Fic de Carla Moonlight. Temporada 2

Amnesia. Capítulo 14

Ambos se dirigieron a la misma sala donde un día atrás estuvieron probándose la ropa, cuando entraron Natalie ya estaba allí preparada con sus utensilios de maquillaje.
—¡Natalie!— Saludó alegremente Bill.
—Pequeñajo ya estabas tardando. ¿Una noche movida?— Pregunto Nat dejando a Bill sorprendido.— Eres noticia en todos lados.— Natalie le dio una revista a Bill el cual miró la portada y vio una foto de Ainara entrando a el edificio de él.
—Ya esta en las revistas de cotilleo. Las marujas no duermen…— Se dejo caer abatido en uno de los sofás de cuero blanco.
—No has contestado a mi pregunta.— Tom era ignorado por los dos, y eso no le gustaba mucho, pero con ellos lo prefería, así podía enterarse de cosas.
—Pues si. A sido una noche muuuuy ajetreada.— Dijo para poner celoso a Tom.
—Que lanzado Billy, pensé que eras de ir mas lento.— Bill ojeaba la revista mientras escuchaba a su amiga.
—Bueno, hay ciertas circunstancias que no se pueden controlar. Cuando te entra un calentón hay que enfriarlo.— Ese tono de voz y respuesta le sonó inconfundiblemente a como si el que hablaba fuera su hermano y no él.
—Te pareces a tu hermano hablando así.— Le dijo Natalie no muy contenta por ese hecho.
—Ya, supongo que porque somos hermanos ¿no?— La conversación se interrumpió cuando entro Giorgio para darle indicaciones.
—Pongámonos manos a la obra.— Natalie y Bill se levantaron del sofá, Tom ni se movió de donde estaba, apoyado en el tocador.— Bill, necesitamos algo nuevo en tu imagen, queremos impactar al mundo con tu nueva aparición, necesitamos un cambio de look. ¿No te importa verdad?— Bill llevaba un año, desde que su hermano murió sin tocarse el pelo, no tenia ganas, ni ánimos.
—Mmm no lo sé.— Dijo.
—Perfecto. Mira.— En la carpeta que llevaba sacó unas hojas con algunos bocetos.— Pensando en tu estilo, informándome de tus otros peinados, se me ocurrió algo a tu estilo, llamativo pero que encaja a la perfección con tu persona. Rastas bicolores o cresta mohicana.
—Yo… preferiría quedarme como estoy.— El hombre mayor negó insistentemente.
—Bill, creo que cambiar tu imagen seria bueno.— Intentó convencerle Natalie.
—Esta bien, solo porque ella me lo dice.— Dio su aprobación sin mucho entusiasmo.
—¿Con que te sentirías mas cómodo?— Preguntó.
—Las rastas no serian permanentes, podrías quitártelas cuando quisieras, no son de las de silicona, por lo que tu cabello no se dañaría Billy.— Le comentó Natalie para que estuviera mas tranquilo.
—Te quedaría sexys.— Comentó Tom.
—Gracias por tu opinión, pero no me hace falta.— Le contestó Bill.
—Vaya, no hay buen ambiente entre compañeros, será interesante ver vuestros dotes como actores en la pantalla.— Giorgio rió.— Dicho eso, me retiro, para tu cambio de look. Ahora vendrán unos cámaras para empezar a grabar.
—¿Empezar a grabar?— Se sorprendió Bill.
—¿No te han dado tu guion de escena?— Sospechó.
—A mi nadie me a dado nada.— El hombre se acercó y saco una copia para él.
—Estúdiatelo rápido y saca lo mejor de ti, no me decepciones.— Se retiró.
—Aquí soy yo la estrella, y nadie me dice nada, no lo veo normal.— Abrió el dossier de unas diez paginas, gran parte eran dibujos sobre las escenas, así que no eran tanto.
—Pobrecito, se siente desplazado…— Comentó en tono irónico Tom.— Yo me lo se desde el primer día, y tengo que decirte que es muuuuy interesante.— Bill le miró a los ojos viendo su actitud chulesca.— Mírate las dos ultimas paginas.— Bill le hizo caso y pasó las paginas hasta la pagina ocho y nueve.
Primero miró los dibujos y luego leyó lo que ponía para entenderlo mejor.
— Soy el co-protagonista de este anuncio principito. ¿De verdad nadie te a contado por que me han contratado? No es por ti, es por mi.
—¿Qué dices? Si a ti no te conoce ni tu madre.— La expresión de Tom cambió notablemente, el no recordaba nada de su vida, y aunque Bill no lo supiera eso le había tocado los huevos.
—Mira famosillo egocéntrico…—Dijo con tono enfadado.— Ellos desde hace tiempo querían tener un puto anuncio tuyo y de tu hermano, pero él esta muerto, por eso me han elegido a mi, una copia exacta de él.— Bill abrió los ojos desmesuradamente.
—Eso no es verdad.— Dijo Bill.
—¿Ah no? Entonces ya me dirás que pinto supuestamente viviendo contigo, yendo juntos al trabajo, compartiendo camerino y con Natalie de por medio, en este anuncio.— Tom cogió una manzana de un frutero que había y le dio un bocado muy tranquilo.
—Eso no es cierto Natalie, ¿verdad?— Ella no contesto.— ¡Vamos que es verdad! No me lo puedo creer.
—Siento haber sido yo quien te contaba esto, pero… no me gusta mentir.— Bill fulminaba a Tom con la mirada lo odiaba, ahora más que nunca tenia que lograr su cometido.
—Esto no va a quedar así, te lo aseguro.— Se dirigió con decisión hacia la salida del camerino, iba a exigir que cambiaran todo, que despidieran a Tom y el fuera la única estrella.

