Fic de Carla Moonlight. Temporada 2

Amnesia. Capítulo 16

Estaba frente la puerta del apartamento de Bill picando al timbre con más insistencia, seguro que seguía durmiendo.

Compagino el sonido del timbre con los golpes de los nudillos de su puño.
—¡Ya voy joder!— Se escuchó desde dentro un tono de mal humor.— ¿Te has olvidado las llaves o que?— La puerta se abrió y Bill ya caminaba hacia el interior de la casa.
—No, aun no me las has dado.— Tom entró y cerró la puerta. Bill se giró sobresaltado.
—¿Qué haces aquí?— Bill iba tan solo en boxers, se abría quitado la ropa al levantarse, pero aun y así no sentía nada de vergüenza.
—Tu amigo me mando un mensaje diciendo que anoche pillaste un ciego y que no sabia a que hora tenias que ir a la agencia, que me encargara de ti. Y aquí estoy.
—¿Hay periodistas abajo?— Preguntó Bill.
—No, nadie.— Bill ya respiró algo más tranquilo.— ¿Qué hora es?— Preguntó dejándose caer en el sofá del salón bocabajo abrazando uno de los cojines.
—Las diez y media.— Contestó Tom sentándose en el reposa brazos del sofá.
—¡¿Qué dices?!— Alzó la cabeza Bill.— Auch…— Se quejo por una punzada en la cabeza, la resaca de anoche.
—Pensé que necesitarías tu tiempo para despertarte después de la fiesta que te montantes tu solito.— Tom se alzó y se dirigió hacia la cocina como si estuviera en su casa.

Bill se dio la vuelta quedando mirando al techo blanco, con el cojín sobre su cadera tapando su boxers y suspirando.
—¿Se puede saber que estas haciendo por ahí? Te recuerdo que es mi casa.— Le recordó Bill.
—Hago lo que un amigo hace al ver a otro resacoso.— Le contestó desde el interior de la cocina.
—Tu no eres mi amigo.
—Eso lo dirás tú. Si no me consideraras mínimamente tu amigo no me hubieras contado cosas tan personales como las de ayer mientras comíamos.—Bill no dijo nada, se hizo el sordo.— Ten, tomate esto.— El menor se recompuso y vio a Tom tendiéndole una taza.
—Oh gracias por prepararme el café, pero no creo que eso me quite la resaca.— Dijo a modo irónico.
—Tu bébetelo y veras.— Dió un sorbo y de pronto empezó a toser como un descosido.
—¿Qué le has puesto? ¡Esta asqueroso!— Casi escupió.
—Termínalo, estará asqueroso pero es milagroso, te lo digo por experiencia.
—¿Pero que lleva? Dímelo.— Pidió.
—Azúcar, desde luego que no, sal. Bébetelo, enserio te hará bien.
—Me dan ganas de vomitar…— Dijo con los ojos llorosos.
—Eso es uno de los efectos que tiene. Bébetelo, vomitaras y te sentirás mucho mejor, tu mente estará despejada.
—Solo lo hago porque no soporto este dolor, si no te lo bebías tu.— Miró la taza con su contenido.

Respiró profundamente y con los ojos fuertemente cerrados se lo bebió de un sorbo, cuando termino miró al frente y esperó unos segundos, de pronto su estómago se removió y sintió unas nauseas horribles, cuando vio que una arcada subía por su garganta salió corriendo hacia el baño.

Mientras Bill vomitaba por su mente aparecieron las imágenes de los días después al entierro de su hermano donde todo lo que comía lo vomitaba, no porque el quisiera provocárselo o sufriera el trastorno alimentario de la bulimia, no, lo vomitaba por los nervios, por no dormir por las noches y la depresión que padecía.

Tras mucho vomitar todo lo que comía, decidió dejar de hacerlo directamente, tan solo se limitaba a beber agua y a dormir, hasta que una vez cansado de todo es cuando intentó quitarse la vida cortándose las venas en el baño de la casa de sus padres, pero el intento no le salió como lo planeo.

