Fic de Carla Moonlight. Temporada 2
Amnesia. Capítulo 17
Tom fue a la cocina y se lavó las manos de sangre mientras observaba como la sangre se diluía con el agua haciéndola de color rosáceo a la vez que se filtraba por el desagüe.
—¿Tom?— Se escuchó la voz de Bill desde el baño.
—¿Qué?— Caminó hacia la puerta del baño deteniéndose frente a ella.— ¿Ya has parado de sangrar?— Preguntó.
—No… Me he limpiado, pero sigue…— Se avergonzó por tener que hablar de eso con él, pero estaba preocupado, eso no le había pasado ni tan solo la primera vez, porque debería de pasarle ahora, el ya no era virgen, y la ausencia de tiempo de tener alguna penetración no podía tener tal causa, o si, él no lo sabía con certeza.
—Dúchate, tal vez con el agua se estabilice…— Le sugirió.
—Vale…— Bill fue hacia la ducha y dejó caer el agua un rato hasta que tomara una temperatura templada.
—Estaré esperándote en el salón.— Le informó.— Llamaré para decir que no puedes ir, que te encuentras indispuesto.— Bill no respondió, era lo mejor, necesitaría reposar después de todo lo que a sucedido en escasa media hora.
Tom fue al salón, tal como dijo, llamó a la agencia y le pidieron explicaciones y justificante medico, ya que tendrían que posponer la grabación, pero finalmente logró convencerlos, aunque luego tuvieran que pasar una copia del expediente medico de Bill para comprobar que lo que sucedió es verdad, pero Tom no contó la verdad, se inventó que había cogido un catarro, ahora tendrían que buscar la solución al justificante, por ahora, todo estaba bajo control.
Tras hacer la llamada se quedó mirando a la nada, hasta que fijo de vuelta la vista en las guitarras recordando que había sido capaz de tocarla después de mucho tiempo, de la visión que tubo con aquel hombre que le enseñaba, pero lo que no era capaz de comprender era el porque toco la melodía de una canción del grupo de Bill, tal vez a él le gustaba su música, y su subconsciente la recordó y por eso la tocó, pero aún y así seguía siendo un enigma para su memoria y para él.
Bill se duchó pero el dolor persistía en su cuerpo al igual que las gotitas de sangre que se escurrían por sus nalgas, ahora si empezaba a preocuparse de verdad. Volvió a vestirse y salió del baño con rapidez, llamando la atención de Tom.
—¿Mejor?— Preguntó.
—No.— Se levantó del sofá y caminó hacia Bill abrazándolo.
—Lo siento…— Susurró pegándolo más a su cuerpo.— No quería hacerte daño, no debí insistir en que lo hiciéramos.
—Llévame al hospital… Por favor.— Pidió Bill asustado conteniendo algunas lagrimas abrazando a Tom. No quería sentirse tan nenaza, pero estaba asustado.
—Claro, por supuesto, vamos.— Tom se separó del abrazo y cogió sus pertenencia, al igual que Bill.
Salieron del apartamento y cogieron el ascensor, que para a favor suyo estaba en esa planta así que no tuvieron que esperar a que llegara.
—¿Dónde tienes el coche?— Preguntó Bill, mientras Tom lo tenia sujeto de la cintura por si en algún momento se mareaba, pero Bill se deshizo del abrazo al llegar a la planta baja, no quería empezar a crear rumores en el edificio ni mucho menos si alguien los veía por la calle y empezaran los rumores de que es gay como cuando era más joven.
—En la acera de enfrente. ¿Te encuentras bien?
—No sé.— Caminaron hasta el coche de Tom que lo abrió a distancia.
Le abrió la puerta a Bill y esperó a que se sentara, al hacerlo puso con una mueca de dolor. Tom rodeo el coche rápido, se subió, encendió el motor y salió lo mas rápido posible, adentrándose en las calles de Los Ángeles bastante transitadas.
— ¡Pero porque la gente no coge el transporte publico!— Dio un golpe sobre el volante de su coche mientras frenaba por un atasco e iba avanzando poco a poco.
—No pensé que te preocuparas tanto por mi.— Dijo Bill mirándolo fugazmente.
—Haber soy egocéntrico y un poco borde, pero tengo corazón, me preocupo por la gente. A demás soy yo quien te a lastimado.—Los claxon de otros coches sonaban haciendo que Tom se desesperara más y tocará el también la bocina de su coche.
—Tom…— Le llamó Bill y el aludido giro la vista hacia él inmediatamente.— Creo que empiezo a notarme manchado…— Hizo ademán de mirarse pero no vio nada a simple vista.
