Fic de Carla Moonlight. Temporada 2
Amnesia. Capítulo 13
Andreas intentó hacer oídos sordos hasta que por fin se detuvieron, pero no porque hubieran terminado, si no porque una música en el cuarto de Bill los hizo detenerle.
Por una vez una llamada al móvil era bien recibida en un momento como este.
Bill al escuchar su teléfono móvil miró Ainara pidiéndole disculpas, lo cogió de la mesita de noche y miró quien era, si era Tom lo mataba.
—Mamá.— Dijo saliendo del interior de Ainara y tumbándose a su lado con pesadez, dejándola un tanto descolocada. Ella se acomodó las sabanas sobre su pecho y se apoyó en su codo mirando a Bill, que observaba el techo.
—Hijo, hemos visto la tele. ¿Es cierto que tienes novia?— Le preguntó Simone con ilusión en la voz.
—Si mamá, es cierto…— Ya se le había bajado la erección, así que retiró el preservativo.
—¿He interrumpido algo?¿Estabas durmiendo? Lo siento hijo no me fije en el cambio de horario.— Se disculpó.
—No, no te preocupes no hacia nada interesante.— Por una parte tenia razón. Ainara no entendía lo que decía Bill, simplemente le observaba.
—Hijo no sabes cuanto me alegro que por fin tengas novia, es una chica muy bonita.— Le dijo.
—Si, lo es.— Dijo simplemente.
—Espero que seas bueno con ella y la conserves, no seas como tu hermano.— Esas palabras a Bill no le sentaron muy bien.
—Mamá.— Le llamó la atención.
—Lo sé, tu no eres como Tom, cariño.— Simone hablaba de Tom como si no pasase nada pero en el fondo cada noche aun lo lloraba, solo fingía para no derrumbar mas a su hijo menor.
—No es eso mamá, sabes que no me gusta hablar de él… En fin. ¿Cómo esta Gordon?— Cambió de tema. Ya que estaban hablando aprovecharía la llamada.
—Bien, nuestra vida es como siempre cielo, trabajar y trabajar. Cariño… ¿Cuándo nos harás una visita? hace mucho tiempo que no te vemos. Extraño a mi hijo… — Se sentía tan sola, uno la había abandonado por cosas de la vida, y ahora su hijo menor apenas los visitaba.
—Yo también te echo de menos…— Bill cerró los ojos intentando no llorar.
—Mi pequeño… Quiero que seas feliz ¿vale? Todo lo que hagas, las decisiones que tomes yo te apoyare mi pequeñín.— Sentía fija la mirada de Ainara, así que decidió darse la vuelta para tener algo más de intimidad.
—La visita de Andreas me a hecho bien… pero eso no hace que me olvide de mi hermano mamá… lo tengo presente en cada minuto de mi vida…— Una lágrima cayó muriendo en la almohada. Ainara sabia que lloraba y paso una mano por su brazo reconfortándole, aunque no sabia de que estaban hablando.
—Siempre estará presente, mi amor… Sé que tu lo pasas mal por ese chico que dices que se parece a él.— Bill le contó a su madre hace algunos días.
—Mamá… Tu siempre has tenido esa misma conexión que yo con Tom… ¿Qué sientes?—Esperaba que le dijera que ella sentía que no estaba muerto, como lo hacia él.
—Bill… yo… Tengo que dejarte, lo siento hijo.— Se puso nerviosa.
—Dime mamá.— Pidió Bill con una necesidad de conocer la respuesta.
—Ven pronto cariño. Hablamos mañana. Te amo bebé.— Simone colgó la llamada.
Bill volvió a dejar el teléfono sobre la mesita de noche, se secó las lagrimas y se volvió a mirar a su novia.
—Lo siento mucho Ainara.— Se disculpó Bill a su novia.— Siento que nos hayan cortado el rollo, ponerme así y que se me haya bajado.
—No importa Bill.— Le beso ella en los labios.— Durmamos.— Se recostó sobre su pecho y Bill la abrazó.
Ainara empezaba a dormirse lentamente por las caricias que le daba Bill en su hombro descubierto, por lo contrario de él, no podía dormirse.
Como cada noche le daba vueltas a lo sucedido durante el día. Desde que conoció al fantasma de su hermano y Andreas fue a vivir con él su vida era un caos, se había desmoronado todo, no para quieto en todo el día.