Con ayuda de sus padres y amigos poco a poco fue haciendo frente a la realidad y su estómago y mentalidad se fueron acostumbrando a la vida que debería de llevar.

Al terminar se enjuago la boca y seguidamente te lavó los dientes.
—¡Que puto asco!— Tom rió desde el salón.
—Si tu ríete cabrón, me las pagaras.— Entró en su cuarto y cerro la puerta tras de si. Se acerco a su armario y busco algo que ponerse, tampoco muy extravagante ya que iría a trabajar y allí le adjudicarían otra ropa, también de paso pasaba desapercibido.

Finalmente se decidió por una camiseta negra de manga corta bastante finita, incluso se transparentaba un poco tras la tela. La camisa negra la conjunto con unos pantalones deportivos de un color gris. Se acerco donde se encontraban todas sus botas, botines y deportivas, buscando un calzado cómodo y apropiado para la ropa que llevaba, se decanto por unas bambas negras de la marca diesel.

Esta vez no busco ningún collar, pulsera o anillo para complementarse, simplemente tomaría unas gafas oscuras para ocultar sus ojos y listos, ni tan solo se maquillaría, ni peinaría.

Con las gafas y un bolso en la mano salió al salón. Encontrándose a Tom observando concentrado las guitarras de su hermano, mientras las rozaba con la yema de sus dedos.
—¿Sabes tocarlas?— Preguntó Bill haciendo a Tom reaccionar, pero no se movió del sitio, ni levantó la vista, siguió observándolas.
—Mmm no lo sé.
—¿Cómo que no lo sabes? Si sabes tocarla, sabes, sino, pues no sabes.— Bill se posicionó a su lado tocando una de ellas con añoranza del sonido de las cuerdas mientras que su hermano la tocaba por las noches en su cuarto mientras componía.
—Tengo un vago recuerdo de cuando era pequeño, con mi padre. Estaba yo a su lado con una guitarra acústica como esta sobre mis piernas, y el me enseñaba como posicionar bien los dedos sobre las cuerdas.—Explicó sin darse cuenta. Era como sin pensarlo un recuerdo azotara su mente y sus labios lo explicaron en voz alta.
—Entonces si sabes.— Dijo Bill.
—Hace mucho de eso, Bill, no tengo ni idea.—Se dio la vuelta enfrentándose a los ojos sin maquillar de él.
—Voy a hacer algo de lo que tal vez me arrepienta mucho… pero quiero que lo intentes.— Sin pensarlo tomó la guitarra acústica de su hermano y se la entregó.— Estas guitarras eran de mi hermano, no dejo que nadie toque sus cosas. Toca algo, inténtalo.— Tom la cogió por el mástil con miedo.
—No creo que sea buena idea…
—Hazlo, yo no he sido capaz de tocarlas, tengo miedo. Quiero volver a escuchar el sonido, y tengo el presentimiento de que si sabes hacerlo. Tócala, por favor.— Insistió Bill sentándose en uno de los sofás. Tom se sentó en el de enfrente de él. Bill estiró un poco su brazo y de la parte de debajo de la mesita del salón había un recipiente, de ahí cogió una de las púas azules que solían utilizar en los conciertos, así que se la entregó a Tom.
—Te parecerá tonto, pero tengo miedo…— Dijo incomodo.— Hace años que no lo hago… mi padre murió cuando yo tenia apenas trece años…
—Hazlo, de verdad, antes de que me arrepienta.— Tom suspiró y colocó los dedos sobre las cuerdas, preparado para tocar una nota.

Cerró los ojos intentado concentrarse para recordar alguna melodía que tocar, y sin previo aviso sus dedos empezaron a rasgar las cuerdas tocando una hermosa melodía, que no recordaba haber aprendido, y si lo había hecho tuvo que ser hace muchos años cuando su padre vivía, porque otra cosa no se lo explicaba.