—Eso es psicológico Bill, no pienses en ello.— Tom prendió el intermitente y poco a poco se fue metiendo en el carril derecho que parecía haber algo de menos trafico, luego se metería por el desvió y volvería a las calles de la ciudad, aunque sea un poco más largo el camino, seguro que llegaban antes que por la carretera atascada de coches.
—¿Qué haces?— Preguntó viendo que ya tomaba el desvío acelerando algo mas.
—Llegaremos antes por las calles de la ciudad que por la autovía, está demasiado colapsada.
—Tom… gracias por todo.— El nombrado le miró por un segundo con el rostro extrañado.
—¿Te hago daño y me lo agradeces?
—Si, digo no. Me refiero a por preocuparte de mi. Por lo del ascensor, lo del camerino y ahora esto. Últimamente estas en los momentos difíciles por los que paso.
—Si, tienes razón. ¡Joder aquí también!— Habló solo Tom mirando a las calles congestionadas de más automóviles.— Empiezo a odiar esta ciudad y este país por en montón de gente que hay, todos van con prisas a todos lados, eso no puede ser bueno.— Comentó Tom en voz alta.
—Extraño mi casa por esas cosas… Allí no hay limites de velocidad a penas, todo es tranquilo y la gente amable… Aquí no hay nada de eso.— Añoró Bill de su estimada Alemania.
—Hace tiempo me planteé la idea de irme a otro lugar.
—¿Y porque no te fuiste?— Preguntó curioso.— Aquí no te retiene nada.
—Es difícil de explicar lo que siento, no lo entenderías. No tardaremos mucho en llegar.— Cambió de tema Tom. A continuación sonó el teléfono móvil de Bill.
Acepto la llamada y se puso a hablar.
—Natalie.
—Bill me he entrado que no vienes, ¿a sucedido algo?— Dijo preocupada.
—Si, bueno no lo sé. Estoy con Tom, me lleva al hospital.— Respondió Bill.
—¿Qué haces con él? ¿No se supone que debería ser Andreas o Gustav y Georg quien te llevaran?
—Cálmate Natt, cuando sepa algo te diré.
—¿Pero que te sucede, Bill?— Preguntó preocupada.
— Dolor de estomago, muy fuerte…— Hizo algo de teatro para que su voz sonara lastimera.
—Oh no Bill, puede ser apendicitis como cuando Gustav, estaba que se moría por los suelos.— Se asustó.
—No lo creo, tal vez se me cortó la digestión… Te cuelgo no me siento muy bien…
—Llámame en cuanto sepas algo Bill. ¡No! Mejor dime a que hospital vas.
—No lo sé, adiós Natalie.— Le colgó antes de que empezara a insistirle.
Bill se quedó mirando por la ventana de su lado con una mano sobre su vientre acariciándolo por inercia, como si así pudiera hacer que dejara de sangrar.
—¿De verdad te duele el estomago?— Tom se fijo en su mano.
—No, que va, era solo para que no se preocupara tanto.— Admitió Bill.
—Ya hemos llegado.— Tom se dirigió hacia el parking del voluminoso edificio del hospital.
Nada más estacionar bajo del coche y fue a abrirle la puerta a Bill para ayudarle preocupado por él.
—¡Estoy bien! Puedo caminar solo.— Se estresó Bill ante la atenta atención que le daba Tom.
Caminaron hacia la entrada y Tom se dirigió hacia la recepción, inmediatamente para buscar a la madre de su amigo Kendo, la Doctora Heather O’connor.
—¿La doctora Heather se encuentra en el centro?— Preguntó a una de las mujeres que estaban en recepción. Bill se le quedo mirando preguntándose el porque sabia quien era su Doctora.
—Esta de servicio.— Le respondió la mujer.
—Es una urgencia, necesitamos verla.— Dijo seriamente Tom para que les tomaran enserio.
—Yo no veo que alguno de ustedes se este muriendo como para que sea tan urgente.— Bill se quedó mirando a la mujer con ambas cejas arqueadas por su mala educación.
—Soy amigo de su hijo, es muy urgente, localícela.— Exigió Tom. La mujer le miró y asintió, pensándose que el tema que quería hablar Tom con la Doctora se trataba de su hijo.
La mujer cogió el teléfono y comenzó a marcar el número que se suponía que tenía la doctora Heather para estar localizable, mientras tanto Bill miraba pensativo a Tom, preguntándose como era que Tom era amigo del hijo de su doctora.
—Así que eres amigo del hijo de mi doctora.— Preguntó indirectamente Bill.