Tras hacer su repaso diario de los hechos sucedidos, empezó a pensar en su hermano, en revivir recuerdos del pasado, sintiendo de nuevo lo que sentía cada día, su hermano no estaba muerto. Su alma no estaba del todo rota, él estaba en algún lugar del mundo, tal vez más cerca de lo que el creía, pero no conseguía averiguar el porque de esa sensación, el porque no averiguó en el hospital al que lo trasladaron cuando tuvieron el accidente. Necesitaba respuestas a todas las preguntas que sacudían su cansada mente, y con esos pensamiento, Bill, finalmente quedó dormido.
Ese mismo día Gustav y Georg se mantuvieron algo distantes el uno del otro. Gustav adelantaba trabajo revisando informes, preparando presentaciones y hablando por teléfono continuamente. Georg a todo esto estaba en su cuarto también adelantando la tarea para cuando vuelva a la escuela.
Por la tarde el padre de Gustav hizo presencia en el apartamento de los chicos, cosa que no le agrado nada a su hijo, porque como siempre solo le hablaba de trabajo y le hacia sentirse poca cosa por sus criticas. Cuando se marcho sintió un gran alivio.
Tras eso se fue a dormir sin cenar ni decirle nada a Georg.
Andreas después de la llamada que interrumpió la sesión de sexo de su amigo no volvió a escuchar ningún jadeo, ni gemido más, eso le gustó, ya podía dormir tranquilamente mientras en su mente visualizaba como se llevaría a cabo su plan, con el final que él siempre había planeado.
La mañana siguiente Gustav se levantó pronto y se vistió para la ocasión, deportivo, se iría a correr para despejarse de lo sucedido ayer y del estrés, luego iría al gimnasio.
Antes de salir de casa se preparó un desayuno bastante nutritivo y con todo lo esencial que tiene que tener un buen desayuno equilibrado.
A mitad de su desayuno apareció Georg por la puerta de la cocina y le robó un trozo de naranja llevándoselo a la boca.
—Buenos días…— Bostezó estirando los músculos de su tronco.
—Bueno días.— Contestó Gustav distante.
—¿A donde vas todo tan preparado?— Preguntó Georg al ver a Gustav vestido con un chándal y con sus tenis.
—Voy hacer un poco de deporte y después al gimnasio.— Informó Gustav sin ningún rodeo.
—Si me esperas unos minutos, yo voy contigo.— Sugirió Georg.
—No, no hace falta tu ya estás muy trabajado no te hace falta más deporte.— Se excusó Gustav, ya que quería estar solo y no estar acompañado por el causante de unos de sus quebraderos de cabeza.
—Me tomaré eso como un cumplido.— Rió, pero Gustav lo fulmino con la mirada.
A los pocos minutos, el menor se fue de la cocina, para luego salir por la puerta del apartamento e irse a correr un poco al parque cercano que había por donde vivían, y después irse al gimnasio a hacer un poco de pesas y otras cosas.
Con su Ipod puesto escuchando música de sus grupos y estilo favorito fue caminando hacia aquel parque donde solían ir a hacer ejercicio muchas personas, mientras que otros paseaban, conversaban o daban de comer a los patos del lago.
Al llegar se paró en un banco que había vacío, se acomodo los auriculares y aseguro si Ipod para que no se cayera mientras corría. Abrochó correctamente los cordones de sus deportivas y se puso a hacer estiramientos antes de empezar a dar vueltas al parque, y así evitar tener alguna contractura muscular.
Tras terminar algunos ejercicios de estiramientos, que eran prácticamente iguales a los que hacia antes de los conciertos, empezó a correr con un trote pausado y continuo.
Sumido en la música, concentrado en la respiración y controlando los latidos de su corazón su mente iba divagando en que era lo que tenia que hacer, en las decisiones que debía de tomar y en lo que estaba bien o mal según la educación moral que sus padres le habían inculcado.
Pero él no tenia la misma ideología de la vida, tan anticuada como la de su familia. Si no se sentía a gusto, ¿Por qué debería de enamorarse de una persona que no quiere? ¿Él no es libre de elegir a quien amar y como amarla? Siempre lucho por sus sueños, y se hicieron realidad. ¿Por qué esta vez tendría que ser diferente? Él no era el títere de su padre.
Ya había tomado una decisión.
Viviría su propia vida, tomaría sus decisiones e ignoraría y enfrentaría a su familia por lo que el creía que estaba bien.