Bill al escuchar la melodía que estaba tocando Tom, abrió los ojos desmesuradamente como podía ser que Tom supiera tocar la melodía de esa canción que habían tocado en el grupo, solo había una explicación es que Tom no estuviera muerto… Que fuera él.

Tom se detuvo y miró a Bill sonriendo.
—No pares, sigue.— Le pidió. Quería ver sus gestos, comprobarlo, así podría reconocerlo.

Sin que Bill dijera nada más Tom volvió a rasgar las cuerdas con la púa mientras seguía saliendo ese dulce y melódico sonido que tanto había echado de menos.

El movimiento de su cabeza, la compostura a la hora de tocar, los gestos de su rostro… eran exactamente igual y la melodía que tocaba era exacta, no se equivocó ni en una sola nota, a pesar de no haber tocado en años.
—¿Quién te enseño esa melodía?— Pregunto Bill haciéndolo detener.
—Nadie. Me a salido sola ahora mismo. ¿Por qué?— Preguntó Tom. Bill cogió el mando a distancia y prendió el reproductor de música, paso varias canciones hasta dejar la que Tom estaba tocando, By your side.

Tom escuchó la melodía de la guitarra para luego escuchar la voz de Bill, la batería y el bajo. Su mente sintió que recordaba algo, se sentía extraño, recordaba la melodía sin duda, porque la tocó, pero no recuerda el porque, quien se la enseño, nada, su mente estaba agobiada.
—Esta canción era de nuestro grupo. ¿Nos has escuchado alguna ves? O es que…
—No lo sé la habré escuchado en la radio, a alguna persona por la calle.— Dijo tajantemente, mientras dejaba la guitarra a un lado del sofá.— Deberíamos de irnos.— Rápidamente se levantó colocó con cuidado la guitarra en su pie correspondiente.
—Entramos a las doce y son las once, no me apetece llegar pronto.— Bill ni se movió, su tono de voz volvía a ser frío como siempre.
—¿Y que quieres hacer?
—Se pueden hacer muchas cosas en una hora Tomy…— Bill se levantó y se sentó sobre Tom, con las piernas a cada lado del cuerpo del chico de trenzas.

Rodeó el cuello de Tom haciendo pequeñas caricias con sus uñas largas que hacían estremecerlo y que sintiera escalofríos erizando los poros de su cuerpo.
—Bill…— Llamó Tom, pero lo sintió más como un jadeo que como una llamada, así que no le prestó atención. Acercó su rostro al de Tom y con su nariz rozo el cuello de este ronroneando.

Las manos se posaron intencionalmente sobre las caderas de Bill apretándolo mas contra él. Este dio una sucia lamida al cuello de Tom haciendo que mirara hacia el lado dejándole más espació a para saborear su cuello.
—Mmm… Sabes muy bien…— Susurró sensualmente. La cadera de Bill empezó a hacer un pequeño vaivén provocándole.
—Bill… será mejor que pares.— Intentó detenerlo.
—¿Por qué? Me apetece jugar…— Bill tomo el rostro de Tom y le besó en los labios.

El beso era casto solo el roce de los labios, pero Bill no tardo en delinear los de Tom con la punta de la lengua para que le diese paso.

Las dos lenguas se rozaban continuamente intentando ganar el combate en la que las dos se debatían. Tom acercaba el cuerpo de Bill más a él, y Bill buscaba mas contacto y profundidad con los labios del contrario.