Bill salió del camerino hecho una furia, tenía que conseguir que Giorgio despidiera a Tom. Pasó por un largo pasillo hasta llegar al estudio donde se realizarían el anuncio y las fotos.

Buscó entre la gente pero no lo encontró, luego volvió a mirar y se lo encontró entre unos percheros colocando bien los diseños que utilizarían Tom y Bill en el anuncio. Se acercó a el con decisión.
—Hola Bill, ¿qué quieres?— Preguntó Giorgio al percatarse de que Bill estaba allí.
—Vengo a exigirte que quites a Tom del anuncio, y que rescindas el contrato con él.— Contestó Bill sin rodeos.
—Lo siento Bill pero me parece que no va ser posible.— Dijo Giorgio.
—¿Por qué no?— Preguntó Bill.— Yo soy la estrella, no él.
—Las cosas no son así, yo también tengo superiores y así han elegido, yo no puedo hacer nada. Lo siento.— Bill salió de la sala mas malhumorado que antes.
—¡Me las pagaras Tom! Te juro que como la cagues una sola vez lo vas a pasar muy mal novato, acabaré contigo con un solo dedo.— Amenazó entrando al camerino.
—Oh no sabes como estoy temblando.— Contestó el sin temer al amenazante Bill que estaba justo frente a él, sin miedo a que Natalie los viese, no estaba.— Y no precisamente de miedo, si no de lo cachondo que me pones estado de mal humor.
—No estoy de humor para aguantar tus estúpidas palabras y menos para consolarte sexualmente, ya tuve suficiente anoche, me folle a mi novia sin parar, y comprenderás que estoy cansado y enfadado.— Bill se separo de él.
—Esta bien.— Tom sabia que era mejor darle un espació si no podría salir escaldado con la discusión.

Natalie entró al camerino y le preguntó a Bill que había sucedido, el simplemente le dijo que no tenia ganas de hablar.

La sala ya estaba amoldada con algunas cámaras y ya iban a empezar en breves. Natalie mando a Bill a cambiarse de ropa, tenia que ponerse algo sencillo, más bien era un chándal.

No era la primera toma de todo el spot publicitario pero, el orden no importaba, eso podía modificarse fácilmente con un ordenador y el programa adecuado. Así que la primeras tomas sucedían en el camerino, mientras Natalie le colocaba las ratas y maquillaba mientras Bill ojeaba el libro, Tom permanecía en uno de los sofás sin hacer nada, sentado.

Bill en todo momento nunca pensó en las cámaras ni en lo que estaba haciendo, simplemente se dejo hacer, que es lo que decía su papel, a la vez que conversaba o hacia que conversaba animadamente con Natalie.

Rodar esa escena en la que simplemente Bill conversaba con Natalie mientras Tom hacia nada, tardo en rodarse unas tres horas, hasta que quedara perfecta y al gusto del director. Bill acabó agobiado, repetir lo mismo una y otra vez.
—Por ahora hemos terminado. Seguimos después de la comida, a las cinco todos en el salón grande.— Casi en masa todos salieron del camerino.
—¿Comemos en el restaurante de abajo?— Le preguntó Natalie a Bill.
—No, cogeré algo en la cafetería, y comeré aquí.— Natalie vio como se sentía Bill por su voz, así que se retiro dejándolo solo.

Una vez Bill se quedó solo se sentó en los sofás con los codos apoyados sobre sus piernas y su rostro entre las manos.