Con tan solo esos pensamientos había dado varias vueltas sin cesar, ni tan solo se sentía cansado, así que siguió dando unas vueltas más sonriendo en cual seria su siguiente paso, en las nuevas decisiones que tendría que emprender para que su vida sea como el quiere, no como su progenitor deseaba.
El primer paso seria enfrentar a su padre, decirle las cosas claras a la cara. Tenia que empezar a ser y sentirse como un hombre después de todos los acontecimientos pasados.
Paró de correr y se encaminó a una fuente para tomar algo de agua y luego ir hacia el gimnasio donde seguiría con su mañana de ejercicio físico.
Su entrenador le mando hacer varios ejercicios completos en diferentes maquinas bastante tiempo, para que los cambios fueran más notorios en su cuerpo en una frecuencia de tiempo menor, que es lo que el quería, lo que le pidió más bien.
La mañana pasó rápida para Gustav, tras acabar sus ejercicios se fue a los vestuarios, se dio una ducha y de su taquilla sacó una muda de ropa limpia que guardaba para ocasiones como esta. Se vistió y se marchó del gimnasio despidiéndose de su entrenador y la secretaria de recepción.
Caminó hasta la empresa de su padre, donde dio por supuesto que se encontraría. Subió hasta la planta donde se encontraba su oficina.
—Buenas tardes Melinda. ¿Esta mi padre?— La recepcionista miró a Gustav sorprendida ya que no estaba acostumbrada a verlo sin sus trajes de trabajo.
—Buenas tardes Señor. Se encuentra en su despacho.— Gustav le agradeció y camino hacia su despacho. Pico a la puerta del despacho y sin el consentimiento de su padre entro.
—Gustav, ¿Cómo tu por aquí? Creí haberte dado unos días libres durante mi estancia.— Le dio una vista a su hijo observando como no iba con traje.— Odio esa vestimenta Gustav.
—Lo sé, pero es mi estilo y como has dicho no estoy trabajando.— Le dijo.— He venido para decirte, que si lo único que sabes es cuestionar mi trabajo en esta empresa, será mejor que no vengas, o que te ocupes tu personalmente. Hago el trabajo bien, ningún inversor se a quejado, por lo contrario, en cambio tu no haces más que cuestionar y criticar el esfuerzo que estoy haciendo. Por fin he cumplido tu puto sueño de que tu único hijo trabaje en tus empresas, así que podrías ser un poco más considerado conmigo.— Exploto Gustav soltando todo lo que pensaba.
—Gustav, no me hables así.— Le pidió su padre en tono calmado.
—Aun no he acabado, padre.— Le miró.— ¿Recuerdas aquella chica de la que tenias mucho interés en que conociera y me llevara bien? ¿Con la que querías que me casara hace unos años? No lo voy hacer, tu no planificas mi vida. No estamos en el siglo de la edad de piedra para que seas tu quien decida con quien me tengo que casar. Si quieres que trabaje para ti, encantado, pero no pienso casarme por tu conveniencia y más con una mujer que ni tan solo conozco.— Cogió aire.— Ya he dicho todo lo que tenia que decir.— Su padre le miraba con una sonrisa en el rostro asintiendo levemente.
—Por fin hijo.— Gustav se quedo sorprendido frunciendo el ceño.— Ya era hora que te atrevieras a plantarme cara y ponerle huevos al asunto. Por fin eres un hombre hecho y derecho.— Abrazó a su hijo, dejando a Gustav atónito.
—¿Qué? ¿Es una broma?— Dijo correspondiendo al abrazo de su padre con mucho desconcierto.
—No, no lo es. Se que he sido muy duro y calculador contigo pero era para que reaccionaras, con todo eso de la música ibas perdido.—Se separaron.
—Papá deja la música, te aseguro que si pudiera volver el tiempo atrás seguiría dedicándome a ella en cuerpo y alma, también hubiera seguido si hubiéramos sido capaces de remplazar a Tom, pero eso era imposible.— Le aclaró.
—Esta bien. ¿Qué te parece si te invito a comer?— Se ofreció.
—Ehm no, tengo cosas que hacer, otro día.— Rechazó la invitación.— Tengo que irme ya. Hasta pronto.— Con un abrazo amistoso Gustav se despidió de su padre.
Gustav se marchó a casa con una sonrisa aun más ancha en su rostro, esta contento con las decisiones que había tomado, al menos por ahora.
Llegó a casa y no vio a nadie en el salón.