—¿La doctora Heather también es tu doctora? No lo sabía.— Susurró Tom sorprendido.— Ella es mi doctora, y su hijo es un buen amigo mío.
—Pues que aparezca ya, me estoy poniendo nervioso.— Bill estaba muy rezagado.
—Por ahí viene.— Tom se acercó con Bill hasta quedar frente a Heather.
—Tom, me han dicho que me buscaban ¿eres tu? ¿Vienes para que tengamos una consulta?— Entonces se dio cuenta de Bill y se sorprendió.— Bill. ¿Te sucede algo?
—Venimos juntos. Si, pasa algo.— Heather sonrió esperando que lo que tenían que decirle fueran buenas noticias, y no por el contrario malas, muy malas, tan malas como que Tom lo haya recordado todo y piense en meterla presa.
—Bueno contarme, haber que puedo hacer.— Les encaminó hacia su pequeña consulta, para hablar con mas intimidad.
La doctora Heather fue acompañada por ambos chicos a su consulta. Una vez que estuvieron dentro, la doctora le pidió a Bill que le explicará que es lo que le pasaba.
Bill se encontraba bastante nervioso por lo sucedido, así que con un poco de miedo comenzó a hablar para poder explicarle lo que le había sucedido.
—Bueno… es que no sé como explicarlo…— Dijo Bill muy avergonzado— Verás…
—Bill puedes confiar en mi que soy tu doctora.— Intentó Heather para tranquilizarlo.
—Verás hoy por la mañana cuando me he levantado como todos los días, he ido al baño y la cuestión es que he sangrado un poco, pero ese poco ha ido a más y tengo miedo.— Explicó Bill mintiendo.
—Bueno… en todo caso tendré que revisarte puede que tengas una fisura o una almorrana.— Explicó la doctora.
—¿Y eso es malo?— Hizo una mueca torciendo su boca.
—No con el tratamiento adecuado, pero primero hay que revisar. Iremos a una habitación mejor.— Una vez más los chicos siguieron a Heather por los pasillos hasta entrar en una habitación vacía.— Voy a por unas cosas, esperar aquí.— La mujer salió dejando a solas a Tom y Bill.
—¿Por qué no le has dicho la verdad?— Le preguntó Tom.
—¿Cómo que porque? Tú eres tonto, soy un personaje publico, todo sale a la luz.
—¿Qué pasa te avergüenzas? ¿Es eso? ¿Te avergüenzas de mi, de ti? Bien.— Tom se indignó. Heather entro por la puerta y Tom se dirigió a ella.
—Bill a mentido.— Bill abrió los ojos atónito, no podía hacerlo, Tom no podía decírselo.—Estábamos por tener relaciones y al prepararlo a empezado a sangrar y no se detenía.— Heather se sorprendió con la naturalidad en que lo decía.— Voy a fumarme un cigarro fuera.— Miró a Bill antes de salir y caminó por los pasillos con rapidez, incluso le faltaba el aire.
Interiormente la Doctora sonrió y se dio un concierto de aplausos, todo iba sobre ruedas, si seguía así tal vez pronto Bill y su hermano estarían destruidos y ella en otro país disfrutando de la dulce venganza.
—¿Por qué mentiste, Bill?
—Yo… Tenia miedo, es la primera vez. He estado negando toda mi vida los rumores sobre mi sexualidad y ahora pasa esto…— Dijo al borde de las lagrima.— Nadie puede enterarse, por favor.— Pidió.
—¡Claro que no Bill! Como crees, esto es confidencial, entre medico y paciente.— Le aseguró.— Ahora será mejor que vayas al baño te pondrás este camisón y asegúrate si sigues sangrando, luego te revisare.
—Gracias.— Bill cogió esa bata y se fue hacia el baño que había en la habitación, seguía sangrando de la misma manera que desde un principio.
Una vez se cambió poniéndose ese camisón salió de nuevo a la habitación. Heather le hizo tumbarse en la cama y se coloco unos guantes de látex blancos. Tapó a Bill con la sabana hasta la altura de la pelvis y levanto el camisón exponiendo su vientre.
—Voy a palparte el estomago, si te duele me avisas.— Bill asintió obediente y Heather empezó su reconocimiento palpando el vientre y bajo vientre de Bill.— Parece que por aquí esta todo en orden.— Informó.— Vamos a pasar al reconocimiento interno.— Bill inmediatamente te tenso.— Ponte bien el camisón.— Cogió algunas toallas, gasas y demás para hacer su trabajo.— Tienes que relajarte si no me temo mucho que será peor.— Bill tomó aire y se relajó.