Ambos estaban empezando a excitarse bastante con ese beso y el roce electrizante de sus miembros escondidos bajo las telas de ropa, que se frotaban insistentemente con el vaivén de las caderas de Bill.
—Bill… para…— Tom volvió a la realidad y quiso separarse de él.
—Cállate.— Le ordenó.
—Lo digo enserio… para.— No le hizo caso, siguió besándole y restregándose contra su cuerpo caliente.
—Te gusta lo que estamos haciendo… mmm si, te gusta…— Gimió.— Lo noto bajo tus pantalones.
—Si… pero…— Bill lo calló besándolo una vez más, esta vez sus manos se retiraron del cuello de Tom y volaron acariciando el torso marcado.
—Nada de peros.— Sentenció Bill.— Disfrutemos…— Coló las manos bajo la camiseta acariciando con la fuerza suficiente para sentir los músculos trabajados de su amante.— Tócame… Tócame Tom.— Pidió.
—No.— Dijo secamente Tom.
—¿Qué has dicho?— Preguntó incrédulo Bill mirándolo fijamente.
—Que no. Estoy cansado de que me calientes y lo dejemos todo a medias.
—Esto es un juego, Tom. Contra más tardemos en llegar al final más disfrutaremos.— Le coqueteó Bill.
—Mentira. No cambies el juego a tu incumbencia.— Le reprocho.
—En este juego no hay reglas, ¿recuerdas?— Bill no se detuvo, quería seguir.
—Estoy harto de los precalentamientos y nunca follar, para eso me busco a otra persona, me da igual tío o tía.— Lo decía en serio excepto la ultima aparte, Bill era el único chico que llamó su atención, no abría otro hombre, pero si chicas.— Quítate de encima.— Pidió Tom de buenas maneras.
—No.— Se negó.
—No me da la gana de ser tu juguete, solo hacemos lo que tu quieres y cuando quieres. ¡Quítate!— Tom quitó bruscamente de encima suyo a Bill dejándolo sorprendido.

Bill no lo tenia tan a su merced como el creía, aun le costaría que comiera de su mano.
—¡¿Pero de que vas?!—Gritó con fuerza.— ¡A mi nadie me trata así y mucho menos me rechaza!— Bill enfureció.
—¿De verdad? Que pena para el principito. Ya ves… soy el primero.
—Pirate de mi casa. No sabes con quien te estas metiendo.— Amenazó.
—No te tengo miedo súper estrella. No tengo nada que perder, no tengo una familia a la que puedas dañar o chantajear, y yo no te temo. Por lo cual no me voy a ir de aquí. Me he comprometido con el idiota de tu amigo en que te llevaría al trabajo.— Dijo como si nada Tom.
—¿Quién te crees para hablarme así? Por encima criticas a mi mejor amigo. Eres un chulo desgraciado.— Insultó.
—Y tu una nenaza llorica.— Atacó Tom.— Creí que inundarías la agencia ayer con tanta lagrima.— Rió.
—Y tú un memo sin cerebro.— Contraatacó Bill con cabreo.
—Mira niñita a mi no digas así.— Dijo Tom enfurecido.
—No se quien te a pegado, pero como no te calles seré yo quien te deje el otro ojo morado para que no vayas desparejo.— Bill se dio cuenta de los golpe de Tom en la cara.
—Tu no serias capaz ni de hacer daño a una mosca. ¿Te has visto? El viento se te lleva.— Se metió Tom con la delgadez del cuerpo del modelo.
—Tengo el puño más pesado que tu cabeza llena de serrín.— Ambos se fueron acercando al otro amenazantes, intentando demostrar que no se tenían miedo entre ellos.
—Como no te calles pedazo de nena te haré una cara nueva que ni tu familia te reconocerá.— Todo esto era por una tontería.
—No sé quien es más nena, si yo o tú. Que estas loco por follarme, maricona.
—Y tu estas loco. No te importa liarte y medio follarte a un tío que es igual a tu hermano. ¿Qué se supone que tengo que pensar de eso? ¿Te ponía cachondo tu hermanito, Bill?— Preguntó con sorna.