—¿Georg?— Preguntó al no verlo.
—¡Estoy en el baño!— Gritó.
—Vale.— Se acercó para su cuarto y escucho encenderse el secador de pelo, Georg acababa de darse una ducha.
A los pocos minutos de que Gustav estuviera en su habitación, llamó a la puerta Georg que ya venía completamente vestido, después de salir de la ducha. Se sentó en la cama al lado de él, miró a su amigo y le preguntó que tal le había ido la sesión de deporte.
—¿Qué tal tu sesión de deporte?— Preguntó Georg interesándose por su amigo.
—Bien, he hecho mucho deporte y también he pensado en cosas.— Contestó.
—¿En que cosas?— Volvió a preguntar Georg intrigado.
—En todo, en como enfocar mi vida ahora.— Contestó rápidamente.
—Ah…— Susurró Georg.
—Le he plantado cara a mi padre.— Susurró de repente Gustav.
—¡¿Qué?!— Dio un respingo Georg sorprendido.
—De verdad, le he dicho todo lo que pensaba de sus cutres y anticuadas reglas de lo moral y lo convencional, no sabes lo a gusto que me he quedado. Lo mejor de todo es que me a felicitado y abrazado por plantarle cara. Eso era lo que quería.— Dijo alegre por la decisión que tomo de plantarle cara.
—Vamos, que a sido un día muy productivo y bueno para ti.— Le dijo su amigo.
—Pues si la verdad, me siento bien conmigo mismo.— En su rostro mostraba clara alegría y orgullo por todo.— ¿Y tu mañana como ha ido?
—Pues… sinceramente he estado todo espatarrado en el sofá viendo la televisión, con el portátil, escuchando música y hablando por teléfono, hasta que decidí en darme una ducha. Creo que ya era hora, ya olía a gorrino desde el año pasado.—Bromeó Georg.
—Si, eres como los gatos, no te gusta mucho el agua.— Rió Gustav.— Por cierto ¿con quien has hablado por teléfono?— Pregunto.
—Justo esperaba esa pregunta. Me a cogido el teléfono tu hermana, se ve que en la ausencia de tu padre están en mi casa con mis padres. Me ha dicho que te echa de menos, que quiere hablar contigo y que haber si nos la traemos una temporada con nosotros, así mejora su ingles. Por cierto eso me suena a escusa.— Cogió aire y prosiguió.— También me a dicho, joder me ha dicho tantas cosas que no me acuerdo…— Se golpeó la cabeza.— ¡Ah, si! Que te de un abrazo de oso y un beso.— Georg abrió sus brazos para darle ese abrazo de oso a su compañero de piso, pero Gustav lo detuvo.
—Quieto ahí. Pareces un pulpo.— Georg hizo un puchero, después de un día y medio distantes, ahora parecían estar bien.
—Eres un mal amigo y hermano.—Imitó un sollozo Georg.— ¿Cómo se sentirá cuando sepa que su hermano no la a querido abrazar?
—Bah, somos hermanos lo entenderá.— Sonrió Gustav.—¿Sabes? Aparte de plantarle cara a mi padre y eso estuve pensando en más cosas.
—¿Qué cosas, pensador?— Preguntó.
— Pues… en lo que paso con nosotros…— Susurró con la cabeza gacha y Georg se alejó con un poco de miedo.— Y en lo que me sugeriste… Tal vez… podíamos intentarlo e irnos conociendo más como pareja…
—¿Enserio?— Preguntó Georg desconcertado.
—Lo he estado reflexionado hoy mientras estaba corriendo.— Explicó.— Y bueno ¿por qué no probarlo?, al fin y al cabo nos conocemos desde siempre.
— Cuando piensas, piensas bien.— Le dijo Georg acercándose a él.
—¿Estas insinuando que no pienso?— Sonrió al tener a Georg encima de él.— Perdona que te diga pero yo soy el cerebro de todo.— Le reprochó Gustav mientras le daba un tímido beso en los labios castamente.
—Bueno si así me gano más besos, si, eres el cerebro de todo.— Dijo con tono interesado.
—Quiero ir lento, ¿vale?— Georg asintió levemente.
—Yo también lo prefiero.— Dijo.
Apartamento Bill
Al despertarse cuando la alarma de su móvil sonó, se levantó y dejó durmiendo un poco más a Ainara.
Se fue al baño y se dio una ducha rápida antes de irse a la agencia y empezar con el trabajo.