La doctora empezó a hacer su trabajo, luego del reconocimiento, limpió.
—¿Ya esta?— Preguntó Bill.
—Si. No es nada grave.— Volvió a cubrir a Bill.— Creo que será mejor que pases aquí la noche y así yo pueda ir controlando como evolucionas. Seguirá sangrando tal vez por uno o dos días, depende.— Bill quedó resignado. Se escucho el sonido de la puerta y Heather fue a abrir y le dio paso a Tom.
—¿Qué pasó?— Preguntó.
—Nada fuera de lo normal, una fisura. Esta noche se quedara aquí, por precaución.— Mintió. Tomó a Tom del brazo y lo saco de la habitación para poder hablar con más privacidad.— ¿Usaste lubricante?
—Bueno, lubricante en si, no, no teníamos. Ensalivé los dedos.— Condesó. Tom no se sentía incomodo, el no se avergonzaba.
—La saliva se seca, no es un buen lubricante. La próxima vez hazlo con un lubricante de verdad.— Bromeó la doctora.— Ya le he dicho a Bill que tal vez sangre uno o dos días, pero no hay de que preocuparse. Cuando vayáis a tener relaciones utilizar siempre el lubricante, ayuda al deslice y los frotamientos no son tan ásperos.— Le aconsejo.
—Esta bien.
—Ya que estas aquí, ¿quieres que tengamos una sesión?— Preguntó.
—No, creo que me quedare con Bill. En otro momento. Gracias por todo.—Agradeció.
—Dile a Bill que ahora vendré a ponerle las vías.— Tom sin decir nada más, abrió la puerta y entró en la habitación.
—¿Qué haces aquí? Pensé que ya te habrías ido.— Dijo Bill.
—Voy a quedarme contigo.— Tom se acercó a la ventana sin mirar a Bill.— ¿Por qué no dijiste la verdad?— Preguntó sin dirigirle la mirada aun.
—Ya te lo dije.— Se giró y camino hacia la cama.
—¿Sabes, Bill? Yo no me avergüenzo de lo que hago contigo.— Le dijo en tono de reproche.— Me da igual quien lo sepa y que digan.
—Pero a mi no. Tu no eres nadie, no te conocen, a mi si, me conoce el mundo entero. Tu tal vez no lo sepas, pero toda mi vida he tenido que negar los continuos rumores y habladurías de mi sexualidad.
—¿Y por que mentías?— Cuestionó Tom.
—No, no mentía. Nunca me gustaron los chicos.
—Hasta ahora. Por que seguir ocultándolo. Que yo sepa nadie nace siendo así. ¿Cuántos hombres famosos han estado casados con mujeres, tenido hijos y luego han admitido que les gustan los hombres? No es una vergüenza Bill, entiéndelo.— Trató de hacerle entrar en razón.
—Déjalo Tom.— Miro hacia el otro lado.
—Bien.— Se retiró hacia el sofá que había y se sentó. Sacó el teléfono móvil de su bolsillo y empezó a hacer cosas con el.
—¿Qué haces?— Le preguntó Bill.
—No soy nadie, no creo que te importe.— Dijo autosuficiente.
—¡Todo lo que digo te lo tomas mal!— Se quejó.
—No es lo que dices, es la forma en que lo dices.— Dijo Tom enviando un mensaje.
Bill suspiro y no dijo nada más.
Tom se quedo en el sofá mirando todo el rato a Bill que de su bolso había tomado una libreta y un bolígrafo y parecía estar escribiendo algo importante. En cambio Tom solo pensaba en lo mismo que pensaba en cuando salió a fumarse un cigarrillo.
Su mente no dejaba de trabajar una y otra vez buscando recuerdos y respuestas a sus preguntas respecto a Bill, lo que siente, lo que desea, lo que le gustaría que sucediera, pero no hacia más que negarse que pueda gustarle realmente Bill, esto era un juego de ellos, para pasar simplemente el rato, es cierto que se atraían y lo pasaban bien con sus discusiones y momentos fogosos, pero no era más que eso un juego excitante y divertido o eso es lo que él quería creer.
Paso alrededor de una hora, Bill seguía escribiendo y tachando es la pequeña libreta. Tom pensaba y jugaba con su teléfono móvil.
Heather aun no había vuelto como había dicho, era porque nada más salir de la habitación donde se encontraba Bill se dirigió inmediatamente a llamar a su hijo con el que se encontraba ahora hablando en su despacho.
—Te lo dije, era cuestión de tiempo.— Sonreía Heather a su hijo Kendo tras contarle lo que había sucedido.