Bill lamió y mordió su labio inferior, mirando a Tom con una mirada asesina, respiro profundamente y tensó la mandíbula, pero eso no le calmó, todo lo contrario. Sus dedos se cerraron entorno a su mano formando un puño, los tenia tan apretados que los nudillos los tenia blancos.
—¡No te atrevas a hablar de él!— Gritó furioso.
—¿Por qué? ¿Es cierto principito? ¿Te ponía tu hermanito?— Tom sonreía pero inmediatamente se puso serio al ver a Bill lanzarse sobre él.
—¡Eres un desgraciado! ¡Te odio!— Bramó Bill dándole un puñetazo a Tom en el mismo lugar que le dio Andreas el golpe.
—Pegas como una nena Billy.— Se burlo Tom volviendo la mirada a la de él después de haber recibido el golpe.
—Te he dicho que no me llames nena.— Dijo Bill desquiciado.
—Vale está bien, principito.— Se corrigió Tom con burla.
—Gilipollas…— Murmuró Bill con rabia acercándose a Tom.

Tom se quedó mirando fijamente a los ojos de Bill, para luego acercarse rápidamente y juntar sus labios de nuevo con brusquedad. Los polos opuestos se atraen, y era tanta la atracción que sentían ambos, que aunque estuvieran como el perro y el gato matándose era imposible reprimir esa atracción que sentían.
—No era que me odiabas…— Susurró Tom.
—Puedo odiarte mientras te manoseo.— Bill le quito la camiseta a Tom y Tom se la quito a Bill desesperadamente.

Seguidamente desabrochó el cinturón de Tom y se alzaron un poco para bajar los pantalones y el boxer de Tom, ahora todo era rápido y agresivo, la discusión incluso los había excitado más de lo que estaban.

Los pantalones de Tom estaban por sus rodillas, quedando expuesto, pero enseguida hizo lo mismo con Bill, dejándolo desnudo sobre su regazo. Cuando volvió a sentarse sobre Tom sus miembro erectos se rozaron y ambos gimieron mirándose a los ojos.
—Esta vez acabaremos lo que hemos empezado.— Aseguró Tom.
—Tenemos poco tiempo… y…
—El suficiente.— Tom atrapó los labios de Bill con necesidad, sin dejarle terminar lo que iba a decir.

Aun no había decidido quien dominaría la situación, Bill tenia el presentimiento de que el no seria, pero conseguiría hacer suyo a Tom, cueste lo que le cueste se lo fallaría y luego caería rendido a sus pies, haciéndole nombrarse el ganador del juego.

Tom empezó a mover a propósito las caderas de Bill para que ambos se frotaran, mientras suspiraban y gemían.

El más pequeño volvió a devorar el cuello de Tom dejando pequeños besos, lamidas y mordidas que lo excitaban y le hacían gemir descontroladamente.

Bill estaba tan concentrado en el cuello de Tom, que él se dedico a lamer sus dedos, sin que se enterara, porque no lo veía. Cuando Tom tubo los dedos lo suficiente húmedos, sin dejar de controlar el ritmo del vaivén de Bill con la otra mano, encamino los dedos hacia la entrada de su experto modelo.
—¿Qué hace…— Dijo Bill al notar el tacto de Tom en su trasero, pero no pudo terminar la palabra ya que los introdujo de golpe antes de que Bill se arrepintiera.— Mmmm…— Reprimió un grito incrustando sus uñas en los hombros de Tom dejando la marca.
—Lo siento.— Se disculpo Tom.— No quería que te arrepintieras.
—Duele, mucho.— Bill tenia que tener en cuenta que hace casi dos años que no mantiene relaciones sexuales con un chico, el primero y ultimo había sido su hermano, desde entonces absolutamente nada había profanado su cuerpo, ni tan solo sus largos dedos.
—Cuando estés listo dímelo…— Susurró en su oído para a continuación lamer el lóbulo de su oreja. Para distraer a Bill se su dolor, empezó a acariciar su cuerpo con la mano libre hasta llegar su pene, nada más rozarlo su cuerpo se estremeció.