Se sentía triste a la falta de su hermano, estar acostumbrado a estar frente a las cámaras con el era distintito, siempre reían y sacaban de quicio a los presentes y hacían travesuras.
Ahora era todo tan formal, sin él nada en su vida es igual, lo extrañaba demasiado…

Levanto su vista húmeda del suelo y tomó entre sus manos su teléfono móvil, y se quedó observando una foto que se hicieron la ultima navidad que pasaron junto, la mejor navidad de sus vidas.


Misión cumplida, subir al avión sin ser pillados.
—¿Vamos a California?— Dijo Bill que aun ni se había enterado de a donde iban.
—California es muy grande Bill.
—¡Es igual! ¡Allí hace frío!— Gritó susurrando.
—No querías ir a la playa, pues vamos a la playa.— Tom rió.
—Si, ¡pero a bañarme!— Volvió a gritar entre susurros.
—Nadie dice que no lo hagas…— Estaba sacando a Bill de quicio.— Bill no quería ir a las Maldivas simplemente porque cada año vamos y cada año nos fotografían, nadie sabrá que estamos hay.
—¡Si, pero hay al menos podemos hacer algo! Que vamos hacer aquí, si no podemos salir a la calle.
—Si que podremos. La casa esta en la montaña, pero tiene playa, y al lado hay un pueblo pequeño al que podemos ir.
—Si, lo que tu digas.— No dijo nada mas hasta llegar a tierra firme.

Al coger sus maletas Tom llamó a un taxi y les dió la dirección.
—Vamos Bill no me seas crío, solo serán unas semanas y nos lo pasaremos bien.
—Para ti es fácil decirlo, sales al pueblo te buscas una tía y ya esta.
—Bill estas vacaciones son nuestras, no voy a estar con nadie solo contigo.
—Cada año dices lo mismo, Tom…
—¿Qué tengo que hacer para que me creas?— Le preguntó.
—Simplemente demostrarlo.— Habían llegado, pagaron el taxi y se fue.
—Bueno olvídalo todo, si te quieres ir, pues te vas, yo me quedo.— Tom se acurrucó dentro de su chaquetón y caminó hacia la puerta.
—¡No! ¡Espera!—Se paró y Bill camino hacia él.— No me importa donde pasemos las navidades. Quiero estar con mi hermano.

&

—¿Una sola cama? Bravo, Tom te felicito.— Dijo irónico Bill.
—¡Mira que deje bien claro que éramos dos personas!— Dijo con fastidio aunque no le importaba que hubiera una sola cama.
—Habrán pensado que irías con tu pareja tonto, a la gente hay que especificarle.— Le echó en cara su hermano pequeño.
—Bueno no seria la primera vez que dormimos juntos, de pequeños lo hacíamos siempre.
—De pequeños Tom, ahora tenemos 20 años ya, eh.
—Pero es lo mismo lo único que estamos algo mas… creciditos.— Rieron.
—Bueno eso da igual, enciende la calefacción o algo hace frío…— Bill iba con una chaqueta muy fina, claro el pobre se pensaba que se iban de verdad a las Maldivas.
—¿Que morro tienes por que yo?
—Por que tu me has traído aquí y porque eres el mayor.— Le dio un codazo.
—Está bien enano.— Dijo saliendo de la habitación y dejando a mi hermano solo en ella.

Se dirigió hacia el salón, y se acercó a la chimenea y prendió el fuego y a poner un par de troncos para que así el fuego se mantuviera vivo, y así la casa calentara más pronto.

Después de eso, volvió otra vez a la habitación junto a su hermano y se dispusimos a quitar su ropa de las maletas, y meterla en el armario de madera noble, y con decoración rústica que había en la habitación.

Cuando acabaron de meter toda la ropa, su hermano y el se dirigieron hacia el salón y al poco rato fueron a la cocina para ver que era lo que necesitaban comprar, ya que cuando había hecho Tom la reserva había pedido que me llenaran la nevera.

Entre Bill y él hicimos algo de cenar pero no mucho, no tenían mucho apetito.
—¿Quieres hacer algo o vamos a dormir ya?— Le preguntó a Bill
—Tampoco hay mucho que hacer… así que te doy la oportunidad de ir a dormir y que pienses algo para estos días.
—Creo que pensare aquí en el salón, ve tu a dormir, te hace falta, la calefacción esta encendida no creo que tengas frío.
—¿Dormirás conmigo?— Me preguntó.
—El sofá es muy bonito, pero no tiene pinta de ser cómodo.— Rió.— Buenas noches Bill.

Con esos recuerdos del primer día de las vacaciones, Bill observaba la foto melancólicamente mientras unas lagrimas caían por su rostro. Jamás volvería a tener una navidad con una felicidad tan plena como la que sintió aquellas semanas junto con su hermano.