—Si conseguimos nuestro cometido, que Bill se embarace de Tom, ¿no será perjudicial a su salud a la hora del parto?— Preguntó Kendo.
—No, para nada, tal vez se sienta peor que las mujeres, porque no es lo mismo, pero el parto no supondría complicaciones, cualquier medico podría hacerse cargo, la ciencia medica y la tecnología están muy avanzadas como has podido comprobar.
—¿Es cierto que Bill tiene un fisura o es otra cosa?— Pregunto.
—El órgano que implantamos a Bill era el de una muchacha de quince años, que ahora tendría diez y siete, era virgen, por lo cual lo que a sucedido no es una fisura, es casi imposible que con la penetración de dos dedos suceda, a no ser que el diámetro de ellos sea grueso, no es el caso de Tom, el los tiene finos y largos, lo que a sucedido es que ha roto el himen del órgano.— Le explicó.— Bueno tengo que ir a ver a Bill. Hablamos en casa.— Le dio un beso a su hijo en la frente y salió del despacho más contenta que de costumbre.
Cuando llegó a la habitación vio que ambos estaban entretenidos y sin hablarse.
—Hola Bill.— Saludo al entrar.— Vengo a ponerte las vías.— Le informó.
—¿Para que?— Peguntó.
—Te daremos la comida por vena, es mejor conociendo tu situación.— Se acercó a el y busco la vena de la muñeca de Bill para poder ponerla.
Bill miro hacia donde estaba Tom para no ver lo que le hacia, le daba angunia las agujas y más si se trata de pinchar en las venas. Cerro los ojos fuertemente antes de sentir como la doctora esparcía por la piel algodón mojado con alcohol, ya se veía venir que pronto la aguja perforaría su piel. Con una de las manos aferro las sabanas apretándolas entre sus dedos, intentando ser valiente.
—Aish…— Se quejo al sentir que ya la aguja dentro de él.
—Ya esta Bill, no a sido nada.— Dijo la doctora Heather. Bill abrió los ojos y a su lado de pie vio a Tom que le sujetaba la muñeca. Heather ya había conectado el suero a la vía, por lo que ya estaba prácticamente listo, para pasar allí uno o dos días.— Bueno chicos, os dejo solos.— La doctora se marchó.
—¿Qué era lo que escribías?— Preguntó Tom intentando romper la incomodidad del silencio.
—Una canción, aunque antes solía hacerlo Tom, se le daba mejor.— Dijo.
—¿Puedo leerla?
—No.
—¿Por qué?
—Por que no Tom, no me gusta enseñar las cosas que no están perfectas o sin acabar.
—Pues cuéntame algo, no voy a pasar toda la tarde y noche sin hablar.
—Nadie te a dicho que te quedes. Puedes irte. Es más voy a llamar a mi novia y mis amigos, son ellos los que deberían estar aquí no tú.— Bill cogió su teléfono móvil.
—¿Y que les vas a decir? ¿Vas a volver a mentir?— Le reprochó Tom.
—A veces es necesario hacerlo.
—Si, a veces, cuando no quieres afrontar la realidad, siempre es más fácil ir por el camino corto y sencillo. No creí eso de ti, no aparentas ser un cobarde, pero ya veo que si lo eres.— Tom volvió hacia el sofá.— Esta bien, llámalos yo me quedare aquí hasta que vengan, y cuando lo hagan les diré la verdad porque a mi no me importa.— Dijo muy seguro de hacerlo.
Bill al final no llamó a sus amigos, ya que sabia que Tom era perfectamente capaz de decirles la verdad.
Así paso el rato muerto en silencio, las agujas del reloj iban avanzando a paso lento para los dos. Bill había estado todo el rato escribiendo canciones o dibujando como hacia tiempo, ya se hizo de noche, eran las ocho y media.
El estómago de Tom comenzaban a rugir, Bill seguía sumido en sus pensamientos mientras dibujaba y escribía alguna que otra canción, haciendo que el ambiente fuera muy tenso, así que Tom decidió ir a la cafetería del hospital a comer algo, y después subir de nuevo a hacerle compañía a Bill en la noche.
—Voy a ir a cenar algo a la cafetería. Cuando acabe vuelvo.— Dijo Tom haciendo que Bill levantará la vista de su libreta.
—Sí quieres te puedes ir, me las apaño solo.— Contestó Bill de mala gana.
—He dicho que me quedaría contigo a pasar la noche, y así lo haré.— Sentenció.
Tom se dirigió hacia la puerta de la habitación, para abrirla y después salir de ella, y dirigirse hacia el ascensor para poder bajar a la planta donde se encontraba la cafetería.
Continúa…