía estar contigo…— Bill la miró unos segundos antes de volver a estar pendiente de la carretera.
—No importa, tendré que acostumbrarme.— Sonrió amargadamente. Enseguida llegaron y Bill detuvo el coche pero no apago el motor.
—Una vez más lo siento, prometo que te recompensare.— Bill se inclino sobre ella, le tomo del cuello y le besó.— Te quiero.— Le susurró, pero no era cierto, a Bill le gustaba, pero no la quería.
—Y yo…— Ainara salió del coche y fue hacia la entrada de su edificio.
Salió con velocidad, pero precaución y se encamino hacia su casa pensando en que querría ahora el pesado de Andreas. Creyó que la estancia y la convivencia con su amigo seria agradable y divertido, pero hasta ahora eso no sucedió, todo lo contrario, estaba agobiado.
Cuando llegó estacionó el coche y se bajo para encaminarse a la entrada donde saludo como siempre al portero, luego pico al botón del ascensor y esperó a que las puertas se abrieran.
Dentro del elevador recordó la noche anterior donde Tom le ayudo a tranquilizarse, por el ataque de ansiedad que le dio.
Mientras seguía subiendo empezó a buscar las llaves del apartamento para ahorrar tiempo después.
Al llegar se cruzó con Chantelle, su vecina de al lado, chica que se follo a Tom y su supuesta cuñada.
—Hola vecino.— Saludó mirándole provocativamente. Bill la había rechazado innumerables veces desde que vivía ahí.
—Hola Chantelle.— Introdujo las lleves en la cerradura mientras ella por otro lado entraba en el ascensor.
Bill abre la puerta y tira las lleves en el mueble de la entrada junto con su bolso. Andreas estaba en el sofá y al entrar su amigo, si se le podía llamar así, se levanto.
—¿Qué querías Andreas? Estaba con mi novia.— Le echó en cara molesto.
—¿Qué novia? ¿A la que le pones los cuernos con un tío?— Le plantó la nota de Tom en las narices a Bill.
—¿Qué cojo…?— Andreas le cortó.
—La encontré sobre tu cama cuando fui a buscarte.—Le explico.—¿Es cierto? ¿Te gustan los chicos? ¿Follasteis? ¡Joder Bill, habla!— Gritó con desesperación Andreas.
—¿Qué? ¡No! Por supuesto que no. Es solo un amigo.— Dijo Bill.
—Yo también soy tu amigo y no me metes la lengua hasta la garganta.— Andreas suspiró.— Me da igual si te gustan los tíos, las tías o los dos. ¿Sabes porque?— Bill negó.— Porque soy gay.
—Estás de coña, ¿no?— Preguntó Bill con incredulidad.
—No, te estoy hablando muy seriamente.— Dijo Andreas mirándolo a los ojos.
—Pe-pero… ¿Por qué diablos no me lo dijiste antes?— Preguntó Bill confundido.
—Porque estaba buscando el momento idóneo para decírtelo. Bill, esto no lo sabe nadie, solo mi familia. Así que me gustaría que fueras cauteloso con este asunto.— Pidió Andreas esperando compresión a su amigo.
—Lo siento Andreas, pero esto es tan confuso para mi, no sé como asimilarlo.— Confesó Bill con confusión.
—No tienes que hacer nada.— Dijo Andreas.— Solo tratarme como siempre, como tu mejor amigo.
—Pero…— Intentó hablar Bill otra vez.
—Bueno volvamos a lo que te iba a decir.— Cambio de tema Andreas volviendo al motivo principal de la llamada a su amigo.—¿Qué se supone que has estado haciendo con ese tal Tom?— Preguntó interrogando a su amigo.— O mejor dicho con el fantasma viviente de tu hermano. Dime la verdad no te juzgare.
—Solo fue un beso, nada, a mi no me gustan los hombres, no tuvimos nada más, fue una sorpresa, un error ¿vale?.—Dijo de carrerilla Bill.
—Esta bien Bill, no te pongas así no pasa nada.— Le calmó Andreas.
—¡Entonces porque tanto escándalo!—Gritó.
—Porque me molesta que no me cuentes las cosas, simplemente. Ahora piensa en lo que quieres, te vas a sentir confuso.— Le dijo Andreas.
—No voy a estar confuso, se que me gustan las mujeres.— Aseguró Bill, pero no lo sabia realmente, primero fue su hermano, con eso ya se le podía considerar un poco homosexual, y ahora el beso de Tom que también le gusto…
—Claro. Cualquier cosa puedes decirme te escucharé. Y no me trates raro ahora que sabes la verdad, soy el mismo Andreas de siempre, solo que ya no le gustan los chochitos.— Dijo con humor para destensar el ambiente.
—Ya… ¿Te apetece tomar una pizza mientras que vemos la tele?— Preguntó Bill a Andreas.
—Bueno… por mi no hay problema.— Aceptó Andreas.
Bill llamó a la pizzería para encargar dos pizzas medianas, y al cabo de media hora ya se encontraba el repartidor con ambas pizzas, en la puerta del apartamento de Bill. Este pago las pizzas, y pasó con ellas al salón para luego posarlas encima de una mesita, a continuación fue a la cocina para coger dos latas de redbull, luego le dio uno a su amigo, y comenzaron a comer cada uno, una porción de pizza mientras miraban programas de realities en la televisión, ya que no echaban ningún programa que valiera la pena, aunque este era muy gracioso.
Continúa…