Dejo el móvil de nuevo en la mesa y se miró la palma de la mano derecha. Allí yacía la fina cicatriz que dejo la quemadura del cinturón de seguridad cuando el coche dio dos vueltas de campana sobre el asfalto congelado, la quemadura fue al aferrarse a el con fuerza.

La tocó con las yemas de sus dedos y sintió como le ardía, era como si estuviera recién hecha, como si pudiera ver la sangre perlada brotar de ella.

Una cristalina lagrima cayó sobre la larga cicatriz que iba desde el final del dedo meñique, hasta el centro del dedo índice y pulgar.

Bill no se había dado cuenta que Tom llevaba un rato observándole desde la puerta entre abierta, observando cada gesto que hacia, cada mirada perdida y lagrima derramada. Sintiendo el mismo ese dolor en su pecho, verle llorar y estar mal le hacia daño a él, lo sentía en su propio cuerpo, igual que cuando a Bill le dio el ataque en el ascensor el mismo pudo sentirlo en su cuerpo.

Tom se adentró lentamente en la sala sin hacer ruido, Bill no se había percatado de nada, pero Tom se fue acercando a Bill, el cual ahora miraba su muñeca izquierda.

Sintió un tacto en su hombro que lo atraía hacia un lado, levanto un poco la vista y vio a Tom sentado a su lado. ¿Cuándo había llegado? Se preguntó. No le importaba simplemente se dejo abrazas por sus fuertes brazos y sollozó sin importarle que él le viera.

El chico de trenzas reconfortaba a Bill con caricias sobre uno de sus brazos. Tom quería demostrarle que estaba allí con él, que ante todo era un amigo y estaría siempre que lo necesitara.
—¿Qué te sucede?— Preguntó cauteloso.
—Lo echo de menos…— Susurró.
—¿Sabes? Yo también echo de menos a personas que no están conmigo…— Habló en tono flojo.— Mis padres murieron y ahora mismo los hecho mucho en falta…— Relató omitiendo la información de su amnesia.— No tengo a mi lado unos padres que me digan lo que esta bien o mal, que me aconsejen sobre el amor, y con los que pueda pasar un cumpleaños, un fin de semana o una navidad… Estoy solo Bill… No tengo familia, ni hermanos… — Bill escuchó su historia con dolor, no tenia a nadie y se sentía identificado o al menos en gran parte.— Tu si los tienes. Estoy seguro que tienes una familia que te quiere y te echa de menos, tienes a muchos amigos de verdad. Yo ni tan solo tengo amigos, solo uno y a veces es como si no lo tuviera, cada uno va por su lado… Por eso me gustaría ser tu amigo ante todo.— Las caricias de Tom ahora fueron al pelo de Bill que era suave y muy sedoso.
—¿N-no tienes a nadie?— Susurró Bill.
—A nadie, en absoluto. No tengo ni el amor de una familia, ni el de un amigo, ni de una mujer, ni tan solo el de una mascota. Mi apartamento y mi vida son fríos…
—Yo… siento lo que dije sobre tu madre… no lo sabia…— Bill se aferró más al pecho de Tom estrechando su ancha camiseta entre sus manos.
—No tenias por que saberlo…
—Lo siento.— Se disculpó.
—Te perdono. Si alguna vez hubiera tenido un hermano, ojala hubiera sido como tu. Se nota que le querías mucho.— Bill asintió levemente.
—Muchísimo. El siempre cuido de mi, desde pequeño, vivió y murió por mi.—Sollozó.— Recuerdo que siempre solía tener un labio roto, o un moretón en la mejilla. Yo tenia problemas en el instituto por mi forma de ser y mi imagen. No había día en el que no se metieran conmigo, siempre me molestaban y él siempre salía en mi defensa y recibía palizas en mi lugar… Yo me disculpaba y él me decía siempre lo mismo. «No me importa siempre y cuando tu estés bien, mataría y moriría por ti si hiciera falta».— Recordó con dolor recordar aquellos malos tiempos.— Georg, Gustav y Andreas también tuvieron problemas por defenderme.
—Son buenos amigos.— Tom suspiró.
—Si… Dentro de unas semanas seria nuestro 22º cumpleaños…— Bill secó sus lagrimas pero no se separó del pecho de Tom, estaba a gusto y le sentaba bien su olor, igual al de su hermano, aunque en realidad fuera una tortura para él.
—¿Septiembre?— Preguntó Tom.
—El día uno.— Le dijo Bill.
—Tendré que preparar algún regalo, lo tengo un poco difícil, tendrás de todo.— Intentó animar un poco la conversación y el ambiente.
—No me hacen falta regalos.— Dijo modestamente Bill.
—Ya, pero me da igual lo que tu digas.— Dijo.— ¡Ya se que te compraré!— Su cara mostró ilusión y Bill lo miró alzando la vista aun apoyado sobre su pecho.
—¿El que?— Preguntó Bill sonriendo tímidamente.
—Un oso gigante de peluche que ponga “novato”. Ya que tienes complejo de abrazarme y no querer soltarme.— Bromeó.
—Es que estoy cómodo y necesito que alguien me abrace, pero si te molesto…— Hizo ademán de separarse, pero Tom no se lo permitió.
—No me molesta, estoy a gusto así. Prefiero esto a estar discutiendo, se agradece la tranquilidad.— Hubo un silencio para nada incomodo, lo contrario, relajante.
—Pero… de verdad no hace falta que me obsequies nada por mi cumpleaños.— Insistió Bill.
—¿Qué pasa?¿Eres testigo de Jehová y por eso no te puedo regalar nada?—Cuestionó Tom.
—No, pero me sabe mal, no nos conocemos tanto como para que me regales algo por mi cumpleaños.— Intento excusarse.
—Somos amigos o eso creo. Si te sirve de consuelos puedes pensar en mi regalo, así estaremos en paces. Es el tres de Septiembre. Poco después del tuyo.— Sonrió Tom.
—¿Enserio?— Se sorprendió Bill.
—Ajá.— Asintió.— ¿Has comido ya?— Le preguntó Tom.
—No.— Contestó sin dar lujo de detalles.
—Lo sabia, por eso traje algo de comer, no me apetecía estar con todos esos modelos pijos con tono de voz irritable, ni con el equipo de imagen y todo eso, así que decidí venir cuando te vi… ya sabes. Bueno, ¿te apetece comer conmigo?— Tom se levanto del lado de Bill para ir a coger una bolsa de papel marrón que dejo en otro de los sofás cuando entro.
—No tengo mucho apetito la verdad…— Murmuró.
—Tienes que comer o nadie te querrá para que uses su ropa cara y salgas en la televisión.— Volvió a sentarse a su lado y saco la comida de la bolsa.