Bill enterró la cabeza en la curvatura del cuello de Tom intentando no pensar en el dolor, no entendía porque se sentía tan mal, la primera vez incluso le dolió bastante menos.

Echó valor y poco a poco se fue sentando, ya que al sentir los dedos de Tom inevitablemente te alzó, ahora lentamente iba descendiendo, haciendo que los dedos índice y corazón de Tom se enterraran más en el interior de su cuerpo haciéndole poner una mueca de dolor.

Finalmente los dedos quedaron enterrados hasta la altura de los nudillos, estaban muy adentro y eso incomodaba bastante más a Bill.
—Hazlo, muévelos.— Le dio permiso.— Simula unas tijeras y pequeñas penetraciones.— Le indicó Bill y Tom hizo caso.
—Sabes mucho ¿no?— Preguntó Tom sin malas intenciones.
—Es lógica…— Contestó entrecortadamente por el ardor que sentía.
—No vendrá alguien y nos pillara ¿no?— Preguntó Tom pensando en Andreas, que estaba en el parque de enfrente y podría venir cuando quisiera y pillarlos en tan comprometida escena en el salón.
—No, Andreas esta con un amigo.— Eso ya lo sabia Tom.
—No me gustaría que nos pillara así y recibiera otro puñetazo de él.— Medio rió, pero Bill no tenia fuerzas ni para levantar la cabeza del cuello del novato.
—Cállate…— Dijo en tono lastimero.

Los dedos de Tom jugaban en Bill haciendo movimientos para conseguir dilatar la estrecha entrada. Se movían simulando tijeras, en círculos y haciendo pequeñas penetraciones que por momentos se intensificaban haciendo a Bill quejarse.

Tom dejó libre la erección de Bill y se centró en la suya acariciándola desde la base hasta la punta, recorriendo con la yema de sus dedos la punta. Gemía en el oído de Bill, pero este lo único que hacia era contenerse por no quejarse o incluso derramar lagrimas, ¿Cómo podía dolerle tanto?
—Mierda…— Murmuró Tom dejando de tocarse.— Bill, ¿Estas bien?— Le preguntó al ver que no se movía.— ¿Te he hecho daño? ¿Estas llorando?— Siguió preguntando preocupado.
—No. Sigue.— Pidió demandante. Tom siguió tal y como lo dijo Bill, siguiendo alternando los diferentes movimientos, para de una vez por todas dilatarlo y poder entrar sin preocupaciones en él y que sintiera placer. Pero eso no sucedía, Bill seguía sintiendo dolor y ardores.— Bill… creo que algo no va bien…— Tom se detuvo.
—Que sucede.— Alzó la mirada.

Tom le miró pero no contestó. Llevó su otra mano hacia atrás, y toco su otra mano, seguidamente la retiro volviéndola acercar a su cuerpo y la miró haciendo cierta su sospecha ante los cosquilleos que sentía recorrerla.
— Oh…— Se sorprendió Bill.
—Sangre…— Susurró Tom. Lentamente y con miedo retiro los dedos del interior de Bill, haciendo que este poco a poco se relajara al no sentirse invadido.— Dios…— Se asombro Tom al ver la cantidad de sangre que había en sus dedos, las gotas de rojo se deslizaron hasta su muñeca dejándola teñida de pequeñas manchas rojizas.— ¡Porque no me dijiste!— Le reprochó Tom incrédulo.— ¡Te estaba haciendo daño!
—Es normal… la primera vez al no estar acostumbrado.— Mintió Bill excusándose.— Se detendrá en un momento.
—Yo no puedo seguir así. Ves al baño, dúchate o no sé… dime cuando se detenga la sangre.— Tom le dio a Bill su ropa interior y se vistió, luego se dirigió al baño para darse una ducha en el cuerpo haber si así se detenía la hemorragia.

Continúa…

por Carla Moonlight

Escritora del Fandom

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