Preparó una cafetera de café y ese fue su desayuno, luego en la agencia tomaría algo más.
—Ainara ves despertándote, tengo que irme ya.— Le susurró a la chica.
—Ya voy.— Fue entre abriendo los ojos. Bill tomó de uno de los cajones de su escritorio una funda con unas gafas dentro, las sacó y la funda la metió en su bolso, las gafas se las colocó, ya que iba sin maquillar. Cogió también una gorra, después de lo de anoche quiere ir algo tapado.
Salió al salón y llamó al conserje para que le informara si algún medio de comunicación estaba en la puerta del edificio, la respuesta fue un rotundo si, había unos cinco medios.
Ainara empezó a vestirse mientras que Bill iba a un lado al otro de la casa, con los nervios a flor de piel, no quería que los fotografiaran más, esto se estaba saliendo de sus manos, nunca podría tener una vida mínimamente normal y formar una familia.
—Iremos en coche, fuera hay fotógrafos.— Dijo tajantemente Bill volviendo a entrar en la habitación. Ainara terminaba de ponerse sus zapatos.
Al terminar salieron del apartamento, Andreas seguía durmiendo como un tronco, así que ni se molestaron en decirle que se iban.
Subieron al ascensor y Bill introdujo la llave en una ranura que había a continuación de los botones de cada planta, así al parking solo podían acceder los que tenían la llave.
Caminaron por el silencioso parking hasta llegar a su Audi A4.
—Bill, te sucede algo, estas muy serio hoy.— Le preguntó Ainara.
—No me pasa nada cielo, solo que ya me había acostumbrado a la privacidad.— Le contestó encaminándose a la salida.
Al llegar a la salida no había nadie, hasta que escucharon el motor del coche y reconocieron el modelo era el automóvil de Bill Kaulitz, fue cuando todos los reporteros y fotógrafos buscaban una declaración o foto en primicia.
—Te dejare a unas calles de tu casa, te camuflas entre la gente y pasas desapercibida.— Le indico Bill.
El ambiente era muy incomodo, nadie dijo nada más hasta llegar a unas calles del apartamento de Ainara, donde Bill detuvo el coche poniendo los intermitentes.
—Si en algún momento te preguntan cualquier cosa que tu no quieras responder, no lo hagas. Cúbrete la cara si te sientes acosada, pero nunca golpees a los fotógrafos.— Le aconsejo Bill.
—Vale…— Susurró.
—De verdad que siento que tengas que pasar por todo esto…— Bill junto sus frentes en un modo cariñoso.—Será mejor que te vayas ya antes de que aparezcan de nuevo los fotógrafos.
Bill vio como lentamente Ainara se iba alejando aunque de vez en cuando se giraba un poco inquieta por si había algún fotógrafo que pudiera robarle lo poco que le quedaba de privacidad.
Entre la muchedumbre Ainara desapareció, Bill arrancó el coche para dirigirse hacia su trabajo.
Apenas había adelantado con el coche, cuando otro se le puso por detrás acercándose demasiado a su parte trasera del coche, para luego observar que uno de los tipos que se encontraba dentro, sacaba medio cuerpo por la ventanilla, con una cámara fotográfica de profesional para sacar mejor la foto, para luego tener una primicia.
Bill aceleró el coche derrapando varias veces, pero manteniendo el control de automóvil en todo momento.
Una vez se adentro dentro del edificio de la agencia de modelos no tubo que esconderse o intentar huir.
Estacionó en una de las plazas libres que vio que estaba situada más cerda del elevador y allí aparco su coche.
Salió de el, y se dirigió con paso apurado hacia el ascensor que estaba a punto de cerrarse la puerta, puso una mano para evitar que se cerrará y entró. Cuando consiguió coger un poco el aire levantó la cabeza encontrándose con la persona que menos quería ver, con Tom…
—¿Te persiguen?— Le preguntó a Bill que estaba agitado cogiendo aire.
—No, que va.— Dijo Bill en plan irónico.
—Entonces es que sí.—Afirmo Tom rotundamente.— He visto en Internet unas fotos tuyas con tu novia.
—Ya.— Dijo tajantemente, no quería hablar con Tom, ni tenerlo muy cerca, no porque no quisiera, si no porque uno, era parte del plan de conquista y dos porque ahora mismo estaba agobiado.
La puerta del ascensor se abrió y Bill salió con rapidez, Tom lo seguía cercanamente.
Continúa…