Tom preparó sobre la mesa las bandejas con la comida, ensalada, patatas fritas, arroz con verduras, las bebidas y por ultimo sacó los cubiertos de plástico.

Cogió uno de las bandejitas y se acomodó en el sofá un poco de perfil para poder ver a Bill mientras comían y conversaban. Bill le imito y cogió otro de las bandejas y la puso sobre sus piernas.
—Gracias por invitarme. Al final no serás tan egocéntrico, borde y prepotente como pareces.— Rió Bill.
—No te costumbres, principito. La próxima invitas tú.— Le señalo con el tenedor después de sacarlo de la boca.
—No es tan fácil que Bill Kaulitz te invite a algo.— Rió y Tom se le quedo mirando con una sonrisa en los labios, satisfecho de haber hecho que dejara de llorar y estar triste, no quería verlo así, le dolía en el alma.
—Lo lograré y seré privilegiado, lo publicaré en la prensa y me haré famoso a tu costa.— Bromeó Tom.
—No serias el primero que hiciera algo así.— Se encogió de hombros Bill.
—¿Así? Quien te lo a hecho que le ajusto las cuentas. — Puso tono amenazante.
—Alguna exnovia de cuando iba al colegio. Pero más que nada se lo hacían a mi hermano que era un mujeriego. Una se hizo fotografiar en una discoteca tonteando con mi hermano mientras bailaban y casi se besaban, como no mi hermano con las manos en la masa.— Se refirió a que la tenia bien aferrada por el trasero.— A raíz de eso empezó a hablar de el, y empezó a “hacerse” cántate, digo hacerse, porque no lo es, canta mal no, fatal.
—Seguro que no canta tan bien como tu.— Le hizo la pelota Tom.
—¿Me has escuchado alguna vez acaso?— Le preguntó.
—La verdad es que no. Pero seguro que no es fácil cantar mejor que tu, todo lo haces bien.— Bill sonrió.
—Si estas haciéndome la pelota para que te invite a algo no lo lograras.— Le advirtió Bill.
—Tenia que intentarlo…— Tom llevó a su boca comida.

Ambos siguieron comiendo mientras conversaban de tonterías, pero no hablaron más sobre el pasado de ninguno, era un tema delicado para los dos y esta no era una buena situación para hablar de cosas que podían abrir más las heridas.

Continúa…

por Carla Moonlight

Escritora del Fandom

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